El valor según el Caudillo

Mediados de los sesenta. La cacería había terminado. Los participantes, militares y civiles, con el Caudillo a la cabeza, tras asearse descasaban en el gran salón de la casona que esa noche les iba a albergar. Un camarero había servido algunas bebidas a gusto de cada cual, así como platos de embutidos de la tierra para picar. Todos habían tomado asiento donde mejor habían considerado o podido. Franco en un amplio sillón de anchas orejas. Una amplia chimenea caldeaba la habitación. El humo de los pitillos y puros la recorría suave y lentamente.

La conversación era muy animada. Había comenzado, lógicamente, por las andanzas de cada uno en la partida de caza de ese día, sus triunfos y fracasos, que de todo había habido, como es natural. Franco se había mantenido en silencio.

Después, la conversación fue derivando hacia la Cruzada. Todos los presentes habían participado en ella. Todos guardaban recuerdos imborrables que querían compartir con los demás, haciendo que el ambiente se animara. Así, definitivamente todos habían terminado hablando del valor. Y, para ello, nada mejor que traer a colación los gestos heroicos que habían presenciado de tantos y tantos que habían entregado su vida voluntariamente en situaciones realmente terribles con una generosidad y espíritu de sacrificio encomiable. El Caudillo seguía permaneciendo inmóvil, incluso como fuera del lugar, sin participar.

Almirante Antúnez

Ante tal pasividad, máxime ante tema tan excitante, el almirante Nieto Antúnez, posiblemente uno de los personajes de la época más cercanos a Franco, llevaba ya algunos minutos preocupado. No dejaba de mirar de soslayo al Generalísimo, yendo su inquietud en aumento a cada minuto.

De pronto, sumamente intrigado e incluso preocupado, lleno de extrañeza, con un gesto mandó silencio y se dirigió a Franco: «Mi general. Estamos hablando del valor. Rememoramos hechos que incluso usted conoce y ha vivido de muy de cerca. Además, usted es considerado paradigma del valor más acreditado. ¿No le interesa la conversación? ¿Por qué no nos dice lo que es para usted el valor?»

Franco miró al almirante unos segundos. Después dirigió una ojeada a los presentes sin pararse en ninguno de ellos. La expectación era absoluta. El silencio sepulcral.  De pronto, la característica voz y ritmo al hablar del Caudillo se dejó oír en el salón.:

«El valor, el valor, claro, el valor. Durante la retirada de Xauen, que se hacía en condiciones penosas, bajo intensa presión del enemigo y en medio de una climatología totalmente adversa, ordené al alférez San José que ocupara una posición desde la que debía proteger el repliegue de la extrema retaguardia, indicándole que cuando terminara el movimiento de ésta, mandaría una fuerza para ayudarle en su propio repliegue.»

Pero vicisitudes del combate me lo impidieron.

Entonces le mandé un mensaje por heliógrafo diciéndole: “Imposible cumplir con lo prometido. Viva España”.

De inmediato recibí su contestación por el mismo medio: “Me cago en España, donde no hay huevos para venir a sacarnos de aquí donde vamos a morir todos”.

Al día siguiente le propuse para la Laureada, porque no hay muestra de valor más grande y verdadero que morir sin quererlo.»


3 respuestas a «El valor según el Caudillo»

  1. Siempre me llamó mucho la atención esta historia,, porque a mi entender es contraria al «Espíritu de compañerismo» del Credo legionario:
    «El Espíritu de compañerismo: Con el sagrado juramento de no abandonar jamás a un hombre en el campo, hasta perecer todos».
    A este pobre alférez (y a sus hombres) lo mataron dos veces:
    lo mataron en la acción, cubriendo la retirada de la unidad para que ésta pudiera salvarse. No hay mayor honor que morir en tales circunstancias. Mucho más que asaltando una posición o en cualquier otro servicio de armas.
    Pero lo volvieron a matar cuando tras la muerte de Franco los políticos se olvidaron de la sangre derramada por este Alférez y por tantos y tantos soldados y oficiales, y su sacrificio se tiró a la basura por componendas políticas, y sus mandos que tendrían que haber venerado su memoria, y mantener viva la llama de su gesta, se olvidaron de ella para poder ellos progresar en el materialismo de los cargos, de los ascensos, de las prebendas y de la traición a España y a sus caídos. Esta segunda muerte que se revalida en cada traición y en cada componenda, es bastante peor que la primera, porque la primera fue forzada por las circunstancias de la guerra, la segunda fue una muerte alevosa, con todas las agravantes que uno se pueda imaginar y unas pocas más.

  2. No entiendo la historia ni la moraleja. No me gusta y no creo que sea de Franco… me parece manipulada. Cambiar una palabra o un detalle cambia todo el sentido a un comentario. No creo que el alférez hablase así de España, no es coherente con su sacrificio… si la frase es cierta es una ácida crítica a Franco, no es coherente con el personaje ni con el tema. Querer morir es fanatismo, no valentía… eso es algo bastante obvio.

    El militar sabe que su oficio es arriesgar la vida por la Patria con disciplina y valentía… y punto. Si hubo negligencia en el mando y les abandonaron a su suerte entonces estamos hablando de otra cosa.

    Pelear una guerra justa también es importante, aunque a veces haya que dar la pelea en guerras «grises» donde no está del todo claro, y ahí sí hay un problema. La guerra del Rif había que pelearla y ganarla, y se ganó por la muerte de muchos valientes. Ellos luchaban por el honor y la relevancia de España en un momento histórico muy concreto. Creo que no fue en vano, y la prueba es que fueron los africanistas los que con su valor y su experiencia salvaron a España del comunismo y del caos. Gracias a Dios.

    Lo dicho, hay algo de tóxico en la historia… no me cuadra

    1. D. Fernando Cavanillas, a mí me ocurre igual, tampoco me cuadra, no me cuadra con el espíritu legionario, ni con la trayectoria de Franco en el campo de batalla.

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