El verdadero escándalo de la iglesia

Anteriormente he hablado de un aspecto de gran crisis que está padeciendo la Iglesia, el escándalo actual de los abusos sexuales del clero (VER AQUÍ), pero el verdadero escándalo de la Iglesia no son los sacerdotes abusadores (que siguen siendo el cero coma…), sino los sacerdotes que han dejado de creer en Dios (mucho más numerosos).

El verdadero escándalo no es el silencio sobre el abuso sexual, del que ya hemos hablado, y ¡cuánto lo hemos hablado!, sino el silencio acerca de Jesucristo, a quien abandonamos por un pensador de turno, así, para no ir muy lejos, para no ser considerados rancios, anticuados, fuera de moda.

No hace mucho que conversando con un sacerdote me decía: «Lo mejor de la vida ha de ser vivido en la tierra, porque probablemente esto es todo lo que tendremos». En otra ocasión, concretamente en la consagración de los votos religiosos de una sobrina, entre los asistentes me encontré con un antiguo compañero de estudios, hoy sacerdote, y cuando nos despedimos le dije, “si no te vuelvo a ver, ¡hasta el cielo!” y me respondió: “Si es que existe”. ¿Cuánto tiempo llevamos sin oír hablar del fuego del infierno, ni sobre la vida eterna, ni de la gracia santificante…o de los novísimos?

Por otro lado, las preocupaciones que afectan al clero en general durante esta pandemia, son la bajada económica del cepillo con más de un 60 u 80 %,  y ni una sola relativa al cierre de las iglesias que ha impedido el culto, ni una sola a la abominación de la desolación que ha supuesto privar a los fieles de la santa misa, ni una sola relativa a la cantidad de personas que han muerto sin que se les pueda haber administrado la unción de enfermos y con el conforte espiritual de los sacramentos, ni una sola relativa al cierre durante meses de los confesionarios que ha impedido la realización conforme corresponde del sacramento de la penitencia, ni una sola relativa a la crisis de la iglesia, a la increencia, a la apostasía, al modernismos, al relativismo, al indiferentismo, etc., etc., etc. No, las preocupaciones son que no hay dinero, que el cepillo baja y que no se pueden llevar a cabo los grandes proyectos de esta Iglesia, los centros sociales, los campanarios, las fachadas, los prestamos hipotecarios, incluso he escuchado a un sacerdote, que muy esperanzado decía, menos mal que se acerca la vacuna. Esto es hoy lo que tenemos hoy en la Iglesia, esto es lo que siguen la mayoría de clero católico ciego ante la ocupación preferente  de la Santa Madre Iglesia de siempre, por esta recua de sacerdotes  que me  atribulan  considerablemente.

La ausencia de Dios en la sociedad lleva a no saber distinguir entre el bien y el mal. En realidad, la muerte de Dios en una sociedad también significa el fin de la libertad porque lo que muere es el propósito que proporciona una orientación, dado que desaparece la brújula que nos dirige en la dirección correcta, que nos enseña a distinguir el bien del mal. Es por ello que la tarea primordial –quizás para cualquier cristiano, no solo para un sacerdote-  que brota “de las convulsiones morales de nuestro tiempo», es que nuevamente comencemos a vivir para Dios y obedeciéndole a Él.

No hace muchos años los sacerdotes se retiraban para hacer ejercicios espirituales, hoy se marchan de vacaciones.

Lo que quiero apuntar es que la cizaña atea está sembrada y que hasta aquí la noticia de lo que algunos consideran el suicidio de la Iglesia. ¡Sacerdotes ateos que mantienen su puesto como pastores de almas!

En resumen, el verdadero escándalo no es una crisis moral, sino una crisis de fe. Hay que regresar a la eucaristía como presencia viva de Cristo y de su muerte y resurrección, no vaciarla de su contenido para convertirla en un mero “gesto ceremonial”, distribuida a quien sea, por “cortesía”.

De hecho, los comportamientos siempre están de acuerdo con lo que se cree; cuanto más débil es la fe, tanto más débil es la moral.

Se dicen y escriben muchas cosas en estos días. Una, por ejemplo, es que las desviaciones sexuales de los sacerdotes siempre han existido, de modo que no hay nada nuevo.

Por supuesto que siempre las ha habido: pero antes los sacerdotes extraviados sabían que estaban equivocados, temían el juicio del “Empleador” y se iban a confesar.

Eran tan frecuentes las escapadas (más que nada con mujeres) que se decía “pecado de pantalón pronta absolución”. Pero entre el pecado y la absolución había, de hecho, una confesión, un arrepentimiento y un  dolor de corazón.

Hoy ya no está claro qué es un pecado, tanto es así que entre las cosas tontas que hemos leído en estos días también está lo siguiente: si un sacerdote sodomiza a un joven de 17 años, es algo gravísimo; si en cambio tiene 18 años ya no es tan malo.

No nos estamos mofando, son sacerdotes jesuitas a la cabeza de la “Iglesia del cambio” que escriben libros para llegar, sin dificultades, a explicar que la vieja moral sexual del Magisterio es de hecho vieja, y está lista para ser desguazada.

En efecto, la idea de una Iglesia mejor, creada por nosotros mismos, es una propuesta del demonio, con la que nos quiere alejar del Dios viviente, valiéndose de una lógica mentirosa en la que fácilmente podemos caer. No, incluso hoy, la Iglesia no está hecha solo de peces malos y cizaña. La Iglesia de Dios también existe hoy, y hoy, también es, precisamente ella, el instrumento  con el cual Dios nos salva. Es muy importante oponerse con toda la verdad a las mentiras y las medias verdades del demonio: sí, hay pecado y mal en los miembros de la Iglesia, pero incluso hoy existe la Santa Iglesia, que es indestructible. También hoy hay mucha gente que humildemente cree, sufre y ama y en la cual el verdadero Dios se muestra a nosotros, el Dios que ama. También hoy Dios tiene a sus testigos (mártires) en el mundo. Solo debemos estar vigilantes para verlos y escucharlos.

Por otro lado la familia está compuesta por un padre y una madre, pero queremos juguetear. Y la castidad y el celibato, también queremos ridiculizarlos. Entonces, si hay una obsesión por seguir la moral vigente, según la cual todo está permitido, ¿por qué un sacerdote no debería tener relaciones sexuales con otra persona?

Los sacerdotes pecan como siempre han pecado, pero han dejado de darse cuenta de lo que está bien y lo que está mal: esto es lo nuevo.

El verdadero escándalo no son los sacerdotes pedófilos, sino una Iglesia que está avergonzada de su historia, de su enseñanza tradicional, en última instancia de sí misma.

Cuando no se avergonzaba, se distinguía entre “los hombres de Iglesia” y “la Iglesia”: los primeros son pecadores, pero la segunda es impecable al anunciar la verdad.

En resumen, si un sacerdote, por ejemplo, dejaba embarazada a una parroquiana, se decía que había dejado encinta a una feligresa, no se decía que estaba viviendo su vocación de una manera más adulta y moderna.

Los cristianos se equivocaban como todos los demás, pero tenían el coraje de llamar a las cosas por su propio nombre y de permanecer en el mundo con un juicio que era diferente al del mundo.

Hoy, por el contrario, hay una Iglesia que sigue al mundo en busca de aplausos, una tentación diabólica. Y, como castigo por haberse dejado engatusar ingenuamente por lo políticamente correcto, ahora son juzgados y condenados.

Recordemos que, desde siempre, la Iglesia es una red que lleva peces buenos y malos, un campo donde coexisten el buen grano y la cizaña.


3 respuestas a «El verdadero escándalo de la iglesia»

  1. El actual panorama de los sacerdotes en la Iglesia es consecuencia de la demoledora acción desde tiempos de Roncalli. De aquellos lodos del destructor Concilio II estos barros de una Iglesia irreconocible. Los sacerdotes con almas dignas fueron apartados en vez de ser promocionados, las personas de conciencia recta con espíritu evangelizador sintieron poca llamada dentro en un clero agonizante de apertura al error. El silencio cobarde contra estos obispos (incluido los usurpadores de la Silla de Pedro) trajo estos males. A estos traidores a JESUCRISTO más les valdría no haber nacido y, al igual que a los pedófilos, más les vale que les pongan al cuello una piedra de molino y sean arrojados al mar, que escandalizar y pervertir a las almas especialmente de los niños.

  2. Creo que don José Luis vive todavía en algún momento del pasado siglo. El estado actual de la otrora Iglesia Católica, con ser muy malo todo lo que nos cuenta, ha empeorado desde entonces.

    Sin una poderosa intervención de Nuestro Señor para reconducir esta ruinosa situación, solo podemos esperar que la Barca de Pedro (tal como la hemos conocido) acabe por «convertirse» en un tristísimo pecio. El Enemigo, aparentemente, va ganando esta guerra.

    Y si la Iglesia verdadera no desaparece finalmente de este mundo, será porque el Hijo de Dios no lo permita y SOLO POR ESO; sin mérito alguno por nuestra parte. Ello no quiere decir que estemos libres de una posible vuelta a las persecuciones generalizadas y a las catacumbas. En ese sentido -precisamente- son muchas las pésimas noticias que recibimos a diario, provenientes de los cuatro puntos cardinales del planeta Tierra.

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