El Vetus ordo, ¿una liturgia “muerta”?

Cuando nos encontramos ante la misa tradicional, ¿estamos ante una liturgia anticuada, retrógrada, que nada dice, desfasada de la situación actual de la Iglesia y el mundo?

Algo “muerto”, es algo que nada vale, que no se le presta atención, que nada nos dice, y, por tanto, no capta nuestra atención. ¿Acaso la liturgia tradicional adolece de lo anterior? No pocos piensan que así es. Además, dicen que, si tiene interés para algunos, no es más que por la razón de la nostalgia de éstos, a causa de su inmovilismo e incapacidad de adaptarse a los signos de los tiempos.

Pero si la misa tradicional es una liturgia “muerta”, que nada dice al momento actual de la Iglesia y el mundo, por qué sigue tan “viva”. Es decir, cómo puede ser hoy, siglo XXI, celebremos la santa misa tradicional como se ha celebrado a lo largo de los siglos, con la reverencia, unción y fidelidad a las normas. Si verdaderamente estuviésemos ante una liturgia desfasada y anticuada, poco importaría su celebración, ésta hubiera quedado al capricho del celebrante.

Cuando el sacerdote se acerca al altar tradicional, rápidamente “oye” la “voz” del Misal “vivo”, que no calla, que ordena al celebrante recordándole lo que va a realizar, la acción sagrada más sublime de su vida sacerdotal. El Misal, tan “vivo” hoy como el en siglo IV, cuando ya se codificó con la forma actual, sigue ordenando e imponiendo su autoridad. Le recuerda al sacerdote que hay una forma de revestirse para la acción sagrada, unas rúbricas que respetar y seguir, que hay unas lecturas que debe leer, esas y no otras, etc.

La misa tradicional, es novedosa y “progresista”; es fruto del continuo progreso de la liturgia a lo largo de los siglos. Progreso fructífero guiado por la mano de la tradición. Pues no puede haber progreso sin tradición. La tradición es la garantía del verdadero progreso.

Basta analizar el Misal tradicional para encontrar en él las huellas de la Iglesia, que a lo largo de los siglos ha dejado en la misa tradicional lo más “granado” de cada época. A través del Misal podemos “ver” acontecimiento históricos y decisivos de la Iglesia; pues el Misal ha recogido lo esencial de cada etapa de la Iglesia.

Hoy nos encontramos con un texto litúrgico en la cima del esplendor, fruto de su progreso. Un texto pletórico de “vida”, la “vida” que encierran sus páginas: la vida del dogma católico, la vida de la jerarquía católica y la vida de la autoridad. Dogma, jerarquía y autoridad. He aquí los pilares, en mi pobre opinión, que han sustentado, y sustentan, la misa tradicional, pilares inamovibles que han permitido la “vida” del Misal tradicional.

La misa tradicional “habla”. Nos recuerda el dogma de fe de la muerte redentora, expiatoria y satisfactoria de Nuestro Señor en la Cruz, y que se hace presente el altar. Nos recuerda el valor la Jerarquía, a cuyo cuidado ha evolucionado la misa tradicional y que es la depositaria del Misal. Nos recuerda la autoridad de que está dotada el Misal, a la que debemos sujetarnos fielmente.

Estos tres pilares mantienen vivo el misterio insondable del santo sacrificio de la misa; y estando el misterio vivo, la misa está “viva”. El Misal sigue “vivo” y actual. Como vivo y actual es el misterio que se hace presente.

Porque la santa misa tiene el fin de renovar el sacrificio del Calvario, con sus cuatro fines: gloria, expiación, satisfacción e impetración. Y esta es la claridad, la luz con brilla la Misa tradicional.

Si hay quien no aprecie esta claridad o le moleste esta luz, es un problema personal, más no de la misa tradicional, que “viva” y siempre actual no ha dejado durante siglos de mostrar la claridad del misterio que encierra.

¿Y el Novus ordo?, para otra ocasión.

Ave María Purísima.


2 respuestas a «El Vetus ordo, ¿una liturgia “muerta”?»

  1. Siempre los cristianos han sido especialmente conscientes del insuperable valor de la misa cuando les ha faltado. ¿Y cuándo en la historia de la Iglesia hemos sido conscientes como ahora de la grandiosidad, de la elevación y de la profundidad, de la belleza portentosa, de la luz secreta y del misterio conmocionante de la misa verdadera, la que es leída, dicha y escuchada con fe y amor? Nunca como ahora, cuando los enemigos la prohiben y pretenden acabarla. Ni derribando todos los altares y tabernáculos de piedra lo conseguirán porque siempre quedará un cristiano con vida, al menos un solo grano de mostaza fecundo, hasta el triunfo de Cristo.

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