El volcán bolivariano

Como un volcán sediento de venganza y destrucción, la revolución bolivariana –adaptación cutre y bananera de la revolución de los parias de la tierra marxista-, vomita coladas de lava en sus vertientes castrista, sandinista y chavista. Unas coladas que han convertido el sueño del paraíso de los trabajadores y del pueblo cubano, venezolano y nicaragüense en un auténtico infierno y un verdadero gulag de la peor factura de la era estalinista soviética. Miseria, pobreza extrema, hambre, persecución, cárceles, represión, éxodo y genocidio han sido sus legados a la maltratada historia de sus naciones.  Por otro lado, las cenizas de las erupciones represivas y dictatoriales del volcán filocomunista, han llegado a convertir en un auténtico lodazal el acontecer diario de naciones hermanas como Bolivia, Perú o Ecuador. Guillermo Lasso, actual residente del palacio presidencial de Carondelet (Quito), perteneciente al movimiento liberal conservador CREO, se encontró con un país aquejado por los desmanes de dos próceres del chavismo en su versión ecuatoriana, Rafael Correa (2007/2017) y Lenin Moreno (2017-2021). El nombre de este último lo dice casi todo de su proyecto de “Revolución ciudadana”.

Luis Arce Catacora, inquilino del palacio presidencial la Casa Grande del Pueblo (La Paz), intenta, desde las elecciones celebradas en 2020, en las 1ue recibió el apoyo del 55% del electorado, maquillar la corrupción de sus predecesores en el cargo. De una parte Evo Morales Ayma (2006-2019), de origen uru-aimará, tan dado a la corrupción y fraude electoral como al teatrillo social-comunista, y de su antaño vicepresidenta, luego presidenta en funciones, Jeanine Áñez Chávez (2019-2020). Todos ellos candidatos del Movimiento al Socialismo. Según creo ejemplos de virtud democrática y buen gobierno. Bolivia –según parece- es un modelo de referencia de desarrollo y crecimiento económico y social a nivel mundial. Como podrán imaginar ustedes es todo lo contrario. Un lugar ideal para visitar con tranquilidad y sosiego.

Uruguay, México, Cuba, Bolivia, Nicaragua y el Salvador respaldaron a Maduro

¿Y qué decir de Perú? Nueve presidentes han ocupado, en Lima, el Palacio del Gobierno del Perú. A cada cual peor, con independencia de las más variopintas formaciones a las que representaron. Alberto Fijimori (1990-2000); Alejandro Toledo (2001-2006); Alán García (1985-1990 y 2006-2011); Ollanta Humala (2011-2016); Pedro Pablo Kuczynski (2016-2018); Martín Vizcarra (2018-2020); Francisco Sagasti (2020-2021) y el actual, Pedro Castillo, un nuevo mesías de los desamparados del Perú. Elegido en representación del pinturero partido Perú Posible y, en su momento, dirigente de la formación Perú Libre y del Sindicato Único de los Trabajadores de la Educación del Perú (SUTEP). Ya en su toma de posesión, en presencia de Felipe VI, bramó numerosos exabruptos contra la Madre Patria. Toda una declaración de intenciones de este rondero disfrazado a la usanza popular.

Así pues, estos son los espejos en los que se miran los podemitas españoles. La virtud democrática elevada al máximo grado de vicio y corrupción; la cualidad de buen hacer trasfigurada en el menudeo y el trapicheo político; el avance social convertido en desguace generalizado y la expansión de la hambruna; el desarrollo y progreso transfigurado en pobreza y miseria; la tan cacareada revolución bolivariana transformada en un sistema de castas y dinastías hereditarias; en definitiva, el sueño y la esperanza quebrados por la realidad incontestable del dolor y la desesperación de pueblos condenados a la noche de los tiempos. Venezuela, Cuba, Nicaragua, Perú, Bolivia o Ecuador son naciones en las que la libertad de expresión y los derechos humanos son profanados, ultrajados y vetados de manera in misericorde.

Pues sí, queridos lectores, a España han llegado los piroclastos del volcán bolivariano. Juan Carlos Monedero y Carolina Bescansa, parece ser que dieron impulso a la marca hispana del chavismo venezolano con su financiación irregular e ilegal y delictiva. Pablo Iglesias, Pablo Echenique, Irene Montero, Rita Maestre, Iñigo Errejón, Pablo Mayoral, el revoltoso Alberto Rodríguez, José María González Santos, alias “Kichi”, Ione Belarra, o la mismísima y altiva ministra de Trabajo y Economía Social, la estrella de la pasarela política nacional, Yolanda Díaz, son discípulos, devotos, fans, admiradores y homenajeadores de las delicatessen de los paraísos bolivarianos. Como alumnos aventajados de los caciques adorados, de los regímenes de la desigualdad y la represión política, han conseguido algo inaudito en Europa, llegar al gobierno del todavía Reino de España, y sentar sus comunistas posaderas en el gabinete gubernamental de nuestro ínclito presidente de gobierno, Pedro Sánchez. Un éxito imposible, impensable, inconcebible, e inaceptable de asumir en cualquier país miembro de la Unión Europea. Además, con la altanería que demuestran, imponen condiciones y exigencias a sus coaligados de Moncloa a cambio de mantener en pie el ejecutivo. Es una auténtica vergüenza nacional.

En Nicaragua, donde reina un déspota que practica el nepotismo más infame que uno pueda llegar a imaginar, Daniel Ortega Saavedra, líder del Frente Sandinista de Liberación Nacional, impone una dictadura a sangre y fuego, a fuerza de represión y persecución política. El próximo siete de noviembre se celebrarán comicios electorales y, por lo pronto, siete líderes opositores que concurren al plebiscito están encarcelados. Sin observadores internacionales –han sido vetados-, sin garantías mínimas de transparencia y libre concurrencia, ¿Qué podemos esperar? Los resultados ya están escritos, los porcentajes de participación han sido redactados y el triunfo del sandinismo ha sido proclamado sin que se hayan abierto las urnas. Por cierto, el único observador que ha sido invitado en España representa a…………¡¡¡¡¡PODEMOS!!!!

El volcán bolivariano seguirá eructando y regurgitando más miseria y pobreza. Lamentable, pero tan cierto como que mi madre está disfrutando de la presencia de Dios en el cielo.


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