Elecciones al Parlamento Europeo… ¿de verdad?

Aclaremos algunos puntos hoy tan olvidados por los “europeos”, sea por propia estupidez, sea por imposición de tanto estúpido europeísta.

La que denominamos Unión Europea es, entre otras cosas, o principalmente, un auténtico fraude, una estafa, un engaño, lo cual, claro, y para que cuele y se sostenga, evitan por todos los medios que se descubra. Y es que, desde el punto de vista del derecho constitucional internacional, Europa no existe como tal, pues la Unión Europea (UE) existe sólo gracias a un “pacto entre Estados”.

El Tratado de Maastricht (1993) que fue el que parió la UE tal y como hoy la conocemos… y sufrimos, es una imposición antidemocrática –concepto del que tantos alardean constantemente… porque carecen de él–, que destruyó nuestra identidad nacional, la de cada país europeos, y que para más inri nos impusieron mediante un simple y vulgar acuerdo entre los gobiernos, todos  traidores en más o menos, de nuestras respectivas naciones.

Conscientes de ello, asímcomo del hecho antidemocrático, y temerosos de que el vulgo se diera cuenta y se lanzara a las calles, y más temerosos aún de perder los múltiples beneficios y prebendas de los infinitos chiringuitos que forman el inmenso entramado burocrático-administrativo de la UE, los políticos y los miles de funcionarios que viven a nuestra costa de tan inmensa vaca, intentaron engañarnos con aquel tan famoso como breve proyecto de la que denominaron pomposamente “Constitución Europea”.

Dicho texto fue elaborado por oscuras camarillas de burócratas sin la obligada apertura de un “proceso constituyente” y popular, aprobándolo en 2004 en una conferencia intergubernamental. Pero… ¡sorpresa! Cuando fue sometido a votación en varios países, fue directamente rechazado por amplias mayorías de ciudadanos. Ante tamaño fracaso y ridículo, ante la falta del preceptivo respaldo popular democrático, que anuló ipso facto dicha “Constitución Europea”, el proyecto se metió en un cajón para siempre y… pues nada, se reemplazó por otroproyecto igualmente falso como fue el también intergubernamental Tratado de Lisboa (2007). Una maniobra más, propia de trileros de baja estofa que es lo que son nuestros dirigentes, tan anntidemocráticos ellos, como estafadores.

Así pues, y juridicamente hablando, el Tratado de Lisboa no es una Constitución, sino un mero acuerdo entre gobiernos; que además, carece de la consistencia democrática necesaria toda vez que nunca ha sido sometido a votación popular.

La consecuencia de todo es que el pomposo Parlamento Europeo que se elige de nuevo ahora, y como todos los anteriores, no será, en realidad, un Parlamento, al carecer del poder de proponer leyes y aprobarlas –característica esencial de todo Parlamento–, ya que tal poder está enteramente en manos de un grupito denominado “Comisión Europea”.

Pero es que la cosa es aún más grave al tiempo que más falsa, toda vez que es imposible una Constitución Europea por el simple hecho de que no existe un “pueblo europeo” real, con una única y sola idiosincrasia e historia y sin ese pueblo toda pretendida Constitución Europea carecerá de la base esencial que lo debe sustentar. Por lo tanto, la Unión Europea es alegal e irreal pues al ser una entidad política sin una Constitución legítima no puede expresar la voluntad política del pueblo europeo que… tampoco existe como tal.

Para colmar el vaso de la falsedad de la UE, hay que dejar constancia de que la unidad europea sólo se hace efectiva cuando se somete, cual vasallo fiel y obediente, a los mandatos de los Estados Unidos –potencia aún ocupante militarmente de nuestros suelos–, sea directamente o mediante la OTAN, llegando incluso la sumisión hasta implicarnos en guerras por esos mundos –y ahora en la propia casa– con el añadido de que no sólo ni nos van ni nos vienen, sino que son contrarias a nuestros intereses, sufriendo sus consecuencias en nuestras carnes y economías en beneficio de la de los EEUU, claro; guerras que, para colmo, tampoco jamás han sido pasadas por el tamiz de la voluntad popular, sino que como en el caso de la UE se deciden mediante acuerdos gubernamentales, en este caso militares, entre los Estados.

Ante lo dicho y ante los cada día más evidentes resultados perjudiciales de tamaña falsedad e impostura, hay que reivindicar la verdadera idea de Europa que no es otra que la Europa de las naciones soberanas, independientes, libres de elegir por sí mismas su destino, respetuosas con las decisiones de las demás, sin injerirse en sus respectivos asuntos internos, colaborando en los intereses comunes y solucionando de buena fe los que sean contrapuestos, afianzando la convivencia y buena vecindad entre todas ellas.


2 respuestas a «Elecciones al Parlamento Europeo… ¿de verdad?»

  1. El resultado de las elecciones europeas, es la evidencia, de no haber pasado el test de inteligencia DIVOC (si estás despierto sabrás su significado). Por lo tanto, ante esta maquinaria de inteligencia artificial, posesión psíquica, clarifica la separación de la paja del trigo. La virgen que porta el grano a los hombres para su alimento, el nacimiento de la agricultura, mientras con el pie, pisa a la serpiente, el tiempo necesario para recoger la cosecha del trigo. El espíritu de Europa, que no es la Europa conocemos hoy, ha llegado a su final y los que la han maltratado, usurpado, profanado, se quedarán sin su alimento, de ahí el dicho de la paja, para que ardan en el infierno que les espera. Lo que se siembra, es lo que se recoge, SE ACABÓ LA FIESTA, una mentira puede dar la vuelta al mundo, mientras la verdad aún se está poniendo los zapatos. Cada uno elige los venenos con los que se intoxica.

    Saludos cordiales

  2. «La verdadera idea de Europa que no es otra que la Europa de las naciones soberanas, independientes, libres de elegir por sí mismas su destino»
    Efectivamente.
    Algo diametralmente opuesto a la fraudulenta «Unión Europea» como tan acertadamente se explica en el artículo.
    Los estados miembros han perdido su soberanía. Han sido «prostituidos» puesto que a cambio de darles dinero, se les obliga a aceptara cosas contrarias a sus intereses -políticas energéticas, ganadería, agricultura, emigración- o de índole social y moral -aborto, adoctrinamiento sodomita, ideología de género- y en definitiva, exigiendo que la legislación de los estados miembros esté mediatizada por una espúrea legislación europea carente de legitimidad. Al ser impuesta por unos burócratas dóciles a quienes pagan sus canongías.
    Es muy triste pensar que se justificó, como imprescindible para ser admitidos en este patio de monipodio, la demolición de un Régimen que resultaba incompatible con él: al proclamar la vocación de que España fuera Una, Grande y Libre.

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