En el 78º aniversario de la heroica muerte del soldado Antonio Ponte Anido en Krasny Bor

DIEZ DE FEBRERO: ¡¡¡HONOR A LOS HÉROES!!!

Hoy, 10 de febrero, se cumplen 78 años de la “Batalla de Krasny Bor”. Técnicamente los combates de Krasny Bor.

Cementerio divisionario en Rusia

Cuando la aplicación torticera y prevaricadora, de la infame Ley de La Memoria Histórica, persigue a la División Azul y a sus héroes, se hace más necesario que  nunca el honrarlos.

Cualquiera que haya leído la Ley 52/2007 habrá comprobado que en nada afecta, ni pueda afectar, a la División Azul.

Y sin embargo los Gobiernos marxistas, llevados de la pulsión iconoclasta a la que les induce su ideología, pretenden sepultar su recuerdo y profanar la memoria de sus héroes.

Por ello, para hacerles justicia (avergonzar a quienes los proscriben es imposible de toda imposibilidad por carecer de ella) ofrecemos a los lectores del Español Digital este relato de la heroica muerte en combate del soldado Antonio Ponte Anido. Quien ganó a título póstumo, la Cruz Laureada de San Fernando premio al valor heroico que lleva aparejada la concesión un ascenso.

Por ello hoy lo evocamos diciendo: Cabo Antonio Ponte Anido ¡¡¡PRESENTE!!!  

Breve semblanza del héroe.-

Antonio Ponte Anido

Antonio Ponte Anido nace en La Coruña el 8 de octubre de 1920. Son cinco los hermanos: Gerardo, José, Lourdes, Antonio y Elena nacida en 1923 y única de los cinco que vive en la actualidad. Sus padres eran José María Ponte Rodríguez (sargento de infantería que había tomado parte en la guerra de África) y Francisca Anido Dapena.

Recién cumplidos los dieciocho años, se alista voluntario en la Falange el 20 de octubre del 38, causando alta el 1 de noviembre de ese año y siendo encuadrado en la 3ª Bandera de León. Toma parte en la liberación de Cataluña y a pesar de estar ya finalizando la guerra cuando se incorpora, es herido en combate a los veinte días de su llegada al frente.

Antonio en el regazo de su madre. Su padre Sargento de Infantería.

Finalizada la guerra continúa su servicio militar en el Regimiento Mixto de Ingenieros Nº 8 de la 81 división (8ª Región Militar) concretamente en la 2ª compañía del 2º batallón de Zapadores, destacamento de Betanzos (no confundir esta 2ª compañía del 2º batallón con su posterior pertenencia en Rusia a la 3ª compañía del Batallón de Zapadores  250)

Sabemos, porque así figura en su media filiación, que era rubio, “cejas al pelo” y ojos verdes. (En la filiación hecha en Vitoria en tránsito hacia Rusia dice ojos azules) y en la de su alistamiento a Falange aparece: “ojos claros, nariz regular, barba rubia, boca regular y color sano”. Su estatura. 1,680.

Guillermo Díaz del Río (falleció en 2015 con 100 años de edad)

También sabemos que era inteligente e instruido, como lo demuestra el que fuera elegido por su capitán en Rusia, Guillermo Díaz del Río Jáudenes, como uno de los enlaces de la compañía, lo que significa para quien conozca el ejército, que era inteligente y muy disciplinado, además de leal y diligente. Lo que en Galicia suele definirse como “espabilado y buen rapaz”

Queda acreditado también, leyendo su correspondencia, que era un buen hijo y una bellísima persona.

Como tantísimos voluntarios se alistó a la División Azul sin conocimiento de su familia. Me refería su hermana Elena que aquel fin de semana había estado en casa (Betanzos está muy cerca de donde vivía la familia): “Era muy cariñoso con mi madre y con nosotras, pero aquel domingo, antes de volverse a su cuartel en Betanzos, lo estuvo especialmente. Se despedía una y otra vez y no llegaba a marcharse; varias veces, ya en la puerta, regresó para besarnos y abrazarnos de nuevo, con lo que a Lourdes y a mí nos daba la risa: Luego por una carta que escribió supimos que se había ido a Rusia”.

Ponte Anido (segundo por la izqu.) convaleciente en un hospital de retaguardia en Königsberg por congelación junto a otros compañeros heridos

Para hacerse una idea de las múltiples misiones que cumplían los Zapadores, de sus trabajos, penalidades y peligros, es oportuno leer el libro “Los Zapadores de la División Azul”[1]  del que fue su primer capitán en Rusia, Guillermo Díaz del Río,  pues además de que hay algunas referencias a Ponte Anido, nos permite corroborar lo que se desprende de la lectura de su correspondencia: que no quería alarmar ni hacer sufrir a su madre contándole sus penalidades y peligros. Por poner un ejemplo, cuando Guillermo Díaz del Rio cuenta en su libro la dantesca experiencia del viaje en un vagón de ganado a más de veinte grados bajo cero, durante los tres días que duró su evacuación a un hospital de retaguardia, y consigna que tapaban los ventanucos para no morir helados, añadiendo que “Gracias a Dios” no iba en el vagón ningún congelado, pues el hedor hubiera sido tan insoportable como el frío”  Vemos que Ponte Anido, evacuado en esas mismas fechas al mismo hospital por una congelación, sólo le dice a su madre en una de sus cartas: “he viajado durante tres días en tren”.

La muerte de Ponte Anido.-

La gesta de Ponte Anido es solamente conocida para quienes se interesan por la historia militar de España en general y la de la División Azul en particular, pero para otras muchas personas es completamente desconocida. Y sin embargo, por las circunstancias en que halló su gloriosa y heroica muerte en un rasgo inigualable de valor y abnegación, debería ser conocida de todos los españoles y puesta como ejemplo de virtudes, no solamente militares.

Inauguración de la Calle del Cabo Ponte Anido

Si preguntásemos sobre su figura a algún joven, -incluso de Galicia- comprobaríamos que lamentablemente este héroe es un perfecto desconocido, aún a pesar de tener una pequeña calle en La Coruña, su ciudad natal, de donde se ha pretendido quitarla en inicua y torticera aplicación de la ley 52/2007 que para más INRI se intitula “de la memoria histórica”. Y lo que es todavía más inaudito, la gesta de Ponte Anido y los  elementos conmemorativos que a ella hacen referencia, figuran también en la propuesta del Ministerio de Defensa para ser eliminados en aplicación de la infame ley “de la memoria histórica”[2] sin que se tenga constancia de que posteriormente se haya anulado tan bochornoso dictamen y orden.

Ponte Anido ante la fachada del hospital de Königsberg donde convaleció por congelación

Hecha esta reflexión, expondré para quien no la conozca, como transcurrió la acción heroica en que Ponte Anido perdió la vida y alcanzó la inmortalidad.

Mi primera referencia es un recuerdo juvenil, casi infantil, cuando mi padre, teniente de la División Azul, que estuvo presente en aquella jornada al mismo tiempo heroica y dramática, me lo contó en alguno de los largos paseos en que solía acompañarle y en el que mi insaciable curiosidad lo abrumaba con preguntas, muchas veces de temática militar, sobre batallas y actos heroicos de la historia de España. Pues bien tal como me lo narró mi padre -o al menos como yo lo recordaba- el hecho era más o menos así.

“Tras una brutal preparación artillera que parecía el fin del mundo (AQUÍ UN VÍDEO REAL), los rusos lograron romper la primera línea de defensa en la zona que habían elegido como punto de ruptura. Al terminar la preparación artillera las defensas españolas estaban desechas, cortado el enlace entre las unidades, volados los refugios, destruidos los depósitos de munición, desmanteladas las armas automáticas y sus asentamientos… Pero los soldados españoles en pequeños grupos aislados, seguían defendiendo el terreno, no ya desde las posiciones o trincheras que estaban completamente arruinadas, sino desde los embudos que habían producido las propias granadas disparadas por el enemigo.

T-34 soviético

Con las primeras líneas de la infantería enemiga, que avanzaba lanzando sus consabidos gritos de ¡Hurra! ¡Hurra! y repitiendo cadenciosamente en su avance ¡Spnasky kaput! habían penetrado también en el dispositivo de defensa español carros de combate, los temibles T-34, contra los que los cañones contra carro de que disponíamos no servían para nada, pues eran incapaces de perforar sus corazas. Así pues los carros de combate rusos comenzaron a moverse a placer por entre los islotes de resistencia españoles que se defendían como gato panza arriba, viéndose sorprendidos  dese los flancos y la retaguardia por el fuego de estos colosos que ya deambulaban dentro de lo que habían sido las organizaciones defensivas de la División Azul. Cuando uno de aquellos carros de combate, se dirigía haciendo fuego hacia una “isba” donde se había establecido un “nido de heridos” en el que se hacinaban casi un centenar de ellos a la espera de poder ser evacuados, el zapador Ponte Anido, al ver que los disparos nada podían contra su coraza, cogió una mina magnética con la intención de adosarla a la coraza, y tras activarla escapar, para lo cual se aproximó audazmente aprovechando los ángulos muertos que él conocía perfectamente. Consiguió llegar hasta el carro de combate, pero en aquella ofensiva los carros rusos venían pintados con pintura antimagnética, por lo cual la mina no se quedaba adherida. Y es entonces, en un rasgo de sublime valor y abnegación, al ver que la mina no se sujetaba, la mantuvo con sus manos contra la coraza y la activó, haciéndola estallar… volando el carro enemigo, al tiempo que el heroico zapador Ponte Anido volaba a la eternidad”

Comunicación oficial del fallecimiento de Ponte Anido a su familia

Precisamente este emocionante recuerdo, y la reciente proscripción del héroe por la ley 52/2007, fue lo que me llevó a investigar el hecho, a buscar y contactar con la familia y en definitiva a intentar aportar mi modesta contribución para que no se borre de la memoria histórica de los españoles una gesta legendaria, que junto a otras muchas, merece estar escrita con letras de oro en el libro de la historia de España… y de su ejército. Porque como dice el artículo 16 de las Reales Ordenanzas: “Los Ejércitos de España son herederos y depositarios de una gloriosa tradición militar. El homenaje a los héroes que la forjaron es un deber de gratitud y un motivo de estímulo para la continuación de su obra” Aunque cabría decir que algunas recientes “disposiciones oficiales”  han convertido tal artículo en papel mojado.

Pero si queremos conocer los detalles de la acción, lo mejor es leer la “Orden General” donde en base a las declaraciones de los testigos en el llamado “Juicio Contradictorio” (procedimiento reglado para la concesión de las Laureadas) se establece oficialmente el hecho.

Krasny Bor (Por Ferrer Dalmau)

También podemos leer varias narraciones, que no difieren sustancialmente unas de otras ni de la Orden General, pero que no  es posible reproducir aquí por exceder el espacio disponible. Las principales son las del divisionario Fernando Vadillo en “Lucharon en Krasny Bor”[3]  que aunque es una  recreación literaria, en lo esencial se ajusta al hecho real. También encontramos referencias en el libro “Soldado en Tres Guerras”[4] del comandante Alfredo Bellod Gómez, que a la sazón era el jefe del batallón de zapadores (al que pertenecía la compañía de Ponte Anido) y que se encontraba en el puesto de mando que estaba en peligro por la presencia del carro ruso.

Divisionarios españoles en acción

En el libro del comandante Bellod se habla de Ponte Anido en el “In Memorian” dedicado a los fallecidos (página 272) además de una interesante anotación en la 207, según la cual, la mina que puso y cuya explosión le costó la vida, no destruyó totalmente al carro, sino solamente una de las cadenas, dejándolo inmovilizado entre el puesto de mando y el hospitalillo (la isba convertida en puesto de socorro) “pero siguió haciendo fuego de ametralladora, hasta que finalmente se organizaron varios ataques contra él a consecuencia de los cuales resultaron heridos el teniente alemán Llop, un soldado de transmisiones y dos de Zapadores. Al anochecer intentaron abandonar el carro sus ocupantes, siendo muertos dos de ellos y el tercero aunque herido, logró huir”. También  describe la acción el que fuera capitán de Ponte Anido (desde la llegada a Rusia, hasta que fue relevado por Aramburu Topete el 31 de mayo de 1942) Guillermo Díaz del Río Jáudenes que en su ya citado libro “Los Zapadores de la División Azul” tiene algunas interesantes anotaciones (páginas 132 y 135) pues aunque ya no estaba en Rusia cuando tuvieron lugar los combates de Krasny Bor, es seguro que posteriormente habló del hecho con el comandante Bellod y con su compañero el capitán Aramburu, cuando estos regresaron  a España.

Combate en la nieve rusa

Por él sabemos que Aramburu había enviado al enlace Ponte Anido al puesto de mando del jefe del batallón para solicitar que le enviara urgentemente un médico, pues tenía muchos heridos de la compañía. “Ponte Anido toma la carretera hacia Krasny Bor entre un infierno de explosiones y de hombres en retirada bajo el fuego de tanques rusos y armas de infantería. Ya tenía una bala alojada en su cuerpo cuando vio un T-34 separarse de repente de su formación y tomar la carretera haciendo fuego de cañón entre los soldados españoles, dirigiéndose hacia el hospital.

 A pesar de estar también batido por el fuego enemigo, toma una mina magnética  e ignorando las angustiosas protestas de sus compañeros se lanza hacia el carro de combate y coloca la mina en una de las cadenas del carro, una fuerte explosión destruye a ambos, al T-34 y a Ponte Anido”.

¿Cómo murió Ponte Anido?.-

La pregunta tiene una fácil respuesta: Como un héroe. Así está determinado oficialmente al habérsele concedido la máxima condecoración militar española que lo acredita: La Cruz Laureada de San Fernando.

Divisionarios españoles

Ahora bien, si la pregunta que se formula es ¿cuál fue la causa de la muerte del zapador Ponte Anido? o bien,  ¿qué causó la muerte a Ponte Anido desde el punto de vista de la medicina legal? La respuesta no puede ser tan inequívoca, pues existen incógnitas que están todavía sin despejar a la vista de los testimonios de los testigos que declararon en el juicio contradictorio para la concesión de la Laureada de San Fernando y una aparente contradicción por la existencia de un documento, el certificado de defunción, expedido por el teniente Emilio Martínez Burgos, el médico del batallón de zapadores 250, donde figura que “ha muerto a consecuencia de las heridas producidas por un proyectil de fusil enemigo en la región torácica”

Antes de adentrarnos en buscar una explicación a esta aparente incongruencia, es preciso tener en cuenta el caótico infierno en que se convirtió el campo de batalla durante los combates de Krasny Bor. Todo aquel que se haya encontrado en situaciones de máxima tensión y peligro, sabe que sus recuerdos pueden verse alterados o limitados, pues al estar su atención centrada en un peligro personal e inminente, se pierde la “visión de conjunto” o por decirlo más a la llana, no se puede tener la percepción global y detallada de quien está viendo “los toros desde la barrera” y está claro que todos cuantos estuvieron inmersos en aquellos hechos, estaban sujetos a la máxima tensión del combate, sin posibilidad de “tomar notas” ni aunque tan sólo fueran mentales: ni tan tampoco se hallaban en una disposición de ánimo relajada que les permitiera recordar luego con nitidez todos los detalles. Y ello sin tener en cuenta además, que algún detalle puede no ser “visto” aún a pesar de transcurrir ante los propios ojos, por la sencilla razón de que en tales momentos la percepción está condicionada por el instinto de supervivencia que reclama atención prioritaria.

Mina clase «T»

Hecha esta consideración tengamos en cuenta que una mina “T” tenía aproximadamente 5Kg de trilita y que de hacer explosión antes de que el zapador pudiera retirarse, su cuerpo habría resultado prácticamente desintegrado, mientras que si el cadáver presentaba un impacto de bala de fusil y fue reconocido por el médico, es que logró alejarse del carro y su cuerpo pudo ser recogido posteriormente por sus camaradas y llevado al puesto de socorro. Y luego también se le hubiera dado sepultura.

Por eso se adjunta, para tratar de despejar la incógnita, además del certificado de defunción de Ponte Anido el del capitán José Luís Gómez Díez-Miranda muerto en combate ese mismo día, donde figura el número de su chapa de identificación así como, en documento anejo, el cementerio donde fue inhumado. Observaremos que el “formato” de ambos certificados de defunción es completamente distinto. Más adelante volveremos sobre ello.

Por otro lado, según el relato del comandante Bellod hecho a la familia en su visita al regreso de Rusia y que me ha transmitido Elena Ponte Anido, vieron a Antonio arrastrándose por la nieve dejando un rastro de sangre “de una pierna”. La duda que surge de inmediato es ¿Cuándo se acercaba al carro o cuando se retiraba tras colocar la mina? En el primer caso, aún herido, llegó hasta el carro enemigo sabiendo que en tal situación no podría escapar a la explosión. Tal hipótesis no parecerá verosímil a quien no sepa de lo que es capaz un soldado cuando su voluntad de cumplir la misión se sobrepone a su instinto de supervivencia… pero sucede: por eso hay héroes.

Columna de T-34 soviéticos

También pudiera ser que la herida fuera posterior a la colocación de la mina y le impidiera alejarse a tiempo del carro, alcanzándole la explosión. Lo que no cabe duda es que mientras otros estaban a cubierto, pues aquello era una tempestad de disparos de ambos bandos y desde todas las direcciones, Ponte Anido corrió a pecho descubierto, en medio de un nutrido fuego, hacia el coloso de acero, por eso algunos camaradas le gritaban que no lo hiciera. También debe tenerse en cuenta que alguno de los que lo vieron acercarse intrépidamente al carro, pudieron luego no ver desde su punto de observación la situación de Ponte Anido en el momento de la explosión, por ocultarlo la propia masa del carro, ya que sin duda él se acercó aprovechando los ángulos muertos “que conocía perfectamente” -al igual que la mina que manejaba- pues se sabe que los zapadores hacían habitualmente tales prácticas con un carro destruido que había tras las líneas de la División Azul. En cualquier caso, en su relato a la familia, el comandante Bellod dijo (testimonio directo de Elena Ponte Anido que se encontraba presente)  que “con su sacrificio les había salvado la vida a todos, pues de haberse recibido el impacto de algún disparo de cañón en el puesto de mando habrían volado todos ya que estaban rodeados de municiones y explosivos”.

¿Pudo alejarse del carro, y estando en ello, recibió el impacto de la bala de fusil que presuntamente le causó la muerte? De ser así, el certificado médico habría recogido también una segunda herida en una pierna, pues la de la región torácica con toda seguridad le habría impedido avanzar reptando por la nieve.

Existiría otra posibilidad, que el médico al extender el certificado de defunción, confundiera el cadáver que tenía delante con el del zapador Ponte Anido puesto que no llevaba la chapa de identificación ¿o si la llevaba?  En todo caso, no figura en el certificado de defunción el número de su chapa de identificación, ni el lugar donde fue enterrado.

Cap. Gómez Díez-Miranda

Pero volvamos a la comparación de los certificados de defunción: el del zapador Ponte Anido y del capitán Gómez Díez-Miranda. Las diferencias entre los dos son notables y tal vez reveladoras. Creo que mis dudas, la incógnita, la ha despejado Carlos Caballero cuando le he planteado el problema y ha formulando una nueva hipótesis que, por mucho que pueda sorprender, es la más verosímil para quien conozca el funcionamiento de la burocracia.

En el caso probable de que la explosión de la mina alcanzara de lleno a Ponte Anido todavía en las inmediaciones del carro, su cuerpo quedaría fragmentado y disperso en muchos metros a la redonda… y por supuesto ni rastro de la chapa de identificación. No habiendo cuerpo, para la “Administración” el soldado es “oficialmente” un “desaparecido” más, como lo fueron tantos otros -al ser volatilizados por impactos directos de la artillería rusa de gran calibre- o no poder retirarse los cadáveres al quedar en la zona ocupada por los rusos. Y en tales condiciones no hay pensión para la viuda o para la madre… o esta llega después de diez años de “papeleo”, si es que para entonces no está ya olvidado el asunto.

Pero en este caso, ante la dificultad de demostrar a efectos legales la muerte de Ponte Anido, se optó por una solución muy de campaña y expedita. El batallón de zapadores sabía, porque había sido testigo, de su muerte heroica en combate y entonces se pidió al médico de la unidad que extendiera un documento, un “certificado suigéneris” que permitiera reclamar llegado el momento la pensión del camarada caído. Y el médico lo hace de buena gana, pues en aquellos peligros compartidos se sentiría más combatiente que galeno. Además era de justicia, y se lo pedía el jefe de su unidad.

Epílogo.-

Quiero terminar con una consideración que me sugiere la carta póstuma de Ponte Anido.

Tras haber leído toda la correspondencia que dirigió a su madre desde Rusia se comprueba que siempre mantuvo la moral muy alta (tal vez haciendo de tripas corazón) y para no preocupar ni entristecer a su familia como ya se ha dicho, casi todas las misivas terminan diciendo que está muy contento, “estupendamente” “formidablemente”  “que no hace frío” “que come bien” “que no le falta de nada” o que tiene “algunas comodidades”. Nunca aparece abatido ni pesimista.

Sin embargo en la carta póstuma, corta y lacónica, sorprende un inhabitual pero significativo “todavía” al consignar que está “perfectamente”. La carta tiene fecha de 20 de enero de 1943, veintiún días antes de la batalla, y Antonio Ponte Anido que era enlace del capitán de la compañía, con toda probabilidad sabía ya que se preparaba una gran ofensiva rusa y tuvo claro “que se le venía una buena encima”, que le alcanzaría de lleno, pues con toda seguridad quedarían suspendidos los relevos y repatriaciones… tal vez incluso tuvo un negro presentimiento y de ahí el “todavía” (yo todavía estoy perfectamente).

Antonio Ponte Anido con uniforme de Ingenieros del Ejército español

Al leer todas las cartas y tarjetas postales -sesenta y dos-[5] tras haberlas ordenado cronológicamente, y conociendo el fatal desenlace, el lector se va sumiendo en la tristeza, a la vez que le embarga una vaga sensación de fatalismo. Algo así como el pensamiento de que todo ser humano tiene predeterminado su fin, pero que a Dios gracias no lo conoce.

Ya sabemos que Ponte Anido murió heroicamente en acción de guerra el 10 de febrero de 1943 en la batalla de Krasny Bor cuando, a cuerpo limpio, provisto de una  mina “T” pretendía introducirla entre la cadena y el tren de rodaje de un carro de combate enemigo que haciendo fuego se dirigía a una “isba” convertida en hospital de urgencia y que se encontraba  atestada de heridos. Este “nido de heridos” (empleando el término reglamentario para designar el lugar de concentración de bajas en primera línea de fuego) estaba además situado en las inmediaciones del puesto de mando del Batallón de Zapadores, donde se acumulaba una gran cantidad de municiones y explosivos, (principalmente minas) cuya voladura por los disparos del carro hubiera supuesto la muerte de todos cuantos estaban en el puesto de mando (además de los heridos del improvisado “hospitalillo” adyacente) entre ellos el comandante Alfredo Bellod Gómez, jefe del Batallón de Zapadores de Asalto 250 que así se lo refirió a la madre del héroe, como ya se ha dicho, en una visita que le hizo al regresar de Rusia tras viajar ex profeso a Galicia.

Concesión de la pensión por la Laureada

Pongámonos en situación. Ponte Anido sabía que su relevo y regreso a la Patria eran inminentes, algo que esperaba con anhelo desde el cinco de mayo del año anterior, hacía ya ocho meses, en que se habían repatriado el teniente Garrido, un sargento y dieciocho soldados pertenecientes como él al primer contingente pero que estaban casados.

De hecho se ve por sus cartas de noviembre, que esperaba pasar ya esas navidades con la familia.  Pero sin embargo, al llegar el momento crucial del combate, no pensó que él ya había cumplido y que debía estar hace tiempo en casa. No fue presa del conocido temor que vuelve cautos a los soldados cuando saben que están a punto de terminar y que se conoce con el significativo dicho de que “nadie quiere ser el último muerto de la guerra”. No, Antonio Ponte Anido era un soldado valiente y abnegado, un español y gallego ejemplar. Por ello no dudó en presentar aquel épico y desigual combate entre el hombre y la máquina de guerra: Porque le incitó su hombría y su alma de soldado. Porque era un zapador y un héroe.

Dios lo tenga en su gloria, y quede imperecedera memoria de su gesta.

«A los héroes de Krasny Bor» (Pinchar sobre la imagen)

 

Publicado en versión reducida en la Revista Ares Año 6 – Nº 51

[1] Los Zapadores de la División Azul. Rusia 1941-1942. Guillermo Díaz del Río Jáudenes.
Editorial Actas 2011
[2] En un Estado de Derecho las leyes son de obligado cumplimento, pero cuando son infames, se puede y se debe procurar su derogación o sustancial modificación por los procedimientos legalmente establecidos. Tal es el caso de la ley 52/2007 que ha malogrado irremediablemente el espíritu de concordia proclamado por la “Transición”.
[3] LUCHARON EN KRASNY BOR (I) Pg. 209. Fernando Vadillo. 3ª edición Granada 1994. García Hispán Editor SL.
[4] SOLDADO EN TRES GUERRAS. Alfredo Bellod Gómez. Editorial San Martín 2004.
[5] Faltan sobre veinte, muy posiblemente las más emotivas, que guardaba la madre por separado. Con alguna frecuencia solía releerlas, sumiéndose en una profunda tristeza que le llegaba a durar más de una semana. Un día su hija Elena -que así me lo refirió- optó por quemarlas. Cuando le manifesté mi desolación por la irreparable pérdida de tan valiosos documentos, me dijo: “Yo ahora lo entiendo, pero entonces no soportaba estar viendo llorar a mi madre durante días”

12 respuestas a «En el 78º aniversario de la heroica muerte del soldado Antonio Ponte Anido en Krasny Bor»

  1. Es usted todo un genio para elegir los temas de tus trabajos y desarrollarlos.
    Sobre todo por el enfoque, digamos espiritual, con que los trata, localizando y transmitiendo el aspecto humano, patriótico e incluso cristiano de los protagonistas.
    Enhorabuena y muchísimas gracias.
    Recemos por que estos auténticos mártires por la Patria intercedan por nosotros y, al menos, nos alcancen poder imitarles.
    Repito, ¡ENHORABUENA!

    1. Muchas gracias José María.
      Finalizada por edad mi vida militar de servicio activo, es para mi una gran satisfacción el poder seguir transmitiendo, gracias a El Español Digital, los valores humanos, patrióticos y religiosos que hicieron de España una gran nación histórica, resucitada cual ave fénix al reencarnarse en la España Una, Grande y Libre que forjaron estos héroes.
      Un cordial saludo.

  2. Mi respetado Coronel, muchas gracias por recordarnos a UN HÉROE de ESPAÑA.
    Pese a los timoratos, traidores y pusilánimes: ¡A ESPAÑA SERVIR HASTA MORIR!¡ FE CIEGA EN LA VICTORIA!

    1. Muchas gracias Francisco solamente cumplo la obligación que nos impone el Art. 16 de las RR.OO:
      “Los Ejércitos de España son herederos y depositarios de una gloriosa tradición militar. El homenaje a los héroes que la forjaron es un deber de gratitud y un motivo de estímulo para la continuación de su obra”
      Y en eso debemos estar.
      Un abrazo.

  3. Así es.
    No en balde, como escribió Calderón de la Barca soldado de la Infantería Española, La milicia no es más que una, religión de hombres honrados.
    Un cordial saludo.

  4. El orgullo que siento al leer sus líneas es infinito. Orgullo de Ponte Anido, orgullo de usted y orgullo de cada militar que pone a mi disposición su vida cada día.
    Gracias.

    1. Muchas gracias David.
      Si todos los que las lean, se sienten orgullosos de ser españoles, puedo decir eso de ¡MISIÓN CUMPLIDA!
      Un fuerte abrazo.

  5. Como todas las mañanas, a las 7’30 horas suelo encender el ordenador para ver qué artículos nuevos ha publicado hoy El Español Digital, y si voy bien de tiempo para llegar al trabajo, elijo uno para leer antes de apagar el ordenador y salir corriendo. Esta mañana he visto este artículo y he reparado en que prometería, pero he visto que era muy largo y no me daba tiempo y he salido corriendo para el trabajo, donde allí no tengo acceso a la página. Ahora 14 ó 15 horas después regreso y, aunque cansado puedo ponerme a leerlo.
    Después de leer los tres comentarios de las personas que han comentado, -José Mª, Francisco Vega , y Jesús-, con estos comentarios tan extraordinarios, ¿qué puedo yo ya añadir más? nada.
    Comparto plenamente el comentario de D. José Mª cuando dice que el autor es un genio, sobre todo por el enfoque espiritual, con que los trata, localizando y transmitiendo el aspecto humano, patriótico y cristiano del protagonista. En este caso el cabo Antonio Ponte Anido. Creo que si se lee este artículo hay que leer también (del mismo autor) para el que no lo haya hecho, el dedicado al Capitán de Artillería D. José Luis Gómez Diez-Miranda. Ambos relatos se complementan recíprocamente.
    Tres reflexiones:
    – la primera, qué espíritu de servicio en un (simple) soldado. Los que hemos estado en la mili y hemos visto la falta de espíritu militar de todos los soldados, que estaban allí a la fuerza y con la cabeza en cualquier cosa antes que en la vida militar. Jesus lo achaca a que luchó por sus amigos, es posible, pero yo creo que fue más porque en campaña el soldado llegó a identificarse tanto con su misión en la División azul, que el espíritu militar dejó de ser patrimonio exclusivo de los oficiales, y lo poseían igualmente los soldados aunque no llevaran estrellas en la bocamanga o en la gorra. Cuando se alcanza esa «mística» del espíritu militar, la unidad que posee esa clase de soldados se convierte en una unidad tremendamente «operativa».
    – la segunda, qué oficialidad tan extraordinaria, que cuando su capitán regresó a España, fue a visitar a la familia del soldado. Esto es de reseñar también, porque (hablo como soldado que fuí en mi servicio militar) creo que el miedo de un soldado en campaña no es tanto morir (algo que nadie quiere) como el miedo a morir siendo usado como «carne de cañón» para nada por el desprecio de los oficiales por la vida de los soldados. Al final, la trincheras en Rusia hicieron una comunidad entre mandos y subalternos que convirtió a las compañías en una especie de familias.
    – La tercera, sin desmerecer los actos de heroísmo del Ejército de Tierra argentino en la Guerra de las Malvinas, que los hubo, y saltándome también la temeridad de opinar de esta guerra desde la tranquilidad del sillón de mi casa (que no sé hasta qué punto desde la confortabilidad del hogar se puede opinar sobre una guerra y la actuación de los que se estaban jugando la vida en la tundra antártica mientras uno está a salvo en su casa) , la pregunta que me hago es: ¿si lo argentinos hubieran tenido el espíritu de lucha de la División Azul, hubieran podido los ingleses soportar el desgaste y las bajas que ello les hubiera reportado? Sinceramente creo que no habrían podido soportar el desgaste, ni aún en el caso de que les hubieran ido bien las cosas, para qué hablar si hubieran ido de un revés a otro.

    Extraordinario trabajo que se salva del olvido.

  6. Muchas gracias Kevlar por su comentario. Queda claro que es un fiel seguidor de El Español Digital, publicación que también me sorprende a mi, muchas mañanas, por su extraordinaria calidad.
    Brevemente a sus razonamientos:
    Todos los combatientes de la DA, así mandos como soldados eran voluntarios y luchaban por un ideal. Las excepciones, inevitables entre los cerca de 55.000 que pasaron por sus filas, eran “las que confirman la regla. Además muchos eran veteranos de la Cruzada, y los que no, por su poca edad o quedar en zona roja, querían emular a los veteranos que sí habían participado.
    Al segundo razonamiento, un buen mando es aquel que consigue que su unidad se convierta en una familia “hermanos de armas” El paradigma es la respuesta: Yo no tengo más familia que en España mi madre, y en Rusia mi capitán.
    En cuanto a la tercera…. lamentablemente el combate era sobre unas islas, y siendo la armada Inglesa infinitamente superior a la Argentina, El desenlace era previsible a medio o largo plazo. Porque además, La Argentina, no contaba con un Blas de Lezo.
    Un cordial saludo.

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