«En honor a la verdad, aunque duela»

Mucha atención a los cuatro párrafos siguientes. Pertenecen a Laureano Benítez Grande-Caballero, que es lo mismo que detallar que provienen de su artículo titulado «El franquismo no fue fascista (I): La Reconquista de España» (17/6/2019), el cual a su vez está extraído de El Himalaya de mentiras de la memoria histórica, ni que añadir que del mismo autor. 

Nacido en Sevilla en 1952, y encandilado en su momento, como ocurrió a tantos españoles -salvando todas las distancias que haya que salvar, también a quien estas líneas escribe-, por los cantos de sirena, demagogias, castillos en el aire y, en definitiva, embustes y mentiras de los partidos de izquierdas, el historiador, conferenciante, escritor y apologeta de la fe católica Grande-Caballero es un incansable divulgador de las esencias, raíces y verdades de la España católica, y por católica identitaria y patriota, cuya voz se hace muy presente en diversos digitales identitarios y patriotas españoles: El Correo de MadridAlerta DigitalEl Español Digital

Ahí van:

Responder al interrogante de si el Régimen de Franco fue o no fascista ha motivado un amplio debate historiográfico que, partiendo de posturas encontradas y diversas corrientes interpretativas, ha desembocado en una conclusión unánime: Franco no fue fascista. Da igual la adscripción ideológica del investigador, porque el resultado final siempre es el mismo, con más o menos matices. Esto quiere decir que hoy en día solo llaman fascista a Franco los descerebrados, los aborregados, los manipuladores, los embusteros, los adoctrinadores, los progres que no tienen ni idea de la historia, que se limitan a repetir bobaliconamente las consignas lobotomizadoras.

La unanimidad sobre este punto es tal, que incluso en la misma Wikipedia —la enciclopedia de Soros— se afirma que la catalogación de este régimen dentro del fascismo suele ser rechazada o discutida por parte de los especialistas en el tema.

Y no solamente el franquismo no fue fascista, sino que más bien hay que situarlo en bastantes de sus coordenadas ideológicas justo en las antípodas del fascismo.

Por unanimidad, todos los autores consideran que el nacionalcatolicismo franquista es el mayor factor que diferencia al franquismo del fascismo, puesto que éste hunde sus raíces en una ideología idealista, vitalista y voluntarista ―en palabras de Stanley Paine―, profundamente pagana, que pretende cambiar y ordenar un mundo sumido en el caos usando para ello la acción, la fuerza de la voluntad, la energía de élites superiores ―el «superhombre» de Nietzsche—, incluso la violencia, creencia que otorga al fascismo una querencia por la guerra y el imperialismo. Es decir, que el fascismo es un movimiento descristianizado, fundamentado en componentes fuertemente sincretistas que después se integraron en la «Nueva Era».

Gracias, Laureano Benítez Grande-Caballero, por tus palabras (permíteme el tuteo, aunque me lleves algunos lustros de diferencia en edad y sobre todo no nos conozcamos de nada, tal confianza por obra y gracia de la fraternidad entre católicos y por el frente común de lucha contra la ideología progre imperante por todas partes, hija putativa del globalismo del NOM que tan bien analizas en tus escritos), que me vienen al pelo frente a tanta injuria que ya vengo recibiendo precisamente proveniente de esos «descerebrados progres, perroflautas, filocomunistas y demás familia», por salirse servidor de los tópicos y mitologemas de lo políticamente correcto.

Gracias, sí, por más que yo mismo también he bebido de otras fuentes y he leído de otros historiadores similares advertencias: Ricardo de la Cierva, Stanley Paine, Luis Pío Moa…

Solo que ya se sabe: no hay peor ciego que el que no quiere ver. Así, no puedo evitar traer a la memoria aquí y ahora los furibundos denuestos contra Franco (invariablemente acusado de «criminal fascista, golpista genocida, asesino destructor de la legalidad democrática de la Segunda República»…) espetados por ciertos comunistas, filocomunistas, podemitas y demás indigentes mentales y morales que hasta hablan por ciertas ondas radiofónicas atlánticas… Menuda patulea de malvados enemigos del Dios Uno y Trino, de la Iglesia y de España.

Por más que con todo, lo más ignominioso de todo este asunto es que tales denuestos e injurias contra Francisco Franco los vierten individuos e individuas a los que no les tiembla el pulso a la hora de reivindicar la memoria, esto es, los dichos y hechos (es decir, en gran medida al menos sus crímenes de lesa humanidad) de la consabida cohorte de dirigentes comunistas: Lenin, Mao, Che Guevara, Fidel Castro…

Ni tampoco les tiembla si se trata de echar balones fuera cuando es preciso buscar culpabilidades y alianzas con el narcotráfico establecidas por narcodictaduras como la chavista en Venezuela, como la de Evo Morales en Bolivia, desde la cual se ha financiado a Podemos con dinero procedente del narcotráfico, ¡a Podemos, nada menos, el partido que conformará una coalición de gobierno con el PSOE del ínclito Pedro Sánchez! .

Por lo demás, para escandalizarse ante los excesos y las manipulaciones de la progresía no hay que ser ni franquista ni propiamente de derechas (considero que este sería mi caso, y el de otros tantos), sino simplemente cultivar el amor por el Dios Uno y Trino, por la Iglesia y por España. Cultivados en el tiempo y en el espacio estos amores, y en la lectura e investigación en fuentes honestas y fidedignas, uno va descubriendo -digámoslo parafraseando el título del libro de Laureano Benítez que citábamos al principio de este escrito- un auténtico Himalaya de mentiras propaladas por comunistas, sociatas, podemitas, feministas radicales, separatistas o independentistas, nacionalistas de izquierdas…

Hasta que se acaba cayendo del caballo, ya sea al precio de que te hayan venido insultando invariablemente con los tópicos al uso de la progresía y el perroflautismo: «facha, fascista, fachilla, neofranquista, insolidario, tóxico, destilador de odio, reaccionario…».

Por cierto, ¿fascista? Curioso. El fascismo procede del socialismo, como es bien sabido, en el marco de la política italiana entre el último tercio del siglo XIX y el primero del XX. Benito Mussolini (quien en vida recibió un importante premio en reconocimiento a su «valía» como socialista miembro destacado del Partido Socialista Italiano), su máxima figura, etcétera. Fascismo que es hijo de la modernidad: positivismo, idealismo, vitalismo, la sombra alargada de Nietzsche (la idea del superhombre que, más allá de todo posible designio y voluntad y plan procedentes de Dios, intenta imponer su voluntad de dominio para configurar sistemas sociales y de gobierno que hagan frente al caos consubstancial al mundo), la noción de imperio en claves neopaganas a la que habría que aspirar usando incluso la violencia…

Nada de lo anterior estuvo presente en el franquismo, y ni siquiera en la Falange, salvo, tal vez, muy tímidamente y de manera embrionaria en el pensamiento inicial de Ramiro Ledesma Ramos (por cierto, hoy conocemos que se «arrepintió y se convirtió y confesó sus pecados» en la cárcel en que estaba condenado a muerte) y alguno que otro teórico jonsista o falangista de la primera hora, y pare usted de contar.

Y asimismo el fascismo no produjo en total una mortandad ni 10 veces inferior a la que ha producido en menos de un siglo el comunismo, solo que ni con estas: para los progres, ser fascista es lo peor que hay. Es decir: si te endilgan el sambenito de fascista, ya estás perdido, por más que eso del fascismo no vaya contigo salvo como asunto de investigación y estudio.

En fin, seguiremos informando y luchando por la verdad, en el seno de esta sociedad nihilista, relativista a tope, desnortada por secularizada-descristianizada, hundida en el fango de la llamada postverdad.

Más ahora en que tenebrosos nubarrones se ciernen sobre España tras haberse hecho público ayer por la tarde día 30 de diciembre, el pacto de gobierno de la nación entre PSOE y Unidas Podemos, más el más que seguro apoyo necesario para tal gobernabilidad procedente de los separatistas vascos y catalanes.

Cada vez más alejada España de las raíces cristianas (más en concreto, católicas) que configuraron su ser, toda su entraña, durante 2.000 años. Cada vez más amenazada España por una suerte desleal y traidora de Frente Popular II, que no hará más que agudizar el neopaganismo, el laicismo y la apostasía imperantes, y la bajada de pantalones a los intereses del NOM.


2 respuestas a ««En honor a la verdad, aunque duela»»

  1. Benito Mussolini, creador del fascismo italiano, lo definió como un SOCIALISMO nacionalista. De ahí que el fascismo alemán se autodenominara, a su vez, como nacional-SOCIALISMO.

    Los «valerosos» antifranquistas de nuevo cuño, son completamente reacios a aceptar estas parvularias verdades históricas. El sectarismo izquidierdista, es inasequible a cualquier información contraria a sus «esquemas mentales». He tenido oportunidades varias de comprobarlo personalmente.

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