«Encamisadas»: las operaciones especiales de los Tercios

Los tercios y su fama

El poderío de los tercios españoles, unas de las infanterías más famosa del mundo, traspasó fronteras y fue motivo de alabanza y miedo, objeto de poemas y sonetos, novelas y exaltaciones. Calderón de la Barca, Cervantes, Quevedo y Garcilaso de la Vega, entre otros grandes, alabaron las hazañas de los tercios. Es más, algunos de ellos, incluso sirvió en ellos.

Hoy, cada vez son más los autores, expertos y profesionales que escriben sobre los tercios españoles y sus gestas, sobre sus soldados, curtidos en cientos de batallas, así como del temor y el respeto sembrado por toda Europa. Una fama bien ganada, digna de homenajes y menciones.

De los tercios cada vez se conocen más datos, hechos heroicos, defensas gloriosas y curiosidades, pero son “las encamisadas” la acciones que más me entusiasman y que me han llevado a escribir este artículo.

Una encamisada

¿Sabéis lo que era una encamisada de los tercios? ¿Recordáis la escena inicial de la película “Alatriste”, cuando los soldados, con Viggo Mortensen a la cabeza, vestidos de blanco, armados y dispuestos, se aproximan sigilosamente al campamento enemigo? Eso, gráficamente, era una encamisada, una táctica de comandos que se llevó a efectos por los tercios españoles, alcanzando gran notoriedad y causando pavor en las tropas enemigas. Y Don Arturo Pérez Reverte las describe en algunas de “Las aventuras del Capitán Alatriste”, sobre todo en la tercera entrega de la saga, titulada “Sol de Breda

Según Álvaro Van de Brule, historiador de origen holandés, nacido en el País Vasco e hijo adoptivo de Madrid, esta táctica militar fue ideada por el Gran Duque de Alba a mediados del siglo XVI en Flandes, llevándose a cabo ya en Francia y Flandes. Pero algunos vestigios de estas encamisadas se pueden encontrar en los ataques nocturnos que llevaban a cabo las tropas del Gran Capitán en Italia. Pocos soldados, al abrigo de la noche, dispuestos para hacer el mayor daño al enemigo, agotarlo y desbaratar sus planes. Y siempre manteniendo toda la tensión, nada de relajación.

Según la definición del diccionario de la RAE, la encamisada se trata de “un ataque militar que se realiza de noche, por sorpresa y cubriéndose los soldados con una camisa blanca para no confundirse con el enemigo”. Una operación especial llevada a cabo por hombres preparados para la ocasión. Normalmente eran pocos, unos 50, poco más o menos, pero a veces podían ser algo más numeroso. Se trataba de pasar inadvertidos hasta que fuera demasiado tarde para reaccionar.

Táctica militar, comandos especiales

El mismo Van Den Brule mantiene que una encamisada en una “Táctica militar en la que los soldados españoles se introducían en la retaguardia enemiga o en su campamento militar por sorpresa con la intención de desbaratar sus planes logísticos y sembrar el caos, normalmente cuando los enemigos estaban desprevenidos, por la noche o al amanecer”.

Sí, justo a esa hora en la que el cuerpo no puede más, en la que el cansancio te ha vencido; es el momento donde enemigo duerme profundamente, está confiado. Es justo el instante para hacer más daño, para minar la moral, para encender las antorchas del miedo más absoluto, para aprovechar la sorpresa, para incendiar y destruir todo lo que se pueda.

Pero era mucho más que destrucción y muerte, aspectos importantes en una guerra. Era mucho más que la detonación de cargas por zapadores para destruir muros, era mucho más que inutilizar cañones o incendiar tiendas de campaña. De lo que se trataba, además de mermar las tropas enemigas, era de sembrar la duda, el miedo y la incertidumbre. Las encamisadas eras unas acciones importantes ya que conseguían un doble objetivo: por un lado, elevaba la moral de los tercios españoles al obtener aquella victoria; por otro, dejaban tocada la moral de los enemigos, sembraba el terror en sus miradas y en sus pensamientos. Jamás dormirían tranquilos.

Rapidez y sigilo

Aquella rápida escaramuza, que buscaba el sabotaje o, quizás, un poco de tiempo para preparar un plan mejor, provocaba un estrés continuo en el contingente enemigo pues, desde que se producía, el descanso brillaba por su ausencia. Y se dieron muchos episodios donde las encamisadas fueron efectivas.

Hay muchas encamisadas famosas que fueron notorias y dignas de mención. Así, en el famoso sitio de Castelnuovo, donde 50.000 turcos, al mando de Barbarroja, asediaban la fortaleza, que era defendida por unos 3500 soldados. Sí, la fortaleza cayó en manos otomanas, pero es cierto que las bajas fueron tremendas, se contaban por miles, y los valerosos soldados de infantería estuvieron a punto de dar al traste con los planes enemigos.  Allí, con tremenda bravura, agotando todas las posibilidades y luchando con valentía, los encamisados salían por la noche, de manera temeraria y causaban estragos entre los turcos.

También, Van de Brule, recuerda la famosa batalla de Mühlberg y señala que “los encamisados como los hombres más valerosos de los tercios, los cuales te arrasaban el bosque en un abrir y cerrar de ojos”. En esa batalla, gracia al arrojo de 11 soldados se obtuvo una gran victoria, por siempre recordada. Y qué decir del trabajo coordinado de los zapadores en Breda, que minaron las murallas para, al final, hacer caer la ciudad. Otro episodio digno de recordar.

Guillermo de Orange

Pero un episodio que me gustar particularmente, un pasaje donde la encamisada es fundamental, donde el ataque desequilibró la balanza y pudo haber tenido mayor impacto si no hubiese sido por un perro, es el ocurrido en la batalla histórica de Mons.

La perra de de Guillermo de Orange

Aquella no fue una encamisada al uso, escasa en hombres y con armas blancas preparadas para la degollina. Aquel ataque buscaba aniquilar, terminar de una vez por todas con el maldito enemigo flamenco y su máxima figura: el príncipe Guillermo de Orange.

Era la noche del 11 al 12 de septiembre de 1572. Todo estaba dispuesto y los hombres, armados con arcabuces, deseosos de dar boleto al príncipe de Orange y sus correligionarios. Al mando de Julián Romero, 600 arcabuceros, con tremenda audacia y sigilo, tomando todas las precauciones del mundo, con la mecha encendida y los ánimos enaltecidos, penetraron en el campamento de Guillermo, que estaba emplazado en Hermigny. En la retaguardia había quedado otro contingente de 600 hombres, con caballería ligera, para proteger la huida de sus compañeros.

Y como de costumbre, haciéndose notar solo cuando ya estaban dentro, realizando descargas y matando a todo aquel que se moviera, hicieron su trabajo y acabaron con 600 rebeldes, que en su mayoría eran mercenarios alemanes. Pero no solo se mató sino que se destruyó la impedimenta enemiga, se incendió buena parte del campamento y cientos de caballos fueron eliminados. Eficacia y efectividad en una tropa de élite, en un cuerpo de infantería preparado para las condiciones más adversas. Solo se lamentaron 60 españoles fallecidos pero el efecto que se obtuvo fue tremendo pues el ejército de Guillermo se retiró con el rabo entre las piernas.

Guillermo de Orange dormía plácidamente sin percatarse del ataque, sin que supiera lo que estaba pasando. Y si no llega a ser por su perra, un animal de raza Spaniel (española) y llamada Kuntze, que justo dormía a su lado y le alertó del ataque, Guillermo habría fenecido en aquella acción rápida de los arcabuceros, en aquella encamisada de los tercios. Desde entonces durmió siempre con un perro de esta raza y se le ha retratado, no en pocas ocasiones, con este animal.

Temidos y respetados

Muchos episodios más, unos por descubrir y otros por contar. Encamisadas, ataques nocturnos, rápidos y sigilosos, que se usaban para causar estragos, distraer la atención, saquear, matar y minar la moral del enemigo, sobre todo porque ya no podrían dormir tranquilos en campaña. Táctica de comandos u operaciones especiales que se puso de moda en el siglo XVI y que fue llevada a la perfección por los famosos Tercios españoles, temidos y respetados por toda Europa.

Hay mucho material al respecto, expertos y autores que saben de los tercios, que conocen el tema. Para aprender, debemos seguir leyendo, cultivando nuestra cultura, investigando, amando nuestras raíces y difundiendo nuestra gran historia.

Bibliografía:
  • VAN DE BRULE, A. Acero y gloria, la esfera de los libros, 2019. Madrid
  • ESPARZA, JOSE J. Tercios, la esfera de los libros, 2019. Madrid.
  • Alatriste, la película (2006), dirigida por Diaz Yanes, A.
  • PÉREZ REVERTE, A. “El Sol de Breda”. Las Aventuras del Capitán Alatriste. Alfaguara. 1998

Para sonrisas en el camino


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