Enmiendas a la Constitución rusa

Hace unos días, una mayoría sustancial de los ciudadanos de la Federación de Rusia dijo sí a las diversas enmiendas a la Constitución propuestas por Vladimir Putin y su gobierno. La participación fue lo suficientemente grande como para legitimar los cambios. ¿Pero cuáles son dichas enmiendas?

Podemos agruparlas en tres capítulos:
[1] social,
[2] político y
[3] moral.

[1] La Federación de Rusia intenta ser un estado semi-socialista, pero dado que la palabra socialismo no tiene buena prensa en la Europa del Este y ni tan siquiera en la propia Rusia, los «principios socialistas» se renombran, transforman o redefinen como «asociación social», que:

[a] garantiza el salario mínimo y al menos
[b] una indexación anual de las pensiones de jubilación.

[2] La nueva Constitución pone un fuerte énfasis en la soberanía de Rusia, concepto que protege de la siguiente manera:

[a] el derecho ruso tiene preferencia sobre el derecho internacional;
[b] las personas con altos cargos estatales no pueden tener otra nacionalidad que no sea la rusa, así como tampoco poseer cuentas bancarias en el extranjero;
[c] los rusos y el idioma ruso se mencionan específicamente como factores de unidad entre las varias nacionalidades que componen a la nación multiétnica que es Rusia, bien que afianzando el concepto de un sólo Estado;
[d] el presidente de Rusia lo puede ser por sólo dos periodos, bien que esta norma no tiene carácter retroactivo, lo que quiere decir que Putin puede seguir como jefe del Estado, o sea, en el poder, por dos periodos más.

[3] La Constitución, que afirma la creencia en Dios como un importante patrimonio histórico, tiene la tarea de

[a] proteger el matrimonio como una unión entre hombre y mujer y, además,
[b] guardar siempre la memoria y el buen nombre de los patriotas que defendieron a la patria.

En un mundo donde los internacionalistas o transnacionales y mundialistas han cerrado distancias con los nacionalistas o patriotas, la preponderancia de la ley nacional sobre la internacional es toda una declaración. La Corte Suprema alemana hizo una declaración similar, que sólo demuestra que la idea de someter la ley de una nación a su contraparte internacional queda para los estados débiles, aquellos que no cuentan. Y es que una de las herramientas más poderosas para ejercer presión sobre un Estado son los tribunales supuestamente internacionales y sus sentencias. Tal como están las cosas, Rusia ha sido blanco frecuente de cortes internacionales soportando un sin fin de acusaciones de dichos tribunales. Con la nueva Constitución, Rusia se blinda contra lo hasta ahora ocurrido.

Cuando se habla de «patriotas» rusos se refiere a los ciudadanos rusos, excluyendo de tal categoría a las personas con doble o múltiple nacionalidad que a partir de ahora no podrán ocupar altos cargos. Se trata de una «nacionalización» de facto de las élites. Fueron las potencias occidentales las que inventaron el concepto de doble o múltiple nacionalidad por una razón: sabían muy bien que uno no puede servir a dos amos, que antes o después debería elegir. Y sabían muy bien cuál de los dos o tres países a los que servir elegiría un individuo con doble o múltiple nacionalidad: el más rico, aquel donde la vida es más fácil, más acomodada. Los países más pobres y más débiles aceptaron irreflexivamente las leyes que permitían la doble y múltiple nacionalidad o bien fueron presionados para hacerlo. Dicha ley, además, se promocionó como un derecho humano, por lo que no les cupo posibilidad alguna de rechazarlo. Obviamente, un gobernador ruso con una sustanciosa cuenta bancaria y frecuentemente con sus hijos en Suiza, Gran Bretaña o Estados Unidos tenderá a actuar en función de los intereses de esos países en lugar de los rusos. Así, la doble o múltiple nacionalidad crea una quinta columna en un país. Las personas con intereses creados en el extranjero transfieren su lealtad también allí.

El concepto de la nación y el idioma rusos como fuerzas que unen a todos los residentes de la Federación en una nación multiétnica no ha recibido la aprobación de algunos de los líderes de las minorías nacionales, muchos de los cuales tienen sus propias repúblicas autónomas dentro de la Federación, con sus propios gobiernos y parlamentos. Por ejemplo, la República Autónoma de Tatarstán, cuenta con casi cuatro millones de ciudadanos, lo que no es nada en comparación con los 146 millones de la Federación de Rusia; pero Noruega, por ejemplo, tiene unos cinco millones de personas y es un estado independiente. Es cierto que determinadas naciones en sus repúblicas autónomas dentro de la Federación de Rusia tienen pleno derecho a usar sus idiomas, también oficialmente, pero con la enmienda aprobada ahora el ruso debe prevalecer en ellas. Además, sin el conocimiento del ruso, una carrera profesional fuera de las varias repúblicas es prácticamente imposible. Incluso en la Unión Europea sin el inglés no se puede pensar en una carrera en la administración supranacional europea o en los cuerpos políticos supranacionales.

Uno puede extrañarse e incluso ofenderse por el concepto de nación multiétnica, pero eso sería injusto siempre que se acepte el significado de la palabra inglesa nation que se usa precisamente para denotar una entidad política en lugar de un gran grupo de personas relacionadas por su origen o idioma. ¿No son los canadienses una nación, aunque técnicamente hablando son una mezcla de inglés y francés? ¿No se considera a los hindúes como una nación a pesar de que India comprende una gran cantidad de grupos étnicos que difieren en idioma e incluso en raza? ¿No se llama a los estadounidenses una nación unida alrededor, entre otros, del idioma inglés, mientras que difieren enormemente en términos de raza, origen étnico, fe y cada vez más en idioma?

Lo que más llama la atención es la enmienda sobre la presidencia. Al igual que en muchas otras constituciones que siguen el modelo estadounidense a este respecto el número de mandatos presidenciales se limita a dos, pero esta disposición no incluye los mantenido hasta ahora en la versión anterior de la Constitución. Por lo tanto, Occidente ha perdido la esperanza de librarse de Vladimir Putin, su formidable adversario. Como era de esperar, hablar de dictadura o cuasi-monarquía en la actual Rusia es algo omnipresente pero ¿está justificado? No hay un límite de tiempo establecido para los cancilleres alemanes o británicos y son tan poderosos en sus países como lo es un presidente ruso en el suyo. Además, ¿por qué todos los estados deberían seguir el modelo estadounidense? Si Vladimir Putin a todos los efectos prácticos es un monarca, ¿por qué debería considerarse algo inapropiado? Si una monarquía sirve bien a un país en un período histórico dado, que así sea; especialmente ante el hecho incuestionable de que la mayoría de los ciudadanos de la Federación de Rusia han dado su consentimiento a tal solución sabiendo muy bien lo que la enmienda ahora aprobada significaba.

La protección del matrimonio como unión entre hombre y mujer es también una declaración contundente. Fue precisamente por esta enmienda que las embajadas de Estados Unidos y Gran Bretaña en Moscú izaron banderas arcoíris -el emblema de los homosexuales- en un intento de influir en la decisión que iban a tomar los rusos. E influyeron en esta decisión pero en sentido opuesto: al ver los rusos la evidente y desvergonzada injerencia en los asuntos internos de su país, muchos decidieron participar en el referéndum y expresar, mediante el voto a favor de la enmienda, su indignación con tan inaceptable intento de «presión» extranjera.

Por último, la protección de la memoria histórica. Es algo que forma parte de la política histórica que muchos países están asumiendo, probablemente siguiendo el modelo de Israel y, en general, de la diáspora judía que guardan celosamente un conjunto de declaraciones consagradas sobre eventos pasados ​​relacionados con su nación. Cualquier intento de cuestionar la validez de esas declaraciones se denomina negación del holocausto (delito) y se persigue por todos los medios disponibles.

Los enemigos de Rusia que se infiltraron en el sistema educativo del país en la era de Yeltsin lograron reescribir la historia de tal manera que minimizaron el esfuerzo y la contribución del Ejército Rojo a la victoria sobre Alemania durante la Segunda Guerra Mundial y elevaron la importancia de los aliados occidentales. Recientemente, ha habido intentos de culpar a la Unión Soviética por el estallido de la guerra y equiparar esa culpa con la de Alemania. Esa pudo haber sido la gota que colmó el vaso que obligó a las élites rusas a incluir tal enmienda en la Constitución. A partir de ahora, culpar a Rusia por el estallido de la guerra o subestimar cruelmente el esfuerzo soviético durante la misma probablemente será castigado por la ley.

Polonia iba a aprobar una ley similar hace aproximadamente un año, pero la fuerte presión de Tel Aviv obligó a las autoridades polacas a retirarla en veinticuatro horas. El primer ministro polaco se disculpó profusamente y públicamente en la televisión polaca en inglés ante el primer ministro israelí y presentó el bochornoso hecho, esa marcha atrás, como un éxito de la diplomacia polaca ante los estupefactos ojos de los ciudadanos polacos. Sin embargo, Rusia no es Polonia, y no se dejará intimidar así.

Las enmiendas pueden considerarse como una manifiesta declaración de la soberanía de Rusia. Lo cual se expresa en su independencia de las decisiones legales extranjeras, la exclusión de personas con ciudadanía extranjera de ocupar cargos importantes y la prolongación de la presidencia de Vladimir Putin, el actual Pedro el Grande de Rusia, el zar reformista que reinó a principios del siglo XVIII. A juzgar por los comentarios desfavorables sobre la enmienda que permite al presidente en funciones continuar en el cargo, este cambio es una verdadera espina en la carne de las élites occidentales antirrusas. Se acaba así el sueño occidental de controlar una buena cantidad de las repúblicas de la Federación rusa y con ellas casi a ésta, como ocurre con Ucrania, los Estados Bálticos y Bielorrusia.


3 respuestas a «Enmiendas a la Constitución rusa»

  1. Creo reccordar que no hace mucho tiempo, Putin dijo (traducido) «Mientras yo sea presidente de Rusia, el matrimonio será entre un hombre y una mujer».
    Al igual que los «homos» no tienen ningún derecho a celebrar ningún desfile del «orgullo» (menudo «orgullo») que hay que protejer a los niños.
    Que diferencia con la «tolerante» y decadente España.

    1. Estimado seguidor: bien recordado, es como lo dice. Y lo está cumpliendo, que es lo más importante, porque por estos páramos dicen, prometen y… no cumplen. Saludos cordiales

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