Enrique Castro Delgado en dos documento excepcionales

Castro Delgado (1937)
Castro Delgado (1951)

En Junio de 2020, publiqué en esta benemérita web un artículo titulado «Enrique Castro Delgado, la verdad sobre el paraíso socialista» (AQUÍ) en el que además de alguna referencia biográfica de tan conocido personaje, hacía sendas reseñas de su dos tan importantes como clarificadoras obras: «Hombres made in Moscú» y «Mi fe se perdió en Moscú».

Pues bien, he tenido acceso, un tanto de rebote, a dos documentos sobre tal personaje que considero excepcionales y quiero compartir con todos ustedes.

El primero, es una oración que escribió Castro Delgado en 1956 y que dejó mecanografiada, que lo dice todo por sí misma de él y de su evolución o, mejor… ¿conversión final?:

El segundo, es una corta entrevista que le hicieron en 1961 en California (EEUU), a donde se desplazó a tales efectos desde Méjico –entonces no existía Internet–, para que explicara, primero, cómo y por qué se hizo comunista, y, después, cómo y por qué dejó de serlo.

Como el audio se hace a veces ininteligible al montarse sobre sus palabras en español las del traductor al inglés, las transcribo para ustedes. (Su declaración comienza en el minuto uno):

¿Por qué decidió unirse al Partido Comunista?

Castro Delgado en el centro de la imagen, de frente, con camisa blanca, debajo y a la izquierda del que habla subido a la barricada momentos antes de lanzarse al asalto definitivo al Cuartel de la Montaña

 A los 16 años nadie entiende a Marx, Lenin, Stalin o Engels. Naturalmente esto quiere decir que es muy difícil, y esta es mi experiencia a esa edad, que alguien pueda hacerse comunista. Sin embargo, a través del adoctrinamiento de las ideas marxistas de Karl Marx, marxistas-leninistas para ser más concretos, mucha gente se pregunta cómo es posible convertirse hoy en comunista sin el conocimiento y el entendimiento de los cuatro pilares comunistas –creo que no sé si con esto revelaré un secreto–, puede que haya razones misteriosas para dichas razones, pero mis razones fueron estas: una casa llena de miseria y límites sociales; una vida doméstica llena de angustia y pena. Pero había un hombre. Había un adulto lleno de fe que me habló por primera vez de la Revolución. Me habló de una manera muy precisa de los obreros dueños de las fábricas. De los campesinos dueños de las tierras. Me habló del poder de los granjeros de la Unión Soviética. Me habló por encima de todo de llegar a la felicidad humana a través del socialismo. Estas son las únicas razones por las que me hice comunista.

¿Nos podría contar qué le motivó para romper con el comunismo?

Ustedes recordarán la guerra de España. Fuimos lanzados a la guerra bajo un número de circunstancias con las cuales ustedes están familiarizados. Pero cuando Stalin ya no estuvo interesado en continuar con la guerra, porque la guerra comprometía a los intereses soviéticos, retiró la ayuda a la República y entonces la republica española fue derrotada. Esa fue mi primera duda sobre la pureza del comunismo. Me fui a la Unión Soviética después de la derrota de la república española. Recuerdo mi primera imagen viendo un desfile en la plaza de Leningrado de un ejército maravilloso, y detrás de ese ejército maravilloso una multitud, la población soviética, una masa de gente harapienta. Una masa de miseria, de angustia, de frustración. Esa fue mi segunda duda. Y surgió la tercera. El mundo inmerso en la Segunda Guerra Mundial. Se anuncia el pacto soviético-alemán que supone la gran traición al mundo occidental. ¿Por qué le daba Stalin libertad a Hitler para ocupar Europa? A cambio, Hitler le daría a los soviéticos un año más de paz a su vez a cambio del botín de una victoria que la  URSS no podría alcanzar. Y viene mi cuarta duda. ¿Después de siete años en la URSS dónde está la democracia? ¿Dónde está el socialismo? No lo encontré por ningún lado. Las viejas clases sociales habían sido sustituidas por otras similares. La igualdad social no existe. ¿Dónde está la igualdad económica? Hay ricos, pobres y miserables. ¿Dónde está la libertad de pensamiento? No hay libertad de pensamiento. Hay campos de concentración. ¿Entienden ustedes por qué un hombre puede y debe romper con el partido cuando la gran ilusión de ayer resultaba ser sólo una ilusión. Esa es mi experiencia.


3 respuestas a «Enrique Castro Delgado en dos documento excepcionales»

  1. Me recuerda un poco a Ramón J. Sénder, que fue comisario político del Ejército rojo, pero después adjuró del comunismo, y se fue a vivir a EE.UU., adoptando pñosturas más bien de tipo liberal y democrático.
    O Pio Moa, Federico Jiménez Losantos, etc.
    Pienso que las ideas izquierdistas tienen dos curas posibles:
    * Leyendo, estudiando, meditando, pensando, etc.
    * Y viajando, visitando alguno de esos «paraísos comunistas», lejos de los hoteles de lujo para turistas, e integrándose con el pueblo llano, hablando con ellos, viendo como viven, o más bien malviven, etc.
    Claro que en muchos de esos paraísos se prohibe relacionarse con los nativos, para evitar que uno se de cuenta de la m… de sociedad en la que viven.

  2. En la famosa fotografía tomada en los momentos previos a la masacre del Cuartel de la Montaña, Enrique Castro Delgado, figura en el mismo centro sobresaliendo por detrás de los sacos terreros de la barricada, destaca limpiamente entre los demás mirando hacia delante, esto es hacia el cuartel, joven, con el pelo peinado liso y hacia atrás, con americana desabrochada y camisa blanca. Desde luego no es el sujeto de uniforme y gorra de plato que hace ademanes de espaldas al fotógrafo y de cara a la horda presta al asalto y a la matanza.
    Castro Delgado no era de los que gastaba saliva frente a la masa, era un organizador y él mismo lo cuenta refiriéndose a lo que sucedió una vez dentro, en el patio del cuartel, con los soldados y voluntarios rendidos e inermes ante su pistola y la de otros como él: «matar, matar, seguir matando».
    La fotografía es un documento gráfico excepcional.

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