Entre el cansancio y la ilusión: la cuesta de enero

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Al asomarnos al escenario mundial, comprobamos con creciente preocupación que la humanidad sigue sin aprender de sus propios errores y mantiene extrañamente en alto sus armas, sigue cavando trincheras y hace las cuentas minuciosas para continuar las diversas guerras que nos desangran: no sólo en Gaza o en Ucrania, sino en tantos conflictos bélicos que siegan vidas y destruyen historias. Junto a esto, continúa la pretensión de reescribir la trayectoria humana, de imponer consignas, de manipular conciencias desde las demagogias falaces de las ideologías y agendas que nos gravan en clave política mientras se intenta deconstruir todo lo que represente la tradición cristiana.

Si nos acercamos al palenque nacional, las cosas no cambian para mejor ni se edulcoran al describir el panorama que tenemos delante, cuando vemos los tejemanejes de una política torticera que no busca el bien común, sino los propios intereses no pocas veces tramposos y mendaces que fuerzan las cosas, manipulan las normas y desvirtúan las reglas del juego democrático en un Estado de derecho cada vez más vulnerable que arriesga pervertir la convivencia rompiendo la igualdad de los pueblos.

Y, por dibujar también el momento en que vivimos dentro de la Iglesia, no andamos sobrados tampoco de serenidad, ni de claridad, donde a los envites que sufrimos hasta el martirio como nuestros hermanos en África esta pasada navidad con la matanza de Nigeria, se suman también otros documentos mastuerzos que son innecesarios, tienen una intencionalidad confusa y acomplejada, y responden a un guiño demagógico que retuerce la verdad de la gran tradición cristiana y la enseñanza perenne del Magisterio de la Iglesia. ¿A qué viene ese brindis campanudo por bendecir lo que Dios no bendice, cuando desde siempre hemos bendecido a las personas y no sus derivas y sus relaciones? Seguiremos bendiciendo a cuantos nos pidan ese gesto como ayuda personal para poner sus vidas bajo la luz de Dios y acordes a su gracia.

Así andamos, y en esta variopinta circunstancia nos atrevemos a decirnos sin engaño: feliz año nuevo, sostenido por el bien y la paz que provienen de Dios.

Para Infocatolica


Una respuesta a «Entre el cansancio y la ilusión: la cuesta de enero»

  1. Un Arzobispo de verdad… feliz año nuevo para él y para todos esos misioneros y cristianos que se la juegan a diario en tantos rincones perdidos del mundo.

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