Entrevista a nuestro colaborador José Vaquero Oroquieta

Fdo. Vaquero Oroquieta

Nuestro colaborador, Fernando José Vaquero Oroquieta es Licenciado en Derecho, cofundador de la asociación Ruta Norte de Pamplona y prolífico escritor sobre temas relacionados con Navarra, el terrorismo de ETA y el nacionalismo vasco. Al final de la entrevista insertamos un interesantísimo vídeo titulado «Desmontando Euskalerría. La claudicación del PSOE ante el terrorismo de ETA», en el que paricipa Fdo. Vaquero.

En primer lugar, gracias por atendernos. Hablemos, en primer lugar, de la asociación Ruta Norte, muy ligada a la figura del malogrado Pascual Tamburri ¿Podrías hablarnos de su significado?

Pascual Tamburri

Pascual Tamburri fue un medievalista de formación y ensayista disidente de vocación, muy implicado tanto en el movimiento de las ideas, como en la iniciativa político-activista del momento. Magnífico conocedor de las corrientes políticas e intelectuales disidentes de los siglos XX y XXI, sentía una mayor cercanía, acaso, por la Nuova Destra en línea del italiano Marco Tarchi. En consecuencias, Franco Cardini fue su maestro en su dimensión de historiador. Por Destra entendemos la cosmovisión así denominada, pero no la que reviste intereses mercantiles bajo ropajes “de orden”, a la que siempre despreció, sino “la derecha de los principios y valores” encarnada en amplias masas populares en la Italia de la mitad de sus ancestros carnales y la otra, de la España de sus anhelos. Una “derecha social”, plural y multiforme, a la que Pascual dedicó tantas energías: desde la reflexión, pero también desde la acción.

Su legado, además de la huella que nos imprimió a muchos de sus amigos, fueron sus libros y miles de artículos. Puede consultarse, buena parte de ello, en AQUÍ.

El libro Ruta Norte (Ediciones La Tribuna del País Vasco), de mayo de 2020, iniciativa de esa pequeña asociación igualmente denominada en su memoria, que has mencionado, reúne en 360 páginas varias decenas de sus artículos estructurados en siete ejes, expresión de sus preocupaciones e investigaciones: Nacionalismo vasco versus Navarra española; De Roma a Europa pasando por España; Transitando la Globalización; Memoria versus Historia; La educación como vocación y servicio; La Comunidad del Anillo; Una derecha social para un tiempo nuevo. Su lectura sigue generando asombro: por su sorprendente actualidad; rara virtud emanada de su larga mirada escrutadora sobre la realidad, desde unas bases analíticas de carácter metapolítico. También, a causa de sus  grandiosos conocimientos, de los que era titular por mérito propio, desde los que destilar reflexiones, análisis e informaciones, más propios de un hombre del Renacimiento o de la Ilustración que de uno de nuestros coetáneos.

Por ello, una de nuestras actividades ha sido la convocatoria de cinco premios de ensayo breve Pascual Tamburri, conjuntamente con Razón Española, de los que, creo recordar, al menos dos han sido merecidamente concedidos a colaboradores de La Emboscadura: José Manuel Bou y tú mismo.

La mayor parte de tu obra escrita versa sobre temas relacionados con Navarra y el nacionalismo vasco. ¿Cómo es posible que una región como Navarra, con una historia milenaria y un reino propio se haya dejado seducir por el nacionalismo vasco?

Recordemos que algunos de los pioneros del protonacionalismo panvasquista eran navarros…

Navarra siempre ha sido una tierra diversa: varios idiomas, presencias culturales, espacios humanos y geográficos muy distintos…

La Transición Política al actual Régimen constituyó el marco teórico, estructural e histórico de un enorme y acelerado cambio antropológico y cultural. Viejos valores se desmoronaron, la familia tradicional se replegó en pequeños núcleos urbanos de tres o cuatro personas, la influencia de la Iglesia casi se esfumó por completo, se aceleraron luchas sociales que bien podrían calificarse como de “clase”, el consumismo arraigó en sus diversas fases.

Ante una identidad navarrista/españolista en retirada, vaciada de contenidos y brutalmente impugnada por el acelerador histórico que supuso ETA y su izquierda abertzale, el espacio identitario fue rápidamente ocupado por una constelación de organismos populares cuyo objetivo es sustituir a la vieja sociedad civil, en un voluntarioso proceso de construcción nacional vasca, y en una conquista electoral de las instituciones públicas.

Este movimiento se ha constituido en “mentalidad común”, siendo sus teóricos críticos, falsarios de la historia y activistas sociales, los nuevos “intelectuales orgánicos” que han conformado este cambio mental, siempre a lomos de las corrientes ideológicas de moda en Occidente. Han conseguido, en cierto modo, una sorprendente síntesis de nacionalismo/internacionalismo, identidad/globalización, nuevos derechos subjetivos/derechos nacionales. Para entender este proceso de cambio social y de renovación de élites no sirven los dualismos, los tópicos tranquilizadores o los atajos sencillitos a los que estamos acostumbrados.

Te has ocupado también del tema del terrorismo de ETA ¿Qué opinión te merece el blanqueo de la banda terrorista por parte del PSOE y de Podemos?

Aquí concurren dos mecanismos distintos, aunque coincidentes. Por una parte se ha renunciado, en general, a realizar un análisis político realista. Así, el buenismo se ha impuesto en derecha e izquierda. A la pregunta básica de “¿qué es la izquierda abertzale?”, se ha respondido con el cortoplacismo electoralista que la mira como a un mero rival: hoy gano yo, mañana tu, y volvemos a empezar. Pero es un error: la izquierda abertzale ha declarado a todos los demás “enemigos”, pues busca quebrar el régimen y romper España. Si derecha e izquierda no hacen un buen diagnóstico, los problemas de comprensión y las respuestas concretas a cada reto, estarán equivocados. Nos son un mero rival: son el enemigo.

Por lo que se refiere al PSOE, y demás izquierdas radicales, su tendencia natural es la búsqueda de alianzas tácticas con otros partidos en el común tránsito hacia una supuesta sociedad perfecta en eterna revolución. La izquierda abertzale, muy hábil especialmente en los últimos lustros, también practica esa lógica, si bien desde una concepción estratégica muy distinta: la independencia y el socialismo vasco como objetivo real.

No olvidemos las coincidencias ideológicas de todas estas izquierdas (antropología progresista, optimismo político, agenda de nuevos derechos individuales y sociales…). En este contexto, el “blanqueo de ETA” es la expresión ética de estas coincidencias táctico-políticas y de la desmemoria colectiva causada por la atomización social y la educación masiva de carácter emocional.

¿Y la aproximación del separatismo catalán a los herederos de ETA?

Ambos nacionalismos siempre se han mirado, admirado, imitado y, en la medida de lo posible, concertado. Recordemos los pactos GALEUZCA de la primera mitad del siglo pasado o, más recientemente, la organización terrorista Terra Lliure, que fue una copia defectuosa de ETA.

Ambos nacionalismos (presuntamente moderados o radicales, vasquistas o catalanistas) persiguen un mismo objetivo: las respectivas construcciones nacionales. Para alcanzar sus objetivos finales precisan quebrar al Estado y anular la voluntad de resistencia del pueblo español.

Era inevitable, más con las laxas reglas del juego democrático de hoy, que concordaran tácticas y concepciones estratégicas.

Dentro de esta campaña de blanqueo está el reportaje del periodista pesebrista Jordi Evole sobre el asesino Ternera. Evole dijo que no podía opinar sobre Ternera, pues no lo conocía personalmente ¿Qué opinión te merece?

Lo suyo ha sido un aserto que no llega siquiera al nivel de falacia. Es, antes que nada, una expresión del individualismo y el sentimentalismo buenista. Y encubre una trampa: “¿Quién soy yo para juzgarle si desconozco sus pensamientos y tramas personales en el fondo?” Hipócrita, por tanto: sus hechos son conocidos, objetivos, indiscutibles, inconfundibles; forman parte de la Historia del terrorismo y de las páginas más negras que ha sufrido nuestra comunidad nacional. Además, se arroga cierta superioridad moral…

Recuerdo tu presentación en Barcelona del libro sobre el PNV. ¿Qué nos puedes decir sobre este curioso partido y su evolución, desde el integrismo católico a posiciones “progres”?

Lo has clavado. Esa aparente contradicción se explica desde dos perspectivas: la evolución y el peso de la Iglesia católica en Vascongadas y Navarra, y el oportunismo político de los jeltzales. ¿Cómo cabalgar tantas contradicciones? Pues desde su nacionalismo estructural. La construcción nacional todo lo justifica. Inicialmente, para ser “un buen vasco” tenías que tener 22 apellidos vascos y ser católico de misa y comunión diarias. Con ETA “buen vasco” era quien “trabaja y es explotado en Euskadi”. Ahora, con una Iglesia –tradicional o postconciliar- casi desaparecida, a pesar de su pugna por el liderazgo nacionalista, comparten que “buen vasco es el que habla euskera”, no en vano “así se construye nación”. La clave es el común nacionalismo decimonónico, romántico, supremacista y cateto.

Tu último libro es De ETA a EH Bildu. Las pieles de la serpiente. ¿Nos hablas un poco de sus contenidos? 

Estoy embarcado en un pequeño proyecto que he denominado El nacionalismo vasco contra Navarra. El primer libro, de 2022, fue Biografía no autorizada del PNV. El segundo es el que comentamos ahora. El tercero, si Dios quiere, se centrará en Navarra: desde la Asociación Euskara de Navarra de finales del XIX a la crisis, acaso terminal, del navarrismo españolista.

En este libro partimos de los orígenes de Ekin/ETA en la órbita del PNV hasta su protagonismo político hoy. Abordamos, en consecuencia, la asombrosa constelación de entidades de todo tipo que viene organizando la autodenominada “izquierda abertzale” al dictado de ETA, con la férrea voluntad que le caracteriza, y siempre volcada en la consecución de la independencia y la implantación del socialismo en nombre del pueblo vasco.

Se nos dirá que ETA ya no mata. Sí, pero las secuelas individuales y sociales derivadas de varias décadas de terror perduran en muchos de los más íntimos mecanismos sociales de las envejecidas, enriquecidas y pacificadas sociedades del País Vasco y de Navarra.

Por otra parte, el creciente fenómeno de una izquierda abertzale disidente autodenominada proletaria, en evidente ruptura con sus mayores, exige un esfuerzo continuo de memoria y análisis que no pierda de vista la naturaleza y raíces de aquel fenómeno tendencialmente terrorista, así como sus mitos, sus principales características a lo largo del tiempo, las complicidades que ganó, y sus derivas colectivas.

De ahí que le dedique espacio a la “Marcha de la libertad”, su controvertida posición frente a las drogas, el denominado “feminismo abertzale”, la instrumentalización del movimiento por la insumisión, otros grupos terroristas que siguieron su ejemplo y diversas expresiones colectivas de aquellas décadas de profundas convulsiones.

Por sus páginas desfilan los principales fundadores de ETA y figuras posteriores: Txabi Etxebarrieta, Arnaldo Otegi, Iosu Abrisketa, Mikel Albisu, María Dolores González Catarain, Yoyes, Jesús María Zabarte Arregui, carnicero de Mondragón, Mikel Albisu, David Pla Martín y tantos otros.

Y he intentado recuperar la memoria de algunos de los colectivos humanos particularmente golpeados por la banda terrorista, pero más desconocidos, caso de los funcionarios de prisiones, la Ertzaintza, o los vascos tradicionalistas, de centro-derecha, y falangistas, asesinados a causa de su profesión o ideales.

Como marco para todo ello, en el libro se parte de una cronología de ETA y la izquierda abertzale, especialmente en su expresión partidaria, con particular consideración de sus numerosas facciones, giros tácticos y su declive como banda armada y los pactos entre nacionalistas, hasta la presentación de 44 de terroristas declarados en las listas electorales de EH Bildu en las elecciones municipales y autonómicas de 28 de mayo de 2023.

Este trabajo presenta, desde una visión integradora, global y con algunos apuntes autobiográficos, la continuidad humana y estratégica de una ETA metamorfoseada en Sortu (partido abertzale sucesor de Herri Batasuna) y EH Bildu (coalición vampirizada). ETA culmina tácticamente en este nuevo ciclo histórico en Sortu y EH Bildu. Y ambas expresiones son inimaginables sin la existencia de ETA.

También colaboras con la revista Razón Española, fundada por Gonzalo Fernández de la Mora. Háblanos un poco de esta revista.

Precisamente, quien me sugirió participar, ocasionalmente, en esta revista fue Pascual Tamburri…

Razón Española es una revista impresa bimestral que acaba de editar su número 238. Nació en 1983 de la mano de Gonzalo Fernández de la Mora y Mon, uno de los intelectuales españoles más sólidos del siglo XX, como impulsora de la doctrina razonalista en la filosofía política; manteniéndose como una de las empresas intelectuales más interesantes y persistentes en el escenario del pensamiento en lengua española. En cierto modo, “casa común” de las derechas inconformistas.

En palabras de Juan Luis Ferrari, recogidas en su artículo Las revistas herederas de Acción Española, «el razonalismo no es un racionalismo. Mientras el racionalismo se contrapone a fideísmo y empirismo, el razonalismo rechaza el patetismo y el voluntarismo; se trata de la razón frente “a la pasión y a la arbitrariedad”. El razonalismo, a diferencia del racionalismo, arranca del hecho de la existencia de “dosis inmensas de irracionalidad en el comportamiento humano”; pero que, al mismo tiempo, ha de ser la razón la que debe “dominar a las pasiones y a la veleidad”».

De una manera más concreta, también dice: «Fernández de la Mora fue el único intelectual de la derecha española capaz de reflexionar sobre los fundamentos teóricos y epistemológicos de un nuevo conservadurismo. Se sintió seducido –como antes lo estuvo y no dejó de estarlo por Ortega y Gasset– por el desarrollo teórico del neoliberalismo económico y político de Milton Friedman y Friedrich von Hayek, que se había convertido en la auténtica alternativa al socialismo y a la democracia (…)».

No, no es fácil dibujar en sencillos trazos un pensamiento tan elaborado y con tantos matices…

La editora de Razón Española es la Fundación Balmes, que estableciera años antes Federico Silva Muñoz, siendo su finalidad «contribuir -en palabras de Gonzalo Fernández de la Mora- al desarrollo de una concepción del mundo: el humanismo, que es la sustancia racional de la filosofía cristiana». Así, su objetivo no sería «pragmático, sino teórico; no es inmediato, sino mediato; no es político, sino dialéctico». La dirigió hasta su muerte, acaecida el 10 de febrero de 2002. Hoy lo es por su hijo Gonzalo Fernández de la Mora y Varela.

En la actualidad vienen colaborando figuras como José Javier Esparza, Pedro Carlos González Cuevas, Dalmacio Negro, Óscar Rivas, Pedro Fernández Barbadillo, Carmelo Arias Montenegro, Fernando Maura, Javier Barraycoa, Carlos Ruiz Miguel, Álvaro Rodríguez Núñez y otros muchos.

Para terminar, ¿qué otros proyectos, editoriales o de otro tipo, tienes en perspectiva?

A corto plazo pretendo terminar el tercer volumen, ya centrado en Navarra, que tengo bastante avanzado, y que vea la luz. Me ha entrado la necesidad de realizar un estudio, a continuación, sobre los orígenes, naturaleza, evolución y futuro del navarrismo, pero ya veremos…

Sigo trabajando con los amigos de Ediciones Pompaelo, una iniciativa apartidista, pero netamente antinacionalista, de estructura militante y con los recursos gratuitos de Amazon, que ha editado unos 22 volúmenes en cuatro años.

Y si la salud me acompaña, hablaré allí donde se me convoque, para presentaciones de libros, coloquios, etc. No pongo, en esto último, demasiadas líneas rojas. Se me ha cuestionado mucho por ello, pero, ante todo, he encontrado grandes amigos.

Para la Revista impresa La Emboscadura, Nº 16, noviembre 2023, páginas 29 a 32 (a.i.).


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