España no sólo existe, sino que, sobre todo, España es

Por supuesto que no sólo España existe, sino que, sobre todo, España es; y ninguna persona de bien y con dos dedos de frente lo duda. Pero como para los puercos todo es porquería, la casta política que, salvo VOX, hoy ensucia nuestro Parlamento está resuelta a aniquilarla. Esta amalgama de subsidiados, okupas, parásitos, hampones, pervertidos, totalitarios, separatistas y filoterroristas que compone la antiespaña está acostumbrada a vivir en el fango, por eso huele tan mal y por eso desea que haya mucho fango en el mundo y que en él todas las cosas exhalen fetidez.

Pero el destino de los hombres, que es imprevisible y sabio, ha conseguido que gracias a esta repulsión que fecundan y generan los frentepopulistas y sus cómplices, la parte más sana del pueblo español despierte, porque el asco es capaz de crear alas y fuerzas y, de este modo, gran parte de la ciudadanía ha dejado de acostumbrarse a las trampas ideológicas de estos políticos trastornados y está abriendo los ojos para impedir que nos atrapen en su infinito círculo de mentiras.

Las hordas totalitarias saben sacar provecho de todos sus montones de basura, de toda esta inmundicia que vienen generando desde hace décadas, cuya ignominia clama al cielo. ¿Qué es lo que por fin nos ha impulsado a iniciar un proceso regenerativo, sino la necesidad de salvar a España de la disolución, de la delincuencia y de la tiranía? ¿Qué, sino el asco de sus doctrinas depravadas y de sus leyes bolcheviques?

Hoy día los anormales se han hecho los amos; todos ellos predican la anomalía, la degeneración, la intolerancia y el largo etcétera de los vicios y de las costumbres ruines. De ahí que todo aquello que corresponde a la raza de los organismos capaces de producir vileza, es lo que ahora quiere adueñarse de nuestros destinos de personas y de españoles; obligándonos a ello mediante sus normas turbias y sus ominosas pragmáticas, además de con el amparo financiero del narcotráfico y de la plutocracia criminal.

Aunque algunos aún siguen en el guindo y no quieren ver que de nada sirve la democracia ni las urnas si el que controla los medios informativos y las papeletas es un frentepopulista, tal vez, gracias a este enésimo golpe de Estado de las izquierdas resentidas, algunos lleguen a comprender la razón de ser del Movimiento Nacional, de Franco y del franquismo en el pasado, y la ineludible exigencia de fortalecer a VOX en el presente, con la exigencia de un nuevo proceso constituyente regenerativo.

Las divisiones internas, las reticencias o los silencios entre ideologías patriotas acogidas a organizaciones corpusculares aún ponen de manifiesto la dificultad de una unión real. Dado que la amenaza frentepopulista es bien tangible, una acción unificada de tales doctrinas no puede seguir pareciendo un sueño irrealizable. En este contexto, el elemento que debe inclinar definitivamente la balanza hacia el acercamiento solidario es la confirmación del pacto de expansión frentepopulista de comienzos de año.

Este hecho inequívoco nos apremia para acabar con el hormigueo de las hormigas, con la jactanciosa y miserable satisfacción de sí mismos que exhiben los enfermos morales cuando se entronizan sobre sus detritos. No pueden gozar de un futuro poderío quienes hieren y amenazan con traiciones el bien de la nación; quienes con su malevolencia sólo necesitan el adormecimiento ciudadano o la bandera de una oportunista e imaginaria revolución pendiente para dedicarse a lo que les gusta, con la seguridad de que el adormecimiento y la revolución rodearán de impunidad sus fechorías.

Hemos de prevenirnos, por lo tanto, de una vez por todas, contra estos fanáticos que salen arrastrándose de sus agujeros para quemar primero banderas, y después hombres; contra estos lóbis integrados por dementes, que funcionan como agentes poderosos de la globalización política. Hay que pararles los pies, pues son como la avaricia, que tiene hambre de lobo: cuanto más devora menos se sacia. Porque toda su doctrina puede resumirse diciendo que constituye el instinto de los mediocres contra lo excepcional, el instinto de rebaño contra la individualidad y la independencia, el instinto de subsidio contra la dignidad y el honor, y el instinto de lo jorobado y torcido contra lo recto y natural.

La peste frentepopulista ha empujado a los españoles más avisados a ponerse en marcha. Sólo un referente político como VOX puede hoy unir en un solo cuerpo a las distintas tendencias que ocupan el amplio espacio dejado por la casta política delictuosa y superar las diferencias y recelos que puedan existir entre ellas. El buen político español será aquél que entienda que, sobre todo, somos una nación de hombres y mujeres, no de partidos. Y que sepa integrarse en un esforzado grupo de patriotas capaz de aglutinar al pueblo sano y acabar con la demagogia de los putrefactos.

Los ciudadanos de bien deben comportarse como actores políticos con la misión de defender la vida, la familia y la libertad, además de la unidad de España y del conocimiento verídico de su historia, de sus símbolos y de su cultura y tradiciones. Es decir, están obligados a participar activa y útilmente a favor de la dignidad y de la verdad. Y si son atacados por los hampones por haberse atrevido a discutir los dogmas de las tenebrosas ideologías y de las desviadas conductas que quieren imponer en la sociedad, arrancarles briosamente las máscaras sin dar un paso atrás.

Por eso, sabedores ya de que ha llegado el momento de decir basta, resulta imprescindible apoyar a VOX de todos los modos y maneras efectivas y legítimas, convencidos de que sus ideas para regenerar España son sentidas por millones de españoles dispuestos a defenderla y, con su defensa, la de la libertad y la igualdad de todos, algo esencial en lo que dicho partido cree, al contrario del resto de partidos parlamentarios, maniobreros y quintacolumnistas.

Los parásitos y pervertidos, que odian lo normal y lo saludable, no pueden caminar junto a los hombres libres, y mucho menos que sean ellos quienes los dirijan, porque allí donde el fuerte es débil, allí donde el noble es demasiado indulgente… allí construyen ellos sus nidos repugnantes. Es necesario, pues, impedir que fructifiquen su rencor y su maldad. La situación está clara y la elección es simple: edificar o destruir.

Que la conciencia de cada uno le indique su papel y su lugar en esta hora crítica.

Contra el odio y la intolerancia, contra la hispanofobia y la catástrofe, bienvenidos a la resistencia.


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