Europa víctima de Ormuz

ESCUCHAR NOTICIA: Europa, a las puertas de un nuevo invierno, profundiza en una crisis energética como hacía décadas que no sufría, víctima de la prolongación del cierre del Estrecho de Ormuz debido a la nueva crisis del Golfo provocada por el fracaso de los EEUU e Israel en su obsesión por destruir al actual régimen iraní. Así, y como otras tantas veces, son los países europeos los que sufren las consecuencias de su tradicional sumisión a los intereses y designios norteamericanos. Mientras Europa no se zafe de esa dependencia, mientras no sea capaz de “independizarse” de los EEUU y tomar su propio rumbo mirando sólo por sus intereses, seguirá perjudicándose a sí misma, es decir, a sus propios ciudadanos a los que asegura defender. –oo– El bloqueo dual que sufre el estrecho de Ormuz desde finales de febrero de 2026 —con restricciones operativas por parte de Irán y contrabloqueos navales estadounidenses— está perjudicando gravemente a la economía de la eurozona; téngase en cuenta que por Ormuz circulaba antes del conflicto cerca del 20% del gas natural licuado (GNL) y el 25% del petróleo transportado por mar a nivel mundial. En esta ocasión, no parece posible que Bruselas pueda diversificar su suministro como logró hacer a comienzo de la guerra de Ucrania mediante la sustitución del gas ruso por la compra masiva de GNL norteamericano y catarí, ya que la dependencia europea de los combustibles fósiles globales sigue siendo su talón de Aquiles. Con las negociaciones diplomáticas completamente bloqueadas y tras meses de parálisis en el principal corredor energético del mundo, la tregua temporal alcanzada durante el verano no ha cristalizado en soluciones duraderas, lo que provoca que el impacto acumulado ya se sienta con fuerza en las industrias y los hogares europeos. Catar, uno de los principales proveedores de GNL de Europa, no logra mantener de manera regular sus envíos debido al bloqueo y a los daños sufridos en sus infraestructuras por los eficaces contrataques iraníes. Lo dicho, además, ha provocado una guerra de precios con otros productores globales que aprovechan la ocasión para aumentar su capacidad de producción a fin de cubrir cerca del 75% del déficit; aumento de precios que paga Europa de manera que, tanto en el continente europeo como en el Reino Unido, el precio mayorista del gas ha llegado a repuntar más del 100% respecto a los niveles de principios de año. Otro dato: la Comisión Europea calcula que la Unión Europea ha tenido que soportar un gasto extraordinario de más de 24.000 millones de euros para hacer frente a los sobreprecios de las importaciones energéticas de combustibles fósiles desde que estalló el conflicto en el Golfo. Como ejemplos concretos de la magnitud de la crisis provocada en la eurozona por el cierre y bloqueo de Ormuz, valgan los siguientes datos: Alemania: 11.400 millones de dólares en pérdidas indirectas y sobrecostes comerciales, sobre todo por los perjuicios causados a su importante sector manufacturero y de industria pesada. Francia: 8.200 millones de dólares, afectando sobre todo al suministro de queroseno para aviación comercial. España: 7.000 millones de dólares necesarios para paliar la sobredimensión experimentada en subsidios, subvenciones y exenciones fiscales de emergencia para contener los precios. Italia: 5.800 millones de dólares por haber tenido que reestructurar buena parte de sus infraestructuras gasísticas que le llegan desde el norte de África. En resumen, el cierre de Ormuz ha supuesto ya a la Unión Europea un sobrecoste extraordinario total superior a los 35.000 millones de dólares (algunos aseguran que llega a los 41.000 millones). El problema no se reduce a los perjuicios que sufre el ciudadano en cuanto a su calidad de vida y confortabilidad, es decir, en cuanto a la factura de la electricidad y calefacción en sus hogares, sino que afecta y de manera muy especial a otros aspectos y sectores que, lógicamente, repercuten también en los ciudadanos que son los que siempre terminan pagando todo: La industria manufacturera alemana, así como otras, se enfrenta a costes de producción insostenibles obligando a cierres y despidos masivos. En el sector eléctrico, y ante la escasez y carestía del gas, la demanda europea de carbón ha experimentado un inesperado repunte del 1,2%. La aviación comercial en Europa merece una especial atención. Dicha aviación importa casi el 40% de su combustible para aviones (queroseno) a través de Ormuz, cuyo cierre ha llevado a las reservas críticas a mínimos de seis semanas, forzando alertas de racionamiento y encarecimiento de pasajes. El queroseno de aviación representa cerca del 40% de los gastos operativos totales de cualquier aerolínea, por lo que el cierre de Ormuz pulverizó cualquier previsión presupuestaria al duplicar el precio del barril en los mercados europeos pasando de una media de 68 € a picos superiores a los 150 € por barril. Aunque las grandes compañías amortiguaron el golpe inicial gracias a contratos previos, la prolongación del conflicto durante meses terminó por agotarlos. El mercado global experimentó un desfase estructural de 600.000 barriles diarios respecto a la demanda, lo que impidió encontrar alternativas baratas a corto plazo, por ello, las pérdidas acumuladas por este sector en el espacio aéreo de Asia Occidental y Europa superan ya los 3.000 millones de dólares debido a una combinación de factores: a) el aumento de kilometraje por desvíos de rutas (+40% en coste de vuelo); b) las restricciones del espacio aéreo en áreas colindantes al conflicto forzaron la reconfiguración de los trayectos de larga distancia hacia Asia, de forma que evitar la zona de exclusión implica añadir entre 1,5 y 3 horas de vuelo más en rutas intercontinentales, lo que provoca un mayor consumo bruto de combustible por trayecto, un incremento en el pago de horas extraordinarias a tripulaciones y un mayor desgaste y costes de mantenimiento por hora de vuelo. Lo dicho ha llevado a las compañías aéreas, ante la amenaza real de quedarse sin reservas en los aeropuertos del noroeste de Europa (donde los inventarios críticos cayeron a mínimos de menos de 30 días) a recortes masivos de programación para mitigar el consumo con cancelaciones preventivas de forma que algunos operadores suspendieron miles de vuelos durante la temporada alta (más de 30.000 vuelos sufrieron cancelaciones o alteraciones graves en los corredores euroasiáticos), traslado de costes al consumidor y medidas de emergencia, de forma que el desequilibrio financiero ha provocado en la Unión Europea el regreso de los recargos por combustible (las tarifas aéreas medias en Europa han subido de forma generalizada con incrementos en rutas de media y larga distancia) y la intervención del Mercado de Reservas por la UE para evitar la parálisis de los aeropuertos principales en la temporada alta (la Comisión Europea y el Grupo de Coordinación del Petróleo monitorizan la liberación selectiva de las reservas estratégicas de queroseno de la UE para inyectar liquidez física en los sistemas de hidrantes de los aeropuertos). Debido a la prolongación del cierre de Ormuz, pero más aún a que no se atisba su final, la Unión Europea se ha visto obligada a modificar sus perspectivas para el cierre de año y los meses venideros con las siguientes medidas: a) rebajando las previsiones de crecimiento del PIB para la eurozona del 1,4% estimado inicialmente a tan sólo el 1,1%; b) contemplar un aumento de la inflación de la eurozona en torno al 3%, forzando al Banco Central Europeo a congelar los tipos de interés para evitar la consiguiente escalada de precios. Pero también, y por último, aunque en realidad no parece probable, la Comisión Europea analiza ya la repercusión que podría tener el “doble bloqueo marítimo”, es decir, que al cierre de Ormuz se una el bloqueo de Suez si las tensiones geopolíticas escalaran, lo que provocaría el colapso total de las rutas logísticas globales encareciendo el flete del transporte marítimo a niveles jamás conocidos. Conclusión Como se ha dicho al comienzo de este análisis, la Unión Europea está pagando un altísimo precio por el cierre de Ormuz provocado, no se olvide, por el empeño israelí, secundado por los EEUU, por derribar el régimen iraní, sin importarles ni al uno ni al otro las consecuencias para Europa, su supuesto aliado. Una vez más EEUU mira sólo por sus intereses por encima de cualquier otra consideración. El fracaso de sus intenciones, al responder Irán con el cierre de Ormuz, así como con contrataques altamente eficaces y una resistencia numantina que permanece por el momento firme y decidida, ha sorprendido a los EEUU que se limita a salvar la cara como puede, pero sin poder ocultar su fracaso, mientras los graves perjuicios que la prolongación de la actual situación causa a sus “aliados” puedecon hundirles en una crisis energética y económica desastrosa. De seguir la situación como ahora, Europa puede estar al borde de la mayor crisis desde el final de la Segunda Guerra Mundial porque sus alternativas energéticas, por sus dependencias, son muy escasas; máxime al haberse desligado de sus importaciones de gas ruso del cual, sin duda, los diferentes gobiernos europeos se estarán acordando ahora, aunque por supuesto no lo van a reconocer públicamente, y quién sabe si arrepintiéndose de, una vez más, haberse dejado arrastra por los EEUU a un conflicto, el ucraniano, sin sentido, evitable y que de nuevo sólo perjudica a los europeos. Si la actual situación continúa, Europa tiene dos caminos para salir de ella. O presiona a EEUU para que abandone su aventura iraní o se vuelve hacia Rusia abandonando a Ucrania. Lo primero no parece posible, pues su capacidad de influir sobre los EEUU es prácticamente nula. Lo segundo sería lo lógico y lo más eficaz y fácil desde todo punto de vista, existiendo sólo un problema: la soberbia de unos dirigentes europeos que han apostado con palabras y hechos excesivos por una Ucrania que sólo está sirviendo para desangrarles en todos los aspectos. Todo dependerá, como tantas otras veces, de la capacidad de los gobernantes europeos para asumir que sus países dependen más de lo que creían de aquellos contra los que se empeñan en combatir por su empecinada y contumaz sumisión a los EEUU, incluso a costa de perjudica gravemente a sus propios ciudadanos. Para Sovereignty   Pulse para escuchar el texto Europa, a las puertas de un nuevo invierno, profundiza en una crisis energética como hacía décadas que no sufría, víctima de la prolongación del cierre del Estrecho de Ormuz debido a la nueva crisis del Golfo provocada por el fracaso de los EEUU e Israel en su obsesión por destruir al actual régimen iraní. Así, y como otras tantas veces, son los países europeos los que sufren las consecuencias de su tradicional sumisión a los intereses y designios norteamericanos. Mientras Europa no se zafe de esa dependencia, mientras no sea capaz de “independizarse” de los EEUU y tomar su propio rumbo mirando sólo por sus intereses, seguirá perjudicándose a sí misma, es decir, a sus propios ciudadanos a los que asegura defender. –oo– El bloqueo dual que sufre el estrecho de Ormuz desde finales de febrero de 2026 —con restricciones operativas por parte de Irán y contrabloqueos navales estadounidenses— está perjudicando gravemente a la economía de la eurozona; téngase en cuenta que por Ormuz circulaba antes del conflicto cerca del 20% del gas natural licuado (GNL) y el 25% del petróleo transportado por mar a nivel mundial. En esta ocasión, no parece posible que Bruselas pueda diversificar su suministro como logró hacer a comienzo de la guerra de Ucrania mediante la sustitución del gas ruso por la compra masiva de GNL norteamericano y catarí, ya que la dependencia europea de los combustibles fósiles globales sigue siendo su talón de Aquiles. Con las negociaciones diplomáticas completamente bloqueadas y tras meses de parálisis en el principal corredor energético del mundo, la tregua temporal alcanzada durante el verano no ha cristalizado en soluciones duraderas, lo que provoca que el impacto acumulado ya se sienta con fuerza en las industrias y los hogares europeos. Catar, uno de los principales proveedores de GNL de Europa, no logra mantener de manera regular sus envíos debido al bloqueo y a los daños sufridos en sus infraestructuras por los eficaces contrataques iraníes. Lo dicho, además, ha provocado una guerra de precios con otros productores globales que aprovechan la ocasión para aumentar su capacidad de producción a fin de cubrir cerca del 75% del déficit; aumento de precios que paga Europa de manera que, tanto en el continente europeo como en el Reino Unido, el precio mayorista del gas ha llegado a repuntar más del 100% respecto a los niveles de principios de año. Otro dato: la Comisión Europea calcula que la Unión Europea ha tenido que soportar un gasto extraordinario de más de 24.000 millones de euros para hacer frente a los sobreprecios de las importaciones energéticas de combustibles fósiles desde que estalló el conflicto en el Golfo. Como ejemplos concretos de la magnitud de la crisis provocada en la eurozona por el cierre y bloqueo de Ormuz, valgan los siguientes datos: Alemania: 11.400 millones de dólares en pérdidas indirectas y sobrecostes comerciales, sobre todo por los perjuicios causados a su importante sector manufacturero y de industria pesada. Francia: 8.200 millones de dólares, afectando sobre todo al suministro de queroseno para aviación comercial. España: 7.000 millones de dólares necesarios para paliar la sobredimensión experimentada en subsidios, subvenciones y exenciones fiscales de emergencia para contener los precios. Italia: 5.800 millones de dólares por haber tenido que reestructurar buena parte de sus infraestructuras gasísticas que le llegan desde el norte de África. En resumen, el cierre de Ormuz ha supuesto ya a la Unión Europea un sobrecoste extraordinario total superior a los 35.000 millones de dólares (algunos aseguran que llega a los 41.000 millones). El problema no se reduce a los perjuicios que sufre el ciudadano en cuanto a su calidad de vida y confortabilidad, es decir, en cuanto a la factura de la electricidad y calefacción en sus hogares, sino que afecta y de manera muy especial a otros aspectos y sectores que, lógicamente, repercuten también en los ciudadanos que son los que siempre terminan pagando todo: La industria manufacturera alemana, así como otras, se enfrenta a costes de producción insostenibles obligando a cierres y despidos masivos. En el sector eléctrico, y ante la escasez y carestía del gas, la demanda europea de carbón ha experimentado un inesperado repunte del 1,2%. La aviación comercial en Europa merece una especial atención. Dicha aviación importa casi el 40% de su combustible para aviones (queroseno) a través de Ormuz, cuyo cierre ha llevado a las reservas críticas a mínimos de seis semanas, forzando alertas de racionamiento y encarecimiento de pasajes. El queroseno de aviación representa cerca del 40% de los gastos operativos totales de cualquier aerolínea, por lo que el cierre de Ormuz pulverizó cualquier previsión presupuestaria al duplicar el precio del barril en los mercados europeos pasando de una media de 68 € a picos superiores a los 150 € por barril. Aunque las grandes compañías amortiguaron el golpe inicial gracias a contratos previos, la prolongación del conflicto durante meses terminó por agotarlos. El mercado global experimentó un desfase estructural de 600.000 barriles diarios respecto a la demanda, lo que impidió encontrar alternativas baratas a corto plazo, por ello, las pérdidas acumuladas por este sector en el espacio aéreo de Asia Occidental y Europa superan ya los 3.000 millones de dólares debido a una combinación de factores: a) el aumento de kilometraje por desvíos de rutas (+40% en coste de vuelo); b) las restricciones del espacio aéreo en áreas colindantes al conflicto forzaron la reconfiguración de los trayectos de larga distancia hacia Asia, de forma que evitar la zona de exclusión implica añadir entre 1,5 y 3 horas de vuelo más en rutas intercontinentales, lo que provoca un mayor consumo bruto de combustible por trayecto, un incremento en el pago de horas extraordinarias a tripulaciones y un mayor desgaste y costes de mantenimiento por hora de vuelo. Lo dicho ha llevado a las compañías aéreas, ante la amenaza real de quedarse sin reservas en los aeropuertos del noroeste de Europa (donde los inventarios críticos cayeron a mínimos de menos de 30 días) a recortes masivos de programación para mitigar el consumo con cancelaciones preventivas de forma que algunos operadores suspendieron miles de vuelos durante la temporada alta (más de 30.000 vuelos sufrieron cancelaciones o alteraciones graves en los corredores euroasiáticos), traslado de costes al consumidor y medidas de emergencia, de forma que el desequilibrio financiero ha provocado en la Unión Europea el regreso de los recargos por combustible (las tarifas aéreas medias en Europa han subido de forma generalizada con incrementos en rutas de media y larga distancia) y la intervención del Mercado de Reservas por la UE para evitar la parálisis de los aeropuertos principales en la temporada alta (la Comisión Europea y el Grupo de Coordinación del Petróleo monitorizan la liberación selectiva de las reservas estratégicas de queroseno de la UE para inyectar liquidez física en los sistemas de hidrantes de los aeropuertos). Debido a la prolongación del cierre de Ormuz, pero más aún a que no se atisba su final, la Unión Europea se ha visto obligada a modificar sus perspectivas para el cierre de año y los meses venideros con las siguientes medidas: a) rebajando las previsiones de crecimiento del PIB para la eurozona del 1,4% estimado inicialmente a tan sólo el 1,1%; b) contemplar un aumento de la inflación de la eurozona en torno al 3%, forzando al Banco Central Europeo a congelar los tipos de interés para evitar la consiguiente escalada de precios. Pero también, y por último, aunque en realidad no parece probable, la Comisión Europea analiza ya la repercusión que podría tener el “doble bloqueo marítimo”, es decir, que al cierre de Ormuz se una el bloqueo de Suez si las tensiones geopolíticas escalaran, lo que provocaría el colapso total de las rutas logísticas globales encareciendo el flete del transporte marítimo a niveles jamás conocidos. Conclusión Como se ha dicho al comienzo de este análisis, la Unión Europea está pagando un altísimo precio por el cierre de Ormuz provocado, no se olvide, por el empeño israelí, secundado por los EEUU, por derribar el régimen iraní, sin importarles ni al uno ni al otro las consecuencias para Europa, su supuesto aliado. Una vez más EEUU mira sólo por sus intereses por encima de cualquier otra consideración. El fracaso de sus intenciones, al responder Irán con el cierre de Ormuz, así como con contrataques altamente eficaces y una resistencia numantina que permanece por el momento firme y decidida, ha sorprendido a los EEUU que se limita a salvar la cara como puede, pero sin poder ocultar su fracaso, mientras los graves perjuicios que la prolongación de la actual situación causa a sus “aliados” puedecon hundirles en una crisis energética y económica desastrosa. De seguir la situación como ahora, Europa puede estar al borde de la mayor crisis desde el final de la Segunda Guerra Mundial porque sus alternativas energéticas, por sus dependencias, son muy escasas; máxime al haberse desligado de sus importaciones de gas ruso del cual, sin duda, los diferentes gobiernos europeos se estarán acordando ahora, aunque por supuesto no lo van a reconocer públicamente, y quién sabe si arrepintiéndose de, una vez más, haberse dejado arrastra por los EEUU a un conflicto, el ucraniano, sin sentido, evitable y que de nuevo sólo perjudica a los europeos. Si la actual situación continúa, Europa tiene dos caminos para salir de ella. O presiona a EEUU para que abandone su aventura iraní o se vuelve hacia Rusia abandonando a Ucrania. Lo primero no parece posible, pues su capacidad de influir sobre los EEUU es prácticamente nula. Lo segundo sería lo lógico y lo más eficaz y fácil desde todo punto de vista, existiendo sólo un problema: la soberbia de unos dirigentes europeos que han apostado con palabras y hechos excesivos por una Ucrania que sólo está sirviendo para desangrarles en todos los aspectos. Todo dependerá, como tantas otras veces, de la capacidad de los gobernantes europeos para asumir que sus países dependen más de lo que creían de aquellos contra los que se empeñan en combatir por su empecinada y contumaz sumisión a los EEUU, incluso a costa de perjudica gravemente a sus propios ciudadanos. Para Sovereignty

Europa, a las puertas de un nuevo invierno, profundiza en una crisis energética como hacía décadas que no sufría, víctima de la prolongación del cierre del Estrecho de Ormuz debido a la nueva crisis del Golfo provocada por el fracaso de los EEUU e Israel en su obsesión por destruir al actual régimen iraní. Así, y como otras tantas veces, son los países europeos los que sufren las consecuencias de su tradicional sumisión a los intereses y designios norteamericanos. Mientras Europa no se zafe de esa dependencia, mientras no sea capaz de “independizarse” de los EEUU y tomar su propio rumbo mirando sólo por sus intereses, seguirá perjudicándose a sí misma, es decir, a sus propios ciudadanos a los que asegura defender.

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El bloqueo dual que sufre el estrecho de Ormuz desde finales de febrero de 2026 —con restricciones operativas por parte de Irán y contrabloqueos navales estadounidenses— está perjudicando gravemente a la economía de la eurozona; téngase en cuenta que por Ormuz circulaba antes del conflicto cerca del 20% del gas natural licuado (GNL) y el 25% del petróleo transportado por mar a nivel mundial.

En esta ocasión, no parece posible que Bruselas pueda diversificar su suministro como logró hacer a comienzo de la guerra de Ucrania mediante la sustitución del gas ruso por la compra masiva de GNL norteamericano y catarí, ya que la dependencia europea de los combustibles fósiles globales sigue siendo su talón de Aquiles. Con las negociaciones diplomáticas completamente bloqueadas y tras meses de parálisis en el principal corredor energético del mundo, la tregua temporal alcanzada durante el verano no ha cristalizado en soluciones duraderas, lo que provoca que el impacto acumulado ya se sienta con fuerza en las industrias y los hogares europeos.

Catar, uno de los principales proveedores de GNL de Europa, no logra mantener de manera regular sus envíos debido al bloqueo y a los daños sufridos en sus infraestructuras por los eficaces contrataques iraníes. Lo dicho, además, ha provocado una guerra de precios con otros productores globales que aprovechan la ocasión para aumentar su capacidad de producción a fin de cubrir cerca del 75% del déficit; aumento de precios que paga Europa de manera que, tanto en el continente europeo como en el Reino Unido, el precio mayorista del gas ha llegado a repuntar más del 100% respecto a los niveles de principios de año. Otro dato: la Comisión Europea calcula que la Unión Europea ha tenido que soportar un gasto extraordinario de más de 24.000 millones de euros para hacer frente a los sobreprecios de las importaciones energéticas de combustibles fósiles desde que estalló el conflicto en el Golfo.

Como ejemplos concretos de la magnitud de la crisis provocada en la eurozona por el cierre y bloqueo de Ormuz, valgan los siguientes datos:

  • Alemania: 11.400 millones de dólares en pérdidas indirectas y sobrecostes comerciales, sobre todo por los perjuicios causados a su importante sector manufacturero y de industria pesada.
  • Francia: 8.200 millones de dólares, afectando sobre todo al suministro de queroseno para aviación comercial.
  • España: 7.000 millones de dólares necesarios para paliar la sobredimensión experimentada en subsidios, subvenciones y exenciones fiscales de emergencia para contener los precios.
  • Italia: 5.800 millones de dólares por haber tenido que reestructurar buena parte de sus infraestructuras gasísticas que le llegan desde el norte de África.

En resumen, el cierre de Ormuz ha supuesto ya a la Unión Europea un sobrecoste extraordinario total superior a los 35.000 millones de dólares (algunos aseguran que llega a los 41.000 millones).

El problema no se reduce a los perjuicios que sufre el ciudadano en cuanto a su calidad de vida y confortabilidad, es decir, en cuanto a la factura de la electricidad y calefacción en sus hogares, sino que afecta y de manera muy especial a otros aspectos y sectores que, lógicamente, repercuten también en los ciudadanos que son los que siempre terminan pagando todo:

  • La industria manufacturera alemana, así como otras, se enfrenta a costes de producción insostenibles obligando a cierres y despidos masivos.
  • En el sector eléctrico, y ante la escasez y carestía del gas, la demanda europea de carbón ha experimentado un inesperado repunte del 1,2%.
  • La aviación comercial en Europa merece una especial atención.

Dicha aviación importa casi el 40% de su combustible para aviones (queroseno) a través de Ormuz, cuyo cierre ha llevado a las reservas críticas a mínimos de seis semanas, forzando alertas de racionamiento y encarecimiento de pasajes. El queroseno de aviación representa cerca del 40% de los gastos operativos totales de cualquier aerolínea, por lo que el cierre de Ormuz pulverizó cualquier previsión presupuestaria al duplicar el precio del barril en los mercados europeos pasando de una media de 68 € a picos superiores a los 150 € por barril. Aunque las grandes compañías amortiguaron el golpe inicial gracias a contratos previos, la prolongación del conflicto durante meses terminó por agotarlos. El mercado global experimentó un desfase estructural de 600.000 barriles diarios respecto a la demanda, lo que impidió encontrar alternativas baratas a corto plazo, por ello, las pérdidas acumuladas por este sector en el espacio aéreo de Asia Occidental y Europa superan ya los 3.000 millones de dólares debido a una combinación de factores: a) el aumento de kilometraje por desvíos de rutas (+40% en coste de vuelo); b) las restricciones del espacio aéreo en áreas colindantes al conflicto forzaron la reconfiguración de los trayectos de larga distancia hacia Asia, de forma que evitar la zona de exclusión implica añadir entre 1,5 y 3 horas de vuelo más en rutas intercontinentales, lo que provoca un mayor consumo bruto de combustible por trayecto, un incremento en el pago de horas extraordinarias a tripulaciones y un mayor desgaste y costes de mantenimiento por hora de vuelo.

Lo dicho ha llevado a las compañías aéreas, ante la amenaza real de quedarse sin reservas en los aeropuertos del noroeste de Europa (donde los inventarios críticos cayeron a mínimos de menos de 30 días) a recortes masivos de programación para mitigar el consumo con cancelaciones preventivas de forma que algunos operadores suspendieron miles de vuelos durante la temporada alta (más de 30.000 vuelos sufrieron cancelaciones o alteraciones graves en los corredores euroasiáticos), traslado de costes al consumidor y medidas de emergencia, de forma que el desequilibrio financiero ha provocado en la Unión Europea el regreso de los recargos por combustible (las tarifas aéreas medias en Europa han subido de forma generalizada con incrementos en rutas de media y larga distancia) y la intervención del Mercado de Reservas por la UE para evitar la parálisis de los aeropuertos principales en la temporada alta (la Comisión Europea y el Grupo de Coordinación del Petróleo monitorizan la liberación selectiva de las reservas estratégicas de queroseno de la UE para inyectar liquidez física en los sistemas de hidrantes de los aeropuertos).

Debido a la prolongación del cierre de Ormuz, pero más aún a que no se atisba su final, la Unión Europea se ha visto obligada a modificar sus perspectivas para el cierre de año y los meses venideros con las siguientes medidas: a) rebajando las previsiones de crecimiento del PIB para la eurozona del 1,4% estimado inicialmente a tan sólo el 1,1%; b) contemplar un aumento de la inflación de la eurozona en torno al 3%, forzando al Banco Central Europeo a congelar los tipos de interés para evitar la consiguiente escalada de precios. Pero también, y por último, aunque en realidad no parece probable, la Comisión Europea analiza ya la repercusión que podría tener el “doble bloqueo marítimo”, es decir, que al cierre de Ormuz se una el bloqueo de Suez si las tensiones geopolíticas escalaran, lo que provocaría el colapso total de las rutas logísticas globales encareciendo el flete del transporte marítimo a niveles jamás conocidos.

Conclusión

Como se ha dicho al comienzo de este análisis, la Unión Europea está pagando un altísimo precio por el cierre de Ormuz provocado, no se olvide, por el empeño israelí, secundado por los EEUU, por derribar el régimen iraní, sin importarles ni al uno ni al otro las consecuencias para Europa, su supuesto aliado. Una vez más EEUU mira sólo por sus intereses por encima de cualquier otra consideración. El fracaso de sus intenciones, al responder Irán con el cierre de Ormuz, así como con contrataques altamente eficaces y una resistencia numantina que permanece por el momento firme y decidida, ha sorprendido a los EEUU que se limita a salvar la cara como puede, pero sin poder ocultar su fracaso, mientras los graves perjuicios que la prolongación de la actual situación causa a sus “aliados” puedecon hundirles en una crisis energética y económica desastrosa. De seguir la situación como ahora, Europa puede estar al borde de la mayor crisis desde el final de la Segunda Guerra Mundial porque sus alternativas energéticas, por sus dependencias, son muy escasas; máxime al haberse desligado de sus importaciones de gas ruso del cual, sin duda, los diferentes gobiernos europeos se estarán acordando ahora, aunque por supuesto no lo van a reconocer públicamente, y quién sabe si arrepintiéndose de, una vez más, haberse dejado arrastra por los EEUU a un conflicto, el ucraniano, sin sentido, evitable y que de nuevo sólo perjudica a los europeos.

Si la actual situación continúa, Europa tiene dos caminos para salir de ella. O presiona a EEUU para que abandone su aventura iraní o se vuelve hacia Rusia abandonando a Ucrania. Lo primero no parece posible, pues su capacidad de influir sobre los EEUU es prácticamente nula. Lo segundo sería lo lógico y lo más eficaz y fácil desde todo punto de vista, existiendo sólo un problema: la soberbia de unos dirigentes europeos que han apostado con palabras y hechos excesivos por una Ucrania que sólo está sirviendo para desangrarles en todos los aspectos. Todo dependerá, como tantas otras veces, de la capacidad de los gobernantes europeos para asumir que sus países dependen más de lo que creían de aquellos contra los que se empeñan en combatir por su empecinada y contumaz sumisión a los EEUU, incluso a costa de perjudica gravemente a sus propios ciudadanos.

Para Sovereignty


6 respuestas a «Europa víctima de Ormuz»

  1. TRUMP QUIERE CREAR UN NUEVO ESTRECHO DE ORMUZ EN GIBRALTAR…,
    y para eso necesita que un país «amigo», y subordinado a ellas, MARRUECOS, que además en su protectorado en el Norte de África, INVADA Y SE APODERE DE CEUTA.
    Y en esas estamos.

    1. Don Ramiro
      Apoderarse de Ceuta es la solución fácil.
      Ademaś con la colaboración de SanchinFlas.
      No interesa acabar con el «gran negocio armamentístico» de la Guerra en Europa.
      La Jeringa aparecería otra vez después de acabada esta Guerra, así fué como desaparació el 1er día de iniciada la «Operación Especial».
      Saludos

    2. Van a poner ‘peajes’ por todos lados, y sino al tiempo( y poco, parece ). Son insaciables. Peajes para salir de tu gueto de 15´; para beber, para respirar… Van a hacer que no deseemos ni vivir( ya lo hacen con los viejos y enfermos ); como les pasa a los españoles en Ceuta; albores del Kalergi sarraceno.
      Por ejemplo, el coche eléctrico es un pretexto/buenismo del timo climático; es para prohibir la libertad de movimiento, que es prohibir muchas otras cosas básicas derivadas( trabajo, vivienda, familia, suministros, vacaciones, etcetcetc ).

  2. No se preocupe por Ormuz, don Francisco, el peligro está bastante más cerca de lo que pueda pensarse: doña Ursulita von der Leyen, sibila-presidente de la Comisión Europea, nos ha comunicado su oráculo de que hay mucho «petróleo» ocioso (euros) en la Unión. Así pues, tanto la inminente crisis económica (generada por ellos mismos) como la proyectada guerra contra la Federación Rusa (a fin de «solucionarla»), ya tienen financiación: NUESTROS AHORROS…

  3. Suponiendo o quiza sabiendo, que EEUU e Israel esta controlado por los mismos, podemos concluir que sea esto una maniobra para acabar con la antaño Gloriosa Europa Católica.

  4. Van a poner ‘peajes’ por todos lados, y sino al tiempo( y poco, parece ). Son insaciables. Peajes para salir de tu gueto de 15´; para beber, para respirar… Van a hacer que no deseemos ni vivir( ya lo hacen con los viejos y enfermos ); como les pasa a los españoles en Ceuta; albores del Kalergi sarraceno.
    Por ejemplo, el coche eléctrico es un pretexto/buenismo del timo climático; es para prohibir la libertad de movimiento, que es prohibir muchas otras cosas básicas derivadas( trabajo, vivienda, familia, suministros, vacaciones, etcetcetc ).

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