Éxito de la «primera globalización», o sea del imperio español

En Octubre del año pasado, 2021, arrasó en los cines donde se proyectó el documental (AQUÍ) “España: la primera globalización” en el que se exaltaba, con todo rigor histórico, el imperio español al que, además, se ponía como ejemplo de ese fenómeno que ahora llamamos “globalización”; bien que la nuestra, la española de entonces, nada tuvo que ver con la que ahora se prodiga con igual nombre. Aquélla fue para bien en todos los aspectos a pesar de la maldita Leyenda Negra que sigue cual pájaro de mal agüero sobrevolando sobre nosotros en gran medida por nuestra propia estupidez. La de ahora lo está siendo y va a ser perjudicial en todos los casos y para todos; y si no al tiempo.

El imperio en el siglo XVIII

Fue España quien puso en marcha, gestionó y protagonizó en exclusiva aquella primera globalización mediante su exitoso modelo de imperio nunca mejor dicho global. Aunque dejemos bien sentado que no hubo siquiera intención como tal, o sea, que a diferencia de ahora que sí la hay, España entonces no tuvo la intención premeditada ni elaboró una estrategia definida de globalización, limitándose a engrandecer y expandir a la monarquía católica hispana por las tierras que se conocían o comenzaban a conocerse y que por una u otra causa consideraba suyas. Hoy, en cambio, la globalización sí que es un proceso premeditado, alevoso y con nocturnidad de élites no siempre bien conocidas cuyos objetivos, además del dominio mundial con independencia de su derecho a ello, permanecen en no poca medida en la oscuridad… por ahora al menos.

Mientras hoy la globalización se diseña paso a paso y se impone incluso de forma totalitaria por lo «políticamente correcto», y no sólo por algún que otro país, caso de los EE.UU., sino lo que es peor por individuos de pasado y/o actividades oscuras, nuestra globalización, es decir, la expansión de nuestro imperio –que duró más de 300 años, de 1492 a 1808 aproximadamente, alcanzando su culmen territorial hacia 1790, con una extensión de 20 millones Km² en cuatro continentes–, fue posible por una serie de características que, si no nos equivocamos, no han vuelto a repetirse en ninguno de los imperios posteriores que, además, no nos llegaron ni a la altura de la zapatilla.

Así, y en breve, nuestra globalización, nuestro imperio, se distinguió… y asentó, sobre:

  • Una administración leal –aún teniendo en cuenta las grandes distancias y los lentos medios de comunicación de la época–, eficaz, con instituciones sólidas –Virreinatos, Capitanías Generales, Audiencias y otros– y con una forma de gobernar que, salvo las naturales excepciones porque no hay obra humana que sea perfecta, se granjeó siempre el respaldo incondicional de las poblaciones indígenas, registrándose en tan largo periodo de tiempo muy pocos y débiles levantamientos, rebeliones o conflictos sociales de calado.
  • Los españoles procuramos sobre todo la integración de los que fueron declarados desde Isabel la Católica “súbditos” con los mismos derechos que los originarios de España. Nuestros territorios nunca fueron “colonias”, sino Virreinatos, provincias, etc. Nunca existió la discriminación racial, pilar, por ejemplo, del imperio británico hasta incluso en sus rescoldos del siglo XX
  • Se exportó a aquellos territorios lo mejor de nuestro saber y hacer en todos los aspectos, actividades, conocimientos, etc. –ejemplos hay miles–, incluso, como el caso de las universidades, las hubo antes que en la mayoría de las regiones de la propia España.
  • Aunque lógicamente hubo monopolios durante algún tiempo, no duraron mucho e incluso los beneficios de la explotación estatal de minas, etc. –el famoso oro y plata de América— fue reinvertido en su mayor parte en aquellos territorios de ultramar.
  • El completo mestizaje fue factor de integración fundamental, aportando paz, estabilidad y favoreciendo la importación de nuestras para entonces más que probadas instituciones de todo tipo cuya gestión supuso una revolución benéfica incuestionable para el desarrollo de aquellas tierras tan lejanas a las que encontramos sumidas en la barbarie. Las Leyes de Indias de año tan temprano como 1542 “Leyes y ordenanzas nuevamente hechas por su magestad para la gobernación de las Indias y buen tratamiento y conservación de los indios” son todavía hoy un modelo que ninguno de los demás imperios siquiera rozó, así como la más anterior Real Cédula de Fernando el Católico (1514): “Es nuestra voluntad que los indios e indias tengan, como deben, entera libertad para casarse con quien quisieren, así con indios como con naturales de estos nuestros reinos, o españoles nacidos en Indias, y que en esto no se les ponga impedimento. Y mandamos que ninguna orden nuestra que se hubiere dado o por Nos fuera dada pueda impedir ni impida el matrimonio entre los indios e indias con españoles o españolas. Y que todos tengan entera libertad de casarse con quien quisieren, y nuestras audiencias procuren que así se guarde y cumpla”.
  • Nunca se extinguieron las poblaciones indígenas, y es que al contrario por ejemplo que los anglosajones que no dejaron un indio vivió, salvo alguno de muestra encerrado en “reservas” hasta la actualidad, España jamás practicó el genocidio, como ahora se dice, sino todo lo contrario.
  • El tráfico de esclavos en nuestro imperio fue mínimo en tiempo y cantidad, máxime si se compara con la monumental industria esclavista de portugueses y anglosajones

Hemos dejado para el final la parte, si  duda, más importante porque todo lo anterior se fundamentó en una base, en un pilar, en un fundamento, en una roca, en una argamasa y en un tejado: en nuestra santa Fe. Porque, queridos lectores, todo lo dicho fue debido a que España profesaba entonces, y consiguió seguir profesando durante aquellos 300 años, la fe católica, apostólica y romana de verdad, en toda su extensión, no a la carta como ahora. Porque si se lee con detenimiento todo lo dicho, sólo pudo ser posible por la aplicación de la doctrina moral y social tradicional y verdadera de la fe católica. Sin ella, hubiéramos cometido las barbaridades que no cometimos, salvo excepciones que confirman lo afirmado, y que sí cometieron los anglosajones, alemanes, franceses, etc., precisamente por no profesar dicha fe, sino por estar sumidos en la herejía. Por eso también, creemos firmemente, que fue la Divina Providencia quien eligió a España para obra tan colosal, porque Nuestro Señor amaba a aquellas poblaciones indígenas tanto como a nosotros y quiso para ellos lo mejor de lo que entonces había, aún con sus lógicas deficiencias humanas, que fue la predicación del Evangelio y sus aplicación con las benéficas e incuestionables resultados.

Ahora comparen aquella primera globalización con la que nos imponen en la actualidad… nada que ver.


3 respuestas a «Éxito de la «primera globalización», o sea del imperio español»

  1. Es un documental sobrevalorado, acaso pasadero, pero sobrevalorado. De López Linares recomiendo EXTRANJEROS DE SÍ MISMOS para saber un poco qué trabajos hizo su primer responsable…

  2. España globalizó todo el mundo conocido, CON LA CRUZ Y CON LA ESPADA.
    Las pragmáticas de los Reyes Católicos eran protectoras con los indios, reconicneo el derecho a sólo ocho horasd de trabajo, descanso dominical, etc.
    Y en muchos casos fue la Iglesia, los Obispos y los jesuitas -entonces, todavía era una orden «sana»-, los que se opusieron a los abusos sobre los indios por parte de terratenientes abusivos.
    Hay diversa bibliografia sobre la materia, que pone los puntos sobre las íes. Yo recomendaría un pequeño pero gran libro, de don Sigfredo HILLERS DE LUQUE: «LA OBRA SOCIAL DE ESPAÑA EN HISPANOAMÉRICA», o algo así (escribo de memoria).
    A diferencia de los británicos y los franceses, España no masacró a los indios, sino que los civilizó, dió una religión, la católica, la única verdadera, y una lengua, el español, que hoy en el segundo idioma en el mundo.
    PODEMOS SENTIRNOS ORGULLOSOS DE NUESTRA HISTORIA, Y DE NUESTROS PREDECESORES. Ya basta de sentir compasión o despreco de nosotros mismos.

  3. Lo he estado viendo este pasado fin de semana. No está mal.

    Por cierto, a quién coño se le ocurrió que debía participar en el mismo ese puto saco de mierda marxista de Alfonso Guerra.

    Aquí, podéis verlo «online»; o, como hice yo, descargarlo en vuestro ordenador. Escribid en el buscador del sitio el título de dicho documental:
    https://myfreemp3.to/

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