Falleció Hilario Raguer… que Dios lo tenga donde considere, porque si fuera por nosotros…

Hilario Raguer

Ha pasado bastante desapercibido en general el fallecimiento de quien siempre estuvo en el candelero, y no para bien. Nos referimos al penoso benedictino Hilario Raguer, sin duda uno de los peores monjes que nos hemos echado a la cara. Tal vez precisamente para castigar su desmedido afán de protagonismo, su muerte no ha merecido ni dos letras. Y es que ya sabemos que la revolución, sea cual sea, siempre termina condenando al olvido a los que la sirvieron.

Raguer fue todo menos, a nuestro juicio, benedictino, o sea, monje casi de clausura y hombre de oración y penitencia. La verdad es que nunca hemos comprendido a estos que se «apartan» del mundo para seguir en él y además en primera fila.

Raguer nació en Madrid en 1928, pero sus padres le trasladaron con un añito a Barcelona y allí el chaval se contaminó de la «religión» secesionista que fue, creemos a juzgar por su trayectoria, su verdadera y única fe; la de Cristo queda para sí y Él, que lo sabe todo, pero los hechos parecen avalar lo que decimos.

Personaje histriónico, se encastilló en la abadía de Montserrat, foco purulento del más rancio y falso secesionismo catalanista –el secesionismo de cualquier clase en España es todo él falso–, destacó enseguida por sus aportaciones literarias plagadas de errores, mentiras y escupitajos contra España, claro; todo un alarde de lo contrario que debía haber propagado si su verdadera fe hubiera sido la católica y no la de los enemigos de ella, de España y de Cataluña, claro también.

A él se deben repugnantes escritos como su tesis doctoral sobre la Unión Democrática de Cataluña entre 1931 y 1939 editada en 1976, su «La espada y la cruz», «Salvador Rial, vicari del cardenal de la pau», «El general Batet» o «La pólvora y el incienso», así como una profusa producción de artículos siempre sobre lo mismo, o sea, contra España, su idea fija hasta la paranoia.

Y ahora la traca, porque no es que lo digamos nosotros, no, sino que su perfil lo definió él mismo por su boquita de piñón al declararse públicamente en repetidas ocasiones: antifranquista, demócrata (¿?) y secesionista;negó la condición de mártires a los obispos, sacerdotes, religiosos y simples católicos vilmente asesinados durante la guerra por los frentepopulistas –muchos hoy beatificados por la Iglesia a pesar de Raguer y para su vergüenza– por considerar que su asesinato no lo fue por la fe, sino de naturaleza política por la «asociación de la Iglesia con la derecha» (¡ahí es nada!); criticó duramente que la Iglesia española no pidiera perdón por su «complicidad y silencio con la represión franquista» y fue firme partidario de la Ley de Memoria Histórica… cómo no. Y por supuesto, sin que en ningún momento tomara medidas contra él nadie de la jerarquía eclesiástica; ni siquiera de los propios benedictinos.

Para el extinto Raguer esto no ocurrió o de ocurrir fue debido por la «asociación de la Iglesia con la derecha política».

Como ven, todo un ejemplo de sacerdote, de católico, de español, de catalán y de intelectual. O sea, un completo burro, cabrón e idiota, además de malicioso bocazas, pues no se le puede conceder, como tampoco a otros muchos hoy en día, el beneficio de la duda, ya que fue persona leída e instruida, de forma que todas las falsedades que sistemáticamente soltó por su sucia boca, más las que escribió, dan una idea de que fue un golfo lleno de vanidad, afán de protagonismo, exhibicionismo y mundanidad; o sea, otro que prefirió ganar el mundo sin preocuparse mucho de su alma.

Así pues, murió Raguer, y como católicos que somos es nuestro deber decir que «Dios lo tenga en su gloria», pues lo contrario, o sea, el infierno, al que le mandaríamos si de nosotros dependiera, sería una victoria del Maligno y hasta ahí podíamos llegar. Eso sí, unos millones de años en el Purgatorio tal vez sería acuerdo aceptable para Él y para nosotros.


3 respuestas a «Falleció Hilario Raguer… que Dios lo tenga donde considere, porque si fuera por nosotros…»

  1. satanás es el padre de la mentira… y sus hijos se regocijan en mentir. No sólo saben que mienten, sino que se alegran por ello, porque la mentira es su arma, su pistola. Se creen más poderosos que el resto porque no tienen escrúpulos, pero sirven a su padre, satanás, y también al poder político, su única religión. Luego llega la muerte, y todo lo conseguido es escoria. No queda nada valioso que presentarle al Señor ó que dé vida a sus almas vacías de Dios, y sí quedan los hechos infames ya imposibles de rectificar que hieren el alma como hierros candentes ó dardos envenenados.

    No sabemos en efecto si esta persona se arrepintió al morir, ó bien cuáles fueron las circunstancias y los matices de su vida que le llevaron a actuar así (como tantísimos otros en estos tiempos de marxismo y apostasía tan difíciles para la fe y con tanta trampa del maligno que engaña también a los bienintencionados). Pero en cualquier caso la Justicia de Dios es perfecta, así como Su Misericordia, y sí, esperemos que haya salvado su alma… y en el purgatorio, si ha tenido la increíble felicidad de salvarse, tendrá que limpiar su alma, como dijo El Señor: «hasta pagar el último céntimo».

    No olvidemos tampoco que todos deberemos pasar por el Juicio de Dios, preparémonos para ello… y en cuanto a estos temas políticos, estemos dispuestos a luchar sin odio, otra vez, de nuevo, por Dios y por España.

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