Filomena o la demostración de la ineficacia administrativa de las Taifas

El temporal de nieve que ha azotado gran parte de la Península, además de las importantes consecuencias acarreadas, da pie para obligadas reflexiones en relación al “discurso oficial dominante”. Reflexiones que se hurtarán con sumo cuidado por prácticamente todos los medios de comunicación y las administraciones públicas.

La primera y obligada es la enésima constatación de la falsedad del mantra del calentamiento global, astuta y tardíamente sustituido por el de cambio climático en el diccionario de manipulación lingüística: en muchas zonas no había nevado así desde que hay registros.

Y la segunda es una nueva y palmaria demostración de la ineficacia de unas administraciones públicas que derrochan dineros para mil objetivos de las “agendas” globalistas o propias (aborto, género, inmigración, separatismos, “kultura y talleres” varios, obras megalíticas sin utilidad real, etc, etc). Que imponen su autoridad en innumerables impuestos, trabas, multas y prohibiciones, incluso conculcando los derechos fundamentales establecidos en la Constitución (recuérdense el “confinamiento” y sus actuales derivados). Pero son incapaces de cumplir con las elementales obligaciones de mantener despejadas las vías públicas y funcionando los transportes y los servicios esenciales (sanidad entre otros).

Y no se ha tratado de un temporal no alertado, y tampoco de una sola administración o responsabilidad política: todas, todas, han pecado de falta de previsión, medios y voluntad de servicio. Y no ha sido cuestión de pusilaminidad o miedo a imponer sacrificios o decretar órdenes draconianas, no, como bien hemos aprendido tras haberlos sufrirlo en grandes proporciones, que para eso bien echan carreras entre las taifas autonómicas para ver quién es más draconianamente amputadora de derechos y libertades.

Centrándonos en los transportes, ese ministerio no ha sido capaz de asegurar ni siquiera las autopistas, autovías, líneas férreas y aeropuertos principales. El contenido de las maletas de Delcy tampoco ha servido para esto. Ni los medios de la Administración Central, ni los de las Autonomías, ni los de los Ayuntamientos, ni los de las empresas concesionarias, y verdaderamente “explotadoras”, de algunas infraestructuras han servido para mantener mínimos cordones umbilicales.

Eso sí, parece que los únicos que tenían planes de contingencia hechos eran los militares de la UME sustraídos a las esqueléticas plantillas y presupuestos de nuestra cadavérica Defensa. A la vez, también eran los únicos que no se habían ido de “finde” y no emplean casuísticas amañadas para no dar órdenes de concentración, desplazamiento, horario intensivo-ininterrumpido y turnos de trabajo.

Porque, a lo que parece, ningún Ayuntamiento mandó concentrar, y emplear a destajo, sus efectivos de bomberos, protección civil, policía, limpieza y las bien regadas de dineros asociaciones de voluntarios durante el fin de semana, porque no es de “buen tono” y no fuera que los sindicatos se enfadaran y el absentismo laboral se notara.

Un ejemplo que puedo constatar es que en Majadahonda-Las Rozas (peor en este último megapueblo), han tenido que ser los vecinos los que habiliten mínimos carriles para salir a la A-6, hasta el punto que por la totalidad de la carretera que las une no había pasado ninguna máquina quitanieve, ni grande ni pequeña (léase minipalas cargadoras-excavadoras), hasta el lunes. Y tampoco en las calles de acceso a la citada A-6, así como en otras grandes avenidas.

Hablando de la UME, desde que la crearon con la perversa intención de “civilizar” la Defensa, así como para mandarlos a los sitios que los otros no quieren ir porque les imponen constantes reclamaciones de sueldos, equipos,  plantillas, etc., a los políticos se les abrió el cielo y se dijeron: mandemos a los militares que aún tienen algo de pundonor, no tienen sindicatos y además obedecen a sus mandos, que se imponen por su “autoritas”, por el código de justicia militar, y por un buen sueldo, ascensos calificaciones y demás. Pero, claro, lo mismo podría decirse de la Guardia Civil, auténtica “milicia liberal” a las directas órdenes políticas, pero, claro, esos están para otras cosas en la nación de Europa con más policías por habitante.

Por cierto, algún reformador podría proponer que las plantillas de la UME en su mayor parte se llenaran con esos soldados que tienen forzosamente que irse a la calle a los 45 años y dejar a los jóvenes en las escasas unidades auténticamente militares. O pasar Protección Civil a depender de Defensa, como antaño.


2 respuestas a «Filomena o la demostración de la ineficacia administrativa de las Taifas»

  1. Los reyezuelos de las taifas autonómicas son los nuevos señores feudales de la España actual, con derecho de pernada y todo.
    Un país no puede tener 20 gobiernos…
    Creo que ya lo dijo AZNAR hace unos años, no sin antes haber contribuido a crear el problema.
    ¡Menos mal que el virus es tan inteligente» que se detiene en las fronteras de cada satrapía, y pide permiso para entrar, que sino… (Espero que se entienda la ironía).
    URGE REFUNDAR EL ESTADO ESPAÑOL, Y VOLVER A SU SANO, CÓMODO, EFICAZ Y MUCHO MÁS BARATO, SISTEMA CENTRALISTA, AL ESTILO FRANCÉS.

  2. Es famosa la conversación entre Azaña y Franco, al principio del Movimiento nacional, donde Azaña para tratar de desmoralizar a Franco le enumeró todo lo mucho que tenía la República para ganar la guerra (las más importantes capitales: Madrid, Barcelona, Valencia, Bilbao…, los centros industriales de Vasccongadas y Cataluña, los puertos más importantes, la mayor parte de los tres ejércitos, de los generales, el apoyo internacional etc. etc.), y lo poco que tenía Franco.
    Y Franco escuchó la enumeración de Azaña, y cuando terminó le replicó: «Ustedes lo tienen todo, menos la RAZÓN».
    Digo esto porque la gestión de la pandemia que va ya para casi un año, o la propia gestión de esta ola de frío siberiano para recordarnos que este Gobierno comunista nos llevará a la Siberia, si algo ponen de manifiesto es por qué los rojos perdieron la guerra teniéndolo todo, absolutamente todo menos la razón. Y la perdieron porque son unos ineptos. Son maestros de la doblez y de la mentira, de los actos de falsa bandera, de decir una cosa y hacerla contraria con toda la jeta del mundo. A robar no hay quien les gane, etc. etc., pero como gobernantes son una auténtica calamidad, de ahí el dicho de «Tiempo de rojos, hambre y piojos». Esto no se gestiona peor porque el lema de los rojos es «peor imposible».

    Desde antes de los romanos todo gobernante era consciente de que «divide y vencerás», de modo que el sistema de Comunidades Autónomas , el que lo ideó en la CIA o en algún despacho en Bonn, o en Washington, Bruselas o donde fuera, no se ideó para acercar la Administración y el poder a la gente (no hay nada más centralista que las capitales de las CCAA), sino para garantizar que el nuevo Estado que iba a salir del asesinato del Presidente del Gobierno D. Luis Carrero Blanco, (cuando Franco muriera), fuera un Estado totalmente ineficaz, incapaz de hacer frente a ningún peligro, fuera una guerra, fuera un ataque exterior o interior, o fuera una simple nevada (digo simple no porque no haya sido una gran nevada sino porque nevadas el triple de grandes de esa caen en Estocolmo todos los inviernos y no por eso Suecia se paraliza). Este tipo de situaciones si algo evidencian es que un país no puede estar dividido en 17 gobiernos, sino que los problemas han de apreciarse en toda su extensión, de modo integral para el conjunto de la Nación, y tomar decisiones con unidad de mando y gobierno. Todo este caos recuerda cuando en la guerra un alcalde rojo pedía para su pueblo un avión de guerra, como si la guerra aérea se pudiera hacer cada pueblucho por su cuenta con uno o dos aparatos. Esta es la visión que tienen los rojos de todo.

    Por otra parte nunca hay dinero para Defensa, el propio Presidente del gobierno decía poco antes de ser nombrado que el presupuesto de Defensa era un presupuesto prescindible, pero lo que aquí se ve es que los que están dando el callo más que nadie pico y pala en mano son los militares. Los perroflautas del BNG (Bloque Nacionalista Gallego) o de Podemos dicen que los ejércitos no sirven para nada, pero la realidad es que no se ha visto todavía a ningún diputado del BNG o de Podemos arrimar el hombro, lo único que se vió el día de reyes es a uno estrellar su BMV contra un árbol, que seguramente la Fiscalía acuse al árbol de ser de extrema derecha y pida 4 años de cárcel por delito de odio.

    Hago notar el trato que las televisiones han dado al hecho de la caravana de automovilistas que se han quedado atrapados en las entradas a Madrid, toda la noche en sus coches. Como se trata del gobierno de ineptos de Pedro Sanchez, ni la más mínima crítica. Si se hubiera tratado de otro gobierno con otro color qué diferentes habrían sido las cosas. Las televisiones y la presa son muy culpables de lo que está pasando en España. Son otros enemigos del pueblo que pasan desapercibidos pero que gracias a ellos España es apuñalada una y otra vez y ellos lo silencia, lo distraen y lo tapan.

    Por último, situaciones como esta demuestran, una vez más, que tu puedes pasar de la política, pero la política no pasa de tí por mucho que tú pases, y acaba afectándote. A este gobierno lo votan unos pocos y lo alzan con la ayuda de la participación de muchos, pero al final por culpa de todos estos lo pagamos los demás, y a esto tampoco hay derecho.

    Muy buen artículo, como siempre tratándose de este autor, y muy oportuno para situar las cosas en su debido lugar. El sistema autonómico, y la duplicidad de funciones entre la Administración local, provincial, autonómica y estatal, es el camino más corto para hacer inabordables los desastres. Es más, es, él mismo, garantía del puro desastre, de la antítesis de la eficacia (obtención de resultados) y de la eficiencia (economía en la obtención de esos resultados). Con esta estructura de poder, pondremos ricos a todos los enchufados del PSOE, -que es de lo que se trata-, y garantizaremos a los enemigos de España la incapacidad de reaccionar con eficacia ante situaciones de crisis, pero como nación, no vamos ni a la esquina.

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