Foro de debate sobre la «Enseñanza religiosa»

La Comisión Episcopal para la Educación y Cultura de la CEE ha organizado un foro de debate sobre la reforma de la Enseñanza Religiosa Escolar (ERE). Han sido cuatro sesiones, del 23 de febrero al 16 de marzo sobre las razones de un nuevo currículo, sobre los retos para la ERE con la escuela y la sociedad del siglo XXI, sobre teología y pedagogía de la religión, y sobre psicopedagogía para una renovada clase de religión. En cada una de las cuatro sesiones han intervenido varios supuestos expertos, algunos de los cuales ni siquiera eran católicos, pero venían a dar lecciones a la Iglesia, mater et magistra, que a veces se empeña, en su jerarquía, en delegar esta misión sagrada.

Como es tónica habitual en buena parte de la Iglesia en el último medio siglo, el foro ha sido una auténtica expresión de la pluralidad de la Iglesia. Como si de cuotas se tratase, emulando el peor espíritu parlamentario, allí hubo de todo, porque, ya se sabe, de todo hay en la viña del Señor. Hubo cuotas ideológicas, de sensibilidades, de perspectivas, de experiencias, de éticas y hasta de partidos políticos. Pero la pluralidad no es un fin en sí misma. Sólo es herramienta enriquecedora en la medida que permita conocer, vivir y servir más y mejor la verdad de Dios desde la diversidad de dones y vocaciones. Pero se convierte en una rémora cuando las limitaciones humanas se presentan como una virtud y la opinión, incluso heterodoxa, se convierte en una tesis respetable.

De los buenos, lo esperado y sabido. Hacen lo que pueden en un ambiente enrarecido donde todos son oficialmente de los nuestros, pero donde la mercancía averiada circula con libertad y hasta con la deferencia generalizada. Porque la neoantropología cristiana confunde el respeto a la dignidad humana con el respeto al juicio subjetivo. No queda claro si esta permisividad con lo mundano es falta de convicción sobre el carácter absoluto de la verdad, o si se trata de la moda liberal ya dos siglos vigente de conceder al error y a la afirmación falible el carácter propio de un derecho fundamental.

Las reformas no son ni buenas ni malas. Depende de quién y para qué las promueva. De la reforma teresiana me fiaría, pero no de la luterana. Tampoco es la solución talismán a todos los problemas. A veces lo bueno necesita tiempo; a veces no hay que reformar el formato sino al mensajero. A veces resistirse a la reforma, cuando el enemigo demanda cambios, es una victoria.

Lo cierto es que esta reforma se presenta a propósito de la ley educativa. Allí estuvo el Secretario de Estado de Educación, hablando desde la sede de la CEE sin decir nada sustantivo. Su discurso hueco parecía por momentos haberse contagiado del peor discurso clerical en boga. Esto de invitar a tu casa al tirano que busca, entre subterfugios más o menos sutiles, la ruina de la Iglesia, tiene algo de síndrome de Estocolmo, de psicopatía o de entente cordial. ¿Imaginamos a un legado de Claudio en el Concilio de Jerusalén?

Las ponencias, en su mayoría, pretendían darle a la ERE un enfoque más académico que evangelizador, cumpliendo una vieja aspiración en algunos sectores de la educación católica de convertir la asignatura de religión en una asignatura de tipo cultural, poniendo de relieve los elementos científicos o históricos propios de la asignatura, y despojándola de elementos como el testimonio personal o la tensión misionera, que presumiblemente serían propios de la catequesis.

Las ponencias pusieron un acento excesivo en los valores del diálogo o el consenso ético básico. Tanto es así que parecían más fines que instrumentos de la ERE. Esta reforma eventual de la ERE presenta una dinámica horizontal (como se dice ahora) o sociológica en detrimento de la vertical o trascendente. De hecho, la inquietud de la mayoría de las ponencias no estaba en la búsqueda de la voluntad de Dios o en la coherencia de la ERE con la Sagrada Escritura, la Tradición Apostólica o el magisterio pontificio, coherencia que sin duda necesita perfeccionamiento.

Había una preocupación desproporcionada por la adaptación de la ERE al destinatario, a la sociedad de nuestro tiempo, a la ley vigente en el orden nacional e internacional, al mundo. No queda suficientemente claro si para evitar situaciones de conflicto o para una mayor eficiencia evangelizadora.

Por eso, si hubiese algo que reformar en la ERE, hasta el extremo de convocar un evento de estas características, bien podría ser la mejora de los manuales de religión en la coherencia con la enseñanza oficial de la Iglesia, y en la preparación de los profesores de religión, para que enseñen lo que la Iglesia enseña y vive, ni más ni tampoco menos: hay profesores de religión alejados de la Iglesia y que viven en pecado, y muchos manuales de religión, la mayoría, son insulsos y edulcorados. Si hay alguna reforma necesaria hoy día no es el mensaje del Catecismo sino la convicción y vivencia cristiana del mensajero.

La ERE lo que necesita es autenticidad. Si los alumnos en edad de primaria y de secundaria perciben algo con simpatía y admiración es la autenticidad. Su espíritu exigente e inconformista no soporta ni los sucedáneos, ni la tibieza ni las aproximaciones. El alma juvenil, tanto más cuando no ha perdido la inocencia, reconoce la música de lo divino que por ley Natural Dios ha dejado inscrita en nuestro corazón.

Para Siempre P´lante


2 respuestas a «Foro de debate sobre la «Enseñanza religiosa»»

  1. La gran mayoría de los PROFESORES SEGLARES DE RELIGIÓN CATÓLICA son meros funcionarios docentes, interinos, eso sí, que pasan de todo, y no aportan nada a los alumnos…
    Cuestión distinta sería si las clases las dieran sacerdotes y monjas, debidamente preparados y formados, QUE SÍ VIVEN LA FE Y LA VOCACIÓN RELIGIOSA.

  2. Es solo cuestión de tiempo, de poco tiempo, que el actual desgobierno deje de financiar a esos profesores…, con lo cual la Iglesia tiene que buscar otras alternativas para formar en el catolicismo a la juventud, si es que los Pastores realmente tienen algún interés en ello, que a veces lo dudo, la verdad…

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