Franco ante la liberación de Cataluña

mm
Franco comiendo con el Gral. Dávila

Cuando hoy, y desde hace décadas, se prodigan las invectivas de todo tipo contra el Generalísimo, no sólo por los de siempre, sus seculares enemigos, sino también de parte de los que más agradecidos deberían mostrarse porque todo se lo deben a él, y ya saben a quiénes y cuántos nos referimos, unos de los que con más saña arremeten contra él y su obra son los separatistas de todo pelaje y, entre ellos, se llevan la palma los catalanes. Que todo lo que se dice, lean bien, todo, es falso y no resiste el mínimo contraste con las fuentes documentales originales, está claro para quien no se rija en la vida con orejeras ideológicas de cualquier clase, pero el caso catalán clama al cielo, porque puede que fuera precisamente con Cataluña con la región hacia la que Franco mostró siempre un especial mimo, tacto, cariño y paciencia, algo que comenzó ya durante la guerra y continuó después.

Prueba no sólo de lo que decimos, sino también de la talla humana, política, militar y de estadista del Generalísimo, son dos instrucciones que en momentos delicados emitió su Cuartel General y que pocos conocen, cuyo inmenso valor radica en que por ser directivas dirigidas a los Estados Mayores de las unidades que iban a participar en la liberación de Cataluña, eran reservadas, es decir, que no se emitieron de cara a la galería, ni tenían fin propagandístico alguno, ni nada parecido, sino todo lo contrario, es decir, órdenes concretas e internas a las tropas.

Requetés combatiendo en el interior de Lérida

El 27 de Marzo de 1938 las fuerzas nacionales sobrepasaban Fraga –en la raya entre Aragón y Cataluña–, y liberaban la pequeña localidad de Masalcorreig, primera de la provincia de Lérida y por ello primer pie que ponían en tierras catalanas. Prosiguiendo su penetración, el 3 de Abril liberaban Lérida, primera de las cuatro capitales catalanas; no sin esfuerzo, incluso con combates en su interior.

A los pocos días, el 12 de Abril, el Generalísimo, siempre perfectamente informado de lo que ocurría a su alrededor, y más aún en el frente, cerca del cual siempre ubicó su Cuartel General, emitía la siguiente instrucción que habla por sí misma; y que, repetimos, era reservada, dirigida exclusivamente a los Estados Mayores de las unidades dispuestas para liberar Cataluña:

 “La comenzada liberación de Cataluña por nuestras fuerzas, plantea pro­blemas delicados que es preciso abordar desde el primer momento con sumo tacto y cuidado, si queremos no cometer yerros difíciles de borrar en el porvenir.

Llega a mi Autoridad noticia de que por los jefes de Unidades que ocu­pan los pueblos catalanes, se siguen conductas y procedimientos diferentes en lo que se refiere al trato dado a los habitantes. Mientras unos exigen a sus subordinados el mayor respeto a los naturales, otros se jactan de que entran en plan de conquistadores de un territorio que no era de España y que hay que españolizar y para lograrlo, a todo el que habla en el dialecto catalán aun de buena fe, lo encarcelan o lo que es peor, lo maltratan de obra, sin tener en cuenta que en muchos pueblos, por la desgraciada polí­tica que desde hace tiempo imperaba en Cataluña, hay quien nunca apren­dió el castellano, o lo habla con dificultad.

Es preciso que lleve V. E. al ánimo de Jefes, Oficiales, Clases y Tropas que si queremos desde el primer día ganar el corazón de nuestros hermanos catalanes y no dar un mal paso que haga después más difícil la tarea de españolizar de corazón a Cataluña, es preciso no sembrar odios, y tener en cuenta que la única labor que ahora incumbe a las tropas de ocupación es, la de ser justos y comprensivos, respetar la propiedad y los bienes, extremar el trato de hermandad con los habitantes, en una palabra llevarles la paz material y espiritual que tanto necesitan. Después el Gobierno de la Nación desarraigará con una política adecuada el veneno separatista, que hay que tener en cuenta además, que no había corroído el alma de todos los catalanes ni mucho menos, pues en Cataluña hay

mucho español de corazón. A unos y a otros no debemos darles pie para que teman a la España Nacional, sino para que la empiecen a amar los primeros y la amen aún más los segundos.

No he de decir, que lo anterior no implica, que no se detenga y encarcele por las tropas a aquellos que a juicio de personas responsables y con garantías merezcan este castigo. La justicia serena de la España Nacional no tiene nada que ver con el trato humano y comprensivo a que antes me refiero.

Encarezco a V. E. que por los Mandos naturales les hagan llegar estas instrucciones hasta el último soldado de los que operan sobre Cataluña, ad­virtiendo que seré inflexible con quien no coopere a esta política que tanto puede facilitar la futura que se ha de seguir con Cataluña.

También deberá dictar órdenes o reiterarlas si lo ha hecho ya para que se respeten las personas y bienes del territorio que se ocupe, estando dis­puesto a castigar severamente a quienes no obren con el respeto que debe ser norma de un Ejército culto y civilizado.

Lo comunico a V. E. para que exija de modo inexorable el cumplimiento de cuanto ordena el Generalísimo, debiendo disponer la mayor difusión de esta Orden para que llegue a conocimiento de todo el personal de esa Gran Unidad.

Zaragoza, 12 de abril de 1938 – II Año Triunfal – El General Jefe”

Gral. Fidel Dávila
Gral. Jorge Vigón

Pero que lo anterior no fue cosa de un momento de debilidad del terrible «dictador», lo acredita el hecho de que cuando tras el final de la batalla del Ebro, Franco decide penetrar en Cataluña y proseguir hasta la frontera francesa, en vez de volver sobre Valencia –y ello en contra de la opinión de su propio Estado Mayor, en beneficio de la del Gral. Jorge Vigón, inspirador de tal idea de maniobra–, Franco dio instrucciones al Gral. Fidel Dávila para que recordara a sus hombres, en una nueva directiva reservada que éste emitía con fecha 10 de Diciembre de 1938, lo siguiente:

“…ahorrar a la poblaciones toda vejación, que inútilmente se añada a los dolores que la guerra lleva consigo… Vamos a la zona insumisa en misión de paz, de justicia y de protección… Hay en ella una enorme masa de población que espera ansiosa nuestra presencia y sería lamentable hacerla sentir vejaciones y hasta molestias inútiles… Sería injusto considerar a la región catalana en bloque como enemiga de España, confundiendo los sentimientos naturales de esta comarca con la deformación que ha sufrido su espíritu a consecuencia de la larga acción disolvente a que libre e impunemente la ha sometido una política falta de fe y de patriotismo…”.

Sinceramente creemos que pocas palabras bastan para que los documentos acrediten lo dicho en nuestro primer párrafo, y dejen en evidencia y en el más profundo de los ridículos a todos los que hoy, y desde hace décadas, maldicen a Franco de cualquier forma, cuya trayectoria, incluso como General en Jefe en medio de una guerra sólo en parte civil, no pudo ser más ejemplar y humana, además de sincera de su amor por España y por todos, sí, todos los españoles, hasta incluso los que le combatían.

Compartir

Deja un comentario

Su dirección de correo nunca será publicada. Si la indica, podremos contestarle en privado en caso de considerarlo oportuno.*