Franco decide liberar el Alcázar: una polémica artificial

Mucho se ha escrito sobre la existencia en su día de una agria polémica entre los altos mandos nacionales en relación con la decisión de Franco de «desviarse» del camino hacia Madrid para liberar Toledo y su Alcázar. Aunque no cabe duda de que hubo cierta sorpresa, no cabe tampoco duda de que no fue tanta como se ha dicho, ni tan inesperada, ni mucho menos causa de agrias discusiones entre ellos, como tampoco el cese de Yagüe poco antes de alcanzar dicho objetivo que supuso un impresionante éxito para los nacionales en todos los órdenes; y para el Caudillo en lo personal constituyendo la gota que colmó el vaso ya a punto de rebosar de su inmediata designación como jefe único y máximo del bando nacional.

En el Servicio Histórico Militar existen –hoy lleva otro nombre por aquello de lo «políticamente correcto»–, si es que no los han destruido como tantas otras cosas, ya me entienden, dos documentos esenciales para entender lo sucedido; ambos manuscritos de Franco.

Uno de ellos es del 11 de Agosto de 1936, en el que Franco contesta a otro de Mola esbozando, en fecha ya tan temprana, la idea de maniobra estratégica general para reducir la «zona roja»; idea de maniobra que con lógicas variaciones acordes con los acontecimientos imprevisibles en ese instante mantuvo hasta lograr la victoria; lo que da una idea de la increíble visión de futuro de Franco, confirmándole como uno de los mejores y más brillantes militares del siglo XX.

En dicho documento, recordemos que era el 11 de Agosto, Franco escribía: » (…) Ignoraba siguiese defendiéndose Toledo avance nuestro tropas, que coincide en dirección general con la que me dices descongestionará y aliviará Toledo sin distraer fuerzas pueden necesitarse (…)». La importancia de lo anterior es evidente, toda vez que supone la primera referencia cierta e incuestionable de cuándo Franco conoció que Toledo, o mejor decir su Alcázar, resistía.

El siguiente documento es de fecha 21 de Agosto, y consiste en otra contestación de Franco a Mola; quien en esos momentos se mostraba muy pesimista sobre el futuro inmediato, pues no en balde la situación de sus tropas en el Norte era agobiante. En su escrito, Franco, siempre pleno de fe en la victoria, incluye un importantísimo párrafo: «Tememos fuerte concentración Villanueva de la Serena hostilice flanco, y en Oropesa primer avance que haremos. Segundo, Talavera. Tercero, Maqueda-Toledo. Cuarto, Navalcarnero (…) Reducidos mis efectivos a seis mil hombre y tener que atender gran línea de comunicaciones y ataques flanco limita capacidad de movimientos. Las tropas aprovechan todos los momentos para avanzar  lo más posible, ahorrando saltos». Es decir, que tan sólo diez días después de conocer que Toledo resistía, y aún encontrándose tan lejos, con tan pocas fuerzas y en situación nada envidiable, Franco ya decidía abandonar el gran objetivo que era Madrid y «girar» hacia Toledo como primera prioridad.

Decisión, sin duda importantísima, muy meditada como todo en él tras sopesar pros y contra hasta el mínimo detalle, que plasmó por escrito, de la que no va a renegar y que, con seguridad, no sólo hizo partícipe a Mola, como vemos, sino también a sus más allegados e importantes mandos, entre los que debió estar Yagüe que era quien mandaba la «Columna Madrid» desde su salida de Sevilla el 2 de Agosto, razón por la que la decisión le afectaba especialmente. Lo dicho se confirma por el testimonio del Gral. Kindelán, jefe de la aviación nacional, que ya en su día dejó dicho que al saber la decisión y preguntarle a Franco si era consciente de que Toledo podía costarle Madrid, aquél le respondió contundente: “Sí, lo sé; he meditado mucho sobre las consecuencias de mi decisión… así lo tengo decidido por apreciar que en toda guerra, y más en las civiles, los factores espirituales cuentan de modo extraordinario; hemos de impresionar al enemigo por el convencimiento de que cuanto nos proponemos lo realizamos sin que puedan impedirlo”.

Quedaba mucho por bregar todavía, pero la decisión ya estaba tomada.

Yagüe ordenó el 27 de Agosto que, partiendo de Navalmoral de la Mata, sus unidades progresaran por la carretera de Extremadura con dirección y objetivo a Talavera de la Reina como estaba previsto.

El 2 de Septiembre, los nacionales llegaban a las puertas de Talavera sufriendo durante todo el trayecto furiosas acometidas de la aviación frentepopulista dueña por completo del aire, y teniendo además que vencer la seria resistencia que en algunas localidades del trayecto se les opuso, logrando de todas formas poner siempre en fuga al contrario haciéndole en dicho trayecto no menos de 600 bajas entre muertos, heridos y prisioneros –de éstos unos 200–, y, lo que resultaba más importante, capturándole grandes cantidades de material como, por ejemplo, hasta diecinueve piezas de Artillería, casi medio millón de cartuchos, centenares de fusiles y miles de granadas de diversos calibres todo lo cual iba siendo inmediatamente distribuido entre la tropas propias bien necesitadas de ello.

Milicianos frentepopulistas

Ahora un paréntesis. El éxito de tan veloz avance radicó, por un lado, en el acierto de las instrucciones de Yagüe “…avanzar de noche para ocupar posiciones en las inmediaciones de los pueblos. Ocuparlos durante la noche si es posible; irse filtrando, de no ser así, y estar preparados para dar el asalto al amanecer y apoderarse del pueblo entonces. A las 08,00 horas deben estar las columnas ocultas de las vistas y diseminadas las fuerzas… durante el día, en tanto no vuele la aviación enemiga, avanzarán las columnas aisladamente, sección a sección,… procurando no empeñarse en un combate a fondo en las horas en que no nos pertenezca el dominio aéreo…” —y en la habilidad para llevarlas a la práctica de sus mandos y tropa, cuya férrea disciplina y firme voluntad de vencer les otorgaba la ventaja cualitativa que la inferioridad numérica les infería–, mientras que por el otro estuvo el comportamiento de los milicianos frentepopulistas que, sin proponérselo, lo favorecieron “…hay un verdadero chorreo de gentes que retroceden, entre ellos muchos milicianos… la retirada, o mejor decir la vergonzosa huida, no se debía al empuje enemigo, sino a la carencia absoluta de espíritu y moral de esas fuerzas… (por lo que expone su) asombro y protesta por entregárseme un mando en esas extraordinarias condiciones de indisciplina y cobardía… (como ejemplo) las milicias llamadas “Águilas”, que cubrían una parte del flanco izquierdo… abandonaron sus posiciones para irse a cenar a Talavera… sus retiradas (la de las unidades rojas) tienen por causa la estructura militar del miliciano y la heterogeneidad de la constitución de las Milicias… se mezclan espíritus nobles, valientes y apasionados… con tipos de características completamente opuestas… buscando en casos difíciles y de peligro la solución o el camino más fácil para la conservación de la vida, olvidando sus deberes…” (Informe del Col. Salafranca, jefe del Estado Mayor frentepopulista encargado de la defensa de Talavera).

Milicianos frentepopulistas en torno a Talavera

El 3 de Septiembre, los nacionales, en número de unos 6.000 hombres, como se ha dicho, atacan Talavera, localidad en la que los frentepopulistas había logrado concentrar unos 10.000 –además de los existentes en ella, se desplazaron desde Madrid no menos de 2.000 como refuerzo, de los cuales 500 carabineros, 900 guardias civiles, 500 guardias de Asalto, una Compañía de Zapadores y varias piezas de Artillería–, a los que había que sumar los restos de los que se retiraban que no eran menos de unos 3.000, o sea, en total unos 13.000 hombres. A pesar de ello, cundió el pánico entre sus defensores que comenzaron una retirada desordenada que se convirtió al poco en huida a la desbandada. El botín cogido por los nacionales fue de nuevo abundantísimo incluyendo un tren de municiones intacto y una decena de piezas de Artillería. La derrota frentepopulista fue total “…el camino hacia Madrid está libre…” (Enrique Líster). No obstante, tal éxito no estuvo exento para los nacionales de sufrir elevadas bajas, llegando a quedar algunas de sus unidades muy castigadas perdiendo hasta un tercio de sus efectivos.

Desde Talavera, como se dijo, los nacionales podían acceder a Madrid por dos vías: continuando directamente por la carretera de Extremadura o desviándose hacia Toledo para después reanudar el avance sobre la capital de España. Pero, al contrario de lo que consideraba Líster, Franco prosiguió con su plan y, llegado a Maqueda, en vez de seguir a Madrid, giró hacia Toledo, tal y como tenía previsto desde el 21 de Agosto.

Ahora las razones de Franco para tal «desvío»:

• Una antigua. La que por fiel a su formación y acendrado espíritu legionario y siguiendo lo que “reza su credo”, es decir, que no se abandona nunca a nadie sobre el campo de batalla, ni vivo ni muerto, y siempre se acude en socorro del que más lo necesita por costoso que ello pueda ser, tenía que salvar al Alcázar, máxime cuando se intuía que sus posibilidades de supervivencia debían estar prácticamente agotadas dados los días que llevaba resistiendo y la enorme presión que se ejercía sobre él. Esta razón la confirmaría el propio Franco tras la exitosa liberación del Alcázar «…nunca he ambicionado tanto nada como liberar el Alcázar…».
Otra nueva, aunque relacionada con la anterior. Con el paso del tiempo, y en gran medida por el empeño de la propia propaganda frentepopulista anunciando falsamente en varias ocasiones la toma de la fortaleza toledana, el Alcázar se había convertido tanto a nivel interno, como incluso más si cabe a nivel internacional, en un mito de proporciones gigantescas, por lo que su liberación era para los nacionales una cuestión de prestigio de suma importancia que supondría, de conseguirse, un éxito propagandístico de incalculable alcance, y aunque sus beneficios tácticos no fueran relevantes, los morales de toda índole sí, algo que teniendo en cuenta las complejas características del conflicto que se vivía era también de gran trascendencia; razón ésta especialmente valorada por Franco y cuestión que se repetirá más adelante en varios momentos cruciales de la guerra. Lo dicho lo había confirmado el propio Franco en su explicación a Kindelán «(…) que en toda guerra, y más en las civiles, los factores espirituales cuentan de modo extraordinario; hemos de impresionar al enemigo por el convencimiento de que cuanto nos proponemos lo realizamos sin que puedan impedirlo”.
• Hubo también otras razones de exclusiva índole militar no menos importantes:

 El camino hasta Madrid por la carretera de Extremadura, según las informaciones de que se disponía, estaba ya plagado de escollos, procediendo el enemigo con rapidez a reforzar las unidades que lo defendían, mientras que las fuerzas nacionales disponibles seguían siendo muy insuficientes en número y potencia sin preverse posibilidades de que tal hecho fuera a cambiar a corto plazo, por lo que era evidente que la liberación de la capital comenzaba a verse muy difícil aún marchando directamente sobre ella.

 La capital toledana quedaba a tan sólo 70 kilómetros de Madrid y desde ella las rutas de acceso se abrían en un frente amplio sobre la base de las carreteras de Toledo y Andalucía permitiendo la maniobra al atacante y no ofreciendo zonas de defensa sólidas al defensor.

Brigadistas internacionales en Madrid

 Ya se constataba que el enemigo no sólo se endurecía en tenacidad, sino también en número y eficacia, habiéndose cogido ya los primeros prisioneros internacionales –italianos, franceses y algún polaco–, lo que evidenciaba que la ayuda extranjera que a gran velocidad reclutaba la Komintern comenzaba a ser efectiva, cuanto más lo sería para cuando los nacionales llegaran a Madrid, como así ocurrió; un botón de muestra es el hecho de que para el 26 de Septiembre, mientras los nacionales iban a seguir disponiendo de no más de aquellos 6.000 hombres, los frentepopulistas ya acumularían en Madrid 26.000, contando además con el apoyo de la aviación disponible en torno a la capital que no eran menos de cuarenta aparatos, arma de la que los nacionales prácticamente carecían por entonces.

 Cambiar la dirección de progresión suponía recuperar en gran medida la sorpresa ya casi agotada, sorprendiendo de nuevo al enemigo –como ya se hizo con el traslado del Guadiana al Tajo–, obligándole a modificar su despliegue todavía centrado sobre la carretera de Extremadura, lo que le iba a llevarle tiempo y esfuerzos de los que tampoco disponía en exceso.

Así pues, la decisión que tomó Franco en Talavera el 4 de Septiembre de girar sobre Toledo al llegar a Maqueda, no fue más que la confirmación de la que ya tenía tomada el 21 de Agosto, por lo que no hubo en el bando nacional ni sorpresa ni polémica alguna, ya que los altos manos, al menos, sabían de su intención desde aquella fecha, siendo la famosa polémica producto únicamente del interés de muchos por, sobre todo a posteriori, suscitar posibles críticas a la forma en que Franco condujo esta fase de la guerra.

Yagüe

El 24 de Septiembre, tres días antes de la liberación del Alcázar, es decir, con el éxito de la decisión de Franco asegurado, Yagüe era sustituido por el Gral. Varela que sería quien culminaría tamaña hazaña. La citada sustitución, que tantos ríos de tinta ha suscitado, se debió, en principio y según se justificó oficialmente, por el agotamiento físico de Yagüe debido al esfuerzo que desde hacía casi dos meses venía realizando. Otras versiones nunca confirmadas apuntaron a que se debió al profundo desacuerdo de Yagüe con la decisión de Franco de girar hacia Toledo, pero ello es muy improbable toda vez que Yagüe la sabía desde Agosto y su espíritu de socorrer al que lo necesitara era el mismo que el de Franco, pues no en balde su carrera estaba también ligada a la Legión. Si hubiera sido así, Yagüe habría sido sustituido mucho antes.

PD.- Nos ha llegado otra posible y muy novedosa justificación del cese de Yagüe, que recogemos sólo a título testimonial, pues no la hemos podido confirmar a ciencia cierta, lo que dejamos para la fuente de la misma si es que lee este artículo. Según ella, la relación entre Franco y Yagüe venía siendo difícil desde que este último ordenara el ataque directo a Badajoz cuando estaba ya conseguido penetrar en tal ciudad por las unidades que lo habían envuelto. Dicho ataque directo, como sabemos, costó a los nacionales graves perdidas que entonces, 15 de Agosto de 1936, no se podían permitir por la escasez de efectivos de la «Columna Madrid», lo cual, al parecer, fue severa y duramente censurado por Franco a Yagüe, máxime conocida la legendaria «tacañez» de Franco para con las vidas de sus hombres desde siempre. Así las cosas, las relaciones entre ambos vendrían ya agriadas desde entonces, por lo que el desacuerdo de Yagüe con el «giro» hacia Toledo –y posiblemente las «formas» tan vehementes de éste a la hora de expresarse siempre– no debió hacer más que llevarlas a un límite ante el cual Franco no debió considerar otra posibilidad que fuera el cese de su subordinado.


Una respuesta a «Franco decide liberar el Alcázar: una polémica artificial»

  1. Cada día que pasa, ya me va sorprendiendo poco que nuestra Guerra Civil – Cruzada de Liberación 1936-1939, haya generado tal cantidad de literatura (nacional e internacional) y continúe haciéndolo todavía. Y no es para menos…

    Comprendo que al «amigo» Preston no le cuadren las cuentas, y Franco se haya convertido en un auténtico enigma para él: ¿cómo es posible que un «tonto con suerte» haya podido hacer… antes, durante y después…, ¡tanto como ha hecho!, frente a un montón de gente «superguay» en todos los aspectos?

Deja una respuesta

Su dirección de correo nunca será publicada. Si la indica, podremos contestarle en privado en caso de considerarlo oportuno.*

Esta web utiliza cookies propias para su correcto funcionamiento. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Más información
Privacidad