Fueron fieles al juramento que empeñaron

Hace unos días, a raíz de mi última colaboración con El Español Digital titulada “NI CONTIGO NI SIN TI, MIS MALES TIENEN REMEDIO” donde hacía un análisis crítico de la Constitución de 1978 y de las consecuencias que de ella se han derivado, un seguidor de la publicación tuvo a bien reconvenirme insertando un comentario de este tenor:

Me sorprende desagradablemente, mi coronel, que alguien como usted, que ha jurado la Constitución la critique tan duramente.

A lo cual, y a renglón seguido, le respondí:

Estimado seguidor de El Español Digital:

En primer lugar, quiero agradecerle su comentario a mi colaboración. Soy consciente de que mi punto de vista puede incomodar a bastantes (o a algunos) lectores. Lo cual pone en evidencia que, aunque desde distinta perspectiva, también se sienten preocupados por lo que está sucediendo en España. No obstante, quiero decirle que yo no he jurado la Constitución de 1978.

Mi juramento a la Bandera de España fue en diciembre de 1971 y la legalidad que representaba era la de la Constitución de 1966. De hecho, mi promoción (la XXX de la AGM) es la última que tiene los despachos firmados por Franco. Así pues, me siento muy afortunado de no haberme visto obligado a jurar la Constitución de 1978.

Un juramento que invalidaría el primero y único juramento empeñado. Le agradezco pues su amble comentario, y como posiblemente haya más lectores con su extrañeza, expondré en otra colaboración el porqué de mi único juramento al que, como obliga tan sagrado compromiso, sigo fiel.

Reciba con mi afecto un cordial saludo

Y esta es la razón de las consideraciones que a continuación expongo.

Efectivamente, mi juramento de fidelidad a la bandera -y el de todos cuantos lo prestaron antes de promulgarse la constitución de 1978- decía literalmente:

¡Soldados!

¿Juráis a Dios y prometéis a España, besando con unción su Bandera, obedecer y respetar siempre a vuestros Jefes, no abandonarlos nunca y derramar, si es preciso, en defensa del honor e independencia de la Patria y del orden dentro de ella, hasta la última gota de vuestra sangre?

Gral. D. Antonio Balcazar Rubio de la Torre

En nuestro caso, Caballeros Cadetes Alumnos, de la XXX  promoción de la Academia General Militar de Zaragoza, que juramos Bandera el 14 de diciembre de 1971 la única diferencia consistió en sustituir ¡soldados! por  ¡cadetes!

Y nuestro general D. Antonio Balcázar Rubio de la Torre, por si alguno no entendía lo que significaba defender “el orden dentro de ella” (es decir, el orden institucional) hizo que se insertara en la “orla” de la promoción, de forma explícita, lo que habíamos jurado en la Plaza de Armas de la Academia, al responder al unísono, como descarga de doscientas bocas de fuego: ¡¡¡SÍ, LO JURAMOS!!!

Así pues, mi juramento, además de la defensa militar de España, de su honor e independencia, comprendía la defensa de su unidad INTANGIBLE (Principio IV del Movimiento Nacional) y la defensa DEL ORDEN INSTITUCIONAL (Artículo 37 del Título VI de la Ley Orgánica del Estado Español) y “a mayor abundamiento” (por utilizar un término jurídico) Nuestro general quiso que esa Defensa del Orden Institucional que habíamos jurado, estuviera resaltada al estar escrita con letras mayúsculas.

Más claro agua.

Así pues, lo que yo juré, fue la defensa del Orden Institucional que representaba la Constitución de 1966,  aprobada en referéndum por el pueblo español y que compendiaba los PRINCIPIOS DEL MOVIMIENTO NACIONAL y las LEYES FUNDAMENTALES DEL REINO.

Y es también llegado el momento de consignar que, en el mismo juramento, me comprometí a obedecer y respetar siempre a mis jefes y a no abandonarlos nunca. Y el primero de esos jefes era Franco. Y nunca es nunca. Ni vivos ni muertos. Y por ello continuo dando testimonio público de mi lealtad al Caudillo, haciendo honor a la “fides ibérica”. Esa lealtad eterna al jefe, que ya asombró a los historiadores romanos. Lealtad hoy sepultada por el lodo del perjurio, la cobardía y la traición.

Pero quede claro que yo sigo formando parte de ese irreductible puñado de soldados que, haciendo honor a la fides, a la devotio ibérica, permanecen fieles al juramento que empeñaron.

Texto de la “orla” de la XXX Promoción donde se pone de manifiesto el compromiso adquirido al prestar el solemne juramento a la Bandera de España
Monumento en recuerdo a los caídos en la Cruzada que se encontraba en la entrada de la Academia General Militar. “español, lee y divulga” rezaba el aviso

Tras aprobarse la Constitución de 1978, se pensó en obligar a que todos los cuadros de mando del ejército le prestaran juramento de fidelidad. Pero con buen criterio se desistió de ello. Una prueba más que evidente del grave problema moral que se podía suscitar. Quienes habían abolido la obra de Franco, sabían que deberían ir con pies de plomo, pues habían tomado buena nota del pasado. Efectivamente, el obligar a jurar fidelidad a la constitución republicana, a unos cuadros de mando que habían jurado previamente fidelidad al Rey, era ponerlos entre la espada y la pared.

Máxime cuando esa nueva Constitución había comenzado su andadura con el decreto de las cortes constituyentes por el que se dictaba sentencia condenatoria contra S.M. Alfonso XIII “por criminal violación del orden jurídico”se le privaba de paz jurídica desposeyéndole de todos los títulos y honores” “autorizando a cualquier español a detenerlo si penetrase en el territorio nacional” además de haber dado publicidad a tan infame e infamante proscripción.

Resultaba pues que el nuevo juramento, era un sapo difícil de tragar para quienes, tras haber jurado lealtad al Rey, se veían obligados a jurar una constitución republicana que lo declaraba proscrito. Y es sabido como terminó.

Algo muy parecido a lo que se está haciendo con Franco, si bien de forma más cauta, pues se ha esperado a que transcurrieran cuarenta años, para que quienes habían jurado lealtad al Caudillo y al Orden Institucional de 1966, hubieran muerto, o ya no ejercieran el mando. La violencia moral que ha impuesto a los cuadros de mando, la proscripción que se hace de Franco en la infame ley 52/2007, es la razón de las más de mil firmas recogidas en defensa de la figura militar de Franco que tanto han incomodado -pero no preocupado por ser los firmantes militares retirados- al nuevo Gobierno del Frente Popular.

La esencia de esta decisión, de no obligar a los cuadros de mando a jurar la Constitución de 1978 está magistralmente recogida por El genial Fernando Vizcaíno Casas en su libro “Las Autonosuyas” donde lo expresa de forma contundente.

Hace ya mucho tiempo que leí esta tan simpática como certera crítica al Estado de las Taifomanías, pero como presté el libro -craso error- y no se me devolvió, no puedo hacer ahora las citas pertinentes, con el debido rigor y preceptiva consignación de páginas.

Recuerdo más o menos que el señor alcalde de ¿Bollullos del Condado? que como “farfullaba” quería imponer su peculiar dicción como lengua autonómica de su ayuntamiento, llega a plantearse el obligar al cabo y los cuatro números de la policía local a jurar las leyes -o constitución, no lo recuerdo- de su municipio, pero desiste diciendo que “al fin y al cabo en España, desde 1975, los juramentos no sirven para nada”

Genial observación a la que se unía alguna otra perla como la afirmación de que la “La geografía que estudiarán nuestros hijos dirá que España es un país que limita, al sur con Despeñaperros, -al este y al oeste no lo recuerdo- y al norte… con la estación de Chamartín”

Pues bien, esta inutilidad de los juramentos en la España actual fue sin duda alguna la que llevó a los sucesivos “gobiernos de la democracia” a obviar el obligar a los cuadros de mando del Ejército a jurar la constitución de 1978. Al fin y al cabo, la historia enseñaba que el juramento a la Constitución Republicana, que se obligó a prestar a los cuadros de mando del ejército, cuando llegó el caso, tampoco tuvo mucha virtualidad.

Insistir finalmente en que esa proscripción que hizo la Segunda República de S.M. Alfonso XIII, es muy similar a lo que se está haciendo con Franco. Si bien de una forma más cautelosa como ya se ha dicho.

Esta inexistencia de una orden que obligara a los militares, a jurar o prometer la constitución de 1978 al tomar posesión de su cargo, perduró hasta el 28 de julio del 2004 en que el juramento fue establecido como preceptivo por el Ministro de Defensa José Bono. No sé si tal disposición sigue vigente para cualquier escalón de mando y destino, o solamente es obligada para tomar posesión del mando de un regimiento o unidad independiente. Y tampoco siento curiosidad por saberlo en mi actual situación de “Retirado”. Pero lo que sé es que yo no me he visto obligado a jurar la Constitución al tomar el mando en ninguno de los quince destinos que, a lo largo y ancho del Territorio Nacional, (incluido el Sahara español) he tenido en mi vida profesional. Significando que los últimos once ya tuvieron lugar con la constitución de 1978 vigente.

El entonces Príncipe jurando los Principios Fundamentales del Movimiento

Quede claro que con esto no estoy criticando, ni mucho menos, a los compañeros que tras haber jurado como yo, LA DEFENSA DEL ORDEN INSTITUCIONAL (la constitución de 1966) prestaron juramento posteriormente a la de 1978. En primer lugar porque de igual forma que exijo respeto para mis decisiones, no juzgo las de otros. Por otra parte sería absurdo que ahora, a toro pasado, afirmara que me hubiera negado a jurar la Constitución, aunque de ello hubiera dependido el tomar el mando de un Regimiento -máxima aspiración de un coronel- por la sencilla razón de que, no habiéndose dado el caso, sería petulante el afirmarlo. Lo que sí puedo afirmar, es que en el caso de haberme visto en la tesitura de jurar la constitución de 1978 lo hubiera hecho con una reserva mental: “Juro guardar y hacer guardar la Constitución, como norma fundamental del Estado” apostillando mentalmente: Como S.M. Juan Carlos I juró los Principios Fundamentales del Movimiento Nacional y Leyes Fundamentales del Reino.

Pero afortunadamente no se dio el caso, porque este juramento me habría causado un grave daño moral. Ya que S.M, al fin y al cabo, es un Borbón. Y ya se sabe: “promettant est de ne pas remplir” Pero yo soy un hidalgo español. De todas formas, Dios, en su infinita misericordia, no quiso ponerme en la tesitura de que pudiera incumplir mi juramento, y así no fui propuesto -a pesar de haber pedido la vacante- para mandar el Regimiento Arapiles Nº 62. Sin duda debió influir en librarme de situación tan comprometida la devoción y el fervor con que diariamente, cada noche, rezo el Padre Nuestro con especial énfasis en su final: Y líbranos de la tentación.

Tras el proceso de la Transición (la Transacción) en que fue demolida desde sus cimientos la España que habíamos jurado defender (porque el Rey así lo había pedido, Torcuato Fernández Miranda dixit) fueron muchos los militares que se vieron aherrojados por dos mandatos contradictorios. De un lado la lealtad a lo que habían jurado…. y de otro a la última orden que diera el Caudillo en su mensaje póstumo:

“Por el amor que siento por nuestra Patria, os pido que perseveréis en la unidad y en la paz y que rodeéis al futuro Rey de España, Don Juan Carlos de Borbón. Del mismo afecto y lealtad que a mí me habéis brindado y le prestéis en todo momento, el mismo apoyo de colaboración que de vosotros he tenido”  

Esta pugna de lealtades y obediencias quedó definitivamente resuelta en el momento en que S.M. el Rey Juan Carlos I firmó de su real mano, sin que le temblara el pulso -y al parecer sin daño moral porque de haberlo no trascendió- la infame Ley 52/2007 de la Revancha Histórica que declaraba a Franco y a su obra fuera de la ley. A partir de ese momento ya no hubo duda alguna sobre que bandera había que seguir. Dónde estaba la honra, y al servicio de qué idea habría de ponerse la espada. Porque quedaba claro que la lealtad al Rey quedaba periclitada ante su deslealtad con Franco.

Y antes de concluir estas consideraciones, conviene recordar que en el mensaje hológrafo de Franco pide lealtad al Rey… no al Rey Juan Carlos. Puede pensarse que por considerar superflua la precisión. Pero también pudiera ser que, en los umbrales de su muerte, siendo consciente de que el Reino de España necesitaba imperiosamente la figura de un Rey, pensara también que se había equivocado en la elección de la persona. Porque siempre perfectamente informado de todo cuanto pasaba en España, fuera consciente de que se entregaba el Sahara a sus espaldas. Y de que el “sucesor a título de Rey” se disponía a demoler su ingente obra. Malogrando así tanta sangre, sudor y lágrimas derramadas para que en España volviera a amanecer. Puede incluso que tuviera in mente la identidad de la persona que debería encarnar la instauración de esa nueva monarquía que debería regir en los siglos venideros esa España Una, Grande y Libre que recogiera el legado de los Reyes Católicos: “De Isabel y Fernando, el espíritu impera” decía la canción.

Testamento hológrafo de Franco

Si analizamos el testamento hológrafo de Franco, veremos que algunos de los añadidos son simples aclaraciones a palabras de lectura difícil o dudosa. Pero el añadido de Don Juan Carlos supone una alteración -adulteración más bien- del texto holográfico. Además D. Juan Carlos parece estar consignado con caligrafía distinta a la empleada en las aclaraciones. Debido a su extraordinaria importancia, estos hechos deben ser objeto de una especial atención.

Según parece, cuando S.S. el Papa Pablo VI conoció el insuperable testimonio de fe y fidelidad a la Iglesia, que constituye el testamento político de Franco, exclamó: Nos hemos equivocado con este hombre. Lo que supone un reconocimiento tardío del mucho daño que durante su papado la Iglesia había hecho a la España de Franco. Sin que el Caudillo, que la había librado del exterminio marxista, hubiera dejado por ello de ser fiel y devotísimo hijo. Esta confesión, unida a la de “El humo de Satanás ha penetrado en la Iglesia” en referencia a ciertas consecuencias del Concilio Vaticano II, pone en entredicho el dogma de la infalibilidad del Papa. Pues, aunque según la doctrina esta sólo alcanza en materias de fe, la beligerancia contra Franco y su Régimen, por sus consecuencias, le iba a la zaga.

En la persecución a Franco y a su régimen hay responsabilidades. Por acción y por omisión. Empezando por S.M. Juan Carlos I que faltó a su solemne juramento.  (VER AQUÍ VÍDEO)

Omisión también de los cuadros de mando de los ejércitos, que han consentido con inaudita mansedumbre, que se haya profanado la obra, la memoria y hasta el sepulcro de quien fuera su capitán.  Por ello ha llegado el momento de redimir culpas, empleando el tiempo de vida que nos quede, en divulgar la verdad sin complejos. Empeñando nuestro honor en ello.

El enemigo ha roto ya el BPZR y se dispone a la explotación del éxito alcanzado con su infame ley 52/2007 iniciando la persecución mediante una nueva ley, aún más infame, que quiere titular de “La Memoria Democrática” mediante la que se quiere impedir que se restablezca la verdad histórica, tras décadas tergiversándola. Por ello debe fiarse todo a un enérgico contraataque que permita recuperar la posición abandonada. Contraataque que deberá ser cultural… mientras que el enemigo con sus leyes sectarias y liberticidas, no lo haga imposible.

Y si llegara el caso de que ya no podamos hablar ni escribir, que cada uno adopte la decisión más propia de su honor y espíritu. Todo menos la rendición. Que las generaciones futuras no digan que hemos dejado de ser españoles.

Constitución de 1966 aprobada en referéndum Primera página de la vigente Constitución de 1978. Por el pueblo español

Primera página de la Constitución de 1978

Genial fotocomposición del coronel de artillería Jesús Flores Thies + que simboliza -una imagen vale más que mil palabras- la inaudita mansedumbre con que hemos permitido la profanación de nuestro capitán

Unas consideraciones finales.

En España los militares franquistas, los que reconocemos y estamos agradecidos a nuestro capitán por su ingente obra, somos todavía una mayoría silenciada. Esa es la razón por la que el PSOE y la izquierda en general -decir izquierda española es un oxímoron- pretende acabar con nosotros mediante la presión de la infame Ley 52/2007 y su proyecto de ampliarla con la Ley de la Memoria Democrática que incluye multas y cárcel.

Pero no debe olvidarse que cuando una ley es leonina, y no respeta, no ya las libertades individuales, sino ni el simple hecho de hablar o escribir, ha llegado el momento de defender las libertades al margen de esas leyes inicuas. Así ha sido y así será en todos los pueblos a lo largo de la historia.

Quienes conspiraron contra el Régimen de Franco y sus leyes, porque “cercenaba libertades” y no era democrático, hoy pretenden hacer lo mismo escudados en una falsa democracia que no admite el discrepar con sus dogmas. Ahora ya detentan el poder y se disponen a conservarlo a toda costa, con leyes inicuas y malas artes. Es el caso de esos sujetos despreciables que a empujones y codazos van adelantando en la “cola” avasallando al resto de ciudadanos, y cuando llegan a la ventanilla se vuelven muy dignos y dicen ¡¡¡no empujen!!!….  El prototipo del “demócrata” de izquierdas.

Como colofón para sintetizar el título de “FUERON LEALES AL JURAMENTO QUE EMPEÑARON” recordar las solemnes palabras que pronunciaba el “pater” tras el solemne juramento:

Por obligación de mi Sagrado Ministerio, pido a Dios que a cada uno ayude a cumplir lo que ha jurado: y sino, se lo demande.

Solamente resta decir que hay tres hitos que me han hecho irrecuperable para el sistema político en que estoy obligado a vivir… pero sin cejar en el combate.

 El cambio del escudo de mi bandera, que proclamaba su triple vocación de representar a Una España, Grande y Libre.

La infame Ley 52/2007 que persigue ese escudo y esa bandera.

Y la profanación de la obra, de la memoria y del sepulcro del Caudillo. 

Por ello en esa beligerancia moriré cuando Dios lo tenga dispuesto. Pero sin rendición. Sin tregua ni armisticio. Sin arriar jamás la bandera con el águila de San Juan que cubrirá mi féretro. Y que habrá escuchado, tras besarla, mis últimas palabras

¡¡¡VIVA FRANCO!!!   ¡¡¡ARRIBA ESPAÑA!!!


16 respuestas a «Fueron fieles al juramento que empeñaron»

  1. Siempre preciso y emocionante relato lleno de lealtad a quien fué nuestro General en Jefe. Muchas gracias por tu aportación a la memoria histórica

    1. Muchas gracias.
      Es lo único que podemos hacer.
      Contrarrestar con la verdad histórica el “el Himalaya de mentiras” de la iconoclasta y cainita ley 52/2007

  2. Mi coronel como educando de banda militar y luego cabo 1 de la usac de atocha he pasado por muchas unidades, grupo regional de intendencia n8 de la coruña, gobierno militar de la coruña, unidad de capitania octava región militar, unidad de capitania 6 región militar y final mente usac atocha en la coruña, he estado numerosas veces asus órdenes en desfiles y patronas como cabo 1 cornetin de órdenes de plaza. Y para mi ha sido un honor estar a sus órdenes, ver como inculcaba entre sus hombres el amor a españa, la lealtad, la amistad entre sus soldados y el compañerismo, pero sobretodo el honor, algo que no abunda desgraciadamente en nuestra patria. Ya no hablemos del amor a españa. Una españa que los politicos an podrido metiendo manzanas podres en el cesto, solo puedo decirle mi coronel, que yo también jure fidelidad a mis mandos, y usted fue uno de ellos. No dude que a la llamada de su ilmo. Y digo bien ilmo, porque ese honor y titulo hay que ganárselo y usted mi coronel lo tiene bien ganado de sobra, Me tendrá veloz y en perfecto estado de revista para la defensa de españa asta las últimas consecuencias y si fuera preciso en defensa de esta derramar asta la última gota de mi sangre como jure un 30 de marzo de 1985.y si no que dios y los hombres de honor meló demanden. Quiero gritar antes de despedirme. De usted. Viva Franco, arriba siempre España.
    Cabo1-de la banda de guerra F. Miguez.

    1. Muchas gracias Míguez. La lealtad, es una de las virtudes fundamentales del soldado.
      Pero debe ser en ambos sentidos. Ascendente y descendente.
      Quienes habéis estado a mis órdenes, tenéis conciencia de esa lealtad que yo os profesaba. Testimonios como el tuyo es la mayor recompensa para este soldado veterano.
      Un fuerte abrazo.
      Un abrazo y gracias.

  3. Comentario al comentario que hace el Cabo 1º D. Francisco Miguez de Patiño y Fernández.
    Parece claro cuál fue el motivo último para el Partido Popular de Aznar (el Partido para Ayudar a la izquierda como muy bien ha sido definido en un artúculo de El Español Digital) de quitar el servicio militar obligatorio en España: impedir que pudieran haber lealtades como la suya en la clase de tropa.
    Interesa drogatas, gays con tanga de cuero, etc.etc., pero chavales de 20 años que en la mili aprendan cosas decentes y beban en la actitud y carisma de sus Jefes los Valores de la vida militar, eso no interesaba, y la juventud fue apartada de este magisterio, porque este Cabo 1º es el vivo ejemplo de lo que en última instancia se quiso evitar al quitar el Servicio militar.

    1. Efectivamente: Como manifestó públicamente Carles Campuzano de CiU “la supresión del Servicio Militar fue una imposición -sic- de mi grupo político para apoyar la investidura de Aznar en su primera presidencia del Gobierno”
      Es evidente que para los enemigos de España era un objetivo prioritario para alcanzar su objetivo.
      Un cordial saludo.

  4. Los que exigen o pudieran exigir ahora (desde 1976) un juramento de fidelidad lo exigen sin ninguna legitimidad, sino en fraude de ley, desviación de poder y claro abuso de derecho, porque ellos no respetaron su propio juramento, empezando por el Rey Juan Carlos, así que un juramento con la reserva mental que se señala en el artículo es legítimo porque el que engaña a un ladrón tiene 100 años de perdón, o lo que es lo mismo, estos prevaricadores no pueden exigir a los demás una fidelidad que ellos jamás han observado respecto de su propio juramento. Es como si los que traicionaron a Viriato hubieran exigido un juramento de fidelidad de sus subordinados para sí mismos, ellos que eran unos traidores no podían exigir tal cosa.
    Sobre el artículo, es tan bueno, como han reconocido todos los comentarios anteriores, que yo no tengo categoría ni conocimiento como para poder aportar o añadir ningún comentario, salvo esa frase del Cantar de Mio Cid: «¡ Dios que buen vasallo si hubiera buen señor !».

  5. El razonamiento de la primera parte de su comentario es incuestionable.
    Sus consideraciones finales -que agradezco muy sinceramente- son algo exageradas, pues ha demostrado Vd. en numerosos comentarios, que le sobra categoría y conocimientos para puntualizar y ampliar las materias tratadas en las colaboraciones de las diferentes personas que publican en El Español Digital.
    Un cordial saludo.

  6. Muy interesante y entrañable artículo, don Lorenzo. Le felicito.

    Solo quiero hacer un pequeño aporte a su escrito: Franco se llevó más de un gran secreto a la tumba, y uno de ellos fue el porqué acabó siendo Juan Carlos de Borbón y Borbón sucesor suyo a título de rey. Asunto mucho más complejo de lo que se piensa habitualmente, y con una importante ramificación de intereses nacionales e internacionales. No se trató de una simple decisión personal, sin más historia.

    Además, tras la muerte del Caudillo, al pueblo español se le vino preparando convenientemente para que aceptara sin rechistar la posteriormente denominada como «santa Tra(ns)ición». El trampantojo político-masónico que nos ha llevado hasta la inquietante encrucijada histórica en la que está España actualmente.

    1. Como bien dice Franco se llevó muchos secretos a la tumba.
      Cuando en alguna ocasión se le sugirió que escribiera sus memorias declinó hacerlo aduciendo que muchas personas saldrían malparadas. Esta sola respuesta pone de relieve su talla moral y de estadista.
      No dudo de la complejidad que apunta, con sus ramificaciones nacionales e internacionales.
      Franco quiso sintetizarlas diciendo
      “No olvidéis que los enemigos de España y de la civilización Cristiana están alerta” en clara referencia al poder de la masonería.
      Quienes seguimos fieles a su memoria debemos hallar consuelo en el pensamiento de que sus enemigos -que son los de España- sólo han vencido sobre su cadáver.
      En vida fue Caudillo invicto.
      Por ello la victoria sólo podrá alcanzarse resucitando su figura histórica, al ser imposible La Resurrección hasta el final de los tiempos.
      Un cordial saludo y gracias por su comentario.

  7. Mi coronel, gracias por su gran artículo. Entiendo que lo que Vd. nos trasmite es la gran diferencia que para nuestra patria existe entre las constituciones de 1966 y 1978. Pero, ¿qué importancia le da Vd. a las consecuencias que tuvo el Concilio Vaticano II para España? ¿No cree que influye más en la decadencia de España la descristianización que los cambios legislativos? Atentamente,

    1. Gracias a usted por su comentario.
      La legislación del Régimen de Franco, ya desde su mismo origen el 18 de julio de 1936, estuvo basada en la Doctrina Social de la Iglesia.
      Esta simbiosis entre el Estado Español, y la Iglesia, se resquebrajó con el Concilio Vaticano II
      La Constitución de 1966 que compendiaba Las Leyes Fundamentales del Reino y Los Principios del Movimiento Nacional fue sustituida por la Constitución de 1978 que es “aconfesional” tal como preconizaba el Concilio Vaticano II que deberían ser las relaciones de la Iglesia con los gobiernos de los estados.
      El resultado no podía ser otro que la situación en que actualmente se encuentra la Iglesia Católica en España.
      De nada sirve ahora que los prelados digan “No era eso, no era eso” como lamentaron los intelectuales que trajeron la Segunda República al ver sus consecuencias.
      Cuando se elige una simiente nueva para sembrar, debe contarse con que hay o puede haber cizaña mezclada, que si no se elimina a tiempo arruinará la cosecha.
      O dicho de otro modo: “Los experimentos, con gaseseosa.
      Un cordial saludo.

  8. Mi coronel ¿No cree que más determinante en la decadencia de España es la profunda descristianización de nuestra patria que la diferencia entre las constituciones de 1966 y 1978? Gracias por sus brillantes y lúcidos artículos.

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