¡Gibraltar español! Fdo. Mª Castiella: un discurso esencial (1968)

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Que Gibraltar es español, parece que sólo lo dudan, y desde hace algunas décadas, los españoles de hoy. Ha cundido la pasividad y la dejadez sobre tan importante asunto –defectos tan propios de nuestro pueblo–, cuando no el abandono, sobre todo por parte de quienes tienen la responsabilidad de reclamarlo incesantemente; incluso la traición con ciertas acciones que dan a entender que ya no se quiere luchar por ese trozo de España.

Fdo. Mª Castiella

Ante lo anterior, conviene recordar que nunca fue así, que sólo hoy nos comportamos de tal forma. Para ello, así como para profundizar en la esencia del problema de Gibraltar y entender porque en 1969 el Gobierno español, dirigido por el Caudillo, decidió cerrar la Verja –con la intención de asfixiar a Gibraltar y obligar a los ingleses a abandonarlo, lo que estuvo a punto de conseguirse a no ser por la traición de Felipe González, el PSOE (extrema izquierda) y la «derecha» y el «centro» que nada dijeron–, ofrecemos a nuestros lectores el magnífico e imprescindible discurso –lección de historia y honorabilidad– que pronunció ante las Cortes en 1966 nuestro entonces Ministro de AA. EE., Fdo. Mª Castiella. De él hay muchísimo que destacar, por falta de espacio hemos entresacado sólo unos pocos párrafos, pero al final de ellos encontrarán el enlace para descargar el discurso completo en PDF. No dejen de hacerlo y de leerlo. Fundamental para conocer también la amarga historia de nuestra lucha por Gibraltar.

«…Ningún país, en efecto, puede mantener en un nivel de libertad y de dignidad su diálogo con las otras naciones mientras un trozo del territorio propio esté sometido, contra su voluntad, al dominio extranjero. Todo pueblo que quiera gozar de la consideración de los demás y conservar su rango de nación soberana, luchará sin desmayo por impedir cualquier menoscabo en su condición de tal. (…) España no es menos digna que cualquier otro país y no puede seguir tolerando lo que la debilidad pasada le impidió eliminar…» (Castiella)

(…)

…el afán español de recuperar Gibraltar no puede, en absoluto, ser juzgado sólo como una cuestión sentimental, como una disputa sobre un punto de honra, como un mandato de nuestros antepasados, como un problema aislado de nuestras relaciones internacionales, como un propósito casi obsesivo de unos españoles que no ven más allá de las escarpaduras del Peñón. Aunque alguna de estas cosas sea nuestra reivindicación –y ello justificaría por sí solo la entrega de todos al empeño–, Gibraltar es bastante más para nosotros…

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Por primera vez en doscientos sesenta y cuatro años de historia, Inglaterra –muy a su disgusto– se ha sentado en la mesa de negociaciones con España…

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Inglaterra tenía en Europa una colonia. Esta Crown Colony, como había sido definida en 1830, se llamaba Gibraltar. El Gobierno británico quedó, pues, obligado a rendir cuentas a las Naciones Unidas de aquel establecimiento colonial que él mismo había incluido, en 1947, en la clasificación de los territorios no autónomos o pendientes de descolonización…

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…hice, en nombre del Gobierno español, el ofrecimiento de un Acuerdo Internacional que podría ser negociado entre los dos países sobre el principio fundamental de que España recuperase Gibraltar y con ello la integridad de su territorio nacional; pero Gran Bretaña pudiera, concertándose con España, mantener sus instalaciones en el Peñón y los gibraltareños disfrutaran de un régimen legal específico para ellos, en el que, además de unas formulas económicas y administrativas apropiadas, se estableciera un estatuto personal para la protección de todos los legítimos derechos de los habitantes de la plaza. Ese Acuerdo Internacional, por estar firmado por los dos países y registrado en las Naciones Unidas, tendría no sólo la garantía de España, sino la de una Inglaterra presente en Gibraltar y la de la propia Organización internacional…

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Pero, ¿cuál ha sido, en definitiva, la conducta inglesa? Gran Bretaña se encontraba –hemos visto–, inevitablemente, incluida en un proceso descolonizador ante las Naciones Unidas y obligada a llevarlo a cabo en diálogo con España. Todos sus esfuerzos se dirigieron entonces a eludir una y otra cosa…

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Inglaterra trató de escudarse tras el pretexto de que se hallaba en diálogo bilateral con España, intentando así frenar la presión internacional, aunque con el evidente propósito de que ese diálogo se prolongue indefinidamente, perdido en la maraña de cuestiones marginales y alejado siempre del fondo del asunto. Por de pronto, su respuesta a las ofertas españolas fue simplemente ignorarlas y, sin hacer la menor mención de su contenido, oponerles unas proposiciones que en mi afán de expositor sereno no quiero calificar. Nos proponía Gran Bretaña, por ejemplo, que, a cambio de derribar la verja erigida en 1909 sobre el istmo, reconociéramos la soberanía británica entre aquella verja y los límites históricos de Gibraltar, al pie de las antiguas murallas. Es decir, que nos pedía en 1966 lo que no habíamos aceptado ni en los peores momentos del siglo XIX. Nos ofrecía la admisión de un Comisario español en Gibraltar, con funciones consulares, olvidando, sin duda, que España que España había suprimido espontáneamente su Consulado General en la ciudad en 1954. Nos brindaba la cooperación en la lucha contra el contrabando, como si ello no fuera una obligación obvia y normal de todo país civilizado. Y nos proponía, también, que utilizáramos, en tiempo de paz, pero con sujeción a las necesidades militares británicas, el aeródromo de Gibraltar –un aeródromo que, al fin y al cabo, está en territorio español– y las instalaciones portuarias de la plaza, siempre que ello fuera, naturalmente, bajo el control del mando inglés. En fin, ninguna oferta de fondo, simples argucias polémicas y nada que se refiriera de verdad a la descolonización de Gibraltar…

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…el colonialismo británico de Gibraltar no recae sobre los habitantes actuales de la plaza sino sobre España; de que lo que hay que descolonizar no es una comunidad británica, hoy residente en la base, sino la misma España, liberando del estigma colonial  a los treinta y dos millones de españoles que, directa o indirectamente, lo soportan…

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La permanencia de la base fue, indudablemente, el propósito oculto detrás del referéndum organizado en Gibraltar el 10 de Septiembre pasado, y en el cual el Gobierno británico propuso a la población gibraltareña que se pronunciara sobre la alternativa de pasar bajo la soberanía Española o de retener sus actuales lazos con la Gran Bretaña. De esta forma, Inglaterra pretendía que los habitantes del Peñón decidieran acerca del futuro del territorio e intentaba presentar ante el mundo esta decisión como el supremo acto democrático sobre Gibraltar. Mas, la realidad era bien distinta…

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Imagínense ustedes que, durante el conflicto de Argelia, Francia hubiera organizado un referéndum para decidir sobre el futuro del territorio, ignorando a la población argelina y llamando únicamente a votar a los pieds-noir que habitaban el barrio de Bab-el Oued, en Argel, para pedirles que eligieran entre la soberanía francesa o argelina. ¿Cuál habría sido el resultado de la votación? No es difícil suponer que en favor de Francia…

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Las Naciones Unidas dieron la razón a España. En la Resolución de 1 de Septiembre de 1967, aprobada por el Comité de los Veinticuatro, éste confirmó solemnemente el principio de la unidad nacional y la integridad territorial, declaró que el referéndum previsto por Gran Bretaña en Gibraltar contravenía la doctrina de las Naciones Unidas…

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Otro de los intentos de Gran Bretaña de desviar o retrasar la negociación sobre Gibraltar fue su propuesta de someter el pleito hispano-británico al Tribunal Internacional de Justicia de La haya. España rechazó, también, esta propuesta… Una decisión cualquiera del Tribunal no aportaría, pues, más que soluciones jurídicas, ignorando totalmente el problema político, verdadera médula de la cuestión. Nos negamos, por tanto, a soslayar el fondo de las cosas, que no consiste más que en la supervivencia de la legítima colonia extranjera en territorio europeo. No era aceptable que algo tan vivo, palpitante e inaplazable fuera introducido en una vía jurídica en la que, por la propia complicación de los trámites procesales, podía gestar largos años sin ser resuelto; es decir, en una auténtica “vía muerta”…

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Lo que nadie podía imaginar es que en medio de una negociación emprendida por dos gobiernos europeos, en 1966, para descolonizar un territorio, uno de ellos cometa un nuevo acto de colonialismo tan brutal como los de los peores tiempos de la rapacidad colonial del siglo pasado. Esto fue lo que ocurrió el 12 de Julio de 1966 cuando, en una de las sesiones negociadoras mantenidas en Londres, los representantes británicos —acosados, sin duda, por el vigor de la argumentación española– afirmaron que “el territorio entre la verja fronteriza de Gibraltar y el pie de la Roca es también territorio bajo soberanía británica”. Aquí se colmó nuestra capacidad de asombro y nuestro escepticismo sobre las intenciones de Inglaterra en el diálogo que sostenía con España…

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…como si quisiera superar el carácter endeble de aquella ocupación anti-jurídica, como si pretendiera dar fuerza a su débil posición en el istmo en que se encuentra el aeródromo militar –verdadero talón de Aquiles de la Fortaleza– Gran Bretaña contradijo todos los aparentes buenos propósitos con que había comenzado la negociación e hizo aquella proclamación de soberanía, confirmando una actitud imperialista que si en el siglo pasado había sido inaceptable, en nuestros días y en plenas negociaciones para la descolonización de Gibraltar era sencillamente incomprensible…

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De todos los rincones de la Patria nos han llegado constantemente los testimonios de esa unanimidad, algunos probándonos con elocuencia conmovedora la profundidad y la fuerza de este sentimiento nacional, de este verdadero plebiscito permanente de una nación en busca de su definitiva unidad, referéndum que es el único que se puede tener en cuenta a la hora de decidir sobre el futuro de esas 445 hectáreas irrenunciables del territorio español. Diputaciones provinciales en pleno, Ayuntamientos reunidos en corporación, asociaciones y centros locales, instituciones educativas, personas de toda condición; españoles, en fin, de la vasta y profunda España nos enviaron sus mensajes de solidaridad…

(…)

Sánchez Albornoz

Mas yo quisiera destacar aquí especialmente un nombre, el de un compatriota del que me pueden separar diferencias ideológicas, pero con el que me une, ademas de nuestra común condición de universitarios, el gran motivo de la integridad de nuestro territorio nacional. Hablo del ilustre historiador don Claudio Sánchez Albornoz, de quien son estas nobles palabras que cualquiera de nosotros podría, en esencia, repetir: “No puede haber un español, digno de tal nombre, capaz de escribir, sin sonrojarse, que Gibraltar no es de España. Y si hay alguno que pueda escribirlo sin sonrojo, yo me tomo la libertad de sonrojarme por él, como español, liberal y en destierro”…

(…)

Esta batalla ha sido ganada. Tenemos a nuestro lado lo más importante de la opinión pública mundial y hemos logrado el consenso favorable de la comunidad internacional…

(…)

Quisiera, ahora, resaltar ante ustedes la importancia extraordinaria de esa Resolución, cuya doctrina se podría resumir así:

1º— Respalda plenamente lo que había sido una interpretación española —correcta, como se ha venido a demostrar, pero interpretación al fin y al cabo— y establece la tésis oficial de que el problema de Gibraltar hay que juzgarlo a la luz del principio en el que las Naciones Unidas condenaron toda situación colonial que destruya total o parcialmente la integridad territorial de un país.

2º— Da la razón, también, a España que negaba a los habitantes de Gibraltar el derecho a disponer del futuro del territorio, y condena el referéndum organizado por Inglaterra en el Peñón.

3°— Rechaza implícitamente toda maniobra dilatoria, como las intentadas por Gran Bretaña, a través del referéndum mismo o de la propuesta de acudir a La Haya, e invita a las dos partes a reanudar sin demora la negociación bilateral.

4°— Sitúa el problema de los intereses de la población en su verdadero lugar, que es posterior a la condición previa de descolonizar, por cuanto señala que deberán ser salvaguardados “al término de la situación colonial”.

AQUÍ PARA DESCARGAR EL DISCURSO COMPLETO EN PDF

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3 thoughts on “¡Gibraltar español! Fdo. Mª Castiella: un discurso esencial (1968)”

  1. El discurso fue en el año 1968…y vamos…que en el 1969 ya estaba «despedido»… y eso que consiguió los mayores éxitos en su periplo como ministro de Exteriores.

    Yo creo que este hombre murió, en parte, de pena.

    José Luis González

    1. 1968, miércoles día 3 de Abril,
      y como curiosidad,
      un día después de la onomástica de los que se llaman como San Francisco de Paula Fundador de los Mínimos, y el exportador de la Cerveza al estilo «Pan Líquido» a Europa con la «venia» Papal, en alforjas y mulas. Relacionado con la Corona de Aragón, Siglo XV, aunque independiente de todos los poderes terrenales.
      La «Paulaner» alemana es en su honor.

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