«Giménez Caballero. Antología falangista», de Pedro José Grande Sánchez

Pedro José Grande Sánchez

SND Editores publica, teniendo como autor-recopilador a Pedro José Grande Sánchez, las más importantes obras de insigne escritor español Ernesto Jiménez Caballero. Es decir, que por fin tenemos en un sólo volumen las más importantes y esclarecedoras obras de uno de los más avezados y vanguardistas pensadores españoles del siglo XX, hoy, por desgracia y como tantos otros, olvidado, enterrado por las toneladas de mediocridad y anorexia inteñlectual, además de miseria moral, que nos sepulta.

Ernesto Giménez Caballero (1899-1988) escritor, fundador y director de La Gaceta Literaria (1927-1932), dejó un legado vanguardista que marcó un hito en la España de los años 30. Precursor de la Falange, desempeñó un papel esencial en la gestación de sus “raíces espirituales”.

Nacido en el Madrid más popular y castizo cuando aún resonaban los ecos del Desastre, fue el primogénito de un modesto empleado del comercio que llegó a desarrollar una emprendedora carrera en el mundo de las artes gráficas. Cursó Filosofía y Letras en la Universidad Central, con profesores como Américo Castro, García Morente, Asín Palacios, Ortega o Besteiro. Ya en esos años no vio incompatible la colaboración en una revista de inspiración menendezpelayista, Filosofía y Letras, dirigida por Sainz Rodríguez, y su militancia en un efímero Grupo de Estudiantes Socialistas. Participó en las tareas del Centro de Estudios Históricos y en 1920 obtuvo el lectorado de Español en la Universidad de Estrasburgo, como ayudante del romanista Kohler. El recrudecimiento de la Guerra de Marruecos con la derrota de Annual, le impulsó a intervenir como “soldado de cuota”. Repatriado en 1923, publicó Notas marruecas de un soldado. Inscrito en un regeneracionismo muy crítico con el sistema, el libro obtuvo los elogios de Unamuno, D’Ors o Indalecio Prieto, y a su autor le costó un proceso instruido por la jurisdicción militar del que fue absuelto. De retorno en la ciudad alsaciana, donde conoció a su esposa, la italiana Edith Sironi, empezó su labor periodística enviando crónicas al diario madrileño La Libertad.

El salto hacia un nuevo concepto de escritura lo dio al entrar en El Sol y en la Revista de Occidente de José Ortega y Gasset. En El Sol hizo popular el pseudónimo «Gecé», reservsndo su nombre para unas “Visitas literarias” igualmente atrevidas. Se adhirió al vanguardismo, donde alcanzó su perfil más acusado como escritor, sobre todo cuando conoció al ex-ultraísta Guillermo de Torre. Juntos prepararon la empresa capital de su vida: La Gaceta Literaria, quincenario aparecido el 1 de enero de 1927 en el que se dio cita la “joven literatura” junto a las generaciones anteriores —el 98 y el 14— en un propósito sostenido de “nacionalizar” la vanguardia. En su marco, creó el Cineclub Español, potenció todas las actividades culturales vanguardistas y defendió un proyecto de unidad ibérica.

Entretanto, fue desplegando a un ritmo frenético su propia obra como agudo intérprete de la modernidad: CartelesYo, inspector de alcantarillas; Hércules jugando a los dados o Julepe de menta se cuentan entre sus principales creaciones. Con sus “Carteles literarios” llevó la crítica literaria al terreno del arte plástico, en síntesis gráficas que constituyen uno de los hitos de nuestra vanguardia histórica. Hizo, además, su incursión en el cine con sus documentales “Esencia de verbena” y “Noticiario del Cineclub”. Y fundó “La Galería”, desde donde difundió el mobiliario metálico y la arquitectura funcional.

Por debajo de semejante exaltación de “lo moderno” en todas sus manifestaciones, nunca dejó de alentar su sentimiento nacional y patriótico, convirtiéndose en el cauce para llevar sus supuestos regeneracionistas hacia una aceptación integral del fascismo. Presentada como una “conversión”, la hizo pública en 1928 tras visitar Roma guiado por Curzio Malaparte. «Carta a un compañero de la Joven España” publicado en La gaceta Literaria, el 15 de febrero de 1929, puede considerarse el manifiesto intelectual originario del fascismo hispano. Su deriva ideológica y el nuevo clima espiritual en vísperas de la llegada de la Segunda República llevaron a la crisis final de La Gaceta, seis de cuyos últimos números se acogieron al rótulo de El Robinsón literario de España (1931-1932), su nuevo pseudónimo. En sus páginas hizo un ajuste de cuentas al vanguardismo, a sus antiguos amigos y maestros —empezando por Ortega— y rompió definitivamente con la cultura política liberal. Genio de España, supone la reinterpretación del lugar de España en el pasado y en el porvenir, a la luz del fascismo. Con esta obra inició la elaboración de un “sistema” presentado como alternativo al liberal orteguiano. Su culminación vino con Arte y Estado (1935), la tentativa más lograda de construir en España una estética fascista. Antes había escrito El belén de Salzillo (Origen de los nacimientos en España), que fue Premio Nacional de Literatura en 1934.

Desde comienzos de los años treinta participó en todas la iniciativas políticas de este signo. Estuvo en la aparición de La Conquista del Estado, junto a Ledesma Ramos, del que pronto se apartó al proclamarse la República. Se acercó a las Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalista (JONS) a comienzos de 1933, cuando se fraguó el lanzamiento de El Fascia y giró en la órbita de Falange Española, al producirse su fusión con las Juntas al año siguiente. A pesar de que inicialmente José Antonio le ofreció generosamente el carnet número 1, Giménez Caballero ostentó el número 5 de la Falange Española de las JONS. Con la crisis de enero de 1935 se lanzó a la creación de un Partido Económico Patronal Español, tras acercarse a los dirigentes de Acción Española, que le ofrecieron un homenaje cuando ganó la cátedra del Instituto Cardenal Cisneros. En las elecciones de febrero de 1936 figuró como independiente en la candidatura madrileña del Frente Contrarrevolucionario, sin conseguir el acta de diputado.

El estallido de la Guerra Civil le sorprendió en Madrid. Logró escapar a Italia, donde fue recibido en audiencia por Mussolini. Allí publicó, un par de años más tarde, Roma Madre, que recibió el Premio Internacional de San Remo. En noviembre de 1936 volvió a España, presentándose a Franco en Salamanca, quien le puso a las órdenes de Millán Astray para que se hiciera cargo de los servicios de propaganda del Cuartel General. Colaboró en toda la prensa nacional, y contribuyó a la unificación de Abril de 1937 escribiendo el discurso de Franco que figuró como preámbulo del Decreto. Vuelto a la Falange, marchó como Alférez Provisional al frente, donde editó el periódico Los Combatientes.

Al finalizar la guerra, se reintegró en su cátedra del Instituto Cardenal Cisneros, fue profesor en la Escuela Oficial de Periodismo y fue designado procurador en Cortes. En Octubre de 1941 asistió como delegado español al Congreso de Escritores Europeos celebrado en Weimar. En 1947 fundó la tertulia del Café de Levante y editó el periódico ¡Levante!, con sus alumnos de Periodismo; recorrió todos los países del mundo hispano, impartiendo conferencias y publicando libros sobre muchos de ellos. En 1958, después de haber sido agregado cultural, fue nombrado embajador de España en Paraguay, donde permaneció más de una década. Vuelto a España —donde estaba casi por completo olvidado— obtuvo un relativo reconocimiento con la reedición de algunas de sus obras anteriores a la guerra, la reimpresión facsimilar de La Gaceta Literaria y la publicación de Memorias de un dictador. En las postrimerías de su vida recibió el Premio Espejo de España por Retratos españoles (bastante parecidos).

La “Antología falangista” de Ernesto Giménez Caballero que publica SND Editores, presenta, por primera vez, sus textos más representativos de aquel período crucial, destacando especialmente los artículos publicados en los distintos semanarios de las JONS y la Falange. Además, esta compilación incluye cinco libros clave que ayudan a comprender el Movimiento falangista en toda su magnitud.

El libro cuenta con la participación de José Luis Jerez Riesco, reputado historiador falangista, y de Javier Martínez Arenas, talentoso artista y diseñador gráfico, que contribuyen a hacer de esta antología una obra imprescindible.

La cuidada edición que caracteriza a esta colección se complementa con una serie de índices y apéndices que enriquecen y enmarcan el trabajo del genial Giménez Caballero.

El libro incluye: GENIO DE ESPAÑA; LA NUEVA CATOLICIDAD; ARTE Y ESTADO; LA FALANGE, HECHA HOMBRE; CONQUISTA EL ESTADO y LOS SECRETOS DE LA FALANGE.

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3 respuestas a ««Giménez Caballero. Antología falangista», de Pedro José Grande Sánchez»

  1. Hace años, el papel era lo que menos costaba, a la hora de publicar un libro.
    Ahora supongo que será más caro, pues el precio del papel casi ha duplicado su precio. (Como todo, por otra parte).
    De cualquier forma, el último libro que compré de SND Editores estaba impreso con un papel tan malo, supongo que el más barato que encontraron, que he optado por olvidarme de esa editorial…

    1. SND ya no es lo que era. El papel que utilizan cada vez es peor. Una pena, pues es un papel que no garantiza la duración de la obra física más allá de los 50 años de tiempo transcurrido.

  2. No entro en el tema de la calidad del papel, que puede ser muy mala, no lo dudo, cada vez es mas caro editar libros. Pero, nadie se ofrece a hacer un comentario sobre el libro, el protagonista, el autor, su ideología, sus obras etc, etc? Creo que fue sucesivamente y a la vez -si se puede ser tantas cosas a la vez- regeneracionista, contrarrevolucionario, filosemita, antisemita, falangista, reaccionario, falangista otra vez, germanófilo, franquista…

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