Gotas de sangre

La Santa Misa del veinte aniversario del padre Pedro quedará grabada en su alma para el resto de su vida.

Los fieles, que le apreciaban sinceramente, esperaban ansiosos oírle hablar. El Padre no defraudó, como siempre, extrovertido, simpático, ocurrente, conseguía sacar  la sonrisa a los oyentes. Pero ese día fue especial.

Continuó con la Santa Misa a su estilo, introduciendo comentarios a cada momento, siempre distendido, “dominando” todo lo que hacía, muy pendiente que los fieles  no se “aburrieran”. Fue en el preciso momento de partir la Sagrada Hostia sobre el cáliz, cuando sobrevino la acción de Dios sobre él, podríamos decir, el regalo de Dios al padre Pedro.

El alma del sacerdote fue “raptada” por el Señor, y el Padre pudo ver la realidad de lo que estaba realizando durante veinte años día a día al partir la Sagrada Forma. Con los ojos del alma el padre Pedro vio a cámara lenta lo que acontecía cada vez que, con su rapidez y ligereza, partía la Sagrada Hostia. Vio, paralizado de asombro, infinidad de gotitas de la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor salpicar fuera del cáliz, cayendo sobre el corporal, el mantel, al suelo que pisaba, y horrorizado contempló su casulla blanca llena de la Preciosísima Sangre. Y le fue revelado que la Sangre que contemplaba a su alrededor no sólo era de ese momento, sino de mucho tiempo atrás. La Sangre del suelo estaba sucia de tantas pisadas.

Javier, el sacristán, que le ayudaba de acólito, notó que algo extraño le estaba pasando a don Pedro; nunca le había visto tan cuidadoso y ceremonioso en la Santa Misa. Se acercó discretamente y le preguntó si se encontraba bien. El Padre le hizo un leve gesto de asentimiento de que  todo iba bien.

Desde el momento de la fracción de la Hostia, todo fue para el padre Pedro una verdadera agonía, todo lo que realizaba lo hacía a la vista de la Sangre que todo lo cubría. Cada palabra era como si se la arrancaran de la garganta, la pronunciaba con verdadero y desgarrador dolor. La misma genuflexión que tuvo que realizar la hizo con tal recogimiento, devoción y piedad que fue el asombro de todos los presentes. El Padre era consciente que estaba ante la presencia real de Nuestro Señor Jesucristo, la Sangre constantemente se lo recordaba. El dolor se su alma era lacerante. Veinte años de sacerdocio concentrados en un instante, veinte años de incomprensible y culpable ignorancia.

Pero aún le quedaba su propio Vía-Crucis, el que tuvo lugar cuando anduvo lo seis pasos que le separaban del lugar de la Sagrada  Comunión de los fieles. Cada uno de los seis pasos fue una huella de Sangre en el suelo; andaba sobre la Sangre de Cristo. Nunca esa distancia, que hacía aprisa, alegre, jovial, cantando, le fue tan dolorosa y angustiosa.

Los fieles le esperaban dispuestos a recibir la Sagrada Comunión en la mano como de costumbre. Pero aún el dolor del alma del Padre Pedro subió de grado al contemplar que el suelo que pisaban los fieles estaba también manchado de Sangre pisoteada. Mientras los fieles esperaban, el Padre se quedó inerme delante de ellos, no podía mover la mano con la Sagrada Forma.

Javier, inspirado por el Espíritu Santo, corrió a la sacristía y desempolvó la patena de la Sagrada Comunión que llevaba años guardada. Fue poner la bandeja bajo la barbilla de los fieles, y el padre Pedro distribuyó la Sagrada Comunión a todos los fieles en la boca. El regreso al altar no fue menos doloroso dejando las huellas de la Sangre de Cristo.

No pudo decir las últimas palabras: “podéis ir en paz”. Su alma estaba tan angustiada que no tenía paz, sólo un dolor jamás sentido, una pena lacerante. Se retiró a la sacristía sin decir la más mínima palabra de agradecimiento, como acostumbraba,  a sus feligreses.

Se sentó apesadumbrado en el sillón. No se desvistió. Sólo contemplaba su casulla blanca, enrojecida. Se dirigió al sacristán diciéndole: Javier, ¡si todos los sacerdotes vieran lo que yo he visto hoy! Continuó dando unas instrucciones a su sacristán: le dijo que doblara y guardara con cuidado el corporal, el mantel, que le ayudase a quitarse la casulla y que la guardara con lo demás. Que limpiara con paños blancos el suelo del altar y el de la Sagrada Comunión de los fieles muy bien,  y que guardara esos paños con todo lo anterior.

El padre Pedro cuidadosamente agarró el cáliz, y lentamente lo fue limpiando de la Preciosísima Sangre. Comprobó que la patena estaba “sucia” y al intentar limpiarla, se cercioró que las marcas que tenía, y que iban desde el borde hasta el centro de la patena, eran marcas de la Sangre del Señor que estaban impresas como memoria y recuerdo de ese día.

Esa noche la pasó el padre Pedro frente al Sagrario. La patena en las manos y con lágrimas en los ojos mientras la iba besando, no cesaba de repetir:

He tardado, mi Señor, veinte años en reconocer-Te al partir el Pan.

Ave María.


9 respuestas a «Gotas de sangre»

  1. Realmente en cada Santa Misa (entiéndase las correctamente celebradas) se produce el Sacrificio de Nuestro Señor y esa Hostia es realmente el Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de JESUCRISTO.
    Me surgen un montón de preguntas:
    ¿Cuándo y dónde se produjo visiblemente estos hechos para el P. Pedro?
    ¿Todos los fieles comulgaron en la boca?¿Y de rodillas?
    ¿El P. Pedro tuvo el don de discernir si todos los fieles al comulgar estaban en Gracia?

    1. Apreciado Eugenio, le surgen muchas preguntas, dice, creo que movido por la curiosidad; el hecho ocurrido al padre Pedro no es para menos. Simplemente piense en lo esencial: la presencia real del Cuerpo y Sangre de Cristo en las especies eucarísticas; piense en este profundísimo Misterio, en el Poder de nuestro Dios, y el Amor que le ha movido a dejarnos tal Misterio. Y a partir de aquí, medite en la actitud ante la sagrada Eucaristía, que todos, sacerdotes y fieles tendriamos que tener.
      Saludos cordiales.

      1. No tengo la menor duda de la presencia real del Cuerpo y Sangre de CRISTO en las especies eucarísticas después de la Consagración. El problema que tengo, es que considero que actualmente no hay o son una excepción los obispos y sacerdotes ordenados válidamente, por lo que de ser cierta esa invalidez no podrá producirse esa Consagración.
        He dejado de asistir a Misa en mi parroquia y muchas más, por considerar que estaba con algunos fieles “herejes” empezando por el párroco. Actualmente estamos bastante limitados a realizar el mayor acto de Adoración a CRISTO (ir a Misa y comulgar). Es por ello que preguntaba dónde sucedieron estos hechos. Lucía –la pastorcita de Fátima- decía que los últimos remedios que nos quedan es el Rosario diario y refugiarnos en el Inmaculado Corazón de la Virgen María y en el Sagrado Corazón de JESÚS. Además, entiendo que estamos entrando de lleno en tiempos de Apostasía y supresión del Sagrado Sacrificio.
        Más que curiosidad, es necesidad de conocer donde se puede realizar un “acto de Adoración” en condiciones. Y evidentemente un suceso como este no debería permanecer en el anonimato. Es mi opinión.
        Gracias.

  2. Por la forma como está redactado el artículo, me da la impresión de que se trata de un relato de ficción, inspirado seguramente en alguno de los muchos casos fidedignos de Misterios Eucarísticos, de los que -algunos de los más recientes- han sido comprobados científicamente en laboratorio. Todos ellos atestiguan la presencia real de Jesucristo en las Sagradas Formas, tal como siempre ha afirmado la Iglesia Católica y subrayado ante interpretaciones heréticas.
    La mención del relato a comulgar de rodillas y en la boca parece destinada a reafirmar la preferencia por parte del (supuesto) autor del relato con respecto a esta modalidad, la cual parece que se fue introduciendo desde el siglo XVII, coexistiendo con la más antigua de comulgar de pie y en la mano, ya citada desde el siglo II por los Padres de la Iglesia, siendo ambas permitidas hoy día por la Iglesia Católica.

    1. Apreciado Miquel, al final de la edad de los santos Padres, siglo VI, la práctica de recibir la Sagrada Comunión directamente en la boca se volvió una práctica cada vez más difundida en la Iglesia y casi universal. Este desarrollo paulatino de comulgar en la mano a hacerlo en la boca es fruto de la espiritualidad y devoción eucarística del tiempo de los Santos Padres y de la Iglesia universal. La Iglesia, ya en Oriente, ya en Occidente, con admirable consenso y casi instintivamente, percibió la urgencia de distribuir la sagrada Comunión a los laicos en la boca.
      Con la Comunión en la boca se eliminaron varias preocupaciones: que los fieles tengan las manos limpias, y la preocupación mucho más apremiante de que ninguna partícula consagrada se pierda, y por último, la necesidad de purificar la palma de la mano después de recibir el Sacramento.
      Cuando se comulgaba en la mano, en los lugares donde se hacía, ya que no era costumbre universal, sino local sobre todo en Oriente, la mano estaba cubierta de un paño; de este paño se pasó a la bandeja de comunión actual.
      Resumiendo, al final del siglo VI ya se observa la predilección por la comunión en la boca. Varios sínodos del siglo IX, (de Córdoba en 839 y Ruan en 878) confirman la necesidad y obligatoriedad de esta forma de recibir la Sagrada Comunión.
      La tradición de la comunión en la boca y de rodillas es muchos siglos en la Iglesia. Con el Concilio Vaticano II, de trunca tal tradición.
      La Sagrada Comunión en la mano ha sido, y es, una verdadera tragedia para la fe católica y un holocausto de indignación y profanación del Cuerpo y Sangre de Cristo.
      Saludos cordiales.
      Nota Bene: El artículo es una ficción de un realidad-misterio, que la comunión en la mano a contribuido a desfigurar, cuanto no a olvidar.

      1. Muy agradecido por la excelente explicación que contribuye a aclarar más un tema que es objeto de confusión y polémica desde hace unas unas décadas.
        Saludos cordiales.

  3. Bueno, en definitiva, sobre el tema de cómo recibir la comunión, si en la boca o en la mano, de rodillas o de pie, bajo la forma de las dos especies (pan y vino) o de una sola, y de algunos otros aspectos implicados en este rito litúrgico, se puede apreciar que a lo largo de la historia la Iglesia Católica ha adoptado diferentes normas, atendiendo a diversos motivos, siendo todas ellas válidas en cada una de las épocas en las que estuvieron en vigencia. Actualmente, la Iglesia Católica permite las dos modalidades.
    Por poner una fecha de referencia histórica, se puede decir que desde el Concilio Vaticano II este tema se ha venido complicando, al igual que se podría decir que se ha venido complicando desde la II Guerra Mundial o desde la Revolución Francesa, pues en el CVII no se trató de esta cuestión específica.
    A no ser que se crean en posesión de la Verdad, la crítica que se observa algunas veces hacia el CVII -a mi entender, a veces desproporcionada e injusta, así como a la sucesión apostólica a partir de esa fecha (sedevacantismo, ordenaciones sacerdotales inválidas, etc.)-, debería ser muy prudente, en especial por parte de las personas que expresan sus opiniones en medios públicos, pues puede tener efectos en personas influenciables.

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