Hablemos del infierno

«Ninguno de los que tienen ante sus ojos el infierno caerá en él; y ninguno de los que lo desprecian escapará de él» (San Juan Crisóstomo)

«El hombre en una cierta medida está perdido, se han perdido también los predicadores, los catequistas, los edu­cadores, porque han

perdido el coraje de «amenazar con el infierno». (Juan Pablo II en Cruzando el umbral de la espe­ranza)

«Desde siempre el problema del infierno ha turbado a los grandes pensadores de la Iglesia. En verdad que los antiguos concilios rechazaron la teoría de la llamada apocatástasis final, según la cual el mundo sería regenerado después de la destrucción, y toda criatura se salvaría; una teoría que indi­rectamente abolía el infierno. Pero el problema permanece. ¿Puede Dios, que ha amado tanto al hombre, permitir que éste Lo rechace hasta el punto de querer ser condenado a perennes tormentos? Y, sin embargo, las palabras de Cristo son unívocas. En Mateo habla claramente de los que irán al suplicio eterno (cfr. 25, 46). ¿Quienes serán éstos? La Iglesia nunca se ha pronunciado al respecto. Es un misterio verdade­ramente inescrutable entre la santidad de Dios y la concien­cia del hombre.» (Juan Pablo II en Cruzando el Umbral de la esperanza).

Si tan clara es la advertencia divina ¿por qué este trágico pacto de silencio sobre el infierno? Los católicos no hablan del infierno por no aparecer como intolerantes, soberbios y nocaritativos, a la par que se ha extendido el criterio de que nuestra salvación es inevitable. Luego ¿para qué hablar del infierno, para qué convertirse?

Muchos admiran la vida de Cristo concebido como un hombre que llevó su ideal hasta la extenuación, hasta la muer­te. Este Cristo idealista es el que gusta al mundo. Pero este no es el Mesías, el Hijo de Dios que adoramos los católicos. Este Cristo idealista no obliga a asumir actitudes comprometidas. Por esto el quebrantamiento de los preceptos de Dios está a la vista: desnudeces en las playas y en las calles, divorcio, co­rrupciones económicas, prácticas abortivas, blasfemias, bru­jería en muchas partes, irreverencias, robos, terrorismo, dro­ga, pornografía autorizada, niños corrompidos, etc. No son las caídas por fragilidad sino por una profunda falta de fe. Precisamente por esto no se quiere cambiar de vida, no se piensa en convertirse.

Mencionar el infierno y obtener que las personas se mo­lesten es una misma cosa. Así, decir que el pecado conduce al infierno es faltar a la caridad y caer en soberbia; como si el aviso fuera deseo de que los hombres se condenen. A este despropósito ha conducido la falsa teología del camino ancho y cómodo de la salvación, de que todo hombre se salva. Se­gún esta teología, dado que todos estamos ya salvados, la razón para cumplir el mandato de Cristo de evangelizar, se halla en ampliar el círculo de personas que agradezcan a Dios el don de la salvación, porque ¡todos estamos ya salva­dos! Por tanto, no es preciso cambiar de vida o de religión. Sólo conviene, es bueno, que sean muchos los hombres que agradezcan a Dios el don de la salvación. Éste sería el fin de la evangelización.

Por el contrario la verdadera doctrina de la Iglesia es diá­fana: «los que mueren con pecado personal grave van inme­diatamente al infierno, sufriendo la carencia de la visión de Dios y los tormentos eternamente».

Ante el hombre que no quiere oír hablar de pecado, del demonio ni del infierno ¿qué hacer para que cambie de menta­lidad y se tome en serio lo que después de su muerte será ya irreversible?

Pues muy fácil. Hoy día en que el hombre sólo anhela vivir sin dolor y mo­rir sin dolor, es nuestra obligación, y vale la pena, hablarle del infierno como contra­punto necesario… para que cambie de vida, de mentalidad. Ciertamente que nuestra naturaleza está hecha para el gozo. Por esto será muy desgraciado el hombre que, por vivir ale­gre y confiado aquí, acabe en un infierno de dolor eterno. Y cada uno de nosotros, los católicos que no les hayamos hablado del in­fierno con ocasión y sin ella, a tiempo y a destiempo, podemos tener nuestra parte correspondiente de culpa.

Sigamos el ejemplo de los santos que no tenían miedo a hablar del infierno, pero temían caer en él. Nosotros lo mismo y, deseando o mejorpara los demás, hablémosles del infierno.


5 respuestas a «Hablemos del infierno»

  1. El demonio, el mal, satanás, lucifer o como quiera llamarse, astuto y muy listo, tiene su «bestia negra» a la que odia profundamente y a la que no puede y podrá vencer nunca jamás…
    Esa bestia del demonio es nuestra Santa Madre la Virgen María. Siempre que veo una imagen de nuestra amada Madre pisando con su pie descalzo la cabeza de la serpiente no puedo evitar esbozar una sonrisa en mi rostro. Ella está siempre al rescate de nosotros contra el mal. Nuestra Santa Madre la Virgen María como han manifestado muchos exorcistas, es el martillo que golpea la cabeza del demonio cada vez que rezamos el Ave María.

  2. Se menciona, en este artículo, dos veces a Wojtyla ¡menudo elemento!, justamente el mismo que esparcía veneno diciendo que el infierno existe pero que está vacío, también decía, que el infierno «NO es un lugar, sino la situación de quien se aparta de Dios» para confundir a todo mentecato que confiaba en este impostor y eso que “iba” de fervientísimo devoto de la Virgen María; la misma Virgen María que en Fátima nos alertó recordándonos que el infierno está lleno a rebosar de pobres pecadores y diablos.
    Vamos a tener, sin faltar mucho, un adelanto del infierno aquí en la Tierra y aún así la mayoría seguirá al Maligno.

    1. He caído también en la cuenta de que el heresiarca polaco aparece al lado de Doctores y Santos. La singularidad del susodicho hereje reposa sobre todo en su brutal deformación del Santo Rosario, al romper su armonía trinitaria añadiendo los blasfemos «misteriosos luminosos», de inspiración luciferina. Y ya no hablemos de la abominación de promocionar el culto de la divina misericordia, otro ataque frontal contra el Rosario. Para más información, léase el libro ROSARIO Y PAPADO, de Patricio Shaw.

      1. Para los que no se esteran o no quieren enterarse, el alma humana es inmortal y el cuerpo humano, exceptuando casos contados, es corrupto y se desintegra, “se vuelve polvo”, sin embargo el cuerpo humano, a la ORDEN de DIOS, RESUCITA; es decir, el cuerpo humano vuelve a recuperar su forma material de vida, volviéndose a fundir el alma en el cuerpo. TODOS vamos a RESUCITAR. Unos a la Vida Eterna y otros a la Muerte Eterna.

        Recordar:
        “Luego dijo a Tomás: Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente. Entonces Tomás respondió y le dijo: ¡Señor mío, y Dios mío! Jesús le dijo: Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron.”
        O, por ejemplo:
        “Mientras ellos aún hablaban de estas cosas, Jesús se puso en medio de ellos, y les dijo: Paz a vosotros.
        Entonces, espantados y atemorizados, pensaban que veían espíritu.
        Pero él les dijo: ¿Por qué estáis turbados, y vienen a vuestro corazón estos pensamientos?
        Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad, y ved; porque un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo.
        Y diciendo esto, les mostró las manos y los pies.
        Y como todavía ellos, de gozo, no lo creían, y estaban maravillados, les dijo: ¿Tenéis aquí algo de comer?
        Entonces le dieron parte de un pez asado, y un panal de miel.
        Y él lo tomó, y comió delante de ellos.”

        Los que se salven –en alma con su cuerpo glorioso- disfrutarán del Cielo eterno. El hombre (y mujer) ha sido creado a imagen y semejanza de DIOS.

        Sin embargo, aquellos que desafían, sin arrepentirse de sus pecados, se enfrentan, reniegan o son incrédulos a DIOS se auto condenan en el fuego eterno.

        “Allí será el lloro y el crujir de dientes”
        “Allí será el lloro y el crujir de dientes”
        “Allí será el lloro y el crujir de dientes”
        “Allí será el lloro y el crujir de dientes”
        “Allí será el lloro y el crujir de dientes”
        “Allí será el lloro y el crujir de dientes”
        “Allí será el lloro y el crujir de dientes”
        “Allí será el lloro y el crujir de dientes”
        “Allí será el lloro y el crujir de dientes”
        “Allí será el lloro y el crujir de dientes”
        “Allí será el lloro y el crujir de dientes”
        “Allí será el lloro y el crujir de dientes”
        “Allí será el lloro y el crujir de dientes”
        “Allí será el lloro y el crujir de dientes”
        “Allí será el lloro y el crujir de dientes”
        “Allí será el lloro y el crujir de dientes”
        La eternidad, el infinito.

        Es nuestro deber avisar hasta la extenuación, hasta el mayor de los insultos, el mayor de los castigos, hasta el último suspiro de nuestra vida a imitación de N. S. JESUCRISTO y perdonando a nuestros enemigos, avisar y prevenir a TODOS de los suplicios eternos que pueden sufrir aquellos apartados de DIOS y de sus Mandamientos.
        ¡Viva CRISTO Rey!

      2. Wojtyla, no solo deformó El Rosario, llegó incluso a DEFORMAR el PADRENUESTRO cambiando deudas por ofensas ¡cómo que JESUCRISTO se equivocó al enseñárnoslo! Este Padrenuestro novus ordo implicaría, entre otras cosas, que la Virgen María no podría rezarlo.

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