Hay que poner el «caso Galileo» en su justos términos

«A partir del siglo de la Ilustración y hasta nuestros días, el «caso Galileo» ha constituido una clase de mito, en el cual la imagen que se ha ido forjando de los acontecimientos está bastante alejada de la realidad. (…) es como el símbolo del presunto rechazo de la Iglesia al progreso científico, o bien del oscurantismo dogmático (…)» S. Juan Pablo II

Galileo

La tan famosa como polémica condena de la Iglesia a Galileo en su momento, viene siendo utilizada por los enemigos de la Iglesia desde entonces para ponerla a caer de un burro acusándola no sólo de oscurantismo, sino de enemiga de la Ciencia. Para ello, claro está, han prodigado los libros en los que siempre se aborda lo ocurrido desde las mismas posturas sectarias, torticeras, demagógicas y falsas, sacando las cosas de contexto; o sea, reescribiendo la Historia, en este caso la de lo ocurrido con Galileo, a gusto de dichos enemigos para socavar ante el vulgo, y no tan vulgo, su autoridad. Para no alargarnos, vamos a sintetizar y poner en sus justos términos el «caso Galileo» y verán ustedes cómo la Iglesia de entonces ni desbarraba tanto como se pretende, ni era tan mala como se quiere hacer creer. Para ello nada mejor que poner todo en su contexto histórico.

1.- En la época de Galileo (primer tercio del siglo XVII) la visión del cosmos unánimemente aceptada, avalada por la totalidad de la comunidad científica, seguía siendo el geocentrismo; por demás heredada de la antigua Grecia (principalmente Aristóteles y Ptolomeo), no sólo desde el punto de vista teológico, sino también filosófico. La metafísica dependía de la física y esta de los sentidos y la teología escolástica en auge era discípula de la filosofía aristotélica.

2.- La dependencia de la física de los sentidos, dado que los avances tecnológicos eran muy escasos aún, avalaba el geocentrismo por su racionalidad y por las pruebas de la observación; por contra, el heliocentrismo, que ya había esbozado Copérnico un siglo antes, bien que sólo como hipótesis nunca demostrada ni siquiera por él, se consideraba irracional por contradecir, precisamente, esa observación, o sea las pruebas.

3.- La Iglesia de entonces en todo lo que no fuera dogmático, aceptaba y defendía lo que la física del momento consideraba probado, o sea, el geocentrismo.

4.- Galileo, sobre la base de sus observaciones gracias a la construcción de los primeros telescopios dignos de tal nombre, afirmó que la hipótesis copernicana heliocentrista era verdad.

5 .- Al insistir en ello, y al ir en contra de lo que se consideraba como probado por la Ciencia, o sea, el geocentrismo, la Iglesia, dentro de sus competencias de entonces, le abrió proceso para intentar de buena fe discernir sobre lo que Galileo pretendía. Para ello, el proceso contó con personalidades eclesiásticas y expertos acreditados revistiendo el caso la máxima seriedad.

6 .- Lo que ocurrió fue que Galileo no logró convencerles porque las pruebas que aportó para avalar el heliocentrismo no fueron suficientes ni concluyentes. Así pues, Galileo no consiguió en 1633 aportar las pruebas que avalaran ante eclesiástico, pero tampoco ante científicos el heliocentrismo. Los expertos, pues, rechazaron su tesis. Lógico. Y es que no sería hasta 1758 (un siglo después) cuando las pruebas científicas iban a ser capaces de avalar el heliocentrismo. Entonces, la propia Iglesia no tuvo inconveniente, por mano de Benedicto XIV, de permitir la publicación de los trabajos de Galileo. Es decir, la misma Iglesia a la que en su día la Ciencia no aportó las pruebas del heliocentrismo y lo condenó, cuando la Ciencia sí fue capaz de ello no tuvo problema en aceptarlo. Lógico también.

7.- La condena de Galileo –que fue disciplinar, no dogmática–, no fue por defender lo que Copérnico ya había esbozado como hipótesis, sino porque Galileo pretendió, sin aportar fuerza probatoria suficiente, que el heliocentrismo se impusiera oficialmente al geocentrismo. El cardenal Belarmino le sugirió que presentara sus trabajos también como hipótesis, dada la falta de pruebas concluyentes, a lo que se negó. Su condena vino, pues, por ese matiz; Copérnico (1473 – 1543) no tuvo un siglo antes problema alguno con la Iglesia, como tampoco con la comunidad científica, como sí los tuvo Galileo con ambos.

8.- Peor aún. En vez de quedarse en el aspecto puramente científico, Galileo traspasó la raya roja del momento al hacer colisionar, repetimos que sin aportar pruebas de la validez del heliocentrismo, dicha visión del cosmos con la interpretación literal de la Biblia vigente en el momento la cual avalaba el geocentrismo.

9.- El momento elegido por Galileo fue, además y por circunstancias históricas no achacables a él, desde luego, de lo más inoportuno pues la Iglesia se encontraba sumida en los inicios de la revolución luterana ya en alza –guerra de los Treinta Años incluida–, que atacaba directamente a su autoridad no sólo en el plano mundano, sino también en el dogmático y espiritual, por lo que no podía permitirse aceptar novedades de ninguna clase que no estuvieran absolutamente probadas, y menos tan pretenciosas como era el caso de Galileo con su heliocentrismo.

Que la condena fue injusta, está claro, pero también que los jueces del momento juzgaron a la luz de las pruebas, también, y en absoluto, como se pretende, con inquina, oscurantismo, oposición a los progresos científicos, etc., sino, como hemos visto, todo lo contrario. En todo caso un error judicial más de los muchos que hay en la Historia y de los muchos que en cualquier caso se siguen y seguirán produciendo, porque sólo Dios conoce toda la verdad de lo que ocurre en el mundo.

Así pues, dejemos ya el «caso Galileo» o, mejor aún, pongámoslo en sus justos términos y defendamos a la Iglesia en este punto en el que tanto se la vilipendia sin razón alguna como hemos visto… ah, y de conflicto entre la Iglesia y la Ciencia nada de nada, que conste.


5 respuestas a «Hay que poner el «caso Galileo» en su justos términos»

  1. Conviene aclarar que el proceso a Galileo de ningún modo puede ser un ejemplo «académico» de intolerancia católica o española, como habitualmente ha sido y viene siendo presentado, y que este magnífico artículo aclara y desbarata la propaganda maliciosa.

    En el caso de Galileo, al igual que en el de Miguel Servet (descubridor de la circulación de la sangre y que fue quemado por los protestantes, dato este último que se suele ocultar para insistir en la intolerancia «católica»), se suelen silenciar datos fundamentales para valorar de dónde partía la intolerancia, y la intolerancia provenía, una vez más, de los enemigos de España y de la Fe Católica.
    Yo, a los datos que aporta el artículo, añadiría algún otro. El Papa que procesó a Galileo difícilmente puede presentarse como modelo de «Católico» o de «intolerancia española», baste recordar que en 1632 -año de inicio del proceso-, este Papa, -Urbano VIII- estaba en guerra con España (y Alemania), aliado con el Cardenal Richelieu que a su vez era el aliado de los protestantes en la guerra de los Treinta Años, porque Francia tiene el dudoso honor de haber sido:
    – aliada de los turcos cuando éstos amenazaban Europa tanto por el Danubio como por el Mediterráneo,
    – aliada de los protestantes en la Guerra de los Treinta Años,
    – aliada del Frente Popular (más que de la República porque republicanos hubo en los dos bandos) que perpetró el tremendo holocausto de la persecución religiosa en España durante la mal llamada guerra civil de 1936,
    – el dudoso honor de declararle junto con la Pérfida Albión la guerra a Alemania para salvar a Polonia, desencadenando con ello la 2ª Guerra mundial, para dejar luego a Polonia devastada y abandonada a su suerte detrás del Telón de acero,
    – el dudoso honor de ayudar a Marruecos de forma encubierta en la maquinación y desarrollo de la Marcha verde,
    – y en la actualidad el dudoso honor de estar armando hasta los dientes a Marruecos en perjuicio de España y apoyándolo en sus ambiciones expansionistas sobre las ciudades españolas.
    Es decir, Francia tiene una larga tradición de país con población cristiana (de las más activas del mundo en su defensa de la Fe) pero como país ateo salido de la Revolución Francesa, políticamente situado de costumbre del lado de los enemigos de la Religión y de la Europa Cristianas, aunque salvara su honor la Compañía «Juana de Arco» de voluntarios franceses que lucharon del lado de Franco, y la Brigada Carlemagne que combatió al bolchevismo en el Frente del Este, y los muchos franceses que a título individual están con España.

    Por tanto utilizar el caso de Galileo, como se viene utilizando, para hablar de intolerancia «Católica» y de paso de intolerancia «española», es de una tremenda hipocresía, porque este Papa ni defendió verdaderamente la Cristiandad ni fue aliado de España, sino de sus enemigos.

  2. Que pruebe cualquier renombrado científico de nuestros días a llevarle la contraria al resto de su comunidad académica…, y veríamos como lo «galileogalileaban» sin ninguna compasión. No sería la primera vez.

    1. Tenemos la prueba en este momento con los médicos por la verdad que cuestionan la verdad oficial de las vacunas, y todo lo demás y los Colegios Oficiales de médicos los están inhabilitando para ejercer su profesión.
      Está claro que los enemigos de Dios son los reyes de la mentira y como mentirosos e hipócritas no hay quien les gane

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