Hispanidad: ayer y hoy

ESCUCHAR NOTICIA: Nombre: palabra que designa o identifica seres animados o inanimados; sinónimos: denominación, designación (AQUÍ). No olvides que cuando se elige un nombre, se elige un destino. Leopoldo Marechal (1900-1970), poeta, novelista y ensayista argentino. Si el concepto de Cristiandad comprende y a la vez caracteriza a todos los pueblos cristianos, ¿por qué no ha de acuñarse otra palabra, como ésta de Hispanidad, que comprenda también y caracterice a la totalidad de los pueblos hispánicos? Ramiro de Maeztu (La Hispanidad, en Acción Española, nº 1, 15-XII-1931). Portugal y España son “la Madre Patria” de todas las naciones hispanohablantes (castellano-portugués), ya que en ellas se encuentra el origen de la lengua, credo, cultura, valores, tradiciones, vivencias, e incluso la sangre, de ellas. 1. La importancia de los nombres Los nombres sirven para identificar personas, físicas y jurídicas/morales, así como animales y cosas, incluyendo grupos socio/étnico/comunitarios, gentilicios, lugares (topónimos) y un largo etcétera. Su importancia, como la de cualquier palabra, reside fundamentalmente en su capacidad de singularizar y definir al ser en cuestión. En este sentido es obligado resaltar, desde el principio, que el significado de las palabras puede ser objeto de alteración interesada. No solo el comunista Antonio Gramsci (1891-1937), inventor del neolenguaje, se dio cuenta de la importancia de cambiar a través de las palabras el significado de una idea anterior a ellas asociadas, aunque conservando algo de su esencia; observando que si se logra cambiar “el discurso” es posible cambiar el poder político. Mucho antes de él, se conocía que el cambio de nombre, en personas o cosas, buscaba expresar una alteración de la naturaleza de la misma. Un claro ejemplo es que, para denominar el continente, triunfó la palabra América en lugar de Columba o Colombia en honor a su descubridor. Lo anterior es una introducción al trascendente e interesado embrollo de las denominaciones más usadas para referirse a las naciones surgidas del Imperio Español. Nombres que, por lo general, buscan eludir precisamente eso. Las mayoritariamente más utilizados, en orden decreciente a las preferencias políticamente “más correctas” y en boga, son América Latina o Latinoamérica, Iberoamérica e Hispanoamérica. Una prelación que, curiosamente, es inversa a la realidad social y geográfica de los grupos y zonas a que se refieren. Porque lo que tratan de definir es el conjunto de gentes y lugares más cohesionado del Mundo, y ello en base a su credo religioso, mestizaje, valores y tradiciones, historia, lengua y cultura; en resumen, que cuentan con un modo común de entender la vida. Y esa unidad y uniformidad nació de la herencia de la Monarquía Hispánica, mayoritariamente eludida, incluso por los actuales Estado Español y Curia Romana. Analicémoslo. 2. La importancia de la historia El Imperio Español (especialmente con Carlos V y Felipe II) ocupó grandes zonas geográficas en África, América, Oceanía y Europa. La incorporación de Portugal a la Monarquía Hispánica, la mal llamada “Unión Ibérica”, fue un largo periodo generalmente establecido entre los años 1580 y 1640. Pero incluso tras ese último año (Paz de Wesfalia), y con luchas diversas por medio, no se formalizó hasta después de la Batalla de Estremoz (1663) y el Tratado de Lisboa (1668). Duró, pues, casi un siglo. Aunque con participación francesa (sublevación de Cataluña, etc), la secesión fue fomentada formalmente por manos sajonas, muy influidas por la poderosa colonia hebrea en Londres. Por otra parte, los falsos judeoconversos que se habían trasladado desde 1492 a Portugal tuvieron, durante medio siglo, la oportunidad de moverse libremente por los territorios de la Monarquía Hispánica, incluidos los americanos, con las naturales consecuencias a futuro. Y hemos hablado de secesión porque, como escribió el famoso poeta Luiz Vaz de Camões (Luís de Camoens, 1524-1580), “Huma gente fortissima de Espanha (los portugueses) … (y) Falai de castelhanos e portugueses, porque espanhóis somos todos”. No fue un caso único. Entre otros, el dominico y gran humanista André de Resende (1498-1573) decía prácticamente lo mismo: “Hispani omnes sumus”. Almeida Garret (1799-1854), cronista oficial, escribió: “Espanhóis somos e de espanhóis nos devemos apreciar quantos habitamos a península hispánica”. Oliveira Martins (1845-1894), señaló: “quien pise Portugal y España observará ciertamente, o no tiene ojos, una afinidad innegable de aspecto y de carácter, un parentesco evidente entre los pueblos de los dos lados del Miño, del Guadiana, de la Raya Seca del Este. … La Historia común confunde, no separa … ¿No vivimos desde el 1641, bajo el protectorado de Inglaterra? ¿No hemos llegado a ser, positivamente, una factoría británica? …”. Y, por último, Ricardo de Almeida Jorge (1858-1939) escribió: “chamese Hispania à peninsula, hispano ao seu habitante ondequer que demore, hispanico ao que lhez diez respeito”. Todos ellos eran conscientes de que Nuestra Señora se apareció en Zaragoza, el año 40 y en cuerpo mortal, especialmente para todo el pueblo hispanorromano, que ya contaba con identidad propia. Pueblo que, amalgamado fundamentalmente con los Visigodos, constituyó con la católica Nación Hispana (Recaredo, 589). Y que, tras “La Pérdida de las Españas” en 711, conscientes de su unidad, Leoneses, Castellanos, Aragoneses, Portugueses y Navarros, que entre 1414 y 1418 habían asistido al Concilio de Constanza (Alemania) como parte de la “nación española”, en 1492 terminaron La Reconquista. Y, entonces, «… Isabel y Fernando (los Reyes Católicos), rehusan la titulación de “reyes de España” propuesta por el Consejo Real una vez reunida la mayor parte de la península, porque, sin Navarra y Portugal, estaba incompleta» (Fernando García de Cortázar: Breve Historia de España). “España se (re-)funda, culminando la Reconquista, en el mismo año en el que descubre América, de tal forma que ya no puede entenderse una sin la otra” (Ramiro de Maeztu: La Hispanidad). Posteriormente, durante los siglos XVIII, XIX y XX ambas naciones incluso siguieron suertes fundamentalmente similares, terminando, como dijo el citado Martins, siendo protectorados anglofranceses, y perdiendo sus provincias de ultramar a manos, o influencia, sajona (norteamericana). 3.- Latinoamérica, Iberoamérica. Una vez repasados los antecedentes históricos, centrémonos en las denominaciones que nos ocupan. Latinoamérica – América Latina es un nombre impulsado por Francia para designar el conjunto de naciones americanas donde imperan las lenguas derivadas del latín, o “lenguas romances”, dando así entrada al muy minoritario francés, salvo en Canadá, Haití y la Guayana Francesa. Además, no hay lugar para otros elementos de importancia determinante, como la historia, la cultura y las costumbres. Geográficamente engloba toda la América no sajona, donde el francés solo lo habla un 3 % de la población. A remarcar que no existe el término “Latinoafrica”, aunque allí también se hable más francés que portugués y español, y en ese continente esté la mayor parte de la “Francofonía” (Organisation internationale de la Francophonie –OIF-). El gentilicio latinoamericano tiene su primer antecedente en el término “latino” acuñado por el ingeniero, economista y político francés Michel Chevalier, en 1836, para distinguir a los de habla española y portuguesa en el continente americano frente a los anglosajones. El investigador argentino Mariano García Barace, escribió (en Posición Iberoamericana), que el concepto “Amérique Latine” fue acuñado por la masonería francesa, y fue adoptado por intelectuales y políticos hispanos como una forma de fortalecer su identidad, a espaldas de las Madres Patrias, y también frente a la anexionista Doctrina Moroe yanqui. Fue utilizado por primera vez en Francia en 1856-7, al parecer y no de forma “literal”, de la mano de los hispanos Francisco Bilbao, liberal progresista chileno (masón de las logias “Amiga de los Náufragos” y “Unión del Plata”), y José María Torres Caicedo, diplomático colombiano y periodista conservador. En 1861, L. M. Tisserand llamó “L’Amérique Latine” a lo que hasta entonces se conocía como Sudamérica o Indias Occidentales. Muy poco después Napoleón III, masón carbonario, impulsó el término para justificar un mayor protagonismo del Segundo Imperio Francés como potencia política y referente cultural en la región, lo cual quedó claro con la fallida entronización Maximiliano como Emperador de Méjico (no se ofendan los mejicanos, pero la grafía y ortografía en España es así). Gracias al impulso francés el término América Latina fue ampliamente aceptado desde 1870; por supuesto, fue bendecido por Inglaterra y Estados Unidos (Woodrow Wilson, 28º Presidente Usa, entre 1913-21, fue el primero en utilizarla oficialmente). Sólo a partir de 1947, tras la creación de la ONU, algunas personalidades hispanas empezaron referirse a su realidad continental con términos como “repúblicas latinoamericanas” o similares. Hoy en día, aterradoramente, ha sido adoptado incluso por la Real Academia de la Lengua Española y el Vaticano, una prueba más de la peligrosa deriva de los tiempos. Gracias a la influencia francesa, el término Latinoamérica fue ampliamente aceptado a partir de 1870; por supuesto, contó con el beneplácito de Inglaterra y Estados Unidos (Woodrow Wilson, el vigésimo octavo presidente de Estados Unidos, de 1913 a 1921, fue el primero en utilizarlo oficialmente). Solo después de 1947, tras la creación de la ONU, algunas figuras hispánicas comenzaron a referirse a su realidad continental con términos como «repúblicas latinoamericanas» o similares. Hoy, alarmantemente, incluso ha sido adoptado por la Real Academia Española y el Vaticano, una prueba más de la peligrosa deriva de la época. Por Iberoamérica se entiende la suma de los territorios americanos, y sus poblaciones, que fueron parte integrante de las naciones de la Península Ibérica, es decir, Portugal y España. El término se consolidó como una alternativa a Latinoamérica. Es un concepto también parcial e inexacto, aún en el caso de que se incluya en él a dichas naciones europeas, pues se olvida de otros poblaciones y territorios en África y Oceanía. Y es inexacto porque en la citada Península también se denomina Hispánica. Los antiguos griegos llamaron a esta región Iberia por el río Iber (Ebro), mientras que los romanos la llamaron Hispania. Como pueblo, los iberos apenas ocuparon el Levante español y parte de Andalucía, estando el actual Portugal y la mayor parte de España poblada por otros celtas y celtíberos. Por lo tanto, se olvida gran parte del componente social, además de las importantísimas aportaciones romana, fundamental, y visigoda. Y, sobre todo, el componente religioso católico aportado por romanos y visigodos (tras Recaredo). Es este tan importante que Theodore Roosevelt, el 26º presidente useño, dijo tras un viaje a Argentina en 1913: “mientras esos países permanezcan católicos seremos incapaces de dominarlos”. El nombre de Iberoamérica apareció, prácticamente, en 1885, de la mano de la importante revista Unión Ibero-Americana, y lo consagró en 1910 el uruguayo José Enrique Rodó con su artículo Ibero-América 1910 (y el libro El Mirador Próspero, 1913). Se ha utilizado esta denominación en el español Instituto de Cooperación Iberoamericana (1979-1989) [i], e incluso en la 1ª Cumbre Iberoamericana (Guadalajara, México, 1991) se fijó el 19 de julio como el día de Iberoamérica. Es, pues, un amañado “constructo” para eludir la palabra Hispania. Algo que se puede explicar con las palabras del chileno Jaime Eyzaguirre: “el término Indoamérica … (y) la otra denominación de Latinoamérica, aunque más inofensiva y menos falsa, … disfraza malamente el propósito de diluir el nombre español en una fórmula genérica de que dará cabida preponderante a otras naciones” (Hispanoamérica del dolor, Santiago de Chile, 1968). 4. Hispanoamérica, hispanidad. Por Hispanoamérica se conoce al conjunto de 19 naciones americanas que hablan mayoritariamente español/castellano, además de las lenguas indígenas (Diccionario panhispánico de dudas: “conjunto de países americanos de lengua española”). Su gentilicio es “hispanoamericano”, término que incluía, hasta las segregaciones, tanto a los españoles europeos allí residentes como a los españoles americanos (criollos), y que en la actualidad se circunscribe a los habitantes de las antedichas naciones americanas; en ocasiones se acorta al término “hispanos”. En conjunto son más de 427 millones (Wikipedia), con un muy alto grado de mestizaje, y su religión es mayoritariamente católica. Su extensión es de casi 11’5 millones de km2 (incluido Puerto Rico y excluido otro millón de la Antártida entre Chile y Argentina), lo que supone el segundo puesto mundial. Con Brasil (8’5 millones km2 y 220 millones de habitantes) sería la mayor extensión mundial. El término Hispanoamérica ya se utilizaba a mediados del s. XIX: por Dionisio Alcalá Galiano en 1846, Antonio Cánovas del Castillo en 1853, y en la Revista Española de Ambos Mundos desde ese mismo año también fue muy empleado. Una sola cita sobre Hispanoamérica de la mano de la chilena Lucila de María Godoy Alcayaga (Gabriela Mistral, “la india vasca”, Premio Nóbel de Literatura): “dirijamos toda la actividad como una flecha hacia este futuro ineludible: La América Española una, unificada por dos cosas estupendas: la lengua que le dio Dios y el dolor que da el Norte” (Recados para América: El Grito). Bandera de la HISPANIDAD inspirada en DiegoDeLaGuardia La Hispanidad es un concepto más amplio, bello y profundo que los anteriores. Miguel de Unamuno y Jugo escribió en 1927: “Digo Hispanidad y no Españolidad para atenerme al viejo concepto histórico-geográfico de Hispania, que abarca a toda la península ibérica. … Digo Hispanidad y no Españolidad para incluir a todos los linajes, a todas las razas espirituales, a las que ha hecho el alma terrena y a la vez celeste de Hispania, de Hesperia, de la península del Sol Poniente. … Y quiero decir con Hispanidad una categoría histórica, por lo tanto espiritual, que ha hecho, en unidad, el alma de un territorio, con sus contrastes y contradicciones interiores. Porque no hay unidad viva si no encierra contraposiciones íntimas, luchas intestinas … La hispanidad ansiosa de justicia absoluta, se vertió allende el océano, en busca de su destino, buscándose a sí misma, y dio con otra alma de tierra, con otro cuerpo que era alma, con la americanidad. Que busca también su propio destino”. Comenzaré en esta ocasión por el origen del término, apuntando que tal palabra, con un sentido de “forma de lenguaje”, ya se encontraba en antiguos diccionarios (Tratado de ortografía y acentos del bachiller Alexo Venegas de Busto, de 1531, y el Diccionario de la Real Academia Española, de 1817). También en 1901 el obispo Martínez Vigil usó ese vocablo en Covadonga. Pero, en el sentido que nos ocupa, el primero fue precisamente el portugués Antonio Sardhinha [i] (1888-1925), “aunque la idea de una comunidad hispánica de cultura se halla ya en autores como Rubén Darío, Santos Chocano o Menéndez Pidal” [ii]. Los siguientes en su utilización fueron Zacarías de Vizcarra, en 1926; el ya mencionado Miguel de Unamuno en 1927, y Ramiro de Maeztu en 1931; significativamente, los tres eran vascos. Tres gigantes vascos: Vizcarra (1880-1963), Unamuno (1864-1936) y Maeztu (1874-1936). Zacarías de Vizcarra y Arana fue un sacerdote regular, luego obispo, hijo de carlistas y vascoparlante. Se le considera el padre de la Hispanidad pues desarrolló la idea durante su ministerio en Argentina, entre los años1912-37, en los campos educativo y cultural. Allí se fraguó su amistad con Maeztu (Ministro Plenipotenciario -Embajador- entre 1928-30). El 17 de marzo de 1926 escribió que “consideraba el vocablo Hispanidad en una doble acepción: – geográfica, como conjunto de todos los pueblos hispánicos, Portugal y España – histórica y ética, al conjunto de las cualidades a dichos pueblos, producto del catolicismo, de cuya acción evangelizadora surgió una comunidad de veinte naciones americanas configuradas en un mismo sentido social, político y religioso”. Ramiro de Maeztu y Whitney era de padre cubano, hijo de navarro, y madre francesa, estuvo casado con una inglesa, y vivió en Francia, Cuba, Estados Unidos, Argentina e Inglaterra (15 años). Rechazó cualquier idea imperialista de la Hispanidad. Para él el Imperio Español fue una Monarquía Católica “misionera”, y escribió no tener el menor interés en que empleados de Madrid volvieran a “recaudar tributos en América”; el “12 de Octubre, mal titulado el Día de la Raza, deberá ser en lo sucesivo el Día de la Hispanidad”. Pero no sea todo, o casi todo, la visión desde Europa (España y Portugal). El gran filósofo Alberto Buela Lamas (Buenos Aires, 1946), en su La Hispanidad vista desde América (1991) dice: « … Nuestra meditación surge como una necesidad de afirmación de la “americanidad en la hispanidad”. De los autores que hemos recorrido en nuestra búsqueda del tratamiento del tema hay dos que se destacan. Uno, por su enjundia filosófica, don Manuel García Morente, en su obra “Idea de la Hispanidad”, y otro, por su proyección política, don Ramiro de Maeztu, en “Defensa de la Hispanidad” … la hispanidad caracteriza a la totalidad de los pueblos hispánicos, que vienen a ser “todos aquellos que deben la civilización o el ser a los pueblos hispánicos de la Península” (Maeztu) … La hispanidad no es cuestión de razas pues “está compuesta de hombres de raza blanca, negra, india y malaya … sino que se apoya en dos pilares: la religión católica y el régimen de la monarquía española” (Maeztu) … La hispanidad “consustancial a la religión cristiana” (García Morente) … (aunque) la catolicidad no constituye la diferencia específica de lo hispano, ni es exclusivo rasgo del español … América tenía el status de reino y no de colonia, pero en la práctica hizo las veces de colonia … Y cuando nos declaramos independientes lo hicimos bajo el régimen republicano, democrático y liberal, por obra de la masonería inglesa, que era, a la sazón, la que manejaba el régimen de la monarquía española de la época … la hispanidad no nace con, ni se limita a América, ni es patrimonio exclusivo de España … Es bueno reiterar que el carácter de hispánicos compete tanto a españoles como a portugueses … ¿Qué es la hispanidad? Antes que nada observamos que el nombre indica la cualidad de lo hispánico, el «Ser de lo hispano» … De la hispanidad, vista desde España y Portugal … no queda nada … De América, un amasijo de veintitantas republiquetas en loca carrera por imitar un modelo que nada tiene de hispánico. Y en cuanto a ellas mismas, España y Portugal, la triste figura de naciones sin rumbo, queriendo ingresar a la Europa anti-hispánica a fuerza de renunciar a su propio ser íntimo … Nosotros debemos hacer hispanidad si queremos ser y permanecer en el ser. Sabemos que las viejas metrópolis están vencidas … El rescate de la hispanidad, en nosotros, en definitiva, tiene el sentido de un volvernos en contra del mundo moderno, de una afirmación de nuestra identidad cultural, de saber que somos una cultura de alternativa a la homogeneización del mundo, propuesta por los centros mundiales de poder. No tenemos otra posibilidad de “ser nosotros mismos”, de existir genuinamente, que afirmarnos en lo que somos … La alternativa es de acero, o somos lo que nuestro ser reclama que seamos, o dejamos de ser para siempre». 5.- Potencial de la Hispanidad en la actualidad Dimensiones y población. Ya se ha mencionado que solo Hispanoamérica es la segunda mayor extensión mundial. Si a ella se añade, sin contar otras naciones de África y Oceanía, Brasil en América y, en Europa, Portugal y España, se alcanzan más de 20 millones de km² y 700 millones de habitantes. La Religión. Hoy en día cerca de dos terceras partes de los católicos rezan en castellano (¿500 millones?), y si a ellos sumamos los que lo hacen en ese hermano del castellano-español que es el portugués (dicho sea sin ánimo de menosprecio a la nación hermana desgajada por mano sajona), la superioridad es abrumadora. Las mayores naciones católicas del Mundo son Brasil, Méjico y Filipinas, esta última la principal en Oriente. Parece que, además, la Curia Vaticana y los cardenales electores son conscientes de ello, y de ahí el anterior y el actual “Obispo de Roma”, ambos de sangre y apariencia hispana. El idioma. «En general, en España, Europa y los Estados Unidos se habla de lengua “española” y en Hispanoamérica de lengua “castellana”» (Alberto Buela). Más de 600 millones de personas hablan en español (Instituto Cervantes). En esa cifra están incluidos, entre otros, 20 millones en Brasil, 45 millones en Estados Unidos, 10 millones en Filipinas, más de otro millón en Guinea Ecuatorial, RASD-Sáhara Occidental, Israel y Europa Oriental, etc. Como también dice A. Buela (Sentido metapolítico del castellano o español, 2017), y ese es un dato a tener muy presente, “el castellano/español es la primera de las lenguas habladas en el Mundo, … pues el inglés no llega a 400 millones y el chino no es un idioma sino 129 a la vez, … cuyas diferencias entre sí son mayores de las que existen entre el castellano y el portugués”. Si a los 600 millones que hablan español se le suman los 265 que lo hacen en portugués (Portugal, Brasil, Angola,  Mozambique, etc), de gran “proximidad lingüística (al castellano) se constituye una masa crítica de 865 millones de personas que pueden comunicarse entre sí sin mayor esfuerzo y, lo que es más importante, con estructuras mentales similares (A. Buela, con cifras actualizada). Recursos de todo tipo a nivel mundial. Además de los numerosos enclaves geoestratégicos de las naciones hispánicas (Península Ibérica y Archipiélagos anexos, Islas del Caribe y Canal de Panamá, Estrecho de Magallanes y Malvinas, Filipinas y Marianas, etc), y refiriéndonos solo a América del Sur, según la Unión Suramericana de Naciones (UNASUR), cuenta con el 20 % de las reservas de petróleo (las mayores después de Oriente Próximo, en Venezuela, Brasil y Argentina) y el 3’45 % de gas natural (con focos en la frontera Bolivia-Argentina y Paraguay, y en Tierra de Fuego); el 95 % de niobio, el 93 % de litio tan necesario para la tecnología actual (el 60 % está en el triángulo Argentina-Bolivia-Chile; también en Brasil), el 54 % de renio, el 39 % de plata (Perú, Chile, Bolivia, Argentina), el 39 % de cobre (Chile, Perú, Brasil), el 29 % de estaño, el 19 % de hierro (Brasil, Perú, Chile); 17 % de oro (Perú, Brasil, Argentina)y el 15 % de bauxita. En concreto, Chile es el primer productor de cobre y litio; Brasil es el tercero de hierro, y Perú es de los primeros productores de plata, cobre, oro y plomo; Bolivia el cuarto de estaño de mina, el sexto de plata y posee la mayor reserva mundial de litio. Brasil tiene 22 millones de toneladas de minerales estratégicos (Tierras Raras – REE), aproximadamente un 18% de las reservas totales actuales. Laura Jane Richardson ​(Strickland de soltera, que también en eso nos diferenciamos), quien alcanzó el empleo general de cuatro estrellas y la jefatura del Comando Sur de Estados Unidos (fundamentalmente Sudamérica), ha afirmado sin duda interesadamente, en ocasiones anteriores y recientemente, que esta parte de América “alimenta y abastece al Mundo, pero no recibe los beneficios”. Y, además de referirse a los recursos minerales que hemos citado más arriba, en especial al “crudo ligero” (petróleo), que «“tenemos” los pulmones del mundo, el Amazonas; también el 31 % del agua dulce del orbe en esta región, quiero decir que tenemos mucho que hacer, esta región importa, tiene que ver mucho con “nuestra seguridad nacional” y tenemos que intensificar nuestro juego». Unos últimos datos: América del Sur cuenta con extensas áreas de tierras productivas, siendo Argentina y Brasil de los mayores productores y exportadores mundiales de soja del mundo, y Colombia lo es de café. Así mismo, con grandes recursos marinos (merluza, jurel, atún, sardina, bacalao, etc). También esta gran región contiene aproximadamente el 40 % de la biodiversidad del planeta (La Amazonía es el mayor bosque tropical), así como el 22 % de los bosques y el 28 % del agua dulce. 6. En nuestros días En un Mundo donde la Plutocracia, asentada principalmente en los estados sajones, tiraniza a las naciones desde su posición dominante en la ONU, la OTAN y la UE, en justa reacción ante ello, y a las aberrantes propuestas que acompañan a sus imposiciones (Agenda 2030, atropello del derecho internacional, etc), está surgiendo una reacción multipolar de supervivencia. Pero, ante el número y poder de los medios que se emplean contra la mayoría de las naciones independientes y soberanas, es obligada concentración de esfuerzos y el olvido de las pequeñas diferencias que puedan existir. La Hispanidad, por lo tanto, es un derecho y una obligación ineludible si queremos que sobreviva nuestra libertad, nuestra filosofía vital, nuestra lengua y religión, e incluso nuestra propia sangre (ahogada por políticas antinatalistas e invasiones de teledirigidos “migrantes kalergianos”). En pocas palabras, lo nuestro y los nuestros. Esa obligada unión de supervivencia, el “o somos lo que nuestro ser reclama que seamos, o dejamos de ser para siempre” que dijo Buela, es la Hispanidad. Un agrupamiento entre hermanos que, además, aportará al Mundo, además de sus recursos materiales mejor explotados, una “filosofía” existencial muchísimo menos aberrante que la que nos están imponiendo a plazo fijo. Una unión que, sin duda, hay que hacer contra los herederos de los que la rompieron a lo largo de siglos y que, ahora, cuentan con un poder aparentemente imponente. Por eso, lo normal es que sea largo el camino a recorrer, pero, también por ello, el que deba empezar a recorrerse ya mismo. Los fortísimos lazos espirituales y culturales que nos unen harán fácil superar las acechanzas de los que nos ataquen, eso sí, con las ayudas de los que se oponen a la tiranía mundialista. Referencias [i] José Mª García de Tuñón Aza sobre el “hispanismo”: Historia y significado de la palabra. En varios sitios web. [ii] José Javier Esparza: Hispanidad y globalización. Revista Hespérides, vol. III, n.º 18. Invierno 1998-99, pág. 1058. [iii] Esta institución experimentó la siguiente evolución, al ritmo de los cambios, a peor, en la política española. 1942: Consejo del Hispanismo. 1946: Instituto Cultural Iberoamericano. 1947-1977: Instituto de Cultura Hispánica (ICH). 1977-1979: Centro de Cooperación Iberoamericana. 1979-1988: Instituto de Cooperación Iberoamericana (ICI). 1989: Pasó a formar parte de la Agencia Española de Cooperación Internacional (AECI). 2007: Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID).   Pulse para escuchar el texto Nombre: palabra que designa o identifica seres animados o inanimados; sinónimos: denominación, designación (AQUÍ). No olvides que cuando se elige un nombre, se elige un destino. Leopoldo Marechal (1900-1970), poeta, novelista y ensayista argentino. Si el concepto de Cristiandad comprende y a la vez caracteriza a todos los pueblos cristianos, ¿por qué no ha de acuñarse otra palabra, como ésta de Hispanidad, que comprenda también y caracterice a la totalidad de los pueblos hispánicos? Ramiro de Maeztu (La Hispanidad, en Acción Española, nº 1, 15-XII-1931). Portugal y España son “la Madre Patria” de todas las naciones hispanohablantes (castellano-portugués), ya que en ellas se encuentra el origen de la lengua, credo, cultura, valores, tradiciones, vivencias, e incluso la sangre, de ellas. 1. La importancia de los nombres Los nombres sirven para identificar personas, físicas y jurídicas/morales, así como animales y cosas, incluyendo grupos socio/étnico/comunitarios, gentilicios, lugares (topónimos) y un largo etcétera. Su importancia, como la de cualquier palabra, reside fundamentalmente en su capacidad de singularizar y definir al ser en cuestión. En este sentido es obligado resaltar, desde el principio, que el significado de las palabras puede ser objeto de alteración interesada. No solo el comunista Antonio Gramsci (1891-1937), inventor del neolenguaje, se dio cuenta de la importancia de cambiar a través de las palabras el significado de una idea anterior a ellas asociadas, aunque conservando algo de su esencia; observando que si se logra cambiar “el discurso” es posible cambiar el poder político. Mucho antes de él, se conocía que el cambio de nombre, en personas o cosas, buscaba expresar una alteración de la naturaleza de la misma. Un claro ejemplo es que, para denominar el continente, triunfó la palabra América en lugar de Columba o Colombia en honor a su descubridor. Lo anterior es una introducción al trascendente e interesado embrollo de las denominaciones más usadas para referirse a las naciones surgidas del Imperio Español. Nombres que, por lo general, buscan eludir precisamente eso. Las mayoritariamente más utilizados, en orden decreciente a las preferencias políticamente “más correctas” y en boga, son América Latina o Latinoamérica, Iberoamérica e Hispanoamérica. Una prelación que, curiosamente, es inversa a la realidad social y geográfica de los grupos y zonas a que se refieren. Porque lo que tratan de definir es el conjunto de gentes y lugares más cohesionado del Mundo, y ello en base a su credo religioso, mestizaje, valores y tradiciones, historia, lengua y cultura; en resumen, que cuentan con un modo común de entender la vida. Y esa unidad y uniformidad nació de la herencia de la Monarquía Hispánica, mayoritariamente eludida, incluso por los actuales Estado Español y Curia Romana. Analicémoslo. 2. La importancia de la historia El Imperio Español (especialmente con Carlos V y Felipe II) ocupó grandes zonas geográficas en África, América, Oceanía y Europa. La incorporación de Portugal a la Monarquía Hispánica, la mal llamada “Unión Ibérica”, fue un largo periodo generalmente establecido entre los años 1580 y 1640. Pero incluso tras ese último año (Paz de Wesfalia), y con luchas diversas por medio, no se formalizó hasta después de la Batalla de Estremoz (1663) y el Tratado de Lisboa (1668). Duró, pues, casi un siglo. Aunque con participación francesa (sublevación de Cataluña, etc), la secesión fue fomentada formalmente por manos sajonas, muy influidas por la poderosa colonia hebrea en Londres. Por otra parte, los falsos judeoconversos que se habían trasladado desde 1492 a Portugal tuvieron, durante medio siglo, la oportunidad de moverse libremente por los territorios de la Monarquía Hispánica, incluidos los americanos, con las naturales consecuencias a futuro. Y hemos hablado de secesión porque, como escribió el famoso poeta Luiz Vaz de Camões (Luís de Camoens, 1524-1580), “Huma gente fortissima de Espanha (los portugueses) … (y) Falai de castelhanos e portugueses, porque espanhóis somos todos”. No fue un caso único. Entre otros, el dominico y gran humanista André de Resende (1498-1573) decía prácticamente lo mismo: “Hispani omnes sumus”. Almeida Garret (1799-1854), cronista oficial, escribió: “Espanhóis somos e de espanhóis nos devemos apreciar quantos habitamos a península hispánica”. Oliveira Martins (1845-1894), señaló: “quien pise Portugal y España observará ciertamente, o no tiene ojos, una afinidad innegable de aspecto y de carácter, un parentesco evidente entre los pueblos de los dos lados del Miño, del Guadiana, de la Raya Seca del Este. … La Historia común confunde, no separa … ¿No vivimos desde el 1641, bajo el protectorado de Inglaterra? ¿No hemos llegado a ser, positivamente, una factoría británica? …”. Y, por último, Ricardo de Almeida Jorge (1858-1939) escribió: “chamese Hispania à peninsula, hispano ao seu habitante ondequer que demore, hispanico ao que lhez diez respeito”. Todos ellos eran conscientes de que Nuestra Señora se apareció en Zaragoza, el año 40 y en cuerpo mortal, especialmente para todo el pueblo hispanorromano, que ya contaba con identidad propia. Pueblo que, amalgamado fundamentalmente con los Visigodos, constituyó con la católica Nación Hispana (Recaredo, 589). Y que, tras “La Pérdida de las Españas” en 711, conscientes de su unidad, Leoneses, Castellanos, Aragoneses, Portugueses y Navarros, que entre 1414 y 1418 habían asistido al Concilio de Constanza (Alemania) como parte de la “nación española”, en 1492 terminaron La Reconquista. Y, entonces, «… Isabel y Fernando (los Reyes Católicos), rehusan la titulación de “reyes de España” propuesta por el Consejo Real una vez reunida la mayor parte de la península, porque, sin Navarra y Portugal, estaba incompleta» (Fernando García de Cortázar: Breve Historia de España). “España se (re-)funda, culminando la Reconquista, en el mismo año en el que descubre América, de tal forma que ya no puede entenderse una sin la otra” (Ramiro de Maeztu: La Hispanidad). Posteriormente, durante los siglos XVIII, XIX y XX ambas naciones incluso siguieron suertes fundamentalmente similares, terminando, como dijo el citado Martins, siendo protectorados anglofranceses, y perdiendo sus provincias de ultramar a manos, o influencia, sajona (norteamericana). 3.- Latinoamérica, Iberoamérica. Una vez repasados los antecedentes históricos, centrémonos en las denominaciones que nos ocupan. Latinoamérica – América Latina es un nombre impulsado por Francia para designar el conjunto de naciones americanas donde imperan las lenguas derivadas del latín, o “lenguas romances”, dando así entrada al muy minoritario francés, salvo en Canadá, Haití y la Guayana Francesa. Además, no hay lugar para otros elementos de importancia determinante, como la historia, la cultura y las costumbres. Geográficamente engloba toda la América no sajona, donde el francés solo lo habla un 3 % de la población. A remarcar que no existe el término “Latinoafrica”, aunque allí también se hable más francés que portugués y español, y en ese continente esté la mayor parte de la “Francofonía” (Organisation internationale de la Francophonie –OIF-). El gentilicio latinoamericano tiene su primer antecedente en el término “latino” acuñado por el ingeniero, economista y político francés Michel Chevalier, en 1836, para distinguir a los de habla española y portuguesa en el continente americano frente a los anglosajones. El investigador argentino Mariano García Barace, escribió (en Posición Iberoamericana), que el concepto “Amérique Latine” fue acuñado por la masonería francesa, y fue adoptado por intelectuales y políticos hispanos como una forma de fortalecer su identidad, a espaldas de las Madres Patrias, y también frente a la anexionista Doctrina Moroe yanqui. Fue utilizado por primera vez en Francia en 1856-7, al parecer y no de forma “literal”, de la mano de los hispanos Francisco Bilbao, liberal progresista chileno (masón de las logias “Amiga de los Náufragos” y “Unión del Plata”), y José María Torres Caicedo, diplomático colombiano y periodista conservador. En 1861, L. M. Tisserand llamó “L’Amérique Latine” a lo que hasta entonces se conocía como Sudamérica o Indias Occidentales. Muy poco después Napoleón III, masón carbonario, impulsó el término para justificar un mayor protagonismo del Segundo Imperio Francés como potencia política y referente cultural en la región, lo cual quedó claro con la fallida entronización Maximiliano como Emperador de Méjico (no se ofendan los mejicanos, pero la grafía y ortografía en España es así). Gracias al impulso francés el término América Latina fue ampliamente aceptado desde 1870; por supuesto, fue bendecido por Inglaterra y Estados Unidos (Woodrow Wilson, 28º Presidente Usa, entre 1913-21, fue el primero en utilizarla oficialmente). Sólo a partir de 1947, tras la creación de la ONU, algunas personalidades hispanas empezaron referirse a su realidad continental con términos como “repúblicas latinoamericanas” o similares. Hoy en día, aterradoramente, ha sido adoptado incluso por la Real Academia de la Lengua Española y el Vaticano, una prueba más de la peligrosa deriva de los tiempos. Gracias a la influencia francesa, el término Latinoamérica fue ampliamente aceptado a partir de 1870; por supuesto, contó con el beneplácito de Inglaterra y Estados Unidos (Woodrow Wilson, el vigésimo octavo presidente de Estados Unidos, de 1913 a 1921, fue el primero en utilizarlo oficialmente). Solo después de 1947, tras la creación de la ONU, algunas figuras hispánicas comenzaron a referirse a su realidad continental con términos como «repúblicas latinoamericanas» o similares. Hoy, alarmantemente, incluso ha sido adoptado por la Real Academia Española y el Vaticano, una prueba más de la peligrosa deriva de la época. Por Iberoamérica se entiende la suma de los territorios americanos, y sus poblaciones, que fueron parte integrante de las naciones de la Península Ibérica, es decir, Portugal y España. El término se consolidó como una alternativa a Latinoamérica. Es un concepto también parcial e inexacto, aún en el caso de que se incluya en él a dichas naciones europeas, pues se olvida de otros poblaciones y territorios en África y Oceanía. Y es inexacto porque en la citada Península también se denomina Hispánica. Los antiguos griegos llamaron a esta región Iberia por el río Iber (Ebro), mientras que los romanos la llamaron Hispania. Como pueblo, los iberos apenas ocuparon el Levante español y parte de Andalucía, estando el actual Portugal y la mayor parte de España poblada por otros celtas y celtíberos. Por lo tanto, se olvida gran parte del componente social, además de las importantísimas aportaciones romana, fundamental, y visigoda. Y, sobre todo, el componente religioso católico aportado por romanos y visigodos (tras Recaredo). Es este tan importante que Theodore Roosevelt, el 26º presidente useño, dijo tras un viaje a Argentina en 1913: “mientras esos países permanezcan católicos seremos incapaces de dominarlos”. El nombre de Iberoamérica apareció, prácticamente, en 1885, de la mano de la importante revista Unión Ibero-Americana, y lo consagró en 1910 el uruguayo José Enrique Rodó con su artículo Ibero-América 1910 (y el libro El Mirador Próspero, 1913). Se ha utilizado esta denominación en el español Instituto de Cooperación Iberoamericana (1979-1989) [i], e incluso en la 1ª Cumbre Iberoamericana (Guadalajara, México, 1991) se fijó el 19 de julio como el día de Iberoamérica. Es, pues, un amañado “constructo” para eludir la palabra Hispania. Algo que se puede explicar con las palabras del chileno Jaime Eyzaguirre: “el término Indoamérica … (y) la otra denominación de Latinoamérica, aunque más inofensiva y menos falsa, … disfraza malamente el propósito de diluir el nombre español en una fórmula genérica de que dará cabida preponderante a otras naciones” (Hispanoamérica del dolor, Santiago de Chile, 1968). 4. Hispanoamérica, hispanidad. Por Hispanoamérica se conoce al conjunto de 19 naciones americanas que hablan mayoritariamente español/castellano, además de las lenguas indígenas (Diccionario panhispánico de dudas: “conjunto de países americanos de lengua española”). Su gentilicio es “hispanoamericano”, término que incluía, hasta las segregaciones, tanto a los españoles europeos allí residentes como a los españoles americanos (criollos), y que en la actualidad se circunscribe a los habitantes de las antedichas naciones americanas; en ocasiones se acorta al término “hispanos”. En conjunto son más de 427 millones (Wikipedia), con un muy alto grado de mestizaje, y su religión es mayoritariamente católica. Su extensión es de casi 11’5 millones de km2 (incluido Puerto Rico y excluido otro millón de la Antártida entre Chile y Argentina), lo que supone el segundo puesto mundial. Con Brasil (8’5 millones km2 y 220 millones de habitantes) sería la mayor extensión mundial. El término Hispanoamérica ya se utilizaba a mediados del s. XIX: por Dionisio Alcalá Galiano en 1846, Antonio Cánovas del Castillo en 1853, y en la Revista Española de Ambos Mundos desde ese mismo año también fue muy empleado. Una sola cita sobre Hispanoamérica de la mano de la chilena Lucila de María Godoy Alcayaga (Gabriela Mistral, “la india vasca”, Premio Nóbel de Literatura): “dirijamos toda la actividad como una flecha hacia este futuro ineludible: La América Española una, unificada por dos cosas estupendas: la lengua que le dio Dios y el dolor que da el Norte” (Recados para América: El Grito). Bandera de la HISPANIDAD inspirada en DiegoDeLaGuardia La Hispanidad es un concepto más amplio, bello y profundo que los anteriores. Miguel de Unamuno y Jugo escribió en 1927: “Digo Hispanidad y no Españolidad para atenerme al viejo concepto histórico-geográfico de Hispania, que abarca a toda la península ibérica. … Digo Hispanidad y no Españolidad para incluir a todos los linajes, a todas las razas espirituales, a las que ha hecho el alma terrena y a la vez celeste de Hispania, de Hesperia, de la península del Sol Poniente. … Y quiero decir con Hispanidad una categoría histórica, por lo tanto espiritual, que ha hecho, en unidad, el alma de un territorio, con sus contrastes y contradicciones interiores. Porque no hay unidad viva si no encierra contraposiciones íntimas, luchas intestinas … La hispanidad ansiosa de justicia absoluta, se vertió allende el océano, en busca de su destino, buscándose a sí misma, y dio con otra alma de tierra, con otro cuerpo que era alma, con la americanidad. Que busca también su propio destino”. Comenzaré en esta ocasión por el origen del término, apuntando que tal palabra, con un sentido de “forma de lenguaje”, ya se encontraba en antiguos diccionarios (Tratado de ortografía y acentos del bachiller Alexo Venegas de Busto, de 1531, y el Diccionario de la Real Academia Española, de 1817). También en 1901 el obispo Martínez Vigil usó ese vocablo en Covadonga. Pero, en el sentido que nos ocupa, el primero fue precisamente el portugués Antonio Sardhinha [i] (1888-1925), “aunque la idea de una comunidad hispánica de cultura se halla ya en autores como Rubén Darío, Santos Chocano o Menéndez Pidal” [ii]. Los siguientes en su utilización fueron Zacarías de Vizcarra, en 1926; el ya mencionado Miguel de Unamuno en 1927, y Ramiro de Maeztu en 1931; significativamente, los tres eran vascos. Tres gigantes vascos: Vizcarra (1880-1963), Unamuno (1864-1936) y Maeztu (1874-1936). Zacarías de Vizcarra y Arana fue un sacerdote regular, luego obispo, hijo de carlistas y vascoparlante. Se le considera el padre de la Hispanidad pues desarrolló la idea durante su ministerio en Argentina, entre los años1912-37, en los campos educativo y cultural. Allí se fraguó su amistad con Maeztu (Ministro Plenipotenciario -Embajador- entre 1928-30). El 17 de marzo de 1926 escribió que “consideraba el vocablo Hispanidad en una doble acepción: – geográfica, como conjunto de todos los pueblos hispánicos, Portugal y España – histórica y ética, al conjunto de las cualidades a dichos pueblos, producto del catolicismo, de cuya acción evangelizadora surgió una comunidad de veinte naciones americanas configuradas en un mismo sentido social, político y religioso”. Ramiro de Maeztu y Whitney era de padre cubano, hijo de navarro, y madre francesa, estuvo casado con una inglesa, y vivió en Francia, Cuba, Estados Unidos, Argentina e Inglaterra (15 años). Rechazó cualquier idea imperialista de la Hispanidad. Para él el Imperio Español fue una Monarquía Católica “misionera”, y escribió no tener el menor interés en que empleados de Madrid volvieran a “recaudar tributos en América”; el “12 de Octubre, mal titulado el Día de la Raza, deberá ser en lo sucesivo el Día de la Hispanidad”. Pero no sea todo, o casi todo, la visión desde Europa (España y Portugal). El gran filósofo Alberto Buela Lamas (Buenos Aires, 1946), en su La Hispanidad vista desde América (1991) dice: « … Nuestra meditación surge como una necesidad de afirmación de la “americanidad en la hispanidad”. De los autores que hemos recorrido en nuestra búsqueda del tratamiento del tema hay dos que se destacan. Uno, por su enjundia filosófica, don Manuel García Morente, en su obra “Idea de la Hispanidad”, y otro, por su proyección política, don Ramiro de Maeztu, en “Defensa de la Hispanidad” … la hispanidad caracteriza a la totalidad de los pueblos hispánicos, que vienen a ser “todos aquellos que deben la civilización o el ser a los pueblos hispánicos de la Península” (Maeztu) … La hispanidad no es cuestión de razas pues “está compuesta de hombres de raza blanca, negra, india y malaya … sino que se apoya en dos pilares: la religión católica y el régimen de la monarquía española” (Maeztu) … La hispanidad “consustancial a la religión cristiana” (García Morente) … (aunque) la catolicidad no constituye la diferencia específica de lo hispano, ni es exclusivo rasgo del español … América tenía el status de reino y no de colonia, pero en la práctica hizo las veces de colonia … Y cuando nos declaramos independientes lo hicimos bajo el régimen republicano, democrático y liberal, por obra de la masonería inglesa, que era, a la sazón, la que manejaba el régimen de la monarquía española de la época … la hispanidad no nace con, ni se limita a América, ni es patrimonio exclusivo de España … Es bueno reiterar que el carácter de hispánicos compete tanto a españoles como a portugueses … ¿Qué es la hispanidad? Antes que nada observamos que el nombre indica la cualidad de lo hispánico, el «Ser de lo hispano» … De la hispanidad, vista desde España y Portugal … no queda nada … De América, un amasijo de veintitantas republiquetas en loca carrera por imitar un modelo que nada tiene de hispánico. Y en cuanto a ellas mismas, España y Portugal, la triste figura de naciones sin rumbo, queriendo ingresar a la Europa anti-hispánica a fuerza de renunciar a su propio ser íntimo … Nosotros debemos hacer hispanidad si queremos ser y permanecer en el ser. Sabemos que las viejas metrópolis están vencidas … El rescate de la hispanidad, en nosotros, en definitiva, tiene el sentido de un volvernos en contra del mundo moderno, de una afirmación de nuestra identidad cultural, de saber que somos una cultura de alternativa a la homogeneización del mundo, propuesta por los centros mundiales de poder. No tenemos otra posibilidad de “ser nosotros mismos”, de existir genuinamente, que afirmarnos en lo que somos … La alternativa es de acero, o somos lo que nuestro ser reclama que seamos, o dejamos de ser para siempre». 5.- Potencial de la Hispanidad en la actualidad Dimensiones y población. Ya se ha mencionado que solo Hispanoamérica es la segunda mayor extensión mundial. Si a ella se añade, sin contar otras naciones de África y Oceanía, Brasil en América y, en Europa, Portugal y España, se alcanzan más de 20 millones de km² y 700 millones de habitantes. La Religión. Hoy en día cerca de dos terceras partes de los católicos rezan en castellano (¿500 millones?), y si a ellos sumamos los que lo hacen en ese hermano del castellano-español que es el portugués (dicho sea sin ánimo de menosprecio a la nación hermana desgajada por mano sajona), la superioridad es abrumadora. Las mayores naciones católicas del Mundo son Brasil, Méjico y Filipinas, esta última la principal en Oriente. Parece que, además, la Curia Vaticana y los cardenales electores son conscientes de ello, y de ahí el anterior y el actual “Obispo de Roma”, ambos de sangre y apariencia hispana. El idioma. «En general, en España, Europa y los Estados Unidos se habla de lengua “española” y en Hispanoamérica de lengua “castellana”» (Alberto Buela). Más de 600 millones de personas hablan en español (Instituto Cervantes). En esa cifra están incluidos, entre otros, 20 millones en Brasil, 45 millones en Estados Unidos, 10 millones en Filipinas, más de otro millón en Guinea Ecuatorial, RASD-Sáhara Occidental, Israel y Europa Oriental, etc. Como también dice A. Buela (Sentido metapolítico del castellano o español, 2017), y ese es un dato a tener muy presente, “el castellano/español es la primera de las lenguas habladas en el Mundo, … pues el inglés no llega a 400 millones y el chino no es un idioma sino 129 a la vez, … cuyas diferencias entre sí son mayores de las que existen entre el castellano y el portugués”. Si a los 600 millones que hablan español se le suman los 265 que lo hacen en portugués (Portugal, Brasil, Angola,  Mozambique, etc), de gran “proximidad lingüística (al castellano) se constituye una masa crítica de 865 millones de personas que pueden comunicarse entre sí sin mayor esfuerzo y, lo que es más importante, con estructuras mentales similares (A. Buela, con cifras actualizada). Recursos de todo tipo a nivel mundial. Además de los numerosos enclaves geoestratégicos de las naciones hispánicas (Península Ibérica y Archipiélagos anexos, Islas del Caribe y Canal de Panamá, Estrecho de Magallanes y Malvinas, Filipinas y Marianas, etc), y refiriéndonos solo a América del Sur, según la Unión Suramericana de Naciones (UNASUR), cuenta con el 20 % de las reservas de petróleo (las mayores después de Oriente Próximo, en Venezuela, Brasil y Argentina) y el 3’45 % de gas natural (con focos en la frontera Bolivia-Argentina y Paraguay, y en Tierra de Fuego); el 95 % de niobio, el 93 % de litio tan necesario para la tecnología actual (el 60 % está en el triángulo Argentina-Bolivia-Chile; también en Brasil), el 54 % de renio, el 39 % de plata (Perú, Chile, Bolivia, Argentina), el 39 % de cobre (Chile, Perú, Brasil), el 29 % de estaño, el 19 % de hierro (Brasil, Perú, Chile); 17 % de oro (Perú, Brasil, Argentina)y el 15 % de bauxita. En concreto, Chile es el primer productor de cobre y litio; Brasil es el tercero de hierro, y Perú es de los primeros productores de plata, cobre, oro y plomo; Bolivia el cuarto de estaño de mina, el sexto de plata y posee la mayor reserva mundial de litio. Brasil tiene 22 millones de toneladas de minerales estratégicos (Tierras Raras – REE), aproximadamente un 18% de las reservas totales actuales. Laura Jane Richardson ​(Strickland de soltera, que también en eso nos diferenciamos), quien alcanzó el empleo general de cuatro estrellas y la jefatura del Comando Sur de Estados Unidos (fundamentalmente Sudamérica), ha afirmado sin duda interesadamente, en ocasiones anteriores y recientemente, que esta parte de América “alimenta y abastece al Mundo, pero no recibe los beneficios”. Y, además de referirse a los recursos minerales que hemos citado más arriba, en especial al “crudo ligero” (petróleo), que «“tenemos” los pulmones del mundo, el Amazonas; también el 31 % del agua dulce del orbe en esta región, quiero decir que tenemos mucho que hacer, esta región importa, tiene que ver mucho con “nuestra seguridad nacional” y tenemos que intensificar nuestro juego». Unos últimos datos: América del Sur cuenta con extensas áreas de tierras productivas, siendo Argentina y Brasil de los mayores productores y exportadores mundiales de soja del mundo, y Colombia lo es de café. Así mismo, con grandes recursos marinos (merluza, jurel, atún, sardina, bacalao, etc). También esta gran región contiene aproximadamente el 40 % de la biodiversidad del planeta (La Amazonía es el mayor bosque tropical), así como el 22 % de los bosques y el 28 % del agua dulce. 6. En nuestros días En un Mundo donde la Plutocracia, asentada principalmente en los estados sajones, tiraniza a las naciones desde su posición dominante en la ONU, la OTAN y la UE, en justa reacción ante ello, y a las aberrantes propuestas que acompañan a sus imposiciones (Agenda 2030, atropello del derecho internacional, etc), está surgiendo una reacción multipolar de supervivencia. Pero, ante el número y poder de los medios que se emplean contra la mayoría de las naciones independientes y soberanas, es obligada concentración de esfuerzos y el olvido de las pequeñas diferencias que puedan existir. La Hispanidad, por lo tanto, es un derecho y una obligación ineludible si queremos que sobreviva nuestra libertad, nuestra filosofía vital, nuestra lengua y religión, e incluso nuestra propia sangre (ahogada por políticas antinatalistas e invasiones de teledirigidos “migrantes kalergianos”). En pocas palabras, lo nuestro y los nuestros. Esa obligada unión de supervivencia, el “o somos lo que nuestro ser reclama que seamos, o dejamos de ser para siempre” que dijo Buela, es la Hispanidad. Un agrupamiento entre hermanos que, además, aportará al Mundo, además de sus recursos materiales mejor explotados, una “filosofía” existencial muchísimo menos aberrante que la que nos están imponiendo a plazo fijo. Una unión que, sin duda, hay que hacer contra los herederos de los que la rompieron a lo largo de siglos y que, ahora, cuentan con un poder aparentemente imponente. Por eso, lo normal es que sea largo el camino a recorrer, pero, también por ello, el que deba empezar a recorrerse ya mismo. Los fortísimos lazos espirituales y culturales que nos unen harán fácil superar las acechanzas de los que nos ataquen, eso sí, con las ayudas de los que se oponen a la tiranía mundialista. Referencias [i] José Mª García de Tuñón Aza sobre el “hispanismo”: Historia y significado de la palabra. En varios sitios web. [ii] José Javier Esparza: Hispanidad y globalización. Revista Hespérides, vol. III, n.º 18. Invierno 1998-99, pág. 1058. [iii] Esta institución experimentó la siguiente evolución, al ritmo de los cambios, a peor, en la política española. 1942: Consejo del Hispanismo. 1946: Instituto Cultural Iberoamericano. 1947-1977: Instituto de Cultura Hispánica (ICH). 1977-1979: Centro de Cooperación Iberoamericana. 1979-1988: Instituto de Cooperación Iberoamericana (ICI). 1989: Pasó a formar parte de la Agencia Española de Cooperación Internacional (AECI). 2007: Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID).

Nombre: palabra que designa o identifica seres animados o inanimados; sinónimos: denominación, designación (AQUÍ).

No olvides que cuando se elige un nombre, se elige un destino. Leopoldo Marechal (1900-1970), poeta, novelista y ensayista argentino.

Si el concepto de Cristiandad comprende y a la vez caracteriza a todos los pueblos cristianos, ¿por qué no ha de acuñarse otra palabra, como ésta de Hispanidad, que comprenda también y caracterice a la totalidad de los pueblos hispánicos? Ramiro de Maeztu (La Hispanidad, en Acción Española, nº 1, 15-XII-1931).

Portugal y España son “la Madre Patria” de todas las naciones hispanohablantes (castellano-portugués), ya que en ellas se encuentra el origen de la lengua, credo, cultura, valores, tradiciones, vivencias, e incluso la sangre, de ellas.

1. La importancia de los nombres

Los nombres sirven para identificar personas, físicas y jurídicas/morales, así como animales y cosas, incluyendo grupos socio/étnico/comunitarios, gentilicios, lugares (topónimos) y un largo etcétera.

Su importancia, como la de cualquier palabra, reside fundamentalmente en su capacidad de singularizar y definir al ser en cuestión. En este sentido es obligado resaltar, desde el principio, que el significado de las palabras puede ser objeto de alteración interesada. No solo el comunista Antonio Gramsci (1891-1937), inventor del neolenguaje, se dio cuenta de la importancia de cambiar a través de las palabras el significado de una idea anterior a ellas asociadas, aunque conservando algo de su esencia; observando que si se logra cambiar “el discurso” es posible cambiar el poder político. Mucho antes de él, se conocía que el cambio de nombre, en personas o cosas, buscaba expresar una alteración de la naturaleza de la misma. Un claro ejemplo es que, para denominar el continente, triunfó la palabra América en lugar de Columba o Colombia en honor a su descubridor.

Lo anterior es una introducción al trascendente e interesado embrollo de las denominaciones más usadas para referirse a las naciones surgidas del Imperio Español. Nombres que, por lo general, buscan eludir precisamente eso.

Las mayoritariamente más utilizados, en orden decreciente a las preferencias políticamente “más correctas” y en boga, son América Latina o Latinoamérica, Iberoamérica e Hispanoamérica. Una prelación que, curiosamente, es inversa a la realidad social y geográfica de los grupos y zonas a que se refieren. Porque lo que tratan de definir es el conjunto de gentes y lugares más cohesionado del Mundo, y ello en base a su credo religioso, mestizaje, valores y tradiciones, historia, lengua y cultura; en resumen, que cuentan con un modo común de entender la vida. Y esa unidad y uniformidad nació de la herencia de la Monarquía Hispánica, mayoritariamente eludida, incluso por los actuales Estado Español y Curia Romana.

Analicémoslo.

2. La importancia de la historia

El Imperio Español (especialmente con Carlos V y Felipe II) ocupó grandes zonas geográficas en África, América, Oceanía y Europa. La incorporación de Portugal a la Monarquía Hispánica, la mal llamada “Unión Ibérica”, fue un largo periodo generalmente establecido entre los años 1580 y 1640. Pero incluso tras ese último año (Paz de Wesfalia), y con luchas diversas por medio, no se formalizó hasta después de la Batalla de Estremoz (1663) y el Tratado de Lisboa (1668). Duró, pues, casi un siglo.

Aunque con participación francesa (sublevación de Cataluña, etc), la secesión fue fomentada formalmente por manos sajonas, muy influidas por la poderosa colonia hebrea en Londres. Por otra parte, los falsos judeoconversos que se habían trasladado desde 1492 a Portugal tuvieron, durante medio siglo, la oportunidad de moverse libremente por los territorios de la Monarquía Hispánica, incluidos los americanos, con las naturales consecuencias a futuro.

Y hemos hablado de secesión porque, como escribió el famoso poeta Luiz Vaz de Camões (Luís de Camoens, 1524-1580), “Huma gente fortissima de Espanha (los portugueses) … (y) Falai de castelhanos e portugueses, porque espanhóis somos todos”. No fue un caso único. Entre otros, el dominico y gran humanista André de Resende (1498-1573) decía prácticamente lo mismo: “Hispani omnes sumus”. Almeida Garret (1799-1854), cronista oficial, escribió: “Espanhóis somos e de espanhóis nos devemos apreciar quantos habitamos a península hispánica”. Oliveira Martins (1845-1894), señaló: “quien pise Portugal y España observará ciertamente, o no tiene ojos, una afinidad innegable de aspecto y de carácter, un parentesco evidente entre los pueblos de los dos lados del Miño, del Guadiana, de la Raya Seca del Este. … La Historia común confunde, no separa … ¿No vivimos desde el 1641, bajo el protectorado de Inglaterra? ¿No hemos llegado a ser, positivamente, una factoría británica? …”. Y, por último, Ricardo de Almeida Jorge (1858-1939) escribió: “chamese Hispania à peninsula, hispano ao seu habitante ondequer que demore, hispanico ao que lhez diez respeito”.

Todos ellos eran conscientes de que Nuestra Señora se apareció en Zaragoza, el año 40 y en cuerpo mortal, especialmente para todo el pueblo hispanorromano, que ya contaba con identidad propia. Pueblo que, amalgamado fundamentalmente con los Visigodos, constituyó con la católica Nación Hispana (Recaredo, 589). Y que, tras “La Pérdida de las Españas” en 711, conscientes de su unidad, Leoneses, Castellanos, Aragoneses, Portugueses y Navarros, que entre 1414 y 1418 habían asistido al Concilio de Constanza (Alemania) como parte de la “nación española”, en 1492 terminaron La Reconquista. Y, entonces, «… Isabel y Fernando (los Reyes Católicos), rehusan la titulación de “reyes de España” propuesta por el Consejo Real una vez reunida la mayor parte de la península, porque, sin Navarra y Portugal, estaba incompleta» (Fernando García de Cortázar: Breve Historia de España). “España se (re-)funda, culminando la Reconquista, en el mismo año en el que descubre América, de tal forma que ya no puede entenderse una sin la otra” (Ramiro de Maeztu: La Hispanidad).

Posteriormente, durante los siglos XVIII, XIX y XX ambas naciones incluso siguieron suertes fundamentalmente similares, terminando, como dijo el citado Martins, siendo protectorados anglofranceses, y perdiendo sus provincias de ultramar a manos, o influencia, sajona (norteamericana).

3.- Latinoamérica, Iberoamérica.

Una vez repasados los antecedentes históricos, centrémonos en las denominaciones que nos ocupan.

Latinoamérica – América Latina es un nombre impulsado por Francia para designar el conjunto de naciones americanas donde imperan las lenguas derivadas del latín, o “lenguas romances”, dando así entrada al muy minoritario francés, salvo en Canadá, Haití y la Guayana Francesa. Además, no hay lugar para otros elementos de importancia determinante, como la historia, la cultura y las costumbres. Geográficamente engloba toda la América no sajona, donde el francés solo lo habla un 3 % de la población. A remarcar que no existe el término “Latinoafrica”, aunque allí también se hable más francés que portugués y español, y en ese continente esté la mayor parte de la “Francofonía” (Organisation internationale de la Francophonie –OIF-).

El gentilicio latinoamericano tiene su primer antecedente en el término “latino” acuñado por el ingeniero, economista y político francés Michel Chevalier, en 1836, para distinguir a los de habla española y portuguesa en el continente americano frente a los anglosajones. El investigador argentino Mariano García Barace, escribió (en Posición Iberoamericana), que el concepto “Amérique Latine” fue acuñado por la masonería francesa, y fue adoptado por intelectuales y políticos hispanos como una forma de fortalecer su identidad, a espaldas de las Madres Patrias, y también frente a la anexionista Doctrina Moroe yanqui. Fue utilizado por primera vez en Francia en 1856-7, al parecer y no de forma “literal”, de la mano de los hispanos Francisco Bilbao, liberal progresista chileno (masón de las logias “Amiga de los Náufragos” y “Unión del Plata”), y José María Torres Caicedo, diplomático colombiano y periodista conservador. En 1861, L. M. Tisserand llamó “L’Amérique Latine” a lo que hasta entonces se conocía como Sudamérica o Indias Occidentales. Muy poco después Napoleón III, masón carbonario, impulsó el término para justificar un mayor protagonismo del Segundo Imperio Francés como potencia política y referente cultural en la región, lo cual quedó claro con la fallida entronización Maximiliano como Emperador de Méjico (no se ofendan los mejicanos, pero la grafía y ortografía en España es así).

Gracias al impulso francés el término América Latina fue ampliamente aceptado desde 1870; por supuesto, fue bendecido por Inglaterra y Estados Unidos (Woodrow Wilson, 28º Presidente Usa, entre 1913-21, fue el primero en utilizarla oficialmente). Sólo a partir de 1947, tras la creación de la ONU, algunas personalidades hispanas empezaron referirse a su realidad continental con términos como “repúblicas latinoamericanas” o similares. Hoy en día, aterradoramente, ha sido adoptado incluso por la Real Academia de la Lengua Española y el Vaticano, una prueba más de la peligrosa deriva de los tiempos.

Gracias a la influencia francesa, el término Latinoamérica fue ampliamente aceptado a partir de 1870; por supuesto, contó con el beneplácito de Inglaterra y Estados Unidos (Woodrow Wilson, el vigésimo octavo presidente de Estados Unidos, de 1913 a 1921, fue el primero en utilizarlo oficialmente). Solo después de 1947, tras la creación de la ONU, algunas figuras hispánicas comenzaron a referirse a su realidad continental con términos como «repúblicas latinoamericanas» o similares. Hoy, alarmantemente, incluso ha sido adoptado por la Real Academia Española y el Vaticano, una prueba más de la peligrosa deriva de la época.

Por Iberoamérica se entiende la suma de los territorios americanos, y sus poblaciones, que fueron parte integrante de las naciones de la Península Ibérica, es decir, Portugal y España. El término se consolidó como una alternativa a Latinoamérica. Es un concepto también parcial e inexacto, aún en el caso de que se incluya en él a dichas naciones europeas, pues se olvida de otros poblaciones y territorios en África y Oceanía. Y es inexacto porque en la citada Península también se denomina Hispánica. Los antiguos griegos llamaron a esta región Iberia por el río Iber (Ebro), mientras que los romanos la llamaron Hispania. Como pueblo, los iberos apenas ocuparon el Levante español y parte de Andalucía, estando el actual Portugal y la mayor parte de España poblada por otros celtas y celtíberos. Por lo tanto, se olvida gran parte del componente social, además de las importantísimas aportaciones romana, fundamental, y visigoda.

Y, sobre todo, el componente religioso católico aportado por romanos y visigodos (tras Recaredo). Es este tan importante que Theodore Roosevelt, el 26º presidente useño, dijo tras un viaje a Argentina en 1913: “mientras esos países permanezcan católicos seremos incapaces de dominarlos”.

El nombre de Iberoamérica apareció, prácticamente, en 1885, de la mano de la importante revista Unión Ibero-Americana, y lo consagró en 1910 el uruguayo José Enrique Rodó con su artículo Ibero-América 1910 (y el libro El Mirador Próspero, 1913). Se ha utilizado esta denominación en el español Instituto de Cooperación Iberoamericana (1979-1989) [i], e incluso en la 1ª Cumbre Iberoamericana (Guadalajara, México, 1991) se fijó el 19 de julio como el día de Iberoamérica. Es, pues, un amañado “constructo” para eludir la palabra Hispania. Algo que se puede explicar con las palabras del chileno Jaime Eyzaguirre: “el término Indoamérica … (y) la otra denominación de Latinoamérica, aunque más inofensiva y menos falsa, … disfraza malamente el propósito de diluir el nombre español en una fórmula genérica de que dará cabida preponderante a otras naciones” (Hispanoamérica del dolor, Santiago de Chile, 1968).

4. Hispanoamérica, hispanidad.

Por Hispanoamérica se conoce al conjunto de 19 naciones americanas que hablan mayoritariamente español/castellano, además de las lenguas indígenas (Diccionario panhispánico de dudas: “conjunto de países americanos de lengua española”). Su gentilicio es “hispanoamericano”, término que incluía, hasta las segregaciones, tanto a los españoles europeos allí residentes como a los españoles americanos (criollos), y que en la actualidad se circunscribe a los habitantes de las antedichas naciones americanas; en ocasiones se acorta al término “hispanos”. En conjunto son más de 427 millones (Wikipedia), con un muy alto grado de mestizaje, y su religión es mayoritariamente católica.

Su extensión es de casi 11’5 millones de km2 (incluido Puerto Rico y excluido otro millón de la Antártida entre Chile y Argentina), lo que supone el segundo puesto mundial. Con Brasil (8’5 millones km2 y 220 millones de habitantes) sería la mayor extensión mundial.

El término Hispanoamérica ya se utilizaba a mediados del s. XIX: por Dionisio Alcalá Galiano en 1846, Antonio Cánovas del Castillo en 1853, y en la Revista Española de Ambos Mundos desde ese mismo año también fue muy empleado.

Una sola cita sobre Hispanoamérica de la mano de la chilena Lucila de María Godoy Alcayaga (Gabriela Mistral, “la india vasca”, Premio Nóbel de Literatura): “dirijamos toda la actividad como una flecha hacia este futuro ineludible: La América Española una, unificada por dos cosas estupendas: la lengua que le dio Dios y el dolor que da el Norte” (Recados para América: El Grito).

Bandera de la HISPANIDAD inspirada en DiegoDeLaGuardia

La Hispanidad es un concepto más amplio, bello y profundo que los anteriores. Miguel de Unamuno y Jugo escribió en 1927: “Digo Hispanidad y no Españolidad para atenerme al viejo concepto histórico-geográfico de Hispania, que abarca a toda la península ibérica. … Digo Hispanidad y no Españolidad para incluir a todos los linajes, a todas las razas espirituales, a las que ha hecho el alma terrena y a la vez celeste de Hispania, de Hesperia, de la península del Sol Poniente. … Y quiero decir con Hispanidad una categoría histórica, por lo tanto espiritual, que ha hecho, en unidad, el alma de un territorio, con sus contrastes y contradicciones interiores. Porque no hay unidad viva si no encierra contraposiciones íntimas, luchas intestinas … La hispanidad ansiosa de justicia absoluta, se vertió allende el océano, en busca de su destino, buscándose a sí misma, y dio con otra alma de tierra, con otro cuerpo que era alma, con la americanidad. Que busca también su propio destino”.

Comenzaré en esta ocasión por el origen del término, apuntando que tal palabra, con un sentido de “forma de lenguaje”, ya se encontraba en antiguos diccionarios (Tratado de ortografía y acentos del bachiller Alexo Venegas de Busto, de 1531, y el Diccionario de la Real Academia Española, de 1817). También en 1901 el obispo Martínez Vigil usó ese vocablo en Covadonga. Pero, en el sentido que nos ocupa, el primero fue precisamente el portugués Antonio Sardhinha [i] (1888-1925), “aunque la idea de una comunidad hispánica de cultura se halla ya en autores como Rubén Darío, Santos Chocano o Menéndez Pidal” [ii]. Los siguientes en su utilización fueron Zacarías de Vizcarra, en 1926; el ya mencionado Miguel de Unamuno en 1927, y Ramiro de Maeztu en 1931; significativamente, los tres eran vascos.

Tres gigantes vascos: Vizcarra (1880-1963), Unamuno (1864-1936) y Maeztu (1874-1936).

Zacarías de Vizcarra y Arana fue un sacerdote regular, luego obispo, hijo de carlistas y vascoparlante. Se le considera el padre de la Hispanidad pues desarrolló la idea durante su ministerio en Argentina, entre los años1912-37, en los campos educativo y cultural. Allí se fraguó su amistad con Maeztu (Ministro Plenipotenciario -Embajador- entre 1928-30).

El 17 de marzo de 1926 escribió que “consideraba el vocablo Hispanidad en una doble acepción:

– geográfica, como conjunto de todos los pueblos hispánicos, Portugal y España

– histórica y ética, al conjunto de las cualidades a dichos pueblos, producto del catolicismo, de cuya acción evangelizadora surgió una comunidad de veinte naciones americanas configuradas en un mismo sentido social, político y religioso”.

Ramiro de Maeztu y Whitney era de padre cubano, hijo de navarro, y madre francesa, estuvo casado con una inglesa, y vivió en Francia, Cuba, Estados Unidos, Argentina e Inglaterra (15 años). Rechazó cualquier idea imperialista de la Hispanidad. Para él el Imperio Español fue una Monarquía Católica “misionera”, y escribió no tener el menor interés en que empleados de Madrid volvieran a “recaudar tributos en América”; el “12 de Octubre, mal titulado el Día de la Raza, deberá ser en lo sucesivo el Día de la Hispanidad”.

Pero no sea todo, o casi todo, la visión desde Europa (España y Portugal). El gran filósofo Alberto Buela Lamas (Buenos Aires, 1946), en su La Hispanidad vista desde América (1991) dice:

« … Nuestra meditación surge como una necesidad de afirmación de la “americanidad en la hispanidad”. De los autores que hemos recorrido en nuestra búsqueda del tratamiento del tema hay dos que se destacan. Uno, por su enjundia filosófica, don Manuel García Morente, en su obra “Idea de la Hispanidad”, y otro, por su proyección política, don Ramiro de Maeztu, en “Defensa de la Hispanidad” … la hispanidad caracteriza a la totalidad de los pueblos hispánicos, que vienen a ser “todos aquellos que deben la civilización o el ser a los pueblos hispánicos de la Península” (Maeztu) … La hispanidad no es cuestión de razas pues “está compuesta de hombres de raza blanca, negra, india y malaya … sino que se apoya en dos pilares: la religión católica y el régimen de la monarquía española” (Maeztu) … La hispanidad “consustancial a la religión cristiana” (García Morente) … (aunque) la catolicidad no constituye la diferencia específica de lo hispano, ni es exclusivo rasgo del español … América tenía el status de reino y no de colonia, pero en la práctica hizo las veces de colonia … Y cuando nos declaramos independientes lo hicimos bajo el régimen republicano, democrático y liberal, por obra de la masonería inglesa, que era, a la sazón, la que manejaba el régimen de la monarquía española de la época … la hispanidad no nace con, ni se limita a América, ni es patrimonio exclusivo de España … Es bueno reiterar que el carácter de hispánicos compete tanto a españoles como a portugueses … ¿Qué es la hispanidad? Antes que nada observamos que el nombre indica la cualidad de lo hispánico, el «Ser de lo hispano» … De la hispanidad, vista desde España y Portugal … no queda nada … De América, un amasijo de veintitantas republiquetas en loca carrera por imitar un modelo que nada tiene de hispánico. Y en cuanto a ellas mismas, España y Portugal, la triste figura de naciones sin rumbo, queriendo ingresar a la Europa anti-hispánica a fuerza de renunciar a su propio ser íntimo … Nosotros debemos hacer hispanidad si queremos ser y permanecer en el ser. Sabemos que las viejas metrópolis están vencidas … El rescate de la hispanidad, en nosotros, en definitiva, tiene el sentido de un volvernos en contra del mundo moderno, de una afirmación de nuestra identidad cultural, de saber que somos una cultura de alternativa a la homogeneización del mundo, propuesta por los centros mundiales de poder. No tenemos otra posibilidad de “ser nosotros mismos”, de existir genuinamente, que afirmarnos en lo que somos … La alternativa es de acero, o somos lo que nuestro ser reclama que seamos, o dejamos de ser para siempre».

5.- Potencial de la Hispanidad en la actualidad

Dimensiones y población. Ya se ha mencionado que solo Hispanoamérica es la segunda mayor extensión mundial. Si a ella se añade, sin contar otras naciones de África y Oceanía, Brasil en América y, en Europa, Portugal y España, se alcanzan más de 20 millones de km² y 700 millones de habitantes.

La Religión. Hoy en día cerca de dos terceras partes de los católicos rezan en castellano (¿500 millones?), y si a ellos sumamos los que lo hacen en ese hermano del castellano-español que es el portugués (dicho sea sin ánimo de menosprecio a la nación hermana desgajada por mano sajona), la superioridad es abrumadora. Las mayores naciones católicas del Mundo son Brasil, Méjico y Filipinas, esta última la principal en Oriente. Parece que, además, la Curia Vaticana y los cardenales electores son conscientes de ello, y de ahí el anterior y el actual “Obispo de Roma”, ambos de sangre y apariencia hispana.

El idioma. «En general, en España, Europa y los Estados Unidos se habla de lengua “española” y en Hispanoamérica de lengua “castellana”» (Alberto Buela). Más de 600 millones de personas hablan en español (Instituto Cervantes). En esa cifra están incluidos, entre otros, 20 millones en Brasil, 45 millones en Estados Unidos, 10 millones en Filipinas, más de otro millón en Guinea Ecuatorial, RASD-Sáhara Occidental, Israel y Europa Oriental, etc.

Como también dice A. Buela (Sentido metapolítico del castellano o español, 2017), y ese es un dato a tener muy presente, “el castellano/español es la primera de las lenguas habladas en el Mundo, … pues el inglés no llega a 400 millones y el chino no es un idioma sino 129 a la vez, … cuyas diferencias entre sí son mayores de las que existen entre el castellano y el portugués”. Si a los 600 millones que hablan español se le suman los 265 que lo hacen en portugués (Portugal, Brasil, Angola,  Mozambique, etc), de gran “proximidad lingüística (al castellano) se constituye una masa crítica de 865 millones de personas que pueden comunicarse entre sí sin mayor esfuerzo y, lo que es más importante, con estructuras mentales similares (A. Buela, con cifras actualizada).

Recursos de todo tipo a nivel mundial. Además de los numerosos enclaves geoestratégicos de las naciones hispánicas (Península Ibérica y Archipiélagos anexos, Islas del Caribe y Canal de Panamá, Estrecho de Magallanes y Malvinas, Filipinas y Marianas, etc), y refiriéndonos solo a América del Sur, según la Unión Suramericana de Naciones (UNASUR), cuenta con el 20 % de las reservas de petróleo (las mayores después de Oriente Próximo, en Venezuela, Brasil y Argentina) y el 3’45 % de gas natural (con focos en la frontera Bolivia-Argentina y Paraguay, y en Tierra de Fuego); el 95 % de niobio, el 93 % de litio tan necesario para la tecnología actual (el 60 % está en el triángulo Argentina-Bolivia-Chile; también en Brasil), el 54 % de renio, el 39 % de plata (Perú, Chile, Bolivia, Argentina), el 39 % de cobre (Chile, Perú, Brasil), el 29 % de estaño, el 19 % de hierro (Brasil, Perú, Chile); 17 % de oro (Perú, Brasil, Argentina)y el 15 % de bauxita. En concreto, Chile es el primer productor de cobre y litio; Brasil es el tercero de hierro, y Perú es de los primeros productores de plata, cobre, oro y plomo; Bolivia el cuarto de estaño de mina, el sexto de plata y posee la mayor reserva mundial de litio. Brasil tiene 22 millones de toneladas de minerales estratégicos (Tierras Raras – REE), aproximadamente un 18% de las reservas totales actuales.

Laura Jane Richardson ​(Strickland de soltera, que también en eso nos diferenciamos), quien alcanzó el empleo general de cuatro estrellas y la jefatura del Comando Sur de Estados Unidos (fundamentalmente Sudamérica), ha afirmado sin duda interesadamente, en ocasiones anteriores y recientemente, que esta parte de América “alimenta y abastece al Mundo, pero no recibe los beneficios”. Y, además de referirse a los recursos minerales que hemos citado más arriba, en especial al “crudo ligero” (petróleo), que «“tenemos” los pulmones del mundo, el Amazonas; también el 31 % del agua dulce del orbe en esta región, quiero decir que tenemos mucho que hacer, esta región importa, tiene que ver mucho con “nuestra seguridad nacional” y tenemos que intensificar nuestro juego».

Unos últimos datos: América del Sur cuenta con extensas áreas de tierras productivas, siendo Argentina y Brasil de los mayores productores y exportadores mundiales de soja del mundo, y Colombia lo es de café. Así mismo, con grandes recursos marinos (merluza, jurel, atún, sardina, bacalao, etc). También esta gran región contiene aproximadamente el 40 % de la biodiversidad del planeta (La Amazonía es el mayor bosque tropical), así como el 22 % de los bosques y el 28 % del agua dulce.

6. En nuestros días

En un Mundo donde la Plutocracia, asentada principalmente en los estados sajones, tiraniza a las naciones desde su posición dominante en la ONU, la OTAN y la UE, en justa reacción ante ello, y a las aberrantes propuestas que acompañan a sus imposiciones (Agenda 2030, atropello del derecho internacional, etc), está surgiendo una reacción multipolar de supervivencia. Pero, ante el número y poder de los medios que se emplean contra la mayoría de las naciones independientes y soberanas, es obligada concentración de esfuerzos y el olvido de las pequeñas diferencias que puedan existir. La Hispanidad, por lo tanto, es un derecho y una obligación ineludible si queremos que sobreviva nuestra libertad, nuestra filosofía vital, nuestra lengua y religión, e incluso nuestra propia sangre (ahogada por políticas antinatalistas e invasiones de teledirigidos “migrantes kalergianos”). En pocas palabras, lo nuestro y los nuestros. Esa obligada unión de supervivencia, el “o somos lo que nuestro ser reclama que seamos, o dejamos de ser para siempre” que dijo Buela, es la Hispanidad. Un agrupamiento entre hermanos que, además, aportará al Mundo, además de sus recursos materiales mejor explotados, una “filosofía” existencial muchísimo menos aberrante que la que nos están imponiendo a plazo fijo.

Una unión que, sin duda, hay que hacer contra los herederos de los que la rompieron a lo largo de siglos y que, ahora, cuentan con un poder aparentemente imponente. Por eso, lo normal es que sea largo el camino a recorrer, pero, también por ello, el que deba empezar a recorrerse ya mismo. Los fortísimos lazos espirituales y culturales que nos unen harán fácil superar las acechanzas de los que nos ataquen, eso sí, con las ayudas de los que se oponen a la tiranía mundialista.

Referencias
[i] José Mª García de Tuñón Aza sobre el “hispanismo”: Historia y significado de la palabra. En varios sitios web.
[ii] José Javier Esparza: Hispanidad y globalización. Revista Hespérides, vol. III, n.º 18. Invierno 1998-99, pág. 1058.
[iii] Esta institución experimentó la siguiente evolución, al ritmo de los cambios, a peor, en la política española. 1942: Consejo del Hispanismo. 1946: Instituto Cultural Iberoamericano. 1947-1977: Instituto de Cultura Hispánica (ICH). 1977-1979: Centro de Cooperación Iberoamericana. 1979-1988: Instituto de Cooperación Iberoamericana (ICI). 1989: Pasó a formar parte de la Agencia Española de Cooperación Internacional (AECI). 2007: Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID).

4 respuestas a «Hispanidad: ayer y hoy»

  1. Ante la imposibilidad de dejar un comentario en el artículo
    https://www.xn--elespaoldigital-3qb.com/abascal-y-la-iglesia-catolica/
    dejo respondiendo al comentario de Fernando Cavanillas dice:13 de agosto de 2025 a las 12:15 pm

    Creo que te quedas corto. Ratzinger (a quien tú tienes como Benedicto XVI) es más de lo mismo –muy hábilmente camuflado como Papa-.
    Coincido contigo en lo fundamental y especialmente, y sobre todo, en:
    ¡Viva CRISTO REY!
    ¡VIVA LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA!

    Por la gravedad de la situación ante lo acelerado de falta de libertad, ruego encarecidamente el siguiente enlace:
    https://www.youtube.com/watch?v=HDIo4KZr0jU

    Recordar igualmente encarecidamente que tenemos como último recurso el Santo Rosario y refugiándonos en el Inmaculado Corazón de Virgen María.

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