«Historia de la Guerra Cristera en México» (Almuzara-Sekotia), de Francisco Carpintero Benítez

Este que reseñamos hoy no es un libro más de lo varios que abordan tema tan apasionante como fue la rebelión de los «cristeros» en el Méjico revolucionario del primer cuarto del siglo XX. Este libro es más, mucho más que una simple relación histórica sobre aquella rebelión y consiguiente guerra.

«Historia de la Guerra Cristera en México» (Almuzara-Sekotia), de Francisco Carpintero Benítez describe uno de los momentos más relevantes de la historia de Méjico remontándose a los priemros coletazos de rebelión a finales del siglo XIX, con una clara exposición de hechos y personajes de ambos bandos, así como de la actuación de la Iglesia, tratando el hecho histórico con un rigor especial, nada se le escapa, nada queda en el tintero, aportando datos novedosos, bebiendo de fuentes originales; además, lo hace con un lenguaje eminentemente didáctico, al tiempo, o mejor decir que por eso, ágil y accesible que encandila al lector.

Fco. Carpintero

De Francisco Carpintero Benítez podemos decir que nadie más acreditado para escribir este interesante y completísimo trabajo que él. Licenciado en Derecho, realizó su tesis doctoral en la Universidad de Salamanca con el Prof. Dr. D. José Delgado Pinto (1970-1975). Trató la obra del jurista español del siglo XVI Fernando Vázquez de Menchaca, considerado uno de los iniciadores del derecho natural «moderno». Desde entonces se aficionó a los estudios históricos, cosa que no había previsto en sus estudios de la licenciatura en Derecho. Obtuvo la plaza de adjunto numerario por oposición en 1987, y la desempeñó dos años en la Universidad de Valladolid. Volvió a Andalucía y obtuvo la cátedra de Filosofía del Derecho de la Universidad de Cádiz. Ha publicado sobre la ciencia jurídica y la historia del pensamiento jurídico. Le marcó la lectura de los juristas bajomedievales del Jus Commune. Se internó tempranamente en el pensamiento jurídico centroeuropeo de la Edad Moderna (la Escuela del Derecho Natural Moderno). Viajó a Méjico a impartir cursos monográficos de doctorado y publicó diversos libros y artículos en editoriales y revistas mejicanas. También publicó en Argentina y otras universidades americanas. Las estancias en Méjico despertaron su interés por la guerra cristera de 1926-1929. Sus estudios pueden consultarse en franciscocarpintero.com.

Por desgracia, el movimiento de los cristeros mejicano sigue siendo poco conocido fuera de Méjico, incluso por la masa católica mundial, a pesar de su importancia, ejemplaridad y resultados martiriales semilla siempre de nuevos católicos como la historia de la Iglesia demuedtra una y otra vez.

Comenzó como reacción de los católicos ante la prohibición de practicar públicamente sus tradiciones y su fe. Para entonces, la mayoría mejicana era católica por convicción, gracias a la presencia española.

Lerdo de Tejada

Al lograr la independencia (en realidad secesión, porque como el resto de Hispanoamérica era parte de España, no colonia), la masonería anglosajona impulsó un movimiento sectario radicalmente laicista y abiertamente anticlerical con el que pretendía hacer depender a Méjico, política y económicamente, de Estados Unidos.

Elías Calles

Las leyes de Lerdo de Tejada, hacia la mitad del siglo XIX, dispararon la política anticatólica; por ellas, por ejemplo, se cerraron centros de enseñanza religiosa y se quitaron los confesionarios en las iglesias. Al verse privados de su libertad, católicos de todo el país se organizaron oponiéndose con las armas en la mano, bien que fueron rápidamente derrotados.

Más tarde, Carranza, Obregón y Elías Calles impulsaron leyes mucho más restrictivas, entre otras muchas disposiciones se impuso un límite al número máximo de sacerdotes que podía haber en cada área geográfica del país. En un intento de confundir a los católicos, así como de sujetarlos todavía más tiránicamente, el presidente Calles creó la «Iglesia católica mejicana» (parecida a la que en China se ha hecho depender del gobierno). Por supuesto, no tuvo éxito, pero dejó a los católicos en una situación muy precaria y delicada, máxime cuando los obispos les negaron su protección optando por confraternizar con el Gobierno.

Surgió entonces, ahora con más virulencia y decisión, un nuevo rearme y, en paralelo, una estructura organizativa canalizadora de las ansias de libertad de culto católicas denominada la Liga para la Defensa de la Libertad Religiosa, precursora del posterior movimiento cristero, bien que en un principio rechazó el uso de las armas.

La rebelión crsitera como tal, en su aspecto armado, comenzó en 1927, demostrando mayor fuerza en el medio rural, entre otras cosas, además de por la idiosincrasia campesina, porque el medio facilitaba la lucha armada. Duró tres años y acabó con la vida de miles de mejicanos de ambos lados de la contienda, registrándose por parte de las tropas gubernamentales numerosos crímenes.

Finalmente, una mezcla de imposibilidad para alcanzar la vistoria en el campo de batalla, el cansancio, la falta de fuerzas y no pocas traiciones, les llevaron a unas negociaciones que, como cabía esperar, supusieron su extinción sin que el Gobierno cumpliera sus promesas y los acuerdos pactado, siendo fusilados muchos de los dirigentes del movimiento.


4 respuestas a ««Historia de la Guerra Cristera en México» (Almuzara-Sekotia), de Francisco Carpintero Benítez»

  1. No le echemos toda la culpa a los lacayos masones de la regular… peor son los lacayos masones de dentro, de la irregular; la escoria Disraeli-Rothschild, más útil antes que las bombas… los puñeteros traidores que han vendido a todo el mundo allí donde medran. Los que se dejan convencer con el caramelo del poder y el oro; borregos sembradores de borregos. Lo de Méjico es la enésima Vendée; aquí también hemos tenido más de una; y las que están por venir, dado lo que se avecina y lo que está anunciado.

  2. León Degrelle escribió in libritos sobre sus experiencias en México en esos años. Creo que fue reeditsfo hace ya unos años por la editorial de Juan Antonio Llopart, creo.

  3. La Guerra Cristera en México es la consecuencia de la reacción cristiana y natural contra aquellos enemigos de CRISTO, su Santa Iglesia y de los mejicanos en general. Y de su desenlace final con su eliminación a causa de la traición y/o, en su caso, mala dirección dentro del Clero de la Iglesia.
    Ya desde el mismo principio del cristianismo hubo traidores dentro del grupo, tal como lo fue Judas Iscariote. Con la Iglesia presidida por los distintos sucesores de Pedro, destaca Arrio todavía en tiempos de los romanos.
    Tenemos una serie de artículos publicados esta semana en El Español Digital “El 711, sus causas profundas y su modernidad” de J. Mª Manrique sobre el Complot contra la Iglesia que nos muestra de forma muy detallada y extremadamente aclaratoria como se ha ido desarrollando a lo largo de estos 2000 años.
    Podemos advertir de la gravedad de esta “infiltración de traidores dentro de la Iglesia” con la denuncia del emperador de Austria Francisco José contra el cardenal Rampolla por masón en el conclave de 1903 buscando un sucesor a León XIII. Llama la atención que fuese Secretario de Estado de quien -León XIII- hizo grandes esfuerzos (incluidas encíclicas) para desenmascarar y perseguir dichos enemigos de CRISTO dentro de la Iglesia.
    Los Cristeros, cristianos laicos en su mayoría, no tuvieron como aliados a los principales obispos en Méjico, sino todo lo contrario. Después de muchas muertes y sacrificios, los Cristeros tienen en jaque al gobierno Mejicano, pero justamente en este momento de pleno dominio de la situación, deponen las armas obedeciendo al Papa Pío XI quien con nefastos informes de los obispos mejicanos (sea el Nuncio y/o quien fuese) y “peor decisión” desde Roma, entregan las armas y pasan a ser eliminados (fusilados) por el gobierno masón de turno.
    Lo de “peor decisión” me refiero a la dada por Pío XI, lo digo —con mucho reparo— pues NO lo sé con exactitud. Me cuesta creer que todo un Papa (y Papa verdadero) haya podido tener tal capital error y poner a sus “hijos” los Cristeros a la misma altura para un posible acuerdo con “un gobierno masónico” enemigo declarado de CRISTO, máxime cuando de aquella el comunismo estaba perfectamente identificado con desastrosas consecuencias para la sociedad libre y, en especial, contra el cristianismo pues bebían de las mismas fuentes de la judeo-masonería. Por todo lo cual, la decisión de Pío XI de haber sido tomada por él –NO puedo juzgarla bajo ningún concepto, además por no ser juez y de carecer de todo elemento probatorio- la dejo como sorprendente.
    Ni que decir, que los Cristeros fueron cristianos ejemplares fieles soldados defensores de CRISTO. Aquellos Cristeros que murieron defendiendo a N.S. JESUCRISTO están VIVOS en CUERPO y ALMA en la Gloria Celestial.

    Hoy en día, los defensores de CRISTO y de Su Iglesia debemos estar concienciados que nuestra fidelidad a CRISTO y a Su Inmaculada Madre, Reina y Señora Nuestra La Virgen María, debe de realizarse al margen de la Sinagoga de Satanás instalada en El Vaticano.

    ¡¡¡¡ Viva CRISTO Rey !!!!

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