Historia negra del PSOE (V)

Las victorias tienen muchos ‘padres’, pero las derrotas suelen quedarse huérfanas. La derrota del bando republicana hecha oficial el 1 de abril de 1939, supuso la desintegración del Frente Popular y la huida de todos los líderes integrados en ella, comenzando el inicio de un gran número de reproches de los líderes de cada uno de estos partidos contra los otros sobre quién o qué había causado la derrota militar en la contienda. Para el sector mayoritario del PSOE que acaudillaba Indalecio Prieto, había una responsabilidad muy clara: la del PCE y el intervencionismo de la URSS con la colaboración del sector ‘filo comunista’ que había dentro del PSOE y que representaba el Dr. Negrín. Para el PCE y para el Dr. Negrín, era al revés, era Prieto y su ‘pesimismo’ los culpables de la derrota. En la Fundación Indalecio Prieto se guardan cartas intercambiadas entre Negrin y Prieto. Al final se impuso el criterio de Prieto y el Doctor Negrin sería expulsado del PSOE junto a sus afines Álvarez del Vayo y Ramón González Peña, el cabecilla del golpe de estado de 1934. El tema de fondo era la ruptura total de relaciones entre el PSOE y el PCE.

Centeno
Rubial
Melitón Manzanas

Pocos son los dirigentes socialistas que se quedan en España, entre ellos destacar a Tomas Centeno y a Ramón Rubial. Centeno sería condenado a muerte, pena que se le conmuto por la de cadena perpetua, quedando en libertad en 1945. Siguió cometiendo acciones ilícitas y de nuevo detenido en 1953, falleciendo en dependencias policiales. Ramón Rubial también sería condenado a muerte, también se le conmutó la pena por cadena perpetua, pero se escapó antes de obtener la libertad. El inspector que detiene a Rubial cuando intentaba escapar a Francia era Melitón Manzanas, asesinado por ETA el 2 de agostos de 1968. Rubial había participado activamente en la intentona golpista del PSOE de 1934, seria excarcelado en agosto de 1956. En el XXVII congreso del PSOE, celebrado diciembre de 1976, sería elegido presidente de la organización, hasta su fallecimiento el 24 de mayo de 1999, sus máximos dirigentes se peleaban entre ellos desde la cómoda distancia por el poder y por los restos de legitimidad o de fortuna que el hundimiento de la devastada República les pudiera reportar. Es decir, mientras que personajes como Centeno o Rubial seguían en España, la gran mayoría de los dirigentes de peso socialistas, estaban en su “cómodo exilio” discutiendo por las migajas de una inexistente república.

Negrín con Prieto

El Dr. Negrín, que había perdido todo control sobre lo que quedara de la ejecutiva del PSOE en el exilio en manos de Prieto, aún trataba de mantenerse como ‘Jefe del Gobierno de la República en el exilio’ (el cargo de Jefe del Estado lo ocupaba Diego Martínez Barrio desde la dimisión de Manuel Azaña, que no tuvo la menor intención de mantener el teatro de los ‘cargos en el exilio’). Esta situación se prorrogó hasta el fin de la Segunda Guerra Mundial, tras el cual los distintos grupúsculos de republicanos en el exilio mantuvieron una reunión en México en la que acordaron formar un gobierno republicano en el exilio sin el Dr. Negrín. En la práctica eso equivalía a su destitución como ‘Jefe de Gobierno en el exilio’, y reemplazarle por José Giral. Lo cierto es que no existía ya ningún argumento que pudiera sostener ni a Giral, ni a Negrín, ni a nadie. No era sólo cuestión de la legitimidad o la ilegitimidad que se le quisiera dar al alzamiento del 18 de julio de 1936, o al resultado de la guerra civil de 1939. Es que, aun siguiendo la dudosa legalidad de la segunda república, el mandato de las últimas Cortes republicanas nacidas de las elecciones de febrero 1936, había caducado en 1940. Por lo que cualquier teatralización de reunión de ‘cortes en el exilio’, carecía de legalidad alguna.

El enfrentamiento entre el Dr. Negrín y Prieto no había sido sólo una cuestión política, también podía verse en ella una disputa económica. En octubre de 1945, el diario izquierdista norteamericano PM, pública un artículo en el que afirmaba que Prieto huyó de España llevándose cuarenta millones de dólares que le confío Negrín, para que los ocultara en el extranjero. Según la investigación de PM, de aquellos 40 millones de dólares, se han invertido uno o dos en ayudar a los emigrados, y tres millones fueron incautados por el Gobierno mejicano, dinero que le sería entregado a Giral, cuando ese año reemplazó a Negrín como jefe de Gobierno en el exilio. “El resto sigue en poder de Prieto, que nunca ha querido dar cuenta a nadie de los fondos”. Por lo que asumir el cargo de ‘presidente de la república en el exilio’, no era sólo un tema simbólico, era también una forme de ser albacea del dinero sacado de España durante el conflicto.

En un discurso pronunciado ante sus amigos políticos, Negrín señaló que abandona México declarándose enemigo del Gobierno Giral, que – dijo – “no responde, por su tibieza, a ninguna de las necesidades actuales de la causa republicana española”. Pidió la exclusión del Gobierno de los socialistas del grupo que acaudilla Prieto, a los que seguía culpando de la derrota española en la guerra. Y anunció que no apoyaría al Gobierno de la República en el exilio, porque con su falta de viabilidad habían conseguido que la gran prensa y la opinión pública internacional “juzguen hoy la causa de la República española con algo peor que la hostilidad: con persistente indiferencia”. “En la mayoría de los sectores mundiales que estuvieron al lado de la República – añade Negrín – se observa una frialdad evidente, reflejo de la que sienten hacia el Gobierno Giral los propios republicanos”.

En realidad, el principal motivo de indiferencia de la comunidad internacional hacia el Gobierno de la república en el exilio estaba basado principalmente en que habían pasado seis años desde el fin de la Guerra Civil, y era un hecho objetivo que quien mandaba en España era el Gobierno del General Franco, y no el gobierno exiliado del Dr. Negrín. El primer jefe de Estado de la II República, Niceto Alcalá Zamora, escribió un célebre artículo desde su exilio en Argentina (diario ‘La Razón’ de Buenos Aires) asegurando que ninguno de sus excompañeros tenía ya legitimidad alguna para hablar de legalidad republicana de 1931, pues nada quedaba de ella. Una actitud similar cabía atribuirse a Manuel Azaña, segundo Jefe de Estado de este, que tampoco secundó aquellos intentos de perpetuar instituciones que, virtualmente, habían dejado de existir.

Los 40 millones de dólares que manejaba Indalecio Prieto con gran soltura, y que no quiso repartir con nadie, eran en gran parte provenientes del que posiblemente haya sido el mayor expolio cultural y económico, nunca cometido en España. Aunque los cálculos del periódico izquierdista norteamericano se quedaban bastante cortos, con la gran fortuna que manejaba Indalecio Prieto. Si Negrín había “vaciado” las reservas de oro del banco de España, y las había enviado a la Unión Soviética, siendo ministro de Hacienda, con la excusa de pagar la deuda de la ayuda soviética al gobierno del Frente Popular, Indalecio Prieto se convierte en el “administrador” del expolio cometido en España, apenas 58 días después de la sublevación del 18 de julio de 1936. Entre pillos y muy golfos andaba el juego. Las disputas “tácticas” que no ideológicas de cómo se tenía que haber llevado la guerra, dieron paso a las disputas económicas para repartirse el expolio cometido en España con lo robado. En México había gran parte del exilio español, pero no todo exiliado en México lo era por razones ideológicas, muchos se fueron al país hispano huyendo del horror de la guerra y por razones económicas que no políticas. Antes de finalizada la contienda, muchos dirigentes socialistas estaban en México, preparando el reparto del saqueo cometido en España. Hoy sabemos, que ese saqueo comenzó a los pocos días de la sublevación, lo que viene a significar, que no pocos socialistas, traicionan a la república y consideran que perderán la guerra, incluso antes de que esta alcance su “cenit”. En 1937 empiezan a llegar a México los primeros exiliados. Entre ese año y 1939, se calcula que son cerca de 22.000 españoles los que residen en México. El junio de 1939, llegan a Veracruz, 1.599 españoles pertenecientes en su gran mayoría, al sindicato socialista UGT, en el barco “Sinaia”. En marzo de ese mismo año, y también frente a la costa de Veracruz, un yate con bandera norteamericana, “El Vita”, espera poder atracar y desembarcar la mercancía que lleva en su interior. El nerviosismo cunde entre la tripulación. Existen dudas de que hacer, pues la mercancía no puede pasar la aduana y nadie ha salido a su encuentro para recibirles. Entre la tripulación se encuentran personajes vinculados a Indalecio Prieto y de su máxima confianza, como el sanguinario Enrique Puente y miembros de su “motorizada”, con guardias de asalto y carabineros. La mercancía es fruto del expolio cometido en España, un inmenso tesoro de alhajas, oro, brillantes, cuadros de incalculable valor, todo ello robado a particulares, la gran mayoría de ellos asesinados y también a instituciones. El gobierno francés había permitido que el yate partiera con destino México desde el puerto francés de El Havre, el 26 de febrero, aunque antes hicieron parada en el Reino Unido, donde descargaron documentos y enseres personales del que era Presidente de la República Juan Negrín, que aunque la guerra no había terminado, él ya se encontraba a salvo fuera de España, mientras pedía a los españoles que se siguieran matando y mantuvieran viva la llama de la lucha. El Capitán del yate era el experto marino José Odoríca, que tenía instrucciones de establecer comunicación con Negrín, Joaquín Lozano o el Doctor José Puche, que estaba en el Reino Unido con Negrín, y eran las personas para quienes iba consignada la carga. Indalecio Prieto era el contacto en México y tenía encomendada la misión, dada sus buenas relaciones con el presidente mexicano Lázaro Cárdenas, de preparar las condiciones para el desembarco y ocultación de lo robado en España. El barco, gracias a las gestiones del presidente mexicano, atraco en el puerto de Tampico, el 30 de marzo del 39. Una vez descargada la carga sin haber pasado los preceptivos controles aduaneros, esta se trasladaría por carretera a Ciudad México. El doctor Puche viaja de Inglaterra a México para hacerse cargo del botín. Entre lo robado en España se encontraba relicarios, objetos religiosos de gran valor, sagrarios e incluso miles de perlas del manto de la Virgen del Sagrario de la catedral de Toledo, además de títulos de propiedad de 22 aviones de guerra y diversos motores que nunca llegaron a utilizarse. Cajas del Monte Pio, e incalculables objetos personales de personas acusadas de simpatizar con la zona nacional. Entre lo expoliado también estaban lienzos de Zuloaga, Murillo, Sorolla o Velázquez, que nunca fueron encontradas y que seguramente se entregarían en pago a dirigentes mexicanos para que estos hicieran “la vista gorda”. Hoy se sabe, que Prieto aprovecho parte de ese dinero, para tejer una “red de espionaje” dentro del propio exilio, para que nada escapara a su control, incluso se sospecha que este servicio especial de Prieto estuvo detrás del asesinato de representante “oficioso” de España en México, José Gallostra y Coello de Portugal, en febrero de 1950.

El total de lo robado por Prieto y los suyos, se estima en unos 300 millones de dólares. Prieto se convirtió en un gran magnate, comprando voluntades, financiando campañas y apoyando a presidentes, gracias todo ello al expolio que cometió en España. Nunca quiso repartir nada con otros dirigentes socialistas, compañeros de fechorías, y mucho menos con un exilio, que gran parte de él pasaba hambre. Prieto muere en 1962, en la gran mansión que adquirió en la avenida de Nueva León de Ciudad de México, en el número 103. Indalecio Prieto sería el culpable directo de que España no perteneciera a Naciones Unidas hasta 1955, por el veto mexicano. México sería el último país del mundo en reconocer al gobierno español en 1977.

El Dr. Negrín, abandonado por los propios socialistas, anunció que trataría de formar su propio Gobierno de la República en el exilio, pero de aquella pretensión no obtuvo resultado. El desprecio de la cúpula del PSOE en el exilio, cuyo primer secretario era desde 1944 Rodolfo Llopis, pero cuyo líder moral seguía siendo Indalecio Prieto, quedaba reflejado en el hecho evidente de que en los congresos socialistas celebrados en el exilio (casi siempre en la ciudad francesa de Toulouse), se colocaban retratos de todos los referentes históricos del partido, incluso el de Julián Besteiro, a pesar de haber apoyado el golpe anticomunista de Casado en 1939. Y, en cambio, ni retrato ni mención alguna al Dr. Negrín, visto como un traidor para un PSOE que no quería saber nada del PCE ni de sus amigos.

Rodolfo Llopis

La realidad es que, en el periodo del PSOE en el exilio, no había más estrategia para derribar al “franquismo”, que fiarlo todo a que la comunidad internacional, establecida por los ganadores de la Segunda Guerra Mundial y en el deseo y la esperanza de que se expulsara al General Franco del poder y diera el mando a los republicanos exiliados. Y la oportunidad para forzar aquello, era el periodo inmediatamente posterior al fin de aquella contienda, esto es, el periodo entre 1945-1950. Destruido políticamente Negrín en 1947, el cargo de ‘Jefe del Gobierno de la República en el exilio’ volvía por decisión del ‘Jefe del Estado en el exilio’, Diego Martínez Barrio, a manos de un dirigente del PSOE, de Rodolfo Llopis, el primer secretario designado por Indalecio Prieto en 1947, con la misión de tratar de convencer a la ONU de que echaran a Franco y le pusieran a él en el poder.

Pero el primer enemigo de Llopis no era Franco, eran los propios republicanos que no reconocían su jefatura. Lo cierto es que el Gobierno de Rodolfo Llopis apenas duraría unos meses, al constatar que ninguna potencia extranjera iba a hacerles el trabajo sucio. Indalecio Prieto y Rodolfo Llopis intentaron distanciarse como pudieron del comunismo y acercarse a una residual ‘oposición de derechas’ al régimen de Franco, pensando que si lo hacían, lograrían ese apoyo occidental, dando la imagen de que no eran el “Frente Popular de izquierdas” contra el franquismo, que siempre proyectaría la sombra de ser un grupo marxista, sino una oposición “transversal” de izquierdas y derechas españolas unidas, contra el franquismo. Para representar a esa ‘derecha’ contraria al franquismo, los socialistas buscaron acercarse en dos figuras propensas a la conspiración, como José María Gil Robles Quiñones y Su Alteza Real Don Juan de Borbón, Conde de Barcelona, del que el primero ya era colaborador. Fueron hechos muy comentados en la prensa española, tanto el encuentro Prieto-Gil Robles en Londres en los años cuarenta, como el Congreso de Múnich, entre Llopis-Gil Robles en los 60.

Gil Robles

Pero si bien el socialismo marxista, aunque muy debilitado, podía tener algún tipo de simpatía entre los españoles de izquierda que pudieran convivir, aunque fuera de manera clandestina en la España franquista, la influencia de Gil Robles Quiñones entre los españoles de derecha era nula pues, aunque luego trataran de ocultarlo, la realidad es que la gran mayoría de facciones que componían la derecha política española estaba, con más o menos matices, adicta al régimen de Franco. El inexistente apoyo de la derecha a Gil Robles, quedaría manifestado en las primeras elecciones democráticas de 1977, en las que la plataforma política liderada por Gil Robles, Federación Democracia Cristiana – Equipo Demócrata Cristiano, no logró ni un solo escaño. Y el veterano luchador ex jefe de la CEDA, Gil Robles Quiñones, candidato al Senado, vio como los electores de derecha le daban la Espalda en un congreso en el que, en cambio, sí tenían apoyo del electorado de derechas figuras procedentes del franquismo como Adolfo Suárez, Manuel Fraga, López Rodó, Silva Muñoz, Fernández de la Mora, Martín Villa, Rosón o Gabriel Cisneros.

Los socialistas acabarían rompiendo con los republicanos exiliados de Martínez Barrio, que ya no representaban a nadie, como también lo harían los comunistas, cuyo ‘hombre fuerte’ ya era Santiago Carrillo, aunque este no ocupara el liderazgo de manera oficial hasta 1960. Cuando en 1956 el Partido Comunista de España aprobó la llamada ‘reconciliación’, no se referían a que el PCE buscara abrazarse con el franquismo precisamente, contra el que combatió como pudo hasta el final. Se referían a que daban por acabada la guerra civil, y lo que querían que llegara después de Franco, ya sería una nueva etapa y no ‘continuación’ de lo interrumpido en 1936. Dicho de otra forma: el PCE negaba también cualquier legitimidad ya hacia ese teatro de ‘Gobierno de la República en el exilio’. Por lo que, sin el apoyo de los partidos marxistas, que eran los únicos que tenían un mínimo de estructura, el Gobierno de la República en el exilio encabezado primero por Diego Martínez Barrios y, a la muerte de este, por figuras como Sánchez Albornoz o Maldonado, perdió toda presencia e influencia real en el mundo político nacional e internacional.

Álvarez del Vayo

El que fuera ministro ‘negrinista’ después de ser expulsado del PSOE, Julián Álvarez del Vayo, fundaría sus propias escisiones socialistas para tratar de liderar la oposición al franquismo, sin la ejecutiva oficial del PSOE, centrada en Toulouse (Francia), ni con lo que quedaba del Gobierno de la II República residente en México le respaldara.

Según Luis Araquinstain, Negrín confesó que le nombró ministro de Exteriores porque “no encontró a nadie más tonto” para el cargo.

Entre estas “escisiones” fundadas por Álvarez del Vayo, cabe destacar la Unión Socialista Española, que sería la matriz que en 1971 desembocaría en el grupo terrorista Frente Revolucionario Antifascista Patriota (FRAP), junto con una escisión del partido comunista, el Partido Comunista de España (Marxista-Leninista). El FRAP, asumiendo que los gobiernos europeos no iban a invadir a España para acabar con el nuevo régimen y ponerles a ellos, pretendía ser una organización que echara a Franco por la vía de las armas en un momento en el que ni el PSOE, ni el PCE, ni la URSS, parecían ya demasiados interesados o animosos en forzar un cambio ‘violento’ de la situación política en España. No sorprende que para aquel PCE Marxista-Leninista, fuera más referente Mao Zedong, que la URSS. En la realidad, la única contribución del FRAP a la historia, fue asesinar a unos cuantos policías. Eso no quita que los que militaron en el FRAP se declaren muy orgullosos de su pertenencia a aquella banda y, por tanto, reivindiquen el asesinato de aquellos policías como “lucha antifascista” en nombre de la democracia. Entre ellos el padre de Pablo Iglesias Turrión, vicepresidente del Gobierno en el periodo 2020-2021. Tanto el que fuera vicepresidente de gobierno, como alguno de sus compañeros en el consejo de ministros presidido por el socialista Pedro Sánchez, afirmarían en más de una ocasión, que los miembros del FRAP eran demócratas anti fascistas. Con esta mentalidad, podemos llegar a comprender y entender lo que es un demócrata para gran parte de la izquierda de este país.

A partir de la muerte de Indalecio Prieto en 1962, la ‘caja’ que pudiera estar en manos del PSOE o lo que quedara de ella, pasó a depender únicamente de Rodolfo Llopis y sus colaboradores más directos, Víctor Salazar y Ovidio Salcedo.

Son muchos los testimonios de antiguos miembros del PSOE que aseguraban que a Llopis le llamaban en México el ‘chupe cuotas’ porque nunca rindió cuentas de los fondos del partido ni de las ayudas que pasaban Salazar, Salcedo y Conchita Prieto, hija de Indalecio y que era la albacea del testamento de su padre. Muchos los testimonios que hablan de cómo para algunos dirigentes socialistas, el exilio fue un exilio “dorado”, malversando el dinero y las obras de arte robadas en España y que nunca se ayudo a quien pasaba penurias.

Atentado en la calle del Correo
Forest y Sastre

Después del maquis, la única oposición violenta al régimen quedaba reducida a ETA a partir de 1968, y otras organizaciones terroristas de menor dimensión como FRAP o el GRAPO. ¿Existía algún tipo de relación entre los grupos opositores, que se auto calificaban de pacíficos como el PSOE, y los grupos opositores terroristas como ETA? En primera instancia, en la Conferencia de las Organizaciones Juveniles de la Oposición Democrática (COJOD) celebrada en el exilio en abril de 1962, asistieron junto a representantes del PSOE y de otros partidos, como Jorge Semprún, que estaba a punto de ser expulsado del PCE, representantes de la aún desconocida Euskadi Ta Askatasuna (ETA), organización cuyos crímenes aún no eran conocidos de cara al público. El dirigente del PSOE Francisco Bustelo reconoce en sus memorias que ETA le ayudó a penetrar en España para la lucha clandestina. No obstante, cuando ETA inició sin tapujos sus prácticas de asesinato generalizado, el resto de los partidos opositores se fue distanciado “de aquella manera”. El caso más claro fue el PCE, que cuando descubrió que dirigentes del partido habían colaborado con el atentado de la Calle del Correo, como Eva Forest o Alfonso Sastre, procedió a su inmediata expulsión. El atentado contra la cafetería Rolando en la calle del Correo, tuvo lugar el 13 de septiembre de 1974, con un saldo de 14 muertos y más de medio centenar de heridos. El atentado seria perpetrado por ETA-V asamblea y por militantes del PCE. Los autores nunca llegaron a ser juzgados y se beneficiaron de la amnistía concedida en 1977.

Las periódicas luchas por el poder en el PSOE se volvieron a plasmar en 1970. Tras la escisión de Enrique Tierno Galván, que fundó el Partido Socialista Popular (inicialmente Partido Socialista del Interior), con el desafío de que el marxismo español debía dirigirse desde el interior de España y no desde el cómodo exilio de Toulouse, un grupo de delegados jóvenes encabezados por Nicolás Redondo y Felipe González, manifestaron postulados similares a los de Tierno Galván, al margen de otras discrepancias con respecto a la estrategia que había que tener respecto al PCE. El XII Congreso del PSOE en el exilio (24º), al que se negaron a ir Llopis y sus partidarios, supuso el fin oficial del mandato del veterano socialista y la toma de partido por los nuevos jóvenes procedentes del activismo clandestino. En 1974, Felipe González Márquez era elegido en Suresne, nuevo Primer Secretario del PSOE (cargo que a partir de 1976 fue rebautizado como Secretario General), mientras que el sector de Llopis no reconoció aquel cónclave y celebró su propio 24º congreso del PSOE, presentándose como el legítimo, por lo que la prensa tuvo a partir de ese momento que identificar a los dos PSOEs de diferente manera.

Felipe González, Alfonso Guerra y otros en la época

El “PSOE Renovado” al de Felipe González y “PSOE Histórico” al de Rodolfo Llopis, por lo que el socialismo marxista español quedaba dividido en tres grupos, el de Tierno, el de Llopis y el de Felipe. Los tres se definían como marxistas y los tres se proclamaban herederos de Pablo Iglesias Posse, Besteiro, Largo Caballero y Prieto.

En seguida iba a quedar claro cuál era el ganador de aquella disputa. El PSOE de Felipe González logró el respaldo claro y contundente de la Internacional Socialista (de la socialdemocracia internacional). Antes aún sin que ninguno de los tres partidos fuera legalizado, todos ellos celebraron congresos al público en territorio español, apenas un año después de la muerte del general Franco. El primero fue el PSP de Tierno Galván, que celebró su primer congreso abierto al público en junio de 1976, que tuvo un seguimiento medio.

El siguiente fue en octubre de 1976, el PSOE sector histórico de Llopis, que tuvo un seguimiento aún menor, y en diciembre de 1976 se produjo el congreso del PSOE sector renovado, que dirigía un joven y carismático Felipe González Márquez, que tuvo un seguimiento masivo y era un valor en alza.

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Una respuesta a «Historia negra del PSOE (V)»

  1. El socialismo y el comunismo, que son la misma mierda con idéntico hedor, son el cáncer de las sociedades, y el psoe es y ha sido siempre el cáncer de España, una organización mafiosa volcada desde su infecto nacimiento al latrocinio, el asesinato, la traición, el expolio, el crimen de Estado, la ruina y la destrucción.

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