Historia negra del PSOE (VI-1)

Después del congreso de diciembre de 1976, quedaba claro el liderazgo de Felipe González dentro del socialismo español. Los líderes socialdemócratas de todo el mundo se volcaron en apoyo a Felipe González, y ahí estuvieron la plana mayor de la Internacional Socialista. Entre ellos Willy Brandt, líder histórico del partido socialdemócrata alemán, el SPD, presidente de la Internacional Socialista y premio nobel de la Paz, el primer ministro de Suecia Olof Palme, líder socialdemócrata en el país nórdico, o François Mitterrand, líder del Partido Socialista Francés. Por lo que quedaba claro ante la opinión pública quien era el PSOE ‘grande’. El apoyo del SPD a Felipe González no fue sólo político, también fue económico. Los socialdemócratas alemanes financiaron en gran medida al PSOE felipista. El propio Luis Solana, reconocería en público haber traído de Alemania maletines con dinero para financiar al PSOE.

En ese congreso, Felipe González Márquez designó a otro andaluz, Alfonso Guerra González como Secretario de Organización del partido o lo que es lo mismo, el ‘número 2’de la organización. En 1979 se crearía para él el cargo de ‘Vicesecretario’ del partido socialista, con un poder equiparable al de Felipe González, formando el ‘tándem’ que dirigiría el partido de manera incontestable hasta 1997.

El cargo de ‘Presidente del PSOE’ sería recuperado, pero únicamente como cargo honorífico. Su titular sería Ramón Rubial, que anciano, y a pesar de haber participado en el Golpe de Estado de 1934, había apostado, al contrario que Llopis, por la estrategia renovadora de Felipe y Guerra.

En el momento de abrirse la ventanilla para legalizar partidos, la denominación de ‘Partido Socialista Obrero Español’ a secas, fue presentada primero por el grupo de Felipe González y Alfonso Guerra, forzando al grupo de Llopis a registrarse como ‘Partido Socialista Obrero Español Histórico’.

Las primeras elecciones iban a sentenciar cuál era el PSOE que contaba con mayor respaldo popular. Felipe González, lejos de renegar del marxismo, lo reivindicaba, huyendo por el momento de la etiqueta de socialdemócrata, aunque los apoyos principales con los que contaba, era el de los socialistas alemanes. A pesar de que el PSOE Renovado aún se definía como marxista, Felipe González mostró un liderazgo renovado que miraba al futuro y no al pasado, como hicieron la gran mayoría de los políticos en aquel momento, por entender que eso era lo que demandaba la sociedad, aunque como hemos podido comprobar con posterioridad, solo fue una estrategia coyuntural. Cuando desaparecieron las generaciones que habían vivido la guerra y el fracaso de la república, el PSOE se puso a reescribir la historia y su propio pasado.

El PSOE de Felipe González contaría no solo con el apoyo político y financiero de la internacional socialista y de los socialdemócratas alemanes, en el interior contó con el inestimable apoyo de los políticos provenientes del franquismo y del nuevo régimen que estaba surgiendo, que a falta de una oposición creíble, se inventaron una contra la que poder competir en las elecciones próximas que se celebrarían en breve. Felipe González tuvo todos los apoyos necesarios, para convertirse en el líder de la izquierda. El PSOE seria “blanqueado” en contraposición con el PCE. Los socialistas serian la izquierda buena y presentable. El nuevo régimen necesitaba un contrapeso para poder ser creíble en el extranjero, incluso dotaron al PSOE Renovado de un órgano de comunicación, el Diario El País.

Para hacer “creíble” la democracia, se necesitaba una oposición que hasta la muerte de Franco, había sido inexistente. Los servicios secretos manejados por Suarez se pusieron a trabajar. Santiago Carrillo fue inmediatamente descartado, era considerado el enemigo público número uno, entre otras cosas, por su vinculación con las matanzas de Paracuellos, lo contrario que Felipe González, que era bien visto y seria la persona designada por el nuevo régimen, pero heredero del anterior, para que liderara la oposición. Felipe era el idóneo. No provenía de la generación de la guerra, carismático, y enfrentado a los dirigentes históricos del PSOE. Si bien es cierto que todavía no había renunciado al marxismo, eso era algo que podría esperar para más adelante. Adolfo Suarez había heredado la cúpula del CESED, los servicios de inteligencia, una cúpula formada por militares, eminentemente jóvenes, que no habían vivido la guerra, y que tenían meridianamente claro, que no era posible un franquismo sin Franco. Siendo realistas, los miembros del CESED son cruciales para Felipe González, entablan contacto con el PSOE, incluso con Franco todavía vivo y van dibujando la España del futuro cuando se produzca el fallecimiento de Franco, que se presume cercano. La idea es que los socialistas se “coman” a los comunistas. Los encuentros entre Adolfo Suarez y Felipe González fueron continuos y preparados por el CESED, de cara a organizar las elecciones de junio de 1977. Los servicios secretos anulan al PSOE de Llopis, para posicionar muy favorablemente al PSOE renovado o del interior. Existen dos informes en la Fundación Nacional Francisco Franco, que demuestran, por un lado, que en los meses anteriores a la muerte de Franco, justo antes del congreso de Suresnes en 1974, hay una reunión entre Pablo Castellanos (PSOE) y el gobierno, con el consentimiento del propio presidente Arias Navarro, y por otro, un segundo informe que prueba que el Partido Socialista Popular de Tierno Galván, recibió un total de 400.000 pesetas por parte del gobierno, para que colaborara en la “futura democracia” que estaba a punto de estrenarse. La estrategia de fondo era lavar la cara a los socialistas del interior, para eliminar a los beligerantes del exilio y ser la fuerza principal dentro de la izquierda, y sobre todo relegar al Partido Comunista a un segundo plano, que siendo realistas, habían sido la oposición mejor organizada y beligerante contra el régimen de Franco, aunque esto no los hiciera ni luchadores por la libertad, y mucho menos, luchadores en favor de la democracia. El régimen se inventó un nuevo PSOE, una nueva oposición, y Felipe González era la persona elegida.

En su discurso electoral en Televisión Española, el último día de campaña, Felipe González quiso reivindicar a un dirigente socialista histórico. Y no eligió ni a Francisco Largo Caballero, ni a Indalecio Prieto (quedaba descartado el Dr. Negrín, cuya figura había sido desterrada de la memoria del partido desde 1939). La elección de Felipe González fue muy simbólica: “La campaña electoral toca su fin, como diría Besteiro, la hora de la verdad ha sonado ya”. De esta manera, González citaba el nombre del presidente del PSOE al que más podían odiar los comunistas, por su papel en el Golpe de estado de Casado de 1939. Julián Besteiro fue el primer socialista que expresó públicamente su rechazo a una ‘dictadura comunista’. Aquello sólo podía interpretarse como un gesto de moderación y, aunque evitaran esa palabra, era un signo de que el PSOE había iniciado su camino hacia la socialdemocracia, al menos en apariencia.

En aquellas primeras elecciones democráticas, el PSOE fue la segunda fuerza en España por detrás de la UCD, mientras que el PCE se tenía que conformar con una tercera y decepcionante posición, pero a una gran distancia de los socialistas del PSOE. En lo referente a las otras formaciones marxistas, el PSP de Tierno Galván, obtuvo unos pobres resultados. Apenas seis escaños. El único consuelo para Enrique Tierno Galván es que al menos había logrado algo de representación, por lo que al menos pondría entrar en el PSOE con algo de dignidad, aunque tuviera que asumir su derrota. Diferente fue el caso del PSOE Histórico, que se presentó a aquellos comicios dentro de una coalición con otros grupos socialistas, Alianza Socialista Democrática, que no logró ni un solo escaño. Rodolfo Llopis, candidato al senado, no obtuvo su acta. De esta manera, los dos conspiradores del ‘Contubernio de Múnich’, como lo había bautizado la prensa, José María Gil Robles Quiñones y Rodolfo Llopis, acreditaban con la bofetada electoral, el nulo entusiasmo que despertaban sus personas ante el electorado español, frente a las figuras del momento: los neo franquistas Adolfo Suárez (UCD) y Manuel Fraga (AP) por la derecha y los, en teoría aún marxistas, Felipe González (PSOE) y Santiago Carrillo (PCE).

En las segundas elecciones democráticas de 1979, las primeras tras aprobarse la Constitución de 1978, el PSOE prácticamente repetiría los mismos resultados que en las elecciones anteriores de 1977. Adolfo Suárez lanzó la campaña del miedo contra el marxismo del PSOE desde las cámaras de TVE, sabiendo que sectores liberales progresistas, siempre recelarían de un partido que aún mantuviera planteamientos de revolución, contrarios a la iniciativa liberal y a la propiedad privada. Ante aquello, Felipe González y Alfonso Guerra, dieron el salto más espectacular contra el propio PSOE: abandonar el marxismo.

González y Guerra asumieron que la estrategia del PSOE en 1979 no podía ser la misma que en 1879, año de la fundación del partido, y que eso pasaba por actualizar una serie de “principios”, y por tanto, dejar de considerar a Marx ‘como un todo absoluto compañero’ y dar un paso adelante en lo que ellos consideraban evolución, dejar de ser un partido marxista. Con aquello se volaban los últimos puentes dogmáticos que pudieran unir al PSOE, con el socialismo revolucionario o cualquier sombra de simpatía hacia las dictaduras comunistas del Este. La línea que diferenciaba al PSOE del PCE quedaba perfectamente delimitaba al fin, y desaparecía para siempre cualquier vieja expectativa de fusión entre ambos partidos. Aunque es innegable, que siempre que el PSOE necesitaba ayuda, los comunistas del PCE o las marcas futuras, siempre acudían en su “auxilio”. Ver a Felipe González dejando de levantar el puño en los congresos socialistas, era otro símbolo de “moderación”, y ya cuando el PSOE dio el salto más espectacular: su aceptación a la presencia en España en la OTAN, la alianza militar internacional de Estados Unidos, los socialistas acabaron con sus viejos símbolos anti americanistas. El PSOE ya era un partido “socialdemócrata” homologable al estilo del SPD. Y aquella estrategia de “moderación” tuvo un éxito espectacular a nivel de urnas, logrando el PSOE de Felipe González, el mayor respaldo electoral logrado nunca por el socialismo en toda su historia, con cuatro victorias electorales consecutivas, 1982, 1986, 1989 y 1993. Felipe González Márquez tenía un nivel de popularidad y aceptación como ningún otro presidente había tenido en periodos democráticos en España. Eran los años del ‘felipismo’. Pero precisamente esa popularidad, sería también en cierta medida, la perdición, puesto que miembros del PSOE, entenderían que España les pertenecía. Entraría en escena la corrupción, que salpicaría todo el legado del felipismo.

Si el PSOE ya estuvo involucrado en distintos escándalos e intentonas golpistas, el nuevo PSOE de González, se vería involucrado en lo que conocemos como 23F. Es ya un secreto a voces, que altos dirigentes socialistas junto con Zarzuela, querían dar un golpe de mano, dada la deriva que estaba llevando España con los atentados de ETA y el modelo autonómico. Los principales protagonistas serian el propio rey Juan Carlos I, y los generales Alfonso Armada y Sabino Fernández Campo, a la sazón, jefe de la Casa Real.  La primera versión, la oficial, es la que ya conocemos todos, y que repiten como un mantra, para ocultar la segunda. Un grupo pequeño de militares nostálgicos, descontentos con la deriva del país, quiso dar un golpe de mano, y reconducir la situación. Versión que se mantiene por cobardía, y muy posiblemente por comodidad. La verdad es incomoda y eso supondría replantearnos toda la transición, pues estaría sustentada en mentiras que hemos acabado dándolas por buenas. Sostiene Jesús Palacios que “el 23-F no fue un golpe militar, fue una operación política-institucional en la que intervinieron y participaron, de una forma u otra, los principales poderes del Estado”.

No estaríamos hablando de un golpe militar, pues el ejército en su totalidad permanecía leal al rey y a sus instrucciones. Previo al 23-F, España vive una situación de colapso político y económico, con el terrorismo de ETA asesinando a decenas de personas al año, la mayoría de ellas militares. El gobierno Suarez se desmorona, y ya nadie confía en que reaccione. Las relaciones entre Suarez y el rey están rotas. Se sabe que Juan Carlos estaba muy molesto, pues según parece llegó a afirmar, que cuando solicito la dimisión del presidente Carlos Arias Navarro, este se la presentó de inmediato, cosa que no hizo Adolfo Suarez a requerimiento del monarca. Suarez se aferraba al poder, siendo muy cuestionado incluso dentro de su propio gobierno y dentro del partido que le daba soporte parlamentario, la UCD. Sin embargo, las relaciones entre el monarca y Felipe González eran fluidas y extraordinarias. Ambos coincidían en la idea de que Suarez era un personaje molesto y amortizado. El propio Jesús Palacios nos dice “que a lo largo de 1978 y 1979 un grupo relevantes personalidades; financieros, políticos, empresarios, de la Conferencia Episcopal y miembros del recién creado CESID, los servicios de inteligencia se reunieron en la sede de EFE, que presidia el periodista y académico Luis María Anson, para analizar de forma muy crítica, el proceso inicial de la transición y su negativa deriva política”. Esta sería la trama civil, a la que se sumarian con posterioridad el Partido Socialista (PSOE) de Felipe González, Alianza Popular de Manuel Fraga, Convergencia Democrática de Pujol y Roca, y miembros relevantes de la misma UCD. Existen sospechas más que razonables, de que el PSOE, y concretamente Felipe González, estaban de acuerdo en toda la trama, teniendo conocimiento de esta. Sabino Fernández Campo sería el artífice, el auténtico cerebro para dar la vuelta a la situación, y de una operación desastrosa, de una situación complicada, sacar provecho, culpabilizar a Tejero de todos los males y de ensalzar la figura del monarca. Hoy día se sabe que se había sondeado al PSOE, antes de incluir nombres de socialistas ilustres en ese Gobierno de concentración presidido por Armada, y habrían dado el visto bueno. Se da la circunstancia de que pocos meses antes del 23-F, el 22 de octubre de 1980, en Lérida se produjo una reunión de Alfonso Armada Comyn con el alcalde de Lérida, el socialista Antoni Siurana y el diputado Enrique Múgica, este ultimo seria ministro, teniendo a Felipe González de vicepresidente. Pero si el PSOE estaba involucrado en un intento de golpe palaciego capitaneado por Armada, quedo sepultado al ser eclipsado ese golpe por la negativa del teniente coronel Tejero a aceptar el gobierno de concentración nacional que le propuso Armada.

Conforme avanza la década de los 70, el PSOE, con el liderazgo indiscutible de Felipe González, avanza a paso firme hacia la conquista del poder. La gran victoria socialista de 1982 supone un punto y aparte en la historia de este partido. Su imagen ha sido blanqueada y se nos presenta como una izquierda moderada y occidental, muy alejada de los tiempos de la oscura república, que nadie reivindica. Eso lo dejarían para más adelante. Ya habrá tiempo de ajustar cuentas. Todo sería una jugada maestra para ganar tiempo e ir preparando a la sociedad. Conforme avanza el poder socialista, la corrupción se generaliza, y con ella, los múltiples escándalos que acabarían con el mismísimo Felipe González. No solo hablamos de corrupción política, económica o financiera, hablamos también de tramas para policiales y de crímenes de estado.

Caso Alonso Puerta en el ayuntamiento de Madrid. 1981:  En 1979 se formó el primer ayuntamiento democrático de Madrid, tras las primeras elecciones municipales después de la muerte de Franco. Los concejales del PCE y el PSOE unieron sus votos para que Enrique Tierno Galván del PSOE, fuera el alcalde por encima de la candidatura más votada, la de UCD de José Luis Álvarez y José María Álvarez del Manzano, que asumió el liderazgo de la oposición.

Florentino Pérez

El gobierno de coalición entre el PSOE y el PCE nombró a Alonso Puerta para una de las tenencias de la alcaldía. Puerta a denunciar públicamente en 1981, una trama de corrupción en el equipo de gobierno de Madrid del que él mismo formaba parte. La acusación de Puerta era que dos dirigentes del PSOE, Jesús Espelosín y Baltasar Aymerich (delegados de Saneamiento y Medio Ambiente y de Hacienda), habían podido percibir comisiones de empresas de recogida de basuras a cambio de que les adjudicaran la limpieza de la zona Norte. La información a Puerta, presumiblemente, le había sido facilitada por el concejal de la UCD, Florentino Pérez (futuro presidente del Real Madrid). Lejos de investigar la cuestión, Alonso Puerta es expulsado del partido, al que se lo prohibió el acceso al ayuntamiento de Madrid, no terminarían los problemas para el socialismo madrileño. Es difícil saber si hubo o no corrupción en la adjudicación de basuras del ayuntamiento de Madrid. Todo apunta a que hubo serias irregularidades, y que la denuncia pública de Alonso Puerta evitó que fuera a mayores, lo que vendría a significar, que el propio escándalo que causó la denuncia de Puerta, la hubiera abortado. Pero hay un hecho certero: la ilegalidad de Tierno Galván, del PSOE y del PCE, de pretender expulsar como concejal a Alonso Puerta, cuando el acta de concejal no pertenecía al partido, sino al edil, tal como figura en la Constitución. En un aparente intento de humillar a Puerta, el ayuntamiento de Tierno Galván hasta le retiró el sueldo. Sea lo que fuese, Alonso Puerta denunció un nuevo caso de corrupción, esta vez en el ayuntamiento de Leganés, al frente del cual figuraba otro ilustre socialista, Ramón Espinar.

Con el caso Alonso Puerta, se inicia un sinfín de casos de corrupción generalizada, que tiene como denominador común al PSOE y gran parte de su entorno. En 1983 estalla el caso Sarasola, un empresario muy cercano a Felipe González, que atesoro una gran fortuna con la llegada de González y al que se le vincula incluso con el narcotraficante Pablo Escobar. Sarasola habría invitado a Pablo Escobar a la celebración de la victoria socialista el 28 de octubre de 1982, según denunciaba Juan Tomas Salas, editor de Cambio 16. En junio de ese mismo año, aparecen las sombras de las primeras escuchas ilegales, el primer escándalo sobre presuntas escuchas,  por los servicios secretos de España bajo Gobierno de Felipe González, con Narcís Serra como ministro de Defensa.

El periodista José Luis Gutiérrez denunció que el servicio secreto, el CESID, a través de la Brigada Anti golpe, creada para evitar nuevos intentos de golpe de Estado, realizaba espionajes a conversaciones telefónicas privadas a multitud de personalidades, en especial periodistas entre los que se encontraban los primeros espadas de la información mediática en 1983 (Juan Luis Cebrián, Pedro J. Ramírez, Luis María Anson, Pedro Rodríguez…etc.).

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Una respuesta a «Historia negra del PSOE (VI-1)»

  1. El financiado PSOE del exilio, ya estaba desfasado para gusto de los financiadores y sus cambiantes antítesis, así que, vía talonario, fue sustituido desde la ilustrada Europa masona, para lleva a cabo las siguientes agendas, incluida la Agenda, en su momento. Al tiempo, se tomaba ‘el cerebro’ consciente del PP( Guerra Gómez ). Todo se ha ido llevando desde órganos supranacionales lacayos, creados y financiados al efecto( Rockefeller ).

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