Holocausto Nuclear: la otra cara del espejo

“Hongos” de las bombas atómicas de Hirosima (izquierda) y Nagasaki (derecha).

Alemania capituló el 8 de mayo 1945. Prueba Trinity el 16 de julio. El 6 de agosto estalló la primera bomba atómica (Little Boy, de uranio U-235) en Hirosima. Dos días después la URSS declaró la guerra a Japón y el Primer Ministro Kantaro Suzuki dijo a los miembros de su gobierno: «… no nos queda más remedio que capitular sin condiciones», lo cual fue hecho público de inmediato; ello no fue óbice para que el día siguiente se tirara una segunda bomba (Fat Man, plutonio Pu-239) sobre Nagasaki. Japón aceptó las condiciones de rendición el 14.

Los bombardeos atómicos no fueron, ni con mucho, los más mortíferos que hicieron los sajones, dentro de los cientos que desarrollaron en su búsqueda de la aniquilación de gran parte de los pueblos alemán y japonés. Tokio (en varios bombarderos) y Dresde (en uno solo continuado), entre otros centenares de ciudades, resultaron mucho más mortíferos y costosos, como consecuencia de la premeditación, tiempo y recursos necesarios para efectuarlos. Los bombardeos `de alfombra´ americanos habían arrasado no solo las cinco ciudades japonesas más importantes, sino también otras 67 (23 de entre 100.000 y 400.000 habitantes y otras 41 de unos 100.000 habitantes) destruyendo casi toda la capacidad industrial japonesa.

La explosión en Beirut (Agosto 2020)

El 75º aniversario del empleo de las primeras bombas atómicas ha sido lógica ocasión para su recuerdo, precedido, no se olvide, del suceso acaecido en el puerto de Beirut, que para muchos parece provocado por una explosión nuclear. Pero, como se dice hasta la saciedad, si la primera víctima de la guerra es la verdad, en el caso de su empleo por Norteamérica contra Japón la verdad había desaparecido desde bastante antes de aquella injustificable masacre, u «holocausto nuclear», por emplear otro manido tópico.

Con ánimo de ampliar los puntos de vista de tan controvertido acontecimiento, y permitir al lector una mayor aproximación a la verdad histórica, permítasenos esbozar los indicios de que, como en tantas otras ocasiones, hay motivos más que suficientes para dudar de las verdades oficiales respecto a la intencionalidad del primer empleo de las armas nucleares e incluso de su origen.

No seremos muy minuciosos en este resbaladizo tema, simplemente pretendemos exponer al lector que muchos testimonios que apoyan ampliar el campo de visión. Y ello, recordando el Artículo 19 de la Declaración de Humanos, adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 10 de diciembre de 1948 en París, el cual estipula que «todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión». 

Sobre las motivaciones del bombardeo

Las bombas no se tiraron sobre objetivos militares ni evitaron la muerte más de un millón de soldados aliados (según se excusó Churchill).

Los japoneses iniciaron movimientos exploratorios para una posible paz en 1943, de lo que hay constancia en archivos y prensa norteamericanos, quienes, además interceptaron un mensaje a Berlín del embajador alemán en Tokio en el que se decía que la situación japonesa era desesperada y que aceptarían la capitulación incluso con condiciones duras.

Más de dos tercios de los edificios de Hirosima (antes y después) resultaron completamente destruidos. La orden de bombardeo decía: «Fecha del ataque: 6 de agosto. Objetivo del ataque: la parte histórica y la zona industrial de la ciudad de Hiroshima. Segundo objetivo de reserva: los arsenales y la parte céntrica de la ciudad de Kokura. Tercer objetivo de reserva: la parte céntrica de la ciudad de Nagasaki» (las cursivas son propias).

Aunque pocos, por el imponente peso opresor de la censura, el ir contracorriente e incluso un patriotismo mal entendido, hay incluso testimonios norteamericanos que certifican que Japón estaba dispuesto a rendirse, y sin grandes exigencias, antes de los lanzamientos de las bombas atómicas.

Los principales mandos militares norteamericanos, entre otros, se manifestaron en contra:

El Almirante William D. Leahy, Jefe de Estado Mayor del Comandante en Jefe (los Presidentes Roosevelt y Truman), dijo: «Los japoneses ya estaban derrotados y listos para rendirse a causa del eficaz bloqueo marítimo y los ataques con armas convencionales … No me enseñaron a hacer la guerra de esa forma, y las guerras no se pueden ganar mediante la destrucción de las mujeres y los niños».

El General de Brigada Carter W. Clarke, responsable entonces de los servicios de contraespionaje, en una entrevista de 1959, dijo que «era inútil y sabíamos que lo era: queríamos utilizar a los japoneses como cobayas en una experimentación a tamaño real».

El General Eisenhower, a pesar y haber tenido actuación `desoladora´, por usar términos suaves, con los prisioneros alemanes en posguerra, quizá porque era de origen alemán y sangre hebrea, lo reconoció en una entrevista publicada en Newsweek el 11 noviembre de 1963 (Ike on Ike), diciendo que el Imperio Japonés «estaba dispuesto a capitular, (y) era totalmente inútil golpearlo con semejante monstruosidad».

MacArthur, quien no fue consultado sobre los bombardeos, a pesar de ser el comandante en jefe en el Pacífico, los desaprobó por excesivos y afirmó que los japoneses se habrían rendido en mayo si EEUU hubiese dado plenas garantías de que podían conservar a su emperador.

El que en aquellas fechas fuera Subsecretario de Estado de Marina, Ralph A. Bard, lo había anticipado escribiendo, en el US News & World Report de 15 de agosto de 1960, que Japón «se había resignado a una rendición sin condiciones mucho antes de agosto… la guerra se ganó antes de utilizar la bomba atómica; por lo tanto, no habría sido necesario que nosotros reveláramos nuestra posición nuclear y estimuláramos a los rusos para desarrollarla mucho más deprisa que si no hubiéramos dejado caer la bomba». A finales de junio Bard había pedido a sus superiores que antes del lanzamiento se avisara a los japoneses con dos o tres días de antelación, para facilitar su rendición, cosa que, por supuesto, no se hizo; congruente con su postura, poco después dimitió de su cargo.

Paul H. Nitze, Subsecretario de Estado de Defensa, escribió en su libro From Hiroshima to Glasnot: «yo creía que la interdicción de las líneas de transporte sería suficientemente eficaz por lo que no debía ser necesario el bombardeo adicional de las zonas industriales urbanas… (Japón) era incapaz de sostener una invasión más allá de octubre, y el estado mayor estadounidense lo sabía …».

Herbert Hoover, 31º Presidente (1929-33) de los Estados Unidos, dijo: «… los japoneses estaban dispuestos a negociar desde finales de febrero 1945 … hasta antes de que las bombas atómicas fueran lanzadas. Hoover se reunió a principios de mayo de 1946 con el general Douglas MacArthur y anotó en su diario: «le hablé a MacArthur de mi memorándum a Truman de mediados de mayo de 1945, y que (mediante él) la paz con Japón podría haberse conseguido logrando nuestros principales. MacArthur dijo que estaba de acuerdo y que nos habría evitado todas las pérdidas, la bomba atómica, y la entrada de Rusia en Manchuria.

Henry L. Stimson

La historiografía `oficialista´, para explicar lo injustificable de la utilización del explosivo nuclear, normalmente se apoya la tesis del Secretario de Estado de Defensa Henry L. Stimson, verdadero jefe del programa nuclear norteamericano, quien dijo: «en el departamento de Estado ganó la idea de usar la bomba atómica como un arma diplomática (en contra de los soviéticos)». El antes citado Paul H. Nitze, la rebatió diciendo: «Para impresionar a los rusos hubiese sido sumamente simbólico lanzar las bombas sobre una de las islas desiertas del norte del archipiélago (nipón) que Stalin quería recuperar después de la guerra».

Hay bastantes más testimonios de gallardas posturas de norteamericanos opuestos al bombardeo atómico del Japón, pero estas son suficientes como muestra.

Al recibir la noticia de la aniquilación de Hiroshima, Truman dijo entusiasmado: «éste es el suceso más grandioso de la historia». Puede decirse que el lanzamiento de las bombas atómicas fue decisión personalísima del hebreo y masón Harry S. (Solomon, aunque gustaba cambiar por Shipp) Truman, sucesor del Franklin Delano Roosevelt, de igual condición (descendía de sefardíes neerlandeses y su apellido sería sencillamente una deformación del original español “Del Llano”), y de quien se sospecha que se pudo suicidar o `ser suicidado´. Estos datos también tienen respaldo historiográfico, se quiera o no se quiera tener en cuenta, pero nuestros lectores deberían tenerlos presentes siquiera sea como posibilidad a estudiar. Lo que está fuera de toda duda es que fue declaradamente sionista por un lado y anticatólico por otro, además de masón de alto grado.

Herido (una de las fotos menos aterradoras); el Convenio de La Haya de 1907 (nº IV) prohíbe el empleo de veneno y los bombardeos a ciudades; la Convención Ginebra de 1925 prohíbe el empleo de gases asfixiantes, tóxicos o similares y medios bacteriológicos; la radiación es un `veneno´, se mire como se mire, y casi siempre mortal.
Distribución de la radiación en Hirosima: dosis ponderada tomada en el colón en el momento de la explosión.

Hirosima y Nagasaki: Las `Bajas´

Dado lo difícil del cómputo y el interés norteamericano, e incluso japonés, en ocultar la verdad, se estima que, a finales de 1945, las bombas habían asesinado a 140.000 personas en Hiroshima de un censo de 350.000  (80.000 muertos iniciales,  de ellos17.000 `desaparecieron´ carbonizados y pulverizados), más cerca de 160.000 contaminados por la radiación, y 80.000 en Nagasaki  (la mitad muertos inicialmente); en conjunto: 220.000 muertos iniciales, una enormidad inferior a Dresde (tres oleadas de bombardeos y una de cazas durante dos días seguidos) y al conjunto de los producidos en Tokio. En 1950 eran ya unos 200.000 los muertos en Hirosima (en 2005 el número oficial de muertos en Hirosima era de 242.437) y unos 140.000 en Nagasaki. Según estimaciones japonesas oficiales la cifra total de muertos ronda los 300.000, sobre un total de unas 500.000 víctimas.  Y los nacimientos de seres tarados imputables a la radiación no bajan de 18.000, aunque al día siguiente al ataque The New York Times publicara en portada que «No radioactivity in Hiroshima ruin».

Otros datos de carácter político-religioso

Es llamativo que a la prueba norteamericana de la bomba de Uranio la denominaran Trinity (Trinidad) y que Hirosima y Nagasaki eran dos ciudades muy secundarias desde el punto de vista industrial/militar, pero las de mayor tradición católica/cristiana en Japón. En Nagasaki, ciudad donde S. Francisco Javier estableció una misión en 1549 y que contaba entonces con la mayor catedral de Oriente (Stª. María, en el barrio de Urakami), desaparecieron dos tercios de la pequeña pero floreciente comunidad católica (8.500 de los miembros de una comunidad de 12.000). El cardenal Giacomo Biffi se preguntó en sus memorias: «¿Podemos suponer que las bombas atómicas no hayan sido tiradas al azar? La pregunta es por lo tanto inevitable: ¿cómo así se escogió para la segunda hecatombe, entre todas, precisamente la ciudad de Japón donde el catolicismo, aparte de tener la historia más gloriosa, estaba más difundido y afirmado?» (y Aquí).

Arthur Kenneth Chesterton, el autor católico inglés, escribió lo siguiente en su revista Candour (septiembre de1963): «La primera comunidad católica de Japón se hallaba precisamente en Hiroshima. La primera comunidad protestante y segunda cristiana, en número de practicantes, se hallaba precisamente en Nagasaki. La orden de que se lanzaran esas bombas la dio personalmente el presidente americano y francmasón Harry Salomon Schippe Truman. La escuadrilla a la que pertenecía el avión bombardero de Hiroshima, se llamaba Dreams of David (Sueños de David). El piloto que arrojó la primera bomba atómica, Paul Tibbets, era de la misma extracción racial que el Presidente Truman y el Rey David».

Misa Pontifical celebrada en las ruinas de la Catedral de Santa María, Nagasaki, el 7 de diciembre de 1949.
Truman con sus arreos de masón.

En la 2ª Guerra Mundial el bombardeo de ciudades abiertas lo empezó Inglaterra contra Wilhelmshaven y Cuxhaven, el 5 de septiembre de 1939, y lo terminaron los aviones del General Curtis LeMay, Jefe del XXI Bomber Command en Las Marianas y supuestamente también hebreo. LeMay dijo tras el bombardeo de Tokio (9-III-1945): «There are no innocent civilians, so it doesn’t bother me so much to be killing innocent by standers» (No hay civiles inocentes, así que no me molesta mucho estar matando espectadores/transeúntes inocentes).

J. Robert Oppenheimer

Pero, un aspecto fundamental es reseñar la presencia sionista en el proceso de consecución de la bomba atómica. Además de los mencionados, otros hebreos implicados en el Proyecto Manhattan (bomba atómica) fueron: Albert Einstein (alemán; teoría de la relatividad, cartas a Roosevelt), Enrico Fermi (italiano, casado con judía, dirigió la 1ª reacción en cadena), Leó Szilárd (húngaro, ayudó en la 1ª reacción en cadena), Niels Bohr (danés, luego Nobel de física), Lise Meitner (austríaca, investigó la fisión), Edward Teller (húngaro), J. Robert Oppenheimer (norteamericano, dirigió el proyecto; marxista), Joseph Rotblat (polaco, dirigió bomba H). También los norteamericanos Frank Oppenheimer (hermano de Robert), David Bohm, Richard Phillips Feynman, Morris Kolodney, Louis Rosen, Jacob Beser, Theodore Alvin Hall, Samuel T. Cohen, David Greenglass, George Abramovich Koval, Alvin Martin Weinberg y Stan Frankel; los alemanes Franz Eugen Simon, Rudolf Peierls, James Franck, Hans AlbrechtBethe y Klaus Fuchs; los húngaros Eugene (Paul) Wigner, Edward Teller, y Nicholas Kürti; los polacos Isidor Isaac Rabi y Joseph Rotblat; los rusos Gregory Breit y Eugene Rabinowitch; FelixBloch (suizo), Emilio Gino Segrè (italiano), Samuel Goudsmit (danés), VictorWeisskopf (austríaco), Louis Slotin (candiense). Y, por parte de la British Mission: James Chadwick (inglés), Otto Frisch (alemán), George Placzek (moravo). Muchos se hicieron luego pacifistas.

Einstein era también ateo agresivo: se mofaba de Dios diciendo que “el viejo no es sagaz –boschaft ist er nicht-”; “…tendría que compadecer al amado Dios (si se demostrara que la teoría de la relatividad que es falsa pues) la teoría es perfecta –Da könnt’mirhalt der liebe Gottleid tun – Die Theorie Stimmt Doch-”; “creo en el Dios de Espinoza pero no en un dios que se preocupa por los humanos” (Carlos Galicia: La Bomba Atómica; Revista Española de Historia Militar nº 73/4, Valladolid, agosto 2006).

Baruch y Lawrence-Lipman
Símbolo del Proyecto Manhattan.

Pero casi siempre se olvida el papel de Bernard Baruch (1870-1965), judío y masón, agente del grupo Rothschild,  o, más correcto políticamente, financiero, accionista, filántropo, estadista, y asesor político estadounidense… quien, durante la Segunda Guerra Mundial fue colaborado de confianza y confidente del Presidente Roosevelt, el cual nombró a Baruch asesor especial del director de la Oficina de Movilización de Guerra, proyecto atómico incluido.  Baruch había convencido a Roosevelt para aprobar el Proyecto Manhattan (Baruch vivía en Manhattan y de ahí el nombre), proyecto que dirigió en la sombra (seleccionó al Comandante General Leslie Groves como director militar del mismo y a Robert Oppenheimer como director científico). También actuó a través del masón James Byrnes (y Aquí), quien dirigió la Oficina de Estabilización Económica y la Oficina de Movilización de Guerra con Roosevelt y luego fue Secretario de Estado con Truman. Así mismo impulsó a Truman a lanzar las bombas atómicas. Como curiosidad, merece la pena mencionar el caso de otro de los hombres de Baruch, el judío lituano Lipman Siew, también denominado William L. Laurence cuando escribía en el New York Times, y quien actuaba como “relaciones públicas” del proyecto secreto; fue el único civil que pudo ver la prueba atómica en Los Álamos (bomba de plutonio), además de participar en el bombardeo de Hirosima desde el asiento del copiloto en el Enola Gay, el bombardero lanzador de la bomba de uranio.

Hirosima: ¿La Bomba Alemana?

Los tres principales artífices de la presumible alemana: Kammler, Ardenne y Diebner.
La bomba de Hitler, de Rainer Karlsch.

Es muy probable que la primera de las bombas lanzadas sobre Japón fuera de procedencia alemana.
Sobre rumores de ello, lógicamente acallados por la propaganda oficial norteamericana, hay que ponderar el hecho de que Norteamérica no podía dividir su carrera atómica contra Alemania arriesgándose a llevar en paralelo dos desarrollos de bombas distintas, con lo costosísimo (incluso para EE.UU.) de ello y la lógica lentitud del conjunto.

Partamos de un dato objetivo inicial: en 1939 Einstein, ayudado por Leó Szilárd, instó al presidente Roosevelt para construir una bomba atómica antes que Alemania; en total, Einstein escribió tres veces a Roosevelt (antes de la guerra el 2-VIII-1939, el 7-III-40 y el 25-IV-40) y otra más a Truman (el 25-III-45) para impulsar la bomba. Es decir, el Proyecto Manhattan nació como una carrera de armamento en la que EE.UU. salía con retraso: el desarrollo de la bomba fue autorizado por el presidente Roosevelt el 9 de octubre de 1941, antes incluso de la entrada de los Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial (Pearl Harbor: 7-XII-41; ¿otro motivo más para sospechar que los EE.UU. «no solo dejaron que el ataque se produjese, sino que también está demostrado que lo provocaron»?). También hay que tener en cuenta que Roosevelt lo hizo a espaldas del Congreso hasta 1944, mediante el incremento secreto del presupuesto militar. Y, volviendo a la carrera nuclear, que fue lucha reñida lo demuestran, entre otras cosas, los ataques contra las fábricas y depósitos de agua pesada (H2O2) en Noruega (1942 -comandos-, 1943 -aéreo y terrestre: Los héroes de Telemark-, 1944 -hundimiento transbordador-). La Misión Aslos yanqui (y Aquí), y su homóloga soviética, impulsaron todo tipo de acciones antes y después de la guerra para localizar y paralizar el esfuerzo nuclear alemán.

Encabezamiento del memorándum de James F. Byrnes.

Un segundo dato: el 3 de marzo de 1945 el citado James F. Byrnes escribió un memorándum dirigido al presidente de los Estados Unidos en el que le detallaba los pobres resultados del proyecto Manhattan, así como el abusivo coste de dos `billones´ (2.000.000.000) de dólares gastados en el proyecto; existe una reproducción del mismo con visos de verosimilitud. Al parecer, en mayo el proyecto Manhattan estaba embarrancado: se había renunciado a la construcción de una bomba de uranio y, aún teniendo unos 15 kg de plutonio, no habían encontrado el método de hacerlo explosionar.

Y un tercero: así como hay amplísima documentación sobre la bomba de plutonio y su ensayo Trinity, no hay ninguna sobre la de plutonio, ni se hizo prueba de funcionamiento previa al lanzamiento.

A todo lo anterior podemos sumar los testimonios de Musolini y el Mariscal Antonescu (jefe de estado rumano), e incluso su propio médico, Dr. Giesling, a quienes Hitler les habló apenas veladamente de sus `Armas Maravillosas´ (Wu-Wa, Wunder Waffen) y, más concretamente, de la `Siegwafe´ (arma de la victoria, también mentada por Goebels).

Acaecida la rendición japonesa, aparecieron bastantes noticias en prensa relativas a que los norteamericanos habían encontrado varias bombas atómicas en Alemania; por ejemplo, el diario español Pueblo escribió el 6 de agosto de 1965 que «la Bomba Atómica de Hiroshima era alemana». Del Dr. Oppenheimer se ha llegado a afirmar que dijo en 1947 que «la de Hiroshima era una bomba que los alemanes ya habían probado, por lo que no había nada que investigar, solo usarla», y algo similar de Winston Churchill, y del Coronel D. L. Putt, del servicio de información técnica norteamericano en Europa. De esos tres testimonios, como se puede esperar, es difícil encontrar referencias claras hoy en día.

Luego vienen las estimaciones, y eso son, porque hay más de 300 millones de documentos sobre Alemania que permanecen prohibidos en los archivos secretos de los Estados Unidos.

Los alemanes inventaron las centrifugadoras para separar el U-235 del U-233 y las pusieron en marcha al final de 1944 en instalaciones cerca de Friburgo, en la Selva Negra; esta tecnología tardó muchos años en imponerse en EE.UU.

Uno de los supuestos diseños de la Uranbombe alemana.
Foto de Romersa y lugar de la explosión hoy.

En junio de 1943, en vísperas de la batalla de Kursk, se comunicó a todas las embajadas alemanas en Europa que había sido realizada con éxito la prueba de una bomba nueva, de formidable potencia y poco tamaño. También de 1943/44 son los detallados planes de ataque nuclear contra Nueva York ideados por el Alto Mando de las Fuerzas Aéreas del Tercer Reich (Oberkommando der Luftwaffe –OKL), que especificaban exactamente los valores en kilocalorías que coincidían con la cantidad de kilotones de la bomba de Hiroshima. Existen testigos, especialmente el periodista italiano Luigi Romersa (enviado de Musolini) y el Hauptman Hans Zinsser interrogado por el capitán norteamericano Helenes T. Freiberger, y documentación fotográfica de una explosión atómica alemana el 12 de octubre de 1944 en la isla Rüegen, próxima a Peenemunde, a las 11:45 am. También está el testimonio del científico alemán Erwin Oppenheimer (ningún lazo familiar con el yanqui), quien afirma haber logrado la bomba tras continuar el trabajo de Gustav Hertz. Además, hay rumores de otra explosión atómica en el siberiano bosque de Tunguska, a similar distancia de Alemania que la de la costa americana. Así mismo, en el Proceso de Nüremberg se preguntó a varios alemanes por una supuesta explosión nuclear en las cercanías de Auschwitz. El historiador Rainer Karlschcita también un informe de espías soviéticos a Stalin sobre «dos grandes explosiones en Turingia». Quizá por todo eso Stalin no se sorprendió cuando le dijeron en Postdam que los norteamericanos tenían la bomba.

Se encontró un prototipo de avión de bombardeo de largo alcance Heinkel He 177-A5 Greif V38, con 6.500 km de radio de acción, dotado de un sistema de bombardeo a gran altitud y protección anti-radiación.

Dibujo de un He-177 y varias de sus armas lanzables; su compuerta de bombas era inmensa.
Un policía militar norteamericano en la vela del U-234 en Portsmouth.

El 19 de mayo de 1945 entró en el americano puerto de Portsmouth el U-234, un clase XB que se había rendido en lugar de llegar a Japón. Los oficiales japoneses que viajaban a bordo se habían suicidado. Su valiosísimo cargamento consistía en 240 toneladas de diverso material, entre el que cabe destacar, que se sepa, dos aviones a reacción Me 262 desmontados, miles de planos y piezas de radares, cohetes/misiles y otras armas, y, sobre todo, 1.200 detonadores infrarojos ultrarrápidos para bombas especiales, bidones con agua pesada y 560 kilos de óxido de uranio (unos 450 kg de U-235) en unos70 contenedores cilíndricos con el interior chapado en oro para evitar oxidaciones. Oppenheimer presenció el desembarco de la carga.

Manfred von Ardenne

El físico alemán Manfred von Ardenne fue el inventor de esos detonadores, así como también el artífice de la retransmisión por TV de las olimpiadas de Berlín (1936), del primer misil teledirigido por televisión HS-293 (1941) y del radio transistor (1942), además de la centrifugación gaseosa para obtener U-235 (el proyecto Manhattan no logró desarrollar una centrífuga gaseosa). Ardenne dependía del General de las SS y Doctor Ingeniero Hans Kammler, ya que las SS habían acaparado el control de las principales investigaciones de armamento tras el atentado contra Hitler en julio de 1944; el proyecto era dirigido por el profesor Kurt Diebner. Los detonadores ultrarrápidos permitieron solucionar la realización técnica de la bomba; en España tenemos constancia de ello porque nuestro programa nuclear estaba empantanado hasta que se recogieron varios de entre los restos de las bombas caídas en Palomares.

Pila atómica en Haigerloch en 1945

Gran parte de la producción secreta alemana de la última etapa de la guerra se desarrolló en inmensos túneles de la región montañosa de Turingia; en los 25 km de la fábrica `Jonastal S III´ trabajaban más de 30.000 personas. Otra parte estuvo en las gigantescas factorías Manfred-Weiss (Budapest, Hungría), y su presumible vinculación con el programa nuclear alemán hizo que la zona se defendiera a ultranza por cinco divisiones SS.

De ser cierta la posesión alemana de armas nucleares, ¿qué impidió su empleo? Hitler era un patriota y no estaba loco, o al menos lo estaba al mismo nivel de otros mandatarios contemporáneos, por lo que, ante la inexorable evolución de la guerra, la férrea determinación de sus enemigos y el miedo a que Alemania fuera objeto de bombardeos masivos con gases y/o armas bacteriológicas, incluso atómicas en cuanto las tuvieran los norteamericanos, sin duda se decantaría por no usarlas, como no usó los gases neurotóxicos, por ejemplo.

¿Historia-ficción o un pálido reflejo de la realidad? En todo caso, nadie que aprecie la verdad puede desdeñar a priori esos datos.

Con el mismo título de «Holocausto nuclear» se publicó un trabajo similar en la revista Ares nº 47 (AQUÍ ENLACE)

6 respuestas a «Holocausto Nuclear: la otra cara del espejo»

  1. José María Manrique • 16 hours ago

    Por no alargar y distraer no cité las cifras del holocausto alemán, pero creo que debe conocerse para tenerlo como obligada referencia.
    Dresde en 1939 tenía una población de 642.000 habitantes y en 1945 además estaba atestada con unos 200.000 refugiados y varios miles de soldados heridos convalecientes.
    Eberhard Matthes, antiguo oficial del alto mando militar de Dresde, presenció en 1945 una conversación telefónica en la que se informó a Adolf Hitler de 3.500 cadáveres identificados, 50.000,identificables y 168.000 inidentificables (221.500 en total).
    En 1948, el Comité Internacional de la Cruz Roja mencionó 275.000 cuerpos “identificados” en la región de Dresde.
    Como acotaciones serias son suficientes.

    1. El periplo del submarino U-234 es muy extraño, demasiado como para ser fruto de la casualidad. El cargamento que transportaba era tan extraordinariamente valioso (motivo de sospecha también), que no se puede comprender fácilmente su destino inicial. ¿Para qué enviar todas esas «joyas» tecnológicas a un país que estaba militarmente derrotado y a falta, solo, de tener que aceptar la -más que probable- rendición incondicional?

      Pienso que quienes ordenaron esa última misión para este sumergible, querían que su cargamento terminara en poder de los Estados Unidos de América. Japón era solo una cortina de humo, quizá para la propia tripulación del submarino, porque la traición al pueblo alemán parece estar implícita en este asunto. Ello también serviría para explicar los suicidios (o ejecuciones) de los dos japoneses que iban a bordo, tras ser estos plenamente conscientes de lo que estaba sucediendo realmente.

      El cargamento que transportaba el U-234 era un pago, un rescate, una compensación. ¿A cambio de qué, de quién o de quiénes? No lo sé con certeza, salvo que la vida del Adolf Hitler auténtico (no uno de los varios dobles que tenía, incluído el muerto de la historia oficial) muy bien podría haber formado parte de ese posible lote.

      ¿Qué sería de los amos de este mundo si todos los secretos que ocultan se dieran a conocer públicamente?

  2. La verdad libera a los cautivos de la mentira y condena a sus carceleros. Por eso la guardan en archivos secretos bajo siete llaves. ¿Qué sería de los amos de este mundo, si todas las verdades ocultas se dieran a conocer públicamente?

  3. Este artículo daría para comentar largo y tendido, pero que nadie salga corriendo que no lo voy a hacer. Me voy a limitar a unas cuantas cuestiones de las muchas que se podrían reseñar.

    La primera es la enorme cantidad de información de primera categoría que proporciona y suministra este artículo, que suele ocultarse o no aparecer en las versiones oficiales o amañadas de este tema.

    En segundo lugar, que España, en materia política, de libertad de expresión y a transmitir libremente ideas pensamientos y opiniones, libertad ideológica, libertad de pensamiento, incluso libertad de cátedra, etc., es un sistema político dual o de doble naturaleza:
    a).- para la extrema izquierda es una democracia donde ellos tienen un derecho, -y una interpretación de estos derechos por los Tribunales de jueces para el comunismo que dominan la Judicatura y los órganos de gobierno de jueces y fiscales-, sin límite para decir, escribir y opinar lo que tengan por conveniente, hasta las calumnias y las falsedades más descaradas (presentar a Stalin, Beria, el Che o a Mao Zedong como grandes benefactores de la Humanidad, defender a la ETA y sus crímenes o la República del crimen que supuso la IIª República desde su inicio hasta su tramo final, tachar a Franco de asesino, etc. etc incluso sonarse los mocos con la bandera de España por televisión en hora de máxima audiencia), eso carece de ninguna relevancia y hay barra libre;
    b).- pero al mismo tiempo, para los de pensamiento ideológico contrario, el sistema político deja de ser una democracia y se convierte en un régimen policiaco encubierto, hipócrita por fuera, pero propio de los países del Este de la época de la guerra fría disfrazado con delitos específicos como el de odio que son falsos delitos, para garantizar que ellos puedan desplegar todo el odio y para perseguir a los de sentido contrario.
    En esta coyuntura, tratar estos temas (de la Segunda guerra mundial) en España es una actividad de riesgo, (como la de cuidador de cocodrilos en un zoológico, o la de fotógrafo de volcanes en erupción a pie de cráter), porque puede uno terminar en la cárcel simplemente por dar una opinión o apuntar un dato que aunque verdadero esté proscrito, porque la “democracia” en materia de libertad de pensamiento y de expresión en España es como lo de autorizar manifestaciones que depende del signo político que tengan, o los nombres de las calles, que hay barra libre para avenidas dedicadas a las criminales de guerra Dolores Ibarruri, Largo Caballero o Margarita Nelken, pero no da para que pueda haber una calle, aunque sea modesta, dedicada a los Héroes del Alcázar. Sólo hay que ver a la Fiscal General del Estado o a su novio el exjuez Garzón que ha pasado de juez de la Audiencia nacional (que conoce de los delitos de narcotráfico) a ser el abogado de determinados narcodictadores sudamericanos, para tomar razón de la clase de gente (en términos generales, no sé si con honrosas excepciones) de la que estamos hablando y que son los que, teniendo en sus manos el aparato judicial pueden decidir sobre la vida de las personas que no se pliegan al discurso de la extrema izquierda.
    Esto es, la democracia sólo existe en España para la antiEspaña, para los demás existe la Fiscalía del odio en funciones de Stasi y de “Joven Guardia Roja” para no tolerar que nadie pueda salirse de los dogmas imperativos de la religión oficial del discurso antifascista, porque eso sería tanto como pretender ponerle un nombre a una calle fuera del listado de nombres que les gusta a los jerarcas de Podemos. Se manipulan conceptos como “odio”, “racismo”, etc. que se suelen imputar sin ninguna verdad, y que su sola pronunciación provoca en los más ya una especie de parálisis cerebral, como la melodía del flautista de Hamelin.
    La cosa es muy sería, tan seria como la crueldad, la inmoralidad y la falta de escrúpulos que usa esta gente para instrumentalizar la Administración de justicia y destruir vidas sólo por odio político (porque los que acusan de odio son en realidad los que ejercen ese odio sobre los que lo sufren para que así no se puedan defender del odio que permanentemente se echa sobre ellos para su completa indefensión), y hay mucha gente que ha sufrido en sus carnes este Estado policiaco al que algún día le llegará su 25 de diciembre.
    Por tanto lo que comentamos lo hacemos con las limitaciones que impone esta realidad de persecución política (y también moral) disfrazada de democracia, y de falta de una Justicia honesta e independiente.

    La tercera cuestión a comentar, es que el lanzamiento de las bombas atómicas sobre la población civil de Hiroshima y Nagasaki no vino impuesta por exigencias de la guerra, sino que fue una fría decisión política, sin ninguna necesidad militar para ello, que se adoptó a sabiendas de que la guerra estaba ganada, a sabiendas de que Japón tenía ya quebrada antes de las bombas su voluntad de continuar la lucha, y que estaba dispuesto y resignado a aceptar las condiciones de una rendición en tales circunstancias de adversidad.
    Es decir los grandes banqueros y potentados del gobierno norteamericano decidieron volatilizar dos ciudades, que iban a ser usadas como una gigantesca parrilla humana, donde quedarían derretidas, carbonizadas y exterminadas de un plumazo cerca de medio millón de civiles de todas las edades, más los que sobrevivieron para maldecir su existencia con gravísimas quemaduras y secuelas de la radiación, más los miles de bebés que por generaciones nacerían y siguen naciendo con horribles malformaciones, únicamente para demostrarle a su aliado Stalin, que no se revolviera contra ellos que los EEUU tenían un mayor poder. Y esta demostración no la hicieron sobre suelo o población soviética sino sobre la población japonesa, que ninguna culpa tenía de las ambiciones de Stalin, y que fue con premeditación y alevosía usada y sacrificada para llevar a cabo, a modo de experimento real, la demostración para Stalin del potencial norteamericano.
    Todo ello supone, objetivamente, es decir ideas políticas aparte, la comisión de delitos de Lesa Humanidad que han quedado impunes, y de personajes que, en puridad, deberían ser calificados de criminales de guerra pero que sin embargo no sólo eludieron la responsabilidad de sus crímenes sino que muchos de ellos, como es el caso de Albert Eistein, gozan de una imagen “simpática”, incluso referente para la juventud, y se pueden encontrar de él poster y camisetas en los supermercados (para qué hablar en los centros educativos). Es la doble moral (y el poder enorme de la propaganda que crea perfiles al margen de la realidad) de las sociedades izquierdistas y liberales.

    En cuarto lugar, el hecho de que en el juicio de Nuremberg éste y otros crímenes de guerra cometidos por los aliados (aliados de Stalin, nunca perdamos de vista este dato objetivo) no fueran enjuiciados y sus autores condenados, no fue porque los aliados no hubieran cometido crímenes terribles como éste, (que como muy bien apunta el artículo, siendo execrables estos bombardeos, no son nada si los comparamos con los de Dresde y Hamburgo), sino porque el Tribunal de Nuremberg no fue un tribunal imparcial que hubiera conocido de todos los crímenes objetivamente, sin distinción de bandos, sino un tribunal para hacer una parodia de juicio donde estaban sentados como acusación y como jueces las naciones que habían perpetrado y continuaban perpetrando crímenes y que disfrazándose de jueces y fiscales pretendían engañar a la opinión pública y tapar sus propias atrocidades. Recordemos que en este juicio los rusos acusaron falsamente a los alemanes, entre otras muchas imputaciones, del asesinato de oficiales polacos en el bosque de Katyn, a sabiendas todo el mundo, -el gobierno y los jueces y fiscales norteamericanos y rusos incluidos-, que los asesinatos de Katyn no los habían cometido los alemanes sino los rusos. Hasta este extremo de ignominia se llegó para ganar la guerra ideológica y de propaganda pues en realidad el proceso no pretendió castigar a quienes de verdad hubieran sido responsables de actos criminales, sino que fue un juicio político para desacreditar a la Alemania Nacional-Socialista y a sus gobernantes tachándolos a todos -globalmente- de criminales, sobre todo pensando en las generaciones venideras de incautos que se lo tragarían sin análisis, -hoy prohibido con amenazas de cárcel-, lo que allí se decidió por quienes eran jueces y parte, porque parece obvio que distrayendo la atención magnificando sin escrúpulos los crímenes del enemigo se tapaban los crímenes propios, máxime si al mismo tiempo ya entonces se disuade que nadie pueda hablar de este tema ante el peligro de ser calificado de “colaboracionista”, en un momento histórico que los “colaboracionistas” eran linchados en plena calle o fusilados como espectáculo público, en una “limpieza étnica” política de la que no se hacen películas como no sea para ensalzar a los verdugos.

    En quinto lugar merece detenerse un poco en las fechas: el 6 de agosto 1945 los norteamericanos lanzaron la bomba atómica sobre Hirosima. Los japoneses expresaron su voluntad de rendirse pero ello no impidió que el experimento con cobayas humanas siguiera su curso y el 9 de agosto lanzaron la bomba sobre la desgraciada población civil de Nagasaki. Lo que mucha gente no sabe es que coincidiendo con esas fechas del lanzamientos de las bombas atómicas, en Londres los aliados estaban reunidos para definir los crímenes que serían esgrimidos en el Juicio de Nuremberg y que se acordaron en el llamado “Convenio de Londres” firmado el 8 de agosto de 1945.
    Es decir, dos días antes de este 8 de agosto de la firma del Convenio de Londres en el que se definieron los crímenes que serían esgrimidos en Nuremberg para acusar y condenar a los alemanes, la ciudad de Hiroshima quedó completamente arrasada por el lanzamiento de la primera bomba atómica. El 9 de agosto, es decir al día siguiente de la aprobación del Convenio de Londres que definía, entre otros crímenes, los crímenes de guerra y los crímenes contra la Humanidad, el gobierno masónico de los EEUU lanzó la segunda bomba atómica, sobre Nagasaki. Este análisis de las fechas permite valorar en sus justos términos la «preocupación» real de los aliados organizadores de Nuremberg por los crímenes de guerra y contra la Humanidad. Esto por no hablar de que al mismo tiempo que luego transcurrió el proceso y se acusó de crímenes contra la Humanidad y crímenes de guerra a los alemanes, los aliados -es decir, los jueces y acusadores- EN ESOS MISMOS INSTANTES en que se desarrollaba el juicio, deportaban entre 14 y 16 millones de alemanes de sus territorios históricos de Prusia Oriental, Pomerania, Silesia y los Sudetes; en condiciones tan infrahumanas que más de dos millones de los cuales perecerían por el camino de hambre, frío y agotamiento (también por linchamiento y malos tratos muchos de ellos), lo que conforme a la «jurisprudencia» de Nuremberg constituía “crímenes de guerra” y “crímenes contra la Humanidad”, aunque los aliados lo llamaran eufemísticamente «transferencias de población».

    En sexto lugar un dato que me parece muy significativo es el del submarino alemán U-234 que intentó llevar tecnología de última generación a Japón para que éste pudiera continuar la lucha, pero que en lugar de culminar su singladura al Japón, se entregó en los EEUU con toda su carga de tecnología que fue crucial para que los norteamericanos pudieran desatascar sus trabajos para disponer de la bomba atómica, que sin esta carga no habría podido estar lista.

    – El Submarino U-234 zarpó para el Japón el 15 de abril de 1945.
    A bordo lleva un cargamento con los sistemas y equipos tecnológicos más modernos de la ingeniería de guerra alemana, entre ellos dos aviones a reacción ME-262 desmontados, componentes de misiles y cohetes, equipos electrónicos de comunicación, radares, espoletas de proximidad, novísimos proyectiles antitanque, medicamentos de última generación (algunos de ellos contra la malaria, que tan útiles eran para los escenarios tropicales donde Japón combatía), y gran cantidad de planos y diseños de otros tantos invenciones de los ingenieros alemanes. Por el artículo sabemos más detalles de esta carga, que a lo reseñado habría que añadir “cohetes/misiles y otras armas, y, sobre todo, 1.200 detonadores infrarojos ultra rápidos para bombas especiales, bidones con agua pesada y 560 kilos de óxido de uranio (unos 450 kg de U-235) en unos 70 contenedores cilíndricos con el interior chapado en oro para evitar oxidaciones”. Con un total de 240 toneladas de carga.

    – El 30 de abril 1945 Hitler se vió forzado a suicidarse en Berlin.
    – El 2 de mayo 1945 lo que queda de Berlín capitula ante los soviets.
    – El 4 de mayo 1945 el U-234 pudo escuchar parte de una emisión de radio aliada anunciando la muerte de Hitler y que el almirante Karl Dönitz había sido nombrado su sucesor como nuevo Jefe de Estado de Alemania.
    – El 7-8 de mayo 1945 Alemania capitula ante los angloamericanos en el Frente del Oeste. Todas las piezas de artillería alemanas apuntan hacia el Este, en señal de que el enemigo es Stalin, y ellos nunca quisieron la guerra contra los occidentales.
    – El 9 de mayo 1945 Alemania capitula ante los soviéts.
    – El 10 de mayo 1945 el U-234 escuchó la última orden de Dönitz a la fuerza submarina, ordenando a todos los submarinos que se entregaran a las fuerzas aliadas.
    El Comandante del submarino U-234 era el Capitán Johann-Heinrich Fehler, y ante el temor de que el mensaje fuera una treta de la inteligencia aliada, logró establecer contacto radio con el submarino U-873, quien le aseguró que el mensaje de Dönitz era auténtico. En ese momento el Submarino estaba más cerca de un puerto canadiense que norteamericano, pero decidió dirigirse al puerto norteamericano de Newport News, en Virginia, para rendirse.
    El submarino llevaba dos pasajeros japoneses, (que habían llegado a Alemania en 1943, en el submarino japonés I-29), el teniente de la Armada Imperial Hideo Tomonaga, que era ingeniero naval y diseñador de submarinos, y el teniente Genzo Shoji, que era piloto especialista y ex agregado naval. Al conocer la intención de los alemanes de rendirse a los norteamericanos ambos se suicidaron ingiriendo una sobredosis de unas pastillas para dormir (Luminal), siendo sus cuerpos echados al mar como es tradición hacer con las bajas en todas las armadas.
    – El 14 de mayo de 1945 el U-234 se rindió a los norteamericanos con su cargamento intacto que cayó en manos del enemigo.

    La pregunta es si el Capitán Fehler obró correctamente o no.
    Esta página a veces la leen militares profesionales, Jefes y Oficiales (no sé si algún General), y es posible (no lo sé) que para ellos no tenga cabida duda ninguna al respecto: habiendo recibido la orden del Almirante Dönitz (Jefe del Arma Submarina y desde la muerte de Hitler también nuevo Jefe de Estado de Alemania) de entregarse a los aliados, y habiendo capitulado Alemania, Fehler no podía tomar ninguna otra decisión que la que tomó, por exigencias de la disciplina militar.
    Aprovechando que yo no soy militar de profesión, yo creo que con esta decisión el Capitán Fehler deshonró su carrera militar, y voy a explicar por qué, y mi punto de vista al respecto.

    Lo primero que no se entiende es que Fehler se deshiciera en alta mar de tres elementos muy importantes del equipamiento de su submarino, para que no cayeran en manos del enemigo:
    – Las maquinas de cifrado de mensajes “Enigma”.
    – El detector “Tunis” para detectar los radares del enemigo.
    – Y el moderno sistema de comunicación “Kurier”, que impedía la radiolocalización del submarino por el enemigo, cuando el submarino emitía mensajes.
    y sin embargo no se deshiciera igualmente de la valiosísima carga que llevaba.

    ¿Qué sentido tiene deshacerse de la máquina “enigma”, cuando la guerra ya ha terminado, y no deshacerse de las 240 toneladas (o si ello no es posible, al menos de la parte destruible como los planos o las piezas de menor tamaño) de tecnología que lleva y que van a caer en manos del enemigo. Salvo que con esa carga busque ganarse (comprar) la misericordia o el favor de los norteamericanos, a costa de traicionar a la Patria y a la memoria de los soldados que han dado su vida en esta guerra. De los soldados y no soldados, porque muchas mujeres alemanas, amas de casa, aprendieron a usar el “panzerfaust”, como último sacrificio para detener a los soviéts. Si una mujer, con un entrenamiento de media hora o menos tenía valor para enfrentarse a un carro soviético y a su infantería siberiana, qué no cabe exigir a un comandante de submarino.
    Es verdad que Alemania había capitulado el 8 de mayo, y Dönitz había cursado la orden a los submarinos para rendirse, pero a este respecto no hay que perder de vista tres cosas:
    a).- la primera que este submarino estaba en una misión especial que no era una misión de combate, ¿le afectaba una orden genérica no específica para él?. Desconozco lo que enseñan en las academias militares a este respecto, pero yo pienso que no.
    b).- la segunda, que una cosa es rendirse y otra entregar al enemigo tecnología punta de un valor militar y tecnológico incalculable. Un artillero puede rendirse, pero antes inutiliza la pieza de artillería para que no caiga en manos del enemigo, porque una cosa es rendirse y otra entregar el armamento propio al enemigo.
    c).- y la tercera, que una cosa era que Dönitz hubiera capitulado y otra muy diferente que la guerra hubiera terminado, porque para los angloamericanos la guerra no había terminado por mucho que los alemanes se hubieran rendido. No me refiero solo a que la guerra respecto del aliado Japón no había terminado (precisamente por eso se enviaba este submarino para que el aliado de Alemania pudiera aprovechar en el esfuerzo de guerra los avances de la ingeniería alemana), sino sobre todo a que los americanos seguirían asesinando soldados y civiles alemanes aunque Dönitz hubiere formalmente capitulado.
    El historiador canadiense James Bacque, en su libro “Other Losses” (“Otras pérdidas”), publicado en 1989, acusa al General norteamericano Eisenhower de haber asesinado intencionada y alevosamente a más de 1 millón de prisioneros alemanes, dejados morir de hambre, de frío y de falta de asistencia sanitaria básica, en los campos de concentración norteamericanos. Les negó la consideración de prisioneros de guerra (sobre todo a los que habiendo combatido en el Frente del Este se entregaron a los norteamericanos) para no serles de aplicación la Convención de Ginebra. Se impidió a la Cruz Roja que pudiera visitarlos o enviarles paquetes de comida (los paquetes que se enviaban eran devueltos), se prohibió a los soldados norteamericanos que tuvieran ningún gesto de caridad con los prisioneros, como por ejemplo el entregarles comida sobrante. Los alemanes estaban hacinados en el suelo, sin ninguna construcción donde guarecerse. La asistencia sanitaria básica les fue negada.
    Según James Bacque Estados Unidos desmanteló las agencias de asistencia social alemanas, incluida la Cruz Roja Alemana, y luego expulsó al gobierno suizo de su papel de potencia protectora humanitaria. No se permitió que ninguna agencia humanitaria visitara los campos ni proporcionara asistencia a los prisioneros, incluidos los delegados del Comité Internacional de la Cruz Roja, lo que constituía una violación de la Convención de Ginebra. Se impidió a la prensa visitar los campamentos, por lo que no pudo informar sobre el estado de los campamentos y la condición de los prisioneros, aparte de lo peligroso que era informar en un momento en que si te acusaban de “colaboracionista” lo menos que te podía pasar era que te ataran a un poste y te fusilaran.
    El libro afirma que muchos de los campamentos de EEUU consistían campos al aire libre sin ninguna construcción para los prisioneros, rodeados de alambre de púas, sin barracones ni baños. En estos campos, los prisioneros se vieron obligados a dormir en el suelo al aire libre junto al Rhin, a pesar de que el Ejército de los EEUU tenía tiendas de campaña, y mantas, y capacidades logísticas para haber construido por lo menos unos barracones donde los prisioneros alemanes hubiera podido protegerse de la lluvia y el frío.
    Tras la publicación del libro de James Bacque, el Centro Eisenhower reclutó al historiador Stephem Ambrose (biógrafo de Eisenhower) para tratar de lavar la imagen de Eisenhower y decir que el libro de Bacque era “inexacto”. Sin embargo el Coronel norteamericano Ernest F. Fhiser, historiador-Jefe del Centro de Historia Militar del Ejército de los EEUU, que había combatido en la Segunda guerra mundial en la 101 División Aerotransportada y había participado en las investigaciones llevadas a cabo en Alemania en 1945, para salir al paso de las acusaciones de los representantes de la Cruz Roja Internacional contra el trato que los norteamericanos le estaban dando a los prisioneros alemanes, afirmó públicamente que lo que decía James Bacque en su libro era la pura verdad, y se ofreció a prologar la siguiente edición.
    El testimonio del Coronel Ernest F. Fhiser fue demoledor:
    «Más de cinco millones de soldados alemanes en las zonas americanas y francesas fueron amontonados en jaulas de alambre de púas, muchos de ellos, literalmente hombro con hombro. Sin otras instalaciones que el suelo bajo sus pies, este suelo pronto se convirtió en un lodazal de la suciedad y la enfermedad. A la intemperie, carentes incluso de la asistencia sanitaria más básica, mal alimentados, los presos pronto comenzaron a morir de hambre y enfermedades. El Ejército de los Estados Unidos y el Ejército francés aniquilaron cerca de un millón de hombres, la mayoría de ellos en los campos norteamericanos «.
    Stephem Ambrose, tuvo que reconocer que se le había dado un trato inhumano a los prisioneros.
    En 1997 James Bacque publicó otro libro: “Crimes and mercies (“Crímenes y perdones”): la suerte de los civiles alemanes bajo ocupación aliada, 1944-1950” .
    El efecto de los trabajos del historiador canadiensen fueron tan demoledores en el mundo anglosajón, que escritores antialemanes como el británico Giles McDonogh, trataron este tema en su libro: “Después del Reich: crimen y castigo en la posguerra alemana”, en unos términos más políticamente correctos pero sin poder negar la evidencia.

    El Submarino U-234 inició su viaje el 15 de abril de 1945, a esa fecha todo combatiente de uno y otro bando, conocía de primera mano el drama de toda Alemania y de los territorios conquistados por el enemigo, tanto en el Este como en el Oeste. Como reconocen los propios historiadores aliados y aliadófilos, como el británico Antony Beevor, con mucha frecuencia los norteamericanos fusilaban en el acto a los oficiales y soldados alemanes (incluso chavales de las Juventudes Hitlerianas) que en un pueblo oponían resistencia a la invasión, conforme habían jurado defender el suelo alemán. De hecho alcaldes o paisanos traidores indicaban a los invasores norteamericanos dónde estaba organizada la pequeña defensa, (o quienes la habían sostenido) para que fuera aniquilada y no hubiera represalias contra el pueblo. Esto por no hablar de los fusilamientos que los norteamericanos llevaron a cabo después de la guerra en toda Alemania, donde miles de alemanes acabaron sus días atados a un poste ante un pelotón de ejecución yanqui, en un genocidio y en una depuración política de la que no se hacen películas.
    El Capitán Fehler, como comandante de submarino tenía forzosamente que conocer antes de zarpar el 15 de abril, el suceso ocurrido a penas mes y medio antes, el 30 de enero de 1945, relativamente cerca de dónde él zarpó, que el barco de refugiados Wilhelm Gustloff , atestado de mujeres y niños alemanes que huían del avance ruso, fue torpedeado por un submarino ruso y se hundió a 18 grados bajo cero en las frías aguas del Báltico, muriendo más de 9000 personas, 3000 de las cuales eran niños. La tragedia del Wilhelm Gustloff está considerada el mayor desastre naval de toda la Historia, superando en 6 veces las 1495 víctimas de El Titanic. Igual suerte corrieron los barcos de refugiados “Goya” y “General Sleuben”, este último con 1000 niños a bordo.
    Con este panorama entregarse sin más al enemigo (un enemigo implacable, que luego la propaganda ha blanqueado en el cine de la guerra fría y ha presentado solo a los soviéticos como extremadamente crueles, pero que los norteamericanos eran tan comunistas y estaban tan ideologizados en “antifascismo” por la prensa y la propaganda antialemana (como el New York Times) tanto o más que los propios soviéticos, -lo podemos comprobar hoy mismo con el PP, o incluso con VOX o incluso con muchos de los que en esta página escriben, que en antifascismo son tan rojos o más que los de Podemos-, y su comportamiento fue tan deplorable o más que el del Ejército Rojo), y entregarle además unos secretos militares de valor económico y estratégico incalculable, sin ninguna necesidad, fue un acto o de pura traición (sí se hizo con toda la mala intención) o de falta de un mínimo de doctrina exigible a un comandante de unidad como era el jefe de un submarino (si se hizo por ignorancia o por no alcanzar a ver la trascendencia de ese acto). Además hay una responsabilidad directa entre entregar este material y el lanzamiento de las bombas de Hirosima y Nagasaki porque sin este material los norteamericanos no habrían tenido las bombas preparadas a esa fecha. Los oficiales japoneses con su sentido del honor mal entendido, también podrían haber sido más útiles a su pueblo intentando sabotear al submarino y hundirlo (por ejemplo provocando un incendio), que simplemente quitarse la vida con unas pastillas. Esto es muy fácil decir por mi parte, en la comodidad de mi casa, pero si el honor militar te exige quitarte la vida, como ellos lo entendieron, a lo mejor había otras maneras más útiles para su país de quitarse la vida, y Hirosima y Nagasaki se habrían salvado.

    Creo que si la orden era llevar esa carga a Japón, tenía que haber llevado la carga a Japón sin más consideraciones. Si ello hubiera supuesto su muerte cuando Japón se hubiera rendido y lo hubieran capturado los norteamericanos, eso son ya los riesgos de la guerra cuando uno se enfrenta a fuerzas de esta naturaleza (de la Sinagoga de Satanás). Mayor razón para haber intentado que no ganaran la guerra. Pero si se echaba atrás en su misión, había otras opciones: destruir o deshacerse de la carga de igual modo que se deshizo de elementos secretos del propio submarino (como la máquina Enigma o los sistemas de radar), o incluso haber puesto proa a un puerto más amigo como Argentina o como la propia España, como de hecho hicieron otros submarinos alemanes.

    Quizás (o seguro) en esta decisión pudo tener un papel preponderante el General alemán de la fuerza aérea Ulrich Kessler que también viajaba en el Submarino. Se sabe que el General Kessler, como no pocos generales alemanes, era antihitleriano, y de hecho durante el viaje tuvo no pocos enfrentamientos dialécticos con otros miembros de la tripulación más fieles a su país. En el artículo que estamos comentando se reproduce una fotografía del Secretario de Estado de Defensa norteamericano durante la guerra Henry L. Stimson y que en el artículo se identifica como el verdadero jefe del programa nuclear norteamericano, y curiosamente el General Kessler, que antes de en la Fuerza Aérea había estado en la Armada alemana, fue agregado naval en la Conferencia de desarme en Ginebra (1932) donde entabló amistad precisamente con el norteamericano Henry L. Stimson. La pregunta es: ¿estaba el General Kessler vendido desde entonces a los norteamericanos y sencillamente en estas circunstancias se le presentó la ocasión de oro de prestar un servicio y poner en sus manos todo este arsenal de ingenios y de tecnología como un “buen” agente encubierto? (o incluso simplemente fue consciente de que Henry L. Stimson valoraría mucho un cargamento de esta naturaleza, y lo hizo para obtener un trato de favor a cambio).

    El tema del General Kessler y del comandante de submarino Fehler, nos lleva a una cuestión de la mayor trascendencia (como en este caso se evidenció), como es la formación moral o doctrinal de los oficiales de un ejército, y su capacidad para no ser víctimas de la infiltración mental o de la guerra psicológica que el enemigo despliega sobre ellos. La cuestión no es baladí, porque en este caso estaba en juego la destrucción de dos ciudades por detonación nuclear, y la debilidad del los oficiales alemanes propició el destino trágico de estas dos ciudades.
    Este suceso pone de manifiesto la importancia que para toda fuerza militar tiene el no sucumbir a la acción enemiga de echar sobre los corazones y mentes de un ejército al que quieren inutilizar, la lluvia ácida de la propaganda para debilitar la resistencia moral de su cuadro de oficiales. Recordemos, por ser un ejemplo que todos hemos visto, los guardias civiles saltando por las ventanas huyendo del Congreso la madrugada del 23F. Mientras había guardias que permanecían fieles al mando a pesar de las circunstancias de que quedaba claro que los habían vendido (incluso alguno pronunciaba esa frase de: “mi TTe. Coronel, ¿me lo cargo?”, referido al General Aramburu Topete, que antes de morirse debería haber devuelto la Cruz de Hierro que ganó en Rusia, y haberla canjeado por una foto de la Pasionaria o un llavero de alguna Herriko taberna), otros sin embargo desertaban y huían por las ventanas. Este distinto comportamiento en los componentes de una misma unidad militar, (como era la Agrupación de tráfico de la GC) evidencia que no todos tienen la misma fuerza mental ni la misma doctrina o moral para no sucumbir al desaliento o a la propaganda enemiga.
    Hago incapié en esta cuestión porque me parece de la máxima importancia, cuando el enemigo consigue infiltrarse en los corazones y mentes del cuadro de oficiales y jefes de un ejército, ese Ejército está vencido de antemano, tan vencido que con un poco de propaganda, se le neutraliza sin pegar un tiro. En el caso que no ocupa se entrega una carga de tecnología de valor estratégico incalculable al enemigo, así, sin más.
    Yo no digo, porque no tengo la prueba para decirlo, que las conferencias absurdas en el CESEDEN y en las distintas academias militares y centros de enseñanza (también de la Policia y Guardia civil), -la de Monedero en 2019 y todas las demás en plan rojo para intoxicar de propaganda roja a los Jefes y Oficiales del Ejército español, y a los agentes-, se organicen por quienes las organizan siendo conscientes de que el efecto en los corazones y mentes de estos oficiales es el debilitarlos en su moral en beneficio de las fuerzas enemigas que de este modo se enfrentarían a un cuadro de oficiales sin convicciones o con convicciones cercanas o totalmente coincidentes con las del enemigo (de ahí a escapar por las ventanas, o entregar al enemigo el submarino con toda su carga sólo hay un pequeño paso, un pequeño paso que en un futuro ese escapar por las ventanas puede consistir simplemente en caer en la trampa de afirmaciones del gobierno tales como “Ceuta o Melilla no valen la sangre de ningún soldado español” para así capitular ante el enemigo y salir corriendo sin ni siquiera oponer la mínima resistencia), y no lo puedo decir no solo porque no tengo la prueba sino también porque no descarto que a estas alturas (que han pasado casi 50 años) la “comida de coco” o el “lavado de cerebro” haya sido tan efectivo que ni siquiera sean conscientes de ello (como pasa con la prensa roja, que a una primera generación de periodistas a lo mejor el enemigo los tiene que reprimir y censurar para que no puedan informar con libertad y veracidad, pero adoctrinando a las siguientes generaciones de periodistas con el lavado de cerebro de la propaganda roja se consigue que las siguientes generaciones se integren en esta labor y participen activamente y autoconvencidos sin necesidad de forzarlos, se autocensuren por propia iniciativa, sin necesitad de amenazarlos, y se conviertan en esclavos a los que no es preciso echarles la llave en la celda porque ellos mismos ya asumen su papel y no disienten), pero de lo que estoy convencido es que cuando estas conferencias de lavado de cerebro y estos programas de estudio en las academias militares se pusieron en marcha en su momento, al inicio de la Transición o incluso antes, se hicieron con toda la mala intención de producir este efecto: unas fuerzas armadas sin convicciones, sin cohesión moral y doctrinal, totalmente intoxicadas en lo moral y en lo ideológico por la propaganda enemiga.
    De hecho, el extraordinario artículo del Coronel D. Lorenzo Navarro publicado el pasado 4 de agosto, titulado: “¿Hay un PSOE “bueno” y un PSOE “malo”?” nos recuerda cómo una de las primeras medias desde el Ministerio de Defensa nada más llegar el PSOE de Felipe González al poder (1982) fue ordenar que se retiraran de las bibliotecas militares todos los ejemplares del Libro del Ministerio de Justicia “Causa General” (que era solo un adelanto de un futuro libro que debía contener con exhaustividad los crímenes del Frente Popular, pero que ya no vió la luz), precisamente como una primera medida de toda la panoplia de actuaciones y herramientas que iban a poner en marcha para dejar a los miembros de las Fuerzas armadas con menos moral que un cartero eventual, incluida la retirada de estatuas y monumentos, como la de Millan Astray de la Coruña o la de Franco de la Academia General de Zaragoza, o los héroes de todos los tiempos de los callejeros de las ciudades. El mando militar que cuenta el Coronel Navarro en su artículo, que antes de acatar la orden mandó asimismo que se microfilamara un ejemplar del libro para salvarlo de la quema, demostró con esta lúcida decisión que él no había sido víctima de la infiltración mental del enemigo. Este tipo de mandos son los que los enemigos de España tratan de evitar que existan, porque, a diferencia del resto, no se dejan sucumbir por la propaganda enemiga. Hoy día posiblemente ningún Jefe se le ocurriría dicha medida preventiva porque los efectos que se pretendían obtener entonces ya hace muchos años que se han obtenido y se siguen obteniendo sin solución de continuidad. Las declaraciones del General de la Guardia Civil Santiago, en plena pandemia, reconociendo que la Guardia civil trabaja para impedir que las redes sociales pudieran criticar al Gobierno, o años antes el General de la GC de la Zona de Andalucía Ceña Coro (luego nombrado DAO por Pedro Sánchez en agosto de 2018, nada más formar Gobierno) acatando en junio de 2015 todo cuando le ordenaba por televisión su “subordinado” el Guardia de Podemos, luego Diputado por Cádiz, para que procediera contra el Brigada de la GC de Cádiz acusado de franquista, es una de las muchísimas pruebas que se podían esgrimir al respecto.
    Continuación de aquella actuación encubierta de retirar secretamente los libros sobre los crímenes de los autoridades rojas, para impedir la moral y procurar la infiltración mental han sido no solo la destrucción de Cruces, estatuas y monumentos, sino sustituir los grandes iconos de la Nación Española (los Reyes Católicos, El Gran Capitán, Carlos V, Felipe II, y sus extraordinarios generales, Lepanto, los héroes de Baler, de la Cruzada de 1936 y de la División Azul) por los iconos de la anti-España (ideología LGTB, separatismo, multiculturalismo, inmigración etc.), es hacerlos desaparecer de los callejeros , es poner nombres a las unidades que no invitan precisamente al heroísmo (como llamar a la Brigada Legionaria “Alfonso XIII”, nadie en su sano juicio combatiría hasta la muerte en una unidad con nombre de ese personaje, con la cantidad de nombres que posee la Legión mucho más merecedores de dar nombre a una Brigada de esta naturaleza, empezando por el propio Francisco Franco; piénsese por ejemplo una unidad de caballería que se llama “Diputado Pablo Echenique”, qué se podría esperar de ella con ese nombre), nombrar Ministra de Defensa a una señora separatista catalana con una barriga de 7 meses diciendo a un General “Capitán, mande firmes”, y tantas y tantas cosas incluida la profanación de la tumba de Franco. Hasta llegar a la Ley de Desmemoria, Falsificación y Manipulación Históricas, para que este proceso de aculturización y de lavado de cerebro sobre toda la sociedad pero con especial incapié sobre sus Fuerzas armadas, pueda llevarse a cabo de modo que llegue un día que ya no quede rastro de la verdadera Historia de España y nadie recuerde ni pueda recordar bajo pena de cárcel la verdadera memoria histórica de lo que pasó en España. Este proceso se inició ya respecto de las prohibiciones relativas a la libertad de de expresión, opinión etc. sobre Segunda guerra mundial, por no atajar este proceso de entonces estamos en un tris de que ocurra la misma persecución respecto de la Cruzada de Liberación.
    Los militares rojos, -los que lo son de buena fe me refiero, (no los que odian a España y trabajan para el enemigo a sabiendas)-, si algo demuestran es que han sido vulnerables y han sucumbido a los efectos de la lluvia ácida de la propaganda mentirosa del enemigo.
    La descristianización de la sociedad en general y de las Fuerzas Armadas españolas en particular, ha cumplido y cumple igualmente esta función de desmoralización interior de los cuadros de mandos y de los simples oficiales. Porque nunca se sabe, en las circunstancias de la guerra, sobre quién puede recaer o tener en sus manos una misión o una decisión de enorme trascendencia como la que tuvo el capitán del U-234. Por eso el enemigo dedica a la propaganda mentirosa y al lavado de cerebro de los mandos y oficiales (de la tropa medio analfabeta en estos temas, ya ni hablamos) tantos esfuerzos, y por ello es tan importante contrarrestarlos o al menos combatir de algún modo este proceso encubierto, ya que quienes deberían hacerlo trabajan para el enemigo o forman parte ya del mismo.

    Por último, una última cosa, ¿Cuáles son las consecuencias de aquella victoria sobre el Japón, para los EEUU hoy?.
    Dios no se queda con nada de nadie, y en lo ideológico EEUU está pagando muy caro el proselitismo antifascista de sus banqueros y sus medios de comunicación, valga la redundancia para justificar aquella guerra contra Alemania (la guerra contra el Japón en realidad fue provocada por los EEUU como un pretexto para poderse meter en la guerra contra Alemania e impedir que el Japón y Alemania pudieran unir sus fuerzas, abriendo Japón un segundo frente por la frontera de China y Manchuria, y destruir la Rusia de Stalin, para evitarlo el Presidente F. Delano Roosvelt provocó el ataque de Pearl Harbour, y los japoneses cayeron en el engaño), porque tal proselitismo, tras 80 años de propaganda antifascista interna, EEUU se ha convertido también un país en manos de la extrema izquierda y los llamados “antifas”, que son la antítesis de la verdadera Norteamérica dominan amplios sectores de la sociedad norteamericana. Si el Presidente Donald Trump no invierte esta tendencia los EEUU pueden acabar como una nación de extrema izquierda más.
    En segundo lugar, el complot de Roosvelt para llevar a la guerra al Japón, ya fue nefasto para la sociedad norteamericana de entonces, que fue a morir a Normandía, y a Guadalcanal para aliviar la situación militar de Stalin, y nefasto para la generación siguiente con la guerra de Vietnam, pero ahora la situación es mucho peor, porque una de las consecuencias de la destrucción del poderío japonés fue el nacimiento de la China comunista, y hoy por hoy la Republica China supone la más seria amenaza para los EEUU. No sólo por el potencial militar cada vez más en ascenso de China sino también por la actitud belicista de querer el monopolio naval en las aguas del sureste asiático, amenazar a pequeños países de la zona como la China de Formosa, y la construcción de armas específicas para destruir a los portaviones de los EEUU, como el Misil DF-21D, y las constantes provocaciones chinas ante las bases norteamericanas. Toda esta amenaza de la China Comunista contra los EEUU, que es una amenaza muy seria contra la Nación norteamericana, es el resultado o a lo que ha conducido la política masónica de Roosevelt y de Truman, por destruir la nueva Alemania, y para conseguir a este fin, buscar la guerra contra el Japón. China es un peligro mucho más poderoso que el Japón de 1941, que de no haber sufrido el bloqueo marítimo al que fue sometido para forzarle a la guerra, no habría molestado a los EEUU, y tampoco se habría alimentado y extendido el comunismo en China y el sureste asiático.

    Enhorabuena al autor por el artículo y a la página por publicarlo, pero es mejor no tentar la suerte.

  4. Sr. Steiner: estoy extraordinariamente impresionado con su comentario.

    Pocas veces, por no decir ninguna, me he encontrado con uno conocimiento de la Segunda Guerra Mundial tan profundo y atinado, que no se queda en la superficie de los hechos (fechas, armamento, personajes, combates, etc) sino que profundiza hasta la médula del problema. Y eso en varios campos, además de enlazar magistralmente con nuestra situación actual (leyes “del odio”, inculturación/lavado de cerebro, engrandecimiento de China frente a Estados Unidos (quien fue la causa del mismo, etc) y el nulo rigor histórico con que se enfoca la historia reciente y la general, además de valorar acertadamente el riesgo real que conlleva el intentar hacerlo en una sociedad que cacarea su supuesta democracia y respeto al estado de derecho.

    Desde luego, me descubro y le felicito.

    Identifica usted perfectamente a los “innombrables” (seamos prudentes siguiendo su consejo) como los grandes banqueros y potentados del gobierno norteamericano y, también, la aterradora doble moral de los mismos, no solo con relación a las bombas atómicas y a los bombardeos de alfombra sobre ciudades, sino con el horrible teatro de Nüremberg. En relación con esa horripilante burla de la justicia, trae acertadamente a colación el poco conocido “Convenio de Londres” coincidente con los holocaustos nucleares, primero, y con la deportación y muerte de millones de civiles alemanes de los territorios del Este.

    Con relación a “los crímenes de los buenos” y que conste que Eisenhower era «innombrable» (lo que explica lo de sus campos de exterminio de prisioneros, no solo conoce como pocos el tema, doy fe, sino que además lo enfoca con independencia y aciertos encomiables.

    Pero lo que me maravilla, sí, eso escribo justificadamente, es su fino análisis de deontología militar en relación con el capitán del U-234. En ningún momento he conocido algo tan acertado, tanto de lo que el honor militar exigía, como de las circunstancias de todo tipo que rodeaban el hecho y que todos eluden por desconocimiento o por manipulación. Totalmente acertado su juicio también con relación a los dos oficiales japoneses.

    Repito, esa lección de deontología es única.

    Y su conclusión respecto a la formación político-patriótica del militar es igualmente acertada y brillante. Al respecto, les confiaré a Vd y a los posibles lectores, que en nuestra España reciente ha sido lo contrario a lo que propone, no solo desde la reinstauración de la monarquía borbónica sino también en el régimen anterior. A este oficial no se le enseñaron jamás, ni siquiera en la asignatura de Formación del Espíritu Nacional (FEN) en el bachillerato, las Leyes Fundamentales, auténtica Constitución; y eso ocurrió no solo en mi etapa de formación militar (finales de los años 60 y comienzos de los 70), tengo constancia documental de que pasó con muchas otras promociones. Concretamente, un compañero de una promoción casi 20 años anterior a la mía escribió en 1975 incluso al Ministro del Ejército: “el del premeditado ninguneo de nuestra Constitución (Leyes Fundamentales del Reino) que por parte de las Fuerzas Armadas ni se estudiaba en las Academias Militares y ni siquiera en los Cursos de Estado Mayor (EM), ni de Mandos Superiores, y que por parte de las Autoridades (civiles y militares) se contradecían una vez y otra sus postulados en una cáscara vacía”. Desde luego, el Régimen del 18 de Julio estuvo trufado de traidores desde bastante antes de su final. Por supuesto, muchos de aquellos militares estaban “abducidos” por los enemigos de España mucho antes de la transición, y así nos han ido las cosas. Si alguna vez hay oportunidad de enmendarlo, su acertado criterio debe ser tenido en cuenta.

    Termino. Le felicito y agradezco muchísimo su comentario, que es en sí el conjunto de un par de magníficos trabajos de Historia-Política y Deontología Militar.

    Me descubro.

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