Identidad y futuro de un navarrismo foralista en crisis

En nuestro texto anterior (AQUÍ) exponíamos la sucesión de acontecimientos acaecidos en 2023 que acreditan la profunda crisis en que se encuentra sumido el navarrismo político; hoy día representado especialmente por Unión del Pueblo Navarro (UPN), todavía liderado por José Javier Esparza Abaurrea, y, en menor medida, el Partido Popular de Navarra (PPN). 

Ejes históricos del navarrismo

Ciertamente, la identidad y el sentido de pertenencia españolas han conformado en Navarra, mayormente, al navarrismo foralista, si bien existe otra manera de sentirse español, minoritaria en cualquier caso, que podríamos denominar como renacionalizadora, y que emergiera hace unos años con un tímido Ciudadanos, que trató de jugar la baza de la foralidad al menos nominalmente, y del más joven Vox. Pero hoy no hablaremos de esta sensibilidad, centrándonos en el navarrismo foralista predominante.

La definición académica de navarrismo con la que iniciamos aquel texto[1] recoge tres características básicas: reconocimiento del pluralismo socio-cultural de Navarra, articulación foral en España, comunidad propia. No obstante, a lo largo de su ya más que centenaria historia, otros tres ingredientes la han conformado, lo que en su conjunto tuvo lugar en contraposición con el separatismo vasquista: cosmovisión católica, conservadurismo social y, por último, liberalismo político.

El catolicismo ha sido mayoritario y prácticamente unánime en Navarra durante siglos, pudiéndose afirmar que el navarro ha sido un pueblo carnalmente católico hasta hace unas pocas décadas; si bien no podía permanecer inmune a la evolución de la propia Iglesia católica y del mundo concreto que le tocó vivir. De tal modo, la admisión del principio de la libertad religiosa por el Magisterio y el rechazo de los estados confesionales, ambos fruto, entre otros, de los aires pre y pos-conciliares del Vaticano II, contribuyeron a que esa mentalidad común católica, popular por tanto, se disolviera rápidamente; a la vez que Navarra transitaba de una sociedad rural a otra urbana que experimentaba agudamente los denominados “conflictos de clase” propios de una rápida industrialización impulsada por los tecnócratas y las élites navarras.

En las últimas dos décadas del franquismo y a lo largo de la Transición a la democracia concurrieron, así, varios potentes movimientos de cambio social que transmutaron la mentalidad común de la mayoría social: desaparición del pensamiento antiliberal y contrarrevolucionario del viejo carlismo, aceleración de la secularización de la sociedad, penetración de la mentalidad individualista y progresista, sustitución del catolicismo social anterior por una realidad fragmentada de nuevas parroquias y movimientos eclesiales de muy variada dimensión y factura (destaquemos el siempre polémico papel desempeñado por el Opus Dei), la eclosión del nacionalismo vasco más radical, el impacto del terrorismo de ETA en los comportamientos públicos y privados, un aumento de la conflictividad social, la transformación de las relaciones familiares con la generalización de la anticoncepción y el empoderamiento de la mujer, la implantación de la pseudo-religión del consumismo, el impacto y trascendencia de las nuevas culturas de ocio y tiempo libre de factura anglosajona.

En este complejo contexto de aceleración histórica y cambio social, el navarrismo españolista se articuló en torno a UPN, con una referencia, progresivamente diluida, al catolicismo contemporáneo, al foralismo y a los valores políticos liberal-conservadores. Por su parte, el PPN también ha experimentado, en su más corta trayectoria autóctona, una evolución análoga.

El foralismo, como instrumento jurídico concreto y dinámica operativa colectiva, por su parte, ha sido desbordado por el nacionalismo vasco en una carrera para exprimir competencias y fondos al Estado central e imponer una agenda estatalizante y vasquista. Si en su día los Fueros se presentaban como una barrera infranqueable a la arbitrariedad del Estado y al nacionalismo vasco -como pilar básico de una identidad sentimental y comunitaria-, también se han manipulado progresivamente, en su modelo actual afín a los Estatutos de Autonomía de segunda generación, como un medio deconstructor de los viejos valores social-católicos y de la propia identidad española en el imaginario público y colectivo de Navarra. De ahí la aparición de voces que entiendan que el foralismo ya no tiene sentido en una España que debe afrontar el reto de su supervivencia en una Europa al servicio del globalismo; una concepción renacionalizadora que proclama una Europa de las naciones-estado actuales frente a la Europa de los pueblos con la que se identifican los nacionalismos periféricos.

Por lo que respecta al liberalismo político, la mayoría social navarra se identifica hoy con un modelo de democracia subsidiada avanzada en definición permanente y con el desarrollo de nuevos “derechos subjetivos” del globalismo woke y las directrices de las nuevas y opacas élites mundialistas. En relación a estas cuestiones, tanto UPN como el PPN,  comparten cierta ambigüedad –que podría resumirse como resignada aceptación- ante la agenda LGTBQ+, cuyos principios y desarrollos repugnan profundamente a buena parte de su electorado natural.

El dilema que se plantea el navarrismo, y que en cierto modo ya lo ha explicitado Esparza, con UPN como su vanguardia política, es sobre qué valores, principios e intereses debe articularse en el futuro: ¿más de lo mismo?, ¿evolución? o incluso, ¿transmutación? Un debate que en definitiva implica una reformulación de su propia naturaleza como pueblo, movimiento social, sensibilidad colectiva y expresiones políticas.

Crisis política y reflexión cultural

Juan Cruz Alli

Favorecido por el primer modelo electoral del Amejoramiento, el navarrismo pudo liderar la Comunidad Foral durante no poco tiempo, a pesar de sus crisis internas (especialmente la escenificada por la escisión de Juan Cruz Alli y su CDN), y con el auxilio casi sistémico de un prudente socialismo navarro entonces horrorizado por el terrorismo de ETA. Tales fueron las bases de aquella estrategia política posteriormente denominada “teoría del quesito”[2], según la cual Navarra permanecería estable mediante fórmulas diversas de concurrencia y colaboración entre navarristas y socialistas al mando de las instituciones públicas navarras, frente al enemigo común nacionalista. Pero, derrotada policialmente ETA y disuelta la banda como vanguardia terrorista de corte leninista, el cortoplacismo socialista de sus nuevas generaciones dirigentes clausuró la anterior fórmula de convivencia por otra alternativa bajo el común paraguas ideológico del radicalismo progresista y de una nueva mayoría social con el consiguiente relevo de élites. Desde tales cálculos políticos, UPN queda fuera de la ecuación de poder desde hace ya más de ocho años

Una visión cortoplacista de la política, generalmente asociada a la práctica de los partidos “clásicos” o de “régimen”, implica la búsqueda de todo resquicio que les acerque al poder real; por el contrario, una perspectiva estratégica –propia de partidos revolucionarios y/o rupturistas- planifica y trabaja a largo plazo, impulsando condiciones objetivas y subjetivas que faciliten una radical transformación de la sociedad y del poder político. Por lo que hemos visto, Esparza permanece deslumbrado –y frustrado- por la opción tacticista explicitada en el término “utilidad”, de ahí su desazón y aparente renuncia.

Desde una perspectiva a largo plazo, estratégica, ante tantos retos y frentes abiertos al navarrismo, ¿dónde están, hoy, los sucesores de la Escuela Jurídica Foralista que generó el Fuero Nuevo o el Amejoramiento? Ahora que socialistas y abertzales quieren abrir el melón del Amejoramiento[3], ¿qué juristas, además del imprescindible Jaime Ignacio del Burgo, serán capaces de dar la batalla técnico-jurídica? ¿En qué se diferenciará –en teoría y efectos materiales concretos- el foralismo navarrista de los estatutos de autonomía de segunda generación?

Principios, valores e intereses

Todo corpus doctrinario presente en cualquier partido político y movimiento social parte de una serie de principios (normas generales encaminadas a orientar la vida humana hacia el bien común), valores (cualidades deseables en la cultura y la sociedad), ambos vinculados a la moral y a la ética, y respuestas concretas a los intereses individuales y colectivos legítimos. En este sentido, el concepto de “utilidad”, esgrimido por Esparza, se remite a estos últimos. Si el partido proporciona respuestas concretas a las necesidades o aspiraciones de la sociedad, será “útil”. Si no “toca” realidad, perderá calado y la sociedad buscará otros interlocutores, otros partidos. Pero, ¿desde qué valores y principios? ¿Qué objetivos a largo plazo contemplará un partido que se presente como continuidad del navarrismo españolista? Entendemos que se trata de un debate abierto y que precisa reflexión y respuestas.

Volvamos a los interrogantes que se presentan al navarrismo hoy. Si ya no existe mayoritariamente una base católico-popular-liberal que proporcione cierta cohesión y unas señas de identidad colectiva, si la sociedad navarra deviene en progresista e individualista, cuando no nacionalista, si el Fuero es desconocido por la inmensa mayoría de la población navarra siendo desbordado por los visionarios panvasquistas en clave antihistórica de construcción nacional vasca… ¿con qué mimbres se reconstituirá el navarrismo? ¿Qué propuestas realizará a la sociedad? ¿En qué se diferenciará de otras ofertas políticas? Y concretamente: ¿hará propia la agenda LGTBQ+?, ¿cómo defenderá una identidad colectiva navarra propia vapuleada por el constructivismo nacionalista y el globalismo enemigo de toda identidad?

Por todo lo anterior hablamos de crisis política, de sentido y de identidad.

¿Hacia una alianza táctica con Geroa Bai?

Un primer esbozo de  respuesta a la crisis lo proporcionaron José Javier Esparza y Miguel Sanz en dos entrevistas, publicadas en Diario de Navarra[4], que evidenciaron su profundo distanciamiento político y personal. Sin embargo, ambos líderes coincidieron en mirar hacia Geroa Bai como un posible referente u ocasional aliado; cualidad rápidamente rechazada desde todas las instancias de esa coalición abertzale presuntamente moderada.

Semejante planteamiento –seamos claros y directos- es extremadamente reduccionista, evidenciando el bloqueo propositivo de ambos líderes. Efectivamente: la “teoría del quesito” fracasó y ya no es operativa… ¡desde al menos ocho años atrás! Así, la socialista es una novia despechada, emancipada, que odia al pretendiente navarrista hasta la última entraña de su ser; y en nada importa lo que piensen Antonio Catalán y otros amigos más o menos socialistas de Miguel Sanz. De tal modo, han amagado en revolverse hacia otra posible novia, que le devuelva vigor, autoestima y… algo de poder. Mientras tanto, las opciones del PPN son evidentes: crecer a costa de la crisis de UPN.

En esa mirada hacia Geroa Bai, sugerida tanto por Esparza como por Sanz, coincidía, en parte, la reciente carta de un lector en Diario de Navarra que aseguraba, como base de su razonamiento orientado hacia cierto consenso social, que la base electoral de Geroa Bai sería conservadora y cristiana… ¿Seguro?

Recordemos, en primer lugar, que el PNV hace ya muchos años que dejó de ser demócrata-cristiano, integrándose en el Partido Demócrata Europeo, no en vano, anticipó en Vascongadas el programa LGTBQ+ con mucho entusiasmo y convicción. En segundo término, Geroa Bai no es el PNV. Este histórico partido puede tener en Navarra entre 300 y 350 afilados y dos docenas de cargos institucionales, frente a dos millares y decenas de cargos públicos de los independientes de la coalición y, sobre todo, de Geroa Social Verdes[5], un partido regional fruto de sucesivas escisiones de la izquierda abertzale (ya desde ETA PM, Amaiur, EuE, HB, etc.).

Señalar a Geroa Bai como posible socio, aunque únicamente sea a modo sectorial, desde nuestro modesto punto de vista, es un error inmenso: de entrada indica una pérdida de vigor y convicciones preocupante; en segundo, señala a los electores de UPN un posible “voto útil” o, incluso, la puerta de salida.

En resumen: el debate sobre los valores, los principios y los intereses del navarrismo ni debe excluirse ni puede darse por descontado. En gran medida, el principal activo del navarrismo ha sido su capacidad de encuadramiento de un verdadero pueblo que compartía principios y valores de matriz cristiana, sentimientos propios diferenciados, espacios de sociabilidad, mitos movilizadores y la correspondiente defensa de intereses  legítimos comunitarios, de clase o sector.

Este pueblo-movimiento-partido, si renuncia a sus valores y principios, estará al albur de las modas globales y de las subsiguientes políticas estatalistas, e inevitablemente se diluirá, derivando en un sujeto político residual y dócil a la mayoría de turno, o en un ensoñamiento propio de nostálgicos y frikis historicistas.

No hay atajos ni recetas mágicas… ni estadísticas que ahorren el trabajo a largo plazo

Ya que venimos hablando de estrategias y tácticas, debemos partir de una premisa: en política, en democracia, es muy poco lo que se decide en las campañas propagandísticas de las sucesivas elecciones municipales, autonómicas, legislativas o europeas. No en vano, a toda praxis política precede un trabajo social, cultural e intelectual, coherente y entregado, de décadas. Una labor mediática y educativa, también. La política real nunca es fruto del azar o de una carambola inesperada. No tiene recetas mágicas, no existen atajos. Lo que se siembra hoy se recoge mañana o dentro de 30 años. Tácticas y estrategia. Las izquierdas navarras bien que lo saben desde hace décadas, cuando, ya en el franquismo, organizaban ikastolas, levantaban editoriales u organizaban grupos de montaña o de apoyo a las mujeres de los primeros huelguistas. Compromiso personal, militancia colectiva, mirada a largo.

En el actual contexto de crisis navarrista, en el marco de las sucesivas elecciones políticas del presente año, en algunos foros navarristas se visualizaron muchas quejas del tipo “¿¡cómo es posible que los navarros no cambien de voto con las listas de espera existentes en nuestra sanidad!?” o “me estoy planteando emigrar porque esto no tiene remedio”; tristes e impotentes expresiones de la desazón navarrista, indicativas de la incomprensión de lo qué sucede en la sociedad, que bien debieran analizar y afrontar sus dirigentes e ideólogos de cabecera con vistas a una remontada… o una “larga marcha” alternativa a la actual deriva. Si el navarrismo quiere un futuro deberá abandonar ese tipo de actitudes evasivas o infantilizadas, planteando una batalla cultural a largo plazo, rearmando su discurso con nuevas o permanentes aportaciones doctrinarias y propuestas, con recursos humanos y materiales, construyendo estructuras físicas de resistencia comunitaria.

En esta labor de discernimiento, el navarrismo tiene que afrontar muchos retos, además de los propios de Navarra, comunes a todo Occidente: envejecimiento de la población con la previsible crisis del sistema de pensiones y del sistema de cuidados, instalación de minorías jóvenes exógenas étnico-culturalmente muy diversas, mantenimiento de los estándares deseables de bienestar social, desarrollo económico y seguridad. Políticas, en todo caso, que deben pasar por apoyar a las familias de manera concreta; mucho más allá de sus habituales invocaciones retóricas y loas sentimentales.

Todo proyecto de cambio social, liderado por un partido político, debe estar provisto, resumamos, de varios ejes imprescindibles: ideología (principios y valores), estrategia (mirada a largo plazo), tácticas (objetivos a corto y medio plazo, respuesta a intereses colectivos concretos), recursos humanos y materiales (mayormente desde el sacrificio personal), financiación (si se espera que ésta proceda de las administraciones, la batalla ya está perdida de antemano), clase dirigente (en el partido y en la sociedad civil). Si falta uno de esos factores, la derrota está asegurada. Y en política se trabaja para conquistar el poder… o al menos, condicionarlo.

Lucha política y cambio de mentalidad

El navarrismo puede plantearse la batalla a muy corto plazo, al modo de Esparza, y en tal caso desesperarse, renunciar a los principios y resignarse al espacio que le permitan los actuales juegos de poder. Pero también puede y debe prepararse para una batalla cultural y generacional pensando en varias décadas vista. Ello precisa un análisis que proporcione respuestas al cambio cultural del nacionalismo vasquista, la inmigración, el envejecimiento demográfico (la huelga general feminista del 30 de noviembre responde a unas realistas intuiciones, otro asunto es que sus impulsores permanezcan presos de sus ideologías), la pérdida de tono económico, el endeudamiento de las administraciones públicas, el aumento de la inseguridad callejera, la eclosión de una revolucionaria juventud encuadrada en la denominada “izquierda abertzale proletaria”…

Y los navarristas tendrán que ser generosos, de modo que sus hijos se planteen seguir residiendo en Navarra, trabajar en la educación, promover nuevas iniciativas sociales, ingresar en la Administración sin ser tildados de fracasados o carentes de ambición, creación de empresas culturales, revertir en la sociedad navarra los beneficios económicos trasladados a Madrid por sus viejas élites…

El navarrismo, en suma, debe plantearse su futuro en la sociedad y en la política partidaria desde sus principios y valores, con la conciencia de que el espacio que no lidere, será ocupado por el enemigo. Y sí, decimos bien: enemigo. Aquí no caben discursos buenistas. El análisis político debe partir del realismo, que siempre pasa por definir al enemigo; más cuando la identidad vasquista, supremacista y excluyente, ya ha declarado enemigo a batir al navarrismo españolista, a cualquier presencia española, desde su mismo origen. Sin embargo, ahora se habla de rival o de adversario, pero eso es engañarse a sí mismo. Las izquierdas radicales navarras y el nacionalismo panvasquista no son simples rivales. No estamos en Alemania o en Finlandia. Está en juego una concepción antropológica, un modelo de sociedad y unos mecanismos sanos de gestión pública y vida comunitaria: estamos en una lucha de identidades colectivas, dinámica y plural, por el control de los mecanismos de cambio y control social.

En ese trabajo metapolítico todo debe revisarse: Osasuna, ¿sigue siendo un factor de identidad navarra para todos?; las Javieradas, el catolicismo, ¿qué papel pueden jugar?; el ocio, ¿únicamente podrá practicarse en centros comerciales y los elitistas clubs deportivos “de siempre”?; los Fueros, ¿pueden significar algo concreto a los navarros de todas las procedencias geográficas?; ¿se tomará en serio la elaboración de una cultura diferenciada de la imposición panvasquista?; ¿se continuarán ignorando o despreciando las diversas celebraciones colectivas que proporcionan rostro y espacio de sociabilidad al pueblo navarro (día de Navarra, Constitución, día de Santiago Apóstol, Hispanidad, etc.)?

En el navarrismo nunca se ha ejercido bien eso de la autocrítica o de la crítica constructiva; tampoco le ha preocupado, pues todo esto era “cosa de los políticos” y habría que “lavar los trapos en casa”. Pero, o se pone las pilas o al navarrismo, en escasas décadas, únicamente le va a quedar Madrid y el exilio nómada de los vástagos de sus declinantes e incomparecientes élites. Porque en política no es verdad que el tiempo todo lo subsane.

[1] «(…) La defensa de esta comunidad [la Foral de Navarra] en tanto que proyecto político diferenciado de otras limítrofes, firmemente engarzado en España y fundamentado en su foralidad histórica. Asimismo, quizá su rasgo más característico sería su rechazo a la unión vasco-navarra y su énfasis en la pluralidad socio-cultural de la provincia»; García-Sanz Marcotegui, Ángel; Mikelarena Peña, Fernando; Iriarte López, Iñaki, en Historia del navarrismo (1841-1936). Sus relaciones con el vasquismo, Ediciones de la Universidad Pública de Navarra, Pamplona, 2022, pág. 311.
[2] https://www.navarraconfidencial.com/2008/11/04/toda-la-verdad-sobre-el-quesito/
[3] https://www.europapress.es/navarra/noticia-constituida-ponencia-parlamento-navarra-estudiara-actualizacion-amejoramiento-20231117132714.html
[4] Esparza el 20 de agosto (https://www.diariodenavarra.es/noticias/navarra/2023/08/20/javier-esparza-no-sere-candidato-gobierno-navarra-ese-ciclo-terminado-579545-300.html); Miguel Sanz, ocho días después (https://www.diariodenavarra.es/noticias/navarra/2023/08/28/miguel-sanz-upn-hay-malestar-estrategias-seguidas-hay-autocritica-580336-300.html).
[5] https://www.geroasocialverdes.eu/

Para La Tribuna del País Vasco


Deja una respuesta

Su dirección de correo nunca será publicada. Si la indica, podremos contestarle en privado en caso de considerarlo oportuno.*

Esta web utiliza cookies propias para su correcto funcionamiento. Contiene enlaces a sitios web de terceros con políticas de privacidad ajenas que podrás aceptar o no cuando accedas a ellos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Más información
Privacidad