Igualdad, diversidad y uniformes escolares

Inspirada por un artículo del teniente coronel Enrique Area Sacristán, escribo lo siguiente:

La dictadura gubernamental de la igualdad, el pensamiento único, la imposición de «lo Mismo», tiene su origen en un proyecto de homogeneización social, de aniquilación de la desigualdad, que es la esencia misma de la humanidad y aquello que permite a la sociedad sobrevivir y evolucionar, gracias al resultado fértil de la variedad. Ante la implantación tiránica de la uniformidad absoluta, morimos. El lavado de cerebro y el adoctrinamiento llevados a cabo mediante la publicidad y el sistema educativo, pretenden anular al ser humano, para convertirlo en una máquina de trabajo más de la colectividad al servicio de la élite nacional y mundial. El Antiguo Régimen y el comunismo, han regresado. Por ello es apremiante recuperar la idea de la defensa del individuo y su libertad inherente, y un riguroso y exigente sistema educación, como medio para abandonar la esclavitud y emanciparse del absolutismo. Ello requiere de coraje, poseer una sólida moral como brújula y voluntad de esfuerzo denodado y sostenido en el tiempo, y ejercer la responsabilidad individual y la cautela. Tomar el control de la vida propia, con los riesgos que ello entraña… y el mérito.

El concepto de igualdad se publicita en la propaganda oficial adherido al de diversidad, cuando en realidad son palabras antónimas y conceptos excluyentes entre sí. Se desprecian ciertas manifestaciones de equidad, por no encontrarse dentro de la agenda ideológica: la autoridad (familiar, policial, y del profesorado) ha desaparecido, por tanto reina la anarquía, cada uno utiliza como criterio su antojo, amparado en un erróneo concepto de libertad, que en realidad es soberbia, hedonismo, falta de visión a largo plazo, y de norte moral. Cuando se trata de orden y disciplina, la igualdad es rehuida como la lepra, incluso agredida. La siguiente incoherencia “igualdad versus diversidad” que encontramos en la vida cotidiana, es el repudio del uniforme escolar. Los beneficios de éste son, en primer lugar, que los alumnos acudan al centro “educativo” con el objetivo de estudiar, y no de desfilar o llamar la atención del sexo opuesto. El uniforme escolar es ropa de trabajo (como los mecánicos y médicos tienen la suya), que les identifica con su ocupación, favorece la cohesión de grupo, y logra eliminar una forma de discriminación hacia aquellos que no cuentan con posibles para comprar la marca de moda. También hacia los que poseen suficiente personalidad como para lucir un estilo propio, y precisamente por distinguirse, por no despersonalizarse uniéndose al rebaño, son sancionados por éste mediante la segregación y las burlas. ¡Qué tolerantes son los jóvenes, qué poco fascistas, cuánto valoran y abrazan la diversidad!

Otra virtud del uniforme escolar, es que genera o refuerza la actitud de trabajo, con todo lo que ello implica, dado que se asocia a la obligación, y no al ocio o descanso. Uno de los consejos clásicos para que un empleado ofrezca rendimiento y profesionalidad trabajando desde casa, es que cambie el chándal y el pijama por un atuendo propio de un adulto con intenciones laboriosas. Uno sólo ha de preguntar a un actor de qué forma el ataviarse como su personaje transforma su actitud, su locución e incluso su postura física. Preocupa que los jóvenes no puedan expresarse mediante la vestimenta durante seis horas de clase al día. Tranquilizo a los quejumbrosos y alarmados recordándoles que los susodichos disponen de dieciocho horas restantes en el día para parecer un indigente, lucir pijama, chándal, el tanga vaquero, el trapo de camiseta y la chancla. Todos iguales, tan dignos y elegantes.


Una respuesta a «Igualdad, diversidad y uniformes escolares»

  1. Impecable. Vivimos en pleno caos, bajo el imperio del libertinaje y la amoralidad más absolutos disfrazados de falsa libertad, terreno abonado por la escoria social-comunista y caldo de cultivo indispensable para que esta chusma degenerada y miserable pueda demoler a su antojo progresiva y pertinazmente la sociedad civilizada y sus valores y principios éticos y morales sagrados y ancestrales.

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