Improvisación de mandos en 1936 (II). Las academias del Gral. Orgáz

Gral. Orgaz Yoldi, con el distintivo de Alféreze Provisional

El 25 de marzo de 1937 se nombraba al general don Luis de Orgaz Yoldi jefe de los servicios. Y de Movilización, Recuperación y «preparación e instrucción de la oficialidad en las Academias de retaguardia». Era la Inspección del MIR, que empezó a funcionar el 1 de abril. Pronto se incorporó el coronel Gil Verdejo, creador de las Escuelas de Burgos, siendo Jefe de Instrucción e Inspector de Academias, con solo el comandante de Infantería don Víctor Martínez Simancas y dos oficiales de complemento, quedando en sus cargos hasta el cese de Orgaz a fines de 1938.

En abril ya había visitado Orgaz las Escuelas y hacía su nuevo plan: Academias para cada Arma y Cuerpo; en internado 24 días lectivos, pronto de 30 días, y en 1938 de dos meses. Los alumnos, con los mismos requisitos anteriores, los títulos para cada Arma o Cuerpo, y haber servido en primera línea, primero dos meses, luego cuatro, después, seis, y a veces, más.

Empezó por incluirse en las convocatorias el curioso distingo del «cargo» de Alférez: «exclusivamente por el tiempo que dure la campaña», por si no era harto alambicada la frase del decreto nº 94.para evitar las suspicacias de quienes temían que su carrera militar, se equiparase a un «cursillo» de quince días. Ya fue un excelente hallazgo la distinción entre «empleo», «cargo» y más «el cargo del empleo», maravilla de casuísticas antológica para crear los Provisionales. Un tanto bizantina, y más junto al apellido «Provisional», harto expresivo. Pero se sabía que de no lograr la Falange tales profesores para sus cerradas Academias, no los tendría el MIR para evitar el baldón de devolverlos.

Las novedades esenciales del plan, era: Un Director en cada Academia Un cuadro de profesores militares españoles –mutilados y heridos– para clases teóricas. Y otro de instructores alemanes e italianos para prácticas de material y orden cerrado a 114 pasos por minuto de 114 y táctica, tiro, armamento y material atenidos a cuadernillos llamados «Directivas Circunstanciales» –«Divertidas Circunstanciales» para los alumnos– El régimen de internado hacía más intensa la instrucción.

Antes de comenzar los cursos, Orgaz emitió un informe de su sistema, con breve e incisiva crítica del anterior. Venía poco a cuento, de la solicitud del general Aranda para cubrir sus muchas bajas organizando un curso de Alféreces en su extinguida Escuela de Luarca. Pero el temprano informe de Orgaz, el 12 de mayo de 1937, lo soslaya un tanto, para enjuiciar pobremente la anterior formación de Alféreces, felicitada por Franco, Queipo y otros mandos. Decía:

Sin negar méritos a las Escuelas… los alumnos no han estado sometidos a la intensa labor que requería el reducido número de días disponibles.»Y se felicitaba: Ello ha aconsejado aumentar profesores, agregar un cuadro instructor bien preparado y completo, hacer lectivos incluso los días festivos, y un régimen de internado para disponer el máximo de horas de instrucción, y esperar que los aprobados excedan a los logradas.

Edificio de la Academia de Fuentecaliente

No se ha hecho, ni cabe hacer, un estudio discriminado entre los Alféreces de las Escuelas y los de las Academias. Pero en el ánimo de los alumnos, el de sus futuros jefes y en sus hojas de servicios, se advierte que no había inferioridad táctica, técnica, moral ni disciplinaria en la conducta de los antiguos. Como novedad, sí habrá que observar la gran semejanza que Luis de Caralt y otros, veían en las «Escuelas de Centuriones» de F.E. de Fuentecaliente y las de Pedro Llén, ambas con instructores alemanes.

En el Alférez Provisional influía menos la técnica alemana que el entusiasmo y el espíritu español. Los alemanes no tenían guerra desde 1918 y los españoles, terminaron en 1927 su campaña de Marruecos. Minucias como el «tenderse por tiempos» no eran útiles para la psicología española, ni se practicó por mucho aprenderlo. Hubo las ventajas de conocer armas nuevas y algún aspecto de la lucha contra-carros, afirmaban los Alféreces de Escuelas españolas, en la instrucción alemana de cursos de ascenso. Orgaz se prometía demasiado de su régimen, y. aunque, por los resultados, las Academias tuviesen éxito, no se debe todo al cambio de las Escuelas primitivas.

Las Academias del MIR hicieron más amplia y perfecta la formación de oficiales, cuya media mensual, de unos 640 promovidos pasó a ser de unos 960, pese a la mayor permanencia en los cursos, que pasaron de los quince días iniciales a dos meses término medio. En unos dos años iban a salir de las 16 nuevas academias unos 24.000 oficiales y 24.500 sargentos. Pero además, en conjunto, hasta unos 10.000 tenientes para mandar compañía o similar, y unos 500 capitanes aptos para mando de batallón.

Así fueron, a grandes rasgos, las Academias de Orgaz, sobre Alféreces Provisionales.

Progresivamente, el señuelo de ser oficial en unos días, tentaba a sectores variados, más o menos justificado el fina combativo para el que nacieron. El 22 de junio de 1937 se remitía al Jefe del MIR, un escrito del General Inspector de la Guardia Civil pidiendo para sus miembros los beneficios de otros cuerpos para los cursos convocados el día 16, los segundos de Fuentecaliente y Granada. El 25 lo consultaba Orgaz, al Generalísimo, quien el 7 de julio le razonaba el fondo de su negativa, –lo hoy se llamaría pretenciosamente «filosofía de los acción de cada Arma o Cuerpo, habrá que verla en particular. Provisionales como institución»–. El telegrama-postal lo explicaba así:

No lo estimo procedente, pues los Alféreces Provisionales de la Guardia Civil, al terminar la campaña quedarían otra vez sirviendo como guardias, cabos, etc., y esto no conviene; además de que no se trata de beneficios, sino de necesidades de la guerra que han obligado a la creación de oficiales provisionales.

Ese fue unos de los textos más precisos sobre la esencia de los Alféreces Provisionales, con indudable redacción personal de Franco, identificable hasta en su soltura poco académica de la improvisación, más coloquial que administrativa. Sus dos puntos esenciales fijan bien el carácter y la dignidad presente y futura de los Provisionales. Presente, porque no es un privilegio, sino un servicio distinguido. Aquí sí se explica aquella distinción primaria: no es empleo, es cargo, con carga heroica de sacrificio; de honor tan transitorio que al terminar la guerra, el paisano volvería a serlo con toda dignidad. Pero no sería igual para el guardia que fue alférez. Tal «filosofía del tema» apuntaba Franco en su breve aclaración.

Pese al optimismo de Orgaz, ya en julio de 1937 no tenían tanta concurrencia los cursos, ni se acumulaban las instancias. Contrastan aquellas 2.000 solicitudes para 300 plazas, en los meses finales de 1938. la escasez de peticiones sería ya obstáculo para la selección. Orgaz se quejaba a Franco el 16 de julio de la falta o retraso de presentación de alumnos admitidos:

En los últimos cursos, se ha observado que muchos admitidos –a veces un cuarenta por ciento– no se incorporan a las Academias y otra mayoría lo hacen con retraso.

Como la no presentación, aun justificada, plantea cubrir incompletas las necesidades de los mandos, propongo que la incorporación de alumnos sea obligatoria y urgente. El día 21 se consultaban los motivos de ello a los jefes de los tres ejércitos.

El del Sur, general Queipo de Llano, distinguía bien: «Las principales son: renuncia de los interesados, falta en las instancias del destino y residencia del solicitante, cambio de situación de las Unidades, poco plazo entre la recepción de instancias y la incorporación, durante el cual la Academia ha de hacer selección, listas, llamamiento telegráfico, y relevo de los llamados, que estarán en primera línea. Estimo procedente, ampliar el plazo; efectuar el llamamiento directamente por directores de las Academias y dar carácter obligatorio y urgente a la incorporación; todo ello ordenado en la convocatoria.

El 23 de agosto, se le remitía a Orgaz: Y ya en las nuevas convocatorias, se ampliaban plazos y se exigían datos para la rápida tramitación, que propuso Queipo, sin llamada del Director de la Academia, ni relevo del retrasado.

El 13 de noviembre aún coleaba la falta de mandos que hizo crear los Provisionales. Ya era simple, pero obsesivo, tema administrativo, hasta que los datos de los admitidos a Curso llegaron a tiempo a su Academia. La Secretaría de Guerra anticipaba la admisión por telégrafo en abreviando el plazo desde la llamada la llegada. Se tardó en lograrlo, a costa de comunicación directa y recursos anormales, saltándose escalones reglamentarios.

El general Orgaz puso enorme entusiasmo en su gran obra, que ofrecía excelentes oficiales a las unidades y las mantenía al completo, pese a enormes bajas, lo que a veces le exigía excesiva dedicación. Siendo un perfec- cionista, al que ilusionaba la mínima novedad en medios de instrucción para quienes, según él, «serían maestros de combatientes».

Pronto se encariñó tanto con su obra que el 24 de octubre de 1937, en la arenga a la 4ª Promoción de Fuentecaliente, llamaba «cadetes» a los alumnos, lo que se evitaba siempre por respeto a los «cadetes profesionales», con tanto celo y más lógica que distinguir entre «cargo» y «empleo» por prurito profesional militar. Allí, con paternal orgullo del heroísmo de sus «hijos», les elogia por «primeros en el avance y el asalto», lo que a los cinco meses sería seriamente reprimido por el Generalísimo y castigado por los jefes de Cuerpo de Ejército, pues los Alféreces –con lírico ardor– rebasaban el lugar táctico del oficial en el combate.

Con sus tres cursos tras los seis históricos, Orgaz se sentía creador, padre y figura de los Alféreces Provisionales, a los que «España que tanto les debe», con cariño íntima y familiar.

El profesorado 

Inicialmente la escasez de mando también surgió en milicias, que pensaron:: «para improvisar, ya estamos nosotros», Inicialmente el Requeté y la Falange lucharon encuadrados por mandos propios, pero pronto organizaron sus Academias de mandos: El 5 de diciembre de 1936, se imprimía el reglamento de la «Real Academia Militar de Requetés», inédito, al prohibirse Academia «tan Real», y ese diciembre, según Hedilla, la Falange pidió a Von Faupel «oficiales alemanes, para profesores», de , de los que el 31 de enero llegaban a Vigo 60 de los pedidos para las «Academias de Centuriones»: del norte, en Zuazo (Álava), centro, en Pedro Llen (Salamanca),y sur en La Jarilla (Sevilla). Las tres muy bien organizadas.

Éstas se inauguraron el 5 de mayo de 1937 Su principal novedad fue tener cada una su coronel Director. Los profesores de clases eran en buena parte mutilados, heridos o convalecientes, todos muy entregados a su misión. Al menos en las Academias de Infantería, el cuadro práctico era alemán: a capitán por compañía, en algunas, más un teniente o brigada; todos al mando de un comandante, con su teniente ayudante y algún brigada más,especialista en la Plana Mayor. Tal vez todos ellos de las disueltas Academias de Jefes de Centuria, pues aún sin búsqueda, identificamos al teniente Nobloch en Toledo, y a Fleiter y Granzenmueller en Granada.

En las Academias: del Norte (Fuencaliente y luego Ávila); el Sur (Granada) y de Marruecos (Riffien); bien podían bastar los 40 que constaban: Tres comandantes y 18 oficiales (uno o dos por compañía), lo más 18 brigadas. Después, con las Academias de tenientes, capitanes y sargentos, tal vez pudiera aumentarse la plantilla y haber un total de unos 60 instructores alemanes. Los italianos de las Academias de Caballería, Artillería, Ingenieros y Guerra Química, serían bastante menos.

Tras los destinos de primeros de mayo, y reposición de bajas, destaca el razonado informe del general Orgaz, al Generalísimo, el 24 de febrero de 1938 sobre la necesidad de «ampliación y reforma» del M.I.R., por lo que toca al profesorado en su «leit motiv», confiando en que: «La ilustración integral de V.E. en las cuestiones militares no necesita de fundamentación para conceder a la instrucción primacía sobre otras funciones también fundamentales, atendidas a pesar de los apremios del frente. Y el Profesorado en tiempo de guerra necesita una habituada repentización en los destinados a la enseñanza. Persona de toda autoridad como el general Weygand, dice que esa función en guerra debe predominar sobre todas las demás. Y es lógico que así sea, ya que el instrumento humano el que ha de utilizar los medios de guerra, ha de prepararse convenientemente para utilizarlos, y los cuadros han de estar capacitados para conducir a sus hombres en el trance más duro de la batalla»

La ampulosa disquisición, aquí exprimida, termina queriendo poder designar un cuadro selecto de profesores inamovibles. La respuesta de Franco, en ocho días, también muy razonada, pero mucho más breve, decía:

Aún estimando muy atendible cuanto manifiesta, no es posible acceder a lo que me propone, porque la necesidad de mandos aptos para las unidades no permite distraer en la enseñanza a los mejores profesionales, que en estos momentos considero más necesarios en los frentes.

Era el 5 de marzo de 1938, día clave para la ambiciosa campaña de Aragón, cuando todo parecía poco para el «divide y vencerás». Con el escrito a Orgaz, firmaba Franco las notas finales a Yagüe, que el día 9 avanzaría con su Cuerpo Marroquí por el sur del Ebro.

Jura de bandera de Alféreces Provisionales

Quedaban siempre los recelos italianos de predominio alemán en la instrucción de tropas y oficiales, mezcla de interés político y militar difícil de aclarar, más aún de contener. Una prudencia bien dosificada del Generalísimo y el realismo en delimitar la intervención extranjera en altas decisiones, mantenía en su punto el equilibrio y la armonía.

Hubo fuerte expresión de suspicacias en la «prememoria» del general del C.T.V. enviada al general Barroso, para constancia de su reciente diálogo con el Generalísimo, cuyos cuatro apartados y dos propuestas tenían un fondo de lamento y esperanza. Partía Berti del omitir instructores y material italianos en Cursos de Perfeccionamiento a, quienes les tuvieron en los de Alféreces, y pedía para unificar la enseñanza acogiéndoles, pudiendo contar con lo necesario.

Orgaz puntualizaba refutando cada apartado de los seis –dos folios llenos– de 7 de julio de 1938. Y Orgaz, exponía tajante, la imposible cuestión, oscilando de la firmeza polémica a la untuosidad diplomática.

De acuerdo con el informe de Orgaz, el Generalísimo contestó al C.T.V. que al terminar la guerra no habría más cursos en ninguna Academia, aclarando «al menos de Ampliación», pues aún se celebró uno de Alféreces.

Como tantas veces, los italianos llegaban tarde con sus pretensiones y su deseo de no quedar postergados por los alemanes en influencia político-militar. Acaso fuese, más bien que los alemanes se anticipaban siempre. Lo cual, en la práctica, venía a ser lo mismo.

Las Academias de Infantería 

Las primeras fueron tres, en Fuentecaliente (Miranda de Ebro), Granada y Toledo sustituida ésta por la de Riffien tras su única promoción en junio.

En noviembre sale la última promoción de Fuentecaliente y en enero de 1938 la primera de Ávila, cuya Academia sustituye a aquella. Hasta el fin de la guerra permanecían las tres, de Ávila, Granada y Riffien, viveros de Alféreces para los Ejércitos del Norte, Centro y Sur, respectivamente. Desde diciembre de 1938 hay otra cuarta en Pamplona y con independencia y de modo discontinuo hay algunos cursos en la antigua Academia de Lluch (Mallorca), mientras que para los oficiales de las unidades «legionarias» (hispano-italianas), la Academia estuvo primero en Dueñas (Palencia) y luego en Medina del Campo (Valladolid). De esas 75 promociones salían 18.267 Alféreces Provisionales de Infantería.

Academia de Fuentecaliente 

El 28 de abril rigió ya el plan de Academias, propuesto por el general Orgaz, Jefe del M.I.R. Lo más nuevo de ellas era el internado y los instructores alemanes para las prácticas. Así moría la Escuela de Burgos, matriz de los Alféreces dando paso a la Academia creada en el balneario termal de Fuentecaliente, próximo a la burgalesa Miranda de Ebro, donde al año siguiente el 14 de julio se crearía también una academia de Sargentos,

Por orden del 7 de mayo de 1937 se nombraba el cuadro de profesores, siendo Director el coronel de Infantería don Cecilia Arias Fariña, trasladado desde la disuelta Escuela de Luarca, quien según propuesta del general Aranda: «reunía excepcionales condiciones para el cargo». Los profesores eran: tres.

El horario era monacal, o académico, que es lo mismo: Diana a las seis, instrucción táctica hasta las doce. Por la tarde, clases de logística, táctica, topografía y código. Silencio a las diez. El primer curso hubo un incidente importante. Fue la víspera de tomarse Bilbao. Se leyó en la crónica de Garzolini:

«El primer “cursillo” de la Academia de Fuentecaliente. llegaba a su fin. Mediaba el mes de junio. Una noche llegó de repente la orden de que cincuenta Alféreces salieran inmediatamente al frente. Y se cruzaron mil comentarios…

Los jefes y profesores de la Academia tuvieron una breve reunión para seleccionar a los que había que ascender para marchar acto seguido. Y cerca de medianoche, se tocó llamada. Formaron las compañías de alumnos ante la fachada de la Academia, poco iluminadas por la luz estival. Correctas. Silenciosas. Salió el coronel Director seguido de los profesores, y se hizo un sencillo nombramiento de los cincuenta primeros Alféreces de la Academia. Testigo mudo y solemne, la cálida noche de noche junio.

Ni entrega de diplomas, ni discursos. ni hubo jura de bandera. El apremio no permitía pérdidas de tiempo. Investidos de oficiales, fueron a incorporarse esa misma noche. Su destino era entonces de encarnizada lucha para forzar la toma de Bilbao.

A uno de ellos recordaba el cronista con preferencia: Falangista de 18 años, entusiasta como un niño al que todo le causa asombro y admiración, decidido como un hombre maduro, sabiendo lo que de él se esperaba, entró en fuego al día siguiente, estrenando una estrella que le honró treinta horas, hasta caer herido de muerte a poco de entrar en combate…

Esquela de Joaquín von Knobloch y von Zawadsky

Por eso la primera promoción de Fuentecaliente tuvo dos antigüedades. Los 50 primeros Alféreces, la de 18 de junio de 1937; los otros293 restantes la del 22, cuatro días después, la fecha en que acabaría el curso.

En su historia de la Academia descubre Javier Ibarra, que allí estaba von Knobloch, el primer teniente alemán que vino a España de instructor de Jefes de Centuria a La Jarilla (Sevilla), en enero de 1937 y pasaría en mayo a Fuentecaliente al interrumpirse aquel único curso, trasladado sin duda en mayo con los fundadores de esta Fuentecaliente en el siguiente mayo. En el 4° Curso, Knobloch mandaba la 4.ª Compañía de Instrucción.

La vida de la Academia de Alféreces fue breve, de mediados desde mayo al 8 de noviembre de 1937, medio año, en el que se celebraron cuatro cursos, con un total de 1.410 Alféreces promovidos, con un número de 350 alumnos por término medio, desde el mínimo de 284 en la segunda promoción, al máximo de 414 en la tercera. Luego quedó como Academia de Sargentos.

Academia de Ávila 

La Academia de Fuentecaliente se trasladó al convento dominico de Santo Tomás, de Ávila, donde permaneció cerrada desde mediados de noviembre de 1937 en que salió su cuarta y última promoción de Alféreces, hasta. que, a mediados de julio de 1938, se iniciaron allí los cursos de Sargentos Provisionales. Se nombró director a don Manuel Delgado Brackembury, Teniente Coronel honorario de Infantería, y capellán, al padre Antonio García Fígar, de la orden de Predicadores.

El ambiente de aquella Academia era curioso, pues los dominicos seguían ocupando parte del convento. Lo describía, desde fuera, una sensible crónica de Víctor de la Serna al renovar la jura de bandera de la quinta promoción de Alféreces en acto público de San Sebastián. el 1 de julio de 1938:

«La vida en la Academia es dura. Porque lo va a ser la vida del alférez. Ahora se toca diana a las cuatro y media. A las seis ya hay revista. La Instrucción táctica es severa y se hay marchas de 30 kilómetros casi todos los días, con simulacros de combate, de día y de noche, escaladas, carreras, supuestos tácticos.»

Cuando se terminan los cursos ya no se piden voluntarios. Porque todos los cadetes lo son para todo. Es inútil: Se da la voz: «¡Voluntarios para la Legión!». Y da un paso toda la Academia. –«¡Voluntarios para Regulares!». Y lo mismo. Hubo que hacerlo por sorteo.

Y algo más, que no se habrá dado en ningún Ejército. Ha sido preciso tomar medidas para «represión del heroísmo». El desprecio del Provisional por la muerte, se ha exagerada tanto que se podrá degradar de su empleo a un oficial «por alardes de valor», aun premiándole su hecho heroico, cuando el Mando lo juzgue excesivo.

De la Serna se refería, sin duda, al telegrama del Generalísimo a Moscardó el 25 de marzo del 38, que pudo tener tales consecuencias, por extrañar a Franco el día anterior la desproporción de bajas de oficiales, tan difíciles de reponer. Alguien del Cuerpo de Ejército de Aragón, daría a su Jefe, Moscardó, noticia de las severas instrucciones de su general para evitarlo.

La Academia de Ávila fue la más duradera de las de la Península Tuvo dieciséis promociones. Sólo aventajada por la de Riffien, con veinte, de las que doce eran de pura campaña, Porque los Alféreces de la 13ª y la 14ª promociones, poca guerra tuvieron como oficiales, con fechas de sus despachos del: 20 de febrero y el 20 de marzo, de 1939. Ya la 14ª era: «del arco iris» con 139 Alféreces. La mayor, fue la 1ª, produciendo 144 Alféreces. Las doce de «guerra pura» sumaban 2.930 oficiales, las catorce anteriores al final, 3.222, y contando la dos de la paz, «del arco iris» del 19 de abril y 28 de mayo, que con los 301 promovidos en ésta, totalizan los 3.687 Alféreces Provisionales de los que se honraba la Academia.

Claro que tampoco tendrían mando en campaña los 274 de la 16º promoción de 27 de enero del 39, pues por mucho que se apresurasen en acudir al frente, llegarían cuando se acababa la guerra en Cataluña, y dos semanas después en absoluta paz, a partir de la cual, sólo habría bajas en la expedición a Cartagena el 5 de marzo, oportunidad exclusiva de 1.034 Alféreces que ya no la esperaban.

Academia de Toledo 

Una de las primeras medidas del general Orgaz fue crear una Academia de Infantería en Toledo, si bien, por razones que se ignoran, sólo pervivió un mes, pasando a ser Academia de Ampliación y Perfeccionamiento.

La Academia de Alféreces Provisionales de Infantería de Toledo, se inauguró el 25 de mayo de 1937, instalándose en el Hospital de Tavera. Tenía el cuadro de profesores establecido por órdenes de 7, 13 y 14 de aquel mes: Era Director: don Antonio Valencia Fernández, coronel de Caballería, y Jefe de Estudios: don Enrique Fernández, teniente coronel de Infantería. Profesores: don Diego Guerrero Castro, capitán de Infantería, en cura ambulatoria; don Julián Cuartero Sánchez Serrano, capitán de Infantería mutilado en el Alcázar; don Ildefonso Ruiz Tapiador, capitán de Infantería, herido; don Juan Llop Pelegrí, teniente de Infantería; don Enrique Gastesi Barreiro, teniente de Infantería, y don Rafael Rodríguez Frisuelo, alférez de Infantería.

Por primera vez los alumnos tenían un pequeño texto de conjunto, un tanto enciclopédico, pero más bien táctica, titulado Directivas Circunstanciales, de doctrina mixta, hispano-germana, que los alumnos había algunos que fueron defensores del Alcázar, como el mismo coronel director y acaso el teniente coronel.

El grupo de instructores alemanes formaban el cuadro de un capitán, un teniente y un brigada por compañía, bajo la dirección de un comandante. El 27 de junio se celebró la jura de bandera en la explanada anterior del Hospital de Tavera, «Hospital de Afuera», primer reducto de los defensores de Toledo, antes de concentrarse en el Alcázar. Asistía a la ceremonia el general Yagüe, con camisa azul y gorrillo legionario, que pronunció una vibrante arenga a los 361 nuevos Alféreces que componían aquella única promoción toledana.

Academia de Granada 

Se estableció el 20 de mayo de 1937 en la Residencia de jesuitas de la Cartuja Alta, de Granada, que era Colegio Máximo de la Compañía de Jesús. Como en la de Ávila se utilizaban para aulas y dormitorios los mismos de los padres y hermanos jesuitas. El comedor era su refectorio, apto para más de 500 comensales y desde el púlpito del lector, frecuentemente hacia observaciones a los alumnos el coronel director, insistiendo mucho en el exceso de bajas de Alféreces en la campaña por alardes inútiles de valor, en vez de observar en el combate las normas de mando propias de un oficial. Era y es uno de los Centros de Investigación más importantes de los jesuitas en España, con unos 50.000 volúmenes en su biblioteca, gabinetes científicos y observatorio astronómico.

De los instructores alemanes sólo queda el recuerdo de los tenientes Otón Fleiter y Carlos Ganzenmueller, que iniciaron su actividad en febrero o marzo de aquel año en las Escuelas de Jefes de Centuria de F. E. de Palencia y Málaga. El 7 de mayo se había nombrado director de la Academia al coronel mutilado de guerra don Emilio Izquierdo Arroyo. Los profesores fueron: Comandante, retirado, don Antonio de Fuentes Cervera; capitán, mutilado, don José Arteaga Fernández, y capitán de Infantería y jesuita, Justo Pérez de León.

El padre Ponce de León era un curioso ejemplo de doble vocación, dos naturalezas fundidas en la persona de un jesuita. Era el capitán de Infantería, curtido en la campaña marroquí, que explicaba en la Academia Moral Militar, Detall, Régimen Interior y Fortificación de Campaña, pero también el sacerdote que decía misa todas las mañanas ejercía una dirección espiritual efectiva y personal de los alumnos, que tenían en él la máxima confianza, aunque le embromasen éstos con su dicho de que «le asomaban las pulainas bajo la sotana». Entre los 221 alumnos de la 12ª promoción estaba el ilustre periodista Ismael Herráiz, entre los 190 de la 13ª, Gregario Marañón Moya, hijo del célebre doctor y actual embajador de España en Buenos Aires. Eran ya los cursos de dos meses.

Desde el primer curso granadino debió practicarse la consagración de los alumnos al Corazón de Jesús. Al terminar el curso, los alumnos bajaban desfilando desde la Cartuja Alta hasta la basílica de la Virgen de las Angustias, patrona de la ciudad. La fórmula es una bella expresión del sentido religioso de aquella guerra, seguramente redactada por el padre Ponce de León. Su fondo era aceptación del sacrificio y ofrenda cristiana de la vida, su estilo tenía más fuerza que la fácil literatura de la inflamación bélica habitual.

De los 6.492 alféreces promovidos en aquella Academia, la más prolífica de todas las de Alféreces Provisionales, 537 cayeron muertos en campaña.

Eran casi exactamente un diez por ciento, pues si se descuentan los 1.120 promovidos a partir del 27 de enero, en el 16º curso, ya sin tiempo de intervenir en combates, quedan 5.372, en los que se producirían esas bajas.

Alguien pensó que sus nombres no deberían perderse y surgió la idea poética y luminosa, dice el padre Delgado, de reunir sus nombres y sus estrellas en un manto de terciopelo negro que se pondría a la Virgen de las Angustias, Y el 22 de septiembre de 1940, cuando ya el mundo se conmovía en una guerra mucho más espantosa, aquella Academia se consagraba a la patrona de Granada, con manto negro, como el fondo de la divisa de los Provisionales, enriquecido con un bordado más sencillo, el de las 537 estrellas caídas, cada una con su nombre, el de todos los que desfilaron ante ella cuando se preparaban para ofrendar su vida y en gratirud por la victoria y la paz.

Los cursos de Granada fueron muy nutridos: Su 5ª Promoción fue la mayor de España, con 630 nuevos Alféreces, pero ya la 1ª había sido de 597, y aún la 2ª y la 3ª, tuvieron más de 500 promovidos. Las demás promociones bajaron hasta los mínimos de la 18ª con 161 Alféreces, y la 20ª, con 244. Era la última, salida de la Academia, el 28 de mayo de 1939.

Academia de Riffien 

Entrada Riffien

En el cuartel de La Legión de Dar Riffien siguió funcionando la Academia de Alféreces Provisionales según el nuevo régimen establecido por el MIR del general Orgaz. Bajo el nombre de Escuela y sin instructores alemanes había producido ya aquella primera promoción, exclusivamente de Infantería que enviaba a la guerra 218 nuevos Alféreces Provisionales el 31 de mayo de 1937 y producía ahora 348 más en la segunda promoción, que era la que estrenaba el nuevo régimen. Las promociones se sucedían casi al ritmo de una mensual con un número de alumnos que oscilaba entre rebasar los doscientos y los trescientos.

Sólo la 5ª promoción alcanzaba un número tan elevado como 424 nuevos oficiales, el 20 de enero de 1938. La última de la guerra salía de la Academia el 20 de marzo de 1939, sin tiempo ya de llegar a ningún combate, y aún le sucedería lo mismo a la anterior, con oficiales promovidos exactamente un mes antes. Las dos últimas eran de paz desde el comienzo del curso. La ultima de todas, que hacía el número 20 de las de Riffien y el 23 de las de Marruecos, salía el 28 de mayo de 1939 con 244 Alféreces. Entre las cuatro sumaban 760 Alféreces que no oirían un tiro como tales, aunque tendrían los indudables méritos de campaña exigidos en las convocatorias.

Pero, propiamente, tampoco tendrían mando en campaña los 274 de la 16ª promoción, de 27 de enero del 39, que por mucha prisa que se diesen a incorporarse al frente llegaría cuando se terminaba la guerra en Cataluña, liberada por completo dos semanas después, a partir de lo cual sólo hubo bajas en la expedición a Cartagena el 5 de marzo, con lo que estarían en aquel caso 1.034 Alféreces.

En cuanto al profesorado continuó siendo director el coronel Martínez Simancas y como nuevos profesores figuraban: Capitanes de Infantería, don Luciano Garriga Gil, don Luis Cano Portal, y teniente, don Enrique Asias Bayón. Capitán de Caballería, don Rafael Cárdenas Moya.

El coronel director don Julián Martínez Simancas gozaba de gran prestigio técnico, era buen organizador y hombre erudito, hasta el punto de que se han recogido dos de sus arengas a los cadetes, la primera en la Escuela de Xauen en diciembre de 1936 y la segunda el 29 de agosto del 38, siendo ya inspector de las Academias de Marruecos, que comprendían la de Alfereces de Riffien y la de capitanes de Tauima. Eran, pese a todo, piezas de circunstancias, cuya inflamación adecuada al ambiente no puede someterse a una crítica «a posteriori.»

Hay datos episódicos de la Academia de Riffien, como la admisión de trece alumnos marroquíes junto a los aspirantes peninsulares al empleo de Alférez Provisional: El 6 de julio de 1937, admitió el director de la Academia cuatro «alumnos moros» y otros cuatro el día siguiente. El día 21 del mes aprobaba Franco la admisión de cinco más. En los primeros días de agosto, los trece aspirantes marroquíes, se quedaron en once. Todos sabían leer y escribir en árabe y español, algunos, además, en francés, y el noveno, también en italiano e ingles. No consta quienes fueron aprobados, ni los dos que renunciaron en los primeros días.

Academia de Caballería 

El 13 de mayo se publicaba el cuadro de profesores para la Academia de Caballería que inmediatamente empezaría a funcionar en Valladolid su tradicional edificio de la Academia del Arma.

Previamente se había nombrado Director al teniente coronel don Álvaro Pita da Veiga y Margado, Jefe de Estudios al comandante don Joaquín Romero Mazariegos. Eran profesores los Comandantes retirados de Caballería: José Álvarez de Toledo y Mencos, don José Balmori Díaz y don José Vallejo Nájera (convaleciente de accidente de automóvil).Capitán de la Escuela de Equitación: don Eduardo de Luis Martín Trigueros (convaleciente por herido).

Se convocaba un solo curso, con los mismos requisitos que para Infantería, pero al que no podían asistir los voluntarios de milicias. Aquella única promoción de Valladolid, última de Caballería, fue de 87 Alféreces.

Academia de Artillería 

El mismo Diario Oficial de13 de mayo de 1937, traía dos nombres para la Academia de Artillería de Sevilla: El del Director, coronel Manuel de Lizaur Pau, y el del profesor, Carlos Olleros Sierra. Allí, únicamente se desarrolló un primer curso, que fue único, por trasladarse a Zaragoza.

El 25 de abril ya se hubo establecido la Escuela de Artillería en el solar segoviano donde nació, para formar tenientes de la Academia General. Y en aquella fecha comenzó su primer curso de Alféreces Provisionales de Artillería –el segundo del Arma– con el Director, coronel retirado, don Félix Beltrán de Lis y Valderrábano, y un Jefe de Estudios: don Gaspar Regalado Rodríguez, mas dos comandantes profesores, como él, destinados el 18 de septiembre: don Carlos Fernández y González Longoria, y don Ramón Carmona Pérez de Vera, más el capitán don Andrés González Garzón.

Para la 1ª convocatoria de Alféreces de Artillería se recibieron 1.092 instancias, de las que se eligieron 290 alumnos para las plazas convocadas. El curso se desarrolló del 17 de septiembre al 22 de octubre de 1937, saliendo primero 167 Alféreces, y 470 después.

Aquella segoviana Academia se hermanó con la de Ingenieros, durante los meses que convivieron en Segovia, desarrollando un primer curso común. En ambas convocatorias se exigía, como mínimo, acreditar: «conocimientos de Ciencias o ingreso en Escuelas de Ingenieros». En la de Ingenieros de Burgos, conjunta a la de Segovia, se ampliaba ya a 35 años la edad máxima de los aspirantes, pero exigiéndoles el título de ingeniero, arquitecto o licenciado en ciencias. El curso era obligatorio para los movilizados que no fuesen ya Alféreces Provisionales, es decir, incluso para los de complemento y honorarios. Los que aprobaban salían promovidos a Tenientes Provisionales.

La quinta promoción salió en febrero de 1938 y la sexta en febrero de 1939, con la pausa de un año. El 1º de abril de 1939, día de la Victoria, se publicaba una convocatoria de 150 plazas de Alféreces, que no llegó a celebrarse. En total, hubo siete promociones: Una en Sevilla, otra en Burgos y cinco en Segovia. Las siete, produjeron un total de 164 Tenientes y 806 Alféreces, quedando 210 plazas sin cubrirse.

Simultáneamente con el primer curso de Segovia se convocaba otro en Burgos, conjunto con el de Ingenieros para el que se ampliaba a 35 años la edad de los aspirantes, pero exigiéndoles título de ingeniero, arquitecto o licenciado en ciencias. El curso era obligatorio para movilizados que no fuesen ya Alféreces Provisionales, o sea, incluso para los de complemento y honorarios. Los alumnos aprobados salían de Tenientes Provisionales.

Para la 1ª convocatoria de Alféreces de Artillería se recibieron 1.092 instancias, de las que se eligieron 290 alumnos para las plazas convocadas. El curso se desarrolló del 17 de septiembre al 22 de octubre de 1937, saliendo primero 167 Alféreces, y 470 después.

A los cursos posteriores, todos en Segovia, asistían conjuntamente quienes tenían título o sólo «conocimientos»; los primeros salían Tenientes, y los segundos Alféreces.

Academia de Ingenieros 

La Academia permaneció en Burgos hasta acabarse la guerra, saliendo de ella diez promociones. En la primera se exigía a los alumnos media carrera aprobada de ingenieros o arquitectos, o ser aparejadores, siempre con conocimientos de topografía. En el segundo, común con el de Artillería de Burgos, el título de ingeniero, arquitecto o ciencias, para salir promovidos a tenientes. A partir de la tercera convocatoria asistían a un mismo curso los ingenieros o licenciados, hasta treinta años de edad, para quienes era obligatorio, y salían tenientes, mientras que los estudiantes y aparejadores, de hasta treinta años, voluntarios, salían Alféreces. Pronto se amplió la admisión para otras profesiones, como ayudantes de ingenieros y obras públicas, peritos agrícolas o técnicos industriales, bastando también tener aprobado algún curso de ingenieros. En las dos últimas convocatorias se redujo a un mes la exigencia de tiempo de frente. El 18 de marzo de convocó un curso que empezaría el 18 de abril y no se celebró.

En los diez cursos fueron promovidos 160 tenientes y 800 alféreces, quedando sin cubrir 195 plazas.

Oficiales de Defensa Química 

El carácter reservado del Servicio de Defensa Química hizo que no se anunciasen las convocatorias ni las promociones en el Boletón Oficial del Estado, excepto la primera, que se publicó sin referencia de arma o cuerpo de los nuevos oficiales. Al tramitarse todo lo referente a los cursos por órdenes comunicadas, el trabajo de Gil Ossorio nos ofrece datos incompletos, pero con una aproximación muy aceptable.

Sólo he encontrado un documento relativo a este curso, por el cual, el 4 de septiembre de 1937 se enviaba a la Superioridad el informe que había pedido diciendo:

«En la Academia de la Dirección de Guerra Química se ha celebrado un cursillo con promoción de 36 oficiales. En esta fecha se está celebrando otro con 53 alumnos y si es preciso se celebrará un tercer curso».

Lo primero que se desprende del texto es que aquel segundo curso, de septiembre, del 37, fueron suspendidos ocho alumnos y que, al parecer, no fueron tres cursos los necesarios, sino cinco, pues en fecha inconcreta de 1938 se celebraron aún dos más.

Debieron ser, pues, cinco los cursos de Salamanca, el primero en agosto de 1937, con 25 días de duración. Para promover la concurrencia de aspirantes se difundieron discretamente las convocatorias entre ingenieros Industriales, de Minas y licenciados en Química y Farmacia.

En el texto de su trabajo calcula Gil Osorio que salieron, por lo menos, cinco promociones con 207 tenientes y dos alféreces. En su estadística falta la última, que al no haber dato alguno de ella, supone que sería como la cuarta, de 42 tenientes, por omisión de imprenta al publicarse. La última que consta es la de 31 de marzo de 1938.

Dada la escasez de noticias de archivo, puede valer la de que en la segunda promoción salió promovido a teniente provisional, el poeta comunista conocido como Gabriel Celaya, llamado realmente Rafael-Gabriel Múgica Celaya, que en su boda vistió el correspondiente uniforme de gala.

El final de las Academias 

A partir de octubre de 1938 se reservaban un tercio de plazas en los cursos. El 24 de noviembre de 1938 cesaba el general Orgaz en su mando de la Jefatura de MIR, porque dos días más tarde mandaría el Ejército de Levante. El MIR quedaba a cargo del que fue su segundo, el coronel de Estado Mayor Ricardo Fernández Tamarit, que figura como jefe accidental el 7 de enero de 1939 y en febrero, general, continúa como tal. Las últimas firmas, en su ausencia, son del por el coronel de Estado Mayor del MIR Luis Madariaga, que fue teniente coronel jefe de la División Reforzada de Madrid mandada por Orgaz, y con él se fue a crear el MIR.

Terminaba el año 1938 Había concluido la batalla del Ebro, e iba por su quinto día la campaña de Cataluña con buenos auspicios. Aquel 28 de diciembre, iniciaba la marcha el Cuerpo de Ejército de Aragón, cuando avanzaban francamente los de Urgel y el Maestrazgo, frente a las dos únicas resistencias fuertes de aquella última operación. El final de la guerra parecía estar a mano.

El coronel Tamarit, jefe accidental del MIR, proponía al Generalísimo elevar a los cursos de Provisionales para cualquier empleo –que venían siendo de 40 días para tenientes, 60 para alféreces, 45 para capitanes de Infantería y 90 para Artillería e Ingenieros–, exigiendo examen de cultura a sargentos profesionales alumnos, y limitando la exigencia académica de aspirantes a alférez al aprobado de quinto o sexto curso de bachiller. Se basaba en el descenso cultural de los últimos sargentos, la escasa base militar de los nuevos aspirantes a oficial, dado el gran número de eliminados en los últimos cursos por su brevedad en relación con los conocimientos que ahora se quería que adquiriesen los alumnos. Pero, siendo ya 28 de diciembre de 1938, día de Inocentes, se pensaba también en que habían de ser base de un futuro Ejército base de la post-guerra. La semejanza del muy amplio y elaborado documento, con los del general Orgaz, hacía pensar al E.M. de Generalísimo, que los laboriosos textos de éste, estuviesen redactados por aquél, su segundo de entonces. Se comprueba bien en la 2ª edición de la obra en prensa.

El informe tiene gran interés, pues en él se revelaban por primera vez dificultades internas para la formación de oficiales y suboficiales. Se leía entre líneas falta de concurrencia, especialmente que la cantera de los «bachilleres del frente» se acababa, en su actuación profesional, incluso al mando de unidades superiores en dos escalones a las que les correspondería por su grado.

A fin de diciembre eran casi exactamente 24.000 los Alféreces del Ejército de Tierra, contando los 1.004 de Milicias. De modo que, en aquella estadística, tan puntual y picuda, faltaban 7.000 por incluir, era la elevada valoración cuantitativa del «aproximadamente» con que el jefe del MIR salvara posibles inexactitudes.

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