Improvisación de mandos en 1936. (III) Los Tenientes y Capitanes Provisionales

La necesidad de ampliar la capacidad técnica de los Alféreces Provisionales se planteó en Artillería e Ingenieros mes y medio antes que en Infantería. Según el Jefe del MIR, en aquellas armas todos los capitanes mandaban unidades superiores a su empleo y no quedaba un solo teniente «acreditado», lo cual era muy poco elogioso para los tenientes.

El general Orgaz se lo decía por extenso al Generalísimo el 13 de abril de 1937, proponiéndole como solución un «Proyecto de bases y programas», algo anodino, que terminaría en inevitable ascenso a tenientes de los «perfeccionados» en aquel curso al que Franco, daba su conformidad, «en principio», procurando evitar que algún idealismo desbordase las necesidades inmediatas de la guerra, haciendo peligrar lo presente por mejorar lo futuro. Por eso, el día 27 de abril contestaba a Orgaz que no debiendo distraer muchos oficiales de los frentes, le dijera, ante todo, «cuantos Alféreces Provisionales, constituyen la 1.ª promoción, sumando las distintas Academias. Además, los profesores serán precisamente los mutilados o heridos que se hallen en condiciones».

El general Orgaz ya preveía estas limitaciones, y las encajaba tratando de compenetrarse con la idea. Algo se le habría anticipado telefónicamente cuando en su escrito compara numéricamente la primera promoción con la última, para manifestar que también él había sido previsor de esa preocupación:

«Precisamente por no distraer de los frentes un número excesivo de alféreces de Artillería e Ingenieros, y coincidiendo con la promoción que habrá de sustituirles, en la propuesta se contrae la 1.ª promoción, en número de 82 de Artillería y 58 de Ingenieros».

Pero el Generalísimo aún encontraba excesiva aquella segregación de oficiales del frente, en pleno ejercicio. Prefirió que se perfeccionasen los que salían de la Academia y no se habían estrenado en ninguno de los dos aspectos, evitando el relevo de veteranos por bisoños. Quienes estaban en la Academia, tras el curso de formación harían el de perfeccionamiento. El 5 de mayo contestaba:

«Siendo excesivo el número de los alféreces de Artillería e Ingenieros de la 1.ª promoción, su asistencia al curso producirá una perturbación, por lo cual los que asistan deben ser de la última , evitando que, en estos momentos, se produzcan vacantes y relevos en los frentes, abandonándolos los oficiales que ya habían adquirido más experiencia y hábito de mando».

Eran los días duros y cruciales de Guernica y del Sollube, lo que hace entender perfectamente la idea de Franco, aunque parece posible objetar a su escrito que si le parecían excesivos los alféreces de la 1.ª promoción, más lo eran eran los de la última. Pero se notaría menos.

El general Orgaz, no imaginó tal cosa, y acelerado trámites a su ilusionado «Primer Curso de Ampliación y Perfeccionamiento», convocado el 28 de abril en el Diario Oficial para iniciarse en 10 de mayo en la Academia de Segovia, conjunta par Artillería e Ingenieros, con 24 días lectivos de duración y al que debía asistir las primeras promociones completas e Burgos, Sevilla y Xauen, sin que los alumnos perdiesen su destino. Así resultó que al recibirse la contraorden ya se habían incorporado a la Academia 107 alféreces provisionales de la 1.ª promoción, por lo cual, el día 13 se resolvía la consulta del coronel Director en el sentido de aceptar el hecho, por el gran retraso que supondría para el curso el cambio de alumnos. Los incorporados eran prácticamente toda la promoción, excepto los del 6.º Cuerpo de Ejército(Burgos), donde quizá se recibió la contraorden con tiempo suficien- te y, en consecuencia, envió los alféreces de la última promoción.

Cuando concluía aquel primer curso, el 30 de mayo de 1937, se produjo la ofensiva contra Segovia, cuyo combates se centraron en La Granja y Cabeza Grande. Ante el peligro que amenazaba a la capital, los alféreces-alumnos se ofrecieron al coronel director, don Félix Beltrán de Lis, para salir al frente sirviendo una batería. Se aceptó su ofrecimiento y al día siguiente salían encuadrados en una batería de 75 milímetros, como simples artilleros, al mando de su profesor, el teniente don Francisco Javier Bustamante y Ezpeleta. La población les aclamaba a su paso hacia las posiciones defensivas. Actuó en las operaciones para la reconquista de Cabeza Grande, en las inmediaciones de la posición «Quitapesares». Las eficaces concentraciones de su fuego contribuyeron notablemente al éxito, por lo que no sólo se evitó la caída de Segovia, sino que se causó grave quebranto al enemigo. Sirviendo una de las piezas murió el alférez provisional del 4.º Ligero, don Manuel Castro Cortés.

Estaba en el ambiente la idea, y la necesidad de que los Alféreces Provisionales que empezaban a mandar batería y compañía tuviesen el empleo de tenientes, para establecer la diferenciación de un grado con quienes habían de ser subordinados suyos de modo habitual. El 30 de junio lo solicita Orgaal Generalísimo de modo directo, basándose en el precedente, poco claro al parecer, de Infantería, que por esta vez se había anticipado. Como excepción, el telegrama de Orgaz era muy breve:

«La Jefatura de MIR propone ascenso a tenientes provisionales de los alféreces de Artillería e Ingenieros que siguen curso ampliación, en analogía con lo resuelto para los de Infantería».

Sin embargo, la idea y el ánimo del Generalísimo debían ser muy distintos y el telegrama parece que fue poco afortunado, pese a su brevedad, o precisamente por ella, sorprendiendo tanta concreción al pedir, en quien eran habituales los razonamientos encadenados. La reacción de Franco fue más breve y tajante, según la minuta que dictó el 30 de junio, al margen del telegrama recibido:

«Se desestima, ya que lo de Infantería que se cita como antecedente no ha sido autorizado por Su Excelencia».

La idea de convertir en tenientes a los «perfeccionados» no se manifestó hasta el 6 de junio, cinco días después de que Orgaz le correspondiese formular su famosa «ampliación y perfeccionamiento» para los alféreces de Infantería». Con ello, seguirían anticipándose en empleo los artilleros e ingenieros, sólo por haberse anticipado sus cursos. No extraña la irregularidad de que la última promoción, de la 6.ª Región ascendiese a tenientes antes que sus compañeros con ocho meses mandando en campaña. La propuesta del jefe del MIR acumulaba argumentos para ascenso a teniente, los cuales −por respeto al frente− habría que suplirlos por lo de ampliación, que tal vez se celebraban ya, aunque en el C.G. del Generalísimo se preguntasen qué necesitaba un alférez para ascender, sino perfeccionar su competencia técni- ca. El razonado escrito de Orgaz, del 6 de junio, debiera sintetizarse así:

«Las necesidades de campaña aconsejan disponer de tenientes provisionales de Artillería e Ingenieros que, en breve plazo, pudiesen desempeñar el mando de Batería y Compañía de Ingenieros de sus especialidades, y a la vez premio el entusiasmo demostrado por esa oficialidad.

Como no conviene retirar del servicio, para instruirlos, a alféreces artilleros, e ingenieros, pueden conciliarse ambas cosas, promoviendo a tenien- tes a los alféreces provisionales con el título de Ingeniero o Arquitecto de cualquier especialidad, que terminen el curso de perfeccionamiento, y a los siguientes, al terminarlo».

Por primera vez se prevé la existencia de capitanes provisionales, en días de la campaña de Vizcaya en que la guerra empezaba a ponerse de largo, requeriendo reponer las numerosas bajas. Al margen del documento figura nota manuscrita de Franco del 16 de junio: «Aprobado Su Excelencia. Que el general Orgaz organice los cursos en forma que no se retiren de una vez muchos oficiales de los frentes, o que se sustituyan con otros nuevos».

Anunciadas las bases del curso el 25 de junio, una de las primeras reacciones fue extraña y sorprendentes: El 2 de julio, el general Kindelán, jefe del Ejército del Aire, planteaba a Franco un caso muy especial de «ingenieros y arquitectos del Aire a quienes la disposición de MIR obligaría a asistir al curso de un mes porque sus reemplazos estén movilizados». Y rogaba dejar sin efecto el art.º 5º por lo que se relaciona con el Ej. del Aire». Desde luego, así se hizo.

Al día siguiente se anotaba al margen otra nota que Franco comunicaba a Orgaz: «Exceptuados 8.VII.37». Debió de ser telefónica, pues en el mismo margen consta la respuesta de Orgaz dos días después: «Ya se había tenido en cuenta. 10.VII.37». Parecía mucho prevenir.

No fue prevista otra reacción más trascendente y violenta, que excitaba el espíritu de cuerpo de un sector artillero y de toda la provisionalidad del Arma y la de Ingenieros, amén de muchos profesionales civiles de los títulos facultativos afectados.

Inmediatamente que la orden fue conociéndose por los distintos ámbitos artilleros e ingenieriles de la zona nacional, suscitó los comentarios más variados, en general adversos, que fueron cuajando en todo un sistema cartesiano de argumentos, recogidos por uno de los más prestigiosos generales de ingenieros de entonces, don Salvador García de Pruneda, comandante general de Ingenieros del Ejército, quien, muy pronto, como se ve, a las dos semanas de concretarse el eco, el 15 de julio de 1937, se dirigía al teniente coronel de Estado Mayor, Luis Villanueva López Moreno, con la una carta necesariamente larga e importante, en la que hacía ver «La orden de instrucción que convoca un curso para hacer tenientes de Artillería e Ingenieros, publicado en el Boletín n.º 248, preceptúa en su artículo 4.º que podrán asistir a él los ingenieros y arquitectos que, sin ser alféreces provisionales, lo soliciten, y aquellos otros que se encuentren en las condiciones militares citadas en el Arquitecto artículo 5.º. Consecuentemente con esa idea la Dirección ha rechazado algunas instancias de alféreces provisionales que habían solicitado el ingreso.

Como por los demás artículos de esa disposición tienen acceso al curso todos los oficiales de Complemento y Honorarios, las clases provisionales, lo soliciten, y aquellos otros que se encuentren en las condiciones militares citadas en el Arquitecto artículo 5.º. de tropa y los paisanos, resulta que de toda la nación, los únicos ingenieros y arquitectos, con menos de treinta y cinco años, que no pueden aspirar a ser tenientes, son precisamente aquellos que después de algunos meses de campaña, como soldados y clases han seguido un curso inicial para ser alféreces y luego uno de ampliación.»

Afortunadamente tomó caras en el asunto el general García de Pruneda, comandante General de Ingenieros, y llevó con verdadera maestría el hilo argumental de su propuesta de solución. Primero cargó las sobre la paradógica situación planteada, señalaba luego su carácter irreversible y exponía por último que el remedio indispensable a la injusta situación era claro y sencillo. En la carta había razonado irreprochablemente la anomalía de cortar el ascenso a quienes tuviesen menos de treinta y siete años, pese a haber combatido primero como soldados y después como oficiales, superando un curso de alféreces y otro de ampliación, postergándoles a quienes no habían sido voluntarios para el frente ni para la Academia, es decir, ni como soldados, ni como oficiales. El general recusaba además la supuesta competencia de los licenciados en ciencias para el mando de batería o compañía de zapadores, nunca equiparables a los ingenieros.

El mal lo consideraba irreversible, pues ya estaba el curso en marcha, y proponía un «remedio sencillo», bastaba con ascender a tenientes a los alféreces provisionales aprobados en el curso de ampliación, exigiéndoles el previo informe favorable de sus jefes.

Con ello, el comandante general de Ingenieros daba un segundo toque, muy convincente, y aún irrebatible, a la propuesta de Orgaz, desestimada quince días antes. Pero está claro que la extraña situación había sido provocada por el mismo jefe del MIR, al conseguir que de dos propuestas antitéticas se aceptase la única que resultaba lesiva para la clase a que afectaba la otra, creando una situación conflictiva por el inferior trato dado a los alféreces provisionales que, a su voluntariedad y veteranía unían ya una competencia técnica para el mando superior −correspondiente al capitán− muchos de los cuales lo ejercían con probada eficacia.

El texto de aquella carta tomaba carácter oficial nueve días después, el 24 de julio, como nota interna del Cuartel General del Generalísimo, entre la Comandancia General de Ingenieros y la 1.ª Sección de Estado Mayor en la que Franco anotaba de su puño y letra: «Que el general Orgaz informe con urgencia». Con urgencia y con el detenimiento acostumbrado informaba Orgaz, jefe del MIR, el día 30 de aquel mes en un escrito que no carecía de elegancia oratoria al comenzar:

«Se hace difícil a esta Jefatura cumplimentar lo ordenado por Vuestra Excelencia, al informar la propuesta del comandante general de Ingenieros. Los extremos que se contienen en la misma han sido aspiración de esta Jefatura en dos ocasiones distintas».

Y recordaba que al proponer el 13 de junio solicitaba promover a tenientes a todos los alféreces que hubieran hecho el curso de perfeccionamiento, lo que proponía ahora la Comandancia General de Ingenieros, pero más amplio. Tras ello, no nos aclara Orgaz el aspecto oscuro del supuesto precedente de Infantería que se invocaba, acaso por oscuridad del párrafo:

«Su negativa, no dicha en la moción base del curso, se lo había expuesto a Vuestra Excelencia al referirse a aquella negativa, extendió la medida a los alféreces provisionales de Artillería e Ingenieros. De aceptarse la propuesta, hubiera quedado atendida la desigualdad que constituye la base de la argumentación del comandante general de Ingenieros…».

Sin pausa, encadenaba Orgaz un juego de acciones combinadas, planteando, por sí, otra anomalía llamativa: «…que se hace más notoria al examinar las bases para el curso de tenientes auxiliares de de Estado Mayor, cumpliendo órdenes de Vuestra Excelencia según propuesta del ejército del Norte».

Sucesivamente enumerando Orgaz sus actuaciones en el ya enredado tema del ascenso, porque lo esperaba automático sin hacer el curso, con lo cual: «Hacerles concurrir les hubiera distraído de sus obligaciones junto a las tropas un tiempo excesivo, sin ninguna otra finalidad».

De donde se entiende que en el curso de tenientes no tendrían nada nuevo que aprender los alféreces provisionales «perfeccionados», y sería mucho ir y venir a cursos para oficiales eminentemente de campaña. No era suprimir un urso por evitar más ausencias del frente. sino celebrar dos cursos en los que se daba actitud para el mismo mando.

Ya se veía cierto desagrado en el tratamiento del tema, de acuerdo con su inicial –«se hace difícil cumplimentar lo ordenado»– pero en ese párrafo deriva Orgaz una justificación hacia su labor, en defensa de las que ahora llama: «Escuelas de Perfeccionamiento». El matiz: «Si no lo ha conseguido», no tendrá tono doliente. pero acaso lo sea, si relacionamos con él la suave ironía de las afirmaciones con que enjuicia el escrito informado, con cierta reacción activa hacia un tercero:

«Al examinar el escrito que motiva este informe se advierte en él un temperamento crítico en exceso subjetivo y, a la vez, y con igual exceso, dinámico».

El Generalísimo pensaría al leerlo que no había nombrado a Orgaz su psicólogo de guerra, aunque acaso reuniese condiciones para ello, a la vista del psicograma que suponen estas tres líneas. Las cuales, aparte del agradecimiento del paciente, no disimulan la alusión personal, pues al examinar un escrito, el temperamento y lo subjetivo no son de él, sino del firmante.

La sorpresa vino en la rapidez del desenlace. Todo el complicado caso se despacha con doce palabras escritas a pluma y con buena caligrafía, al pie de la firma de Orgaz. Algo que sería para él una sorpresa: «Este asunto ha quedado ya resuelto por las órdenes dadas».

Eran las de ascenso a tenientes de los alféreces profesionales «perfeccionados». El 30 de julio había firmado Orgaz, el 1.º de agosto había entregado su escrito en el registro de la 1.ª Sección de Estado Mayor del Generalísimo y ya estaban dadas las órdenes que resolvían el problema, gracias al planteamiento ad absurdum del general García de Pruneda.

En agosto ascendían a tenientes los alumnos de Artillería e Ingenieros aprobados en el curso de ampliación y perfeccionamiento de Segovia. Después se estableció que tal aprobación llevaba consigo la aptitud para el mando de batería de artillería o compañía de zapadores, en cada caso.

En abril de 1938, con la reorganización de los cursos de perfeccionamiento, se separó la Academia de Ampliación de Ingenieros, para celebrarse un curso en Burgos, en la Academia de Alféreces del Arma, pasando a establecerse en San Sebastián, en la que hasta entonces era de Sargentos, a partir de mayo. Los de Artillería siguieron celebrándose en su Academia de Segovia.

Aún continuaron las incidencias cuando la guerra estaba a punto de acabarse. El 20 de febrero concedía el Generalísimo promover a tenientes provisionales a los alumnos del curso de alféreces de Artillería en Segovia, concluido el día 12, y a los del próximo, con la carrera de ingeniero, arquitecto o licenciado en ciencias exactas, según proponía el general Tamarit, jefe entonces del MIR, por analogía con lo que se venía haciendo en Ingenieros y se había hecho en Artillería hasta entonces.

La convocatoria de alumnos continuaba haciéndose en número tal que armonizase la necesidad de nutrir de la Academia las vacantes necesarias y la de que su ausencia no perjudicase a las unidades de los frentes. Los alumnos constituían una batería en artillería y una compañía en ingenieros.

La Academia de Ampliación y Perfeccionamiento de Infantería se organizó dos meses después que la de Artillería, sin duda porque la creación de ésta se fundamentó en razones de la mayor complejidad técnica por el material a emplear por un jefe de batería.

La propuesta del general Orgaz para crear la de Infantería se razonaba sin relación alguna con la de Artillería, prescindiendo por completo de la existencia de tal antecedente. Era el 1.º de junio de 1937 cuando el jefe del MIR se dirigía al Generalísimo en los siguientes términos:

«La reconocida conveniencia de acrecentar en todo momento la capacidad profesional de los cuadros de oficiales para obtener el mejor y más correcto desempeño de su importante misión, muy particularmente en los de jerarquía más modesta, que la obtuvieron compensando con su entusiasmo limitados conocimientos de la profesión; el hacer factible sin detrimento de la precisa condición de ser apto y satisfacer a esa abnegada oficialidad, aunque sólo sea con carácter provisional y estrictamente durante la duración de la campaña, su honrada ambición de merecer, se les puede emplear en mando de unidad superior, es por lo que se propone un curso de ampliación y perfeccionamiento en Toledo para tenientes y alféreces de Complemento y alféreces Provisionales de Infantería.»

CAPITANES PROVISIONALES 

La prolongación de la guerra iba acabando con los mandos de unidades cada vez mayores. En septiembre de 1938, con demasiada frecuencia quedaba un teniente provisional al mando de un batallón, y hacía pensar que pudiera generalizarse, estando sólo mediada la batalla del Ebro. El 20 de septiembre se convocó un curso para formar 200 capitanes provisionales de infantería con aptitud de mando de batallón, al que podían concurrir capitanes de complemento con seis meses al mando de compañía y de 22 a 32 años de edad, y tenientes de complemento o provisionales, con el curso de Toledo aprobado, con 12 meses de frente como oficial, 10 de ellos de tenientes, teniendo 22 a treinta años de edad. Con las preferencias habituales: primero de empleo y dentro de él, según una tabla de méritos de guerra, siendo recomendable tener alguna carrera del Estado.

Ya estaba nombrado director el coronel don Julián Martínez Simancas, veterano en las Academias de Marruecos.

Sería interesante conocer la gestación los Capitanes Provisionales. Orgaz recordaba el encargo verbal del Generalísimo: al encargarle que ««Los mejores entre los mejores, que merezcan tal concepto a sus Mandos, y que con todas las garantías necesarias, incluso el informe del jefe de su Ejército». En segundo lugar, atender a la preferencia cultural, por posesión de títulos, y a la permanencia bien especificada en primera línea. Antigüedad en el empleo de teniente, y edad. Sobre estas bases cursó el MIR la convocatoria y normas del primer curso a la Academia de Tahuima.

El 16 de noviembre el Ejército del Centro remitía a Franco la relación de seleccionados para el Curso de Capitanes Provisionales, omitíendo los informes de jefes de División, muy extensos, porque al extractarlos perderían su esencia. El dato es importante, Los generales de las Divisiones habían subrayando con entusiasmo los méritos de sus solicitantes.

Muy pronto surgieron reclamaciones de cadetes previos a la Guerra, los «cadetes antiguos», invocando mas derecho que los Provisionales a ser Capitanes, cargando el acento en sus seis meses de servicio en un Cuerpo, antes de la Academia, lo que disgustó al general Orgaz, como argumento erróneo, pues Jefe del MIR, pues ese no era mérito para ascenso, ni siquiera para ir al Curso. El 13 de septiembre se dirigió al Generalísimo con reflexiones sobre el tema, que se comentaría en el Cuartel General, y sintetizamos:

«No cabe duda de que los Tenientes Provisionales:‘son los mejores entre los mejores’, bastaría esto observación para designarles, sin alegar curso aprobado, pues no lo son los seis meses servir en un Cuerpo, que precedía al ingreso en la Academia, y parecen considerarlo como tal.

En este caso, la oficialidad provisional tiene cierto carácter profesional, que obliga a actuar con prudencia, pues toda ha de integrarse en un futuro ejército, donde y en éste serán necesarios mandos capaces siempre, por valor acreditado, por su mando y su prestigio personal; pero capaces tanto más cuanto mayor sea su empleo con que se integren, por una preparación profesional y técnica que confirme y permita desarrollar la obra precisa.

Por ello, no cabe alegar como condición principal los estudios de los tenientes provisionales procedentes de la Academia de Infantería como un curso de ella». 

Es indudable que en este escrito, trataba Orgaz de salir al paso de recelos profesionales que al parecer partían de los llamados «cadetes antiguos», ya Tenientes Provisionales. Llegaría a Orgaz alguna reclamación como la que el coronel Franco Salgado, trasladó al general Martín Moreno, jefe del E. M. Del Generalísimo. El contenido era:

«Ahora, ante este curso, sus compañeros de las otras Escalas van a ascender a Capitanes antes que ellos y reconocerás que dichos Tenientes Alumnos son los que están en mejores condiciones, por sus conocimientos en el año de Academia para el fin de ese curso, por lo que la solución es pro- moverlos a Capitanes Alumnos con o sin asistencia al curso, y en el caso de asistir, sea con carácter obligatorio para los que se de esta zona de guerra; aparte de que quedan solo unos veinte, con dos años de campaña, la mayo- ría en Legión y Regulares, y con mando de Compañía desde hace tiempo, por cuyas razones lo tienen ganado, aunque terminada la guerra hayan de asistir a cursos para terminar sus carreras».

La carta podía verse respuesta en el informe del Orgaz del 13 de septiembre, que, aludiría a reclamaciones, incluso ante la primera noticia del proyecto de Capitanes Provisionales. Consta que se satisfizo la justa demanda de los «cadetes antiguos», siendo llamados todos a los dos primeros cursos de Capitanes. Pero, con previsión admirable, el informe de Orgaz salía al paso del roce administrativo y jurídico que el nuevo empleo podría causar en los oficiales provisionales, del que se inhibía el jefe del MIR, recordando al Caudillo que él mismo lo tuvo en cuenta antes de la creación.

Solucionado, en su planteamiento el caso de los Tenientes Alumnos, surgía el de los tenientes efectivos, y su perjuicio moral de subordinarse a Capitanes Provisionales. Con la diferencia, del 21 de noviembre al 3 de diciembre, llegaban al Cuartel General de Franco, por oficios de los jefes de la 12.ª y 60.ª Divisiones, con su extrañeza de que se hubiese excluido a los tenientes profesionales y capitanes habilitados, algunos de ellos llevando toda la guerra ese empleo, pues «se verían subordinados a un Capitán Provisional». Subrayaba el jefe de la 60.ª División que no podido asistir estos oficiales a los cursos, teniendo las condiciones exigidas , y superándolas en servicio y en conocimientos militares. Ambos jefes, proponían como mal menor, que en la concurrencia de capitanes habilitados y provisionales, tomase el mando del batallón el designado por el jefe de la división, o bien, que se autorizase a los profesionales a asistir al curso, para no quedar en inferioridad.

La progresión de apetencias debió ser geométrica. Aquello de ascender rápidamente a Capitán impresionaba a quienes llevaban largos meses de campaña de tenientes mandando compañías.

Todo llovía sobre el general Orgaz, que no respondía de algo personalísimo de Franco, semilla de discordias. Quizá en el más largo informe, pero eficaz, aún en su minuta marginal de 27 de octubre de 1938:

Tras un preámbulo, al que no falta su habitual retórica, bien administrada, que adquirirá sus valores máximos en el epílogo, El MIR defiende sus fueros, previniendo a tiempo el peligro de interrumpir injustamente los estados de derecho. Si alguna vez se le atendió fue a destiempo. El ataque es aún velado, sin indicar quién desatendió el aviso; en el segundo, es directo al Cuartel General del Generalísimo, y demuestra que en verdad fue despecho su plan de suspender los cursos de mando de compañía, censuran la directa medida de Franco para que ascender a los provisionales los Alféreces al año sin curso, señalando que la realidad mostró el acierto del MIR. Sorprende tanto, que merece verse en un texto original.

«La realidad ha venido a demostrar a posteriori las aptitud en el curso de perfeccionamiento correspondiente; lo acertado de la orientación de estas normas en le evolución de nuestra gloriosa Oficialidad Provisional gracias a una constante selección, garantizadas en el maridaje la campaña con cursos adecuados, simpatización interrumpida, pese a nuestra oposi- ciones, por orden de Vuestra Excelencia, comunicadas por su Cuartel General, y otras del Ministerio de Defensa, tales como de ascenso al año de los Alféreces provisionales y de complemento, sin la previa demostración esta Jefatura».

No faltaba, cada tantas líneas, algún laude a los Provisionales, ahora decía cómo en su avance no adquieres ningún derecho, por ser «exclusivamente por el tiempo de la campaña», por lo cual «en el futuro se les dispondrá a la mayor eficacia de nuestro Ejército». No así a la oficialidad profesional y de complemento, «que parten de situaciones de derecho que, combinadas con las de hecho, pueden poner trabar la libertad de aquella eficacia». Así iba discurriendo Orgaz, de lo concreto a lo abstracto, para detenerse, de pronto, en un punto de filosofía de la guerra:

«Todo ello olvidando que la necesidad y la guerra exijan atender con primacía a todos los derechos individuales, que no pueden cohonestarse con aquella exigencia y deben, sin vacilación, sacrificarse».

Sentado este principio volvía a la solución de los cursos: organizar unos para la oficialidad profesional, que se considera preterida, con programas adecuados (todos procedían de tropa), a los que concurrirían quienes quisieran, por antigüedad, para obtener la habilitación del empleo superior a su empleo, advirtiendo el peligro de no acreditar la debida aptitud.

Los cursos de oficiales provisionales y de complemento se organizarían con separación de esos y los «oficiales honorarios» podrían asistir a los de provisionales, sometidos a la misma selección de éstos en el aspecto cultural y de campaña.

Resumir su criterio en los dos aspectos:

«Uno: Que sería injusto, cuando, la heroica necesidad de la guerra, obligue a emplear Capitanes Provisionales de Infantería, aptos para mando de Batallón a tenientes provisionales y de complemento del Arma, que lo merezcan, determine que se acojan a esta decisión sin aquella necesidad, las de más Armas del Ejército.

Otro: Que las resoluciones que han traído a esta a nuestra variada oficialidad, y motiva sus pretensiones, aconseja establecer un orden urgente, tan imprescindible en este como en otros aspectos orgánicos y administrativo». Aún insistía:«Vista consulta curso actual para Capitanes Provisionales aptos mando Batallón, estoy conforme, de momento sólo para Infantería, que es la que por el número de bajas colofón, en descargarse de toda responsabilidad del problema y cargarla a quienes les correspondía:

«Sin olvidar que la situación ha llegado a producirse en virtud de resoluciones dictadas desde el Cuartel General de Vuestra Excelencia, desde la extinguida Secretaría de Guerra y desde el Ministerio de Defensa actual y es, procedente que sean estos Centros los que tiendan remediarlo».

Si fuese tolerable traer aquí un extracto del resumen que en calidad de «cuenta» se anotaba al Generalísimo al margen del informe de Orgaz del 27 de octubre de 1938, diríamos que en él se atendía a las propuestas de conceder a otras armas la formación de Capitanes Provisionales y armonizar la situación en relación a ellos de los Tenientes Alumnos de las Academias Mi- litares y tenientes profesionales (todos de la extinguida escala de reserva). Para ello, recordaba Orgaz que la razón que movió a Franco a organizar los cursos de Capitanes fue: hacer frente a una necesidad de reponer bajas de mandos de batallón y buscar los que mejor mereciesen ocupar las vacantes. El Generalísimo se manifestaba con esta propuesta de su 1.ª Sección de Estado Mayor fechada en «Términus», que no es decir nada, el 6 de noviembre de 1938, que cuatro días después tomaba cuerpo en un telegrama postal que, en sustancia, decía: sufridas necesita cubrir actualmente sus cuadros con oficialidad apta para mando Batallón.

«Sólo asistirán tenientes provisionales y tenientes y capitanes de complemento, como en el actual; pero, paralelamente, y con separación de ellos, se autoriza preparar y convocar otros para tenientes provisionales alumnos de Academias Militares y tenientes profesionales, para que puedan ser promovidos a Capitanes Provisionales con aptitud mando Batallón los que demuestren suficiencia en curso, bien entendido que no adquieren derechos ulteriores al empleo de capitán efectivo, mientras no les corresponda en las condiciones reglamentarias. Así se conseguirá que los oficiales de estas procedencias que sean aptos no se vean preteridos por otros provisionales que muchas veces habrán servido a sus órdenes en empleos inferiores.

»Los alféreces honorarios, como han obtenido su empleo sin demostración de suficiencia en cursos, y sólo en atención a su título o condición, podrán concurrir a los cursos de Oficiales Provisionales con los demás aspirantes, cuando reúnan todas las condiciones que se exigen y empezando por Alféreces Provisionales».

Con ello quedaba zanjado, de momento, un problema de nivelación de Armas y de escalas que ha estado latente en el Ejército, en paz y en guerra, desde el siglo XVIII, por lo menos, inevitable en todos los países con sensibilidad humana. Una muestra de su origen podría ser, aunque ya tardía, el estado numérico de vacantes de capitán que el comandante general de Ingenieros remitía al Cuartel General del Generalísimo el 29 de octubre de 1938, poco antes de la anterior resolución, pero dos días después del informe radicalmente desfavorable de Orgaz. En él, con manifiesto error en la pretendida equiparación con Infantería, se indicaba el «número de capitanes necesarios para mando de Compañías y Servicios», necesidad ya cubierta al crearse de tenientes provisionales «con aptitud para el mando de Compañía».

El 24 de noviembre ya se convocaba el segundo curso de Capitanes Provisionales de Infantería. Lo anunciaba el general Orgaz, jefe del MIR, al Generalísimo, diciéndole que asistirían a él 90 tenientes profesionales y 10 tenientes provisionales alumnos de las Academias Militares, comenzando el 2 de enero de 1939. Con ello se cumplía el plan previsto de no postergar a éstos y celebrar sus cursos por separado. Sería el último escrito que firmaba Orgaz antes de su cese, para ir a mandar al Ejército de Levante, con aquella misma fecha.

El 15 de diciembre, ya a punto la ofensiva de Cataluña, se decía al general Dávila, jefe del Ejército del Norte, que de las 200 plazas convocadas para capitanes profesionales de Infantería, se le concedían 120 a su Ejército, incluyendo en el cálculo a la 13 División, aunque ahora ya no dependía de él por haber quedado en reserva a las órdenes directas del Generalísimo. Dos días después, el 17 de diciembre, terminaba el curso en Tahuima y los nuevos Capitanes Provisionales, los primeros de nuestra historia, rogaban al coronel Director que se les diese el sobrenombre de «Promoción Franco». El coronel lo hacía así en un telegrama inflamado de entusiasmo, lealtad, disciplina, obediencia sentida al Caudillo y fe en los destinos de España, que terminaba con un viva a España y otro al Generalísimo. No puede juzgarse de esta inflamación en el ambiente actual. El estudio histórico ha de hacerse en su ambiente y aquél era tan sincero como necesario para ganar la guerra. El Secretario del Caudillo contestaba tres días después, el 20 de diciembre, al Coronel de la Academia Militar de Melilla, diciéndole que el Generalísimo accedía gustoso, correspondiendo así al elevado espíritu, disciplina y lealtad que por su conducta mostraban los nuevos Capitanes Provisionales. Terminaba diciendo:

«Ruego que el saludo que envío con este motivo lo haga extensivo a todo el Profesorado y a los nuevos capitanes, a los que desea la suerte de que alcancen pronto la victoria para nuestra querida Patria».

He aquí un aspecto de Franco poco glosado: Desea que sus capitanes alcancen la victoria. En otra ocasión afirmaba, muy sinceramente, que la victoria era de los soldados.

De nuevo entra en escena el general Orgaz, desprendido ya de sus absorbentes funciones en el MIR, y ahora está inmerso de lleno en su mando del Ejército de Levante. Se habían cambiado las tornas y reclamaba de la actuación del MIR, dirigiéndose al Generalísimo. Era ya el 13 de enero de 1939, en pleno desarrollo la campaña de Cataluña y estabilizado el Ejército de Levante:

«Por una disposición del Ministerio de Defensa, de la que en este Ejército «se tiene noticia, pero no conocimiento», los capitanes de Complemento y Provisionales del curso de Tahuima vuelven a los cuerpos de que procedían.

Las órdenes que motivaron los cursos respondían a la necesidad de suplir con dichos Capitanes la falta de Capitanes Profesionales y el otorgarle aptitud para mando de Batallón o unidad similar, a la de atender también a la falta de Jefes.

Con la citada disposición de volver a sus Cuerpos los Capitanes no se logran tales propósitos, pues impide una lógica nivelación, con desigualdad más palpable en los Batallones de nueva formación, «veintidós en este Ejército, sin incluir los trece Batallones divisionarios», faltos absolutamente de cuadros.

Ruego autorice agregar a esos Capitanes a unidades donde sus servicios son necesarios, respetando en lo posible el mantenerlos en las divisiones por las que fueron propuestos, y administrativamente en las unidades a que pertenecen».

El 19 de enero el general Dávila informaba al Generalísimo sobre el caso, y éste lo trasladaba a Orgaz telefónicamente el día 23 diciendo:

«El curso terminó el 18 de diciembre de 1938 y los días 16 y 19 se habían cursado telegramas diciendo que los 191 Capitanes Provisionales promovidos serían pasaportados a las divisiones de procedencia, «excepto los procedentes del Ejército de Levante, que se presentarán en el Cuartel General del mismo».

Como resultado de estas órdenes han correspondido al Ejército de Levante 32 capitanes, o sea, un promedio de cuatro por división, que eran los que procedían de ellas. Por tanto, el ruego del jefe del Ejército de Levante de su escrito de 13 de enero, para mantener esos Capitanes dentro de las divisiones por las que fueron propuestos y poderlos agregar a otras en que sus servicios sean necesarios, está resuelto favorablemente por el mío del día 19 de diciembre, ordenando se presentaran precisamente en Calatayud a disposición de dicho General».

Quedaba claro el malentendido que despertó suspicacias en el general Orgaz, quien pensaba que al dejar él la jefatura del MIR las cosas no se llevaban con la escrupulosidad y la entrega al trabajo de antes. Claro que su celo era interesado desde su nuevo puesto, ya que toda su reclamación partía de las necesidades del Ejército que mandaba, pero repercutía en el bien general de los mandos de las unidades en campaña. Cuatro capitanes para cada una de sus ocho divisiones eran aproximadamente un veinticinco por ciento o más de la plantilla, muy buen refuerzo para un Ejército en situación defensiva, pese a que un sesenta por ciento de la promoción iba destinada al Norte, que era el que entraba en operaciones.

Ya estaba en pleno servicio de campaña la primera promoción de Capitanes Provisionales y faltaban tres días para que la segunda saliese de la Academia de Tahuima, cuando su director, el coronel Martínez Simancas, que a la vez era Inspector de las Academias Militares de Marruecos, se dirigía nuevamente al Caudillo, el 17 de febrero de 1939 pidiéndole que concediese a la promoción llevar un sobrenombre que la honrase, como a la primera, que ya lo ostentaba, con su aprobación. La solicitud llegaba a «Términus» por conducto del jefe del MIR y redactada en los siguientes términos:

«Solicita acceda Vuestra Excelencia aspiración de segunda promoción Capitanes Provisionales –que terminará curso el 20 de febrero– de titularse

«Promoción España» en tributo a la Patria sentida y amada».

La «cuenta» marginal manuscrita para el Caudillo recordaba: «A la primera le concedió Su Excelencia el título Promoción Franco». Y debajo se anotaba la resolución verbal del Generalísimo: «Conforme Su Excelencia. La segunda conforme, pero ya está bien». Es curioso ver cómo se tradujo el casticismo sintetizador de la nota, que pudo ser de Franco o de quien abre- viaba así sus palabras, para redactarlo con elegancia epistolar en la respuesta oficial, el 27 de febrero, a los diez días de la petición:

«Su Excelencia ha tenido a bien acceder a que se dé el título de «Promoción España» a la segunda de Capitanes Provisionales, significándole la conveniencia de que no se repitan estas peticiones».

La Academia de Tahuima, como todas, funcionaba en régimen de internado, y la duración del curso fue siempre de cuarenta y cinco días. De ella salieron tres promociones, dos durante la guerra y una después, sin más variación en sus convocatorias que suprimir el límite de edad para el último curso. La «Promoción Franco» tuvo antigüedad de 18 de diciembre de 1938. La «Promoción España», la de 20 de enero de 1939. La tercera promoción, sin nombre especial, el 28 de abril de 1939. Su estadística es así:

Entre las tres promociones habían resultado promovidos a Capitanes Provisionales 25 Alumnos de las Academias Militares, 152 Tenientes Profesionales, 39 Tenientes de Complemento y 459 Tenientes Provisionales, más otros promovidos a Capitanes y 68 que ya lo eran, confirmados en su empleo. En total, 743 posibles jefes de batallón.

El arma de Ingenieros debió hacer hincapié en la formación de Capitanes Provisionales. Lo demuestra el único documento que nos queda relativo a ello, ese estado numérico que su Comandante General remitía al Generalísimo el 29 de octubre de 1938, al que ya hemos aludido, indicando el «número de Capitanes necesarios para mando de Compañías y Servicios del Arma».

El estadillo decía:
Para Compañías ……………………………. 381
Para Planas Mayores ……………………… 58
Para servicios del Arma …………………. 25
Total ……………………………………………. 464
Disponibles para estos servicios ……… 303
Faltan…………………………………………… 161

Esta haciendo la cuenta de los capitanes que faltaban para mandar compañías, sin advertir que para eso se habían creado los cursos de ampliación y perfeccionamiento, en que a los Tenientes Provisionales se les daba «aptitud para el mando de Compañía». En otro estado complementario, aclaraba el Comandante General el aspecto clarificador de la cuestión, que era el destino de los capitanes activos del Arma de Ingenieros:

En Planas Mayores de Cuerpos y mando de compañías…………….. 303
Habilitados para comandantes, otras Armas, en obras, bajas, etc… 144
Total de capitanes…………………………………………………………………. 447

Pese a la negativa a autorizar cursos que no fuesen de Infantería y a la manifiesta falta de necesidad de Capitanes que en el Cuartel General del Generalísimo deducían de estas propuestas, en febrero de 1939 se convocaba un curso de Capitanes Provisionales de Ingenieros, con 40 plazas, que había de celebrarse el 15 de marzo y se retrasó su inauguración hasta el 1 de abril al ampliarse a 100 el número de alumnos. Efectivamente, comenzó en San Sebastián el 1 de abril de 1939, día de la Victoria. Constaba de dos partes, de cuarenta y cinco días cada una. La primera de enseñanzas militares y la segunda de materias técnicas, especialmente de la construcción, a la que no asistían quienes tuviesen título de arquitecto o ingeniero civil. En las preferencias establecidas, semejantes a las de la Academia de Infantería, se añadían como mérito poseer algún curso de las carreras adecuadas.

Aunque el curso se anunció de noventa días, fue sólo de sesenta. De las cien plazas convocadas sólo se cubrieron las de 38 Tenientes que salieron promovidos a Capitanes el 1 de junio de 1939.

También en Artillería se consiguió la celebración de un curso de Capitanes Provisionales. El 5 de enero de 1939 comunicaba el MIR a los generales jefes de los cuatro Ejércitos que remitiesen antes del día 20 relaciones de oficiales que podían y debían asistir a Cursos de Información para Tenientes de Artillería que comenzarían en Segovia el 25 de enero.

Pero el plazo concedido era escaso, por lo cual el general Dávila contestó que dada la imposibilidad de convocar a los tenientes para el día 25 ordenaba retrasar la convocatoria hasta el 5 de febrero y el jefe del MIR contestó que había ordenado a la Academia admitir un retraso de los alumnos hasta el 1 de febrero. Ese día telefoneaba el Director de la Academia que de los 111 alumnos seleccionados para el curso sólo se habían presentado 15 tenientes, consultando al general Tamarit y éste al Generalísimo si debería comenzar el curso con ellos o retrasarse nuevamente hasta que se incorporasen la mayoría de los admitidos. El día 4 recibía la respuesta: «Deberá esperar incorporación mayoría».

El 10 de febrero comenzaba el curso con 56 tenientes alumnos. Duró tres meses, pues terminaba el 10 de mayo, según la relación que cinco días después se enviaba al Cuartel General del Generalísimo por conducto del MIR con los nombres de 38 tenientes de complemento declarados aptos para Capitanes Provisionales de Artillería en la Academia de Segovia.

No hubo más cursos. Luego, por paridad con éstos, ascendían a Capitanes Provisionales, sin curso, todos los tenientes de mayor antigüedad que ellos.

No es posible hacer el balance de los que ascendieron a tenientes y capitanes, porque están mezclados en las promociones los tenientes provisionales con los de complemento, que eran bastantes, y en Artillería e Ingenieros no consta cuántos de los promovidos a tenientes en el curso de alféreces volvieron a pasar por la Academia para los cursos de perfeccionamiento.

En los tenientes de Infantería anotados se incluyen los de complemento, por imposibilidad de desglosarlos. En los de Artillería e Ingenieros también, pero no se han sumado los 164 y 169 que, respectivamente, salieron de las primeras promociones, varios de los cuales no harían el curso, y compensan, en parte, el exceso de los de complemento. Los capitanes son estrictamente provisionales, por lo cual no se contabilizan los de Artillería. Antes, podían concurrir los aprobados sin plaza en 1933, última oposición celebrada. El curso, de cuarenta y cinco días de duración, se celebró en la Intendencia Central, Cádiz y El Ferrol, y de él salieron promovidos 26 alféreces, seis de los cuales fueron destinados a Intervención de la Armada.

EL ALFÉREZ COMO SÍMBOLO 

El Alférez Provisional resumía ya en sí mismo la integración nacional en que Ejército y pueblo se confunden, al salir la última promoción de las Escuelas primitivas.

Como tomando cuerpo en el Alférez Provisional los caracteres de «rapidez, eficacia y romper moldes inútiles» que justificaban su nacimiento y su fugacidad, aquellas mismas cualidades podrían definirle: Militar, ni más ni menos que lo indispensable; nada hermético ni ordenancista; un poco desahogado en lo disciplinario y cuartelero, para volcarse de lleno en la acción ágil y oportuna, en lo que pedía arrojo y moral.

Acababa de nacer su figura y ya entraba en la historia y en el romancero, como dijo Pemán. Se volcaban sobre ella la musa popular y el humor negro, a veces muy inspirados ambos. Desde las primeras promociones, acaso la segunda o la tercera, se oían en la equívoca retaguardia burgalesa aquellas frases de sátira macabra con que se superaba la barrera de la inquietud

–echándole cara al miedo y sal a la guerra– y se hacían habituales tópicos las burgalesas gracias de humor negro.

Llamar «Los Estampillados» a los Alféreces Provisionales cobró oportuna carta de naturaleza. Realista, prosaico y facilón era lo de «Estrellas enlutadas»; más ingenioso, «Angelitos al cielo»; y más hiperbólico, «Estrellas fugaces». Se usaban con mayor fortuna las ironías negras de: «La primera paga para el uniforme y la segunda para la mortaja», acaso resucitada de cuando morían en África tenientes imberbes al salir de la Academia. Quizá la de gracejo más espontáneo y directo era la armonía de: «Alférez Provisional, cadáver efectivo», y la definición biográfico-vital: «Un ser que nace, crece, se estampilla y muere».

Todo ese humor macabro rodaba ya por el Espolón burgalés muy en el segundo semestre de 1937. Los Provisionales, orgullosos de su fama, lo aceptaban y hacían suyo, incluso lo superaban en su mutuo saludo; amplia sonrisa, palmada en el hombro y el tétrico, «¡Qué hay, cadáver!».

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10 respuestas a «Improvisación de mandos en 1936. (III) Los Tenientes y Capitanes Provisionales»

    1. Tengo mucho interés por el asunto de los Sargentos, auténticas almas de las compañías.
      Una compañía no funciona correctamente, sin unos buenos sargentos.
      Así de claro.
      Además, son los que mejor conocen a la tropa, sus fuerzas y debilidades, etc.

      1. Hace un tiempo descargue por Internet un libro sobre los sargentos, eternos olvidados. Lo buscaré y colgaré el enlace. Proxs días tmb colgaré los, pocos datos, q tengo. Recomiendo el libro «Sargentos Provisionales» que no se di lo escribió Gárate Córdoba y lo publicó Editorial San Martínhace muchos años, pir, cierto yo NO lo tengo. Pero se vende por Internet.

          1. También en Revista de Historia Militar, nº 41 año 1976 hay un artículo sobre los Sargentos Provisionales escrito por José Mª Gárate Córdoba. Se puede acceder y descargar por internet.

          2. Gracias, amigo, muchas gracias por la información.
            Intentaré conseguirlo, y es una pena que no haya alguna editorial que se decida a reeditarlo, que seguro tendría muchas ventas…

  1. Muy interesante la reproducción de los textos del del Coronel Garate Cordoba.En relación con los sargentos provisionales transformados en profesionales,singularmente los más capacitados que llegaron frecuentemente a tener mando de sección durante el desarrollo de la guerra,en batallas tan duras y con gran número de bajas como la del Ebro, hay que significar el escaso recorrido profesional que tuvieron, en comparación con los alféreces transformados, (mucho mejor lo tuvieron los cabos primeros que tuvieron estos sargentos a sus órdenes en la posguerra (años cincuenta-sesenta) pues permanecieron en el empleo de sargento alrededor de25 años ascendiendo hacia 1960 a brigadas (tras el correspondiente curso en 1958) y el grado de teniente próximos a la edad de retiro de la epoca.
    Saludos

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