Innovadora y justa Redención de la Pena por el Trabajo en la postguerra

La Redención de la Pena por el Trabajo se puso en marcha en año ya tan temprano como 1939, basándola en conceptos para entonces novedosos, incluso audaces, y desde luego innovadores, pudiendo afirmarse que no existían en ninguna otra nación de nuestro entorno, mucho menos tras una recién terminada y cruenta guerra; además de carácter en gran medida civil con lo que de pasiones desatadas supone tal cosa. Por supuesto, que la inspiración de tal alarde fue la doctrina social y de misericordia católica que poco a poco volvía a empapar a nuestra sociedad de entonces con los grandes resultados que enseguida comenzaron a verse; lástima que con el desarrollo posterior galopante y la abundancia todo ello se olvidara con los también negativos resultados que hoy podemos comprobar.

La doctrina sobre la Redención de Penas por el Trabajo puede resumirse de la siguiente forma:

«Por lo que hace personalmente al preso, el derecho a trabajar constituye una extensión generosa y cristiana de los derechos establecidos en el Fuero del Trabajo. Por lo que hace a sus familiares, tiene una cierta razón de justicia conmutativa que obliga en primer término al mismo delincuente, pues les hizo sufrir las consecuencias de su propio delito, y en segundo término, a la sociedad.

El trabajo, pues, contribuye a la redención moral del preso y le permite reparar además, en parte, el daño causado a la sociedad y a sus propios familiares.

En lo futuro, todo penado de cualquier edad y condición habrá de trabajar de acuerdo con sus aptitudes, y si no sabe un oficio, tendrá que aprenderlo.

Dos limitaciones de carácter social puede tener la aplicación de esta obra, que son: evitar una competencia al paro forzoso de la mano de obra libre y una competencia comercial ilícita a la industria privada.

Por lo que hace al paro obrero, esta competencia no ha de existir cuando, vencido el pasajero colapso económico de la postguerra, entre España firmemente en el ancho camino de la prosperidad. El Patronato se limita entretanto a conceder mano de obra a las industrias particulares cuando no exista paro de trabajadores libres en las profesiones respectivas, o cuando se trata de meros especialistas, que son insubstituibles.

Para evitar una competencia comercial a la industria privada, se obliga a los patronos particulares que piden mano de obra reclusa a pagar la mismas bases de trabajo establecidas oficialmente en la localidad para los trabajadores de la misma categoría» (Memoria de la Obra de Redención de Penas 1939-40).

Pues bien, como la Redención de Penas por el Trabajo llevaba consigo una gran reducción del tiempo de prisión, un mejoramiento en la situación moral y material del recluso, y un beneficio para su familia, se fijaron una normas absolutamente objetivas en la selección de los presos-trabajadores, a fin de evitar preferencias y postergaciones injustas, que eran las siguientes:

1ª prioridad los de menor condena.

2ª prioridad su aptitud profesional.

3ª prioridad el número de hijos.

4ª prioridad la rapidez y baratura del servicio.

Así, en virtud de la ley de menor condena de 27.12.1938, eran preferidos para redimir condena , tanto en los trabajos remunerados como en los «Destinos» o trabajos subalternos –en ambos casos siempre dentro de las prisiones–, los condenados a penas inferiores, por ser los de menor responsabilidad y, consiguientemente, los de mayor confianza y más merecedores de ayuda moral y material.

Dicha selección se realizaba entre los que tenían la aptitud profesional suficiente para la clase de trabajo que iban a desempeñar, según los datos existentes –normalmente facilitados por los propios reclusos al ingresar– y los comprobados por los oficiales de las prisiones.

Más aún. Desechando conveniencias de índole económico, la norma para escoger, en igualdad de condiciones, era decantarse por los que tenían mayor número de hijos, para incentivar y premiar de tal forma la paternidad responsable, así como para beneficiar a la prole que podría sufrir mayor desamparo por la situación de su o sus progenitores. Asimismo, y para evitar en lo posible el coste de los traslados de presos, se elegía también, dentro de lo dicho, a los que estaban más cerca de los lugares donde iban a trabajar.

Por una Orden de 03.02.1940, quedaron relevadas de todo tipo de trabajo las reclusas durante el período de lactancia de sus hijos, concediéndoseles de igual forma la redención de sus penas mientras durase tal hecho. Por otra de 30.12.1940, se concedía la redención por el trabajo y la percepción de la asignación familiar a los presos víctimas de accidentes laborales en dichos trabajos, siempre en análogas condiciones a las establecidas para los trabajadores libres por la legislación en vigor, así como el derecho a percibir el salario íntegro y la consiguiente redención del Domingo y día de descanso obligatorio. Por ella, también se concedía la redención de la pena y el abono del salario los días en que, comenzado el trabajo, hubiera que paralizarlo sin llegar a la jornada legal establecida por causas ajenas a la voluntad de los reclusos trabajadores; se permitía a los patronos recuperar las horas perdidas, añadiendo una hora a la jornada normal de los días sucesivos, extendiéndose los mismos beneficios a aquellos días que por causa de fuerza mayor no pudiera realizarse el trabajo.

La Redención de Penas por el Trabajo podía realizarse:

  • En los «Destinos», trabajos auxiliares y/o eventuales dentro de las prisiones.
  • En los Talleres Penitenciarios: Oficiales o Particulares.
  • En los Destacamentos Penales: Oficiales –(Militares en las Colonias Penitenciarias Militarizadas) o Civiles (Regiones Devastadas y otros); o en las Particulares (Minas, ferrocarriles, carreteras, siderurgias, etc.).

Dicha clasificación de trabajos llevaba consigo la combinación de la administración de la pena en función de la gravedad del delito y del período en que se hallaba su cumplimiento, suavizándose el régimen de reclusión a medida que avanzaba su cumplimiento. Cuando la pena era leve, se permitía al recluso el trabajo en convivencia con los trabajadores libres, dentro, lógicamente, de determinadas condiciones de aislamiento y permanencia en la prisión a ciertas horas (cuando no había trabajo), bien que todo ello en la práctica se llevó a cabo con enorme laxitud. Cuando la pena era grave, el recluso trabajaba durante un primer período dentro de la prisión. En uno segundo, en obras directamente gestionadas por las prisiones. Y en uno tercero, en iguales condiciones a las señaladas para los de penas leves.


2 respuestas a «Innovadora y justa Redención de la Pena por el Trabajo en la postguerra»

  1. Fue Belloch, ese siniesto biministro de Justicia e Interior quien acabó con la redención de penas por el trabajo en el Código Penal, de 1995.
    ¡Un gran aporte progresista a la rehabilitación de los penados!
    (Espero se entienda la ironía, o más bien el sarcasmo, que también).

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