Israel ¿nueva potencia global?

ESCUCHAR NOTICIA: A cuarenta días de las elecciones israelíes en las que se decidirá si Benjamín Netanyahu sigue en el poder o no, conviene hacer balance de cuál es la situación, en el aspecto internacional, a la que ha llevado tal personaje a su país; también preguntarse si, en caso de perder las elecciones, el nuevo primer ministro, supuestamente el general Gadi Eisenkot, introduciría cambios o no. Netanyahu fue primer ministro de 1996 a 1999, y lo es desde 2009 hasta la actualidad. Se puede decir, por lo tanto, que la posición internacional de Israel hoy se debe, prácticamente, a él. Netanyahu ha conseguido neutralizar, de una forma u otra, a todos los enemigos regionales de Israel; sin por supuesto titubear a la hora de vulnerar, y de manera grosera y constante, los más elementales derechos humanos, llegando incluso, como es el caso de Gaza, al genocidio; sigue pendiente en la Haya una orden contra él. Netanyahu se encontró con el reconocimiento de Israel por parte de Egipto (1979) y Jordania (1994), pero él consiguió el de los Emiratos, Baréin, Sudán y Marruecos en 2020 –Acuerdos de Abraham–; falta Qatar dentro de la península arábiga pero, aunque las relaciones no son oficiales, sí lo son oficiosas, no teniendo problema alguno ninguno de los dos en tenerlas especialmente en relación con todo lo relacionado con Hamás. Con Turquía las relaciones se han deteriorado hasta extremos que han llevado a Netanyahu a considerar a Ankara como una amenaza caso de no cambiar la situación; bien que al no haber frontera física nada teme en el plano militar. En realidad lo que Netanyahu teme es el ascendiente y las ambiciones turcas en la esfera internacional sobre todo su potencial influencia en la zona que ha aumentado considerablemente. La gran baza conseguida por Netanyahu, pues ha sido artífice en gran medida de ella, ha sido la eliminación de Al Assad sustituyendo su régimen por otro que, aunque islamista radical, está demostrando un pragmatismo sorprendente hasta el punto de que por el momento la “nueva” Siria ha dejado de ser el enemigo por excelencia de Israel; además, ha conseguido que renuncie prácticamente a la reclamación de los territorios sirios ocupados y conseguido desarbolar casi por completo a las milicias palestinas o proiraníes que desde su territorio hostigaban al israelí. El Israel de Netanyahu sigue sin tener relaciones diplomáticas con Líbano, bien que a Tel Aviv tal situación no le ha preocupado nunca toda vez que para Israel el Líbano no cuenta, de ahí sus constantes incursiones militares en su territorio, vulneración fragrante de las fronteras de un Estado soberano que a la comunidad internacional tampoco le importa nada; en los últimos meses incluso las tropas israelíes han llegado hasta el río Litani haciéndose con el práctico control del sur libanés, es decir, de casi medio país. El caso de Irán es especial, toda vez que por primera vez Israel ha conseguido, si no derrotar como hubiera querido a Teherán, derribar su actual régimen y sustituirlo por otro dócil y sumiso a sus intereses, sí dejar al Irán de los ayatollah aislado y prácticamente absorbido en velar por su propia supervivencia, habiendo perdido casi toda la influencia que poseía en la zona a través de su milicia, Hezbollah, y también por Hamás. En cuanto a los palestinos, Netanyahu, mediante el genocidio, ha borrado del mapa político a Gaza, el principal bastión de Hamás. Para más inri, el respaldo de Netanyahu a los agresivos colonos israelíes en Cisjordania hace que tal zona haya dejado de ser para Israel una amenaza. Para consolidar lo conseguido y más aún explotar el éxito logrado, que no cabe duda que desde el punto de vista israelí hay que reconocer, es decir, la práctica neutralización de todos sus enemigos regionales, aunque para ello el coste humano y material para los israelíes haya sido elevadísimo, Netanyahu ha puesto en marcha ya dos acciones que según él deberían llevar a Israel a conseguir no sólo la paz regional, bien que siempre por su dominio militar de la zona, sino también el nacimiento del Gran Israel, lo que de lograr permitiría a Israel expandir su influencia a otras regiones del mundo convirtiéndole en la potencia global que Netanyahu y sus seguidores o coaligados consideran que les pertenece como “pueblo elegido por Dios” para gobernar el planeta. Por un lado, Netanyahu bloquea sistemáticamente el proceso de diálogo para alcanzar un alto el fuego en la Franja de Gaza, para ello, la propuesta del «Consejo de Paz» –que busca con Hamás establecer una ruta hacia la estabilidad y cuyos puntos principales incluían el cese de las operaciones militares, la retirada de las fuerzas israelíes y la regulación del desarme y almacenamiento de armas de la organización palestina y definía las bases para la administración y la reconstrucción del territorio– es sistemáticamente rechazada por Netanyahu, cuya alternativa exige la prohibición total del almacenamiento de armas por parte de Hamás, así como rechaza suspender de forma definitiva sus operaciones militares, ofreciendo como supuesto gesto de buena voluntad incluir a Turquía y Qatar dentro del comité encargado de verificar el cumplimiento del acuerdo. Como se puede imaginar lo que pretende Netanyahu es un imposible, algo que él sabe pero que forma parte de su estrategia de mantener la tensión en la zona siempre que él sea quien la controla. Para lo anterior, a Netanyahu le dan igual los dos millones de personas atrapadas allí en un ciclo de violencia sin solución a la vista, las condiciones extremas en las que malviven, los desplazamientos forzados y masivos a que se les obligas, la falta de suministros alimenticios básicos y la consecuente propagación de enfermedades para las que no hay infraestructuras sanitarias mínimas por las destrucciones infligidas, así como la absoluta falta de perspectiva de reconstrucción de aquella área ante la misma falta de perspectivas de que se llegue a un acuerdo de paz real, fiable y estable que por supuesto Netanyahu no desea y siempre procurará impedir. Por otro lado, y aunque muchos sigan creyendo que no es real, Netanyahu alimenta el considerable aumento de la violencia de los colonos israelíes en Cisjordania, amparando así las reivindicaciones de una Gran Israel que constituye el elemento fundamental de sus socios más radicales, los cuales defienden que Cisjordania es una parte insustituible del proyecto nacional israelí de forma que toda la zona debe pasar a depender de manera directa y total de la autoridad del Estado de Israel, para lo cual, como se ha dicho, no dudan, ni ellos ni Netanyahu, en auspiciar la violencia de los colonos facilitándoles el cerco, aislamiento y agresión a las comunidades palestinas allí existentes desde siempre para expulsarlas o, incluso, si fuera el caso, aniquilarlas.  Si Netanyahu ganara las elecciones del próximo Septiembre y siguiera en el poder, lo que tendría que hacer de nuevo con sus socios actuales pues no conseguirá nunca mayoría absoluta, no cabe duda de que Netanyahu acelerará los procesos que ya tiene en marcha, es decir, borrar del mapa a los palestinos de Gaza sin titubeo alguno, y ocupar Cisjordania; para ello contaría, aunque fuera “guardando las formas” de cara a la galería internacional, con los EEUU, como ha contado siempre incluso en su genocidio sobre los gazatíes. Así pues, podemos estar asistiendo al nacimiento de una nueva potencia mundial porque de conseguir lo dicho el Israel de Netanyahu incentivará también sus ambiciones globalistas que no son una fantasía, sino clara realidad, toda vez que ya ha dado los primeros pasos en África, sobre todo vía Marruecos, y en América, de la mano de Milei y ahora de la Espriella. En cuanto a su oponente, el general Gadi Eisenkot, de ganar las elecciones, no sólo porque dependería de otros, sino porque aunque pretenda disimularlo por motivos electorales presente una cara más moderada, no parece que fuera a variar mucho o incluso nada de los planteamientos y ambiciones de Netanyahu, sólo, tal vez, en las formas y los tiempos. Para sovereignty.com.br   Pulse para escuchar el texto A cuarenta días de las elecciones israelíes en las que se decidirá si Benjamín Netanyahu sigue en el poder o no, conviene hacer balance de cuál es la situación, en el aspecto internacional, a la que ha llevado tal personaje a su país; también preguntarse si, en caso de perder las elecciones, el nuevo primer ministro, supuestamente el general Gadi Eisenkot, introduciría cambios o no. Netanyahu fue primer ministro de 1996 a 1999, y lo es desde 2009 hasta la actualidad. Se puede decir, por lo tanto, que la posición internacional de Israel hoy se debe, prácticamente, a él. Netanyahu ha conseguido neutralizar, de una forma u otra, a todos los enemigos regionales de Israel; sin por supuesto titubear a la hora de vulnerar, y de manera grosera y constante, los más elementales derechos humanos, llegando incluso, como es el caso de Gaza, al genocidio; sigue pendiente en la Haya una orden contra él. Netanyahu se encontró con el reconocimiento de Israel por parte de Egipto (1979) y Jordania (1994), pero él consiguió el de los Emiratos, Baréin, Sudán y Marruecos en 2020 –Acuerdos de Abraham–; falta Qatar dentro de la península arábiga pero, aunque las relaciones no son oficiales, sí lo son oficiosas, no teniendo problema alguno ninguno de los dos en tenerlas especialmente en relación con todo lo relacionado con Hamás. Con Turquía las relaciones se han deteriorado hasta extremos que han llevado a Netanyahu a considerar a Ankara como una amenaza caso de no cambiar la situación; bien que al no haber frontera física nada teme en el plano militar. En realidad lo que Netanyahu teme es el ascendiente y las ambiciones turcas en la esfera internacional sobre todo su potencial influencia en la zona que ha aumentado considerablemente. La gran baza conseguida por Netanyahu, pues ha sido artífice en gran medida de ella, ha sido la eliminación de Al Assad sustituyendo su régimen por otro que, aunque islamista radical, está demostrando un pragmatismo sorprendente hasta el punto de que por el momento la “nueva” Siria ha dejado de ser el enemigo por excelencia de Israel; además, ha conseguido que renuncie prácticamente a la reclamación de los territorios sirios ocupados y conseguido desarbolar casi por completo a las milicias palestinas o proiraníes que desde su territorio hostigaban al israelí. El Israel de Netanyahu sigue sin tener relaciones diplomáticas con Líbano, bien que a Tel Aviv tal situación no le ha preocupado nunca toda vez que para Israel el Líbano no cuenta, de ahí sus constantes incursiones militares en su territorio, vulneración fragrante de las fronteras de un Estado soberano que a la comunidad internacional tampoco le importa nada; en los últimos meses incluso las tropas israelíes han llegado hasta el río Litani haciéndose con el práctico control del sur libanés, es decir, de casi medio país. El caso de Irán es especial, toda vez que por primera vez Israel ha conseguido, si no derrotar como hubiera querido a Teherán, derribar su actual régimen y sustituirlo por otro dócil y sumiso a sus intereses, sí dejar al Irán de los ayatollah aislado y prácticamente absorbido en velar por su propia supervivencia, habiendo perdido casi toda la influencia que poseía en la zona a través de su milicia, Hezbollah, y también por Hamás. En cuanto a los palestinos, Netanyahu, mediante el genocidio, ha borrado del mapa político a Gaza, el principal bastión de Hamás. Para más inri, el respaldo de Netanyahu a los agresivos colonos israelíes en Cisjordania hace que tal zona haya dejado de ser para Israel una amenaza. Para consolidar lo conseguido y más aún explotar el éxito logrado, que no cabe duda que desde el punto de vista israelí hay que reconocer, es decir, la práctica neutralización de todos sus enemigos regionales, aunque para ello el coste humano y material para los israelíes haya sido elevadísimo, Netanyahu ha puesto en marcha ya dos acciones que según él deberían llevar a Israel a conseguir no sólo la paz regional, bien que siempre por su dominio militar de la zona, sino también el nacimiento del Gran Israel, lo que de lograr permitiría a Israel expandir su influencia a otras regiones del mundo convirtiéndole en la potencia global que Netanyahu y sus seguidores o coaligados consideran que les pertenece como “pueblo elegido por Dios” para gobernar el planeta. Por un lado, Netanyahu bloquea sistemáticamente el proceso de diálogo para alcanzar un alto el fuego en la Franja de Gaza, para ello, la propuesta del «Consejo de Paz» –que busca con Hamás establecer una ruta hacia la estabilidad y cuyos puntos principales incluían el cese de las operaciones militares, la retirada de las fuerzas israelíes y la regulación del desarme y almacenamiento de armas de la organización palestina y definía las bases para la administración y la reconstrucción del territorio– es sistemáticamente rechazada por Netanyahu, cuya alternativa exige la prohibición total del almacenamiento de armas por parte de Hamás, así como rechaza suspender de forma definitiva sus operaciones militares, ofreciendo como supuesto gesto de buena voluntad incluir a Turquía y Qatar dentro del comité encargado de verificar el cumplimiento del acuerdo. Como se puede imaginar lo que pretende Netanyahu es un imposible, algo que él sabe pero que forma parte de su estrategia de mantener la tensión en la zona siempre que él sea quien la controla. Para lo anterior, a Netanyahu le dan igual los dos millones de personas atrapadas allí en un ciclo de violencia sin solución a la vista, las condiciones extremas en las que malviven, los desplazamientos forzados y masivos a que se les obligas, la falta de suministros alimenticios básicos y la consecuente propagación de enfermedades para las que no hay infraestructuras sanitarias mínimas por las destrucciones infligidas, así como la absoluta falta de perspectiva de reconstrucción de aquella área ante la misma falta de perspectivas de que se llegue a un acuerdo de paz real, fiable y estable que por supuesto Netanyahu no desea y siempre procurará impedir. Por otro lado, y aunque muchos sigan creyendo que no es real, Netanyahu alimenta el considerable aumento de la violencia de los colonos israelíes en Cisjordania, amparando así las reivindicaciones de una Gran Israel que constituye el elemento fundamental de sus socios más radicales, los cuales defienden que Cisjordania es una parte insustituible del proyecto nacional israelí de forma que toda la zona debe pasar a depender de manera directa y total de la autoridad del Estado de Israel, para lo cual, como se ha dicho, no dudan, ni ellos ni Netanyahu, en auspiciar la violencia de los colonos facilitándoles el cerco, aislamiento y agresión a las comunidades palestinas allí existentes desde siempre para expulsarlas o, incluso, si fuera el caso, aniquilarlas.  Si Netanyahu ganara las elecciones del próximo Septiembre y siguiera en el poder, lo que tendría que hacer de nuevo con sus socios actuales pues no conseguirá nunca mayoría absoluta, no cabe duda de que Netanyahu acelerará los procesos que ya tiene en marcha, es decir, borrar del mapa a los palestinos de Gaza sin titubeo alguno, y ocupar Cisjordania; para ello contaría, aunque fuera “guardando las formas” de cara a la galería internacional, con los EEUU, como ha contado siempre incluso en su genocidio sobre los gazatíes. Así pues, podemos estar asistiendo al nacimiento de una nueva potencia mundial porque de conseguir lo dicho el Israel de Netanyahu incentivará también sus ambiciones globalistas que no son una fantasía, sino clara realidad, toda vez que ya ha dado los primeros pasos en África, sobre todo vía Marruecos, y en América, de la mano de Milei y ahora de la Espriella. En cuanto a su oponente, el general Gadi Eisenkot, de ganar las elecciones, no sólo porque dependería de otros, sino porque aunque pretenda disimularlo por motivos electorales presente una cara más moderada, no parece que fuera a variar mucho o incluso nada de los planteamientos y ambiciones de Netanyahu, sólo, tal vez, en las formas y los tiempos. Para sovereignty.com.br

A cuarenta días de las elecciones israelíes en las que se decidirá si Benjamín Netanyahu sigue en el poder o no, conviene hacer balance de cuál es la situación, en el aspecto internacional, a la que ha llevado tal personaje a su país; también preguntarse si, en caso de perder las elecciones, el nuevo primer ministro, supuestamente el general Gadi Eisenkot, introduciría cambios o no.

Netanyahu fue primer ministro de 1996 a 1999, y lo es desde 2009 hasta la actualidad. Se puede decir, por lo tanto, que la posición internacional de Israel hoy se debe, prácticamente, a él.

Netanyahu ha conseguido neutralizar, de una forma u otra, a todos los enemigos regionales de Israel; sin por supuesto titubear a la hora de vulnerar, y de manera grosera y constante, los más elementales derechos humanos, llegando incluso, como es el caso de Gaza, al genocidio; sigue pendiente en la Haya una orden contra él.

Netanyahu se encontró con el reconocimiento de Israel por parte de Egipto (1979) y Jordania (1994), pero él consiguió el de los Emiratos, Baréin, Sudán y Marruecos en 2020 –Acuerdos de Abraham–; falta Qatar dentro de la península arábiga pero, aunque las relaciones no son oficiales, sí lo son oficiosas, no teniendo problema alguno ninguno de los dos en tenerlas especialmente en relación con todo lo relacionado con Hamás.

Con Turquía las relaciones se han deteriorado hasta extremos que han llevado a Netanyahu a considerar a Ankara como una amenaza caso de no cambiar la situación; bien que al no haber frontera física nada teme en el plano militar. En realidad lo que Netanyahu teme es el ascendiente y las ambiciones turcas en la esfera internacional sobre todo su potencial influencia en la zona que ha aumentado considerablemente.

La gran baza conseguida por Netanyahu, pues ha sido artífice en gran medida de ella, ha sido la eliminación de Al Assad sustituyendo su régimen por otro que, aunque islamista radical, está demostrando un pragmatismo sorprendente hasta el punto de que por el momento la “nueva” Siria ha dejado de ser el enemigo por excelencia de Israel; además, ha conseguido que renuncie prácticamente a la reclamación de los territorios sirios ocupados y conseguido desarbolar casi por completo a las milicias palestinas o proiraníes que desde su territorio hostigaban al israelí.

El Israel de Netanyahu sigue sin tener relaciones diplomáticas con Líbano, bien que a Tel Aviv tal situación no le ha preocupado nunca toda vez que para Israel el Líbano no cuenta, de ahí sus constantes incursiones militares en su territorio, vulneración fragrante de las fronteras de un Estado soberano que a la comunidad internacional tampoco le importa nada; en los últimos meses incluso las tropas israelíes han llegado hasta el río Litani haciéndose con el práctico control del sur libanés, es decir, de casi medio país.

El caso de Irán es especial, toda vez que por primera vez Israel ha conseguido, si no derrotar como hubiera querido a Teherán, derribar su actual régimen y sustituirlo por otro dócil y sumiso a sus intereses, sí dejar al Irán de los ayatollah aislado y prácticamente absorbido en velar por su propia supervivencia, habiendo perdido casi toda la influencia que poseía en la zona a través de su milicia, Hezbollah, y también por Hamás.

En cuanto a los palestinos, Netanyahu, mediante el genocidio, ha borrado del mapa político a Gaza, el principal bastión de Hamás. Para más inri, el respaldo de Netanyahu a los agresivos colonos israelíes en Cisjordania hace que tal zona haya dejado de ser para Israel una amenaza.

Para consolidar lo conseguido y más aún explotar el éxito logrado, que no cabe duda que desde el punto de vista israelí hay que reconocer, es decir, la práctica neutralización de todos sus enemigos regionales, aunque para ello el coste humano y material para los israelíes haya sido elevadísimo, Netanyahu ha puesto en marcha ya dos acciones que según él deberían llevar a Israel a conseguir no sólo la paz regional, bien que siempre por su dominio militar de la zona, sino también el nacimiento del Gran Israel, lo que de lograr permitiría a Israel expandir su influencia a otras regiones del mundo convirtiéndole en la potencia global que Netanyahu y sus seguidores o coaligados consideran que les pertenece como “pueblo elegido por Dios” para gobernar el planeta.

Por un lado, Netanyahu bloquea sistemáticamente el proceso de diálogo para alcanzar un alto el fuego en la Franja de Gaza, para ello, la propuesta del «Consejo de Paz» –que busca con Hamás establecer una ruta hacia la estabilidad y cuyos puntos principales incluían el cese de las operaciones militares, la retirada de las fuerzas israelíes y la regulación del desarme y almacenamiento de armas de la organización palestina y definía las bases para la administración y la reconstrucción del territorio– es sistemáticamente rechazada por Netanyahu, cuya alternativa exige la prohibición total del almacenamiento de armas por parte de Hamás, así como rechaza suspender de forma definitiva sus operaciones militares, ofreciendo como supuesto gesto de buena voluntad incluir a Turquía y Qatar dentro del comité encargado de verificar el cumplimiento del acuerdo. Como se puede imaginar lo que pretende Netanyahu es un imposible, algo que él sabe pero que forma parte de su estrategia de mantener la tensión en la zona siempre que él sea quien la controla.

Para lo anterior, a Netanyahu le dan igual los dos millones de personas atrapadas allí en un ciclo de violencia sin solución a la vista, las condiciones extremas en las que malviven, los desplazamientos forzados y masivos a que se les obligas, la falta de suministros alimenticios básicos y la consecuente propagación de enfermedades para las que no hay infraestructuras sanitarias mínimas por las destrucciones infligidas, así como la absoluta falta de perspectiva de reconstrucción de aquella área ante la misma falta de perspectivas de que se llegue a un acuerdo de paz real, fiable y estable que por supuesto Netanyahu no desea y siempre procurará impedir.

Por otro lado, y aunque muchos sigan creyendo que no es real, Netanyahu alimenta el considerable aumento de la violencia de los colonos israelíes en Cisjordania, amparando así las reivindicaciones de una Gran Israel que constituye el elemento fundamental de sus socios más radicales, los cuales defienden que Cisjordania es una parte insustituible del proyecto nacional israelí de forma que toda la zona debe pasar a depender de manera directa y total de la autoridad del Estado de Israel, para lo cual, como se ha dicho, no dudan, ni ellos ni Netanyahu, en auspiciar la violencia de los colonos facilitándoles el cerco, aislamiento y agresión a las comunidades palestinas allí existentes desde siempre para expulsarlas o, incluso, si fuera el caso, aniquilarlas.

 Si Netanyahu ganara las elecciones del próximo Septiembre y siguiera en el poder, lo que tendría que hacer de nuevo con sus socios actuales pues no conseguirá nunca mayoría absoluta, no cabe duda de que Netanyahu acelerará los procesos que ya tiene en marcha, es decir, borrar del mapa a los palestinos de Gaza sin titubeo alguno, y ocupar Cisjordania; para ello contaría, aunque fuera “guardando las formas” de cara a la galería internacional, con los EEUU, como ha contado siempre incluso en su genocidio sobre los gazatíes.

Así pues, podemos estar asistiendo al nacimiento de una nueva potencia mundial porque de conseguir lo dicho el Israel de Netanyahu incentivará también sus ambiciones globalistas que no son una fantasía, sino clara realidad, toda vez que ya ha dado los primeros pasos en África, sobre todo vía Marruecos, y en América, de la mano de Milei y ahora de la Espriella.

En cuanto a su oponente, el general Gadi Eisenkot, de ganar las elecciones, no sólo porque dependería de otros, sino porque aunque pretenda disimularlo por motivos electorales presente una cara más moderada, no parece que fuera a variar mucho o incluso nada de los planteamientos y ambiciones de Netanyahu, sólo, tal vez, en las formas y los tiempos.

Para sovereignty.com.br


5 respuestas a «Israel ¿nueva potencia global?»

  1. En Argentina han destituido a un juez por informar sobre la orden de detención por crímenes de guerra que pesa.sobre Satanyaju.

    El juez federal Alfredo López, al que acusan de antisemita por publicar en sus redes sociales un fallo de la Corte Penal Internacional, que pide la detención de Netanyahu por crímenes de guerra.

    1. Pues ese juez ha pecado de optimista y falto de instrucción. ¡Sólo hubiera tenido que mirar la bandera de la Argentina para comprender! Si no le bastara el hecho de ser funcionario de un estado masónico pero al menos contara con mejor formación histórica y política, si, por ejemplo, conociera La República de Platón, en la que Sócrates es protagonista, tendría que haber reflexionado sobre la grandiosa mentira llamada «democracia». ¡No existe tal cosa! Ya Platón ponía en boca de Sócrates cómo todos los estado autodenominados «democracias» son en realidad autocracias. El problema añadido de nuestros estados es que el autócrata vive lejos, impone legislaciones criminales, promueve guerras a distancia, cuenta con decenas de miles de siervos y cientos de millones de idiotas útiles.
      Las naciones avanzan rápidamente al precipicio ya anunciado en las Sagradas Escrituras. No es de extrañar, pues, que sólo los católicos y algunos ortodoxos excelentemente formados sean conscientes de la deriva histórica, de los tiempos que estamos viviendo y de los venideros.
      Quien lea, comprenda.

  2. Los EEUU llevan decadas intentando reconfigurar el mapa geopolitico de oreinte Proximo para conseguir que Israel sea la potencia dominante en la región, ahora lo estan consiguiendo aunque la inesperada fuerza moral y militar que exhibe Irán le esta creando problemas.
    Nunca un primer ministro judío tuvo tan a la mano utilizar el poderío militar Norteamericano para crear un estado Lijudi que domine no solo Oriente próximo, si no Turquia y Europa, cosa esta que es el próximo paso .
    NO lo va a conseguir, Irán, una dura sociedad no se presta a las maniobras de desestabilización que desde dentro han intentado los Judios y los USA y para rendirlos solo tienen una fuerza, la nuclear.
    Turquia es una nacion con un poderoso ejercito coya morl es muy alta y que junto a un estadista de gran nivel como es Erdogan no se deja avasallar por nada ni por nadie.
    En estos momentos ha hecho un pacto defensivo ofensivo con Arabia Saudita y, Paquistan que le da cobertura sobre todo nuclear, súmenle Vds a este tratado los que tiene con India, China, Rusia etc y que pertenece a la OTAN y veran que Israel no va a iniciar guerrita alguna contra Turquia, aunque efectivamente todo su interes radique en destrozarla como tapón antijudio que es.
    El problema, al menos para España, se la alianza Israel Marruecos, que puede meter a España en un problema bastante serio, que sera irrecuperable para una España descoyuntada como la actual

  3. La potencia global está tan dispersa por todo el mundo conocido como lo estaba en tiempos de Quevedo. Israel es solo un icono del sionismo, sustentado por la banca marrana anglosionista nazi que siembra la granja comunista global NOS. Las decisiones se siguen tomando en sinagogas cabalistas.

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