«Jose Antonio; condenado ayer a muerte», de Francisco Torres García

Francisco Torres García

SND Editores acaba de dar a luz una obra fundamental al tiempo que monumental. Una obra definitiva sobre un personaje que, aunque ausente, sigue presente en tantos y en tanto. «Jose Antonio; condenado ayer a muerte», y quién mejor que el reputado historiador Francisco Torres García para ser su autor. Sin duda una obra que no puede faltar en toda buena biblioteca.

Esta es la monumental biografía histórica que José Antonio demandaba. Una obra centrada, en el final de su vida, que cierra los grandes debates aún abiertos sobre su figura, sobre su papel en momentos claves de la historia reciente de España; una obra valiente, audaz, crítica, sin concesiones. Un texto que abandona el relato mitológico, construido por todos, también por aquellos a quienes su presencia marcó su existencia, para adentrarse en el hombre, en el político, en el ideólogo que dejó a sus seguidores debatiéndose en antinomias irresolutas.

Desde un increíble acervo documental, con textos inéditos, apoyado en un extensísimo aparato crítico el profesor Francisco Torres deconstruye, una y otra vez, la figura de José Antonio abstrayéndose de cualquier tipo de condicionante y de la permanente manipulación de su figura que ha buscado adecuarla a tiempos e intereses políticos cambiantes.

Así, depurado de la hojarasca, emerge el hombre que, mientras se ve inmerso en la pendiente que le llevará a la muerte, se transforma en un camino ascendente en la suma de unos arquetipos históricos omnipresentes en el debate sobre España y los españoles.

En ese caminar son peldaños paralelos, ascendentes y descendentes, las elecciones de 1936, su posición con respecto a las derechas, la persecución sufrida desde el gobierno del Frente Popular, el peso de la violencia, la trampa judicial a la que fue sometido, la creencia en una irremediable invasión de los bárbaros, las conspiraciones militares, el cruce con Francisco Franco, la rebelión de julio de 1936, la muerte de tantos y tantos, el fracaso del imposible rescate, el juicio preparado, su ejecución en Alicante más allá de los nuevos mitos, el enterado a la sentencia del gobierno presidido por un socialista, sus escritos de la prisión y su apuntada reflexión sobre un tiempo nuevo. Un hombre que no quería morir en 1936, pero al que los disparos acercaron durante décadas a la inmortalidad.

«1936 fue, para José Antonio Primo de Rivera, algo más que el tiempo del desenlace dramático de una vida, dentro de la tragedia que vivieron la gran mayorı́a de los españoles al producirse la quiebra máxima de la convivencia entre ellos. Ruptura casi incomprensible desde el presente, sin entender que todo ello se enmarca en los años de la crisis de la democracia liberal y del capitalismo, cuyo ciclo vital parecı́a agotarse; en unas décadas de fuertes tensiones sociales, de aspiraciones de justicia, de intentos revolucionarios de cambiar el orden polı́tico, económico y social (comunismo, anarquismo, fascismo, corporativismo, organi- cismo, junto con otras fórmulas autoritarias); cuando la democracia no era un absoluto. Ese fue el tiempo de José Antonio Primo de Rivera y sin tenerlo presente su figura queda mutilada, tanto en las valoraciones como en la interpretación; especialmente cuando hace presa en ella un absurdo presentismo, incompatible con la investigación histórica, salvo que este sea precisamente el objeto de estudio.

Tratar de desentrañar, de redescubrir al personaje, que es el objeto de la amplia revisión biográfica que acometemos, nos induce a centrar nuestra investigación, en este tomo, en ese año decisivo, para los españoles y para él, de 1936. Saltando, en este caso, por encima de la obligación no escrita de comenzar todo ensayo biográfico, toda biografía histórica, por la llegada del sujeto al mundo o con unas páginas dedicadas al peso de su paso por la historia. Tras esto cabría preguntarse: ¿por qué centrarnos en 1936?

Es en ese año, que políticamente comenzó en el último tercio de 1935, cuan- do su pensamiento, en constante construcción agregativa más que evolutiva, parece encontrar el camino para superar las antinomias que caracterizaron su pro- puesta ideológica y polı́tica, lo que dialécticamente trataba de solventar discurso a discurso, escrito a escrito. Es un año en el que JoséAntonio es definitivamente la Falange, y la Falange camina hacia ser JoséAntonio.

¿Y qué era en 1936 la Falange? Un partido fascista; así eran calificadas sin carga peyorativa o condenatoria sus candidaturas en las trascendentales elecciones de febrero de 1936. Pero a cuyo frente estaba, como dirigente y como mito heroico, un líder que, desde la afinidad iniciática, ahora dudaba del fascismo como solución, o mejor dicho como la solución ante la crisis de su tiempo.

Es en el verano de 1936, como iremos explicando a lo largo de estas páginas, cuando comienza a perfilar una alternativa quebrada por las balas adversarias en noviembre de 1936, dejando la duda, contenida en sus escritos de la prisión, de hasta dónde hubiera llegado ese «último JoséAntonio», quizás el más interesante de todos los JoséAntonio, de antes y después, al abrir espacios a nuevas y no inocentemente obviadas proyecciones de su pensamiento.

Reconstruyamos pues, a la vez que revisamos con nuevas aportaciones, vida, hechos y pensamiento. Despojémoslo de la hojarasca de la mitificación, propia y extraña, del mito y el antimito, de los sucesivos presentes con los que se abordó su figura hasta prácticamente la actualidad, ahogando, en no pocas ocasiones, la realidad histórica del mismo.

Emerge en estas páginas la figura de un hombre que, mientras se ve inmerso en la pendiente que le llevará a la muerte, sigue un camino ascendente sumándose, sin pretenderlo, durante décadas a los arquetipos históricos omnipresentes en el debate sobre España y los españoles. Pareciendo transmutarse, en su devenir histórico, en la sombra del caballero de Olmedo, con el que a veces se le comparó, al ser claro ejemplo de que «solo por la muerte se llega a la vida».

Más allá de ello, también se nos presenta como el hombre que filtra su experiencia vital a través de su vocación, el Derecho. José Antonio cree en el Derecho y en el Estado de Derecho, fı́a, pese a las circunstancias, una y otra vez, en ello. Desde marzo hasta noviembre es también el abogado que se enfrenta en los tribunales a la maquinaria del Estado; que consigue doblegar, en algunos momentos, al Estado amparado en el Derecho. Hay en todo este periodo un desdoblamiento, exacerbado en el último y definitivo proceso de Alicante, solo en una ocasión quebrado ante la burla al Derecho, entre el abogado José Antonio Primo de Rivera el acusado José Antonio, al que defiende ante el tribunal. Hasta tal punto que, coherentemente, ni tan siquiera cuestiona el hecho de que comparezca ante un tribunal especial, porque él habı́a defendido en 1932 ante el Supremo el derecho a su creación. Pese a la frialdad de las páginas del sumario cabe afirmar que estuvo brillante, aunque finalmente serı́a condenado por unos cargos que solo en parte eran ciertos, en un grado que no se le podı́a imputar, pero que no se probaron en sala al quedar reducidos a suposiciones e indicios; pero allı́no era juzgado un hombre sino toda la rebelión. Ni tan siquiera la sentencia condenatoria llegó, pese a lo irracional de la esperanza, a quebrar su fe en el papel del abogado, tal y como le confió al padre Planelles antes de comenzar su confesión, al preguntarle este si aún cabı́a alguna esperanza para el indulto: «No, Padre. Ya estoy entregado a la misericordia de Dios, aunque el abogado que hay en mı́ha interpuesto un recurso supremo, y quién sabe, si le permiten luchar».

En ese trazo, en este volumen, no ignoramos sino que apreciamos sobrema- nera la singularidad, que es un condicionante, que supone a la hora de trazar una biografı́a el hecho de que los casi últimos nueve meses de su vida transcurrieran entre los muros de una prisión, algo más de tres de ellos prácticamente en régimen de aislamiento; poco antes, su vida pública estuvo marcada por una larga campaña electoral de prácticamente dos meses; lo que invita a rotular el periodo que abordamos, a efectos ilustrativos, del siguiente modo: de las elecciones a la prisión y a la muerte.

Pensamiento, vida, hechos y objetos, en imbricación interdependiente, constituyen los elementos básicos reflejados en esta obra».

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2 respuestas a ««Jose Antonio; condenado ayer a muerte», de Francisco Torres García»

  1. José Antonio Primo de Rivera un patriota con HONOR, hijo de su padre D. Miguel, un patriota con HONOR.
    Rezo siempre por ellos, orad por una familia de patriotas con HONOR.
    Viva Cristo Rey
    Solo el Requeté
    DIOS, PATRIA y REY LEGITIMO

  2. un español de PRO …. entregado a la misericordia de Dios, vanas esperanzas ……acaso Dios es misericordioso?¿…hunmmm !!,en este caso no se presentó ….si la ruindad humana por una vez no foránea ,quitándose de enmedio a un hombre parece ser justo avanzado para su tiempo ……lo que molestaba a los de siempre ….los salva patrias

    debería resucitarse ,al menos su espíritu debería tomar vida

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