José Antonio y sus creencias religiosas

Hoy nos vamos a centrar en las firmes convicciones católicas de José Antonio, dejando a un lado los planteamientos políticos sobre Religión y Falange.

Efectivamente, tal y como consta en la mayoría de las biografías de José Antonio, el mismo era un católico convencido, que cumplía fiel y escrupulosamente sus deberes religiosos y que por tanto, seguía fielmente lo mandado por la Iglesia.

Su propia hermana Pilar dejó escrito que José Antonio durante toda su vida se mantuvo en estas prácticas que hicieron de él un verdadero católico, sin alardes ni ñoñerías, pero fiel en todo al espíritu de la Iglesia, siendo siempre enemigo de que su vida religiosa trascendiera de su intimidad.

José Antonio cumplía escrupulosamente con el precepto dominical de oír misa, a la que no faltaba ni un solo domingo o día de precepto.

Hasta el último día de su vida su religiosidad fue inquebrantable, pues una de las tres cosas que pidió al conocer su sentencia de muerte fue confesar con un sacerdote.

Para conocer exactamente la contundencia de sus convicciones religiosas, narraremos tres anécdotas de la vida de José Antonio que reflejan claramente su firme catolicismo.

La primera en cuanto a la abstinencia, cuando José Antonio una noche fue invitado a cenar a casa de unos amigos, era viernes de Cuaresma, y uno de los platos era de carne. José Antonio pidió de forma discreta a la anfitriona que le cambiara el plato, entonces ella dirigiéndose al servicio y con una medio burla amistosa dijo: «Oiga usted, al señorito José Antonio tráigale una tortilla, hoy es viernes y no puede comer carne».

José Antonio también en el mismo tono irónico le respondió: «Es posible que me condene señora, pero por un filete … por un filete no vale la pena».

Otra vez durante una comida celebrada en Barcelona con camaradas después del mitin de Falange del 3 de mayo de 1935, en un día de vigilia, cuando uno de los asistentes pidió chuletas, José Antonio sonriendo le reprendió y le dijo: «Hombre, que por una rubia estupenda se pierda el cielo está mal, aunque puede explicarse, pero que lo pierdas por una chuleta… no tiene perdón».

Claramente José Antonio guardaba la abstinencia como ha quedado demostrado, y por supuesto que también observaba el ayuno durante la Cuaresma tres veces por semana.

Por último, y para desgranar la personalidad religiosa de José Antonio y su cumplimiento firme de los mandatos de la Iglesia, contaremos una vivencia absolutamente inédita del Jefe.

Una noche muy calurosa del verano de 1935, terminada la confección del periódico «Arriba», junto con Alfaro, Peláez y Gaceo, José Antonio, después de horas de trabajo, entró en un bar de la calle Alcalá a refrescarse para tomar unas cervezas.

Cuatro dobles de cerveza pidió José Antonio, Peláez colocó una pistola sobre la mesa pues se encontraban en un bar en el que podían ser atacados.

Al poco tiempo, el camarero les sirvió cuatro frías jarras de cerveza, y todos los camaradas tras un brindis gritando «por España», levantaron las jarras para beber.

Pero José Antonio paró la jarra a pocos centímetros de su boca y les dijo: «Yo no puedo beber la cerveza, tengo que comulgar mañana».

José Antonio era fiel devoto de la Virgen de la Merced y siempre llevaba un escapulario de caballero mercedario, escapulario que se encontró entre sus ropas al ser inhumado de la fosa común del cementerio de Alicante junto con una cruz que le dio su hermana Carmen la víspera de su fusilamiento.

A la salida del primer funeral por los caídos de la Falange, una vez terminada la Misa se leyó por primera vez la «Oración por los Caídos» de Sánchez Mazas, y después de ella dirigiéndose a sus más íntimos colaboradores les dijo: «Quienes os salvéis de la catástrofe, celebrad Misas por mi alma».

Las pequeñas anécdotas narradas demuestran sin lugar a dudas la firme convicción católica del Jefe de la Falange.

Así era José Antonio.


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