José Bergamín, un completo miserable… muy al contrario que Franco

Conforme se profundiza en la personalidad del Caudillo, todavía hoy, que se diría que todo se conoce y además está escrito, seguimos encontrando facetas que agigantan aún más si cabe su ya de por sí inmensa figura en todos los aspectos. Hoy nos referiremos a uno más que, no por pequeño, deja de avalar su gran talla como hombre, caballero y estadista.

José Bergamín

José Bergamín Gutiérrez (1895 – 1983) fue uno de esos penosos y patéticos ejemplares que por desgracia abundan en la historia de nuestra Patria. Escritor sin duda en lo estético de valía, perteneciente a la denominada “generación del 27” –a la que él prefería denominar “de la República”–, fue en lo ideológico y humano todo un miserable.

Presidente al estallar la guerra de la inefable Alianza de Intelectuales Antifascistas, lo que dice ya bastante, fue también agregado cultural de la embajada frentepopulista en París. Desorejado marxista, ideología que en su absurdo y estupidez pretendió compatibilizar con el catolicismo, lo que da otra idea de qué bullía en su desnortada cabeza, alardeó de su inquina marxista paseándose por Madrid pistola al cinto –el frente no lo vio ni en pintura, como muchos otros “luchadores por la libertad y la democracia” como por ejemplo Santiago Carrillo–, así como escribiendo la sección “A paseo” de la publicación el Mono Azul, en la cual no se cortaba un pelo en animar a sus correligionarios frentepopulistas a “pasear” a todo aquel que tanto Bergamín como ellos consideraban sus enemigos; que eran todos los que no comulgaban con sus ideas «democráticas». De su ruindad personal da una idea clara el hecho de que desde su poderosa posición muy pocas veces medió para salvar la vida de aquellos cuyos familiares acudían a él implorando por los que habían sido detenidos e iban a morir «paseados». Tanto es así, que en aquel Madrid «republicano» a la soviética, se hizo famoso entre los perseguidos las palabras con las que Bergamín despachaba sin piedad a los suplicantes: “¡No me comprometáis!”.

Al terminar la guerra paseó sus miserias por varios países hispanoamericanos en todos los cuales desarrolló una intensa actividad “cultural” en contra del Generalísimo soltando por su boca y pluma escupitajos hasta quedarse ambas secas.

El caso es que, en 1958, Bergamín, como tantos “antifascistas” antes y después, conocedor de que su regreso, al no tener delitos de sangre directos –y ya para entonces aún si los hubiera tenido–, deseando fervientemente regresar a España a pesar de que tanto la detestaba –esa que prosperaba en paz y armonía gracias al Caudillo a quien tanto odiaba–, no dudó en hacer las gestiones oportunas para lograr tal fin.

Conocida de sobra la personalidad y actividades del personaje, dada su relevancia, su caso se llevó hasta el Consejo de Ministros, en el que los ministros recordaron a Franco no pocas de las invectivas, insultos, calumnias y barbaridades que Bergamín venía soltando contra su persona desde hacía años.

Dicho lo anterior, los ministros esperaron unos segundos a ver qué decía Franco, el cual, con su habitual flema se limitó a manifestar: las injurias contra mi persona no son cuestión de Estado», gesto que lo dice todo sobre el Generalísimo, por lo que se concedió a Bergamín el permiso y pasaporte para regresar, lo que hizo en seguida.

Bergamín, durante la guerra, como presidente de la Alianza

Pero la miseria humana de Bergamín no tenía límites. Con fecha 2 de Enero de 1961, estando en España, publicaba en «El Siglo» de Bogotá un nauseabundo artículo defendiendo hasta lo increíble al a Dios gracias extinto Frente Popular, lo que provocó la siguiente nota del ministro de Asuntos Exteriores, Fernando María Castiella, a Franco: «Recordaré que José Bergamín pidió hace tiempo que se le autorizase a volver a España para acabar sus días en un rinconcito de Andalucía. Se trató el asunto en un Consejo de Ministros. Con gran generosidad por parte de S.E. se le autorizó para que residiese en cualquier rincón de la Península. ¿Cómo corresponde Bergamín a este trato de favor? Preconizando un rápido y urgente cambio de Régimen y la instauración en España de la Tercera República. Envío fotocopia de ese artículo a Pemán, a Luca de Tena y a Yanguas para que vean cómo se las gasta el pájaro».

El ”pájaro” era irrecuperable, por lo que siguió erre que erre, llegando a ser el principal promotor de un pretendido manifiesto de “intelectuales” –firmaron 102 personas, la mayoría no eran “intelectuales” pues ni siquiera se les conocía obra alguna publicada, mientras que otros incluso dijeron que no habían firmado nada figurando su nombre sin su permiso–, coincidente con las algaradas huelguísticas impulsadas por activistas comunistas de Septiembre de 1963 en algunas minas asturianas; por cierto que los mineros eran ya por entonces privilegiados en cuanto a salarios con respecto a otros trabajadores.

En el manifiesto, Bergamín acusaba a la Policía de torturar a alguno de los agitadores detenidos. Investigados los hechos, Manuel Fraga se encargó de refutar tan falsas afirmaciones notificando a Bergamín que trasladaba el asunto al juez de instrucción por si hubiera en el texto del manifiesto un delito de injurias; la emisora comunista Radio España Independiente informó con su habitual veracidad diciendo que «Bergamín había sido amenazado».

El Caudillo presidiendo un Consejo de Ministros

Tal fue la situación en que quedó “el pájaro”, que Bergamín optó por salir de España para huir de la justicia, bien que regresaría de nuevo en 1970 sin que nadie se lo impidiera, no perdiendo un minuto en incorporarse a la pléyade de “antifranquistas” que proliferaban libremente ya por entonces a pesar de la terrible “dictadura” imperante, la cual, extrañamente, no hacía nada por evitar los nuevos vientos que ya soplaban, los cuales conseguían hacer que las “veletas” cambiaran de dirección con suma facilidad, sin el menor remordimiento reivindicando ahora todo lo contrario de lo que habían proclamado hasta ese instante durante décadas.

José Bergamín, que odiaba más a España que a Franco, o mejor decir que odiaba a Franco porque odiaba a España, terminaría sus días como activo defensor de la secesión de Vascongadas, lo que da, de nuevo, una idea de quien fue.


2 respuestas a «José Bergamín, un completo miserable… muy al contrario que Franco»

  1. Extraordinariamente escrito este artículo y extraordinario su contenido.

    Ese es el problema que estamos pagando ahora con intereses, que mientras los miserables y los asesinos literalmente hablando reciben un trato de favor que no merecen, porque este canalla si con Franco hubiera habido menos «caridad cristiana» mal entendida (porque San Agustín decía que la «limosna» antes de darla debía sudarse en la mano para no desperdiciarla en cualquiera que no la mereciera realmente) y más verdadera JUSTICIA, no se es que no se le hubiera dejado regresar a España, es que España habría ido a donde estuviera a arreglar cuentas de esos asesinatos que él cometió e impulsó y jaleó a otros cometer sólo porque era un miserable y un canalla.
    Pero ya lo hemos visto con el artículo del hijo de Tejero, nos pasamos la víspera en misa, en lugar de mejorando el filo de la bayoneta, y luego vamos regalando perdones a los que no tienen ninguna piedad con nosotros, entre millones de ejemplos el del abuelo de Pablo Iglesias, y podríamos añadir también al padre del FRAP, al que se le indultó estando como estaba manchado de sangre ajena hasta las orejas, y encima luego lo hicieron funcionario, mientras que los que regresaron de la División Azul a lo más les buscaban un trabajo de portero de finca urbana y malvivir con 3 pesetas, estas son las grandes injusticias de la vida (un inciso sobre esto, la culpa no tanto de Franco sino de la realidad de que «Salamanca no presta lo que la naturaleza no da», es decir salvo los militares de África de aquella generación que a diferencia de ahora sí formaban un colectivo, que también está por estudiar y por «poner en valor» como dicen los progres, con un gran sentido ético que ellos derramaron en ejemplaridad en las trincheras y que detrás del cual está la superioridad militar y moral del Ejército Nacional y la clave de sus éxitos frente el Ejército rojo, a pesar de que en los dos primeros años de la guerra el Ejército Nacional combatió siempre en muy inferioridad numérica, -y de medios, eran los rojos los que contaron con la primera División de carros de combate de España al mando del ruso Pavel Romistrov, alias «Rudolf» -, pero no de héroes y de personas enormemente grandes aunque su estatura no fuera la de 1’80; pero como decía, salvo los militares de Africa y los falangistas y tradicionalistas que había al principio y que eran muy pocos, el Movimiento Nacional incorporó sociológicamente a sus filas , a la «derecha» en parte responsable también de la situación de España por su caciquismo, su falta de sentido ético en no pocos de ellos, y por muchas cosas más. Algo así como si España incorporara al PP y a Ciudadanos, que efectivamente es lo que pasó aunque entonces se llamara CEDA o Partido Radical de Lerroux, que había gente de mucha valía (como Serrano Suñer o Pemán), pero también había muchos «Píos García Escudero» y «Cucas Gamarra», que ocuparon puestos de responsabilidad aunque fuera a nivel local y no tan local como fue el caso de Ministros como Ruiz Jiménez o Arias Navarro, secretario de Azaña, y que no porque se disfrazaran poniéndose una camisa azul iban a dejar de ser lo que eran porque aunque la mona se vista de seda mona se queda, antes de la guerra no había falangistas y de pronto ahora todo el mundo decía que lo era, y ya sabemos, porque lo vemos todos los días, que los aprovechados se las pintan solos para ponerse los primeros si hay algo que trincar, si es ya para ir al frente se colocan al final o dicen que tienen una rodilla mal y que no pueden ir. En esto y en que primero en la guerra y después en la División Azul España perdió a los mejores, también intelectualmente hablando, está el origen de estas injusticias, y de hecho estos traidores fueron los que entregaron a España al Comunismo otra vez en 1976 con la Reforma Política, cierro el inciso).
    La guerra de España es un poco como la Economía, que dentro de ella está la «Macroeconomía» y la «Microeconomía», y se han escrito muchos libros de la guerra civil (de la mal llamada guerra civil) de la perspectiva de la «Macroeconomía» (de los grandes enfoques quiero decir, no desde el punto de vista económico), es decir de sus batallas, de sus fases, de sus grandes acontecimientos, etc. pero no se ha contado todavía (salvo algunas pinceladas aquí y allá) de la guerra civil desde la perspectiva de la Microeconomía», como nos la ha contado el Coronel D. Lorenzo Fernández Navarro, es decir en el detalle de las personas concretas. La distinción es importante y hemos tenido ocasión de comprobarlo con los jugosos artículos del Coronel D. Lorenzo Fernández Navarro de los Paños intercalando sus recuerdos familiares de la guerra, datos que si él no nos lo hubiera proporcionado, no podemos encontrar en los libros al uso. Desde este punto está por escribir, o vasto es todavía el territorio que se puede cubrir desde esta óptica , nuestra guerra civil porque se empezó a hacerlo, con el libro de «Causa General, avance sobre la dominación roja en España», que como su nombre indica era sólo un avance, un aperitivo que si no se hubiera abandonado coincidiendo con la victoria de los rojos (de los rojos mundiales quiero decir, rojos españoles incluidos) en la 2ª Guerra Mundial, habría cubierto no el único tomo que existe y se publicó, sino toda una colección de ellos. Se abandonó seguir coincidiendo con la victoria del rojerío de 1945, y se abandonó también, esta vez por la Iglesia y su capacidad de «adaptación» a los nuevos tiempos, el exponer el tremendo holocausto de la persecución religiosa en España. Las beatificaciones que se hicieron en tiempos de Juan Pablo II, 50 años después de cometidos los crímenes, se hicieron entonces (cuando muchos de los testimonio directos y de los testigos presenciales se habían perdido porque estas personas habían muerto de viejas), porque no se habían hecho antes, es decir , porque se habían dejado a propósito sin hacer, y la Iglesia no quería quitarle atención al Holocausto «fetén» que era el de los judíos, si se ponía sobre la mesa el suyo y además se hacía notar que los que se rasgaban las vestiduras por aquél, eran precisa e hipócritamente los que estaban detrás del tremendo holocausto sufrido por los cristianos en España , y los que estaban dando cobijo y asilo de impunidad a los asesinos, aunque de esto no se hagan películas, ni se enseñe en las escuelas, pues claro la cosa no hubiera podido venderse como se ha vendido. (por ejemplo sabemos que la la Embajada Norteamericana siguiendo instrucciones del Presidente Roosevelt fue la única junto con la soviética que se negó a aceptar ningún refugiado perseguido por el Frente Popular, fueron las dos únicas en negarse a cobijar gente, pero ¿se ha estudiado la connivencia si la hubo entre los servicios de inteligencia de la embajada yanqui y la policia roja? , ¿Se ha estudiado qué participación tuvieron los numerosísimos judíos de las Brigadas Internacionales en la persecución religiosa en España?, porque sabemos que los Brigadistas participaron en los crímenes, pero no sabemos, o no se ha dichos, quiénes de ellos participaron, ¿por qué no se hace? o por qué nadie se atreve a hacerlo no vaya a arrojar datos que no convenga conocer, como con todo).
    A donde quiero llegar es que la historia de este personaje, del chekista Bergamin, como el chekista Rafael Alberti, es la historia de la guerra civil de las personas concretas, desde su perspectiva «microeconómica» de las detenciones arbitrarias en los propios domicilios que con estos personajes no ofrecían ninguna garantía de seguridad, (en los pueblos incluso era obligado entregar una llave de la casa al Comité rojo local, y este entraba alas casas ajenas como si fueran las suyas, y se llevaban a quien hiciera falta, o robaban los enseres de la casa sin ninguna limitación), las palizas de los interrogatorios, las violaciones a las mujeres, y lo que es todavía peor, a las niñas que este es otro tema tabú, en el bando nacional por pudor y respeto a las víctimas, y en el bando rojo porque pura cara dura e hipocresía para poder seguir sosteniendo la imagen que se han creado de ellos mismos para tapar la realidad y engañar a los incautos.
    Como Pablo Hasel, José Bergamin era un niño de papá, su padre, Francisco Bergamín García, fue Ministro de Alfonso XIII, en carteras tan importantes como la de Hacienda y antes la de Gobernación, y Senador vitalicia desde 1914. Uno de los muchos ministros traidores que tuvo Alfonso XIII, porque Francisco Bergamín como Abogado ya en la Dictadura de Primo de Rivera, defendía a los revolucionarios republicanos y de izquierdas. Precisamente acompañando a su padre en sus visitas a sus «clientes» a la cárcel dicen (Hortensia Campanella «José Bergamin las paradojas de un peregrino») que Bergamin se hizo comunista, y se involucró en las actividades revolucionarias y clandestinas (aprovechando en buena parte la impunidad que le otorgaba su posición social en una época como aquella), y ya en 1930 tuvo que salir de España disfrazado con una sotana que un cura rojo le dió para ayudarle a huir. Otro inciso: está por escribir el daño que a España y a la Religión le han hecho los curas rojos y estúpidos (perdón por la redundancia).
    Por tanto José Bergamín, que como escritor y poeta, en contra de lo que se ha escrito por razones de propaganda, tiene el mismo valor literario que los tuits de Echenique, forma parte de de esos personajes siniestros que a través de sus actos y de sus víctimas se puede hacer un recorrido por la «microeconomía» de la guerra de España, que está en buena parte por escribir. Para que el lector se haga una idea puede leer el principio del artículo publicado en esta página de El Español Digital, el pasado 22 de febrero, sobre el Chekista Julián Grimau, y repasar el relato de personas concretas (la mirada «microeconómica» de la guerra) que sufrieron el terror de las chekas. Con Bergamin, (y con Alberti y tantos otros «intelectuales» rojos y asesinos) se podría hacer lo mismo si no se hubiera perdido el testimonio de qienes fueron testigos de sus crímenes, porque la mayoría de los que en lugar de testigos fueron víctimas, no vivieron para contarlo. Esta es la verdadera Memoria histórica que la extrema izquierda quiere tapar con la patraña de la suya.

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