José L. Segovia Bernabé, un no-cura nocivo

La reciente profanación de la iglesia de Nuestra Señora de Madrid o Madona, sita en el paseo de la Castellana de Madrid, en la que se celebró una infame ceremonia de exaltación sodomítica, incuida ofensa a dos insignes mártires a los cuales el lobby sodomítico se empeña en considerar practicantes en su día de tal desorientación sexual, ha puesto de nuevo en primera línea a un personaje nocivo donde los haya, el Rvdo. P. José Luis Segovia Bernabé.

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La reciente profanación de la iglesia de Nuestra Señora de Madrid o Madona, sita en el paseo de la Castellana de Madrid, en la que se celebró una infame ceremonia de exaltación sodomítica, incuida ofensa a dos insignes mártires a los cuales el lobby sodomítico se empeña en considerar practicantes en su día de tal desorientación sexual, ha puesto de nuevo en primera línea a un personaje nocivo donde los haya, el Rvdo. P. José Luis Segovia Bernabé.

José Luis Segovia Bernabé

José Luis Segovia Bernabé –sacerdote de los de siempre de paisano, o sea, de los cobardes que renuncian a la primera y más básica forma de evangelización que es la de vestir de lo que se es–, actual Vicario de Pastoral Social e Innovación (¿?) del arzobispado de Madrid-Alcalá tras su designación por el cardenal Osoro, vicaría que no existía hasta que éste la «innovó», es, sin lugar a dudas, el alter ego de tal prelado; por ello y para ello le nombró; también para lanzar un mensaje nítido de quién es el propio Osoro y de por dónde iban a ir los tiros de su mandato, que esperemos sea breve porque no hay cristiano que lo aguante, así que nadie se asombre de lo que estamos viendo y oyendo.

Que cabeza para el estudio tiene «Josito», como le llaman y le gusta que le llamen –lo de «padre» le rechina, no en balde va de «progre», «llano» y «cercano»–, lo demuestra su formación académica que nadie puede negar que la tiene amplia, pero como a otros muchos seres humanos con tal capacidad para el estudio, el problema es que lo estudiado, que no es lo mismo que aprendido, se le ha indigestado, produciendo en él dosis de soberbia y cretinez que le ahogan e incapacitan para sacar provecho, él y los demás, de tanta erudición.

Lo cual no deja de tener sus ventajas para los demás, pues debido a ello este cura –que no ejerce de ello habiendo renunciando a la mayor de todas las dignidades que pueden recaer sobre un ser humano, la de ser sacerdote–, despide un tufo nauseabundo de tal intensidad que permite, a quien tiene las pituitarias en forma, olerle de lejos si se conserva un poco de recia formación católica de verdad, se está alerta y se carece de ambiciones que no sean otras que la de convertirse para salvarse.

Ese tufo se deja sentir, se pone en evidencia, mediante una verborrea diarreica descomunal, por el uso de palabros altisonantes y grandilocuentes con las que busca impactar tanto en el pobre que por cualquier motivo tiene que oírle, como aún más en el imbécil que quiere escucharle; palabros, que no palabras, en buena medida inventados por él mismo en un alarde no de erudición, sino de estupidez. También se caracteriza ese hedor por lo que le gusta escucharse a sí mismo, porque lo dicho para los demás tiene su muchos efectos en él, que oye lo que dice encandilado como si viniera de la boca del propio Aristóteles o de Platón, creyéndose incluso superior a ellos.

Así, su dialéctica rezuma teología de la liberación por todos los poros, es manifiestamente modernista de la «a» la «z» y su semántica hace gala de agudos eufemismos con los que cuela barbaridades descomunales envueltas en papel celofán, igual que sandeces mayúsculas camufladas con papel de seda. Es un marxista teórico y practicante, y por ello un intolerante, totalitario y demagogo, bien que como sus admirados tiranos lo oculta eficazmente, por ahora, con ademanes de cordero para que no se le vea la zarpa de lobo. Todo lo cual le convierte en peligroso embaucador de ingenuos e ignorantes, así como de interesados, pelotas y cobardes. Además, está convencido de que el hombre sólo vive de pan. José Luis Segovia Bernabé, lo de «padre» lo evitamos, rezuma demagogia, vaciedad, hipocresía y no poca estupidez; le falta caridad de verdad, tergiversa el Evangelio y predica sólo la parte que le interesa para sostener sus errores.

Javier Barbero

Y por todo ello, cómo no, tiene en su currículum haber sido el responsable de la comisión contra la “violencia machista” y del magnífico entendimiento entre el arzobispado de Madrid y el marxismo encubierto o destapado actual que rige, cuando menos, la alcaldía. Viene siendo casamentero y celestino entre dicha diócesis y los podemitas, entre cuyos esbirros tiene especial relación con Javier Barbero, concejal de Seguridad, Salud y Emergencias, amigo suyo personal desde hace tiempo –Dios los crea y ellos se juntan–, con el cual es co-autor de un libro sobre ideología de género, cómo no, quien a su vez fue fraile camilo en su día –no hay nada peor que un seminarista o cura renegado–, para después defender a los okupas del Patio Maravillas, llamar «fascistas» a los policías municipales que dirige como concejal y mano izquierda –otra no podría ser– de Carmena; todo un personaje rancio, nostágico de la checa y el gulag.

Entre las perlas del protagonista de este artículo, el ínclito José Luis Segovia Bernabé, están las siguientes: los pontificados de Juan Pablo II y Benedicto XVI fueron “neoconservadores”, “reduccionistas” y “restauracionistas”, habiendo supuesto según él “una verdadera ralentización del proceso de renovación iniciado después del Concilio Vaticano II”;  «la Iglesia del repliegue neoconservador de la era de Juan Pablo II y Benedicto XVI ha puesto el acento en los males de la cultura de nuestro tiempo: lo que eclipsa el rostro de Dios es que no se hable de Él, el relativismo moral, la secularización» –y lo dice precisamente él, tiene narices–, mientras que «la llegada del Papa Francisco ha supuesto un giro pastoral y estratégico: lo que eclipsa el rostro de Dios, fundamentalmente, es el sufrimiento visible, la injusticia de nuestro mundo”, o sea, pura teoría de la liberación, y, cómo no, siempre la misma tabarra una y otra vez hasta colarla “el periodo que ocupan los pontificados de Juan Pablo II y Benedicto XVI. Son casi 35 años (1978-2013) de la vida de la Iglesia que suponen una verdadera ralentización del proceso de renovación iniciado inmediatamente después de la celebración de Concilio”, que por supuesto no dice Vaticano II porque lo da por supuesto, ya que para él sólo puede ser ese, los otros diecinueve anteriores no existen.

Para el caso español, lógicamente, aplica la medicina más dura, además de la palabrería más cursi y chocante, cuando afirma que «En España, la Iglesia militante de los años 70 se desfondó en un activismo apresurado que vivió los excesos del enfrentamiento con el restauracionismo eclesial. La Iglesia confesante de la etapa de Juan Pablo II y Benedicto XVI sufrió de reduccionismo intraeclesial y de arrinconamiento de lo social para los especializados”.

Altar profanado de Ntra. Sra. de Madrid

Cursilería que llega a la horterada cuando afirma que “es preocupante que la liturgia oficial, con sus formulaciones muchas veces frías, formales y medievales, impidan que el homo liturgicus tome parte activa en el destino del homo technicus” (¿?); ven cómo lo que hemos dicho es cierto. Pues aún hay más “a pesar del esfuerzo de los predicadores, no se está haciendo eco de la evolución de la teología ni del mundo. En general, se sigue hablando y predicando de paradigmas moralizantes, anticuados, premodernos y desde una interpretación literalista de la Sagrada Escritura. Quizá se explique esta paralización por fijaciones doctrinales que impiden la adecuación a las cambiantes y nuevas circunstancias, así como por el perfil de los “oyentes”.

Por todo lo anterior, que nadie se extrañe de que este triste personaje haya sido el inductor de la profanación llevada a cabo recientemente en la parroquia de Nuestra Señora de Madrid o Madona, en pleno paseo de la Castellana donde se celebró una ceremonia de exaltación de la sodomía por una asociación de sodomitas pretendidamente «cristianos», de la que en breve daremos cuenta. Aunque se afirma que al arzobispado no la bendijo, no sólo no la prohibió, sino que más aún la permitió, de ahí su pecado. Y aunque el párroco al parecer no estaba de acuerdo, lo aceptó y no ha dimitido una vez que se le ha impuesto semejante barbaridad, si es que fue así, de ahí también el suyo.

Con elementos perniciosos como éste, incluyendo a Osoro, nadie se puede asombrar ni de lo que por desgracia ocurre, ni sorprenderse de lo que va a seguir ocurriendo, porque esto no ha hecho sino empezar.

 

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75 thoughts on “José L. Segovia Bernabé, un no-cura nocivo”

  1. No tienes ni idea de quién es Josito, deja de escribir tonterías y dedica tu tiempo a otra cosa, que para estas cosas está el Sálvame, ves y echa un currículum a ver si te cogen.

    1. Estimado seguidor: sentimos que su opinión esté compuesta sólo de afirmaciones categóricas, que no argumenta, lo cual le pone en evidencia. Pasar mucho tiempo viendo pseudoprogramas tan poco instructivos y edificantes como ese que nombra, produce esos efectos. Háganos caso y, cuando dé opiniones donde sea, tiene que argumentarlas, si no es así, dejan incluso de serlo y pasan a la categoría de simples sonidos ininteligibles. Saludos cordiales.

  2. Una opinión argumentada desde la falta de respeto y el insulto – como la que se expone en este artículo- no es una opinión respetable ni cristiana en absoluto… ni, desde luego, merecedora de mayor comentario.

    1. Estimado seguidor: lo de falta de respeto hay que argumentarlo, so pena de cometer el mismo «pecado» que achaca. Insulto no hay ninguno, para ello basta con ir al diccionrio y repasar dicha definición. Todas las opiniones son respetables ¿no habóamos quedado hace cuatro décadas en eso? La corrección fraterna, es decir, decirle al otro que está errado, es lo más cristiano-católico que existe, pues es mandato evangélico. ¿Si no merece comentario para qué lo hace? Y… ¿por qué lo de anónimo? O sea, ¿por qué esconderse? «Josito» es lo que dice el artículo y peor aún, si es que cabe. Así nos va. En cualquier caso: respetamos su opinión, defendemos el derecho a expresarla, no estamos de acuerdo con ella, pero no vamos a descalificarla, la agradecemos y le sugerimos la posibilidad de que revise la misma no sea que esté equivocdo. Saludos cordiales

    1. Estimada seguidora: ¿De verdad? Argumente, no pontifique. Aporte, no anatemice. Las afirmaciones categóricas sin respaldo desacreditan. ¿Envidia? No, en absoluto, vergüenza ajena y compasión, deseo de que se convierta y, sí, claro, indignación por ver a alguien que hace lo que hace con los demás, porque si lo que realiza sólo fuera para sí, allá él, pero que disperse y confunda es deleznable. Saludos cordiales

  3. Poca gente como el Padre Segovia, más como él, por favor. Usted se dedica a difamar sin conocer como vive y como se entrega a los demás, especialmente a los más necesitados. En eso toma el Padre Segovia buen ejemplo de Jesus de Nazaret, de quien Usted no ha dicho una sola palabra en su escrito que contiene injurias, calumnias y difamaciones por pura ignorancia. Ojalá se convierta Usted, piense más en las heridas que deja su pluma al escribir, piense menos que el hábito hace al monje (por lo de la necesidad de vestirse de cura -que yo le he visto muchas veces al Padre Segovia vestido y revestido de tal, y se una Usted más a Dios, que es amor. Quizá de esa manera llegue Usted a ser un referente como lo es el Padre Segovia, en el camino espiritual de quien, como una servidora, ni es una pelota, ni es una ignorante, ni es una imbecil, y conoce bastante mejor al Padre Segovia que Usted. Su escrito puede rezumar mucha liturgia, pero le aseguro que no es un escrito cristiano. Por otra parte, las distintas sensibilidades en la Iglesia, la enriquecen. No es tan malo ser de izquierdas si el Padre Segovia lo fuera, como no es malo que Usted sea de derechas, y le aseguro que ėl no ha buscado el cargo que lleva con entrega ejemplar, haciendo mucho más que muchos, entre los que creo que puedo incluirme e incluirle a usted, por la Iglesia de Madrid. Ni es intransigente, ni intolerante, ni es un demagogo, ni disfraza nada al hablar, sino que el bastante claro dentro siempre de un tono cordial y muy constructivo, que sale del amor que pone en lo que hace. Y por otra parte, el Vaticano II, pienso, esta poco explorado, a ver si el Sínodo de la Amazonia consigue que profundicemos un poco más en él. En fin, señor Juan Cruz, ojalá San Juan De la Cruz, ese vigoroso místico, cuyo nombre comparte, a quien le encomiendo desde hoy mismo, día en que he tenido la suerte de leer su artículo, y de poderlo contestar, le haga comenzar la subida al monte Carmelo y le acompañe hasta la cima, donde no quede de su ego, nada, y donde todo sea Dios y Usted en eterno abrazo de amor.

    1. Estimada seguidora: pues allá usted. Lo normal es que los lobos se vistan de corderos, balen y lo parezcan, porque lo anormal, y no son tontos, es que den la cara como lo que son, lobos; al P. Segovia le ocurre mucho de lo dicho. Lo de las «diferentes sensibilidades» es parte de esa piel de cordero que ha «protestantizado» a la Iglesia como es evidente, ya que cada una de ellas va por donde mejor le parece, y ninguna por dónde debiera: un solo pastor, un solo rebaño. En cuanto a profundizar en el Vaticano II… pues si con los resultados más que conocidos después de «profundizar» en él durante décadas no es suficiente no sé a dónde vamos a llegar… bueno sí, a la Pachamama que es donde estamos. Claro que cada cual es libre de escoger su camino. Saludos cordiales

  4. No tienes ni puta idea de todo lo bueno que ha realizado Josito, antes de publicar tan nauseabuendo articulo deberias informarte un poco de todo lo que hace josito por los más desfavorecidos, por los pobres y por la gente sin techo. Eres un puto mierda que lo único que te mereces por desprestigiar asi a una persona tan humana como es Josito, que no le llegas ni a la suela de los zapatos es que te abran la cabeza.

    1. Estimado seguidor: nuestra política de comentarios es muy laxa, por lo que en un principio y ante los términos de su comentario íbamos a borrarla, pero… mejor no, que quede constancia de lo siguiente: a) el insulto es el rebuzno del hombre, b) el insulto es la razón de los sin razón, c) ergo, lo que usted dice de Josito es falso porque su único argumento para defenderlo es el insulto y d) el «bien» que haya podido hacer Josito, según usted mismo nos dice, es sólo pura filantropía, no caridad, porque va dirigido sólo a lo material, según usted mismo acredita, desechando lo más importante que es lo espiritual, el alma; y es que el lobo no es tonto y siempre se presenta con piel de oveja. Por último: si usted y su comentario es el resultado de la labor pastoral de Josito, usted mismo la desacredita y nos da toda la razón; que por otra parte tenemos. Saludos cordiales

  5. Ya que usted condena de modernista a este hombre, que por otro lado es sacerdote, sepa que afirmaciones tales como que hay un derecho a expresar la opinión son problemáticas a la luz de los puntos 11 y 12 de la encíclica Mirari Vos (1832) de Gregorio XVI.

    Entendiendo que existe ese derecho no hay justificación posible a los índices de libros prohibidos y a la quema pública de escritos perniciosos para la fe. Es habitual la indignación ante estos hechos, pero eso supone admitir un error tan craso en la historia de la Iglesia que los errores de este pobre hombre serían de dudosa relevancia.

    Por lo cual decida usted si mantiene la tesis del derecho a expresar la propia opinión, porque en ese caso la Iglesia es una institución que ha ido en contra del derecho.

    Una vez decidida esa cuestión, si ha tomado la resolución de que la Iglesia ha obrado como corresponde al derecho, pregúntese qué derecho tiene usted a publicar un escrito que presumiblemente va a provocar escándalo. Aparte de la introducción de un titular sesgado, como es decir «no-cura» de un hombre que ha recibido el sacramento del Orden y que sigue ejerciendo su ministerio.

    No se preocupe de publicar este comentario o no hacerlo, yo no voy a esgrimir un derecho que no creo tener.

    Un saludo cordial.

    1. Estimado seguidor: como ve el comentario se ha publicado ipso facto; reconocemos el derecho a esa libertad de expresión para todos, también para los que, con formas adecuadas, disientes, como usted. En cuanto a las prohibiciones de la Iglesia sobre algunos libros no tiene nada que ver con la libertad de expresión, porque la Iglesia lo que ha prohibido, y bien, algún tiempo, es: a) que los fieles leyeran ciertos libros considerados nocivos, tóxicos, para la salvación de las almas, no su publicación y b) su publicación de parte sólo de clérigos y teólogos, o sea, de los de dentro, derecho que le asiste como asiste a cualquier institución que es que los propios no publiquen contra ella misma; hasta en un club de ajedrez así lo se hace, porque si se está dentro y no se está de acuerdo en lo básico, en lo doctrinal, caso de la Iglesia, debe uno irse y disentir desde afuera. No-cura porque aunque sea cura, que lo es, y su orden sacerdotal lo tiene para siempre, no ejerce como tal su labor, no predica el Evangelio como es, no practica la doctrina, etc., no-cura es que aunque lo sea, no lo es en su ejercicio; es una expresión clara, a no ser que se lea, como parece su caso, como si negáramos que no tiene esa condición. Modernista por todo lo dicho, vea sus vídeos, vea lo que dice, analícelo en detalle. Sepa que el modernismo es posiblemente la herejía de las herejías, compendio de todas las habidas y la más peligrosa y eficaz por su extremada sutilidad que, entre otras cosas, la hace muy difícil de descubrir hasta que el mal está hecho y no tiene mucha reparación. Saludos cordiales

  6. Se bifurcan las cuestiones. De entrada me disculpo por la longitud, hay al final una recapitulación.

    En primer lugar, no se trata de lo que usted reconozca. El derecho a la libertad de expresión no hace acepción ninguna de lo que se dice; por tanto caben dentro de ella las más dispares aberraciones, según la formulación moderna con que usted la presenta, en la cual es el propio hombre el que decide desde su libertad soberana lo que quiere hacer, sin atender a criterio que no sea su propia conciencia. Si bien es cierto que aludiendo a la libertad de imprenta, se lee en Mirari Vos 11: «Debemos también tratar en este lugar de la libertad de imprenta, nunca suficientemente condenada, si por tal se entiende el derecho de dar a la luz pública toda clase de escritos». Siempre que usted conceda que una página como la suya entra dentro de la luz pública y los comentarios, amparados por la libertad que usted defiende, se pueden considerar una clase de escritos.

    En segundo lugar, la Iglesia no tiene derecho solo sobre sus fieles. Porque no son los fieles los que han constituido la Iglesia, sino el mismo Jesucristo. De forma que el derecho que tiene la Iglesia a velar por el orden doctrinal no está limitado a los fieles católicos, siendo cosa distinta cómo se ejerza. Ejercicio, por cierto, que no está sometido ni a su juicio, ni al mío. Salvo que usted pretenda que en este mundo la Iglesia adquiere validez tan sólo por la participación de sus fieles, siendo por tanto una institución humana. Tomemos Quas Primas 15: «El imperio de Cristo se extiende no sólo sobre los pueblos católicos y sobre aquellos que habiendo recibido el bautismo pertenecen de derecho a la Iglesia, aunque el error los tenga extraviados o el cisma los separe de la caridad, sino que comprende también a cuantos no participan de la fe cristiana, de suerte que bajo la potestad de Jesús se halla todo el género humano».

    Como poco se puede decir que la Iglesia no tiene como límite en su sana censura a los católicos, ni siquiera en países que no sean católicos, porque lo que lo que la Iglesia hace no está justificado por un asentimiento de conciencia de los fieles. En consecuencia, aunque un hombre no pertenezca de derecho a la Iglesia no por eso la Iglesia no puede limitarle su expresión. Esto en vía de principio, pues cada situación exige la aplicación de los principios.

    Pero si esto es cierto, su afirmación de un derecho a la libertad de expresión estaría por delante del derecho de la Iglesia a limitar su expresión, no en una cuestión concreta, sino como principio. Pero si esto es así, podría decirse que cualquiera tiene derecho a «decir Misa». Si opone usted sentimientos religiosos, está usted reconociendo implícitamente que los del pretendido celebrante son válidos. Por lo cual, sólo se le podría prohibir la ofensa a Dios en virtud de que alguien se sintiera ofendido. Si opone usted los derechos de Dios, está claro que no existe tal derecho de expresión ilimitado, según usted propone.

    Cosa distinta es que esté usted considerando que antes está el ordenamiento jurídico del Estado que la competencia de la Iglesia en cuestiones que atañen a la salvación. Porque la libertad de expresión, amparada por el ordenamiento jurídico del Estado, contiene bajo sí cosas que son contrarias a la fe, aunque sólo fuera por el escándalo. Por lo cual, si usted la defiende sin cortapisas está haciendo suyas también las manifestaciones no sólo de los que puedan ofender a Dios de palabra, sino el escándalo que puedan provocar.

    En tercer lugar, afirma usted que no ejerce como tal su labor. Entonces surge la pregunta de quién le ha hecho a usted juez en esta materia. Tomemos Apostolicam actuositatem 24: «la Jerarquía encomienda a los laicos algunas funciones que están muy estrechamente unidas con los ministerios de los pastores, como en la explicación de la doctrina cristiana, en ciertos actos litúrgicos, en cura de almas. En virtud de esta misión, los laicos, en cuanto al ejercicio de su misión, están plenamente sometidos a la dirección superior de la Iglesia». Tal vez alguna autoridad de la Iglesia le haya encargado que juzgue a los curas, que determine qué es buena doctrina, que determine si los curas ejercen de curas y además publicarlo amparándose en la libertad de expresión en un medio que no de la Iglesia. Si es el caso, retiro por completo mi objeción.

    Recapitulando, en primer lugar: la libertad de expresión es de suyo ilimitada, cosa que choca con el ilimitado derecho de Dios. En segundo lugar: la Iglesia por su misión recibe de Dios ciertos derechos que son independientes del ordenamiento jurídico contingente. En tercer lugar: no habiendo recibido usted de la Iglesia la potestad específica para juzgar, y condenando a un miembro de la Iglesia, parece que lo hace usted amparándose en un sentimiento religiosos (y según parece, esto sí que es modernismo)

    Un último punto, dice usted que «si se está dentro y no se está de acuerdo en lo básico, en lo doctrinal, caso de la Iglesia, debe uno irse y disentir desde afuera». No quiero ni pensar que diga usted que haya alguien que deba irse de la Iglesia, o ¿es que la opinión de esa persona le concede derecho a ofender a Dios?

    1. Estimado seguidor:
      Muy fácil:
      a) La libertad de expresión NO es ilimitada; faltaría más, o mejor decir que así nos va. No se pueden expresar barbaridades en aras a dicha supuesta libertad ilimitada, como ocurre hoy en día con los resultados que conocemos.
      b) Por ser obra de Dios, y ser Cristo su cabeza, la Iglesia tiene derechos que no tienen otras instituciones finitas, limitadas, sólo humanas.
      c) Como muchos, no conoce usted lo que significa «juzgar». Tenemos que discernir a la luz de los hechos que vemos lo bueno y lo malo, que es distinto a juzgar, de otra forma, como usted pretende, apañados íbamos.. en realidad vamos.
      d) Último: sí, claro que deben irse de la Iglesia los que no comulgan con su doctrina, que es la de Dios, claro que sí, deberían irse, cosa que han hecho durante siglos los herejes que conservaron al menos un ligero rasgo de decencia, de la cual que carecen los herejes mayoritariamente modernistas de hoy en día, que se quedan para destruirla.
      Saludos cordiales

  7. Le agradezco la sintética respuesta. Yo abusaré un poco más de su confianza si lo permite.

    a) Coincido. Me gustaría que me respondiera, si le es posible, cuál es el criterio por el que unas cosas entran dentro de la libertad de expresión y otras no.
    b) Coincido. Tal vez el derecho de examinar a sus sacerdotes sea prerrogativa de la Iglesia, y no de cualquiera por el hecho de tener un periódico.
    C) El juicio es la segunda operación del entendimiento. Se pueden distinguir de un lado la composición o división de conceptos, de otro lado la existencia de esta composición o división. Ya sabrá usted eso de sujeto y de predicado, y todas las desavenencias entre el tomismo y la lógica matemática contemporánea. Por mis estudios tengo algún conocimiento, mínimo, de estas materias.
    No obstante, usted establece entre discernir y juzgar una diferencia que no tiene fundamento en la realidad. Le reto si no a que me diga cuál es. Voy a suponer aquí que usted tiene unos rudimentos de la filosofía que la Iglesia recomienda para la enseñanza. Ambas son cosas que hace el entendimiento, luego la diferencia no está ahí. Las operaciones del entendimiento son tres, simple aprehensión, juicio y razonamiento. Evidentemente el discernimiento no es ni simple aprehensión ni razonamiento. Luego, o bien el discernimiento es un tipo concreto de juicio o bien son idénticos. Esto se lo dejo a su elección.
    Lo verdaderamente importante, no obstante, no es eso. Es evidente que tenemos que juzgar o discernir sobre algunas cosas, pero no sobre todas. Tal y como usted lo presenta, no parece haber limitación ninguna a su «tenemos que discernir a la luz de los hechos que vemos lo bueno y lo malo». Esto puede hacerle pensar a uno, ya ni siquiera en un derecho, sino en una obligación de formarse un juicio o discernimiento o criterio (según el libro de Balmes) acerca de cuestiones que no son de nuestra competencia. Y esto es aún más grave cuando se entiende que esa obligación se extiende a informar a los demás de esas cosas que se escapan a nuestra labor. Otra vuelta de tuerca dan los que piensan que tienen la obligación de lanzar dicterios, por mucho fundamento que tengan en la realidad, sobre cuestiones en las que nadie autorizado les ha pedido su opinión.
    Usted, por otro lado, habla de bondad o maldad en el discernimiento. Sabrá usted que bueno significa aquello que es apetecible. Una cosa es lo bueno para usted, otra cosa lo bueno para su familia, otra lo bueno para la sociedad. Claro que hay un bien común del cual todos participan, pero el juicio sobre ese bien común corresponde a la autoridad que gobierna sobre esa comunidad. Las cosas que atañen a su bien individual deben ser deliberadas, utilizo aquí el término precisamente, por usted. Las cosas que atañen a un bien común deben ser deliberadas por la autoridad. Tres son las virtudes teologales. La fe no la puede perder usted porque este hombre actuara mal, salvo que su voluntad lo permitiese, pero la fe es del entendimiento. La esperanza la puede perder usted si presta atención a cosas a las que no debe, como el deprimido que presta atención a su tristeza; justo como comenta algún Padre de la Iglesia de Judas Iscariote, quien se deleitaba en su misma tristeza. Su caridad tampoco está amenazada por las acciones de este hombre.
    Tendría sentido que usted se defendiera de lo que dice si afectara a su amistad con Dios, pero queda otro medio mucho más proporcional, que es dejar que se encargue la autoridad competente y alejarse de la disputa. Ya que estamos, recoge Santo Tomás es su Catena Aurea, citando a San Agustín: «Mansos son aquellos que ceden a las exigencias injustas, no resisten el mal y vencen las malas acciones con las buenas».
    Porque, insisto en lo que he dicho: nadie que tenga esa misión, la de juzgar la ortodoxia de los sacerdotes en la Iglesia, le ha pedido que informe usted sobre la corrección en el ministerio de este hombre. Si lo hubiera hecho, sería otra la cuestión.
    d) Si me permite tomarme las confianzas, aparenta usted una actitud de rebeldía frente a la Iglesia. Un símil sería el niño que castiga a su hermano sin esperar a que su padre haga algo. Cuando su padre lo descubra, que ha suplantado su autoridad, alguna acción tendrá que tomar contra él.
    Un mínimo rasgo de decencia lo conservan aquellos que no desnudan a su padre a la mínima ocasión, o a la máxima, eso es igual. Cuando Noé se embriagó, Cam se llevó una maldición por anunciar su desnudez a sus hermanos.
    No digo que usted sea un rebelde, pero considere que este artículo suyo lo pueden leer muchas personas, ya ni siquiera hermanos, por mantener la analogía, sino enemigos de Dios. ¿Cree usted que le está prestando un servicio a Dios dejando a la vista de todos, a alguien que está configurado ontológicamente con él, sus vergüenzas? ¿Haría lo mismo con sus padres biológicos?
    Ni usted ni yo somos quiénes para determinar quién sea hereje o no, sólo podemos acudir con humildad y prudencia a lo que la Iglesia ha dicho para averiguar qué doctrinas sean heréticas. Recalco esto porque usted ya ha tomado por modernista a este hombre, cosa que ni siquiera su confesor podría decir.
    Es posible, que usted tenga en tanta estima su derecho a opinar sobre cuestiones de la estructura eclesiástica, o juzgar o discenir o criticar, que no entienda que el derecho de Dios a que sea cualquier hombre de hoy en día católico está muy por encima del derecho que tenga a mantener sus opiniones.
    De lo contrario, a un lector poco avezado, distraído o malintencionado, puede parecerle que dice usted, en efecto, que antes que sustraerse a su opinión debe hacer una crítica constructiva desde fuera de la Iglesia. Incluso podría pensar que la Iglesia actual no es más que la nueva Babilonia, y que él es un elegido de Dios para revertir esa situación. ¿Le suena esta manera de pensar…?

    1. Estimado seguidor: no puede ser. ¿Cómo vamos a caminar por este enmarañado mundo lleno de lazos, trampas y obstáculos si no usamos nuestro intelecto para discernir lo que es bueno de lo malo, dentro de nuestras limitadas y no pocas veces erróneas capacidades? No podemos pecar de ingenuidad, de ese mal entendido «no juzguéis». Juzgar implica emitir sentencia, eso no, porque efectivamente no sabemos lo profundo de cada cual, eso sólo los sabe Dios, que será quien juzgue. Pero eso no impide que, dentro de la prudencia y seriedad debida, debemos y es imprescindible conocer al otro y discernir si lo que vemos que hace o dice es bueno o malo. De no hacerlo caeremos en la inanidad y seremos aún más fácilmente engañados y manipulados de lo que ya de por sí somos. Claro que podemos decir quién es o no hereje, aquél cuyas palabras u obras no se ajustan a la doctrina. Recuerde: «Si alguien os dice algo distinto, aunque sea … a lo que enseñó Nuestro Señor…»; es decir, que debemos conocer lo que Él enseñó y, sobre tal base, determinar si alguien, de palabra u obra, dice o hace lo contrario. No es juzgar, porque no le sentenciamos, pero hay que corregirle, no sea que su culpa caiga sobre nosotros. Saludos cordiales

      1. Ahora que ya hay confianza, reconozco que me resulta sorprendente su incapacidad de entender lo que pretendo decirle. Por mucho que intento ser delicado en la acusación que formulo, usted parece empeñado en perderse en ambigüedades.

        El juicio puede ser teórico o práctico. Tratan de la verdad o del bien, respectivamente. El que trata acerca del bien no deja de ser verdadero o falso, sólo que considera la verdad bajo otro aspecto. Usted no dice las cosas que del escrito porque sean verdad, usted esgrime lo bueno que es que se sepa eso. Así que su juicio es práctico.

        Lo bueno es siempre algo concreto y algo a lo que la voluntad tiende. Ya hablemos de bien honesto, útil o deleitable. Doy por hecho que no es honesto ni deleitable el tipo de bien que persigue usted «no sentenciando» a este hombre. Si fuera honesto, haría esto sin tomar en consideración un fin más allá de ese «no sentenciar» suyo. Si fuera deleitable, estaría «no sentenciando» por el placer de hacerlo. Así, persigue otro bien distinto de la «no sentencia» cuando lleva a cabo esta peculiar acción. Recuerdo, por si acaso, que mal significa ausencia debida de bien.

        ¿Su escrito persigue la corrección del sacerdote en cuestión?

        Está entonces usurpando funciones que no le corresponden. Utilizando medios desproporcionados, por otro lado

        ¿Su escrito persigue la fe del pueblo fiel?

        La fe de todos los lectores de este periódico, los que la tengan, no tiene por qué verse escandalizada por su conducta, mayormente porque no le conozcan o porque tengan una fe más fuerte y menos condicionada por los hombres que la suya. Por lo cual está informando a alguien de algo que no le hace falta; distrayendo a los buenos, dando munición a los malos. Si hubiera alguno escandalizado, no se entiende por qué por uno sólo escribe en público. Si fueran todos, no es tampoco consciente de a cuántos va a llegar ya que una página web puede verla cualquiera, por lo cual obra imprudentememte también.

        ¿Su escrito persigue el mantenimiento de su propia fe?

        En tal caso avise a la autoridad competente y sométase a la decisión que tome. Es más, eleve hasta el Papa su queja, pero por los cauces oportunos. Y si le dice algo distinto de lo que quiere oír, entonces podrá usted dar satisfacción a su sueño de que los modernistas salgan de la Iglesia encabezando usted la comitiva.

        Si me dice que todos tenemos derecho a saber las miserias de este hombre, yo le diré que tiene usted obligación de conocer antes muchas cosas que le afectan más. Por ejemplo aprender a respetar a las autoridades eclesiásticas, en cuestiones que no le competen a usted.

        Ahora consideremos concretamente lo que dice usted en su última respuesta:

        Dice que juzgar es emitir sentencia. Usted lo califica de modernista. Usted ya ha hecho lo que haría un juez, lo ha declarado culpable. Aunque no tenía legitimidad para juzgar, sentenciar, opinar, discernir, criticar…

        Dice que caeremos en la inanidad y en la manipulación si no «discernimos». Supongo que se ha leído el comentario precedente, a pesar de que siga ahondando en la misma diferencia arbitraria entre discernimiento y juicio. Sin embargo, claro que hay que saber lo que es bueno, pero lo que a uno le corresponde. De lo contrario puede usted hacerse juez de este hombre, de la Iglesia o del mismo Dios, todo por el mismo principio. Donde dice hacerse juez, para facilitar su comprensión, diga hacerse discernidor.
        Dicho de otra forma, dedíquese a sus labores y conozca y haga lo bueno en ellas.

        Dice usted que podemos decir que es hereje. Según esa regla de tres, el hecho de que usted defienda su inteligencia como criterio universal para discernir, juzgar, criticar, exponer, suponer, sentenciar a este hombre lo convierte en protestante.

        Sin embargo, «Se llama herejía la negación pertinaz, después de recibido el bautismo, de una verdad que ha de creerse con fe divina y católica, o la duda pertinaz sobre la misma». Usted no conoce la pertinacia de su negación. Aunque la conociera no le corresponde a usted la última palabra. Además, su apelación para que abandone dicha doctrina no tiene ningún derecho sobre él, de este modo la negación que él le hiciera a usted no sería pertinaz. Pensemos en un padre que va por una ciudad desconocida y quiere llegar a un sitio, y va errando el camino. Si su hijo pequeño le dice el camino correcto y él no le hace caso pensando que no sabe de lo que habla, no se niega pertinazmente. Si se lo dice su mujer, podríamos hablar de otra cosa. Usted habla como si las autoridades eclesiásticas, el menos poderoso de los diáconos, tuviera que tomar en consideración su criterio, y eso es falso. En su ministerio sólo responden a Dios y a sus superiores, no a nosotros.

        Dice usted que cómo caminaremos por este enmarañado mundo lleno de lazos si no utilizamos nuestro intelecto… En principio es sencillo, aplicando el intelecto a los que se debe, lo contrario es materia de pecado contra la templanza. De todas formas, tiene usted en mucha estima su inteligencia si piensa que a pesar de los errores a los alude, es quién para conocer lo que hace falta para llamar modernista a un hombre. Usted no sólo ha leído la Pascendi y demás magisterio, también lee las inteligencias y las voluntades de los sacerdotes y sabe cuándo sostienen A y B, y cuando se mantienen en el error pertinazmente.

        1. Estimado seguidor: no, nada de eso. El artículo persigue algo mucho más sencillo y por ello eficaz y al tiempo necesario: que se sepa quién es, a nuestro juicio, este personaje, que busquen si lo que decimos es cierto o no, que cada cual saque sus propias consecuencias y que actúe según ellas, que ya somos mayorcitos. En cuanto a él, que también lo es, si lo lee que reflexione y vea si le sirve, si no lo lee o no coincide seguirá como hasta ahora y… en cualquier caso ya llegará, como a todos el momento en que Él quite o dé razones. Saludos cordiales

  8. ¿Es necesario que se sepa quién es este señor a su juicio? O sea que lo importante es su juicio sobre este señor. No sólo eso, sino además que pierdan su tiempo corroborando si su juicio es verdadero, que no oportuno, puesto que si usted lo ha dado a conocer es necesario. Dicho de otra forma, el ser mayorcitos pasa por tener en cuenta el criterio que usted tiene de este hombre. Serán mayorcitos los que le lean, pero usted parece que no. Una persona madura no va provocando (salvo que me quiera convencer de que decir no-cura de un sacerdote es algo simpático y edificante) a los demás para que presten atención a su criterio, como usted hace.

    Es decir, lo que hace madura a la gente es que examinen desde su inteligencia las cuestiones no ya doctrinales, sino del ejercicio del sacerdocio. Usted tiene, pues, derecho a examinar a los curas. Bueno es saberlo.

    Dice también que es eficaz. ¿Ha conseguido que este hombre cambie de conducta? Parece que no ¿Ha conseguido informar a la gente de algo verdadero? Sí, si estimamos que su criterio o juicio es una verdad amparada por el sacrosanto derecho de la libertad de expresión.

    No deja de dar la impresión de que tan sólo le importa su criterio, que la fe le parece un condimento más de su subjetividad crítica, y que está mediatizada por su afán combativo. ¿Hace alguna mención a la Iglesia usted, salvo para desprestigiarla a ojos de los hombres? ¿Acata usted todo, o sólo lo que le conviene para seguir peleando?

    La conclusión de todo esto es que usted se mantiene en su postura de que usted puede echar mierda sobre cualquiera, incluso tiene el deber moral de hacerlo. Usted puede señalar a una persona, considerarla como le venga a usted en gana y publicarlo. Si está es su intención, la está cumpliendo.

    ¿Qué tiene que hacer el Papa para no ser considerado modernista, según su lúcido criterio?¿Qué tenemos que hacer los demás para estar a salvo de su misión divina de crítica al servicio directo de Dios y sin intermediario eclesiástico? ¿Pagarle el sueldo, alabarle por su gran ingenio? Eso es, usted tiene que comer, como todos. Eso es lo que se esconde tras todo ese montón de estiércol que tiene a bien lanzar sobre la Iglesia. Hay algunos que sufren la injusticia en silencio, pero usted se aprovecha de eso para medrar, (y en un periódico de corte liberal). Escandaliza a los tradicionalistas y a los progres, sin más motivo que dar a conocer su criterio (y que así tal vez se aficionen al montón de materia fecal en que consisten sus artículos). A lo mejor es usted el que tiene que revisar su proceder.

    1. Estimado seguidor: no, hombre, no. No es necesario, sólo que nos dedicamos a eso, a dar nuestra opinión porque tenemos derecho a ello y porque creemos que hay a quienes les puede interesar; no a todos, claro. El resto de conclusiones que usted saca son suyas. ¿Y se cree usted con autoridad para opinar lo contrario que nosotros? Pues claro que la tiene, hombre, sin pegas, pero nosotros no le criticamos como hace usted por hacerlo. No intentamos, como usted reiteradamente con nosotros, que no diga lo que tenga que decir sobre este no-cura. En cuanto al Papa, su modernismo está más que constatado en muchas de las escandalosas y antidoctrinales declaraciones que hace, porque hablar, lo que se dice hablar, no deja de hacerlo y lo peor es que sin medida, sin querer asumir que es el Papa y cuando hable debe antes haberlo meditado muchísimo. Que, oiga, aunque Papa es ser humano sometido a tentaciones y errores; excepto cuando hable excathedra y por ahora no lo ha hecho.
      Por último, esa manía, esa obsesión que tienen los que como usted y el no-cura de que seamos los demás los que «revisemos nuestra forma de proceder» les delata y es la prueba, la evidencia incuestionable que nos carga aún más de razón, porque sólo los que tienen miedo a la verdad, que es la que nos hace libres, intentan siempre, antes o después, como usted hace ahora por fin, algo que estábamos esperando, en silenciarla, no vaya a ser que se contagie y otros la escuchen y se den cuenta; a Nuestro Señor le ocurrió lo mismo: fue la predicación de la Verdad la que le llevó a la cruz.
      Lo dicho: usted mismo, finalmente, se ha delatado. Aún así nosotros no nos consideramos con autoridad para ni siquiera sugerirle que «revise su proceder». Saludos cordiales.

  9. Todo esto lo dice porque es su opinión, entonces. Porque usted tampoco podrá decirle al pobre Josito que «revise su proceder». Es su opinión que yo me delate pidiendo que lo revise, es su opinión que eso está mal. Es su opinión que él sea modernista, y sobre todo que no lo sea usted.

    Dirá usted lo que quiera de silencios y omisiones. Pero con la cantidad de páginas que escribe de miserias de algunos, podría emplearlas en textos magisteriales. Que por cierto yo sí he citado, y usted no. No se preocupe porque yo quiera silenciarle a usted, ya es usted y los de su mismo afán suficientemente insignificante, ignorado y objeto risible para el enemigo. Lo que me preocupa es que la escasa atención que vengan los de fuera a darle a las enseñanzas de la Iglesia (que usted no cita sino de pasada) se quede en sus chismes (y en los de su competencia), y que su negativa a callar o a que le callen agrave esa situación.

    Sí, tengo una manía en que revise su proceder. Porque a todas y cada una de las objeciones que le he presentado usted o las ha ignorado o ha respondido con su derecho a la libertad de opinión. Porque va usted de paladín de la ortodoxia y utiliza los mismos principios modernistas que deplora, sobre todo el derecho subjetivo de decir lo que se salga de su arrebato de ira santa. Por eso quiero que reaccione, porque por oportunistas como usted la gente piensa que cualquiera con afición al magisterio de la Iglesia previo al CVII es sectaria.

    Sea este hombre modernista o no, yo no tengo miedo de que lo sea, puedo tener temor de Dios. Pero usted tiene miedo de que no lo sea. Miedo a la verdad la tiene usted. ¿Sabe por qué? Porque sin chismes eclesiásticos deja de tener trabajo. Usted es un distribuidor de carroña.

    Todo esto es, a la luz de su principios, mi sacrosanta opinión. ¿Tengo a la luz de esos mismos principios derecho a que me responda? ¿O seguirá diciendo que tiene derecho a decir lo que quiera e ignorando lo que le digo? Con Dios

    1. Estimado seguidor: ¿Por qué esa ofuscación? ¿Por qué esa agresividad? ¿Por qué esos escupitajos? No, hombre, no, no es que no se le haya respondido, es que se ha hecho y su defensa del «¿pobre?» Josito se ha desmoronado hasta no quedar de ella piedra sobre piedra. Defender a ese «¿pobre?» es, hoy por hoy, imposible; revise algunas de sus actuaciones, están en youtube, en las que él mismo se delata y con él… usted. Puede despotricar lo que quiera, pero tenga en cuenta que eso sólo le deja aún más en la evidencia. «Josito» de «pobre» no tiene nada, eso sí, siempre tendrá abducidos a su alrededor que le defiendan a capa y espada pero… sin argumentos ante sus actuaciones. Saludos cordiales
      P.D.- No sé por qué, pero vamos a tener que empezar a pensar que detrás de su anónimo identificador «Un pobre hombre» está…¿Josito en persona?

      1. Oiga usted, si Josito estuviera detrás de este comentario, creo que celebraría conmigo que citara la Mirari Vos. Si fuera el caso demostraría más amor por el magisterio que usted.

        1. Estimado seguidor: pues que pena que no sea Josito, pero desde luego lo parece mucho, no nos extraña que diga que coincidiría con usted. Tal para cual. Saludos cordiales

  10. De todas formas comete usted el error una y otra vez de pensar que quiero defender a Josito. Yo quiero llamarle MODERNISTA a usted, que lo sea Josito escapa a mis competencias.

    He soltado los mismos escupitajos que usted, esto puedo concederlo. Pero he citado 10 veces más magisterio de la Iglesia.

    Por lo que veo, ya se empieza a poner a la defensiva. Desviando la atención de la acusación contra usted como si quisiera defender a Josito.

    Honestamente, defiéndase, le he llamado MODERNISTA citando el magisterio de la Iglesia. De lo contrario dígame en qué me equivoco.

    1. Estimado seguidor: usted puede llamarnos lo que quiera, por ejemplo, modernistas, pero como sabemos que no lo somos ni por asomo, pues nos da igual; no ofende quien quiere… sino quien puede y usted no puede, de verdad. En cuanto a escupitajos muéstrenos alguno, porque la escalada dialéctica ha sido sólo suya, no nuestra. El problema de los que enseguida tiran de lo que creen que es el magisterio de la Iglesia, es que suelen ser los que hace ya tiempo que desvirtuaron dicho magisterio. ¿A la defensiva? ¿Pero es que ha habido alguna ofensiva que requiera defensiva? Pues se equivoca en todo, porque no hay peor ciego… ya sabe. saludos cordiales

  11. ¿Lo que he citado no es magisterio de la Iglesia?

    Le puedo hacer un repaso si quiere:

    Apostolicam actuositatem
    Quas Primas
    Mirari Vos

    Además, se han citado puntos concretos.

    Por si fuera poco, también me he atenido al Código de Derecho Canónico.

    1. Estimado seguidor: Pues muy bien, premio para usted. ¿Y qué? Nada. No basta con leer, hay que digerir y nos da que usted tiene un empacho monumental. Además de que parece ser el clásico autodidacta que, como todos, se ahogan en soberbia. Saludos cordiales

  12. Usted sabe que no es modernista. ¡Bueno! ¿Quién podrá decir desde ahora que lo es? Es la defensa definitiva.

    Los escupitajos se pueden encontrar en su artículo, en las respuestas a otros comentaristas y en otros artículos que usted ha escrito. Que se podrían recopilar. Si usted quiere nos ponemos manos a la obra, y podemos llamar a algún abogado, a ver si no ve motivo de denuncia.

    Decir escapada dialéctica, por otra parte, es una cursileria que demuestra que no tiene la menor idea de lo que significa dialéctica. (y esto lo sé porque lo sé, como usted sabe que no es modernista).

    Pero tampoco es extraño, todos los conceptos de filosofía que le he citado, e incluso explicado, los ha ignorado usted. No me queda más remedio que pensar que o bien es usted imbécil (etimológicanente hablando, sin faltarle al respeto, por supuesto. Lejos de mí semejante posibilidad) o bien es usted un listillo.

    Usted verá.

    1. Estimado seguidor: No tiene remedio. Pretende un debate imposible porque los comentarios de cualquier web no son el foro adecuado. En cuanto a las denuncias… pues adelante; está claro que el que otros no piensen como usted y lo expresen no le gusta nada y… sólo queda cortarle la lengua a quién osa tal afrenta. ¿Cursilería? ¿Eso es malo? Lo de «imbécil», para luego escurrir el bulto con la típica frase más que rancia le delata. Va usted in crescendo y cada vez más hundido en su propio laberinto. Adelante, pero cuidado, no llegue a tanta profundidad que llegue a serle imposible salir. Saludos cordiales

  13. Mire usted, no soy su seguidor. Sencillamente pasaba por aquí, y yo también opino (porque es mi derecho opinar, según lo dicho) que usted no tiene remedio. Cuando era joven en el colegio se enseñaba comprensión lectora, no digo que a usted no se la enseñaran, digo que usted no demuestra recordarla. Responda a lo que le acuso (por si acaso se ha olvidado, le llamo MODERNISTA).

    ¿Estima su lengua más que la fe de los que leen? La cursilería no tiene nada de malo en una escuela primaria, pero dada su gran capacidad literaria me ha resultado extraño.

    Escurrir el bulto es lo que usted hace, acusando a todos de todo y considerándose usted intachable. No respondiendo a lo que se le acusa.

    Ahora mismo siento que estoy en un laberinto y muy profundo, llamado catecumbas. Menos mal que usted ha descubierto la gloriosa libertad de expresión y el mundo moderno. No quiero salir de este laberinto, llamado Suma teológica.

    No me ha quedado claro … ¿Usted dice que no es modernista porque usted sabe que no es modernista?

    1. Estimado seguidor (pues para pasar por aquí lleva quedándose mucho tiempo): usted acusa porque es usted quien se cree en la verdad absoluta porque ha leído, aunque no digerido, la Summa Teológica, tan excelsa, tan divina que… queda fuera del alcance de la gran mayoría de los mortales. No tenemos que justificar, y menos a usted, que NO somos modernistas –que usted lo cree, pues bie, sin pegas, allá usted–; se atribuye autoridad de juez sin tenerla. Soberbia, como le hemos dicho. Soberbia, que ya decían los paganos que si ciega a los dioses, qué no hará con los mortales. Soberbia, la raíz de todo mal y pecado, incluido el original. Soberbia. Si alguien ha pretendido desde el primer comentario dar lecciones ha sido usted por su… soberbia. Soberbia es no soportar que le lleven la contraria, que haya alguien que no opina como usted. Soberbia… que sólo se cura con humildad, posiblemente, junto con la obediencia, la virtud más difícil de lograr incluso en niveles básicos y primarios. Saludos cordiales

  14. Reconozco que tengo la pestaña abierta, me divierte que un espíritu tan combativo pueda tener tan poca sutileza.

    Non sequitur, querido amigo. Yo le acuso a la luz de unos textos que he citado. Si tengo además o no la «verdad absoluta» no es relevante a efectos de la acusación.

    Lejos de mí pretender haber entendido a Santo Tomás, sin embargo usted parece entender menos aún. Verdad es un concepto relativo, como bien conoce usted la doctrina de los atributos trascendentales del ser. Usted jamás se atrevería a decir de otro que no entiende algo que usted desconoce. ¿Verdad que era un chascarrillo? Usted jamás cometería ese error, el estilo de San Juan Bautista que trae no es compatible con tamaña ligereza.

    Siempre que usted no esté hablando de Juan 14, 6 o Gálatas 2, 20. Porque sólo Cristo puede ser llamado verdad en sentido absoluto. Así que, si usted sabe que yo no tengo la verdad absoluta, a Cristo, es porque sondea mi conciencia. Sin embargo, esto no es nada nuevo, usted ya sabe que Josito es en conciencia un modernista y que yo estoy ensoberbecido. Para perfeccionar su argumentación y su relato apocalíptico, diga que usted sí tiene a Cristo, usted tiene la verdad absoluta, y si los demás no siguen su criterio, no siguen a Cristo tampoco.

    Coincido en que usted no me tiene que justificar nada a mí, ¡Por fin llega este momento! Resulta que Josito tampoco tiene que justificarse ante usted, ante sus acusaciones o las de su periódico. Tampoco el papa ni ningún otro clérigo. Incluso podría dar el paso lógico: el fin que usted persigue (vamos a suponer que es la corrección fraterna) no se realiza según este medio, habrá que buscar otro (quiero decir dejar las modernas libertades y el matarratas que usted escribe). Si da usted el paso de decir que las declaraciones del Papa le hacen modernista, su defensa de doctrinas modernistas también se lo hace a usted. Según le he citado ya, en Mirari Vos se dice que la libertad de imprenta NUNCA HA SIDO SUFICIENTEMENTE CONDENADA, y usted sólo tiene ese apoyo para lanzar sus sentencias, juicios, discernimientos, criterios, pensamientos, sugerencias, opiniones (con todos los sinónimos que se refieran a la segunda operación del entendimiento). Y si no es en la libertad de imprenta, o de expresar su opinión, es por un celo apostólico contrario a la estructura Eclesiástica similar al de los «reformadores». ¿Recuerda usted el segundo capítulo de la segunda carta de San Pedro?

    De todas formas, eso de «La ira de los hombres no hace la justicia de Dios» (Santiago 1, 20) ¿Le parece bien a usted?

    Usted, con el tono necesario lo digo, no tiene ni puta idea de si soy soberbio o no. Yo tampoco la tengo de si lo es usted. Puedo saber que es lento de comprensión o algo tardo en ver las premisas y las consecuencias en que están sus posturas. Como que la libertad que usted defiende se propagó por medio de un simpático artilugio, muy moderno e innovador, llamado guillotina.

    Yo soporto que me lleve la contraria. Es más, ni sabía de su existencia hasta hace un mes. He soportado sin ningún esfuerzo su opinión, juicio, criterio.

    Ahora, sin embargo, usted no me está llevando la contraria. Sencillamente dice que (1) tiene usted derecho a decir lo que dice porque sí, (2) sabe usted las cosas porque las sabe, (3) las encíclicas citadas no son magisterio de la Iglesia, (4) que soy soberbio.

    Con nada de esto estoy contrariado, las dos primeras cosas no son un argumento. La tercera insinuación suya sencillamente es falsa, pero seguro que no lo ha dicho en serio (de lo contrario, ¿nos va a decir usted qué textos son magisteriales y cuáles no?) Con la cuarta afirmación, mire usted, coincido.

    Soy soberbio, como todo hombre que no sea Cristo o la Santísima Virgen María. Ahora bien, si usted acusa a mi soberbia de cegarme sin remedio, ¿usted no es soberbio y es inmaculado? Recuerde quién decía que la razón es una PUTA DEL DEMONIO , corrompida totalmente por el PECADO. Dado que usted sólo sabe que soy soberbio y no en qué medida, y que usted confía mínimamente en la razón, responda según el magisterio de la Iglesia, y no apelando a mi condición moral, que usted desconoce.

    De nuevo demuestra usted una completa ignorancia de la doctrina, decir que la obediencia es lo más difícil de lograr es no conocer las cuatro virtudes cardinales. Lo más complicado de obtener es la justicia, virtud que contiene tanto la obediencia como el mando. Yo no quiero argumentar diciendo, ad hominem, que lo semejante atrae a lo semejante, y que usted considera más difícil en sí lo que más le cuesta a usted.

    Evidentemente usted no obedece, sin más, al Papa. Porque es modernista. Usted dice que otros citan el magisterio que ellos creen que es magisterio, por mucho que refieran un párrafo entre comillas tan sólo. ¿Usted obedece a algo más que a sus criterios, juicios, dictámenes, sentencias…? La verosimilitud de que no lo hace me hace CONSIDERARLE modernista.

    Un saludo en Cristo.

    1. Estimado señor: pues está claro que usted se lo guisa y usted se lo comen. También que su desbarre va in crescendo, porque de un artículo sobre el no-cura Josito hasta donde ha llegado, con esas expresiones fuera de lugar y de tono dan que pensar que algo no funciona en usted. La justicia no es una virtud, hombre, por favor, de dónde saca eso ¿del empacho de Santo Tomás al que confiesa que ha leído pero no ha entendido, lo que lo dice todo sobre sus lecturas? La humildad sí, y la obediencia también. La razón es apoyo de la Fe y la fe de la razón, porque Dios nos ha hecho seres razonables, no borricos. La razón nos hace descubrir, junto con la Gracia, la Verdad, a Dios, quien quiere que lleguemos a Él con su gracia pero por nuestros medios, voluntad y razón. A cada paso que da se descubre más y más. Parece ser usted el típico que… sí, por la soberbia, quiere entender a Dios, quiere saber tanto como Él, quiere… en fin, soberbia, sí. Josito no tiene que explicarse, nadie se lo pide. Un artículo es una opinión que se puede compartir o no, que puede estar acertada o no, de ahí a montarse en el caballo desbocado en el que va usted hay un trecho muy largo e incomprensible. Reflexiones si su comportamiento es correcto o no, medite, lea menos a Santo Tomás y rece más con humildad, como el publicano… y algo de ayuno le vendría también bien. En cuanto a la tarabilla de si somos o no modernistas, ya le hemos dicho que su opinión nos da igual, no la compartimos, y tampoco nos importa que usted lo crea, que para eso están las opiniones, incluso las opuestas que tengamos sobre Josito Saludos cordiales

  15. ¿Dice usted que la justicia no es una virtud…? ¿Está usted seguro? Si usted me recomienda ayuno, recomendación que acepto, yo le recomiendo estudio. El mismo desagrado que padece usted hacia mí es el que cualquiera de los comentaristas previos han sentido ante su escrito, o algo parecido al menos. Ni hablar de las personas a las que afecta su opinión, falta de estudio, por otra parte.

    En fin, que en el fondo le estoy cogiendo cariño. Que entiendo su indignación, y a momentos la comparto. Pero no comparto los medios.

    Un saludo cordial.

    1. Dice usted: «La justicia no es una virtud, hombre, por favor, de dónde saca eso ¿del empacho de Santo Tomás al que confiesa que ha leído pero no ha entendido, lo que lo dice todo sobre sus lecturas?»

      Fíjese en el punto 1805 del catecismo de la Iglesia católica:
      «Cuatro virtudes desempeñan un papel fundamental. Por eso se las llama “cardinales”; todas las demás se agrupan en torno a ellas. Estas son la prudencia, la justicia, la fortaleza y la templanza…»
      Tiene también la explicación más pormenorizada en el punto 1807
      » La justicia es la virtud moral que consiste en la constante y firme voluntad de dar a Dios y al prójimo lo que les es debido…»

      Eso, justo eso, no lo he sacado directamente de Santo Tomás. Lamento llevarle la contraria.

      1. Estimado seguidor: pues sí, en lo que dice tiene razón, disculpas por el error cuya causa no viene a cuento. ¿Contento? ¿Exultante? Pues ya ve que cuando se mete la pata por aquí, no se tiene problema alguno en sacarla. ¿Y qué? ¿En qué cambia algo? ¿Usted hace lo mismo? Saludos cordiales

        1. El hecho de que usted se haya equivocado no demuestra el error ajeno. Parece que aprovecha su error para acusarme de que no rectifico, pero no dice de qué.

  16. «Tres son principalmente las cosas que tienen por contrarias a sus conatos: el método escolástico de filosofar, la autoridad de los Padres y la tradición, el magisterio eclesiástico. Contra ellas dirigen sus más violentos ataques. Por esto ridiculizan generalmente y desprecian la filosofía y teología escolástica, y ya hagan esto por ignorancia o por miedo, o, lo que es más cierto, por ambas razones, es cosa averiguada que el deseo de novedades va siempre unido con el odio del método escolástico, y no hay otro más claro indicio de que uno empiece a inclinarse a la doctrina del modernismo que comenzar a aborrecer el método escolástico» dice Pascendi, 42.

    Sabe ya de sobra que aquí se condena el modernismo. Sin embargo, parece que usted encaja dentro de las tres cosas que cita San Pío X.

    1. No hay mayor desprecio que la indiferencia, y fruto de la indiferencia puede ser la ignorancia. Si otra causa tiene, es peor aún. Estoy suponiendo que no ha sido usted del todo culpable de ignorar no ya sólo lo de la justicia, sino todo lo demás que de doctrina tomista le he citado (y que puedo citarle con mayor exhaustividad, pero tampoco hay que dar perlas a los cerdos. Con ver el índice de la suma teológica hubiera visto el tratado de la justicia. Pero es más fácil acusar a otro de no haber entendido lo que ni siquiera se ha abierto por el índice).

    Si ha sido fruto de un lapsus, tenga usted que la gravedad no es menor, porque todo el mundo que lea sus exhortaciones a formarse, que hace en otros artículos, puede verse escandalizado de que quien les predica desconoce algo tan fundamental.

    De todas formas, si ha sido un lapsus, podría alguien algo desconfiado pensar que esto le ha pasado en más lugares, y que es usted un descuidado en cuestiones igualmente delicadas.

    2. Padres y tradición. Usted sabe que no es modernista. Usted opina sin hacer referencia a nada más. Yo le cito a San Agustín, y la tradición de la Iglesia y usted me acusa de interpretarlos a mi gusto. Usted ni siquiera los cita.

    3. Magisterio de la Iglesia. Le cito tres encíclicas, pudiendo citar más, y de nuevo, todo es fruto de una desgraciada confusión mía. Aunque cite textualmente que la LIBERTAD DE IMPRENTA NUNCA HA SIDO SUFICIENTEMENTE CONDENADA.

    Dígame, apoyándose en magisterio, en Santo Tomás, en algún Padre de la Iglesia, por qué el derecho que usted esgrime a dar su opinión sobre los sacerdotes en su sacerdocio no es un indicio de modernismo.

    Tenga usted un buen día.

    1. Estimado seguidor: porque nada tiene que ver el modernismo, herejía de las herejías, con algo tan sencillo,simple y habitual como tener y dar opiniones. Da la impresión de que confunde la velocidad con el tocino. Saludos cordiales

  17. Hagamos una breve recapitulación. Usted publica un artículo en que dice de un cura que no es cura. Yo le digo que usted no tiene derecho a decir eso (ojo, no he dicho que no tenga derecho a pensarlo ni a comentarlo discretamente, sino a publicarlo). Usted me responde que sí que tiene derecho a hacerlo, porque usted sólo da su opinión.

    Dice que nada tiene que ver el modernismo con dar su opinión. Parece que alguien sí puede tener una opinión que sea modernista (de esto acusa usted al Papa, por ejemplo), y los herejes se vuelven tales cuando mantienen ciertas opiniones. Por este motivo, no sólo tiene relación la herejía con la opinión, sino que no habría herejía si no hubiera opinión. Confío en que hasta aquí me habrá seguido.

    Ya sabemos que usted defiende su derecho a opinar. Ahora queda que nos diga si hay algo sobre lo que usted no tenga derecho a opinar.

    Tenga a bien responderme, según le decía hace alguna semana, cuáles son los límites de dicho derecho a opinar.

    Saludos cordiales.

    1. Estimado seguidor: ¡Y decía que pasaba por aquí! Recapitula usted parcialmente, o sea, selectivamente, como hace con todo intentando arrimar el ascua a su sardina; es de esos que siempre quiere quedar como el aceite, por encima del agua, propio de los soberbios impenitentes.
      El derecho y los límites de expresión de la propia opinión están regulados por ley. Deje de leer tanta teología y lea el BOE; pero tenga cuidado no le ocurra como con Santo Tomás, que después de tirarse el pegote y llenársele la boca con él, terminó confesando que no entendió nada. Tiene usted un grave problema doble: por un lado de «entorno abstracto», por otro de «incomunicación esférica»… y así le va. Saludos cordiales

  18. Debo confesar, no sin cierta congoja, lo admirable de sus dotes retóricas. Verdaderamente increíble que alguien de su capacidad expresiva y argumental no tenga un cargo de mayor responsabilidad.

    ¿Para decir que usted no va en contra de la condena de la libertad de imprenta (explícitamente hecha en la Encíclica Mirari Vos) cita usted el BOE? Estamos hablando, o eso creo, de Magisterio de la Iglesia, no de leyes humanas.

    ¿Se ha planteado usted que la legislación de la que usted habla vaya en contra del magisterio al que usted se suma?

    Lo del aceite y el agua… Pues muy bien. Como usted quiera. Soberbio y ahora también impenitente. Además recapitulo parcialmente. Cosas que tenemos, o que tengo sólo yo, los pobres pecadores.

    El entorno abstracto, que usted cita es problemático. Un contexto, por lo que significa, no puede ser abstracto. Abstracto sólo puede ser algo que ha sido elaborado por la inteligencia, y el contexto no está en la inteligencia. Si estuviera solo en la inteligencia, entonces hablaríamos de IDEALISMO. Ahora bien, tomemos por válido lo que dice. ¿Por qué dice eso de «entorno abstracto? Y, igual de importante ¿usted no está en un «entorno abstracto»?

    La incomunicación esférica, ¿la resolvería leyendo más sus artículos?

    1. Estimado seguidor: no se entera, creemos. Sus problemas no son del entorno, sino de cómo usted distorsiona ese entorno y lo hace abstracto. El entorno no es abstracto, es real, es lo que vemos y tocamos, otra cosa es que haya personas que por algún tupo de trauma, complejo, etc. huyan de él y lo distorsionen para no verlo como es, o sea, lo vuelvan abstracto. En cuanto a la incomunicación es en parte prima hermana de lo anterior y no se cura leyendo los artículos de esta web, sino poniéndose en tratamiento. Saludos cordiales

        1. Estimado seguidor: en lo que a nosotros respecta creemos que sí; claro que dado su derrotero más que palpable usted opinará lo contrario, lo que ya sabe que no nos importa. La cuestión es si usted, no nosotros, está en sus cabales. Revisando todo lo hasta aquí visto nos reafirmamos en su padecimiento de «entorno abstracto» e «incomunicación esférica» patologías no muy conocidas, y menos aún reconocidas, pero ampliamente extendidas hoy en día, causa en parte fundamental de la deriva de nuestra sociedad actual. Saludos cordiales

    1. Estimado seguidor. Claro, la esperanza es lo último que se debe perder. Humildad, humildad y humildad; tolerancia, dentro de la discrepancia, siempre posible, con los que no opinan como usted; no pretender dar lecciones, otra cosa son opiniones; calma y… buena alimentación. Saludos cordiales

      1. Me ocurre que no me da calma ninguna que haya gente como usted. Se tolera lo malo, pero sólo lo irremediable. La humildad la tengo con el magisterio de la Iglesia, con su jerarquía, no con respecto a sus cualificados diagnósticos médicos o morales. Coincido con usted en que hay que tolerar sus opiniones, porque me parecen malas, pero no creo que sea un mal irremediable. Podría usted callarse sencillamente. Tomo su consejo, la esperanza es lo último que se pierde.

        1. Estimado seguidor: ¿Lo ve? No puede, eso es que no quiere. Humildad. Jarabe de humildad a tragos grandes. Mandar callar a los demás es el primer paso para después… Saludos cordiales

          1. ¿Usted me va a mandar callar? Exactamente, ¿quién es usted?

            Si usted no me va a mandar callar, seguiré citando el catecismo y encíclicas del magisterio de la Iglesia. Para hacerle ver que usted no tiene derecho a publicar en una página web su opinión acerca de este menester. La publicación de esa opinión pertenece en derecho a las autoridades eclesiásticas, no a usted.

            Voy a terminar llamándole seguidor a usted también, ya que siempre me responde.

            Saludos

          2. Estimado seguidor: a) jamás, como se puede comprobar, le hemos mandado callar, ni lo haremos; podríamos incluso haberle silenciado pues no sabemos si usted sabe que sus comentarios podrían ser, haber sido, borrados ipso facto en cualquier instante. No lo hemos hecho ni lo haremos, a no ser que en ellos se inserten groserías, insultos, blasfemias, etc. b) por lo tanto puede citar el catecismo y lo que quiera c) en su soberbia ilimitada aún no es capaz de admitir que es usted quien no tiene derecho a decirnos lo que tenemos derecho a hacer y que el ordenamiento legal, legítimo y moral -corrección fraterna– nos concede d) tenemos no sólo el derecho, sino la obligación de, dentro de la ley y de la moral, dar nuestra opinión incluso, o más, cuando esas autoridades eclesiásticas desbarran, como es el caso d) el clericalismo que usted sufre, otra patología más moralmente grave, es uno de los graves problemas de nuestra tiempo entre los católicos, ese «porque lo ha dicho el cura» ha llevado y lleva a muchos al precipicio, no hay que olvidar que los curas, obispos y demás jerarquía no dejan de ser hombres, sujetos a tentación y a error; cuántos se han perdido por ese clericalismo ciego e) tenemos la costumbre, respeto y delicadeza de contestar a nuestros seguidores que se toman la molestia o el interés de insertar comentarios. Saludos cordiales

  19. A) Le reto a que si tan soberbio soy haga uso del bloqueo, pero ya que bloquea los comentarios, haga el favor de leerlos. (Empiezo a desconfiar de su comprensión lectora, pero la esperanza es lo último que se pierde)

    B) Gracias, haría usted bien en leerlo. Cosa que ha demostrado que no ha hecho en la medida que sus acerbas críticas parecen implicarlo. (Le recuerdo que desconocía que la justicia era virtud, y achacaba que yo lo dijera a no sé qué incomprensión de Santo Tomás)

    C) En mi soberbia ilimitada (aunque eso sea un imposible metafísico, ya que la soberbia es limitación…) he citado este texto del Concilio Vaticano II, de Apostolicam actuositatem. Aquí se habla del orden que los laicos tienen que observar en su apostolado. «La Jerarquía ENCOMIENDA a los laicos algunas FUNCIONES que están muy estrechamente unidas con los ministerios de los pastores, como en la explicación de la doctrina cristiana, en ciertos actos litúrgicos, en cura de almas. En virtud de esta misión, los laicos, en cuanto al ejercicio de su misión, están PLENAMENTE SOMETIDOS a la DIRECCIÓN SUPERIOR de la Iglesia».

    Si a usted se le ha encomendado algo directamente, demuéstrelo. Diga también cuál es la Iglesia a la que usted obedece. (Porque usted dice que un sacerdote no lo es, y ese sacerdote funge diversas funciones propias de su ministerio, sin que sus superiores hayan hecho público nada). De modo que, si fuera modernista, acuda a su superior, al de este sacerdote. Si aquél le ignorara, siga subiendo la apelación hasta que llegue al mismo Vaticano. Eso es estar PLENAMENTE SOMETIDOS a la DIRECCIÓN SUPERIOR de la Iglesia.

    La corrección fraterna se la hago a usted yo también, por lo cuál no entiendo por qué dice que soy soberbio al tratar de corregirle. O, mejor dicho, por qué si usted hace lo mismo es tan relevante que yo lo sea.

    Si me equivoco, cosa posible y probable, diga por qué. Ya sé que soy soberbio, pero incluso un soberbio puede estar en lo cierto. Más complicado es que lo esté alguien que no tiene comprensión lectora. (Sí, todos somos soberbios, usted también)

    D1) Tiene usted derecho a dar su opinión. Incluso la obligación, añade que dentro de la ley y la moral. Sobre todo cuando la jerarquía yerra.

    Bueno, eso es su opinión, no tiene más recorrido magisterial que ese. Y si lo tiene, demuéstrelo.

    D2) Usted parece sufrir de un clericalismo aún peor. Considera que es usted un sacerdote digital, y en este espacio web publica sus escritos catequéticos y homilías.

    Yo no he citado a ningún cura, sólo magisterio de la Iglesia. Porque no trato de defender a Josito, a quien no conozco, sino de corregirle fraternalmente a usted. Es más, es usted él que «porque lo ha dicho el cura» está en pie de guerra contra este sacerdote. Además, le ocurre lo mismo con el Papa.

    Nunca ha estado en duda la condición pecadora del clero, pero tampoco de los laicos que pretenden ser más católicos que el clero. Para eso hay un orden y una jerarquía en la corrección fraterna de aquellas cosas que son propias del ministerio sacerdotal.

    Clericalismo ciego podría ser el suyo. El que por algo que ha dicho un cura o un papa, pierde de vista el magisterio de la Iglesia que condena el liberalismo. Y que para criticarlos se ampara en ese mismo liberalismo.

    Me da pánico ir demasiado rápido en la explicación, porque recuerdo haber dicho esto ya, y que usted sencillamente me llamó soberbio.

    E) Tal vez haría usted bien en no obligar a sus seguidores a corregirle fraternalmente, y tomar en serio sus consejos. Parece que usted sólo toma en consideración los comentarios laudatorios.

    Cuídese mucho del coronavirus, los que no tienen corazón seguro que son factor de riesgo. Y si encima ni siquiera tienen inteligencia… Lo mismo pensarán que el Papa es un virus mucho peor.

    Saludos confesionales.

    1. Estimado seguidor: muchas palabras para no decir nada; demasiadas para seguir demostrando que permanece en su laberinto en el que cada día se enroca más. Mucho «magisterio» y poca humildad. Mucho creerse doctor sin querer asumir su enfermedad que no es, gracias a Dios, la del virus, pero sí otra peor: la soberbia. Mucho tiempo invertido (perdido) en la nada. Mucho reto, agresividad, retorcimiento,… en vez de humildad. Saludos cordiales

        1. Estimado seguidor: humildad es, de entrada, lo opuesto a la soberbia.»La humildad significa cierto laudable rebajamiento de sí mismo, por convencimiento interior» «La humildad remueve los impedimentos de la vida divina en el hombre, que son la soberbia y la vanagloria que obstaculizan la gracia» (Santo Tomás) «La humildad es andar en verdad; que lo es muy grande no tener cosa buena de nosotros, sino la miseria y ser nada; y quien esto no entiende anda en mentira» «La humildad, que es el cimiento de todo el edificio» (Santa Teresa) «Con un conocimiento verdaderísimo de sí el hombre se desprecia a sí mismo»(San Bernardo) La humildad es virtud derivada de la templanza. Los fundamentos de la humildad son la verdad y la justicia. La humildad no viene a negar cualidades verdaderas (falsa humildad), sino a hacer fructificar los talentos. Excelente manera de practicar la humildad es aceptar la corrección fraterna. La tolerancia. «Llaneza, muchacho, que toda afectación es mala» (Don Quijote a Sancho). El problema de los muy leídos, como usted, es que pretenden dar lecciones a los demás, que no es lo mismo que expresar opiniones, e insisten e insisten queriendo que se les dé la razón y reconozca su mucho conocimiento del Magisterio y Teología… soberbia. Saludos cordiales

          1. Por cierto, tenga la decencia de ofrecer al público las referencias de sus citas. Después de sus errores no hay quién se pueda fiar de usted.

          2. Estimado seguidor: ¿decencia? Si se refiere a las citas sobre la humildad están insertas, sólo hay que buscar en los escritos de los santos citados y se encuentran sin problema alguno, claro que para eso hay que molestarse. Si no se las cree es porque le han llegado hasta el tuétano pues son incuestionables. Trabaje un poco, que el trabajo también implica humildad. Saludos cordiales

  20. Más allá de lo que yo diga, está claro que usted no está expresando sencillamente una opinión. Sino que está insistiendo e insistiendo en que se le dé la razón y que sus lectores reconozcan su mucho conocimiento sobre teología, magisterio y, sobre todo, la situación catastrófica de la Iglesia. Le recomiendo un poco de humildad, tolerancia, y que se deje corregir por los que le han dicho que no tiene ni idea de quién o de qué es Josito. Cuidado con las vigas… (Aplíquese usted también todo lo que dice)

    Saludos coherentes.

    1. Estimado seguidor: pues si dice lo que ha dicho y lo cree, entonces es que no se ha enterado de nada, porque nada más lejos que querer que nos den la razón, la prueba es que sólo expresamos una opinión que colgamos en la red para el que la quiera tanto como para el que no la quiera, a excepción de usted que desde el principio ha pretendido pontificar herido en su soberbia, pues de otro modo hace tiempo que se hubiera quedado con su opinión sin más polémica además manifiestamente artificial e insustancial. Ahora, cuando se le define con exactitud la humildad, fíjese que no por nosotros, como quería y esperaba, sino por quienes la practicaron en grado heroico, se revuelve como gato panza arriba. Lo dicho: soberbia, lo contrario de la humildad cuya definición pidió y le dimos, no nosotros, sino otros mucho más cualificados a los que debe dar la razón. Saludos cordiales

  21. Usted no ha definido nada. Para definir hay que ofrecer género y diferencia específica. De todas formas, es una sutileza esta que tampoco esperaba que ofreciera. (Sabe usted de lo que le estoy hablando, ¿verdad?) Le concedo que me alegra profundamente que por fin haya hecho referencia a algo que no sea estrictamente su opinión. No diré que es falso lo que dicen esos doctores, pero decir qué es la humildad no es lo mismo que decir qué se obtiene con ella, ni a qué se parece. Dejemos esta disputa a los expertos, si bien le parece.

    Lo de las citas se lo pedía porque es habitual dar al público esta ayuda. Todo lo que le he citado llevaba procedencia bien explicitado (Como cuando le puse la cita del catecismo donde se recuerda que la justicia es virtud). Y si en algo ha quedado alguna duda puedo citarle más cosas. Pero para eso tiene que leer lo que digo y no hacer mención EXCLUSIVAMENTE a mi soberbia. Porque a la que usted debe tener como hombre pecador no hace mención ninguna.

    Si lo único relevante en lo que digo es que soy soberbio, entonces siendo usted también víctima de la soberbia, tampoco será relevante nada más. Es decir, que si uno por ser soberbio no dice nada oportuno, cualquiera que sea soberbio tampoco lo dirá. (Responda si le es posible, ¿es usted soberbio? ¿No se confiesa usted, como recomienda en otros artículos, semanalmente?)

    Lo que es artificial e insustancial, ante todo, es dedicarse a echar mierda sobre el Papa y algunos obispos. Eso es lo que me hace estar aquí tratando de hacerle entender que este no es un medio apropiado. ¿Se cree usted mejor que las personas que tienen como misión vigilar la ortodoxia? El único motivo que explica que usted siga haciendo escritos contrarios al Papa y a esos obispos, es que no sé fía de ellos. Lo cuál, no está mal en alguna medida, porque la fe no es en el Papa ni en los obispos. Pero el problema está en que desconfiando termina por rechazar la misión que tiene la iglesia de enseñar y de corregir a sus sacerdotes. La misión que usted aparenta realizar de corrección fraterna, pasa por encima e ignora la que tienen diversas instituciones de derecho canónico. Ya que usted entiende que no lo hacen bien, que no lo hacen o yo qué sé.

    Si hay quién está encargado de informar y de decir quién o qué es modernismo o cualquier herejía, no es muestra de humildad usurpar sus funciones (Recordemos que usted no ha incidido en qué sea el modernismo, cosa que dentro del magisterio se puede hacer. Usted ha dicho de algunos que son herejes, la declaración de que son herejes no le pertenece a usted, sino a esas instituciones.) Y le digo lo que le decía antes, no estoy diciendo que Josito no sea modernista, digo que usted no tiene derecho a proclamarlo.

    Además, o bien dice su opinión, o bien busca la corrección fraterna. Si se ampara usted en su derecho de decir lo que quiera, entonces no acuda a la socorrida motivación de la corrección fraterna. Si apela usted a la corrección fraterna, no cite la legislación que procede jerárquicamente de una constitución que consagra la soberanía popular (Otro hecho también condenado, cita que le puedo buscar).

    Cuál es su motivación principal, ¿dar su opinión o corregir fraternalmente?

    De todas formas, tiene que estar muy seguro usted de lo que dice, no ya sólo en este artículo, sino en todos los demás (digo los que van afirmando tajantemente la traición del papa y de esos obispos, y se podría seguir…)

    No dudo de que conoce usted las nociones de calumnia y de difamación. Aunque fuera verdadera su opinión, ¿por eso tiene derecho a atacar a la fama de esas personas? (No se olvide de que la labor de corregirles no le pertenece a usted, sino por ejemplo, a la Congregación para la doctrina de la fe)

    Esos más cualificados a los que hay que darles la razón, ¿son tal vez los que velan desde el derecho canónico por la pureza de la fe y de las costumbres? Y si esos han decidido guardar silencio, ¿no hay que secundar su silencio?

    Déjeme adivinar su respuesta, si no he hecho nada suficiente para remediarlo. Soy un soberbio, que me revuelvo porque quiero que me den la razón. Soy impenitente, no rezo. Soy blasfemo, contumaz en la corrección. Además de que soy un ignorante que tiene confusión fruto de ese desorden moral.

    Entonces, aunque supiera usted algo de mí, que no lo sabe, ¿estaría usted autorizado a decir cosas como que no me confieso? De todas formas, no conoce usted mi edad, mi trabajo, mis estudios, mi trato con Dios. Sólo conoce unas respuestas a sus artículos, y de esas letras saca ya mi impenitente soberbia.

    Muy bien, después de eso, entenderá que manifieste mi admiración por su capacidad intelectual. En caso de que esté aquí manifestando sólo su opinión, sin tener una certeza suficiente de lo que dice… Diré que es un poco imprudente.

    Espero que haya quedado claro lo dicho. Si sigue usted apelando a mi soberbia, yo no seré tan poco delicado de apelar a la suya. Más bien apelaré a su lectura comprensiva, o su carencia de ella. (Seguro que puede usted contraargumentar. Al menos inténtelo, a lo mejor consigue usted callarme)

    Feliz día del padre (Buen día para estar unidos al Papa)

    1. Estimado seguidor: usted se lo dice todo a sí mismo, porque sin duda se conoce, al menos en sus defectos; no lo decimos nosotros, que conste. Así es que ya tiene trabajo para rectificar que es, sin duda, lo que más cuesta en la vida porque para ello hace falta humildad. Nunca la menor intención de callarle; tal vez es lo que quisiera para autocomplacerse. ¿Unidos al Papa? Siempre… menos cuando dice tonterías o… cosas peores. Saludos cordiales

      1. Entonces, ¿no va a responder?

        Salvo que responda simplemente que yo tengo que rectificar, claro… (¿Cuándo alguien le argumenta le dice que es soberbio, o soy el único en ese sentido?)

        1. Estimado seguidor: nunca ha faltado la respuesta que creemos más oportuna; otra cosa es siempre su opinión en contra, que damos por descontado. Y no, hombre, no, todo lo contrario, como ve, soberbio sólo al que, según nuestro parecer, que desde luego usted no comparte, y lo respetamos, se lo merece, como es su caso. Lo sentimos. Saludos cordiales

  22. Formularé la pregunta directamente.

    Si las instituciones que están a cargo de velar por la pureza de la fe y las costumbres, por el buen hacer de los sacerdotes en su ministerio guardan silencio sobre el particular, ¿con qué derecho trata usted de expresar su opinión/corregir fraternalmente a este señor?

    ¿Coincide conmigo en que, por mucho que sea usted cristiano, hay algunos que tienen la misión de corregir ciertos asuntos y otros no?

    Así como un padre tiene el derecho de corregir a su hijo, no lo tiene de corregir al de otro. Esto se llama patria potestad, ¿no? Yo educo a mis hijos como estimo oportuno. Atentar contra eso es atentar contra mi derecho de educar a mis hijos.

    Las autoridades eclesiásticas, la Jerarquía, tienen sus órganos para corregir a sus sacerdotes. Como un padre corrige a sus hijos, porque los corrigen no en virtud de su buena intención, sino de una función encomendada por la Iglesia, y que le pertenece sólo a ella.

    Lo que usted le achaca a este hombre no es una cuestión entre ustedes, sino que involucra a la misma Iglesia y a la fe (como es el llamarle hereje). Por lo cual, a quien debe dirigirse usted es a la Iglesia, y si no se dirige a ella demuestra que su criterio está por encima del de los que tienen la misión de juzgar esos asuntos. (Pero entonces usted está en cierta rebeldía contra los órganos de la Iglesia.)

    Si usted no es padre de este sacerdote, y tampoco forma parte de estas instituciones (que llevan siglos perfeccionándose), ¿con qué derecho corrige usted EN PÚBLICO a ese hombre?

    Las cuestiones del escándalo y demás ya las mencioné y nos les hizo caso. Usted habló de la verdad, que hay que conocerla. Mire usted, que Josito sea modernista o no no añade ni quita un ápice a la Verdad (las mayúsculas para entendernos). Su fe no es en Josito, Josito no es la Iglesia ni el cuerpo doctrinal al cual su fe se adscribe. Que Josito haga o deje de hacer no afecta a la Verdad, por lo cual tampoco es necesario conocerlo con el grado de insistencia que usted presenta. (Si sigue usted ese camino podría hablar de cualquier verdad, como de botánica, y ponerla al mismo nivel que la fe. Que es lo que está haciendo poniendo en la misma cadena de artículos el modernismo de uno con el estudio de catecismo).

    En fin, responda usted. ¿Estima que estas instituciones tienen el monopolio de la corrección en asuntos de disciplina de los sacramentos y de la transmisión del Evangelio?

    Un saludo

    1. Estimado seguidor: pues, mire, no, y parece mentira que tan dogmático como es usted, y tan leído (bien que no digerido) del magisterio eclesial, formule tal pregunta y no sea capaz de contestársela a sí mismo. El Evangelio no restringe a los sacerdotes o a las instituciones eclesiales el monopolio de la corrección, sino que la extiende a TODOS los hermanos, que en la fe somos TODOS. Y no podía ni puede ser de otra forma porque tanto sacerdotes como instituciones eclesiales están formadas por hermanos en la fe, sí, pero como tales sujetos a error y a caídas. Por eso, todo aquel que observe el desvarío de su hermano, lo analice, y dentro de lo posible se asegure, no sólo puede, que también, sino más importante: debe, corregirle, de forma que así no cargue con parte de su culpa. Casos hay de sobra en la historia de la Iglesia de lo dicho, comenzando por San Pablo a San Pedro con motivo de la circuncisión; por cierto que de la lectura de aquel hecho se evidencia que la pelotera fue descomunal, no una simple discusión tomando café. Santos –eso les declararon después, no en ese instante– ha habido (una pobre monja como Santa Cataalina de Siena, por ejemplo) que pasaron buena parte de su vida corrigiendo incluso a Papas. En fin, sorprendidos estamos por esa pregunta propia sólo de atolondrado catecúmeno. Saludos cordiales

  23. Dogmático y a mucha honra. Sobre todo acerca de las citas del magisterio que le he ofrecido.

    ¿Mantiene su opinión a la luz del punto 24 del decreto Apostolicam actuositatem, del Concilio Vaticano II?

    (… En cuanto atañe a las obras e instituciones del orden temporal, el oficio de la Jerarquía eclesiástica es enseñar e interpretar auténticamente los principios morales que hay que seguir en los asuntos temporales…)

    Usted no es Jerarquía eclesiástica, luego no tiene ese oficio… ¿Verdad?

    Los casos en la historia sirven si se mantienen las mismas condiciones. Usted no es San Pablo ni Santa Catalina de Siena. Ni las cosas a corregir las mismas. El magisterio, sin embargo, sí que es intemporal. No entremos en detalles históricos… Tal vez usted sea un grandísimo experto en historia, yo no lo soy.

    La corrección la necesita el que obra mal. En eso coincide el sentido común, usted y yo. Ahora bien, eso no significa que cualquiera tenga que corregir cualquier error. De lo contrario los padres podrían verse corregidos por su hijo en su educación… Esa es una concepción moderna de la pedagogía, con la que tal vez usted coincida.

    La obediencia implica no igualarse al que manda. Si usted entiende que pueden corregirse recíprocamente y en igualdad de condiciones el que manda y el que obedece, está usted destruyendo los fundamentos de la autoridad, pues nadie manda ni obedece (autoridad que procede de un acto de Dios, no de la fe de los hombres). Sería más bien una democracia eclesial, si usted me entiende. Obedezca, pues, usted el criterio de los que teniendo que corregir lo hacen o dejan de hacerlo, pues la Iglesia católica ha encomendado esa función a la Jerarquía.

    Quéjese si quiere, pero discretamente, y a quien tenga que quejarse. Agote las fuentes de la apelación, y sométase al juicio de los que están encargados de esto (supongamos, al menos, que son más versados en teología que usted y que yo; y que su juicio tendrá sus razones, AL MARGEN DE QUE LAS ENTENDAMOS). Recuerdo una respuesta que usted me daba: «…claro que deben irse de la Iglesia los que no comulgan con su doctrina, que es la de Dios…»

    ¿Está usted de acuerdo con el Concilio Vaticano II en su totalidad, o está fuera de la Iglesia?

    (Espero no estar hablando con un nuevo Lutero que cree ser más cristiano que el Papa, pero usted SABE que no es modernista… Entonces no temo nada. Su nueva iglesia democrática y antimodernista debería ir al registro de entidades religiosas. Déjeme sugerirle un nuevo juramento antimodernista: se formula la pregunta «Eres modernista» y se responde «Sé que no lo soy». Si han admitido el culto a un espagueti no podrán negarle a usted su sacro derecho a la libertad de expresión… Digo a la corrección fraterna igualitaria.)

    1. Estimado seguidor: a) la corrección fraterna es entre hermanos, y hermanos, a la luz del Evangelio, somos todos los católicos, iguales ante Dios, no hay, repetimos, monopolio en este aspecto, porque no hay ni uno, ni siquiera jerarcas, que escapen al error o el pecado b) los ejemplos puestos son válidos de esa corrección fraterna, porque dichos santos, incluido San Pablo, lo fueron luego para el mundo, no en ese instante, luego si es coherente con la descalificación que nos hace en este punto tiene que admitir también que entonces se debería haber dicho a «Saulo» que por qué derecho y autoridad un manifiesto perseguidor de la Iglesia y fanático fariseo pecador que guardó las capas en la lapidación de Esteban se atrevía a corregir a Pedro, quien desde el primer día siguió dejándolo todo a Jesús y había recibido de él directamente sus enseñanzas o con qué derecho y autoridad una pobre y simple monja con voto de obediencia estricto se atrevía a decirle nada al mismísimo Papa, no pierda el hilo cronológico o, mejor decir, no lo tergiverse a su conveniencia, sea coherente o se desacredita aún más de lo que ya está d) no podía faltar,, de hecho ha tardado mucho, en surgir la rancia pregunta trampa sobre si estamos en su totalidad con el Vaticano II, pues SÍ, en su totalidad, SÍ claro, porque de sus textos oficiales y aprobados, nada hay en contra; ahora le hacemos la pregunta sincera, no trampa, sobre la que los que pontifican con tal concilio, como usted, siempre escurren el bulto ¿Leídos los documentos oficiales de dicho concilio está usted conforme con las interpretaciones y consiguientes aplicaciones que a tales documentos se dio después desde el primer instante y hasta ahora? Saludos cordiales

  24. A) La corrección fraterna indica ser entre hermanos por su nombre. De acuerdo. Pero eso no quiere decir que los hermanos sean iguales, ni por su virtud ni por su dignidad (dignidad en el sentido de dignidad eclesiástica). Ante el Evangelio no somos iguales, y eso es algo evidente, como que los sacerdotes consagran y usted no. Como que ellos predican homilías y usted, salvo que haya recibido el sacramento del orden, no. Decir que no estamos exentos del pecado como criterio de igualdad es tanto como considerar que todo el mundo es igual de pecador, lo cual a todas luces no es verdad. Los hay que somos más pecadores que otros como usted. En ese sentido no somos iguales usted y yo, según me ha quedado claro, yo soy más soberbio. Pero entonces, si nuestro pecado es distinto ya no somos iguales. Lo mismo ocurre con la jerarquía, que no lo es por pecar menos, sino por tener más dignidades (en el sentido ya dicho). Porque la autoridad de la Iglesia no procede del buen hacer de la jerarquía, sino de Dios. El criterio de ser corregidos por la jerarquía es que es jerarquía (y es doctrina que ella lo tiene que hacer), no que se sean pecadores o no. Pero si usted hace lo que está encargado a la jerarquía, dicho en el mismo punto 24 ya citado, está quebrando esa autoridad.
    B) El mundo no es válido como criterio de santidad. Dice usted que Saulo debería haber sido preguntado, y coincido con usted, con temor y temblor, acerca de eso. No sé si es cronológica la respuesta, pero tiene una primera parte en el capítulo 11 de la II Corintios. No sé si usted ha sufrido naufragios, latigazos… por causa de la Iglesia, o si más bien los ha producido. Eso no es lo importante. También llamó Dios a Jonás, que, entre usted y yo, era un poco cafre. Es Dios quien concede el derecho a corregir porque Él es el verdadero ofendido. Dios lo ha concedido a la Iglesia en cuestiones de doctrina y de sacramentos. Tenga usted en cuenta que San Pablo no acusó a San Pedro de modernista. San Pedro no estaba dudoso de la doctrina, sino temeroso de practicarla. Estos ejemplos, de todas formas, no sirven porque usted no sea santo y ellos sí. El motivo radica en la diferencia de época, de estado de la Iglesia, y de misión dentro de ella, dada por Dios a través de su Iglesia. Si usted no ve esta diferencia, entonces se considera a sí mismo con una misión de magnitudes no vistas antes. Porque la Iglesia está más hecha, a nivel humano se entiende, que en esa época. Si entiende que usted tiene que hacer lo que hacía San Pablo, entonces debe ser por una gracia especialísima. Lo que me preocupa es que tantos crean haberla recibido, porque no es usted un San Juan Bautista único, sino que en Internet hay muchos. Santa Catalina de Siena, como poco, tenía más dignidad que usted, en el sentido referido. Aparte de que no estaba llamando al Papa hereje, ni cuestionando con su acción los instrumentos que velan por la ortodoxia. Eso es importante, usted sí pretende llamar al Papa hereje. No es cuestión de hilo cronológico, sino de prudencia, virtud que seguro que usted entiende a la perfección. Que yo sepa usted no es monja, ni un apóstol de los primeros tiempos, ni tiene una llamada especial para hacer lo que hace. Incluso hace lo que hace suplantando a los encargados. Ahí se ve la prudencia.
    D) No le desacredito por no estar a favor de interpretaciones. Lo hago porque usted no es capaz de aceptar que haya algo en él que no sean interpretaciones. Porque las interpretaciones que han hecho del concilio teólogos de dudosa doctrina no tienen valor magisterial, no tiene sentido que pregunte usted por ellas. Los textos de la Iglesia consisten en algo más que en la mera comprensión de ellos, igual que la Biblia no es lo que a cada uno se le sugiere, ni la suma de todo lo que cada uno siente. Sin embargo yo no le cito interpretaciones, sino líneas muy claras. De lo contrario, si entendiera usted que lo dicho ahí es válido, en el punto 24, dejaría de suplantar en sus funciones a la Jerarquía.

    1. Estimado seguidor: a) totalmente en desacuerdo con su primer punto, donde además se ve que sigue usted en su propio laberinto; no, todos somos hermanos e iguales a los efectos, lo de las dignidades y demás no contradice lo anterior, por eso la corrección la puede hacer quien lo considere, con las debidas garantías, claro, pero no es patrimonio de clérigos o jerarcas b) no hay diferencia de época, por desgracia, el mundo es mundo desde su creación, el hombre no ha cambiado un pelo, sigue siendo igual, fuera en burro o en avión, por eso el Evangelio sigue y seguirá vigente, además de por ser la palabra de Dios c) no responde a la pregunta con un sí o u no como exige y como nosotros hemos respondido a la suya, a pesar de la trampa implícita y más aún a pesar de vérsele el plumero cuando decía si estábamos o no dentro de la Iglesia erigiéndose, por su mayúscula soberbia, en juez y verdugo nuestro, algo muy propio de los que sacan el dicho Vaticano II como azuelo, soliéndose ser los mismos que nunca citan los otros 20 concilios habidos antes que él, los mismos que escurren el bulto cuando se les pregunta por el problema del Vaticano II que no son sus textos oficiales –alguno tiene con párrafos ambiguos poco deseables–, sino lo que armaron los que ya tenían decidido utilizarlo para sus fines nada saludables. Saludos cordiales

      1. Lo de la ambigüedad… ¿Se ha planteado que la ambigüedad esté en el lector y no en los textos? Diga en qué sentido es ambiguo lo que ya sido citado aquí.

        De todas formas, no cometa usted la inocencia de suponer que esa ambigüedad sólo está en el CVII. Cualquier texto puede ser retorcido. Por eso es tan importante remitirse a los instrumentos encargados de velar por la fe.

        1. Estimado seguidor: échele en vistazo objetivo a algunos párrafos… o mejor, lea lo que no pocos teólogos, incluso participantes en el propio Concilio han dicho aseverando tal ambigüedad. Saludos cordiales

  25. A) Quién considera las debidas garantías no es usted ni yo, sino el órgano encargado de velar por esas materias. Aunque usted no lo quiera ver. La función que usted ha venido realizando aquí, de corrección doctrinal pública, por darle un nombre a lo que hace, está encomendada a la Congregación para la doctrina de la fe y otros derivados. Nunca a los periodistas. Y la única justificación a que lo haga usted en lugar de ellos sería apelar a su mala praxis, pero para ello habría usted de erigirse en juez de esos tribunales. Lo cual no parece oportuno.

    Las dignidades son del todo relevantes. Por una dignidad tiene un juez potestad para juzgar sobre un asunto, y usted no la tiene. Y esta es una dignidad no obtenida por mérito, sino recibida de Dios gratuitamente y dentro de su Iglesia. Por lo cual no tiene usted acceso a ella por muchas condecoraciones que tenga. Salvo que la Iglesia, que es quien conserva el depósito de la fe, le otorge esa dignidad, usted está usurpando esa función.

    Dice que no es patrimonio de jerarcas y de clérigos. Lo cual es verdad a medias. La justicia, que tanto vale aquí como corrección, pertenece en puridad sólo a Dios (entiéndase el derecho de juzgar a la criaturas, ese es el fundamento de la virtud de la religión). Por tanto es libre Dios de delegarla a quién quiera, a la Iglesia. Y la Iglesia organiza esa misión como estima oportuno.

    B) Esa tesis que usted presenta rezuma protestantismo. «El mundo es mundo desde su creación, el hombre no ha cambiado un pelo, sigue siendo igual». Entonces, el pecado original, ¿no ha producido cambio en el mundo? ¿Tampoco la elección de Israel? ¿Y la Encarnación? ¿Y la Resurrección? Sólo alguien que entienda que el pecado original no es real, o que crea que Dios nos creó pecadores puede sostener su tesis. Pero supongo que no era su intención.

    Además, es realmente poco afortunado argumentar la vigencia del Evangelio según los modos de transporte. Supongo que conocerá la tesis de Ockham según la cual estaría bien odiar a Dios si Él lo ordenara. Si se basa en que un cambio social no altera el Evangelio, y dice que el motivo de vigencia está en que todo sigue igual, pero evidentemente no sigue igual, está claro que vivimos un absurdo. Si Cristo no ha resucitado vana es nuestra fe, pero para usted el mundo sigue igual… No seguiré por aquí porque usted, creo, quería decir otra cosa. A la cual trataré de responder.

    Dice usted, me parece, que siempre ha hecho falta corregir y ser corregido. Coincidía y coincido. Pero esconde usted, de nuevo, lo relevante. Lo relevante es quién debe corregir, si quiere, quién debe educar. Desde que Jesús resucitó no ha habido nada nuevo que creer según la fe. Así que sí me parece oportuna, rectificando lo que dice, su tesis. No ha cambiado para nada el hecho de que unos deben corregir unas cosas y otros no.
    C) Le respondo a esa pregunta si así lo quiere. Esas interpretaciones me parecen aberrantes, pero me parecen mucho más dañinos los imbéciles que les compran el discurso a los vanos intérpretes y discuten contra ellos como si fueran el concilio. Espero haberle respondido, y que se dé usted por aludido en la medida correspondiente.

    Perdone que le frene los pies en lo de la soberbia. Yo a usted le he preguntado si cree por fe los documentos del Concilio o si está fuera de la Iglesia. Una pregunta que no iba por la vía de las interpretaciones, sino por el sendero de los mismos textos. Lo mismo es decir estar fuera de la Iglesia que no asentir por la fe la doctrina de la Iglesia, de la cual este concilio forma parte. Por lo cual soy soberbio, en puridad, por exigirle que diga si es católico. De acuerdo.

    Supongo que será mucho menos soberbio decir que alguien es un hereje modernista sin ni siquiera preguntarle. ¿Quiere que le cite otro concilio? ¿Le vale Trento?
    «Si alguno dijere, que todos los cristianos tienen potestad de predicar, y de administrar todos los Sacramentos; sea excomulgado.»

    (¿Le hago una lista de sus prédicas…?)

    1. Estimado seguidor: visto lo visto hasta el momento, y ya son días, vamos a recopilar: contactó con nosotros a raíz de leer el artículo: https://www.elespañoldigital.com/wp-admin/post.php?post=7848&action=edit. Insertó un comentario que contestamos. Discrepó y entrecruzamos una serie de post sin más ánimo por nuestra parte que responder cortesmente a los suyos; siempre con la premisa de respetar sus opiniones, es decir, ni siquiera para convencerle, ni mucho menos para otra cosa.
      A raíz de alguno de ellos, usted, abandonando el origen del asunto, o sea, el artículo, desbarró hacia otro tipo de temas sobre los cuales hemos intentado, asimismo, darle nuestra opinión también sin más intención, pero es el caso que vemos que para usted, en su soberbia –que comienza ya con el pseudónimo que utiliza, pues la falsa humildad es también una muestra de soberbia–, sigue derivando hacia más y más asuntos que nada tienen que ver con el artículo en cuestión, confirmando que lo único que pretende es seguir así ad infinitum; vaya por delante que no se puede asegurar en su caso, pero tal actitud suele denotar falta de paz interior y de conciencia, buscando que alguien le dé las claves que usted barrunta pero que por alguna cuestión que sólo usted sabe le impide, llegado el momento, aceptar.
      En una ocasión ya le dijimos que este tipo de vía de comunicación no es, ni mucho menos, la adecuada para lo que usted pretende, le interesa o no puede evitar. No obstante, y con el ánimo de no darle la callada por respuesta, por obligarnos a la debida paciencia y, también, por la obligación que creemos de tener que corregirle, dentro de nuestras humildes posibilidades, a quien creemos errado, seguimos adelante.
      Pero llegado el caso en que es evidente que usted no llega a comprender nuestro proceder, de que es contumaz y recalcitrante en su postura, que cuando se encentra «pillado», para no reconocerlo, abre otra vía de discusión y polémica, consideramos llegado el momento, muy a nuestro pesar, pero obligados por las circunstancias, de dar por terminado este intercambio de mensajes.
      Como última recomendación, le sugerimos oración y penitencia, humildad y caridad empezando por practicarla con usted mismo. El Evangelio es muy sencillo «No os dejéis llevar por doctrinas diversas y extrañas»; otra cosa es que nuestra penosa condición de pecadores no incita a alejarnos de él, lo que con Su Gracia, que todo lo puede, podemos superar.
      Rogamos a Ntro. Señor que le conceda la docilidad a Su Gracia que, a nuestro parecer, precisa; la Gracia nunca nos falta, por el contrario se nos da en demasía, otra cosa es nuestra disposición personal para resistirnos o no a ella.
      Rezamos por usted.
      Mil gracias por todo y saludos cordiales.

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