José Manzanero Marín. El despiadado chequista de Villa de Don Fadrique

José Manzanero Marín

Como pequeño aporte para combatir en lo posible la infame desmemoria antihistórica y antidemocrática, que sólo buscan propiciar la división y el enfrentamiento entre españoles, así como para hacer justicia trasmitiendo la verdad histórica perfectamente documentada, les ofrecemos este trabajo de investigación sobre la vida y hechos de José Manzanero Marín, al que esa desmemoria presenta como adalid de la justicia y de la lucha por la libertad y la democracia, cuando a la vista de los documentos fehacientes que existen sólo cabe definirle como lo que fue: un despiadado asesino; lo que ocultan todos los que hasta el momento han escrito y publicado sobre él.

Antecedentes

Luis Cicuéndez Muñoz

En 1928 se fundaba el PSOE en Villa de Don Fadrique, pequeña localidad de Toledo, entre otros por Luis Cicuéndez Muñoz, Primitivo Carpintero Mollejo y Tomás Maqueda Ramos, siendo sus mentores líderes por entonces tan destacados de dicho partido como Andrés Saborit, Anastasio de Gracia y Álvarez del Vayo, todos los cuales visitaron la localidad y dieron sus respectivos mítines, organizando desde dicho año sus partidarios de tal pueblo algaradas y huelgas sosteniendo algún que otro enfrentamiento con la Guardia Civil, bien que sin graves consecuencias por el momento.

Pero al poco, y gracias en mucho a la presencia en el pueblo llegado desde Madrid del dirigente comunista Etelvino Vega, prácticamente todos los socialistas de aquel primer momento, y con ellos sus seguidores, derivaron hacia el comunismo.

Con la República recién instaurada en 1931 se llevaron a cabo en la localidad las correspondientes elecciones municipales que dieron como grandes vencedores a los comunistas con más del 90% de los votos en unas elecciones marcadas, no obstante, por la abstención. Los trece cargos del Consistorio fueron cubiertos en su mayoría por los comunistas (en total 9), yendo a parar el resto a los republicanos radicales de forma que la situación ideológica del pueblo quedó drásticamente confirmada, llegándose a conocer desde entonces en España a Villa de Don Fadrique con los sobrenombres de “La pequeña Rusia”, “La pequeña Rusia toledana” y “Villa Lenin”.

Tras su victoria electoral, los comunistas proclamaron alcalde a Luis Cicuéndez Muñoz, siendo así el primer regidor comunista de la historia de España. Una de las primeras cosas que hizo, al parecer, fue obligar a restituir a las arcas municipales el dinero que, según decían él y los suyos, habían desfalcado los anteriores regidores durante la Monarquía, así como arreciar en sus actitudes y diatribas levantiscas, soliviantando a sus seguidores que como sabemos en el pueblo eran mayoría abrumadora.

Cayetano Bolívar

Sin embargo, en Septiembre de ese mismo año 1931, en la pequeña localidad de Corral de Almoguer, sita muy cerca de Villa de Don Fadrique, se produjeron gravísimos altercados con motivo de un conflicto laboral que terminó con seis muertos y veinte heridos. De haber incitado a ellos fue acusado Luis Cicuéndez y uno de sus lugartenientes, hecho que fue aprovechado por algunos propietarios para denunciarle, así como su intensa labor de enfrentamiento que promovía en el pueblo, por lo que tras la correspondiente investigación gubernamental, el Gobernador Civil, no olvidemos que ya republicano, decidió su cese como alcalde; en ello intervino personalmente Miguel Maura, uno de los máximos exponentes republicanos del momento. Como puede suponerse la destitución de Ciuéndez sentó como un tiro entre la militancia comunista del pueblo, y muy especialmente, Cayetano Bolívar Escribano –originario de Málaga, sería elegido diputado por el PCE por tal ciudad en 1933–, a la sazón ya por entonces reconocido líder del PCE a nivel regional de la provincia de Toloedo, quien tomó como agravio personal el cese de su amigo y correligionario.

La revuelta de 1932

Como hemos visto, desde hacía ya algún tiempo, y más aún tras la destitución de Cicuéndez, los afiliados al PCE de Villa de Don Fadrique venían inoculando entre los obreros y campesinos de dicha localidad actitudes abiertamente levantiscas con constantes amenazas a los patronos, influidos por toneladas de propaganda marxista-leninista y revolucionaria. Constantemente se organizaban mítines de marcado matiz extremista a los que acudían incluso desde Madrid y de otros puntos de España líderes de tal ideología. Caso particular fue que las mujeres de dichos militantes fueron adquiriendo especial protagonismo, así como radicalidad, organizando ellas también sus propias manifestaciones tomando las calles del pueblo a los gritos de ¡Viva Rusia! y ¡Viva el amor libre!

El Ayuntamiento en la época

La actitud cada vez más radical y levantisca tenía al pueblo en constante desasosiego y alarma hasta el punto de que no pocos propietarios de tierras o negocios optaron ya entonces por abandonarlo.

Eran tan imposibles las reivindicaciones planteadas de forma deliberada por dichos dirigentes, así como tan radical y agresiva su actitud, que un grupo de propietarios optó por pedir la mediación del Gobernador Civil de Toledo. Estudiadas por éste, decidió nombrar un delegado para el caso, el cual giró una visita previa a los campos de labor y a los campesinos más significativos, así como a los dirigentes comunistas, para ver si había posibilidad de mediar, los cuales le prometieron que las condiciones que se aprobaran, caso de llegarse a un acuerdo, serían aceptadas íntegramente por ellos. Con tal promesa, el delegado del Gobernador decidió marchar a la localidad para empezar de inmediato las negociaciones.

Sin embargo, antes de emprender viaje a primera hora de la mañana del 8 de Julio, tuvo noticia de que los campesinos de la localidad se habían echado a la calle dando comienzo a un levantamiento de signo marcadamente revolucionario.

El caso era que, ante la posibilidad de que las negociaciones llegaran a buen puerto, los dirigentes del PCE, Cicuéndez y Bolívar, a los que tal hecho no convenía, habían optado por llamar a la insurrección y la huelga general en un mitin celebrado el 4 de Julio, justo cuatro día antes del estallido de los altercados, en el que el principal orador fue Valentín Carpintero Marín, así como el propio Luis Ciuéndez, impidiendo siquiera el inicio de las negociaciones; Cicuéndez, por su parte, había estado unos días antes en Madrid en una reunión en la sede del PCE.

Lo dicho es aún más claro si se tiene en cuenta que tales líderes venían organizándolo todo con anterioridad. Hacía tres días que pequeños grupos de obreros y campesinos, de entre los de mayor confianza, habían establecido en torno al pueblo puestos en los que permanecían, turnándose, no sólo de día, sino también de noche, de forma que nunca quedaban vacíos; sus mujeres les llevaban comida por la mañana, regresando a continuación al pueblo, y así sucesivamente. De ello tenía conocimiento la Guardia Civil de la localidad, formada por ocho parejas más dos Cabos, Carlos Couceiro Vázquez y Florentino Martín Sánchez, pero como no se producía altercado alguno, no intervinieron, limitándose a labores de vigilancia.

Así pues, a las 05,30 de la madrugada del 8 de Julio de 1932, irrumpió por las calles del pueblo una nutrida manifestación de mujeres, muchas muy jóvenes, armadas con hoces y cuchillos que blandían al aire, dando gritos a favor de la revolución, más los ya conocidos de ¡Viva Rusia! y ¡Viva el amor libre! y otros tales como “¡Ha llegado la hora de cortar cabezas!”. El pueblo, prácticamente en su totalidad, sobre todo sus calles principales, quedaron enseguida tomadas por la turba. Los vecinos, ante tan grave y amenazadora situación, optaron por encerrarse en sus casas cerrando puertas y ventanas. De repente, sin poderse determinar de dónde, sonó un disparo de escopeta que dio en una de las manifestantes, Felipa (a) “La sorda”, que resultó herida. Y ya no hubo forma de parar.

Dionisio Ariza

La Guardia Civil, que había acudido al griterío, y los obreros y campesinos apostados de antemano como se ha dicho, se enzarzaron en un duro intercambio armado. Aquéllos, 14 guardias con los dos Cabos al frente, habiendo dejado a dos guardias en la casa-cuartel, haciendo uso de sus fusiles reglamentarios. Éstos, armados de escopetas, pero también con algunos rifles y pistolas llegadas unos días antes desde Madrid, parapetados detrás de cercas y mieses.

Providencial iba a resultar la reacción de Dionisio Ariza, encargado de la central telefónica, quien, al oír los primeros disparos y ver el cariz que tomaba la cosa, no lo dudó un instante y contactó con la central de Villacañas a la que dio noticia de lo que ocurría pidiendo se informara a la Guardia Civil y se enviaran con máxima urgencia refuerzos. Cuando aún estaba hablando la línea fue cortada por los revoltosos, algo que tenían previsto de antemano, entre otras cosas.

La zanja en la carretera

Que todo obedecía a un plan minucioso lo demuestra no sólo lo dicho sobre la presencia continua de los más decididos y de confianza en los día anteriores en varios puntos de la afueras del pueblo, sino también que de inmediato, nada más salir las primeras mujeres a la calle, cuadrillas de revoltosos procedieron a invadir algunas fincas, destrozar tres máquinas agrícolas, volcar numerosas galeras de mieses, y cortar, como se ha dicho, la líneas telefónicas talando con hachas los postes para a continuación destrozar los cables, y también destruyendo una alcantarilla haciendo grandes esfuerzos para levantar la obra de fábrica abriendo en ella una honda zanja que taparon con ramas y maderas para que cayera en ella la fuerza que, de acudir en socorro, debía llegar, precisamente, por aquel lugar de la carretera de Villacañas a Toledo. Además, prendieron fuego a varias cosechas, alguna de las cuales, por su cercanía, amenazaron con extender las llamas a varias casas. Asimismo, fue interceptada al grito de “Se ha proclamado el comunismo” la camioneta de servicio regular entre Quintanar de la Orden y Toledo cuando como de costumbre intentó pasar por Villa de Don Fadrique.

El intento de mediación

Durante más de dos horas se entabló un nutrido intercambio de disparos entre los obreros y campesinos y los guardias civiles, estando en franca inferioridad éstos tanto por su número como porque poco a poco se les agotaban las municiones, que tuvieron que racionar ante el desconocimiento de si les llegarían o no refuerzos. Eso sí, consiguieron hacer un prisionero en la persona de uno de los revoltosos que en un despiste había quedado a su merced.

En un momento dado, Dionisio García Baquero (el alcalde) y Vicente Maqueda, ambos del partido republicano-radical, alcalde y teniente de alcalde respectivamente, intentaron mediar interponiéndose portando en alto sendos pañuelos blancos. Cesó el fuego. Se acercaron unos revoltosos y exigieron, para acabar con lo que estaba sucediendo, que dejaran en libertad al detenido. Los parlamentarios hablaron con los guardias, los cuales, lógicamente, se negaron en redondo a tal pretensión. Cuando ambos se dirigían de nuevo hacia los levantiscos, pero sin que a éstos les dieran tiempo siquiera para comunicarles la negativa, recibieron una descarga que a poco terminó con sus vidas si no logran ampararse en una tapia cercana.

Cadáver del guardia civil

Por fin acudieron desde Villacañas unos primeros refuerzos de los solicitados, llegando por la carretera de Lillo, que de inmediato fueron duramente hostilizados, pudiendo, no obstante, unirse a los guardias del pueblo, comenzando a retirarse todos ordenadamente hacia su interior.

Dado que el aviso de lo que ocurría había trascendido más allá de Villacañas, de Tembleque partieron en un vehículo cedido por un vecino un Capitán, un Teniente y el guardia, José Cabello, ordenanza del primero. Cuando el vehículo entraba en Villa de Don Fadrique, recibió una fuerte descarga a consecuencia de la cual resultó muerto en el acto el guardia que viajaba al descubierto en el baquet del coche. Tenía 32 años y dejaba mujer e hijos. Su cadáver fue llevado a la casa-cuartel.

Entre tanto, José Díaz-Maroto Aparicio (a) “El Talillo”, vecino de la Villa de Don Fadrique, enterado de que la era propiedad de una hermana ardía por haberla prendido los revoltosos, salió de su casa para ir al lugar a intentar apagar el fuego; lo hizo confiado en que creía no tener enemigos en el pueblo, pues incluso daba trabajo a dos gañanes y varios segadores todos de filiación comunista, manteniéndose él siempre al margen de cuestiones políticas. Cuando transitaba por una de las calles fue interceptado por tres de los revoltosos que le ordenaron levantar las manos, momento en que sin más contemplaciones le hicieron dos disparos a corta distancia, cayendo al suelo, instante en el que oyó decir a uno de sus atacantes “Este es el de gracia” recibiendo un nuevo disparo por la espalda. Como pudo, el hombre, mal herido, llegó a un lugar cercano en donde fue atendido por varias mujeres. Esta persona fallecería el día 10 a causa de sus graves heridas –no sin antes declarar ante el juez instructor personado en Villa de Don Fadrique desde el 9 de Julio– dando testimonio de que sus atacantes habían sido Francisco Vela (a) “El Bolilla”, Bonifacio de la Fuente (a) “El Carrascosa” y José Manzanero Marín (a) “El manzanero” y “El Buen Mozo”; los dos últimos serían detenidos tras los incidentes, logrando huir el primero.

Sobre la una de la tarde la situación se enquistaba hasta tal punto de que una patrulla de la Guardia Civil que efectuaba un reconocimiento fue atacada por un nutrido grupo de revoltosos resultando heridos cinco de los guardias. Debido a ello, el pueblo aparecía ya tomado por completo por los levantiscos alborotadores, apoyándose no sólo en su buena organización, sino también en que incluso habían construido aspilleras –dos rendijas para sendos cañones de armas y una más a modo de mirilla para precisar bien el blanco– en varias de las puertas de las casas que ocupaban dominando todas las calles. Ante tal situación, la Guardia Civil en su totalidad optó por encerrarse en la casa-cuartel a la espera de que llegaran más refuerzos pues su inferioridad era clara y cualquier otra acción sólo produciría más bajas entre ellos con la consiguiente merma de su fuerza ya de por sí escasa.

Sobre las 13,30 llegaban por fin más guardias en número de un centenar al mando de un Teniente Coronel acompañado además por el Gobernador Civil de Toledo. Dicha fuerza procedió de inmediato a tomar posiciones teniendo no pocas veces que invadir algunas casas para lo cual, al estar cerradas y no facilitar la entrada sus habitantes, no tuvieron más remedio que echar las puertas abajo a patadas y culatazos. En una de las casas se encontró herida de bala a Josefa Marín Girón, debajo de cuya cama había una bomba casera cuya mecha estaba preparada para hacerla estallar. Dicho domicilio era lugar frecuente de reuniones de los ahora revoltosos. Ni que decir tiene que la mujer fue detenida y trasladada al Ayuntamiento. En otras casas se habían ya refugiado muchos de los revoltosos que, al ver llegar los nuevos refuerzos y dando la baza por perdida, optaron por presentarse aparentando no haber participado en los sucesos, a pesar de lo cual, y al encontrarse en el consiguiente registro armas y/o municiones, fueron detenidos, formando con ellos una cuerda de más de 40 llevados así al Ayuntamiento; a ella se unión al poco otra cuerda de 18 mujeres todas las cuales habían tenido gran protagonismo en los altercados.

Cadáver de Ángel Cicuéndez

Entre las bajas sufridas por los revoltosos se contó a Mónico Contreras, destacado líder comunista, que había fallecido de un disparo; cuando la guardia civil procedía a levantar su cadáver, rodeado de la mujer e hijos del fallecido, uno de sus hijos hizo un disparo desde lejos sin que diera en el blanco, huyendo a continuación. Otra de las bajas fue Ángel Cicuéndez Muñoz, hermano del principal cabecilla, como se ha dicho, muerto también de un disparo; en el exterior de su casa figuraban pintadas numerosas hoces y martillos.

El médico Jesús Cadahía dirigiéndose a socorrer a los heridos (Pinchar en la imagen)

Cuando poco a poco la revuelta fue remitiendo, un grupo de propietarios armados con sus escopetas se ofrecieron a la Guardia Civil para ayudar en el restablecimiento del orden, siendo tiroteados desde algunas casas, así como también lo fueron los operarios que restablecían las líneas de teléfono cortadas. Las personas de orden que se prestaron a tal labor fueron: los hermanos Ubaldo y Gonzalo Domínguez; Ricardo y Francisco García Molero; Atanasio y Eusebio Novillo, padre e hijo respectivamente; los también padre e hijo José y Arsenio Izquierdo; Julio Martín; Francisco Arroyo; Gerardo Izquierdo; Claudio González; Salustiano Aguado; José Contreras; Julián Santos; Robustiano Muñoz; los hermanos Ubaldo y Leocadio Beteta, y Lope y Félix Gómez, padre e hijo respetivamente.

En el centro el médico asistiendo a un herido

Fue muy destacada la intervención del médico titular del pueblo, Jesús Cadahía López, quien se ofreció enseguida a cuidar de los heridos de toda clase y condición, bien que para ello y dado que cuando tal persona se presentó a la Guardia Civil aún la cosa no había terminado, para hacer su trabajo tuvo que ser escoltado por la Benemérita no fuera a ser que algún revoltoso incontrolado atentara contra su vida.

Ya avanzada la tarde llegó a la localidad el director de la Guardia Civil, Gral. Miguel Cabanellas Ferrer, junto con el ministro de la Gobernación (Interior) Casares Quiroga, lo que da una idea de la gravedad, importancia y trascendencia que tuvieron los hechos. También lo hizo el juez instructor designado para el caso, el Comandante de Caballería Sr. Chacer, quien de inmediato se puso manos a la obra para determinar responsabilidades; por ser los hechos constitutivos de rebelión armada, correspondía a la jurisdicción militar según la legislación republicana en vigor entender en ellos.

La Guardia Civil allanando una casa

El balance total de los hechos fue de un guardia civil muerto y cinco heridos, dos revoltosos muertos y veintiuno heridos, y más 60 detenidos, falleciendo además, como se ha dicho, un vecino. El alcalde, Dionisio García Baquero fue cesado inmediatamente por orden gubernativa al considerarse que no había actuado con la diligencia y celo necesarios para prevenir los hechos. Luis Ciuéndez Muñoz, el principal instigador, consiguió darse a la fuga.

Como consecuencia de tan luctuosos hechos, el 3 de Marzo de 1933, o sea, siete meses después, se celebró la correspondiente vista judicial en Toledo, para lo cual y debido al cariz de los mismos y a la confluencia en dicha capital de numerosos familiares de los encartados, a su actitud levantisca, así como a que a ellos se unieron grupos de obreros en paro de dicha capital, se tomaron medidas especiales acudiendo a la ciudad un refuerzo de 60 guardias de Asalto, más la mayoría de los guardias civiles de los pueblos más cercanos, que prácticamente tomaron la capital toledana, especialmente sus accesos y puntos neurálgicos.

Los procesados fueron Francisco Vela Organero (a) “El Bolilla”, Bonifacio de la Fuente Marín (a) “El Carrascosa” y José Manzanero Marín (a) “El Buen Mozo”; los dos primeros defendidos por Virgilio Carretero –abogado muy reconocido por entonces y comunista de los primeros tiempos, que tras estallar la guerra sería Gobernador Civil de Córdoba, luego alto cargo de la Junta de Abastos de Madrid, que, detenido al acabar la contienda, fue ingresado en el campo de prisioneros de Albatera del que consiguió huir, logrando pasar a Francia donde terminaría sus días– y el último por el abogado Cándido Cabello Sánchez-Gabriel, del partido radical-socialista, por entonces secretario del Colegio de Abogados toledano y letrado del Ayuntamiento y de la Diputación provincial de Toledo. Hubo 12 testigos de parte de la fiscalía, entre ellos 5 mujeres, y 26 de parte de la defensa, entre ellos 18 mujeres.

Jóvenes participantes detenidas (Pinchar en la imagen)

«Cuerda» de mujeres participantes detenidas

Varios de los revoltosos detenidos

Los acusados, además de por sedición de carácter social, lo fueron por el asesinato de José Díaz-Maroto Aparicio, hecho que cometieron por odio político al considerarle contrario a sus ideales comunistas. Según quedó establecido, tras hacerle levantar las manos, Francisco Vela le descerrajó un tiro de frente a unos cinco metros de distancia, mientras casi al mismo tiempo José Manzanero Marín le hizo otro y, a continuación, Bonifacio de la Fuente un tercero por la espalda tras decir “Este es el de gracia”. La acusación determinó que los hechos eran constitutivos de un delito de asesinato sin atenuante alguno, solicitando para cada uno de ellos cadena perpetua, costas, accesorias y una indemnización mancomunada de 5.000 pesetas. La defensa, por supuesto, consideró no probados los hechos pidiendo la absolución. Los encartados negaron cualquier relación con el crimen, alegando que dado que el fallecido era corto de vista malamente podía haberlos identificado como sus agresores.

José Manzanero en el penal de Cartagena en 1935

En un momento dado, durante la vista, y dado que el tribunal había autorizado a cuatro de los asistentes entre el público a abandonar la sala, se produjo un alboroto al intentar otros cuatro suplirles momento que aprovechó una multitud que estaba en concierto con ellos para intentar forzar la entrada, lo que evitó la Guardia Civil efectuando una contundente carga para dispersarlos, lo que logró rápidamente.

Tras la correspondiente deliberación del tribunal, la sentencia fue de inculpabilidad para Francisco Vela y Bonifacio de la Fuente, y de culpabilidad para José Manzanero Martín, por lo que, en consecuencia, se dictó sentencia de absolución para los dos primeros y de veintiún años y seis meses de cárcel para el último, bien que al considerar el Jurado excesiva la pena anunció que instruiría expediente de indulto, lo que no fue óbice para que de inmediato José Manzanero Marín ingresara en prisión en el penal de Alcalá de Henares, siendo meses después trasladado al de Cartagena donde coincidiría más adelante con el líder socialista González Peña y los demás encartados por la Revolución de Octubre de 1934.

De 1932 a 1936

En 1935, y a raíz de unas investigaciones relacionadas con la pasada Revolución de Octubre de 1934, la Guardia Civil descubrió la existencia en Villa de Don Fadrique de una conjura por parte de varios vecinos del pueblo afiliados al PCE, llegando a realizarse varios registros domiciliarios encontrando alguna bomba casera y líquidos inflamables, deteniendo a algunos de los implicados.

No obstante, y salvo lo dicho, desde los incidentes de Julio de 1932 hasta la victoria (fraudulenta) del Frente Popular en Febrero de 1936, una calma, aunque tensa, dominó en el pueblo.

De Febrero de 1936 hasta el Alzamiento Nacional

El Frente Popular, coalición de partidos de izquierda liderada por el PSOE y el PCE, se hizo con el poder en las elecciones generales de Febrero de 1936 mediante un monumental pucherazo electoral, ocupando rápidamente todos los cargos que le correspondían, así como los que no, porque desde Marzo los nuevos gobernadores civiles, ya frentepopulistas, se dedicaron a expedir mandatos de cese de los alcaldes que no le eran afectos, procedimiento manifiestamente ilegal, mediante el cual, y con tales mandatos en la mano, se presentaban en las alcaldías los frentepopulistas del lugar coaccionando a los alcaldes electos en la elecciones municipales de 1933, invitándoles a dimitir o simplemente echándoles de los consistorios mediante amenazas, procediendo entonces a designar como alcaldes y concejales a los líderes de los partidos afectos al Frente Popular de tales localidades; es decir, y como puede verse, llevando a cabo “golpes municipales” para ampliar su poder también a los municipios sin esperar a las nuevas elecciones municipales que debían celebrarse en 1937. Y como consecuencia de lo dicho, comenzaron de inmediato a imponer su nuevo orden revolucionario conforme a su ideario marxista-leninista.

D. Jesús Cadahía

En Villa de Don Fadrique se llevaron a cabo numerosas incautaciones y expropiaciones ilegales de fincas, tierras y haciendas, tales como “La Cervantes” propiedad de Leocadio Gómez; todos los bienes de la marquesa viuda de Mudela; la finca “Villanovillos” propiedad de los señores de Lara y de Alejandro Domínguez; así como del acotado del “Silo del Conde” propiedad de Salustiano Aguado. Pero también a la detención y encarcelamiento de varios vecinos sin causa justificada ni explicación alguna, entre ellos del médico Jesús Cadahía López –de sus vicisitudes se hablará más adelante y muy en concreto en el epígrafe “Sobre José Manzanero Marín”–, Félix Gómez Díaz-Maroto, Urbano Pérez Pulido, Baldomero Ceballos Maqueda y Baldomero Comendador Ortiz entre otros. Todo lo cual provocó una huida masiva de personas de orden, apolíticas o afectos a partidos de derecha republicana a Madrid a casa de familiares al considerarse más seguros en la capital que en el pueblo donde el clima de terror reinante se hizo insufrible.

Noticia que alegró a muchos, pero que heló la sangre a muchos más, fue la puesta en libertad de José Manzanero Marín acogido a la amnistía que el 9 de Marzo de 1936 decretó el nuevo Gobierno del Frente Popular.

La distribución por filiación política existente en ese instante en Villa de Don Fadrique era como sigue: afiliados a los partidos del Frente Popular (PSOE, PCE, Izquierda Republicana y Unión Republicana) unas 1.500 personas, la práctica totalidad comunistas, a las que había que añadir los afectos. A los partidos de derecha, el Agrario y el de Acción Popular, unos 300 afiliado y algunos más afectos. Además, había una muy incipiente Falange Española a cuya cabeza figuraban los vecinos Félix Gómez-Díaz Maroto, José Ignacio Organero, Julio Domínguez Torres, Juan Maqueda Requena y Ángel Maqueda Checa que contaba con no más de un par de decenas de afiliados. Así pues, puede afirmarse que la “La pequeña Rusia” seguía viva y dominante, aún más ahora que se había hecho con el poder local, respaldado por el de la nación.

El clima de terror se hizo por todo lo dicho más aplastante toda vez que la Guardia Civil en la localidad seguía siendo de una veintena de miembros que apenas daban abasto para proteger en lo posible a los perseguidos por los frentepopulistas constantemente sometidos a provocaciones, insultos y amenazas con las limitaciones que se puede suponer estando ahora la alcaldía en manos frentepopulistas.

El Alzamiento Nacional

Nada más llegar las primeras noticias de la sublevación cívico-militar del 18 de Julio de 1936, que se conocería como Alzamiento Nacional, en Villa de Don Fadrique, como en la práctica totalidad de España, el Frente Popular se movilizó; en esta localidad, dada su mayoría comunista, con especial rapidez y eficacia.

Se nombró de inmediato un Comité Ejecutivo que suplantó en sus funciones a la alcaldía, formado, como es natural, por los más destacados dirigentes frentepopulistas comunistas de la localidad: Luis Ciuéndez Muñoz, Dionisio Ciuéndez Muñoz, Juan Ignacio Rincón, Pablo Díaz-Maroto Moñino, Dionisio Torres Checa, Crescencio Checa Romo, José Maqueda Checa, Primitivo Carpintero Mollejo, Saturnino Carpintero Mollejo, Saturnino Carpintero Aguado, Santiago Aguado Arojo, Pablo Mendoza Prisuelos, Dionisio García-Baquero Ignacio, Constantino Torres Perea, Alejandro Sotoca Tello, Julián Maqueda Ramos, Ovidio Organero Aparicio, Julián Mendoza Prisuelos, Vicente Maqueda Zeballos y Tomás Maqueda Ramos, los cuales se repartieron los cargos de alcalde, secretario del Socorro Rojo, jefes de Milicias, y otros, muchos de ellos ilegales por inexistentes en la II República, creados exprofeso para el caso.

Asimismo, organizaron una “checa” de la cual formaron parte: Luis Cicuéndez Muñoz, jefe; Juan Ignacio Rincón; Dionisio García-Baquero Ignacio; Vicente Maqueda Ceballos; Constantino Torres Perea, presidente del Izquierda Republicana que había sido concejal; Primitivo Carpintero Molleja, presidente del PCE que había sido alcalde; Esteban Ceballos Ceballos; José Maqueda Checa, que había sido concejal; Marcos Carpintero Aguado y Pablo Díaz Maroto Monino, secretario del Socorro Rojo. Junto a ellos se constituyó un Comité de Clasificación, Información y Ejecución de la “checa” formado por Dionisio Cicuéndez Muñoz, jefe de las Milicias Rojas; Primitivo Carpintero Mollejo, Saturnino Carpintero Mollejo, Ramón Carpintero Mollejo, Telesforo Aguado Ronco, José Manzanero Marín, Benedicto Marín Manzanero, Esteban Ceballos Ceballos, Pedro Pallarés, Patricio Aguado Marín, Juan Ignacio Rincón, Teodosio Ceballos Sánchez-Ortega y Braulio ramos Ignacio.

De inmediato procedieron a organizar y dirigir a las turbas contra aquellos que por una u otra causa, incluso personales, consideraban sus enemigos, es decir, contra todo aquel que no comulgara con sus ideas, allanando sus domicilios, saqueándolos, incautándose de sus enseres, propiedades muebles e inmuebles, rústicas o urbanas, y deteniendo y encarcelando a quienes consideraban, llegando su número a las 98 personas, que fueron sometidas a todo tipo de malos tratos y vejámenes, terminando por ser asesinados los 44 siguientes (alguno de ellos en Madrid a donde habían huido):

Nombre Edad Profesión
Aguado Alcañiz, Juan 0
Aguado, Polonio 0 Agricultor
Aparicio Rincón, José María 0 Administrador
Beato Sánchez, Miguel 27 Sacerdote – Párroco
Cadahía López, Jesús 42 Médico
Castro, Vicente 0 Industrial
Cicuéndez Romero, Eduardo 54 Secretario Juzgado
Díaz-Maroto Alcorcón, Ambenio 0 Sacerdote
Domínguez Aguado, Lucio 70
Domínguez Checa, Ubaldo 46 Agricultor
Domínguez de Lara, Manuel (Hijo) 55 Propietario
Domínguez Sánchez, Alejandro 86 Propietario
Domínguez Torres, Julio 32 Herrero
Domínguez Torres, Polonio 0
Domínguez Torres, Valentín 25 Tesorero
García-Baquero Ortiz, Juan 54 Propietario
García-Molero de Lara, Miguel 27 Estudiante y abogado
García-Molero de Lara, Ricardo 41 Agricultor
Gómez Aparicio, Felisín (hijo) 0
Gómez Díaz-Maroto, Félix (hijo) 25 Estudiante
Gómez Díaz-Maroto, Leocadio 59 Propietario – Industrial – Concejal
Herráiz Aparicio, Basilio 0 Barbero
Herráiz Vela, Emilio 25 Jornalero
Hidalgo Villarrubia, Telesforo 0 Sacerdote
Huertas Medina, Buenaventura 63 Funcionario Ayuntamiento
Huertas Medina, Buenaventura 67 Sacristán
López-Gasco Fernández-Largo, Francisco 49 Sacerdote
Madero Ortiz Cicuéndez, Amador 64 Abogado y Notario retirado
Madero Ortiz Cicuéndez, Salvador 0 Médico y Diputado
Manzanero Maqueda, Emiliano 32 Jornalero
Maqueda Torres, León 58 Propietario y Comerciante
Maqueda Torres, María Angela 56 Ama de casa
Maqueda, Macedonio 0 Auxiliar de farmacia
Marín Manzanero, Benedicto 0
Martín Villarrubia, – (hijo) 0 Agricultor
Martín Villarrubia, Anselmo – (hijo) 0 Vinatero
Muñoz Villarrubia, Antonio 75 Secretario del Ayuntamiento
Novillo Muñoz, Eusebio 0 Taxista de Miguel Esteban
Novillo Ramos, Ramon 45 Zapatero
Organero Aparicio, Ovidio 0
Sánchez-Oro Contreras, Balbina 34 Ama de casa
Villarrubia Aguado, Casimiro 62 Agricultor
Villarrubia Díaz-Maroto, Telesforo 56 Propietario
Villarrubia Díaz-Maroto, Vital 0

De los asesinados, muy pocos de ellos lo fueron por arma de fuego, siendo la mayoría por muertes lentas, dolorosas y crueles generalmente por palizas tanto con los puños como con objetos contundentes hasta dejar a las víctimas convertidas en amasijos de carne irreconocible, no dudando en acabar con ellos cuando de sus labios salía un último suspiro, en realidad un estertor final, arreciando entonces con los golpes. Ni que decir tiene que las palizas se regulaban para sucederse durante días alargando hasta lo indecible los sufrimientos de los detenidos a los que además se privaba de alimentos; hubo asimismo muchos casos de mutilaciones de miembros en vida.

Miguel Beato Sánchez, uno de los sacerdotes asesiandos en el pueblo

La muerte en accidente de Faviana Aguado Marín, esposa de Tomás Maqueda Ramos, así como de Honorio Castillo Ferrio y Pablo Carpintero Mollejo, interrumpió durante algún tiempo los asesinatos; de no ser por tal hecho es seguro que de los 98 apresados no hubiera sobrevivido ninguno.

Es de destacar no sólo el asesinato del párroco y del sacerdote adjunto, sino también la profanación del templo parroquial, destruyéndose el altar, los ornamentos y todas las imágenes; para esto último obligaron a punta de fusil y de pistola a colaborar en tales sacrilegios a algunos de los encarcelados.

En un momento dado, los dirigentes frentepopulistas urdieron una trama por la cual solicitaron voluntarios para alistarse como combatientes, con el único propósito de conocer quiénes estaban a su favor o quiénes podían aún seguir en su contra. Como quiera que la artimaña quedó en evidencia, provocando un fuerte altercado público de parte de los familiares de los “reclutados”, los dirigentes frentepopulistas no dudaron en terminar con el bullicio asesinando allí mismo a cinco de los más alterados.

La guerra 

Villa de Don Fadrique quedó en segunda línea de frente toda la guerra, no liberándose hasta su final.

En la localidad, durante el conflicto bélico, no se acantonó ninguna unidad militar ni tan siquiera fue centro de reunión de ellas. Tan sólo pasó en una ocasión un grupo de anarquistas, al parecer miembros de la Columna Urribari, bien que sin daño alguno para la población.

Miembros del ayuntamiento de Villa de Don Fadrique durante la guerra junto al camión de suministros que enviaban cada semana a Madrid

Sin embargo, el pueblo, para contar con unos 5.000 habitantes, sí aportó, en proporción, un considerable número de voluntarios al bando frentepopulista llegando a los 400, la mayoría de los cuales se enrolaron en el Quinto Regimiento del comunista Enrique Líster formando parte básicamente del Batallón Octubre Nº 1 y del Batallón Luis Carlos Prestes –esta última unidad dejó por donde pasó durante los primeros meses de guerra un reguero de asesinatos y toda clase de barbaridades que pueden muy bien ser imputados en buena parte a los naturales de Villa de Don Fadrique cuyo extremismo ha quedado en evidencia–; alguno que otro llegó al grado de Oficial. Después pasarían a formar parte del Ejército Popular en diferentes Brigadas Mixtas; de los enrolados, no regresaron la mitad.

Cuando la guerra cambió de signo se forzó a familiares de los detenidos que habían sobrevivido a la furia inicial y que permanecían encarcelados, a alistarse bajo amenazas de que, de no hacerlo, sus parientes serían de inmediato asesinados.

Además de lo dicho, Villa de Don Fadrique suministró durante toda la guerra a Madrid semanalmente diversas cantidades de cereales, así como dos camiones de diversos productos alimenticios.

La inmediata postguerra

Terminada la guerra se procedió por parte de las nuevas autoridades a la apertura de las correspondientes investigaciones, incoando los oportunos procedimientos judiciales para dilucidar responsabilidades conforme a la legislación militar de guerra en vigor que era la propia de la II República, la cual estuvo vigente en al bando nacional durante toda la contienda. Como consecuencia de los respectivos consejos de guerra sumarísimos realizados con todas las garantía procesales (tribunal, fiscal, defensor, testigos de cargo y de descargo, así como informes solicitados a la distintas autoridades tales como el Ayuntamiento, Guardia Civil y FET de las JONS), fueron condenados a muerte y ejecutados por pesar sobre ellas cargos más que probados de sus participación en los asesinatos y desmanes que, como hemos relatado, arrasaron Villa de Don Fadrique desde el comienzo de la guerra, las siguientes 44 personas (entre paréntesis la localidad de ejecución, edad, profesión… cuando se conoce):

Aguado Angelina, Narciso (Ocaña) / Aguado Díaz-Maroto, Luis (Quintanar de la Orden) / Aguado Díaz-Maroto, Manuel (Quintanar de la Orden) / Aguado García-Baquero, Juan (Ocaña) / Aguado Ronco, Josefa (Toledo)/ Aguado Vaquero, Ángel (Ocaña) / Aparicio, Casimiro (Teruel) / Baquero Navarro, Ángel Lucas (Quintanar de la Orden) / Carpintero Aguado, Saturnina (Quintanar de la Orden) / Carpintero Aguado, Vicente (Quintanar de la Orden) / Carpintero Aguado, Marcos (Madrid) / Carpintero Mollejo, Primitivo (Cárcel de Carabanchel-Madrid-38-alcalde-carnicero) / Carpintero Tello, Julián (Ocaña) / Cicuéndez Aguado, Balbino (Quintanar de la Orden) / Comendador Mendoza, Leocadio (Ocaña) / Díaz-Maroto Díaz-Maroto, Román (Quintanar de la Orden) / Díaz-Maroto Díaz-Maroto, Valentín (Quintanar de la Orden) / Díaz-Maroto Mollejo, Valentín (Quintanar de la Orden) / Díaz-Maroto Vela, Lorenzo (Ocaña) / García Carpintero, Andrés (Ocaña) / García-Vaquero Vela, Evaristo (Quintanar de la Orden) / Gil Manzanero, Atilano (Quintanar de la Orden) / Gil Manzanero, Justo (Quintanar de la Orden) / Lozano Gómez, Valentín (Quintanar de la Orden) / Manzanero Torres, Bernardo (Quintanar de la Orden) / Maqueda Mendoza, Nemesio (Ocaña) / Marín Carpintero, Julián (Quintanar de la Orden) / Marín Carpintero, Lucio (Quintanar de la Orden) / Mendoza Díaz-Maroto, Julián (Melilla)/ Mendoza Prisuelos, Pablo (Quintanar de la Orden)/ Mendoza Torres, Juan (Quintanar de la Orden)/ Novillo Villanueva, Lorenzo (Ocaña)/ Organero Raboso, Cipriano (Toledo-37) / Organero Vela, Casimiro (Ocaña)/ Raboso Cereceda, Gabriel (Quintanar de la Orden) / Raboso Raboso, Manuel (Quintanar de la Orden) / Ramos Ignacio, Braulio (Quintanar de la Orden) / Sánchez Vela, Fermín (Lillo-Toledo) / Sánchez-Oro Angelina, Mamerto (Quintanar de la Orden)/ Sánchez-Oro Cruz, Eulogio (Quintanar de la Orden) / Sánchez-Oro Ignacio, Luciano (Ocaña) / Torres Checa, Dionisio (Quintanar de la Orden-alcalde) / Vela Sánchez-Oro, Juan (Quintanar de la Orden).

Sobre José Manzanero Marín (29.12.1911 Villa de Don Fadrique – 12.02.2010 París)

José Manzanero Marín

Mención especial y obligada merece José Manzanero Marín, sin duda uno de los más activos, exaltados y crueles de entre los varios líderes frentepopulistas originarios de Villa de Don Fadrique.

Natural de la citada localidad, nació el 29 de Diciembre de 1911 (sus padres se llamaban Juan Pedro y Juana). Su familia paterna y materna se dedicaba a labores agrícolas y al pastoreo. Durante su infancia cuidó ovejas, fue a la escuela primaria, trabajó como albañil, jornalero y dependiente en una bodega. Ingresó con 17 años en las Juventudes Comunistas y luego en el PCE.

Como hemos visto, fue uno de los más destacados participantes en la revuelta del 8 de Julio de 1932, así como uno de los tres participantes durante ella del asesinato a sangre fría de José Díaz-Maroto Aparicio, motivo por el cual fue condenado a 21 años de cárcel, y puesto en libertad por la amnistía decretada por el Frente Popular con fecha 9 de Marzo de 1936.

«Perrachica» de joven

El inicio de la guerra le cogió en Madrid, donde trabajaba en una panadería, al tiempo que ejercía como secretario del Radio de Ventas del PCE –sus jefes eran Antonio del Moral Labajo (a) “Perrachica” y Faustino Villalobos Adán–, es decir, de la sucursal de dicho partido para tal barrio, cargo por lo tanto de gran nivel, autoridad y responsabilidad. Además de las actividades políticas y revolucionarias correspondientes, nada más comenzar la guerra, y como el resto de Radios comunistas, el de Ventas –sito en la carretera de Aragón (hoy calle de Alcalá) nº 129, si bien disponía en tal carretera de otras sedes– constituyó su propia “checa”, centro de detención ilegal, por supuesto, lugar a donde llevaban a los que por cualquier circunstancia detenían, para luego, en la mayoría de los casos y previos malos tratos, torturas y vejámenes, terminar por asesinarlos; la checa, claro, estaba dirigida por los mismos mandos del Radio, entre ellos, pero especialmente destacado, como veremos, por José Manzanero Marín.

El modus operandi de José Manzanero durante los meses en que estuvo al frente de dicha “checa” –de Julio de 1936 a Febrero de 1937–, en lo que se refiere a sus convecinos de Villa de Don Fadrique, todos por lo tanto conocidos suyos, fue buscar a los que se habían refugiado en Madrid antes del estallido de la guerra, como dijimos, debido al ambiente de hostigamiento y persecución que se ejercía contra ellos en el pueblo para, o bien asesinarlos en el mismo Madrid, o bien trasladarlos a dicha localidad para asesinarlos allí; siempre previo los malos tratos acostumbrados. En particular hay que resaltar que según todas las declaraciones de testigos que lograron sobrevivir, José Manzanero tenía especial predilección por dar patadas en los testículos de sus víctimas masculinas hasta reventarlos; se desconoce lo que hacía a las femeninas.

Quedó probado que José Manzanero –en algunos casos acompañado también por su mujer Floriana Aparicio Díaz-Maroto (a) “La Morena”— fue autor principal, junto con otros, de las siguientes detenciones, encarcelamientos, maltratos, ultrajes y en la mayoría de los casos asesinato, además de robo de sus propiedades de toda clase, de las siguientes personas:

  • Originarios de Villa de Don fadrique.-
D. Jesús Cadahía López

** Jesús Cadahía López.- Nacido en Monforte (Lugo) en 1894, estudió Medicina. Contrajo matrimonio en 1917 con Dña. María Cicuéndez Paredes, nacida en Villa de Don Fadrique (Toledo). Tras un primer destino en Baralla (Lugo), donde nació su primer hijo, Pedro, ganó la plaza de médico del municipio de Villa de Don Fadrique, donde el matrimonio tuvo siete hijos más (Jesús, María del Carmen, Ramón, Domingo, Isabel, Josefa e Inmaculada), ocupando dicha plaza hasta su asesinato en Madrid el 6 de Agosto de 1936. Ni él ni ninguno de sus hijos, entonces adolescentes, pertenecían a ningún partido político. Eso sí, eran familia profundamente creyente por lo que el matrimonio y alguno de los vástagos participaban activamente en las actividades de Acción Católica en el pueblo practicando numerosas obras de caridad con los más desfavorecidos. En 1936 tenía 42 años de edad, habiéndose refugiado en Madrid, calle Ruiz, Núm. 22, por lo que ya se dijo anteriormente, es decir, debido a que nada más tomar el poder el Frente Popular había sido encarcelado sin constar acusación alguna contra él. La cuestión es que entre sus cometidos como médico titular de Villa de Don Fadrique, estaba el del examen de aptitud física de los mozos llamados a filas, trabajo en el que, constantemente y sin facultad alguna para ello, se interponía el también médico Cayetano Bolívar, como se dijo primer diputado electo del Partido Comunista en las elecciones constituyentes de 1931 y uno de los principales responsables del Partido Comunista en Villa de Don Fadrique, quien daba certificaciones de no apto para librar del servicio militar a los quintos pertenecientes a su misma filiación política, corruptela a la que, naturalmente, Jesús Cadahía López se oponía, lo que le procuró la enconada enemistad de Bolívar. De su encarcelamiento en Febrero de 1936 se libró sólo porque como había sido compañero de estudios en la Facultad de Medicina de la Universidad de Santiago de Compostela de Casares Quiroga, a la sazón presidente del Consejo de Ministros, su esposa escribió a éste dándole cuenta de la injusta e irregular situación de su marido, por lo que tras la intervención personal de Casares, Jesús Cadahía fue puesto en libertad decidiendo entonces trasladarse a Madrid con su mujer e hijos, a casa que su suegro, Pedro Cicuéndez, en la citada Calle Ruiz, Núm. 22; aún así, no dejó de desplazarse diariamente a Villa de Don Fadrique para cumplir con sus obligaciones como médico titular hasta que llegó un momento en que, plenamente consciente de que su vida corría peligro, decidió, días antes del Alzamiento, quedarse en Madrid.

El día 5 de Agosto, salió de la casa y ya no volvió nunca. Un primo de su esposa, miembro de una de las organizaciones obreras del Frente Popular, fue quien en la mañana del 6 de Agosto le comunicó el asesinato de su marido, diciéndole el nombre de los asesinos: José Manzanero Marín y Francisco Vela Organero (a) «El bolilla», quien portaba esa mañana el reloj del asesinado; también, que habían llevado el cuerpo al cementerio de Barajas (Madrid), al tiempo que avisaba a la ya viuda que esa noche los dos hijos mayores, Pedro y Jesús, de 17 y 16 años respectivamente, no durmieran en la casa ya que iban a ir a buscarles para darles «el paseo».

Por el certificado de defunción y por otros documentos que dan prueba del modus operandi habitual de José Manzanero Marín, es posible reconstruir con certeza cómo fueron las últimas horas de vida de Jesús Cadahía López desde que salió de casa en la mañana del día 5 de Agosto hasta que fue asesinado y abandonado en la carretera de Ajalvir a Vicálvaro, en la Alameda de Osuna, en la madrugada del día 6 de agosto. Debió ser conducido a alguna de las checas controladas por el Radio Comunista de Ventas en la Carretera de Aragón, del que eran jefes los citados Manzanero y Vela, y sacado de allí de madrugada para ser asesinado de un disparo en la zona lumbar y otro en la cabeza.

Tras la guerra, su viuda pudo al fin poner sobre su sepultura una pequeña lápida con la inscripción «Caído por Dios y por España».

** Tomás Madero.- A quien detuvo en Villa de Don Fadrique y asesinó.

** Jesús Salvador Madero (diputado en Cortes).- A quien ató a un coche y arrastró por las calles del pueblo.

** Amador Madero (hermano del anterior), Ubaldo Domínguez, Gonzalo Domínguez (sobrinos de los anteriores), Benjamín Sepúlveda, José Mª Garrido y Crisólgo Garrido.- A los que asesinó.

** Sandalio Aparicio Aguado, José Luis del Pino (falangista), Casto Molero Cicuéndez, Antonio Huertas García-Molero, Arsenio Izquierdo Muñoz y Urbano Pérez Pulido.- A los que maltrató de forma brutal hasta darles muerte.

** Salustiano Aguado García-Baquero.- A quien ató a una noria sumergiéndole en el agua conforme giraba, así como a un coche y arrastró por las calles del pueblo hasta darle muerte.

** Félix y Ángel Aguado (hijos del anterior).- A los que asesinó tras someterlos a brutales palizas.

** Julio Aumente de Lara.- A quien detuvo en Madrid y asesinó.

** Robustiana Aguado Villarrubia.- A quien detuvo en Madrid y de la que nunca se volvió a saber.

** Sandalio Madero, Alejandra Domínguez y Salustiana Villarrubia.- A los que ordenó encarcelar en Villa de Don Fadrique durante toda la guerra.

** Ramona Domínguez y sus hijas Mª Ramona, Emilia y Consuelo Madero Domínguez.- A las que ultrajaron y persiguió durante toda la guerra en Villa de Don Fadrique, amenazando de muerte a los que en algún momento intercedieron por ellas.

  • Originarios de Madrid y alrededores.-

** Alfonso Pérez Dolado y su esposa Remedios Loranca Cabellos.- Él era, el 18 de Julio de 1936, jefe de los almacenes de la compañía Euxkalduna de Madrid. Los detuvo ese día y asesinó.

** Tomás Merino Blas.- Afiliado a Acción Popular. Lo detuvo en Agosto de 1936 en Villarrubia de Santiago, apareciendo su cadáver en el Cementerio del Este de Madrid.

** Benigno Prior Hernández.- Sacerdote miembro de los Misioneros del Sagrado Corazón. Lo detuvo el 12 de Agosto de 1936 y asesinó el día 14 apareciendo su cadáver en la calle López de Hoyos.

** Leopoldo Peñas Fernández.- Afiliado a Acción Popular. Lo detuvo y asesinó el 8 de Octubre de 1936.

** Raimundo Cano Vélez.- Detenido el 3 de Noviembre de 1936, lo ingresó en la checa de Fomento y fue asesinado al día siguiente.

** Francisco Sancho Gracias.- Oficial de Telégrafos. Asesinado el 7 de Noviembre de 1936.

** Leopoldo Salcedo Funes.- Periodista. Detenido el 31de Agosto de 1936 y asesinado en Aravaca el 2 de Septiembre.

** José Gil Cañamate.- Oficial retirado de Oficinas Militares. Inspector del Gas. Detenido en su domicilio el 19 de Octubre de 1936. No se volvió a saber de él.

** Ángela Urquiza Morales.- Detenida el 11 de Diciembre de 1936. No se volvió a saber de ella.

** Cipriano Gómez García.- De 31 años de edad. Exconcejal en 1934 de Canillas por un partido de derechas. Detenido en su domicilio el 19 de Octubre de 1936. Asesinado, al parecer, cerca o en Paracuellos del Jarama. Su hermano llegó a hablar directamente en la checa de Ventas con José Manzanero Marín quien le confirmó su muerte.

** José Merino Leones.- De 43 años de edad, casado, industrial, detenido en su domicilio el 15 de Octubre de 1936 a las 21,30, trasladado al Convento de Santa Clara (otra checa) en la que estuvo encerrado durante ocho días, tras los cuales fue asesinado sin que se encontrar su cadáver.

** 42 personas de derechas de varios pueblos de la provincia de Guadalajara, más otras diez de la localidad de Alegría (Madrid), entre ellos varias religiosas.- Por declaración de María González Urrutia se sabe que fueron todos detenidos en una misma “redada”, traídos a la checa de Ventas y posteriormente asesinados.

En Febrero de 1937, José Manzanero dejó el Radio comunista de Ventas, así como su checa, siendo nombrado comisario político actuando como tal en varias de las unidades frentepopulistas que intervinieron en la batalla del Jarama en aquel mes. Después pasó al infame Batallón Carlos Luis Prestes donde llegó al grado de Teniente. A continuación, fue enviado a Extremadura –línea de frente que permaneció estable y en segundo plano durante toda la guerra– participando en la creación de la 200 División de Guerrilleros y como comisario político de la 19ª Brigada Mixta y de la 160ª Brigada del XIV Cuerpo de Ejército. Después fue nombrado delegado social de Reforma Agraria de Extremadura, secretario general del Comité Regional del PCE de dicha provincia y finalmente responsable del diario Extremadura Roja cargo en el que le cogió el final de guerra.

El Col. casado radiando su manifiesto

Cuando el 5 de Marzo de 1939 estalla en Madrid, y por mimetismo en toda la zona aún frentepopulista, el denominado “golpe del Coronel Casado”, José Manzanero se encontraba en Villa de Don Fadrique convaleciente por enfermedad. Como ocurrió entonces en dicha zona, las nuevas autoridades, una vez triunfante el golpe, procedieron a la busca y detención de cuantos comunistas destacados hallaban. Como era conocida la raigambre de tal filiación de Villa de Don Fadrique, a ella acudieron desde Madrid algunos enviados con el propósito expuesto, motivo por el cual José Manzanero, viéndose en peligro, articuló con su padre la huida para esconderse en los Montes de Toledo que bien conocía, así que vestidos como simples jornaleros montados en un carro de mulas salieron del pueblo. Pero no tardó mucho en encontrarse peor debido a su enfermedad, por lo que el padre enfiló hacia Alcázar de San Juan donde subió a su hijo a un tren con destino a Alicante cuyo puerto era para entonces la única salida que quedaba aún expedita a los frentepopulistas para huir de España.

Sin embargo, no lo consiguió, y José Manzanero, como tantos otros, fue finalmente hecho prisionero. Desde el puerto, por el Paseo de las Palmeras alicantino, fue conducido al Campo de los Almendros, y desde él a la plaza de toros, para finalmente ingresar en el Castillo de Santa Bárbara en lo alto del denominado Monte de Benacantil convertido en prisión de circunstancias.

Tras unos pocos días, José Manzanero fue identificado, y debido a sus antecedentes, bien conocidos, trasladado en tren el 20 de Mayo a Villa de Don Fadrique, desde donde enseguida fue ingresado en la prisión, también de circunstancias, habilitada en la cercana localidad de Quintanar de la Orden, que albergaba a unos 1.100 prisioneros, entre ellos, y desde hacía días, a su padre, su hermano Tomás –que moriría en Septiembre de ese mismo año de tifus en el hospital de Quintanar– y un buen número de los más destacados frentepopulistas de Villa de Don Fadrique, tales como Valentín y Julián Carpintero Herráinz, Casimiro Díaz-Maroto, etc. Los presos recibían la visita de familiares previa autorización, que además de alimentos les proveían de ropa personal y de cama; en el caso de Manzanero quien le visitaba era su primo Manuel Muñoz, enfermo crónico.

Contra él se incoó de inmediato en Mayo de 1939 el correspondiente consejo de guerra sumarísimo, núm. 39.056, conforme a la legislación republicana de guerra en vigor en el bando nacional desde el inicio del Alzamiento, siendo presidente del tribunal el Col. José Pardo Velarde, constando junto a él como vocales: los oficiales Gumersindo Toribio, Eloy Ullastres y Juan Arderius, y como vocal ponente Manuel Mendiolagoitia; además un fiscal y un defensor.

En dicho consejo de guerra se dio lectura a los correspondientes informes de las autoridades del momento, como era costumbre, es decir, del nuevo Ayuntamiento de Villa de Don Fadrique, de su jefatura de FET y de las JONS y de su comandante jefe de la Guardia Civil. También,  de los testimonios de cargo de parte de: Ramona Domínguez Checa, Federico Canalejas Madero, Pablo Díaz Lareto Novillo, Dionisio Mollejo Camuñas, Casto Aguilar Organero, Manuel Aguado Mendoza, Sandalio Aparicio Aguado, Urbano Pérez Pulido, Casto Molero Cicuéndez, Alfonso Villarrubia Muñoz, Antonio Huertas García Molero, Arsenio Izquierdo Muñoz, Dolores Madero Domínguez, María Aguado Villarrubia, Alejandra Domínguez Checa, Josefa Maqueda Hidalgo, Sandalio Aparicio Ignacio, Lope Gómez Díaz-Maroto, Patricio Aguado Sotoca, Sandalio Aparicio Muñoz. No hubo ningún testigo de descargo en favor de Manzanero.

En su declaración, José Manzanero lo negó todo: “…que no intervino en los sucesos de carácter revolucionario que se produjeron en Villa de Don Fadrique en Julio de 1932, si bien fue procesado por los mismos y condenado. Que no es cierto que detuviese, sino que hallándose en una ocasión en la Casa del Pueblo de Madrid, fue requerido por unos policías a quien no conocía y llevado a una casa donde se encontraban aquellos para les reconociese como así hizo, siendo estos D. Alejandro Domínguez, Don Amador Madero, Don Félix, D. Ángel y Doña Robustiana Aguado convecinos suyos trasladando los indicados policías a Villa de Don Fadrique a los indicados D. Alejandro Domínguez, Don Amador Madero, no sabiendo la suerte que correrían los otros tres hermanos, o sea, Don Félix, D. Ángel y Doña Robustiana, que sin que recuerde que fue en la misma ocasión o en otra distinta por mandato de esos policías que habían detenido también a Salvador Madero y a Salustiano Aguado García-Baquero los acompañó al pueblo de Villa de Don Fadrique, entregándoles a las autoridades del mismo, según cree pues él se marchó a saludar a su familia. Que no es cierto interviniese en las muertes de José Luis del Pino y Don Jesús Cadahía, así como en ninguna otra. Que únicamente pegó con la mano dos bofetadas a los detenidos de derechas Urbano Pérez y Esteban Gachare”.

El 3 de Agosto de 1939, se dio por finalizado el consejo de guerra constando como “probado… que durante el dominio rojo denunció y detuvo en Madrid a son Salustiano Aguado, sus tres hijos Félix, Ángel y Robustiana Aguado, don Amadeo Salvador Madero y don Alejandro Domínguez, cuyos tres últimos señores, como al primero que se indica los trasladó al pueblo, haciéndoles objeto de malos tratos, donde fueron asesinados días después. Participó en los asesinatos expresados de Félix, Ángel y Robustiano Aguado, de don Jesús Cadahía y de Luis Encinas. Martirizó y pegó brutales palizas a los detenidos en el pueblo”. A pesar de los cargos el fiscal pidió 30 años de reclusión; su defensor la reducción de la pena a grado inferior. Al considerar el tribunal la existencia de “agravantes de perversidad y trascendencia de los hechos”, le condenó a muerte. El 14 de Agosto, se declaró firme la sentencia y se trasladó al Cuartel General del Generalísimo. El 14 de Octubre, la Asesoría Jurídica de dicho Cuartel General dio el “Enterado” a la pena capital.

Fijada la ejecución para el 11 de Noviembre de ese mismo año de 1939, el día anterior José Manzanero fue puesto “en capilla” trasladándosele a una celda junto con otros 27 condenados como él a la pena de muerte.

Puesto José Manzanero al frente de todos, debido a su reconocido fanatismo y audacia, y con al apoyo de Julián Muñoz Vela (a) “El cortezas” (de 26 años de edad, natural de Quero, lo calidad de Toledo), consiguió convencer a 11 de ellos para intentar escapar esa misma noche como única alternativa a la segura ejecución.

Sobre las ocho de la tarde-noche, tras colocar los colchones detrás de la puerta y en la ventana para que los guardias no pudieran oír el ruido, utilizando trozos de latas de comida vacías, flejes e incluso con las manos, comenzaron a perforar la pared en un lugar que notaron abombado y por ello algo hueco. Tras una hora y media de escarbar consiguieron abrir un estrecho agujero por el que uno a uno, ayudándose unos empujando desde dentro y otros tirando desde fuera, fueron saliendo al patio de la casa contigua y de ella a una posada que estaba vacía y a la calle por su puerta tras abrir el cerrojo interior de la misma, dispersándose en grupos pequeños y direcciones diversas.

A favor de la huida estuvo, sin duda, que para vigilar a los 1.100 presos la guarnición militar estaba compuesta por tan sólo 142 hombres siempre sobrecargados de servicios, quedando francos sólo 94, algunas veces incluso sin poder ser relevados con regularidad. De las diligencias abiertas se concluyó que no hubo ni connivencia ni negligencia alguna por parte de los encargados de la guardia aquella noche que eran el Sargento Ángel Rodríguez Fraile, el Cabo Antonio Liñeira Ulloa y el soldado Modesto Conde González, todos los cuales, además, tenían acreditada hoja de servicios durante la guerra incluida la concesión de varias condecoraciones.

El día 12, José Manzanero y su acompañante, Julián Muñoz, fueron descubiertos –también los demás menos uno, todos los cuales o fueron abatidos o posteriormente ejecutados–, pero consiguieron zafarse de sus perseguidores, logrando huir a través de la Laguna de Villafranca de los Caballeros, en la confluencia de los ríos Cigüela y Riansares, internándose cerca del castillo de Guadalerza en la Sierra de Uda.

Eugenio Sánchez-Gabriel

A los pocos días se encontraron con Julián Martín Villanueva (a) “Arricusqui” y “Tomás”, de 27 años de edad, natural de Navalpino (Ciudad Real), socialista, vagando los tres por Los Yébenes y Navas de Estena, sobreviviendo como podían de lo que conseguían de gentes del campo, fuera por caridad, afinidad o por coacciones.

En breve se les unieron otros huidos como ellos, ya que en estos primeros momentos pululaban por estos montes, como por los del resto de España, muchos de ellos dispersos tras la derrota de las fuerzas frentepopulistas. En total José Manzanero, que adoptó en su nueva faceta el apodo de “Luis”, logró formar un grupo compuesto por diez hombres entre ellos Eugenio Sánchez-Gabriel Esteban-Manzanares (a) “El rubio de Navahermosa” –anarquista que fuera jefe del Comité Popular de su pueblo y autor de numerosos asesinatos—que formaría su propio grupo y Valentín Gil Valiente (a) “El chato de la puebla”, comunista.

Una vez organizados, y con el único objetivo de sobrevivir, comenzaron por llevar a cabo robos y atracos, que eufemísticamente denominaron “golpes económicos”, en fincas cuanto más aisladas mejor, como fue el caso de la del conde de Orellana en el término municipal de Alcoba (Ciudad Real) donde consiguieron no sólo comida, sino también algunas armas; en este hecho se toparon con que en ella se encontraba Francisco González Rebollo, comunista de Fregenal de la Sierra (Badajoz) donde como jefe del Comité Popular había asesinado, entre otros, a tres miembros de la familia Sánchez-Arjona, quien huido como ellos se había acercado para intentar robar, uniéndoseles desde ese instante; se da el caso de que esta persona había sido uno de los mandos que dirigían la batería de Artillería que el 7 de Marzo de 1939, con la guerra ya prácticamente acabada, había disparado contra el buque de transporte de tropas Castillo Olite que navegaba solo y sin protección alguna por aguas de Alicante hundiéndolo, causando la mayor tragedia marítima de toda la historia de España al morir en el naufragio 800 hombres.

Otro asalto de aquellos días de finales de 1939 lo fue a la finca El Coto, de La Boca de la Torre, en el término municipal de Retuerta de Bullaque, pueblo al que se acercaron al verse con fuerzas suficientes y debido a su aislamiento, reteniendo durante algunas horas a los componentes de su Ayuntamiento proclamando simbólicamente el comunismo y obligándoles a prometer retirar las denuncias en marcha contra los que durante la guerra habían cometido en él varios asesinatos. Al abandonar el lugar tropezaron con el juez de dicha localidad al que desnudaron, maltrataron de obra y además obligaron a escuchar un mitin político, en el que Manzanero alegó, entre otras cosas, que eran “resistentes de un ejército de soldados leales al Gobierno de la República” y que “asaltaban las haciendas de los verdaderos ladrones y atracadores de España”.

Finca Castillo de Prim

El que fracasó fue el asalto a la finca Castillo de Prim –debía su nombre a que le fue donada al Gral. Prim por el Estado español como premio por su victoria en la batalla de Castillejos en 1860–, debido a que los guardas, que estaban alerta, la emprendieron a tiros con ellos nada más verles acercarse. A comienzos de 1940, el grupo asaltó la finca Garbanzuelo, del término municipal de Retuerta de Bullaque, de la que además de alimentos se llevó Manzanero un subfusil de fabricación checoeslovaca que conservaría a partir de entonces. Además de lo dicho, abundaron los robos a pastores, como entre otros fue el caso del que varios de este grupo llevaron a cabo en la persona de Andrés Lancha, de 17 años de edad, quitándole varias ovejas. También realizaron algunos secuestros pidiendo rescate por la liberación del retenido.

En resumen, sus actividades delictivas tenían como único objetivo, por mucho que quisieran disfrazarlas de políticas y de resistencia, de sobrevivir para buscar la forma de huir, lo que Manzanero decidió intentar en Marzo de 1940, entre otras cosas porque lógicamente la autoridades civiles y militares de la zona ya habían comenzado a reaccionar, logrando eliminar a varios, si bien no de este grupo, sí de otros parecidos.

Fco. Glez. Rebollo

El 25 de Marzo de dicho año, Manzanero y cinco más emprendieron la marcha desde Navahermosa a través del valle del Tajo camino de los Pirineos. En unos días lograron llegar a las cercanías de San Martín de Valdeiglesias (Madrid) –habiendo pasado por Puebla de Montalbán, Torrijos, el río Alberche, Escalona y Almorox donde robaron cuatro ovejas a un pastor–, en cuyas cercanías toparon con un grupo de falangistas, con el alcalde de la localidad al frente, que apercibidos de su llegada estaban a la espera. En el enfrentamiento consiguiente mataron a tres de ellos, consiguiendo seguir su camino hasta llegar cerca de Sigüenza. Cuando llegaron a Santa María del Espino, y debido al hambre que les acuciaba, decidieron encargar a una pastora que encontraron que les proporcionara comida, lo que aprovechó ésta para dar aviso a la Guardia Civil, la cual montó el correspondiente servicio logrando abatir a Julián Muñoz y Francisco González Rebollo.

Ante la imposibilidad de continuar con su plan, Manzanero decidió abortar la huida y regresar por donde habían venido a la zona de partida lo que les llevó un mes y medio de nuevas caminatas.

No obstante, y debido a que la presión de la Guardia Civil aumentó, consiguiendo cada vez más éxitos, los miembros del grupo de Manzanero, asediados y mal viviendo, decidieron disolverse y emprender de nuevo la huida, ahora camino de Portugal. Algunos, pocos, lo conseguirían, bien que la mayoría serían o detenidos o abatidos. Por su parte, Manzanero renunció a tal empresa, optando por esconderse y vivir solo en el monte, único lugar donde se consideraba seguro, lo que hizo durante el resto del año 1940 y casi todo 1941, para después, acuciado por las penurias,  pasar a esconderse en su pueblo, Villa de Don Fadrique, hasta mediados de 1944 acogido por sus familiares, principalmente sus hermanas Juana y Alejandra Manzanero, así como por su compañera de esa época, Dionisia Castillo Ferrero, viviendo como un preso pues no podía salir de su escondite ni de día ni de noche ante el temor de que en un golpe de mala suerte dieran con él.

Enterado en Junio de 1944 del desembarco de los aliados en Normandía, y considerando que la guerra mundial tocaba a su fin con la derrota de las potencias del Eje, Manzanero creyó que era su oportunidad, pues según su parecer tal hecho arrastraría la caída del régimen de Franco, motivo por el cual decidió salir de su escondite e internarse de nuevo en los Montes de Toledo, así como tomar contacto con los agentes del PCE que todavía pululaban por ellos. En la reunión celebrada por varios de aquellos en la que fundaron la más que virtual “Agrupación Guerrillera de Toledo”, a la que asignaron como zona de actuación la que rodeaba el Puerto de San Vicente, cogiendo parte de las provincias de Toledo y Ciudad Real, designaron a Manzanero como su jefe; se dio la circunstancia de que Manzanero, a pesar de que estaba citado a tal reunión, no asistió, y es que para entonces, como desde que consiguió huir de la cárcel, había desarrollado una manifiesta desconfianza hacia todo como hacía todos, máxime ante tal clase de cónclaves por el riesgo que suponían por posibles delaciones.

Zapiraín
Álvarez
Zoroa (a) «Dario»

Utilizando como de costumbre a sus hermanas y compañera citadas, mantuvo contacto con los delegados del PCE Sebastián Zapiráin Aguinaga y Santiago Álvarez Gómez quienes le urgieron a tomar el mando de la Agrupación creada y a actuar con energía, lo que Manzanero no estaba dispuesto a hacer, toda vez que su desconfianza obsesiva, casi psicopática, se lo impedía. La situación se fue enrareciendo hasta que llegó un momento en que Manzanero solicitó mantener un cara a cara con Agustín Zoroa Sánchez (a) “Darío”, máximo responsable del PCE para los Montes de Toledo, quien se desplazó desde Madrid hasta Los Yébenes a tal efecto. En una tensa reunión, se cruzaron no pocas recriminaciones, llegando finalmente Zoroa a la conclusión de que poco se podía hacer pues era verdad que carecían de armamento, explosivos, la moral era muy baja, así como su organización y disciplina, a lo que se unía la más que demostrada eficacia de la Guardia Civil, todo lo cual aprovechó Manzanero para encubrir sus pocas ganas de jugarse la vida, por lo que finalmente decidieron la disolución de la Agrupación y centrarse en preparar la huida de España; no cabe tampoco duda de que el hecho de que unos días antes de la reunión habían sido detenidos en Madrid Sebastián Zapiráin y Santiago Álvarez pesó mucho sobre el ánimo de ambos.

Manzanero en 1950

Así pues, José Manzanero optó por esconderse de nuevo en Villa de Don Fadrique al amparo de sus hermanas y compañera, donde permaneció durante cinco años como anteriormente, es decir, sin salir ni de día ni de noche hasta que en Septiembre de 1949 logró desplazarse a San Sebastián en un vehículo que se agenció Dionisia, y pasar a Francia el 18 de dicho mes y año.

A partir de entonces su vida en Francia hasta su muerte en París en 2010 carece de interés a nuestros efectos, faltando sólo dejar constancia de la desfachatez de José Manzanero Marín al publicar en 1983 un libro al que tituló “Páginas para la historia. Sobre la Paz y Socialismo” (Editorial Fernando Torres).


5 respuestas a «José Manzanero Marín. El despiadado chequista de Villa de Don Fadrique»

  1. Magnífico trabajo. Gran contribución a la verdad histórica. De diez.
    Máxime cuando viendo webs sobre lo que se dice de este asesino, omiten sistemáticamente dos cosas: sus meses como cruel y sarnoso chequista y que su actuación como bandoler fue ridícula. Estuvo escondido como una rata asquerosa que es lo que era. Además, tampoco estuvo en el frente, salvo puntualmente y habría que ver dónde de él.
    Muy propio de un asesino cobarde: mucho con los indefensos y nada con quien podía pegarle dos tiros, fuera en la guerra o la Guardia Civil tras ella.
    Lo dicho, trabajo de matrícula de honor.
    Esta web Español Digital se supera cada día más.

    1. Completamente de acuerdo. Magnífico trabajo fruto de la búsqueda de la verdad mediante una investigación exhaustiva y rigurosa. Doblemente agradecido como nieto de una da las víctimas de esta alimaña despiadada y cobarde y como español que ama a su patria y a la verdad.

  2. Otro mierda de «demócrata» y «luchador por la libertad». Ladrón y asesino y cobarde hasta no poder más. Muestra de todos ellos.
    Gran artículo. De libro de texto

  3. Qué ironías tiene la vida… Conocí a Manzanero a finales de los años 80, porque en aquella época mi madre mecanografiaba trabajos, y no recuerdo cómo fue que este señor llegó hasta ella, porque entonces ya vivía en Francia. El caso es que le pidió que le mecanografiara precisamente el libro que se cita en este artículo, y de vez en cuando él aparecía por el negocio de mi madre, con sus notas manuscritas, para que ella las pasara a máquina. Yo era joven y desconocía muchas cosas, pero me parecía un abuelito entrañable que contaba sus batallitas de la Guerra Civil y de lo mal que lo pasó, y de cómo tuvo que huir a Francia. Pero por supuesto, omitió ciertos detalles de los que me he enterado leyendo este artículo. Ahora me pregunto si en algún momento, antes de morir (porque también leyendo este artículo me he enterado de que ya murió), llegó a arrepentirse de las barbaridades que hizo… Excelente artículo, por cierto.

    1. Estimada señora: gran aportación la suya. Un testimonio de primera mano. Las cosas de la vida. Cada uno cuenta (contamos) la nuestra omitiendo ¿de lo que nos avergonzamos? Mil gracias. Saludos cordiales

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