Koldo y yo

Koldo se llama mi borrico. Aunque no sé por qué le pusieron nombre tan anodino, extraño y subnormal. Pero no se lo voy a cambiar porque lo dice todo de él, es decir, nada.

Koldo, según me dijo quien me lo vendió, nació de una burra y un onagro, por eso iban a llamarle “joputa”, pero se quedó en Koldo, que es, de lo peor, lo más bajo; o, si lo prefieren, de lo más bajo, lo peor.

Koldo es un burro, burro. Es una bestia, un animal, un jumento y, como tal, zafio, tosco, ordinario, grosero, bruto, ignorante y zopenco.

Koldo es también un ladrón, embustero, miserable, gañan, paleto, baboso, berzotas, cafre, capullo, gilipollas, cenutrio, fantoche, lameculos, majarón, mentecato, mindundi, papanatas, pelagatos y redomado mamón; pero, aún siendo todo eso, y muchos peor, es mi borrico, mi burro, mi asno y no lo cambio por nada del mundo.

Koldo no sabe hacer la “o” con un canuto, no porque no tenga dedos, sino porque no tiene cerebro.

Cuando lo miro, me lo imagino hecho hombre y me parto de la risa.. o me echo a temblar.

Tendría, en tal caso, aspecto de ser humano, pero no lo sería. No valdría para nada, salvo para guarda de putas y maricones en algún tugurio infecto o para partir árboles a hachazos o, casi mejor, a coces.

Aunque eso hubiera sido en otros tiempos, porque ahora estoy seguro de que Koldo, mi borrico, ese “joputa” apestoso y ventoseador, cuyo aliento huele a putrefacción, llegaría sin traba alguna a director general o incluso ministro, disfrutando de coche oficial y quién sabe si incluso, si los burros volaran, de jet militar.

Koldo es fiel ejemplo de la fauna que me rodea. Cuando voy por la calle, llevándole de la rienda, para nada desentona. Y menos aún si lo mezclara entre los más importantes animales de este zoológico en el que habito.

Y cuando rebuzna… ah, cuando rebuzna es de lo mejor. Su rebuzno es superior. Aunque tengo que reconocer, para mi desdicha, que los oigo mejores y mayores por televisión.

Koldo es mi borrico, y bajo su mirada mohína, lánguida y sumisa, advierto un ser excepcional, quintaesencia de estos tiempos en que entre burros anda el juego y en los que el más bestia de todos es el que más alto rebuzna y llega.

Y, entonces, me pregunto, por qué Koldo no podría llegar a la cúspide, al más allá, o sea a presidente del Gobierno o incluso a Majestad. Y me respondo a mí mismo que porque es un borrico y para ello hay que ser… más burro que Koldo, más animal.


Una respuesta a «Koldo y yo»

  1. Brillante y sarcástico artículo, que pone el dedo en la llaga.
    En España, cualquier imbécil y tonto del culo puede llegar a ministro, y hasta a Presidente del Gobierno, y a los hecho sme remito!
    Y si es malvado, y vendido al NOM y a la Agenda 2030, con más facilidad.

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