La Agenda 2030 y la Iglesia Católica

Tras el Concilio Vaticano II, la nueva política del Vaticano y en concreto del Papa Pablo VI, se caracterizó por el “diálogo”   hacia los regímenes comunistas; de “apertura”, no de condena. Por primera vez se rompe la tradición de la Iglesia que condenó con firmeza, y de forma reiterada, la ideología comunista. Tal actitud hizo exclamar a un perplejo sacerdote húngaro lo siguiente, no sin mucha razón: ¿Qué habría pensado el cristiano arrojado a los leones en la arena del Circo Máximo, si al levantar la vista hacia el trono imperial hubiese visto a Pedro en amigable conversación con Nerón?[1] Volveremos sobre esta pregunta al final.

Queremos hacer unas consideraciones pertinentes y necesarias, para el fin que persigue el artículo, sobre la Masonería. Para esta siniestra organización la verdadera tolerancia consiste en adorar a “Dios” según los principios y convicciones de cada cual; y el verdadero ecumenismo en considerar a todas las religiones y creencias partes de la gran familia masónica. Estos son pilares fundamentales para el fin de la fraternidad universal que persigue, y  el medio es el globalismo, el “nuevo orden mundial”, bajo una suprema autoridad.

Para el fin masónico es necesario controlar dos ámbitos: el político y el religioso. La creación de la Organización de las Naciones Unidas, tras la segunda guerra mundial, supuso la posibilidad de poder alcanzar el nuevo orden masónico mundial. Pero tal fin sería absolutamente imposible sin la directa colaboración de la Iglesia, y tal colaboración implicaba un cambio radical en su Magisterio. El Concilio fue la solución.

La existencia de Estados y Estadistas católicos, las condenas de la Iglesia a las ideologías anticristianas, las relaciones Iglesia-Estado, la moral católica tradicional, la Iglesia católica como único medio de salvación, la libertad de conciencia como libertad para vivir según los mandamientos de la Ley de Dios, las leyes de los Estados concordes con la ley natural y la ley divina, etc., todo esto, y más, no era sino un muro insalvable para el fin masónico de la fraternidad universal. Era necesario atraer a la Iglesia a las tesis liberales de la masonería, mientras ella se situaba en segundo plano. Con el Concilio Vaticano II fue posible derribar el “muro” hasta entonces infranqueable del Magisterio tradicional.

El Concilio supone la ruptura de la Iglesia con su tradición sobre las relaciones Iglesia-Estado, uniéndose ferverosamente a las tesis liberales de las nuevas democracias anticristianas; ya no renueva las condenas de los papas anteriores, optando por el “diálogo” y “apertura”; la libertad de conciencia ya no será la libertad para vivir según la Ley de Dios, sino la libertad para vivir según las convicciones de cada cual; la moral católica quedará arrinconada y casi olvidada para la mayoría; la Iglesia ya no condenará por el aborto a la madre que mata su hijo, ni al médico que lo practica, ni al político que lo promulga; en importantes universidades eclesiásticas se hará apología del aborto y hospitales de congregaciones religiosas se practicará; la Iglesia ya no se presenta como el único medio de salvación, sino que fuera de ella es posible salvarse…

Todos los cambios, más bien rupturas, de la Iglesia han allanado el camino a la secta masónica para alcanzar sus objetivos de unidad política y religiosa mundial. La Iglesia católica se ha convertido un aliado de confianza para el Nuevo Orden Mundial. Ha sido necesario esperar el tiempo oportuno. Este tiempo ha llegado. El “camino” posconciliar ha dado sus frutos: la Iglesia abraza con entusiasmo la Agenda 2030.

La pregunta del anónimo sacerdote húngaro toma una nueva dimensión realista en el momento actual. No se trata de una hipótesis, sino una muy probable realidad. Estamos más cerca de ver juntos al sucesor de  Pedro y al nuevo “Nerón” del NOM, en harmoniosa y feliz conversación en el nuevo “Circo Máximo”, contemplando gozosos lo que ocurre en la arena. Ya no hay los cristianos para ser martirizados, sino actores del Nuevo Orden Mundial que van a escenificar el cumplimiento de la Agenda 2030, y lo harán: pisoteando la cruz de Cristo, proclamando la nueva religión universal del hombre y entronizando al mismísimo satanás. 

[1] La diplomacia pontificia. Michael F. Feldkamp. BAC: Madrid. 2004. Pág. 103.

5 respuestas a «La Agenda 2030 y la Iglesia Católica»

  1. Es un error llamar Iglesia Católica a la súper-estructura mafiosa post-católica del CONCILIÁBULO Vaticano II. De hecho, proclamar/vincular tal equiparación deviene blasfemo.

  2. El Papa toma el control de la Orden de Malta, mejor dicho los amos del testaferro del papa negro. Esta acción significa, para entronizar a su rey oculto, se tiene que hacer público. Por lo tanto, al tener la agenda bastante avanzada y sin tener oposición verdadera, solo les queda resetear la economía en las divisas digitales CDBC y ejecutar el orden social bajo este yugo a la fuerza.
    https://press.vatican.va/content/salastampa/it/bollettino/pubblico/2022/09/03/0643/01303.html
    https://www.federalreserve.gov/central-bank-digital-currency.htm

    Saludos cordiales

  3. Moscú no permitirá que en Ucrania se forme una “dictadura rusófoba y anticristiana”, declaró este martes el representante permanente de Rusia ante la ONU, Vasili Nebenzia, en una reunión del Consejo de Seguridad del organismo, hablando de la crisis religiosa en la que se encuentra el país vecino.

    “Rusia, como hemos subrayado en repetidas ocasiones, no se fijará ni se ha fijado nunca el objetivo de destruir Ucrania como Estado”, aseveró el alto diplomático.

    “Sin embargo, no toleraremos que se forme una dictadura rusófoba y anticristiana en nuestras fronteras”, recalcó.

    Según declaró Nebenzia, Ucrania, debido a las acciones de sus gobernadores contra la Iglesia Ortodoxa Ucraniana, corre el riesgo de entrar en un conflicto interconfesional sin precedentes para los europeos de la época moderna.

    “Otra vertiente de la política represiva de Kiev se ha convertido en una guerra contra la Iglesia Ortodoxa Ucraniana canónica”, afirmó el representante de Rusia ante la ONU.

    “Ucrania se encuentra al borde de un conflicto interconfesional que la Europa moderna jamás ha visto”, advirtió.

    “Las autoridades ucranianas, con el apoyo de sus mentores occidentales, llevan mucho tiempo en su empeño de socavar la Iglesia Ortodoxa Ucraniana canónica” en su país, denunció Nebenzia.

    “Ahora al pueblo se le está imponiendo, contra su voluntad, la Iglesia cismática de Ucrania, artificialmente creada en 2018 y obediente a las autoridades” de Kiev, dijo el diplomático al citar palabras del metropolitano Antoniy, de la Iglesia ucraniana canónica, quien también intervino en la reunión.

    Asimismo, el diplomático ruso advirtió que Kiev ya está elaborando nuevos planes con el fin de eliminar a la Iglesia Ortodoxa Ucraniana (UPTs, por sus siglas en ruso) canónica y fortalecer las posiciones de la nueva Iglesia Ortodoxa de Ucrania (PTsU, por sus siglas en ruso), que recibió la autocefalía en 2019 y fue promovida por el entonces presidente Piotr Poroshenko.

    “Sin embargo, el régimen en el poder (en Ucrania) no hace más que echar leña al fuego”, dijo Nebenzia.

    “Según la información disponible, el régimen en el poder está preparando una serie de nuevas iniciativas encaminadas a discriminar a las comunidades y creyentes de la UPTs, despojarla de su nombre histórico y legal e incluso liquidarla por completo”, afirmó.

  4. La campaña de Kiev contra la UPTs

    Desde el otoño pasado, la UPTs vive bajo una oleada de presiones por parte de las autoridades de Kiev, con registros en sus templos y monasterios por todo el país, en búsqueda de pruebas de presuntas actividades antiucranianas, además de tomas de iglesias y acusaciones de traición a la patria contra varios de sus jerarcas por su supuesta actitud prorrusa.

    En total, ha habido 129 operaciones de allanamiento, según comunicó a finales de diciembre el metropolitano Antoniy. En el mismo documento denunció que la hostilidad hacia la UPTS ha sido incrementada “artificialmente” en la sociedad, mientras siguen las violaciones de los derechos de los feligreses de la rama canónica.

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