La batalla de Pradera del Ganso (Goose Green)

La batalla de Pradera del Ganso (Istmo de Darwin) tuvo lugar entre el 27 y 29 de Mayo de 1982. Fue la primera batalla terrestre que libraron ambos contendientes tras el desembarco de que los británicos en San Carlos (Isla Soledad).

Situación geográfica. Istmo de Darwin 

El istmo de Darwin es una porción de tierra que une las partes norte y sur de la Isla Soledad. Al norte, sobre la costa oriental del istmo se encontraba el caserío de Darwin, apenas tres casas en 1982, mientras que sobre la misma costa, en la mitad del istmo se hallaba Pradera del Ganso (Goose Green), con una veintena de viviendas; la población de Darwin y Goose Green sumaban unas cien personas. Entre ambos poblados estaba la escuela. Un camino de tierra atravesaba el istmo a todo lo largo, uniendo su parte norte con la sur. Dicho camino continuaba hacia el norte pasando junto a una vivienda denominada Burntside House («Casa Quemada» para los argentinos).

El terreno presentaba pequeñas elevaciones, destacando la colina Darwin («Darwin Hill») junto al poblado, y la colina Boca, junto a unos corrales de piedra abandonados. La importancia de Darwin radicaba en que allí residía el gerente de la Falkland Islands Company, dueña de la mayoría de las tierras y administradora de los servicios y negocios de las Malvinas.

Posición argentina en Darwin-Goose Green

Como sabemos, el núcleo principal de los planes defensivos argentinos giraba en torno a la capital Puerto Argentino, en la Isla Soledad), donde se ubicaron la mayoría de las fuerzas de tierra. Guarniciones menores fueron enviadas a la zona del Estrecho de San Carlos: el Istmo de Darwin en la isla Soledad, y Howard y Bahía Fox en la isla Gran Malvina.

TCol. Piaggi

En el istmo de Darwin los argentinos improvisaron un aeródromo en una pista de tierra, al que bautizaron Base Aérea Militar «Cóndor». Llegaron también soldados de infantería y una sección de artillería antiaérea. Las tropas de esta zona fueron agrupadas en la Fuerza de Tareas «Mercedes», mandada por el TCol. Ítalo Ángel Piaggi y subordinada al comandante de la III Brigada de Infantería del Ejército Argentino, general Omar Edgardo Parada.

A finales de Abril mes comenzó a llegar por fracciones el Regimiento 12, cuyo jefe (el TCol. Piaggi) asumió el mando. Dada la posibilidad de que los británicos efectuaran un ataque anfibio o helitransportado, Piaggi organizó su dispositivo para cubrir tanto el norte y el sur del istmo, como también la costa occidental,, para lo cual tuvo que estirar sus líneas las cuales, debido a la escasez de tropas disponibles, quedaron débiles; para darle solidez en lo posible, organizó la defensa en líneas sucesivas a retaguardia, siendo el perímetro del pueblo de Goose Green la última posición o línea a no ceder.

La Compañía C del Regimiento 25 argentino con sus jefes (de izq. a der.: Tte,s Esteban y Estévez, y Subtenientes Gómez Centurión y Reyes).

Además de la defensa de Goose Green que era lo primordial, se asignaron a la Fuerza de Tareas «Mercedes» otras misione secundarias: a) ser la reserva destinada a reforzar a las tropas de Puerto Argentino en caso de que esta sufriera un ataque general por parte de los británicos, b) servir como posición de enlace entre las guarniciones de Puerto Argentino y las de la isla Gran Malvina y d) atender a posibles desembarcos en lugares no cubiertos como San Carlos.

El desembarco británico

El 21 de Mayo los británicos desembarcaron en el estrecho de San Carlos consolidando la cabeza de playa la 3ª Brigada de Comandos formada por tres batallones de Marines y dos de paracaidistas. El brigadier Julian Thompson, comandante de la Brigada, comenzó a avanzar sobre la capital malvinense, movimiento que debía realizarse bordeando la costa de la isla Soledad por el norte y el sur, al abrigo de la artillería naval. El Batallón 3 de Paracaidistas y el Batallón 45 de Marines marcharon por la costa norte, mientras que el Batallón 2 de Paracaidistas apoyado por el Batallón 42 de Marines comenzó a avanzar por la costa sur, debiendo pasar junto a la entrada al Istmo de Darwin.

La cabeza de playa tenía una retaguardia segura, pues las guarniciones argentinas de la isla Gran Malvina no tenían manera de cruzar el Estrecho y atacar San Carlos. En cuanto a Darwin y Goose Green, Thompson sabía que allí existía una fuerte guarnición argentina permanente, pero ignoraban su tamaño, con la consiguiente de amenaza sobre su flanco sur de avance hacia Puerto Argentino; máxime al contar allí los argentino con el aeródromo «Cóndor» desde que el que operaban aviones de ataque FMA IA-58 Pucará, lo que vista la agresividad y eficacia demostrada ya por la fuerza aérea argentina preocupaba seriamente a los británicos.

Plan de batalla

El 26 de Mayo tanto británicos como argentinos tomaron las decisiones que iban a dar lugar a la batalla de Prado del Ganso.

Por parte argentina fue una decisión estratégica para contraatacar la cabeza de playa de San Carlos, la cual se había consolidado a pesar de los fuertes ataques lanzados por la aviación argentina desde entonces, pero como los altos mandos argentinos, encabezados por el Gral. Menéndez habían descartado un contraataque terrestre desde Puerto Argentino, encomendaron a la guarnición de Prado del Ganso la misión de hostigar en lo posible al enemigo que avanzaba sobre dicha capital.

Gral. Parada

Ya el 24 de Mayo el Gral. Parada impartía la orden(n.º 506 «Defensa», que Piaggi recibió en la mañana del día 26 por la cual debía adelantar la primera línea defensiva para hostigar por el fuego el área Bodie Peak-Cantera-Usborne. Piaggi reunió a sus subordinados y se discutió la necesidad y desventajas de cumplir la orden, pues significaba construir nuevas posiciones y elaborar un nuevo plan de defensa con el enemigo instalado ya poca distancia. Finalmente decidió cumplirla pensando contar con refuerzos «La ampliación (del dispositivo) puede ser la resultante de una posibilidad de refuerzo de la posición, ante la presencia del enemigo en San Carlos» (Piaggi).

Pero Piaggi estaba equivocado, pues Parada le envío esa misma tarde la orden nº 507 titulada “Ataque de Desarticulación”, que establecía como misión principal “perturbar, hostigar y desconcentrar al enemigo” debiendo actuar esa misma noche, y de ser necesario repetirla en la noche del día siguiente 27 de Mayo.

Por parte británica, la decisión de atacar Goose Green tampoco estuvo exenta de discusiones. El brigadier Thompson estaba recibiendo presiones desde Londres para que abandonara la cabeza de playa y pusiera urgentemente rumbo a Puerto Argentino, de modo que convocó una reunión en la cual y en principio se consideró una simple incursión contra los argentinos de Darwin, al objeto de destruir el aeródromo. Finalmente se ordenó un ataque en fuerza en realidad no estrictamente necesario, pero prevalecieron las presiones de Londres que necesitaba como fuera una victoria militar dados los varapalos recibidos hasta ese momento: «Seamos objetivos. Para el buen éxito de las Malvinas no era necesario atacar Goose Green, porque el centro, la capital, es Stanley, y si quieres tomar un país, tomas la capital, como si quieres derrotar al enemigo tienes que capturar a su ejército. Ambos estaban en Stanley, así pues ¿por qué ir a Goose Green? Esta pregunta necesita una contestación» (Chris Keeble, segundo jefe del Batallón 2).

Tomada la decisión Thompson ordenó a Herbert Jones que capturara Goose Green con su batallón, quien decidió llevar a cabo un asalto empleando todas sus fuerzas.

Los atacantes británicos

En la batalla intervino principalmente el 2.º Batallón de Paracaidistas, pero también otras tropas de apoyo que incluían secciones de misiles Milán y Blowpipe, así como también ingenieros y artilleros. Se trataba de tropas profesionales con alto nivel de entrenamiento, que habían tomado tierra menos de una semana atrás. Por lo tanto los rigores del clima y del terreno no los habían afectado tanto como a los argentinos, que llevaban casi un mes en las posiciones. La logística de los británicos funcionaba muy bien, manteniendo a las tropas en condiciones aptas para combatir.

El Batallón lo formaban unos 500 hombres, contando como armas de apoyo de fuego con 56 ametralladoras —el doble de lo normal—, así como una abundante provisión de misiles filoguiados, Misil MILAN, lanzacohetes de 66 mm M72 LAW y proyectiles de fósforo blanco.

  • Herbert «H» Jones

    Batallón 2 de Paracaidistas (TCol. Herbert «H» Jones)

    • Compañía A (mayor Farrar-Hockley)
    • Compañía B (mayor Crosland)
    • Compañía C (mayor Jenner)
    • Compañía D (mayor Neame)
    • PLM (Mayor Keeble, segundo al mando)
  • Unidades terrestres de apoyo
    • Batería 8 del Real Regimiento de Artillería
    • Cuerpo de Defensa Aérea
    • Escuadrón de Reconocimiento
    • Compañía J, Batallón 42 de Marines Reales
  • Apoyo aéreo y naval
    • Helicópteros del Escuadrón Aéreo de la Brigada de Comandos 3
    • Helicópteros del Escuadrón 656, Cuerpo Aéreo del Ejército
    • Harrier GR.3 del Escuadrón 1 de Caza, Royal Air Force
    • Fragata HMS Arrow

La defensa argentina

Soldados argentinos en posición

A diferencia de los británicos, los soldados de Argentina eran en su mayoría reclutas con un máximo de un año de instrucción o incluso con tan sólo dos meses en algunos casos, bien que no por ello su instrucción fuera deficitaria –en no pocos casos lo fue en explosivos y defensa personal–, como tampoco su moral que era elevadísima

Un año antes, en 1981, el TCol. Mohamed Alí Seineldín que no se conformaba con estar al frente de un regimiento de soldados de recluta, había encargado impartir un Curso de Comandos a sus compañías, impartido por boinas verdes y paracaidistas, renombrando a su unidad Regimiento Especial 25.​

La Compañía C del Regimiento «Especial» 25 llevaba en el lugar mes y medio, pero el Regimiento había llegado un mes antes, bien que todavía no estaba completo, pues una compañía había quedado en las cercanías de Puerto Argentino como reserva. A estas tropas se las había enviado sin sus elementos de logística (ni cocina de campaña ni palas para cavar), los cuales quedaron en la Patagonia.

El lanzacohetes del Pucara utilizado contra tropas en tierra

El aeródromo «Cóndor» ya no funcionaba como tal, pero personal de la Fuerza Aérea Argentina, en número de 200 hombres, aún permanecía allí, formando una compañía de infantería a las órdenes del jefe de la base aérea, el Vicecomodoro Wilson Pedrozzo, que llegarían a utilizar sus baterías de artillería antiaérea Oerlikon en fuego directo contra los británicos causando numerosas bajas. Estos hombres también llegaron a improvisar defensas reciclando material, como por ejemplo, un lanzador de cohetes de un FMA IA-58 Pucará destruido con anterioridad.

En los días previos a la batalla se envió una batería de obuses de 105 mm. También se encontraban en Prado del Ganso 14 tripulantes del buque Monsunen que había sido remolcado hasta allí por otra nave tras sufrir daños al ser atacado por dos fragatas en el Estrecho de San Carlos. La Fuerza de Tareas «Mercedes» contaba con 565 soldados de infantería y 78 artilleros. El armamento pesado constaba de dos cañones sin retroceso de 105 mm, tres morteros de 81 mm, 11 ametralladoras FN MAG y Browning M-2, y el fusil FN FAL como arma individual. Las inclemencias del clima sumadas a la falta de una logística adecuada produjeron algunos casos de desnutrición y enfermedades relacionadas con tal carencia.

  • Fuerza de Tareas Mercedes (TCol. Piaggi)
    • Regimiento de Infantería 12
      • Compañía A (Tte 1.º Jorge Antonio Manresa y secciones mandadas por el Tte. Alejandro José Garra, Subteniente Gustavo Malacalza, Subteniente Marcelo Martin Bracco y Subteniente Marcelo Raúl Colombo)
      • Compañía C (Tte. 1.º Ramón Duaso Fernández y secciones mandadas por Tte. Carlos María Marturet, Subteniente Carlos Osvaldo Aldao y Subteniente Leonardo Durán)​
      • Compañía PLM (Subteniente Ernesto Orlando Peluffo)
    • Regimiento de Infantería «Especial»
      • Compañía C (Tte. 1.º Carlos Daniel Esteban)
    • Regimiento de Infantería 8
      • ª Sección, Compañía C (Subteniente Guillermo Ricardo Aliaga)
    • Batería A del Grupo de Artillería Aerotransportado 4 (Tte. 1.º Carlos Alberto Chanampa)
    • Sección, Batería B del Grupo de Artillería de Defensa Aérea 601 (Subteniente Claudio Oscar Braghini)
    • 6 baterías de Artillería Antiaérea Rheinmetall 20 mm del Grupo 1 de Artillería Antiaérea de la Fuerza Aérea Argentina (Tte. Darío Valazza)
    • 1 sección de la Compañía de Ingenieros
    • Apoyo aéreo (desde Puerto Argentino)
      • Aermacchi MB-339 de la 1.ª Escuadrilla Aeronaval de Ataque (Cap. Carlos Alberto Molteni)
      • FMA IA-58 Pucará del Grupo 3 de Ataque de la Fuerza Aérea (Mayor Miguel Manuel Navarro)
      • Helicópteros Bell UH-1 Iroquois del Batallón de Aviación de Combate 601, del ejército (Mayor Juan Carlos Scarpa)
    • Refuerzos enviados desde Puerto Argentino
      • Equipo de Combate «Guemes» y Compañía Comando del Regimiento 12 (Tte. 1.º Esteban)
      • Compañía B, Regimiento 12 (Cap. Eduardo Néstor Corsiglia)

Movimientos previos

El 4 de Mayo los argentinos abatieron un Harrier que se estrelló en el aeródromo; falleció su piloto Tte. Nick Taylor.

Durante la tarde del 26 de Mayo la compañía A del Regimiento 12 avanzó hacia el norte según lo ordenado por Piaggi; una sección realizó misiones de reconocimiento sin tomar contacto con los británicos, mientras el resto de la compañía cavaba nuevas posiciones y acarreaba abastecimientos. También se transportaron manualmente dos obuses de 105 mm hacia posiciones avanzadas, con las cuales los argentinos hicieron fuego sobre la zona designada.

Los paracaidistas británicos habían iniciado su avance a pie en la tarde del 26 de Mayo, llegando a Camilla Creek House a primeras horas de la mañana siguiente. Allí Jones montó su puesto de mando y envió patrullas para sondear la entrada al istmo, dando lugar a algunas escaramuzas con la Sección Exploración del Tte. Carlos Marcelo Morales de la Compañía A del Regimiento 12, que todavía se estaba estableciendo en sus posiciones

Durante la mañana del 27 de Mayo la avanzada de la sección de exploración se encontró con soldados británicos en la zona de Burntside House, alrededor de mediodía; se entabló un fuerte combate quedando los argentinos rodeados debiendo rendirse, bien que las patrullas británicas debieron retirarse al atraer fuego de ametralladora de los hombres del Subteniente Peluffo.

Fragata Arrow

Mientras tanto, la RAF realizó ataques sobre la compañía A argentina, desplegada en sus nuevas posiciones a la entrada del istmo de Darwin; un Harrier, pilotado por el Cte. Bob Iveson, fue derribado por una ráfaga de artillería antiaérea de 35mm disparada desde Goose Green, logrando el piloto eyectarse en zona propia. Durante el resto del día los británicos lograron transportar con helicópteros 3 obuses de 105 mm​ y pertrechos a Camilla Creek House; los cañones comenzaron a batir las posiciones adelantadas argentinas, mientras que desde el Estrecho de San Carlos, la fragata Arrow abrió fuego con su cañón de 114 mm.

Al caer la noche Jones ordenó a sus tropas avanzar hasta la línea de partida prevista para el ataque. La compañía C del Mayor Hugh Jenner marchó en cabeza, seguida por las otras compañías del batallón y el propio Jones con su pelotón de mando; el apoyo de fuego se iba a realizar desde la costa opuesta de Camilla Creek.

Durante la noche del 27 de Mayo se creció la intensidad de los intercambios de fuego entre las respectivas posiciones avanzadas. Jones organizó su ataque: la compañía D en reserva; la compañía A en el flanco izquierdo para atacar Burntside House; la compañía B del 2 Paracaidistas ocupó el flanco derecho; la compañía C, el centro.

A todo esto los cañones argentinos habían vuelto a sus posiciones originales, cerca de Goose Green, para no ser destruidos en campo abierto por los ataques aéreos. Los 145 soldados del Teniente 1º Manresa soportaban el fuego de preparación de la artillería británica, contestando como podían con el fuego de sus morteros y cañones sin retroceso.

El ataque sobre la posición avanzada argentina

Posición argentina en Goose Green

A las 02:30 de la madrugada del Viernes 28 de Mayo, Jones ordenó atacar y las compañías A, B y C del 2º Batallón de Paracaidistas (unos 440 hombres) se lanzaron sobre las posiciones de la sección exploración y la compañía A argentinas «Empezamos a ver ingleses, que venían desde el norte… Caía la noche, pero nos mandaron bengalas y se podía ver como de día… Al día siguiente, cuando comenzó a amanecer, comenzaron a acercarse, y los vimos a unos 200 metros… Ahora bien, había disparos de artillería en ambos lados… y el Cabo dijo: fuego, fuego, van a venir encima de nosotros».(Soldado Esteban Bustamante)

El combate fue encarnizado y soldados de la sección exploración argentina se replegaron sobre las posiciones de la compañía A, generando pánico entre los jóvenes reclutas, varios de los cuales abandonaron sus puestos y comenzaron a replegarse; los oficiales y suboficiales argentinos debieron apelar a toda su energía para reagrupar a sus hombres y evitar una desbandada.

La Compañía B británica se lanzó sobre las posiciones de la Compañía A argentina, batiéndola con intenso fuego de morteros y ametralladoras. La Sección del Subteniente Gustavo Malacalza fue rebasada. Las posiciones argentinas fueron castigadas intenso fuego de artillería naval y de campaña antes de que los paracaidistas las tomasen por asalto. La radio de Manresa resultó averiada y perdió contacto con su jefe, de modo que debió luchar solo. La artillería argentina comenzó a hacer fuego al percibir el asalto británico, pero por la falta de comunicaciones su fuego no fue todo lo eficaz que la situación requería.

Con todo, los argentinas castigaron con el fuego de sus ametralladoras a los paracaidistas que avanzaban al descubierto causándoles tres muertos y varios heridos, obligándoles a separarse en pequeños grupos para evitar ser aniquilados, así como a cerrar sobre los argentinos para evitar el descalabro que se presentía, entrando al cuerpo a cuerpo «La sección de [Cabo] Pedemonte sufrió muchas bajas, ya que tuvo el primer ataque y luchó prácticamente mano a mano». (Soldado Ernesto Vallejo). En Coronation Ridge, la Compañía D sufrió tres muertos.​

Tras media hora de combate el flanco izquierdo argentino comenzó a ceder, momento en que el Tte. 1º Manresa reunió un pequeño grupo de soldados y contraatacó, logrando estabilizar la situación. Pero ante un nuevo empuje de los paracaidistas de la Compañía B el flanco izquierdo argentino terminó por ceder, replegándose Manresa con los demás a la primera línea las posiciones que ocupaba antes del 26 de Mayo.

En tanto, la compañía A británica tomó Burntside House llegando a Coronation Point, cerca del poblado de Darwin. Las Compañías B y C, seguidas por la Compañía D en reserva, avanzaron presionando a los argentinos que aunque se replegaban lo hacían e perfecto orden por lo que al amanecer los británicos todavía no habían logrado acercarse a la línea de defensa principal argentina.

La lucha en la línea Darwin-Boca House

Soldados argentinos moviéndose por Goose Green

Alrededor de las 07:30, los británicos tropezaron con la resistencia de nuevas posiciones  argentinas: en Boca House una sección de infantería del Regimiento 8 argentino al mando del Subteniente Guillermo Ricardo Aliaga, y en Darwin Hill y el sector central una amalgama de defensores de soldados de la compañía de Servicios del Regimiento 12 (cocineros, abastecedores, etc.) dirigidos por el Subteniente Ernesto Orlando Peluffo. A esta línea se sumaron los restos de la Compañía A de Manresa alrededor de las 06:30 del 28 de Mayo «La situación estaba muy confusa cuando vimos tropas que se aproximaban. Al principio no sabíamos si se trataba del enemigo o de parte de nuestro regimiento que se retiraba hacia nuestra línea. Pensamos que podían ser nuestras tropas. Ellos sabían qué camino tomar en los campos minados. En realidad, eran tropas británicas, y después supimos que cruzaron los campos minados guiados por isleños que habían escapado de Pradera del Ganso. En ese momento se inició el combate. Alrededor de nosotros empezaron a estallar granadas de morteros, saltamos adentro de nuestros pozos de zorro y abrimos fuego con armas automáticas. Había disparos por todas partes, un fuego intenso llovía sobre ambos bandos. Las granadas de mortero y los misiles guiados por cable estallaron muy cerca de nuestras posiciones y tuvimos que esperar una pausa en el bombardeo para poder salir y disparar. Así seguimos durante unas tres horas. Murieron varios de nuestros soldados y cuadros. Yo no tenía mucho tiempo para pensar en los muertos o en mi propia seguridad. No pensaba en mi familia o en lo que había dejado atrás. Ahora mi deber era conducir y motivar a mis hombres con gritos de batalla, especialmente el canto de guerra de la provincia de Corrientes, que nos hacía hervir la sangre. Estábamos todos dispuestos a morir. Los Paras se acercaban más y más, trataban de desbordarnos por el flanco. Evitaban un asalto frontal porque les estábamos presentando una dura resistencia». (Subteniene Peluffo)

El avance británico quedó atascado, pues la luz del día daba ventaja a los defensores, que ahora combatían en posiciones preparadas de antemano. Los temerarios ataques británicos no lograron conmover la línea defensiva.

Situación desde el mediodía del 28 de mayo a la madrugada del 29. Los ingleses superan la resistencia argentina y rodean a los defensores en torno a Goose Green. Evolución de la batalla a partir del segundo ataque británico.

Piaggi se dio cuenta de que la defensa necesitaba ser reforzada. Envió parte de su reserva concentrada en Goose Green: una sección de fusileros del Regimiento 25 bajo el mando del Tte. Roberto Néstor Estévez; quien antes de partir dirigió esta breve pero emotiva arenga a sus hombres: «Soldados, en nuestras capacidades están las posibilidades para ejecutar este esfuerzo final, y tratar de recomponer esta difícil situación. Estoy seguro de que el desempeño de todos será acorde a la calidad humana de cada uno de ustedes y a la preparación militar de que disponen». No tardaron mucho en verse en medio de un fuerte combate.

El Tte. Estévez avanzó hasta las inmediaciones de Boca House y trabó combate con los británicos, resultando herido de gravedad, a pesar de lo cual tomó una radio y comenzó a dirigir el fuego de la artillería propia con gran eficacia, contribuyendo a frenar el ataque británico. Cuando por fin falleció el Cabo Mario Rodolfo Castro tomó su puesto hasta correr igual suerte, tras del cual lo hizo el soldado Fabricio Edgar Carrascul hasta que también cayó muerto.​

El soldado Sergio Daniel Rodríguez, que resultó gravemente herido en este combate disparando hasta agotar la munición de su ametralladora MAG relató así la muerte del Tte. Estévez: «(…) llegó a mi posición el teniente Estévez herido con dos balazos en el cuerpo, en la pierna derecha y en el brazo, que lo tenía colgado. Me preguntó si estaba herido, que lo de él no era nada (…) seguía dando órdenes y haciéndonos sostener el combate, mientras él con su único brazo sano se comunicaba con el comando, dando toda la información sobre el enemigo. No sé cómo los ingleses habían tomado posiciones tan altas. Estaba hablando por radio a mi lado cuando recibió otro balazo en la cabeza que le entró por el pómulo derecho. El impacto lo tiró para atrás a Estévez. Yo ya no tenía miedo ni nada. Era como que esperaba tener a tiro a un inglés, o lo mato yo a él, o él me mata a mí. Y el teniente desangrándose… Hubo un momento en que me rozaron dos esquirlas la cabeza, y el teniente Estévez que agonizaba en silencio, me pide que me ponga el casco de un muerto. Me caían los hilitos de sangre por la cara. Cuando me volví a mirarlo, mi teniente Estévez había muerto…»

La sección de reserva argentina sufrió fuertes perdidas, pero logró que sobre las 09:30 los británicos suspendieran su avance y retrocedieran buscando protección. El Tte. Clive Livingstone no pudo menos que expresar su admiración por ellos «¡Tantas mentiras que se nos dijeron acerca de que no querían pelear, y están peleando como leones!«.​

Entre los sobrevivientes de los combates iniciales por las alturas de Darwin, destacaron los Cabos Genaro Bordón y Ramón Ángel Quintana del Regimiento 12 y el Cabo Osvaldo Faustino Olmos del Regimiento 25, quien combatió como francotirador hasta agotar sus municiones.

Dos helicópteros, pilotados por el Cap. Jorge Svendsen y el Tte. Marcelo Florio, cargaron cinco heridos del Regimiento 25 para trasladarlos a Puerto Argentino. El soldado Claudio García, del Regimiento 8, en un jeep Land Rover, transportó decenas de heridos a la retaguardia, bajo fuego enemigo.

Para los británicos, además de la sorpresa de la decidida defensa llevada a cabo por los argentinos, los combates supusieron muchas bajas así como un enorme y no previsto consumo de munición que obligó a los paracaidistas a tomar las municiones de sus compañeros muertos y heridos.

Refuerzos argentinos

Jones estableció su puesto de mando en el sector oriental de la línea de combate, cerca de la Compañía A que estaba detenida frente a Darwin. Los artilleros británicos intensificaron su fuego, mientras que cuatro helicópteros abastecían de munición en la ida y evacuaban heridos a la vuelta. Con la llegada de la luz diurna la fragata Arrow tuvo que abandonar su misión de apoyo de fuego por temor a los ataques aéreos argentinos.

Evacuación de heridos

Poco después llegaban sobre el campo de batalla aviones Pucara enviados desde Puerto Argentino, los cuales bombardearon a los paracaidistas obligándoles a retirarse en busca de refugio. Lo que los argentinos aprovecharon para recomponer su primera línea, bien que las pérdidas en hombres y material eran graves.

​Piaggi ordenó que su Compañía C, situada al sur del istmo, se replegara cerca de Goose Green para acortar el perímetro defensivo. Alrededor de las 09,00 de la mañana llegaron por fin refuerzos: el Equipo de Combate «Güemes» de Regimiento 25 que se establecieron a 8 kilómetros al sur de Goose Green, permitiendo a Piaggi recomponer su reserva y sacar de ella una sección que envió a Darwin Hill, pues la compañía A británica daba señales de disponerse a reiniciar el ataque. A las 13,00 horas, la sección argentina, mandada por el Subteniente Juan José Gómez Centurión avanzó hacia Darwin Hill para bloquear a los británicos.

La sección enviada de refuerzo a la Colina de Darwin, divisó una columna de paracaidistas y la emboscó, inmovilizándola sobre el terreno. En ella iba el TCol. Herbert Jones que queriendo dar ejemplo a sus hombres se adelantó sobre una trinchera argentina con intenciones de tomarla por asalto. En ese momento fue divisado por el soldado Guillermo Huircapan (fusilero armado con el reglamentario FAL 7,62 mm) y Oscar Ledesma (artillero que servía con una ametralladora MAG Tipo 60-20 7,62 mm) quienes hicieron fuego sobre él abatiéndolo en la Colina Darwin. El mando del ataque pasó al segundo jefe del batallón, el Mayor Chris Keeble, el cual recibió en momento tan delicado varias mala noticias: a) un helicóptero que se dirigía a evacuar al jefe británico fue abatido por un Pucará argentino cerca de Camilla Creek House, b) habían caído muertos dos capitanes del batallón (Chris Dent y David Wood), c) el avance sobre Darwin Hill se había vuelto a detener.

El ataque británico se reinicia

Chris Keeble

Keeble decidió emplear la compañía D y tomar en primer lugar el reducto argentino de Boca House para poder flanquear el resto de las posiciones argentinas. Poco después del mediodía, precedido por una preparación artillera de gran magnitud, las compañías B y D británicas atacaron a los soldados argentinos atrincherados, empleando misiles filoguiados «Milán», morteros y cohetes de fósforo blanco para iluminar el campo de batalla. Los argentinos quedaron rodeados, tras lo cual los paracaidistas pasaron al asalto de la posición. El Subteniente Aliaga cayó herido y cuando toda resistencia fue imposible, ordenó la rendición.

El Milán

Al mismo tiempo, la compañía C atacó las trincheras en el sector central, mientras se renovaba el ataque sobre Darwin Hill. El Tte. 1.º Carlos Colugnatti y el Sargento 1.º Juan Carlos Coelho organizaron resultaron heridos mientras organizaban a sus hombres para contener el ataque. En todos los sectores los británicos emplearon gran volumen de fuego, sobre todo los mortíferos «Milán»; este poder de fuego sumado a la mayor preparación de los combatientes ingleses lentamente se impuso y la línea argentina resultó perforada. Poco después cayó el reducto de Darwin Hill y el Tte. Manresa ordenó el repliegue hacia la segunda línea de defensa cerca de Goose Green. El Subteniente Peluffo resultó gravemente herido cayendo prisionero «Sin embargo, el fuego de ellos era muy preciso. Recuerdo haber visto un cabo que recibía un impacto directo de un misil guiado por cable. Un soldado de mi trinchera cayó herido y yo tomé su fusil automático y abrí fuego, pero el enemigo todavía continuaba en su intento de desbordarnos por el flanco. Un soldado que estaba haciendo un uso muy efectivo de un lanzador de misiles antipersonales también fue herido y el lanzador quedó destruido. A un hombre que estaba al lado mío le arrancaron el fusil de un tiro. Dijo: «Señor, están muy cerca, muy cerca». Alcanzábamos a oír a los soldados británicos que nos gritaban que nos rindiéramos, en inglés y en español. Habia explosiones en todas partes alrededor de nosotros. Había explosiones en todas partes alrededor de nosotros. En ese momento recibí un impacto en la cabeza y caí al fondo de mi trinchera. El soldado que me trató, al ver la herida me dijo: «No se preocupe, señor, es sólo superficial». Yo traté de ponerme de pie y empuñar un fusil, pero no pude, me sentía muy mareado. Ordené al soldado que continuara disparando y que indicara a las otras posiciones que se prepararan para resistir el asalto del enemigo con bayonetas si era necesario. Ellos seguían gritándonos que nos rindiéramos, pero yo no podía soportar la idea de ser derrotado, de rendirnos tan rápido, de entregar algo que era realmente mío, el territorio de las Malvinas. Finalmente comprendí que era inútil continuar sacrificando vidas, que estaba todo perdido y que no tenía sentido seguir la lucha. (Subteniente Ernesto Peluffo)

A las 13,15 los británicos tomaron Darwin Hill.​ Unos 200 soldados argentinos habían resistido durante más de seis horas el asalto contra Boca House y Darwin Hill. ​A esa hora la fracción a cargo del Subteniente José Alberto Vásquez avanzó hacia la Escuela Darwin bajo fuego de artillería enemiga. Mientras tanto, el Tte. 1.º Ernesto Hugo Kishimoto continuó dirigiendo mediante su Pelotón de Comunicaciones el fuego de los morteros pesados argentinos.

Soldados argentinos en posición

Keeble estableció su puesto de mando en Darwin Hill y ordenó un triple avance hacia el sur para rodear Goose Green desde ese sector, hacia la pista de aterrizaje y hacia la Escuela desde Darwin Hill. Alrededor de las 17 horas las fuerzas argentinas se retiraron hacia la Escuela, fuertemente presionadas por los británicos. Fue el momento en que los los cañones antiaéreos del Subteniente Claudio Oscar Braghini abrieron fuego contra más de 120 paracaidistas británicos, provocando un muerto y once heridos incluido el mayor Hugh Jenner que resultó herido en la espalda.

Por el oeste, los británicos tomaron la pista de aterrizaje sin dificultad, ya que los efectivos de la batería antiaérea de la Fuerza Aérea Argentina encargados de la defensa de ese sector se habían replegado bajo fuego de morteros, sin informar a Piaggi;​ cuando éste supo lo que había pasado envió algunos soldados del Regimiento 12, que fueron rechazados. Tal hecho facilitó que los británicos avanzaran hacia el sur amenazando el perímetro argentino desde esa dirección, cercando a parte de la Compañía C del Regimiento 12. Durante el desarrollo de los combates en la Base Aérea Militar «Cóndor», fueron destruidos tres cañones antiaéreos y muriendo tres soldados de la Fuerza Aérea que protegían el perímetro de seguridad de la base.

La aviación argentina volvió a efectuar ataques contra los paracaidistas, pero éstos lograron derribar un Pucará y un Aermacchi.

El cerco final sobre Goose Green

La escuela en llamas vista desde las posiciones argentinas

Cuando los británicos llegaron sobre la segunda línea de defensa argentina, los obuses de 105 mm comenzaron a disparar en tiro directo, a lo que se sumó el fuego de los cañones antiaéreos que disparaban contra blancos en tierra. La situación de los defensores se hizo delicada, pues también aparecieron aviones Harrier de la RAF, efectuando ataques al suelo.

El fuego rasante de la artillería antiaérea argentina provocó numerosas bajas entre las filas de la compañía C del batallón británico. Entre los heridos se encontraba el jefe de la unidad, Mayor Hugh Jenner.

La posición defensiva de la Escuela fue tomada por los británicos después de ser abandonada por sus defensores, siendo destruida por el fuego directo de la artillería antiaérea argentina luego de que los soldados británicos tomaron la posición, obligándoles a retirarse de ella.

A las 13:00​, los hombres a cargo del Subteniente Juan José Gómez Centurión contraatacaron y, aunque batidos por el fuego enemigo, lograron alcanzar en aeródromo «Cóndor». En esas circunstancias se produjo un alto en fuego y hubo un parlamento entre el Teniente Barry y el Subteniente Gómez Centurión. Ambos pidieron la rendición del otro. En el enfrentamiento armado que siguió, el Teniente Barry perdió la vida en un combate que fue encarnizado por ambas partes, aunque al final los argentinos tuvieron que replegarse; el Subteniente César Álvarez Berro efectuó con una veintena de hombres un ataque batiendo a la Compañía D británica facilitando así el repliegue de los supervivientes del pelotón del Subteniente Gómez Centurión.

Sin embargo, una vez perdida la posición defensiva alrededor de la escuela y la pista de aterrizaje, las fuerzas argentinas quedaron acorraladas en torno a Goose Green; además, el intenso fuego de morteros británicos logró por fin inutilizar la artillería antiaérea que disparaba contra los paracaidistas. Piaggi se comunicó con Parada y este le ordenó romper el contacto con el enemigo y retirarse hacia Bodie Creek Bridge para ser evacuado junto a sus fuerzas, movimiento dificilísimo dadas las circunstancias. Las diversas secciones argentinas comenzaron el repliegue ordenadamente, bien que debido a la intensidad de la presión del fuego enemigo hubo momentos de confusión, lo que no impidió que con gran valor y serenidad unos se ayudaran a otros a fin de minimizar las bajas. Al atardecer se reunió a los dispersos agrupándolos al tiempo que con ellos se intentaba proteger el repliegue de los efectivos argentinos más comprometidos. A esta altura de los acontecimientos, la Fuerza de Tareas «Mercedes», se encontraba completamente rodeada. Sin posiciones de tirador adecuadas, sin abrigo, sin comida y con escasísima munición, los hombres de la compañía C se dispusieron a pasar la noche, a la espera de novedades sobre la continuidad del combate.

Soldados argentinos a la espera

Entretanto el Gral. Parada había enviado nuevos refuerzos helitransportados: se trataba de hombres de la Compañía B del Regimiento 12, trasladados desde Monte Kent. Cuando aterrizaron a unos 6 kilómetros de Goose Green, en el sector sur, la artillería británica comenzó a batirlos, provocando cierta dispersión. Este grupo se encaminó hacia Goose Green, aunque la oscuridad, la falta de guías y el fuego enemigo le impidieron sumarse a la posición principal. En la madrugada del 29 de Mayo sólo los pelotones de los Subtenientes Daniel Fernando Benítez y Ramón Antonio de Jesús Cañete lograron presentarse en el puesto de mando de Piaggi.

Las decisiones finales

Al anochecer del 28 de Mayo los británicos comenzaron a disminuir su fuego. El mayor Keeble, al ver a los argentinos cercados, sabía que tocaba la victoria con la mano. Decidió bombardear primero Goose Green y luego enviar a sus paracaidistas a eliminar los restos de resistencia. Pero cuando supo que allí había un centenar de civiles kelpers, pensó en la manera de empujar a los argentinos a rendirse sin luchar. Decidió realizar una demostración de fuego al día siguiente para convencer a los defensores que era inútil resistir.

Mientras esto ocurría, los argentinos trataron de recomponer sus líneas y Piaggi convocó una reunión de oficiales para decidir qué hacer. En su opinión la orden de retirada impartida por Parada era irrealizable, y continuar luchando no ofrecía posibilidades de éxito. Le preocupaba además que los británicos bombardearan el poblado y provocaran una matanza en la población civil.

La reunión fue muy acalorada: Piaggi opinaba que si no se podía reconducir la situación, la capitulación era la única decisión. Algunos mandos propusieron utilizar la Compañía B para contraatacar (se sabía que había llegado aunque aún no se conocía su paradero). Piaggi pidió al jefe de la Base “Cóndor” que armara a sus hombres como fusileros, a lo que este se negó. Finalmente Piaggi se comunicó con Parada, el cual le confesó que no podía enviarle más refuerzos ni medios para evacuar la posición. Además, los jefes argentinos no sabían nada acerca del enemigo al que se enfrentaban (efectivos, medios de combate, etc.), por lo que no podía asegurar que la continuación de la resistencia tuviera posibilidades de éxito. Ante este panorama Piaggi decidió parlamentar.​

La rendición

Argentino capturado en Goose Green

Un kelper fue enviado a las líneas británicas con una propuesta de rendición. Keeble aceptó y envió dos prisioneros argentinos para informar a Piaggi de sus condiciones: los argentinos debían rendirse o aceptar las consecuencias de una continuación del combate. Piaggi interpretó que los británicos estaban dispuestos incluso a bombardear Goose Green y cargar sobre las espaldas de los argentinos la responsabilidad por la muerte de civiles inocentes.​ En la madrugada Piaggi y Pedrozo conferenciaron con Keeble y otros oficiales, insistiendo este en sus condiciones. En ese momento los argentinos decidieron rendirse incondicionalmente a los británicos.

Se vivió un momento alarmante cuando los británicos descubrieron al pelotón de fusileros del Subteniente Carlos Francisco Tamini ​que marchaba desde el sur en actitud de combate: eran soldados de la compañía B llegados la noche anterior y que se habían extraviado en su marcha a Goose Green, por lo que desconocían lo que estaba pasando. Keeble se disponía a abrir fuego cuando Piaggi le comunicó lo que sucedía evitando lo peor.

Poco después el Vicecomodoro Pedrozo, como oficial más antiguo, presentó la rendición, la cual se llevó a efecto con honores militares y fuera de la vista de los civiles.


5 respuestas a «La batalla de Pradera del Ganso (Goose Green)»

  1. La verdad es que nuestros sobrinos argentinos lucharon como jabatos para recuperar la justa soberanía argentina
    sobre las islas Malvinas. ¡Honor y gloria a todos ellos! ¡Viva Argentina! , ¡Viva España!

  2. Mucho habría que decir de esta batalla, y del comportamiento de unos y de otros.
    El General Parada un inepto como es regla general entre el gremio de los Generales, de lo que dan fe los Generales españoles que sacan en las televisiones para hablar de la guerra de Ucrania, y que repiten como papagayos y sin ningún criterio la manida propaganda angloamericana, ir a la guerra con esta clase de generales de todo a 100 es el camino más corto para que a uno lo maten después de padecer mil calamidades.
    Sólo conozco una excepción, en el Generalato español que debe ser la excepción que cumple la regla, la del General español D. Salvador Fontenla, aunque posiblemente su capacidad para el realismo militar y para el combate real provenga más de su época de Teniente en el Sahara en 1975, que no de por su condición de General. Lo digo exclusivamente por sus libros, y por sus acertados comentarios en los programas de La Pica en Flandes, del canal de Ricardo Rocafort.
    Lo del General argentino Parada no lo digo solo por «Orden + contra orden = desorden», que eso es de 1º de parvulitos de formación militar, ni únicamente por el sinsentido de con el enemigo desembarcado y avanzando ordenar el cambio de emplazamiento defensivo para empezar de cero en la creación y «fortificación» de las posiciones en un terreno que carecía de todo para organizar la defensa (no había ni leña por la vegetación de líquenes del lugar), en un terreno que a 20 centímetros de excavación ya emanaba agua, y careciendo de picos y palas para cavar nuevas trincheras, sino también porque el origen de esta «Fuerza de Tarea Mercedes» es una visita del Jefe de la Junta Militar General Galtieri a las Islas Malvinas el 22 de abril, y se quedó de piedra por la falta de efectivos para defender las islas. Ordenando de inmediato que se desplazara una Brigada de Infantería completa (la 3ª Brigada) con sus vehículos equipo y armamento al completo a las islas. Tuvo que venir el Jefe político del país para advertir en su condición de General que con tan escasos efectivos no se podían defender las islas, y por eso ordenó añadir al menos una Brigada de Infantería, lo cual demuestra que los que se encargaban de la defensa no tenía mucha idea de la realidad de lo que se venía encima. El General Parada era el Comandante de esta IIIª Brigada, que nunca se desplazó, sólo se envió de tal Brigada al Regimiento de Infantería nº 12 con su armamento individual, munición y morteros del 81, que viajaron en avión el 25 de abril, todo lo demás, desde los zapapicos al armamento pesado, vehículos, cocinas, vestuario, material alimentos, etc. etc. etc tenía que trasportarse por barco y nunca se hizo. El primero en no ir a las islas fue el propio General Parada.
    En una visita a las posiciones de la Fuerza de Tarea Mercedes, el periodista patriota Nicolás Kasanzew comentó que le parecía extraordinario lo bien que estaban camufladas las armas pesadas de la unidad. No es que estuvieran perfectamente camufladas, es que la unidad carecía de tales armas, apenas si contaba con algunas ametralladoras de 7’62 mm. Gracias a que la Fuerza Aérea disponía de cañones antiaéreos que se utilizaron contra los paracaidistas ingleses.
    Muy poca gente conoce que desde primeros de mayo, es decir tan solo 5 días después de llegar alas islas, los soldados argentinos apenas si hacían una comida diaria. El resultado es que los soldados perdieron entre 10 kilos y 19 kilos de peso. Hay que pasar mucha hambre, muchísima, para que gentes jóvenes de 18 ó 19 años (que a esa edad sueles estar delgado) y en tan solo un mes ó 5 semanas perder no menos de 10 kilos de peso. Cuando digo soldados incluyo a los oficiales que en las trincheras llevaron la misma suerte que sus hombres. Fue el resultado de quedarse atrás las cocinas, de dejarse atrás los víveres de campaña, de la falta de leña para cocinar, y de la falta de logística.
    Esta y otras guerras demostraron una vez más una cosa que parece no importar a nadie, que sin comer se puede combatir, pero sin munición no. Los argentinos se retiraban cuando ya apenas les quedaba un cargador únicamente en su fusil. Era entonces cuando aparecía las dudas o la desmoralización. Los paracaidistas ingleses, a pesar de su logística mucho mejor , también iban escasos de munición. Si uno revisa el equipo de campaña del infante español, por ejemplo, no se ha introducido ninguna mejora para transportar mayor cantidad de munición. Seguimos estancados en aquella época que las guardias se hacían con 5 cartuchos, el primero de ellos de plástico, de fogueo, y los refuerzos con el subfusil Z70-B sin cargador, es decir sin ni un solo cartucho. De esta forma se pusieron las bases de un ejército de juguete, que al final ha terminado repartiendo piruletas de fresa.
    Es injusto decir que los soldados argentinos eran soldados de reemplazo, muchos de ellos con apenas un mes de servicio, frente a los profesionales del Ejército británico. Es injusto porque los soldados argentinos combatieron muy por encima de lo que se esperaba de ellos. El teniente argentino Victor Hugo Rodríguez (que es autor del libro «Llevando la patria al hombro» donde cuenta muchas cosas muy interesantes) , y que comandó el contraataque de «Wireless ridge» con apenas 30 ahombres, que se le mandó de madrugada a reforzar el Regimiento 7 y cuando llegó el Regimiento 7 se había retirado, y se quedaron solos para enfrentarse a los paracaidistas ingleses. El teniente sabía que él con 30 hombres no iba a parar al «2º Para» que todo un Regimiento (el nº 7) no había conseguido parar, pero aún así se enfrentó a los paracaidistas porque vió retirarse al Regimiento, y gracias a su sección la retirada del Regimiento pudo ser cubierta. Y a lo que voy es que este Teniente Victor Hugo Rodriguez cuenta que él iba el primero pero que la tropa estaba tan enfervorizada que algunos lo dejaban atrás en el combate porque los soldados buscaban el enfrentamiento con el enemigo, y hasta que no se empezaron a quedar sin munición no se replegaron ellos también. Es decir, que llega un momento que el soldado argentino combate con iniciativa incluso por delante del oficial que manda su sección. Siempre en inferioridad, porque los argentinos combatieron en inferioridad 5 a1 en los combates terrestres.
    Con esto de la crítica a la tropa, a los «reclutas», pasa un poco como con los Máster que se le exigen ahora a los graduados en Derecho, a ellos se les exige el máster para ejercer la Abogacía, y yo me pregunto los jueces esos de lo C-A a ellos cuándo le toca hacer el máster que se les exige a los nuevos graduados, porque claro cuando ves un juez que le tienes que explicar la diferencia entre recurso directo y recurso indirecto, y que el no recurrir una disposición de carácter general (una convocatoria por ejemplo), que sería el recurso directo, no impide que puedas recurrir el acto administrativo que aplica esa disposición general, (recurso indirecto) en base precisamente a la ilegalidad de ésta norma, art. 26 LRJC-A, y va el juez y lo mira en el Código de leyes administrativas, porque por lo que se ve no se había entgerado y no había llegado leyendo ni al art- 25 y 26 leyéndose la ley que se supone tiene que aplicar como ley de cabecera un juez de lo C-A. ¿Estos jueces cuándo hacen el máter que se les exige a los nuevos licenciados/graduados para ejercer la Abogacía?.
    Pues aquí pasa un poco igual, la tropa en general combatió con valentía, con la valentía que faltó en el Ejército de Tierra de Comandante para arriba, y por supuesto que les faltó a los Generales, y no sería porque estos no llevaban años en el Ejército.

    También resulta lamentable que el Comandante del Regimiento, Tte. Coronel Piaggi, su preocupación moral fuera que si él seguía resistiendo que los ingleses podían bombardear y asesinar a la población civil keplers. La preocupación es loable pero hasta cierto punto, por ejemplo el de tratar de ponerlos a salvo de alguna manera, pero no al punto de considerarse él responsable de lo que les pudiera pasar cuando quienes les tiraban a los keplers no eran ellos sino los ingleses. Es absurda esta mentalidad, salvo que se esgrimiera como pretexto para justificar el no seguir combatiendo.

    Luego hay un problema táctico y un problema moral.
    – El problema táctico es que la función de una unidad militar que se ve obligada, dada la desproporción de fuerzas, a combatir a la defensiva, es provocar el mayor desgastes al enemigo, aunque sea a costa de su propia inmolación. Porque cada baja que se le ocasiona o cada munición que tiene que gastar en tí, es una menos que tiene el enemigo para el siguiente objetivo. Rindiéndose no se consigue agotar al enemigo ni tampoco a sus municiones.
    – el problema moral, es hasta qué punto es moral que un Jefe decida la rendición de la unidad cuando queda munición y hombres para seguir combatiendo, y pasar por encima de los que han muerto, que no se han sacrificado hasta morir para que luego su jefe se rinda. Yo muero combatiendo si la unidad resiste, si mi muerte va a ser estéril y se van a rendir a los 10 minutos de yo morir, para eso no me esfuerzo y no me dejo matar.
    Qué mensaje hay para los que se arriesgan, para jefes valerosos como Gómez Centurión, que lo dieron todo, si el Comandante a la primera de cambio va y se rinde y hace estéril todas esas muertes, todos esos que han creído en el mensaje de defender a la Patria hasta morir, han hecho el «primo» en creer en un mensaje en el que los primeros que no creen son los mandos.
    Creo que en tales circunstancias no cabe otra decisión que la de morir cada uno en su puesto. Primero para desgastar al contrario lo máximo posible, aliviando a las unidades propias que van a continuación a sufrir el ataque de estas unidades enemigas; segundo para desmoralizar al enemigo, que despues de la euforia inicial de haber aniquilado a toda la unidad hubiera tenido que hacer frente a la evidencia de que esta era la actitud que les esperaba en los siguientes, el combate hasta el último hombre, con el tributo de sangre que ello iba a representar para ellos: sobre el desgaste que ya sufrían, más desgaste. En tercer lugar para elevar la moral en la unidades propias, porque el ejemplo de una unidad que ha sucumbido combatiendo, obliga al resto a no hacer menos. Y ahora se sabe que los ingleses estaban en la últimas, un poco más de resistencia y habrían perdido. Y en cuarto lugar, la memoria de los caídos, no en el pasado, de otras guerras de otras épocas, sino los caidos de ahora mismo, de cuyos cuerpos estaban allí, todavía sin retirar del campo de batalla, y esos muertos impide al Comandante acordar la rendición y dejar en nada ese sacrificio de entregar la vida, que no la entregas para que ahora el Comandante se rinda todo lo que se lleva padecido cuando todavía queda fuerza para seguir combatiendo. Esto está muy bonito decirlo desde la seguridad de estar en mi casa, pero no se trata de que sea bonito o deje de serlo, de lo que se trata es de doctrina militar que es la que tiene que ser, porque si no fuera así, el Alcázar de Toledo hasta septiembre de 1936, o el Seminario de Teruel (en enero de 1937) no se habrían defendido.
    No cabe más opción en tales circunstancias que o combatir hasta el último hombre, o si el combate ya no puede provocar más bajas en el enemigo, retirarse, pero jamás rendirse.
    Es injusto que tradicionalmente se centre la crítica en la cuestión de que las tropa era bisoña, cuando este no fue el problema, el problema en el Ejército de Tierra es que sus mandos no tuvieron la determinación que sí tuvieron los mandos de la Fuerza Aérea (del Ejército del Aire y de la Armada), por ejemplo.
    Este es un problema que tenemos en España con los mandos politizados en la cultura LGTB/PSOE e imbuidos de toda la doctrina del PSOE, que de Comandante para arriba, por ser optimistas, son prácticamente todos, y en la GC y la Policia, no hay que llegar a Comandante sino prácticamente el 100% de todos.
    Argentina desplegó sobra las islas un número insignificante de tropas. Apenas el 1% de sus fuerzas. El Ejército Argentino de la época tenía 180.000 soldados y que podían haberse elevado en días a 360.000 llamando a sus reservistas.
    Soldados de unidades del norte cercanas a Brasil, soldados con 20 días de instrucción, a Malvinas, en lugar de mandar a laas unidades aclimatadas al clima frío y montaña, ni enviar a los reservistas que se acaban de licenciar unas semanas antes el servicio militar.
    ¿Por qué?, porque se pensó que los EEUU no iban a tolerar una guerra que desestabilizara todo el continente suramericano (Si los ingleses pisan la Argentina continental, toda Hispanoamérica podría haber entrado en guerra, incluso paises como Uruguay o Brasil que ayudaron a Gran Bretaña, el límite era pisar el continente.
    Los argentinos se equivocaron en esto de no mandar tropas adecuadas y suficientes, y también ocurrió que los enemigos internos del pais (¿Masonería?) boicotearon el esfuerzo de guerra, como lo demuestra el hecho de que Galtieri en su visita a la Isla se percatara de que los efectivos eran manifiestamente insuficientes, y ordenara al menos una Brigada de Infantería al completo que luego no se cumplió lo ordenado. El 25 de abril no se pudo llevar, pero ¿por qué no se llevó nada más llevar a cabo la ocupación de las islas el 2 de abril?)

    En el artículo se cuenta muy por encima el incidente del Subteniente Gómez Centurión (en el Ejército Argentino un Subteniente no es un Suboficial como en el Ejército Español sino un Oficial) en el contraataque del 28 de mayo contra los paracaidistas ingleses que le pidieron su rendición.
    Ocurrió aquí lo mismo que ocurrió en el Alcázar de Toledo cuando el alto al fuego para que el cura rojo Camarasa llevara una propuesta de rendición, que estando la legación del Ejército rojo dentro del Alcázar, los rojos no respetaron el alto al fuego y dispararon contra un defensor que estaba a al vista en una ventana. Fue una acto miserable más de los rojos y fue una estupidez más del nacional al que mataron que parece ser que todavía no se había enterado desde 1931 y en las semanas de asedio, cómo eran los rojos, como para estar asomado a la ventana como un idiota. Muy mal el Coronel Moscardó por dejar ir a los rojos, después del parlamento, porque roto el alto al fuego por el enemigo, como poco tenía que haberse quedado con los rojos como prisioneros, por haber incumplido la tregua.
    Ocurrió que El Subteniente Gómez Centurión (Compañía C, del Regimiento 25) tiene la orden de contraatacar. Contratacar no sería la palabra, cuando 36 hombres «contratacan» a cerca de 200, la palabra debería ser otra. Localizan a una unidad enemiga tipo Compañía reforzada por el camino de Darwin a Pradera de Ganso, y los argentinos (apenas 35 hombres y el Subteniente 36, contra unos 160 ó 180 ingleses) emboscan a los británicos, que sufren muchas bajas, y en un momento del combate hacen señales los ingleses para solicitar un alto al fuego para rendirse a los argentinos. En realidad se trata de una estratagema para tener un respiro y dar tiempo a los ingleses a moverse, desplegarse y a colocarse en mejor posición, (lo digo porque como en España, en las Fuerzas Armadas, a pardillo no hay quien nos gane para que si esto lo lee alguien en el servicio activo que se lo apunte para no caer en la misma trampa, ya que en las academias, entre el inglés. las clases de Historia antifranquista, las clases de propaganda NATO, las clases de lenguaje no sexista y cultura LGTB, toda la cultura del PSOE, la comida «de tarro» del Instituto Gutiérrez Mellado , y todo lo demás, el hacer testamento a favor de los inmigrantes, el comprarte la bandera arcoiris para la mochila (que eso ya te encarrila para el futuro generalato) el cómo coger en brazos a adolescentes marroquíes tan grandes que están para que sean ellos los que cojan ellos en brazos a los demás y no al revés, etc. etc, pues no hay tiempo en las academias para tratar estas cosas).
    Como los ingleses piden parlamento , se acerca el Subteniente Gómez Centurión con dos de sus hombres, y se acercan también tres ingleses, que eran los que habían pedido falsamente un alto al fuego. Le preguntan al Subteniente argentino si habla inglés, les responde que sí, y el Capitán ingles le dice que si se rinden ahora y entregan el armamento que les promete que respetarán sus vidas. Gómez Centurión le responde que se vuelve a su posición y que en dos minutos reanuda el fuego, y cuando se da la vuelta para marcharse y andan un poco le disparan por la espalda a uno de sus hombres, y él se vuelve y le dispara y mata al oficial inglés. Y empieza a recibir fuego del flanco, porque en realidad el alto al fuego era para dar tiempo a que los ingleses que los habían pillado completamente en bragas, se pudieran desplegar y desplazarse al flanco de la sección de Gómez Centurión. Creo que merecía la pena contar ese incidente tal y como pasó.
    Y se quedan muchas cosas en el tintero de esta batalla que demostró que estaban muy equivocados los que en esos años venían sosteniendo que la infantería ligera era algo anacrónico que tenía que desaparecer del campo de batalla. Si para algo sirvió la Guerra de las Malvinas es para dejar como idiotas a los que venían sosteniendo tal estupidez.

  3. Una cosa que quería decir y me la he saltado es el testimonio del Cabo cocinero Andrés Fernández. Él no tenía fusil, solo tenía una pistola, y en lugar de agarrarse a su condición de cocinero para eludir en lo posible el riesgo del combate, en vista de que no había comida y por tanto su labor como cocinero era bien escasa sin comida, pidió un fusil (que no había para él) para unirse a la fuerza como fusilero. Andrés Fernández iba en el combate de Gómez Centurión, y cubriendo a su jefe que estaba adelantado recibió un disparo en la parte alta de la pierna con la cadera. El Subteniente quiso cogerlo para llevarselo, pero estaba tan delgado que no tenía fuerzas para cargarlo, porque el cabo era muy grande de estatura , y cuando se retiraban le dijo que vendría a por él. Lo que interesa destacar es que el cabo cuenta que cuando se quedó solo, al rato pasó un soldado inglés arrastrándose pero que no lo vió porque a él lo cubrieron, y contándolo años después se echó a llorar, y cuando le insistieron que dijeran cómo o con qué lo cubrieron, dijo que no sabe que fue con un manto celeste (de la Virgen), porque es imposible que el inglés no lo viera pasando tan cerca. Aquella noche Gómez Centurión cumplió su palabra y rescató al Cabo Andrés Fernandez.
    La compañía inglesa reforzada no eran 150 hombres sino 250, he tecleado mal la tecla de las centenas.
    Otra enseñanza de esta guerra, que tiene aplicación directa a la defensa de las Canarias, (y también de Ceuta y de Melilla), es que cuando defiendes unas islas tienes que tener superioridad aérea o superioridad naval, si no tienes ni una cosa ni otra, estás condenando a las fuerzas destacadas en las islas a perecer. Por eso es tan importante reforzar la Fuerza Aérea en Canarias y en la Península (con aparatos para reponer pérdidas), y reforzar las unidades navales. Y por supuesto cambiar la mentalidad ONG/LGTB de los miembros del Ejército, que están totalmente imbuidos e infectados por la propaganda.

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