La beata Alexandrina María Da Costa, por Virtudes Aguilera Carrascosa

Virtudes Aguilera

Virtudes Aguilera Carrascosa. Casada, madre de 3 hijos varones. Vive en Valencia. Es enfermera y trabaja en el Hospital Clínico Universitario. Unida a Emaús desde sus comienzos en Valencia. Coordinadora del Apostolado de Reparación a Jesús Eucaristía del grupo de oración de la beata Alexandrina María Da Costa en Valencia.

¿Cómo nació su vocación de enfermera y qué supone para usted tratar con los enfermos?

Siempre sentí desde niña la necesidad de ayudar a los demás. Soñaba que me convertía en enfermera como en las películas, que llevaban una capa azul con una cruz roja y que pasaban sus días en hospitales salvando vidas, tendiendo una mano a los más necesitados. Aunque ahora ya no vestimos así.

¿Qué representó para ustedes poder tener adoración en la capilla del hospital?

Fue una alegría inmensa poder tener Exposición del Santísimo dos días semanales. Poder hacerle compañía al Señor ya es en sí todo un privilegio, pero además hacerlo en un lugar tan especial como es la capilla del Hospital, rodeados de enfermos, familiares, donde en ocasiones la vida pende de un fino hilo, donde la alegría y el sufrimiento conviven juntos, fue algo muy bonito para todos. Además la capilla está unida a la Facultad de Medicina y son muchos los jóvenes que se acercan también.

Una vez se vieron privados de la adoración, el Señor le manifestó lo sólo que se sentía en muchos sagrarios. ¿Cómo fue la experiencia?

Así es, durante un largo tiempo debido a cambios en la capellanía, el Santísimo fue retirado de la capilla, fue un duro golpe para todos los adoradores y personas que habitualmente pasaban por allí a estar con el Señor. Yo me había comprometido con Él y sentía que estaba faltando a mi compromiso, por lo que pasados unos meses comencé a quedarme en el mismo horario ante el Sagrario. El Señor no estaba en la custodia, pero sí en el tabernáculo.

Semana tras semana al salir de trabajar acudía a mi turno, sentía que el Señor me esperaba igualmente. Pero un día me embargó una gran tristeza. Primero pensaba que era lógico, antes la capilla estaba llena de gente y ahora apenas entraba alguien. Pensaba que era un sentimiento mío, pero poco a poco esa tristeza fue haciéndose mayor hasta oprimirme el pecho. Comprendí que ese sentimiento tan grande, no era mío, era la tristeza del Señor y provenía del Sagrario.

Semana tras semana al arrodillarme ante el Sagrario comencé a sentir en mi interior:

EL AMOR CON AMOR SE PAGA”

¡ HAZ UNA CRUZADA DE AMOR !

¡ LOCOS POR JESÚS EUCARISTÍA !

Sentía como el Señor me decía que estaba sólo, con la única compañía de la lamparita que había junto al Sagrario. Comencé a ver en mi interior Sagrarios completamente abandonados, algunos en iglesias grandes, muy doradas y ornamentadas, veía como caminaban las personas por su interior, pero el Señor me decía “ESTOY SÓLO” Nadie viene a verme, nadie se arrodilla ante mi presencia y no únicamente los laicos, tampoco los sacerdotes.

El Señor me pedía que hiciese un llamado, que invitase a las personas a hacerle compañía, a entrar en las Capillas, a hablarle, aunque solamente fuera un saludo, que les dijese que les ama tanto a todos…Veía carteles invitando a las personas a hacerle compañía en el Sagrario.

Yo pensaba que esto era una locura, no sabía qué hacer ni cómo hacerlo, soy enfermera, no diseñadora gráfica. Pero el Señor me mostró un sagrario muy abandonado, muy gris, lleno de polvo y telarañas, en algún lugar totalmente deshabitado y me hizo saber que alguien lo había dejado allí abandonado hacía muchísimo tiempo. En ese momento me derrumbé por completo y dije: “Señor, dime que quieres que haga, yo no sé cómo hacerlo, pon Tú las personas y los medios y yo haré lo que me pidas”.

Allí mismo le pedí al Señor sellar ese compromiso de amor entre Él y yo con una medalla. No se hizo esperar, en ese mismo momento vi en mi interior una medalla ovalada, plateada, con dos corazones en su interior y algo alrededor que no pude apreciar. Sentía que eran los corazones de Jesús y de María unidos al mío.

Tras dos años de búsqueda de la medalla sin éxito, en los cuales yo permanecía yendo al Sagrario sin saber que tenía que hacer para el Señor, nos consagramos dos amigas más y yo al Sagrado Corazón de Jesús en Madrid y cuál fue mi sorpresa al encontrarme allí con una persona que llevaba dicha medalla, tras la celebración fui a hablar con ella. Lo primero que le dije fue: imagino que llevará un compromiso, no lo conozco pero lo acepto, porque esa medalla me la ha regalado el Señor.

También le pedí verla de cerca, por una cara estaban los dos sagrados corazones, rodeados de una corona de espinas y una inscripción en latín: SAGRADOS CORAZONES DE JESÚS Y MARÍA, HONOR Y GLORIA.

Y en el reverso, una custodia con el Santísimo Sacramento, que rezaba: ADOREMOS AL ETERNO Y SANTÍSIMO SACRAMENTO.

La Medalla te la imponían tras una Consagración a Jesús Eucaristía.

¿Cómo empezó a cumplir aquello que el Señor le pedía?

Poco después comenzamos a realizar en Valencia, consagraciones a Jesús Eucaristía, junto con unas catequesis sobre la Eucaristía impartidas previamente por un sacerdote y que dieron como fruto un aumento de adoradores y de personas que comenzaron a acudir a la Santa Misa diariamente o más periódicamente.

Tras reabrirse las capillas después del covid se retomó la exposición de Santísimo en la capilla del hospital los jueves de 8 de la mañana hasta las 17:30 de la tarde. Es decir, tras la misa de 7:30h mañana y hasta la misa de 17:30h. Y estoy encargada de los turnos de adoración.

¿Qué supuso para usted conocer la espiritualidad de la beata Alexandrina María Da Costa?

Durante años tuve la sensación de que el Señor me iba mostrando cosas, era como si me regalase piezas de un puzzle, pero yo no sabía qué hacer con ellas.

Al consagrarme a Jesús Eucaristía e imponerme la Medalla, fue como si medio puzzle tomase forma, pero con la beata Alexandrina María Da Costa, el puzzle se formó por completo y todo adquirió un significado.

Destaca de esta santa su amor por la Eucaristía, incluso llegó a alimentarse durante años sólo de la Eucaristía.

Así es, Alexandrina vivió postrada, paralítica, en una cama durante 30 años por una lesión en la columna vertebral, tras sufrir una caída desde la ventana de su casa por salvaguardar su pureza del ataque de unos hombres. En ese tiempo se unió íntimamente con el Señor y la Madrecita, como ella llamaba cariñosamente a la Virgen. Todos los viernes recuperaba su movilidad, reviviendo la Pasión de Jesús, desde las 12 del mediodía a las 3 de la tarde

Una vez terminada la experiencia de la Pasión volvía a la cama quedando de nuevo completamente paralizada. Durante los últimos 13 años de vida se alimentó únicamente de la Eucaristía, sin beber una sola gota de agua y en anuria total.

El Señor le comunicó a Alexandrina: “Mostraré al mundo a través tuyo que Yo soy el único alimento que necesitan”.

¿Qué nos puede decir de la devoción de los Primeros Jueves de mes?

Es un pedido y promesa que el Señor hace a Alexandrina el 25 de Febrero 1949 en Balazar (Portugal)

Pidiendo ser amado, consolado y reparado en la Eucaristía. Reparando por todos los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con los cuales es ofendido por las ofensas a los Sagrados Corazones de Jesús y de María, por todos los Sagrarios abandonados, por todas las personas que no creen, no adoran, no esperan y no aman al Señor, por todas las ofensas contra la Eucaristía, por la conversión de los pecadores y para que la humanidad regrese a Dios.

El Señor promete a quienes realicen durante 6 primeros Jueves de mes consecutivos: Una hora de Adoración ante el Santísimo Sacramento honrando Sus Santas Llagas, especialmente la de la espalda y reciban la Sagrada Eucaristía, en estado de gracia, con sincera humildad, fervor y amor, asistirles en el momento de su muerte junto con la Santísima Virgen y llevarlos al Cielo.

¿Cómo lo está difundiendo en Valencia?

Nos reunimos en la Parroquia de San Miguel y San Sebastián los primeros Jueves de cada mes, a las 17h, junto con el P. Juan Andrés Talens, llevando a efectos la reparación pedida por el Señor.

¿Qué aspecto de su espiritualidad puede ayudar al católico de hoy?

El propio lema de Alexandrina “AMAR, SUFRIR Y REPARAR” con la finalidad de dar Gloria a Dios y salvar almas.

Cada día son innumerables las cruces, sufrimientos o acontecimientos que se presentan en nuestras vidas y que podemos aprovechar para reparar y ayudar al Señor a salvar almas, pidiéndole como Alexandrina que nos conceda una sonrisa para llevarlas. Les aconsejo recitar esta oración:

Oración de Alexandrina

Oh Jesús, yo me uno en este momento en espíritu y desde este momento para siempre, a todas las hostias consagradas de la tierra en cada lugar donde habitáis sacramentado.

Quiero pasar todos los momentos de mi vida, de día y de noche, alegre o triste, procurando consolaros, amaros y glorificaros…

Oh Jesús, que no haya ningún sagrario del mundo, ni un lugar del mundo donde estéis sacramentado sin que, desde hoy y para siempre, esté yo allí para decir:

“Jesús, yo te amo. Jesús soy toda tuya, soy tu víctima, víctima de la Eucaristía, lamparita de vuestras prisiones de amor, centinela de vuestros Sagrarios»…


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