La bellaquería de la pijoprogresía

En estos días estamos asistiendo, sin que ello provoque la respuesta que, en buena lógica, debería provocar, al pretendido expolio de una parte de nuestro patrimonio nacional por parte de ese ministrillo pijoprogre que nos colocó el tal Antonio, siguiendo los consejos, que no sabios, de la tucán ferrolana, comunistoide de salón, otrora una auténtica zarrapastrosa y ahora vestida con ropa cara que, por cierto, pagamos todos.

Ese afán perverso de la pijoprogresía, con toda esa patulea de podemitas y sumatorios, ha sido siempre el de destruir España, borrar nuestra historia, al menos la parte más gloriosa; eliminar nuestras costumbres y tradiciones más inveteradas y tratar, por todos los medios a su alcance, de acabar con ese orgullo, que todos deberíamos sentir, de ser españoles.

Todo aquello que sirve, de alguna manera, para identificarnos, para hacernos distintos a los demás, nuestra cultura, nuestras señas de identidad, en definitiva, nuestra alma como Nación hay que eliminarlo para construir sobre sus cenizas un ser amorfo, carente de valores y de dignidad nacional, al más rancio estilo de cualquier república bananera, esas en las que esta gentuza busca los parangones para convertirnos a nosotros en algo parecido.

Han querido, sin éxito, cargarse la Semana Santa, una muestra, a cada paso más vigorosa, del sentir popular de los españoles. Todavía recordamos aquella estúpida podemita andaluza que, cuando creían que todo el monte es orégano y que, en breve, asumirían el control de España, amenazaba con que la Semana Mayor no se volvería a celebrar. ¡Pobre estúpida descerebrada! Así le fue a ella y a su miserable partido.

Ahora, están pretendiendo cargarse la tauromaquia, usando para ello todos los recursos disponibles, a base a argumentos falaces sin tan siquiera valorar la cantidad de españoles que se arruinarán si tal medida sale adelante.

Y lo último, llega de la mano de ese ministrillo de poca monta que pretende deshacerse de una parte de nuestro patrimonio histórico para devolvérselo a no sé quién, en base a no sé qué principios.

¿Quién eres tú para disponer de lo que es de todos los españoles? Bastante hacemos con pagarte ese sueldo astronómico e inmerecido que cobras para que aun encima tengamos que aguantar que pretendas expoliarnos. Nuestro patrimonio, en la misma medida que nuestro acervo cultural, es un tesoro sagrado que nos pertenece a todos los españoles, los de antes, los de ahora y los que vengan detrás de nosotros y ni tú, ni nadie, tenéis potestad para enajenarlo o regalarlo. Faltaría más.

Nada de lo que se expone en nuestros museos y colecciones es de nadie que no seamos los españoles en su conjunto. Todo, absolutamente todo, procede de la capacidad que hemos tenido, a lo largo de los siglos, de proyectarnos en el mundo, de transferir nuestra cultura, nuestro idioma y nuestras creencias más profundas. No procede, como en otros casos, de la rapiña sistemática de países cuyo único objetivo era esclavizar, no transferir civilización.

Allá donde hemos estado, a todos les hemos concedido el estatus de españoles, sujetos a los mismos derechos y obligaciones que los demás. Hemos fundado ciudades, levantado universidades, construido catedrales y redes viarias. Hemos creado una organización administrativa a nuestra imagen y semejanza. Nos hemos mezclado sin complejo alguno hasta el punto de que, los que se levantaron contra la Corona allá por la primera mitad del siglo XIX en los territorios de ultramar, eran tan españoles como los que vivían en Madrid, Barcelona o La Coruña. Así que déjate de milongas y de tratar de confundirnos a base de mentiras sistemáticas y de leyendas negras, esas inventadas y divulgadas por nuestros enemigos sobre la base de la falacia mentirosa.

Los comunistas, la pijoprogresía de salón, siempre han sido la peor lacra de España, los enemigos más viscerales de nuestra Patria y, a cada paso, lo están demostrando más, sirva de ejemplo esta nueva generación de comunistoides vestidos con ropa cara y viviendo en chalet con piscina. Una colección de miserables, carentes de la más elemental preparación que se han visto aupados a puestos de dirección merced a esa perversa necesidad del tal “Antonio” y sus huestes de lameculos de mantenerse en el poder.

Esperemos que los españoles, los que nos sentimos orgullosos de serlo, que somos la mayoría, sepamos reaccionar para impedir que este individuo nos robe lo que es nuestro ya que una vez perdido jamás se podrá recuperar.

Blog del autor: http://cnpjefb.blogspot.com/


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