La blasfema «neutralidad» de los obispos

Como no hay nada que permanezca secreto –tampoco que con nuestro dinero el dictador Sánchez pagó sus 29 segundos de paseíllo con un despreciativo Biden–, poco a poco se van conociendo los detalles del por qué de la traidora, repugnante y blasfema alianza de los obispos con el actual Gobierno marxista-leninista socialista (PSOE) y comunista (Podemos), ateo y perseguidor de la Iglesia encabezado por el dictador Sánchez.

Ahora nos enteramos de que el Gobierno y la Conferencia Episcopal Española (CEE), encabezada por Omella –secesionista declarado– y Argüello –marxista-leninista descarado–, mantuvieron contactos para coordinar el día después del «indultazo». Ahora sabemos que la nota de la Comisión Permanente de la CEE fue premeditada y alevosa… y puede que hasta redactada con nocturnidad. Ahora sabemos que Omella prometió a Sánchez que la Iglesia se iba a mantener «neutral», pero que dicho vocablo no era más que otro farisaico eufemismo clerical, porque en realidad, y como hemos visto, la Iglesia, de mano de Omella, Argüello… que para esos los eligieron en su día, y todos, todos, toditos todos los demás,  se ha posicionado clara, rotunda y públicamente a favor del «indultazo» lo que convierte a la Iglesia, a sus obispos y a todo aquel clérigo y fiel que con su silencio otorgue –incluso a los que callen por una mal interpretada obediencia debida– en aliados activos y públicos de la destrucción de la sagrada unidad de España, de la patria, de nuestra gran historia y de la de la propia Iglesia, porque… ¿qué esperan del PSOE y de Podemos sometiéndose a ellos por cobardía o por viles intereses pecuniarios o…por ideología? ¿Es que no los conocen? ¿No saben que en el mejor de los casos es pan para hoy y hambruna para mañana? ¿No han aprendido de la historia de ambos de la cual nunca han renegado ni lo van a hacer?

Más aún. ¿Quién les ha llamado a meterse directamente en el lodazal de la política española? Porque lo del «indultazo» es netamente político, nada tiene que ver con la Iglesia. En el caso de que les hubieran preguntado era fácil decir: a nosotros, plin, no es asunto de nuestra competencia ni interés, es un asunto jurídico, civil y político, a nosotros ni nos va ni nos viene. O, como mucho, haberle dicho al dictador Sánchez: nosotros tenemos el sacramento de la Confesión para el indulto de los pecados, el cual sólo concedemos si hay previo, declarado y evidente arrepentimiento y decidido propósito de enmienda. Pero claro, cómo iba a ser eso posible lo dicho, cuando ha sido la Iglesia la que desde finales de los años 50 del siglo pasado viene liderando en muchos aspectos la destrucción de España.

Estos obispos que dan escándalo, que causan rubor y vergüenza, que por ideología –unos cuantos, bastantes– o por miedo y estupidez –todos– dan de comer a la bestia creyendo que se dormirá, no se dan cuenta de que la están alimentando, haciéndola más fuerte, osada, agresiva y… logando que les pierda hasta el mínimo respeto, si es que alguna vez lo tuvo. Por evitar no se sabe bien qué mal –¿el IBI de los templos y demás propiedades? ¿el 0,7 por ciento?– están abonando el terreno para su propia destrucción.

La voluntaria y pública alianza firmada entre los obispos y el marxismo-leninismo ateo y perseguidor de la Iglesia, su secular y acérrimo enemigo de siempre, no sólo es contra natura, no sólo ha sido la última raya roja de varias cruzada por los obispos desde hace mucho: unos por su acreditada connivencia ideológica y otros por… ya no se sabe qué, sino que además ha sido el principio de un fin, el de la Iglesia en España de la cual no va a quedar piedra sobre piedra. Si ya de por sí son varias las décadas de decadencia, apostasía, pérdida de autoridad, vulgar mascarada y retroceso, imaginen lo que va a ser tras tamaña barbaridad.

Y es que la razón de todo, la causa de tan dramático efecto es que no creen, no tienen vocación –pues la del católico es la cruz, único camino a la Gloria–, dan sus perlas a los cerdos, dispersan a las ovejas, son lobos con piel de cordero, sal sosa que sólo vale para pisotearla, hipócritas, sepulcros blanqueados… «Pocos obispos se salvan» (San Juan Crisóstomo) y lo peor es a cuántos se llevan con ellos.


4 respuestas a «La blasfema «neutralidad» de los obispos»

  1. Si los mártires asesinados por su fe levantaran la cabeza, y vieran que los obispos de hoy están aliados con el bando ideológico y partidos que a ellos los asesinaron en descampados o en las plazas de los pueblos, no darían crédito, horrorizados de que mientras ellos dieron testimonio de su Fe siendo salvajemente asesinados, los obispos de hoy dan testimonio de traición y apostasía.
    La misericordia del Señor es infinita, ¿pero tanto como para no castigar a estos canallas que alían con los que han descristianizado y siguen descristianizando España y arrancando sus cruces?, ¿tanto?

  2. Qué porcentaje de obispos y cardenales son homosexuales?
    Cuántos son masones?
    Cómo se implican obispos y cardenales en los hechos de pedofilia de la Iglesia?
    El porcentaje puede ser superior al 50%. Esto explicaría esa «actitud» de la Iglesia, y, no solo de la Conferencia Episcopal Española sino de otras Conferencias frente al Globalismo.
    La otra prueba de la implicación de una gran parte de la Iglesia es por el apoyo e interés en las indignas campañas de vacunación COVID, vacunas asesinas e inútiles.
    Nunca en la historia los obispos, cardenales e, incluso el Papa se han involucrado en campañas de vacunación. Es sorprendente. La foto del Papa vacunándose es patética.
    Íñigo Caballero

  3. No son «nuestros» Pastores. Son lobos con piel de cordero…
    No hay ni uno solo que de la talla.
    ¿De dónde los sacan, y cómo los seleccionan…?
    Es imposible errar tanto, salvo que se haga a propósito.

  4. El mal, desafortunadamente, está dentro de la propia Iglesia Católica; baste recordar que junio de 1972, el Papa Pablo VI diría, presuntamente, lo siguiente: “Por alguna rendija se ha introducido el humo de Satanás en el Templo de Dios“. Por consiguiente; roguemos San Miguel Arcángel asista y proteja a la Iglesia de Cristo y a sus fieles, extirpando el mal del mundo.

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