La cobardía y la traición que nos rodea

ESCUCHAR NOTICIA: Todavía tenemos fresco en la memoria el recuerdo del 8 de septiembre del pasado año, fecha en la que se debería haber celebrado, por todo lo alto, el centenario del glorioso Desembarco de Alhucemas. Una gesta de primer orden de nuestra reciente historia militar que, sin embargo, pasó del todo inadvertida por temor a que el sátrapa moruno se molestase o, simplemente, por querer los sociatas, de forma deliberada, eliminar una página de nuestra historia patria por esa maldita y miserable ley de desmemoria que lo único que pretende es borrar, de un plumazo, las gestas de buenos españoles que, un día, hartos ya de las canalladas criminales de aquella izquierda y ultraizquierda del Frente popular -los mismos que hoy nos llevan a la ruina y al desastre nacional-, decidieron ponerle punto y final, echándolos a todos a patadas. Lo cierto es que, para congraciarse con el moro indecente, en un gesto de cobardía elevado a la enésima potencia, o para evitar nombrar a los héroes de aquella memorable jornada, se tomó la decisión de pasar de puntillas por aquel centenario, no celebrándolo para que, entre otras cosas, el enemigo no se sintiese molesto. Un gesto de cobardía suprema y de traición, ya que tampoco hubo un recuerdo para todos aquellos españolitos que entregaron su vida por España en aquella larga y penosa campaña que tantos proyectos e ilusiones personales cortó para siempre. Pero así es esta España nuestra, especialmente desde que la desgobierna el cáncer socialista, que hinca la rodilla ante cualquier mindundi con tal de seguir en el machito con sus corruptelas y miserias. La lección que nos enseña la historia es clara y contundente, cuando se la planta cara al enemigo, cuando se le enseña los dientes, este suele recular, al contrario que cuando agachamos la cerviz, circunstancia que aprovecha ese enemigo para crecerse y cebarse con nosotros. De aquella guerra interminable en nuestro Protectorado no se comenzó a atisbar su final hasta que, cogiendo el toro por los cuernos, desembarcamos en Alhucemas; al igual que no concluyó la guerra de Ifni-Sahara hasta que, a finales de 1957, Franco situó la Escuadra frente a Agadir, enseñando al moro las bocas de fuego de los cañones navales. Esto es aplicable, también, a la recuperación de la Isla Perejil, dónde el gran moro vio que no nos quedábamos callados y, en lugar de ello, enviamos a nuestras tropas a reconquistar aquel islote por un principio de dignidad y de orgullo nacional, circunstancia que puso fin al conflicto. Como sabemos, el sátrapa moro hace tiempo que ha dispuesto un muro, en plan el de Adriano, con todos los medios de defensa necesarios, para defender las fronteras del Sahara con la vecina Mauritania y nadie ha protestado por ello. ¿Por qué nosotros no hemos hecho lo mismo en nuestras fronteras de Ceuta y de Melilla, previniendo una invasión? Hemos catalogado la invasión de Ceuta de “pacífica”, cuando realmente no es tal cosa. Jamás una invasión ha sido pacífica y mucho menos esta, ya que, más pronto que tarde, parte de los que nos han invadido -soldados, policías y agentes de los Servicios secretos marroquíes, infiltrados entre los invasores-, cumpliendo las órdenes recibidas de sus superiores comenzarán a crear problemas en la ciudad con cualquier excusa -hacinamiento, falta de alimentos, enfermedades o lo que sea- para que los invasores se levanten contra la población o contra las fuerzas del orden o la población, harta ya de tanta humillación, se tome la justicia por su mano y lo que todavía es más preocupante, hemos permitido asentarse dentro de nuestras fronteras a miles de individuos que, llegado el caso, formarán la siempre peligrosa “quinta columna”. Y junto a esto, todo lo demás, ya que continúan llegando a nuestras costas lanchas, motoras y pateras atestadas de invasores sin que nadie les ponga coto. Individuos de los que ignoramos procedencia, datos identificativos e intenciones. Ya está bien de llamar “migrantes” a unos tipos que nos vienen a invadir. Ya está bien de tanto paripé buenista e infantiloide. Todavía recordamos las palabras del Jefe del Estado Mayor de la Marina de Guerra australiana quien señaló que los buques bajo su mando están para evitar que se invada su territorio. ¿Están aquí los nuestros para lo mismo? Al moro canalla -tanto como a este gobierno miserable y antiespañol que tenemos- hay que hacerle la guerra en todos los frentes. De entrada, cortarle las ayudas y suministros, exigiendo que la Comunidad Europea -otra colección de eunucos- haga lo mismo. Cerrar herméticamente nuestras fronteras, tanto a personas, como a todo lo que venga de Marruecos sea por tierra, por mar o por aire y, por supuesto, poner en la puta calle a todos esos delincuentes que nos han invadido y si hay que cambiar Leyes, se cambian. De igual modo, es necesario ponerle coto, con todos los medios disponibles, al flujo marroquí del narcotráfico del que el gran moraco es el principal beneficiario. Lo que sobran son medios y si hay que echar a pique a más de una lancha portadora de este tipo de sustancias, se les hunde y aquí paz y después gloria. Ya pedirá papas el sátrapa moro cuando se vea con el agua al cuello. Pero claro, para eso hace falta que España la gobiernen españoles, no esa patética y miserable colección de traidores y cobardes que solo anhelan nuestra destrucción, además de llevárselo crudo. Y mucho ojo con esa quinta columna a la que le hemos abierto las puertas. Miles de individuos en edad militar, a los que les hemos permitido, alegremente, asentarse en nuestra retaguardia. ¿Qué no tienen armas?, ¿realmente alguien cree que ese puede ser un problema? Las armas, tarde o temprano, aparecen. Eso que nadie lo dude. Y ahí tenemos, para saber quién es quien, a esos sociatas de Melilla, rastreros y lameculos como todos los de ese miserable partido, que se han atrevido a votar en contra de una moción apoyando la españolidad de Ceuta y de Melilla. ¿Cómo es posible que un pueblo aguante a gentuza de esta calaña? Acabamos de saber que una manada de estos delincuentes que nos han invadido ha atacado a un grupo de soldados. Los problemas reales no han hecho más que comenzar y la mecha lenta del barril de pólvora está empezando a consumirse. Y no me cansaré de repetirlo, ya es hora de que algunos de esos que han superado la edad de retiro, en un gesto de dignidad y de honor, presenten su dimisión y se vayan para sus casas, evitando ser cómplices de todas las canalladas de esa izquierda y ultraizquierda que nos llevan a la ruina. Espero que lo de Ceuta sea el final del tal P.S. y de toda su chusma y que, más pronto que tarde, estén sentados en el banquillo de los acusados, respondiendo por un delito de alta traición. Blog del autor: http://cnpjefb.blogspot.com/   Pulse para escuchar el texto Todavía tenemos fresco en la memoria el recuerdo del 8 de septiembre del pasado año, fecha en la que se debería haber celebrado, por todo lo alto, el centenario del glorioso Desembarco de Alhucemas. Una gesta de primer orden de nuestra reciente historia militar que, sin embargo, pasó del todo inadvertida por temor a que el sátrapa moruno se molestase o, simplemente, por querer los sociatas, de forma deliberada, eliminar una página de nuestra historia patria por esa maldita y miserable ley de desmemoria que lo único que pretende es borrar, de un plumazo, las gestas de buenos españoles que, un día, hartos ya de las canalladas criminales de aquella izquierda y ultraizquierda del Frente popular -los mismos que hoy nos llevan a la ruina y al desastre nacional-, decidieron ponerle punto y final, echándolos a todos a patadas. Lo cierto es que, para congraciarse con el moro indecente, en un gesto de cobardía elevado a la enésima potencia, o para evitar nombrar a los héroes de aquella memorable jornada, se tomó la decisión de pasar de puntillas por aquel centenario, no celebrándolo para que, entre otras cosas, el enemigo no se sintiese molesto. Un gesto de cobardía suprema y de traición, ya que tampoco hubo un recuerdo para todos aquellos españolitos que entregaron su vida por España en aquella larga y penosa campaña que tantos proyectos e ilusiones personales cortó para siempre. Pero así es esta España nuestra, especialmente desde que la desgobierna el cáncer socialista, que hinca la rodilla ante cualquier mindundi con tal de seguir en el machito con sus corruptelas y miserias. La lección que nos enseña la historia es clara y contundente, cuando se la planta cara al enemigo, cuando se le enseña los dientes, este suele recular, al contrario que cuando agachamos la cerviz, circunstancia que aprovecha ese enemigo para crecerse y cebarse con nosotros. De aquella guerra interminable en nuestro Protectorado no se comenzó a atisbar su final hasta que, cogiendo el toro por los cuernos, desembarcamos en Alhucemas; al igual que no concluyó la guerra de Ifni-Sahara hasta que, a finales de 1957, Franco situó la Escuadra frente a Agadir, enseñando al moro las bocas de fuego de los cañones navales. Esto es aplicable, también, a la recuperación de la Isla Perejil, dónde el gran moro vio que no nos quedábamos callados y, en lugar de ello, enviamos a nuestras tropas a reconquistar aquel islote por un principio de dignidad y de orgullo nacional, circunstancia que puso fin al conflicto. Como sabemos, el sátrapa moro hace tiempo que ha dispuesto un muro, en plan el de Adriano, con todos los medios de defensa necesarios, para defender las fronteras del Sahara con la vecina Mauritania y nadie ha protestado por ello. ¿Por qué nosotros no hemos hecho lo mismo en nuestras fronteras de Ceuta y de Melilla, previniendo una invasión? Hemos catalogado la invasión de Ceuta de “pacífica”, cuando realmente no es tal cosa. Jamás una invasión ha sido pacífica y mucho menos esta, ya que, más pronto que tarde, parte de los que nos han invadido -soldados, policías y agentes de los Servicios secretos marroquíes, infiltrados entre los invasores-, cumpliendo las órdenes recibidas de sus superiores comenzarán a crear problemas en la ciudad con cualquier excusa -hacinamiento, falta de alimentos, enfermedades o lo que sea- para que los invasores se levanten contra la población o contra las fuerzas del orden o la población, harta ya de tanta humillación, se tome la justicia por su mano y lo que todavía es más preocupante, hemos permitido asentarse dentro de nuestras fronteras a miles de individuos que, llegado el caso, formarán la siempre peligrosa “quinta columna”. Y junto a esto, todo lo demás, ya que continúan llegando a nuestras costas lanchas, motoras y pateras atestadas de invasores sin que nadie les ponga coto. Individuos de los que ignoramos procedencia, datos identificativos e intenciones. Ya está bien de llamar “migrantes” a unos tipos que nos vienen a invadir. Ya está bien de tanto paripé buenista e infantiloide. Todavía recordamos las palabras del Jefe del Estado Mayor de la Marina de Guerra australiana quien señaló que los buques bajo su mando están para evitar que se invada su territorio. ¿Están aquí los nuestros para lo mismo? Al moro canalla -tanto como a este gobierno miserable y antiespañol que tenemos- hay que hacerle la guerra en todos los frentes. De entrada, cortarle las ayudas y suministros, exigiendo que la Comunidad Europea -otra colección de eunucos- haga lo mismo. Cerrar herméticamente nuestras fronteras, tanto a personas, como a todo lo que venga de Marruecos sea por tierra, por mar o por aire y, por supuesto, poner en la puta calle a todos esos delincuentes que nos han invadido y si hay que cambiar Leyes, se cambian. De igual modo, es necesario ponerle coto, con todos los medios disponibles, al flujo marroquí del narcotráfico del que el gran moraco es el principal beneficiario. Lo que sobran son medios y si hay que echar a pique a más de una lancha portadora de este tipo de sustancias, se les hunde y aquí paz y después gloria. Ya pedirá papas el sátrapa moro cuando se vea con el agua al cuello. Pero claro, para eso hace falta que España la gobiernen españoles, no esa patética y miserable colección de traidores y cobardes que solo anhelan nuestra destrucción, además de llevárselo crudo. Y mucho ojo con esa quinta columna a la que le hemos abierto las puertas. Miles de individuos en edad militar, a los que les hemos permitido, alegremente, asentarse en nuestra retaguardia. ¿Qué no tienen armas?, ¿realmente alguien cree que ese puede ser un problema? Las armas, tarde o temprano, aparecen. Eso que nadie lo dude. Y ahí tenemos, para saber quién es quien, a esos sociatas de Melilla, rastreros y lameculos como todos los de ese miserable partido, que se han atrevido a votar en contra de una moción apoyando la españolidad de Ceuta y de Melilla. ¿Cómo es posible que un pueblo aguante a gentuza de esta calaña? Acabamos de saber que una manada de estos delincuentes que nos han invadido ha atacado a un grupo de soldados. Los problemas reales no han hecho más que comenzar y la mecha lenta del barril de pólvora está empezando a consumirse. Y no me cansaré de repetirlo, ya es hora de que algunos de esos que han superado la edad de retiro, en un gesto de dignidad y de honor, presenten su dimisión y se vayan para sus casas, evitando ser cómplices de todas las canalladas de esa izquierda y ultraizquierda que nos llevan a la ruina. Espero que lo de Ceuta sea el final del tal P.S. y de toda su chusma y que, más pronto que tarde, estén sentados en el banquillo de los acusados, respondiendo por un delito de alta traición. Blog del autor: http://cnpjefb.blogspot.com/

Todavía tenemos fresco en la memoria el recuerdo del 8 de septiembre del pasado año, fecha en la que se debería haber celebrado, por todo lo alto, el centenario del glorioso Desembarco de Alhucemas. Una gesta de primer orden de nuestra reciente historia militar que, sin embargo, pasó del todo inadvertida por temor a que el sátrapa moruno se molestase o, simplemente, por querer los sociatas, de forma deliberada, eliminar una página de nuestra historia patria por esa maldita y miserable ley de desmemoria que lo único que pretende es borrar, de un plumazo, las gestas de buenos españoles que, un día, hartos ya de las canalladas criminales de aquella izquierda y ultraizquierda del Frente popular -los mismos que hoy nos llevan a la ruina y al desastre nacional-, decidieron ponerle punto y final, echándolos a todos a patadas.

Lo cierto es que, para congraciarse con el moro indecente, en un gesto de cobardía elevado a la enésima potencia, o para evitar nombrar a los héroes de aquella memorable jornada, se tomó la decisión de pasar de puntillas por aquel centenario, no celebrándolo para que, entre otras cosas, el enemigo no se sintiese molesto.

Un gesto de cobardía suprema y de traición, ya que tampoco hubo un recuerdo para todos aquellos españolitos que entregaron su vida por España en aquella larga y penosa campaña que tantos proyectos e ilusiones personales cortó para siempre.

Pero así es esta España nuestra, especialmente desde que la desgobierna el cáncer socialista, que hinca la rodilla ante cualquier mindundi con tal de seguir en el machito con sus corruptelas y miserias.

La lección que nos enseña la historia es clara y contundente, cuando se la planta cara al enemigo, cuando se le enseña los dientes, este suele recular, al contrario que cuando agachamos la cerviz, circunstancia que aprovecha ese enemigo para crecerse y cebarse con nosotros.

De aquella guerra interminable en nuestro Protectorado no se comenzó a atisbar su final hasta que, cogiendo el toro por los cuernos, desembarcamos en Alhucemas; al igual que no concluyó la guerra de Ifni-Sahara hasta que, a finales de 1957, Franco situó la Escuadra frente a Agadir, enseñando al moro las bocas de fuego de los cañones navales.

Esto es aplicable, también, a la recuperación de la Isla Perejil, dónde el gran moro vio que no nos quedábamos callados y, en lugar de ello, enviamos a nuestras tropas a reconquistar aquel islote por un principio de dignidad y de orgullo nacional, circunstancia que puso fin al conflicto.

Como sabemos, el sátrapa moro hace tiempo que ha dispuesto un muro, en plan el de Adriano, con todos los medios de defensa necesarios, para defender las fronteras del Sahara con la vecina Mauritania y nadie ha protestado por ello. ¿Por qué nosotros no hemos hecho lo mismo en nuestras fronteras de Ceuta y de Melilla, previniendo una invasión?

Hemos catalogado la invasión de Ceuta de “pacífica”, cuando realmente no es tal cosa. Jamás una invasión ha sido pacífica y mucho menos esta, ya que, más pronto que tarde, parte de los que nos han invadido -soldados, policías y agentes de los Servicios secretos marroquíes, infiltrados entre los invasores-, cumpliendo las órdenes recibidas de sus superiores comenzarán a crear problemas en la ciudad con cualquier excusa -hacinamiento, falta de alimentos, enfermedades o lo que sea- para que los invasores se levanten contra la población o contra las fuerzas del orden o la población, harta ya de tanta humillación, se tome la justicia por su mano y lo que todavía es más preocupante, hemos permitido asentarse dentro de nuestras fronteras a miles de individuos que, llegado el caso, formarán la siempre peligrosa “quinta columna”.

Y junto a esto, todo lo demás, ya que continúan llegando a nuestras costas lanchas, motoras y pateras atestadas de invasores sin que nadie les ponga coto. Individuos de los que ignoramos procedencia, datos identificativos e intenciones. Ya está bien de llamar “migrantes” a unos tipos que nos vienen a invadir. Ya está bien de tanto paripé buenista e infantiloide.

Todavía recordamos las palabras del Jefe del Estado Mayor de la Marina de Guerra australiana quien señaló que los buques bajo su mando están para evitar que se invada su territorio. ¿Están aquí los nuestros para lo mismo?

Al moro canalla -tanto como a este gobierno miserable y antiespañol que tenemos- hay que hacerle la guerra en todos los frentes. De entrada, cortarle las ayudas y suministros, exigiendo que la Comunidad Europea -otra colección de eunucos- haga lo mismo. Cerrar herméticamente nuestras fronteras, tanto a personas, como a todo lo que venga de Marruecos sea por tierra, por mar o por aire y, por supuesto, poner en la puta calle a todos esos delincuentes que nos han invadido y si hay que cambiar Leyes, se cambian.

De igual modo, es necesario ponerle coto, con todos los medios disponibles, al flujo marroquí del narcotráfico del que el gran moraco es el principal beneficiario. Lo que sobran son medios y si hay que echar a pique a más de una lancha portadora de este tipo de sustancias, se les hunde y aquí paz y después gloria. Ya pedirá papas el sátrapa moro cuando se vea con el agua al cuello.

Pero claro, para eso hace falta que España la gobiernen españoles, no esa patética y miserable colección de traidores y cobardes que solo anhelan nuestra destrucción, además de llevárselo crudo.

Y mucho ojo con esa quinta columna a la que le hemos abierto las puertas. Miles de individuos en edad militar, a los que les hemos permitido, alegremente, asentarse en nuestra retaguardia. ¿Qué no tienen armas?, ¿realmente alguien cree que ese puede ser un problema? Las armas, tarde o temprano, aparecen. Eso que nadie lo dude.

Y ahí tenemos, para saber quién es quien, a esos sociatas de Melilla, rastreros y lameculos como todos los de ese miserable partido, que se han atrevido a votar en contra de una moción apoyando la españolidad de Ceuta y de Melilla. ¿Cómo es posible que un pueblo aguante a gentuza de esta calaña?

Acabamos de saber que una manada de estos delincuentes que nos han invadido ha atacado a un grupo de soldados. Los problemas reales no han hecho más que comenzar y la mecha lenta del barril de pólvora está empezando a consumirse.

Y no me cansaré de repetirlo, ya es hora de que algunos de esos que han superado la edad de retiro, en un gesto de dignidad y de honor, presenten su dimisión y se vayan para sus casas, evitando ser cómplices de todas las canalladas de esa izquierda y ultraizquierda que nos llevan a la ruina.

Espero que lo de Ceuta sea el final del tal P.S. y de toda su chusma y que, más pronto que tarde, estén sentados en el banquillo de los acusados, respondiendo por un delito de alta traición.

Blog del autor: http://cnpjefb.blogspot.com/


8 respuestas a «La cobardía y la traición que nos rodea»

  1. El final de P.S. y del Gobierno socialista no va a ser suficiente para que cambie la suicida política pro-inmigración que se ha venido aplicando en España durante muchos años porque el PP no tiene un radical programa anti-inmigración. La única solución vendría si VOX pudiera formar Gobierno en solitario contando con una mayoria absoluta en el Congreso de los Diputados.

  2. «De aquella guerra interminable en nuestro Protectorado no se comenzó a atisbar su final hasta que, cogiendo el toro por los cuernos, desembarcamos en Alhucemas; al igual que no concluyó la guerra de Ifni-Sahara hasta que, a finales de 1957, Franco situó la Escuadra frente a Agadir, enseñando al moro las bocas de fuego de los cañones navales.»
    Este párrafo queda muy patriótico y muestra fidelidad al Caudillo, pero no es verdad.
    En 1911 el Ministro de la Guerra Luque y Coca organizo el desembarco en Alhucemas que debia terminar con la rebelión de algunas cabilas del Rif y además cono con la aprobación y la ayuda de la familia Abd el Krim, no se llevo a cabo por que Canalejas no lo autorizo.
    Desde siempre se supo que entrar en el Rif por las Kabilas de Tensaman, Bocoya o Beni Urriaguel era la llave para dominar el territorio
    La Guerra de Marruecos duro 20 años porque los políticos con sus guarradas miserables lo hicieron posible, si se hubiera dejado al Ejercito hacer su trabajo, hacer una guerra y no andar organizando el ejército como si de una Guardia Civil en Marruecos se tratara, dando sustos y volviéndose por donde venían .
    En cuanto a lo de Franco decirle al patriótico escritor que Franco mandaba las fuerzas de Asalto que iniciaron el desembarco, apoyadas por las Harcas de Tetuan Y Larache, comandantes Muñoz Grandes y Villalba Rubio que tenían mando independiente.
    Franco fue el artífice de que se produjera el desembarco, sin su sangre fría y sus dotes de mando Alhucemas hubiera sido un fracaso, pero desde luego Franco no organizaba el desembarco ni mandaba la Marina de Guerra
    La Escuadra la gobernaba el Almirante Guerra y el General en Jefe del desembarco era el General Miguel Primo de Rivera mientras el general que mandaba ls tropas de Tierra se apellidaba Sanjurjo
    Para saber más leer la obra «La guerra de Marruecos» escrita por Manuel Casteleiro y editada pde forma estupenda Y lujosa por la editorial ACTAS

  3. Nos están atropellando( como de costumbre histórica ), en vivo y en directo( jamás imaginé en tiempo de Franco, que iba a vivir las mismas borregadas que me asqueaba leer en los libros de historia, durante nuestra decadencia. Me preguntaba por entonces sin saber lo que ahora se; como podían ser tan cafres. Al final se confirmaron las sospechas que iba acumulando al tiempo que nos hundiamos en el caos de la( pseudo ) democracia. Al final todo encaja como un guante. Y si el gobierno mundial mereciera la pena, todavía. Es exactamente lo que nos transmitió el Maestro mirando el Templo desde aquel monte de los olivos. Y como no podía ser de otra manera, España; protagonista hasta el final; no ha habido otro país igual.

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