La conversión de Carlo en Nueva York

Carlo

Carlo es un católico peruano que nos explica de manera sencilla cómo el tiempo del confinamiento fue para él una ocasión propicia para volver a Dios y cómo ha perseverado en la fe en la jungla del asfalto de Nueva York.

¿Cómo es el vacío de vivir tantos años alejado de Dios?

Es andar como desamparado y sin rumbo, a veces guiado por falsas ofertas de alcanzar los propios sueños y anhelos, otras veces estancado por la depresión que trae no haberlo logrado. Es también como ponerse a andar en bicicleta sin haber practicado primero con la ayuda de otro.

¿Por qué con motivo de la pandemia y sus imposiciones empezó a plantearse cosas?

Las limitaciones y obligaciones que me impusieron las autoridades con excusa de la reciente situación sanitaria me forzaron a plantearme, por primera vez en muchísimos años, preguntas no solo relacionadas con la libertad personal, también acerca de la realidad sobrenatural del alma. Digamos que saqué del baúl de los recuerdos los principios de la fe católica que había heredado de mis padres para mantenerme firme y resistir.

¿Cómo fue el proceso hasta volver a practicar la fe?

Puedo atreverme a decir que Dios me vino preparando a abrirme a su bondad antes del bautizo del hijo menor de mi único hermano. Siendo yo el padrino, ya había vuelto a asistir a la Misa dominical y a la confesión y eucaristía en preparación para la celebración del primer sacramento e ingreso de mi ahijado a la Santa Iglesia Católica la primera semana de enero de 2020.

¿Qué es lo que le ha hecho perseverar en la vida cristiana?

La asistencia a la Santa Misa y la celebración de las vísperas los domingos y días de guardar, el rezo regular del Santo Rosario, la lectura diaria del martirologio romano y la reseña histórica del santo de cada día, la lectura de buenos textos piadosos, de historia, apologética, y la escucha de buenos defensores de la fe en las redes, la práctica regular del canto gregoriano y de la música sacra, el compartir y el diálogo con otros católicos etc.

¿Cómo le ha ayudado formar parte del coro de la Santa Misa cada domingo?

Debo agradecer a Dios que hace unos 2 años y medio se me invitó a llenar un vacío que quedó en el coro de mi parroquia. Cantar para el Señor es tanto un privilegio como una responsabilidad. Practicar semanalmente, haciendo el esfuerzo de interpretar justamente los distintos himnos y antífonas para cada Misa ha sido una experiencia en la fe totalmente nueva.

Igualmente, la devoción a la Eucaristía y las procesiones han sido un potente testimonio…

La realidad de fe que Jesucristo baja para estar con nosotros en la forma de pan y vino en la eucaristía me asombra cada vez más por el amor que ha demostrado a su creación de manera tan sencilla. Las procesiones de la Santísima Virgen María y el rezo público del Santo Rosario en mi parroquia de mayo a octubre me han ayudado a perder el miedo a demostrar mi fe.

La devoción a María nunca puede faltar en ninguna conversión…

La Virgen del Carmen ha estado presente en mi vida esporádica pero significativamente. Mucho antes de llegar a los Estados Unidos en el 2001, yo asistía de niño a la festividad anual de la “Mamacha” Carmen de Paucartambo, en el Perú. Ahora, más recientemente, me acerqué a esta parroquia que por las cosas de Dios lleva el mismo nombre. María, la Madre de Dios, ha sido mi compañía y protección en la incertidumbre y el peligro.

Es curioso que en el corazón de Harlem haya un bastión de tradición católica…

Si me permiten llevaros en un viaje en el tiempo hasta fines del siglo XIX, época en la que esta parte más oriental de Harlem empieza a poblarse mayormente por italianos venidos en su mayoría de las dos Sicilias trayendo consigo la devoción a la Virgen del Carmen a quien con la ayuda de los padres Palotinos le construyeron un bello templo no solo con donaciones, sino con horas de trabajo directo en su construcción.

Mi parroquia ha tenido una considerable concurrencia inmigrante italiana y alemana desde aquel entonces hasta mitades del siglo XX cuando esta población migra una vez más a los suburbios neoyorkinos llenándose el vacío casi inmediatamente con población puertorriqueña y luego, más recientemente, mexicana-centroamericana, y ecuatoriana. Además de estos grupos la parroquia cuenta con pastorales para fieles de origen haitiano, polaco y filipino. Dios ha querido que los sacerdotes que han tenido a cargo esta parroquia desde sus inicios hasta el día de hoy hayan conservado lo más intacta posible, no solo la celebración anual a la Madre de Dios, sino también la sana doctrina y la liturgia de nuestra Madre Iglesia.

Igualmente usted trabaja como intérprete y traductor para abogados de oficio en el Bronx y ve cada día la cruda realidad de quién no tiene a Dios…

Como es de conocimiento general, la seguridad en las grandes ciudades estadounidenses ha empeorado a raíz de la descomposición espiritual en el seno de las familias de todo estrato social. Pero es por gracia de Dios que estoy empleado a tiempo completo realizando una labor de puente lingüístico y cultural en un medio penal entre personas a veces bastante distintas. Lo que más valoro de esta experiencia es que me permite, por el hecho de asumir alternativamente la voz de las partes, “personificar ambos roles», lo cual me da una visión amplia de la persona que es imagen de su Creador, con sus virtudes y pecados. Y eso me incluye a mí.

¿Cómo animaría a otras personas a buscar a Dios, el único que da sentido a la vida?

Dios ofrece múltiples y variadas oportunidades para hallarle. Ayuda mucho dejar la zona de confort para irse preparando para las pruebas y tribulaciones que naturalmente trae la vida, asumiendo con humildad que existen cada vez más realidades de este mundo que nos van a maravillar, realidades materiales en la superficie pero muy profundas en su causa. Y siempre andar con alegría recibiendo los desafíos con gratitud y viendo en ellos la voluntad de Dios. 


2 respuestas a «La conversión de Carlo en Nueva York»

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